Moral sexual


La masturbación adolescente



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La masturbación adolescente


Nos limitaremos al estudio del fenómeno masturbatorio o autoerótico en el período de la adolescencia, que constituye una etapa de transición entre la niñez y la edad adulta85.

Los dinamismos de la adolescencia y autoerotismo


Por el término “masturbación” se debe entender “la exitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo” (CEC 2352). Para comprender este fenómeno, es preciso tener presentes los datos de la ciencia referidos a esta etapa de la vida, tan delicada y al mismo tiempo prometedora, caracterizada por cambios radicales y transformaciones de la personalidad.
      1. Aproximación fenomenológica


1. Lo primero que salta a la vista, es que se trata de una etapa en que el desarrollo psico-somático de la persona irrumpe de modo repentino y desconcertante.

2. Por otra parte, el surgimiento de sensaciones nuevas en las zonas erógenas y la exigencia de consolidar en la experiencia la propia identidad sexual genera sentimientos ambivalentes de curiosidad y de vergüenza, de placer y de encierro en sí. Las representaciones de contenido sexual ocupan un puesto relevante en el mundo fantástico dentro del cual el adolescente ama encerrarse, y alcanzan a veces una violencia casi obsesiva.

3. Y ello sucede en un contexto de alta tensión erótica, como aquél en que vivimos, que exaspera las pulsiones y reduce el espacio de la libertad subjetiva. Piénsese en el fenómeno de la pornografía y las graves consecuencias que ello apareja en las personalidades estructuralmente más frágiles, es decir, las que están en vías de maduración.

4. A ello debe agregarse el pesado condicionamiento de los procesos de identificación parental madurados en la edad infantil. La razón última de los comportamientos adolescentes, sobre todo los patológicos, debe buscarse muy atrás en la historia personal, en las frustraciones ligadas a las primeras fases del desarrollo.


      1. Las causas


A estas motivaciones generales, pueden agregarse otras derivadas de conflictos más específicos.

1. Las fuertes pulsiones instintivas, provocadas por el crecimiento, se experimentan en un contexto de notable inestabilidad psicológica, que se manifiesta en la incapacidad de controlar las propias emociones, la inestabilidad de la voluntad, la dificultad de decidir, etc.

2. Además, las incomprensiones familiares, el fracaso en la escuela, el miedo al mundo de los adultos y el deseo de formar parte de él, generan un estado de frustración que produce la necesidad de compensaciones. El autoerotismo cumple a menudo una función de asegurar la propia libertad y autonomía, o de proveer una gratificación afectiva.

3. No se debe olvidar, además, para una plena comprensión del fenómeno, las graves carencias educativas. La ausencia de una serena y seria educación sexual, la ausencia de un ambiente familiar que dé seguridad para entrar en el mundo de los otros, las dificultad de socialización por razones de tipo personal o por la carencia de adecuados centros de interés, la provocación del sentido de culpa, a menudo confundido con el pecado, son otros tantos factores que inciden en la personalidad y sus desajustes sexuales.


      1. Para una comprensión de su significado


Vista en el contexto de la evolución sexual, por la cual el sujeto alcanza progresivamente la plena madurez de la relación y del amor, la masturbación puede ser considerada un fenómeno transitorio.

1. El autoerotismo ayuda al individuo a descubrir el sentido y la posibilidad de utilización de las dimensiones sexuales adquiridas por su cuerpo, le provee una compensación transitoria en la crisis de identificación que atraviesa, y constituye una etapa en el proceso de la autonomía y el dominio de sí, de integración personal de propia sexualidad.

2. Aun así, desde un análisis más global, no se puede ignorar la situación de aislamiento interior, de soledad y a menudo de abandono, que conlleva en el adolescente la maduración de la propia personalidad. La profundidad de los cambios físicos externos y el estado de confusión psicológica y emotiva, que produce una crisis de identificación, hacen surgir profundas dificultades para establecer relaciones. La pretensión de autonomía hace que se rechacen las relaciones de dependencia con los padres, pero al mismo tiempo, la crisis de identidad no permite construir relaciones de igualdad con los propios coetáneos.

3. De ello se sigue, que desde el punto de vista estrictamente bio-psicológico se puede admitir la “normalidad” de la masturbación en la adolescencia, como característica (aunque no obligada) del largo proceso de evolución sexual. Al mismo tiempo, debe señalarse su significado ambiguo: como toda fase de transición tiene en sí misma una tensión hacia su superación, pero también contiene caracteres de inmadurez (separación líbido-eros; ausencia de una pareja; y sobre todo, falta de una voluntad de verdadera oblación) y peligros de fijación narcisista, obstaculizando el camino a la maduración.


Criterios para la valoración del comportamiento masturbatorio


En la valoración ética del autoerotismo es preciso no caer tanto en el extremo de una indulgencia fundada en el biologismo o el psicologismo, como en el extremo contrario de un espiritualismo desencarnado que no permita una correcta comprensión de esta conducta.
      1. La búsqueda de nuevas motivaciones


No es posible encontrar en la Biblia una referencia explícita a la negatividad de la masturbación86. Por otro lado, hay una certeza en cuanto al firme juicio negativo en el ámbito de la tradición eclesial.

1. Los teólogos de los siglos XII y XIII (por otro lado más preocupados del problema de las poluciones nocturnas que de la masturbación), la condenaron como un acto que va contra la finalidad propia concedida por Dios al semen humano. La naturaleza ha dado el semen para la producción de un nuevo ser; “desperdiciarlo” inútilmente es ir contra la misma naturaleza. Vimos ya cómo el conocimiento científico ha privado de fundamento a esta argumentación.

