Moral sexual



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Situaciones irregulares


Con este término se indican diferentes situaciones: matrimonios a prueba, uniones libres de hecho, católicos unidos con mero matrimonio civil, separados y divorciados no casados de nuevo, y divorciados casados de nuevo (cfr. Familiaris consortio, 79-84). Desde ya que entre las diversas situaciones irregulares existen diferencias sustanciales: no es lo mismo una unión libre de hecho, caracterizada por la precariedad, que un matrimonio civil entre bautizados, que supone un compromiso estable y la disposición a asumir las obligaciones de ese estado (cfr. FC 82).

En estas notas nos concentramos en el tema de los divorciados y vueltos a casar.


      1. Magisterio


El Sínodo de la familia (1980) confirmó la práctica de la Iglesia de excluir a los divorciados y vueltos a casar de la comunión sacramental a menos que «se abran con un corazón sincero a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del sacramento del matrimonio»75 . Al mismo tiempo se aconsejaba «un nuevo y más profundo estudio a este respecto, teniendo en cuenta igualmente la práctica de la Iglesia de oriente, a fin de poner mejor en evidencia la misericordia pastoral»76.

La Familiaris consortio no recoge esta última propuesta de estudiar más profundamente la praxis oriental y precisa la «forma de vida» compatible con la indisolubilidad del matrimonio, a la que hizo referencia el Sínodo: «cuando el hombre y la mujer, por serios motivos – como por ejemplo, la educación de los hijos – no pueden cumplir con la obligación de la separación, asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea, de abstenerse de los actos propios de los esposos» (FC 84). Se trata, pues, de «vivir como hermanos».

Los motivos para mantener la prohibición de acceder a la comunión sacramental en estos casos son dos:


  • tal situación está en contradicción objetiva con la unión de amor de Cristo con la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía.

  • además, desde el punto de vista pastoral, la admisión de estas personas a la Eucaristía podría inducir a muchos fieles a la confusión o al error acerca de la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio.

Siendo estos los fundamentos, no resulta claro el por qué de la admisión a la Eucaristía de aquellos que «viven como hermanos». Por un lado, aunque quienes se han vuelto a casar vivan de este modo, siguen unidos en un matrimonio contrario a las leyes de la Iglesia que destruye el simbolismo de la unión de Cristo con la Iglesia. En segundo lugar, los demás no conocen su situación íntima, por lo cual no se ve cómo se evitaría de esta manera el peligro de escándalo.
      1. Discernimiento de situaciones


El n. 84 establece un criterio de gran importancia: los pastores deben discernir bien las situaciones.

«En efecto, hay diferencia entre los que sinceramente se han esforzado por salvar el primer matrimonio y han sido abandonados del todo injustamente, y los que por culpa grave han destruido un matrimonio canónicamente válido. Finalmente están los que han contraído una segunda unión en vista a la educación de los hijos, y a veces están subjetivamente seguros en conciencia de que el precedente matrimonio, irreparablemente destruido, no había sido nunca válido»

Ya habíamos dicho que es preciso diferenciar entre diferentes tipos de situaciones irregulares. También dentro del supuesto de los divorciados y vueltos a casar es preciso diferenciar una variedad de situaciones, que revisten muy distinto grado de gravedad objetiva y de culpabilidad subjetiva77.

¿Cuál es el alcance concreto de esta directiva? ¿Se trata simplemente de un criterio para el acompañamiento pastoral de estas uniones, o se podría fundar en ella una solución más matizada en relación a la posibilidad de acceso a la comunión sacramental?

Esta última fue la interpretación que el 10 de julio de 1993 adoptaron los obispos alemanes de la provincia eclesiástica del Rin superior, Oskar Seier, Karl Lehmann y Walter Kasper, en una Carta pastoral relativa a este tema78.

En dicho documento estos obispos afirman que la búsqueda de un tratamiento diferenciado de situaciones que pide FC 84 no puede interpretarse en el sentido de una admisión general, formal y administrativa a la comunión sacramental, porque ello oscurecería la fidelidad de la Iglesia en relación a la indisolubilidad del matrimonio. Menos aún sería aceptable una admisión unilateral por parte del ministro. Pero sí se considera adecuado que, en el diálogo con un sacerdote competente y experimentado en el tema, tengan las parejas la oportunidad de un discernimiento, al cabo del cual puedan sentirse en conciencia autorizadas para comulgar (n.4). A este efecto, se enumeran algunos criterios de discernimiento (n.3).

El 15 de octubre de 1994 la Congregación para la Doctrina de la Fe hizo público un documento que desautorizaba la referida pastoral79. Sus afirmaciones principales son las siguientes:

- Los divorciados que se han vuelto a casar civilmente están en una situación que contradice objetivamente la ley de Dios y por consiguiente no pueden acceder a la comunión sacramental mientras persista esta situación. No se trata de un castigo o una discriminación, sino de la expresión de una situación objetiva que hace imposible el acceso a la comunión eucarística (n.4).

