Moral sexual


Perspectivas pedagógico-pastorales



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Perspectivas pedagógico-pastorales


La educación debe estar orientada, sobre todo, a la superación de la actitud autoerótica. Para ello sirve de poco concentrar la atención directamente en la actividad masturbatoria. Denunciar la malicia de todo acto masturbatorio contribuye, a menudo, a complicar el problema y a encerrar ulteriormente a la persona en sí misma. El remedio consiste más bien en proveer al sujeto de estímulos para que pueda aceptarse a s{i mismo, integrando la propia sexualidad y abriéndose a los demás.

1. Esta tarea exige la presencia de personas maduras junto al adolescente, capaces de entrar en un diálogo sereno y discreto con él, respetuoso de su autonomía e intimidad, que aquél tiende a defender celosamente. Se requiere educadores que hayan resuelto en el plano existencial sus propios conflictos sexuales, no confundiendo sexo y pecado.

En efecto, se requiere no dramatizar el problema, sino hacer entender al adolescente que los problemas que encuentra en su autodominio son absolutamente normales y superables gradualmente. Pero, sobre todo, se requiere ofrecer al adolescente reales centros de interés, proporcionados a su edad, que lo ayuden a concentrar sus esfuerzos en el desarrollo creativo de la propia personalidad y en el compromiso responsable hacia los otros, a través del servicio en el ambiente en que vive (familia, escuela, grupo, parroquia, etc.). La superación del autoerotismo no debe centrarse en una estrategia de represión frontal, que fija la atención en el síntoma, olvidando las actitudes profundas que expresa, sino que debe focalizarse en la maduración interior, con el pasaje del repliegue en sí mismo a la apertura hacia los otros.

2. La educación religiosa merece una consideración especial. Ciertamente la fe auténtica puede contribuir al logro de esta meta. Pero es preciso no pretender resolver este problema, de precisas raíces fisiológicas y psicológicas, a través de la sola oración y recurso a los sacramentos, como si estos medios pudieran operar mágicamente. Ello podría derivar en una frustración y conducir al rechazo de la práctica religiosa.


  1. La homosexualidad


La discusión de este tema está fuertemente influida por la ideología. En el DSM de 198089, ya no se incluye la homosexualidad entre los desórdenes de la personalidad, a menos que no sea querida por la persona («ego-distonía»). Se trata de un error manifiesto: muchos desórdenes mentales son ego-sintónicos. Por lo demás, son obvios los presupuestos relativistas de esta postura90, según los cuales no hay criterio objetivo para diferenciar entre necesidades moralmente aceptables e inaceptables. Todo dependería de las preferencias subjetiva.

Concepto


Según el CEC 2357, la homosexualidad designa “las relaciones entre hombres y mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo”. Esa atracción puede estar acompañada o no de relaciones físicas.

Si se aplica esta definición descriptiva y genérica, podría decirse que, según ciertos informes, el número de homosexuales ronda el 10% de la población masculina (la proporción de lesbianismo es menor). Si aplicamos una definición más estricta, según veremos más adelante, el porcentaje baja notablemente.


Tipos de homosexualidad


Podemos clasificarla en tres tipos:

1) La homosexualidad manifiesta (overt): cuando el factor erótico predomina sobre los contenidos psíquicos (por ej. dominación o dependencia). “En este caso el deseo sexual es impersonal: toda persona del mismo sexo, relativamente atractiva, uede ser objeto de deseo que, por lo tanto, tiende a satisfacerse con varias personas y no se «conforma» con una sola relación”91.

2) Pseudo – homosexualidad: existe un predominio del factor psíquico, del cual la conducta sexual es sólo una manifestación secundaria. La situación es a la inversa del caso anterior: el objetivo principal es satisfacer la dependencia afectiva y/o el poder sobre el otro, y solo después la vinculación adquiere matices erótico-sexuales. En este caso la relación es decididamente unipersonal, con una persona concreta (o con pocas personas concretas).

3) Homosexualidad imaginaria o temida: sobre todo en la adolescencia, por depresión o inseguridad.

El grado de irreversibilidad de esta orientación es mayor en 1). Según Bieber & Bieber, supuesto que la persona quiera curarse, una ayuda terapéutica adecuada permite que entre el 30% y el 50% de los homosexuales varones puedan superar su inclinación. Los homosexuales irreversibles no serían más del 4%92. Aún en esos casos, la terapia puede ayudarles a dominar mejor sus impulsos y vivir más en paz consigo mismos.

Uno de los factores que agrava las perspectivas, es la identificación pública y notoria con la cultura típica homosexual (gay culture). Otro es que su yo más profundo valore positivamente su sexualidad y no vea por qué dejarla93.

Este último es el caso de las debilidades afectivo-sexuales ego-sintónicas, en las que, aunque el sujeto condene la conducta verbalmente, ésta ya forma parte de su vida y contribuye a su equilibrio general. Puede ser que incluso trate de justificarla desde el punto de vista moral objetivo, y desde el punto de vista subjetivo, como si fuera algo inevitable y que por lo tanto ya no le genera culpa o malestar94.

La falsa homosexualidad tiene mejor pronóstico, sobre todo si la relación con el otro sexo no ha llegado a lo genital y se trata más bien de un deseo emotivo sobre otra persona. Los miedos homosexuales no son propiamente un problema real, sino, casi siempre, un signo de una identidad débil y frágil.


Origen


Dejamos de lado el tema de la posible predisposición biológica. En caso de existir la misma, desde el punto de vista moral ella no podría tomarse como argumento a favor de la normalidad de la homosexualidad (también hay predisposiciones biológicas a disturbios psíquicos).

Es claro que debe asignarse una importancia central a la evolución psicológica de la persona. Así lo demuestra un estudio de Bieber & Bieber, del año 197995. Sobre más de mil casos de homosexualidad masculina, este estudio constató en la mayoría una relación demasiado íntima con la madre, unida a la figura de un padre agresivo y competitivo, que genera en el hijo al mismo tiempo odio y deseo de afecto. Esta circunstancia lleva al fracaso del proceso de identificación con el padre.

Según un estudio de Barnhouse, en la homosexualidad femenina se da una triple dificultad: dificultad para separarse de la madre, dificultad para aprender el valor de ser mujer, y dificultad para establecer relaciones con los hombres, sobre todo con el padre, generalmente duro y cruel96.




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