2. La abandono de las motivaciones tradicionales, en cuanto científicamente no aceptables, ha impulsado a la teología a rechazar el comportamiento autoerótico sobre la base de una visión de la sexualidad como función intersubjetiva a ejercitar en el contexto del matrimonio, en cuanto finalizada al don recíproco y a la propagación de la vida humana. En este sentido, la masturbación ha sido juzgada como un “acto intrínsecamente desordenado” porque “cualquiera fuera el motivo, el uso deliberado de la facultad sexual fuera de la relación conyugal normal, contradice esencialmente su finalidad. A tal uso le falta, en efecto, la relación sexual requerida por el orden moral, aquella que realiza, en un contexto de verdadero amor, el íntegro sentido de la mutua donación y de la procreación humana” (PH 9, subrayado nuestro). Esta doctrina es repetida por CEC 2352.

3. El desarrollo de la reflexión personalista ha acentuado, dentro de este cuadro, de modo cada vez más radical, el aspecto intersubjetivo. La negatividad moral de la masturbación es relacionada, más que con la frustración del fin procreador, con la estructural separación del amor, puesto que se trata de un uso del sexo en perspectiva narcisista, de encierro egoístico en sí mismo, que traiciona el significado profundo de la sexualidad. En las Orientaciones educativas sobre el amor humano (OAH)87, se subraya esta consideración de la masturbación en relación al “crecimiento integral de la persona” en orden a un “amor verdadero y oblativo” (m.98).


      1. El devenir de la persona y de la sexualidad


Sin embargo, lo dicho debe ser encuadrado en el contexto general de la evolución de la persona y de la sexualidad. La adolescencia es una etapa hacia la madurez. El grado de conocimiento experiencial (no meramente intelectual) que tiene un adolescente de los valores morales, su libertad, su capacidad de afrontar los condicionamientos biopsíquicos y sociales, no es el de un adulto.

1. El juicio ético tiene que tener en cuenta el significado específico de cada fase del desarrollo personal. El significado y la estructura psicológica de la masturbación son distintos según la fase de la evolución psicosexual en que se verifica. Es muy diferente el autoerotismo en un adolescente y en un adulto. No se puede tomar el estadio final de dicha evolución y erigirlo como criterio moral de todo el proceso, como si estuviera ya presente en cada etapa y no hubiese una gradualidad en el desarrollo.

2. Por ello, el juicio sobre la masturbación adolescente debe ser más dúctil y benigno que en el pasado. Se trata de aplicar a este supuesto el criterio más general enunciado por OAH 99: “aun teniendo en cuenta la gravedad objetiva de la masturbación, se requiere gran cautela para evaluar la responsabilidad subjetiva de la persona” 88. La valoración moral de esta forma de autoerotismo debe ser realizada en función del grado en que compromete la evolución progresiva y armónica de la dinámica personal, teniendo en cuenta, para ello, la intensidad de los actos, su frecuencia, la ocasión en que tienen lugar.

3. La atención sobre las condiciones personales, no afecta sólo la determinación del grado de advertencia y libertad, sino que constituyen elementos objetivos de la realidad de la masturbación. Según el tiempo, la masturbación adquiere un significado especial en cada etapa de la evolución personal; según el espacio, se diversifica según el estrato de la personalidad que prepondera: el biológico, el psicológico, el íntimo personal. En la adolescencia, suele ser el primero el que prevalece.


      1. Acto, comportamiento, actitud


El juicio moral es un juicio complejo: no puede limitarse a una afirmación genérica de principios, sino que debe ser formulado sobre la base de una seria mediación histórica de los valores en relación a la situación concreta en que el hombre vive.

1. En esta perspectiva es fundamental, cuando se considera el fenómeno masturbatorio adolescente, distinguir entre “acto masturbatorio”, “comportamiento masturbatorio” y estructura caracterial masturbatoria”. El acto masturbatorio es un acto que conduce simplemente a la satisfacción sexual autoerótica; esta forma se verifica con mayor frecuencia en la edad puberal, mientras que en el adulto cumple una función sustitutiva del acto sexual normal. El comportamiento maturbatorio se verifica cuando los actos dejan de ser libres para convertirse, por su repetición en compulsivos y obsesivos. La estructura caracterial masturbatoria implica, además del comportamiento, una estructura psicológica frustrada en un sector no propiamente sexual, como la fijación en una determinada etapa del desarrollo de personal. Ello comporta una actitud autoerótica como modo de ser en el mundo, una mentalidad egocéntrica que afecta la globalidad de la estructura de la personalidad.

2. El juicio moral debe, en consecuencia, diversificarse, según se trate del síntoma de una evolución en acto, o de un comportamiento radicado, un hábito, o de una actitud mental profundamente negativa. La gravedad del autoerotismo debe situarse, sobre todo, en el nivel de la estructura masturbatoria (cf. B. Häring).

3. Si bien es difícil la distinción entre estas diversas situaciones, hay algunos criterios de discernimiento que deben ser tenidos en cuenta. Cuando se nota en un adolescente un serio compromiso de lucha contra la masturbación, animado por el deseo de un sereno autodominio, no obstante las caídas, aunque sea repetidas, se debe presumir legítimamente que se trata de un comportamiento autoerótico, debido más a los condicionamientos interiores y ambientales que a la mala voluntad. Lo mismo si el adolescente demuestra en su vida religiosa y moral la voluntad de vivir en la caridad y servir a los hermanos. La ruptura de la opción fundamental, que el pecado en sentido propio conlleva, se actúa con el rechazo radical del amor. Ello sólo puede verificarse cuando la masturbación expresa una actitud global de egoísmo y encierro.





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