- Si bien la Exhortación recuerda a los pastores el deber de discernir bien las situaciones, la estructura del documento pontificio y el tenor de sus palabras dejan entender claramente que la praxis de no admitir en ningún caso a la Comunión eucarística a los divorciados vueltos a casar no puede ser modificada fundándose en dicho discernimiento (n.5)

- El recurso al juicio de conciencia es inadmisible en este tema, ya que el matrimonio tanto desde el punto de vista sacramental como civil es una realidad pública (n.7). Por lo tanto, el juicio de conciencia sobre la propia situación matrimonial no se refiere únicamente a una relación inmediata entre el hombre y Dios, que pueda dejar de lado la mediación eclesial (n.8)

- En relación a quienes están subjetivamente convencidos en conciencia de la nulidad del anterior matrimonio, se afirma que dicha situación no basta para convalidar la nueva unión: la nulidad matrimonial debe ser discernida por la vía del fuero externo, siendo este tema competencia exclusiva de los tribunales eclesiásticos (n.9)

Los obispos del Oberrhein, en octubre de 1994 publican el texto alemán de la Carta de la Congregación, acompañado por una segunda carta contextual: Carta a las mujeres y hombres activos a tiempo pleno en el cuidado pastoral en las diócesis de Freiburg i.Br., Mainz, Rottenburg-Stuttgart. En dicho documento los obispos afirman coincidir en los puntos fundamentales con el documento de la Congregación. Recalcan que su perspectiva no es la de la posibilidad de admitir a la comunión a los divorciados vueltos a casar, sino de tolerar su acercamiento subjetivo en determinadas condiciones. Pero, dado que “algunas afirmaciones contenidas en nuestra Carta pastoral ... no son aceptadas a nivel de la Iglesia universal por el documento de la Congregación para la doctrina de la fe ... ellas no pueden ser una norma vinculante para la acción pastoral” (subrayado nuestro). En una palabra, los obispos, expresando su acuerdo doctrinal con el documento, dejan a salvo la propia autonomía pastoral.

El hecho de que Roma haya aceptado de hecho esta solución, significa que la misma es lícita en las diócesis del Oberrhein, aunque no pueda aplicarse en las demás iglesias locales. Se sienta así un precedente cuyos alcances últimos son todavía difíciles de precisar.80

Una mención especial merece la invocación de la epiqueya como argumento para admitir a la Eucaristía en ciertas situaciones a divorciados y vueltos a casar81. Según el concepto de epiqueya, las normas, habiendo sido redactadas para abarcar la generalidad de los casos, pueden no adaptarse a la infinita variedad de las situaciones concretas. Por lo tanto, el cumplimiento de los objetivos de la ley requiere, algunas veces, apartarse de su tenor literal. Este razonamiento, sin embargo, tiene su ámbito adecuado en el orden jurídico. Ahora bien, el Magisterio insiste en que la prohibición que estamos estudiando no es una mera disposición legal, una regla disciplinaria de la Iglesia, sino que se trata de una imposibilidad que se deriva de la misma situación de aquellos que están divorciados y vueltos a casar, situación que es objetivamente incompatible con el sentido del sacramento. No es la Iglesia la que se los prohíbe: «son ellos los que no pueden ser admitidos» (FC 84).

La invocación de la epiqueya por parte de algunos autores pone de manifiesto una cierta visión jurídica de la norma moral, la cual sería, por lo tanto, pasible de «excepciones». Pero la norma moral no tiene «excepciones»: ¿hay excepciones para la obligación de hacer el bien y evitar el mal? En un sentido impropio, cuando se habla de «excepciones» se hace referencia a situaciones que no entran dentro del supuesto de la norma. No sucede así con las «excepciones» que por motivos de «benevolencia» prevén estos autores.

Por ejemplo, la licitud de negarse a devolver un revolver dejado en depósito cuando el dueño se ha vuelto loco, no es una «excepción» a la obligación de devolver los depósitos. En efecto, devolver el depósito es un acto de justicia; entregar el revolver a su dueño cuando este ha caído en la demencia ya no es el acto de justicia «devolución del depósito»82. Por una mutación de la materia, la situación que describimos ya no se subsume en esa norma. En cambio, el hecho de que una nueva unión entre divorciados haya durado 20 años, en un clima de amor y fidelidad, no cambia su situación objetiva, que sigue subsumida en la misma norma.

Claro que cabría preguntarse: la norma que comentamos ¿está correctamente formulada en sus contenidos y alcances? Eso llevaría a una revisión de sus fundamentos. La invocación de la epiqueya parece una solución destinada a soslayar la norma sin cuestionarla.

Si bien es cierto que la diferenciación de situaciones puede interpretarse de modos que van más allá de la intención de la FC 84, fallando por exceso, también es posible caer en interpretaciones que ignoran las diferencias, fallando por defecto.

En este sentido, el Card. J. Medina Estévez, en un estudio sobre el tema83, equipara «situación irregular» a «pecado grave objetivo», el cual constituye una «situación adulterina», y «se asemeja a la idolatría». De esta manera, termina Medina Estévez equiparando las diversas situaciones hasta hacer sus diferencias irrelevantes. Es necesario notar que las palabras «pecado», «grave» y «adulterio» no son términos que describan las situaciones irregulares en la FC y en la Carta que hemos comentado. Es cierto que el Catecismo los utiliza en el n.2384 al referirse al divorcio, pero qué casos contempla puede verse claramente en el n.2385, mientras que el n.2386 recuerda la «diferencia considerable» que existe entre el cónyuge injustamente abandonado y aquél que por causa grave destruye su matrimonio.

Ciertamente, como recuerda Medina Estévez, la «irregularidad» no tiene un significado meramente jurídico, pero tampoco el significado moral unívoco que él le asigna: sin duda se recurre a este concepto como una categoría amplia capaz de abarcar supuestos de muy distinta gravedad, diferenciación que se tornaría ociosa si el término «irregularidad» fuera un mero eufemismo para referirse al pecado grave.

El tema de si el c. 915 del CIC que excluye de la eucaristía a quienes estén en “manifiesto pecado grave”, se refiere también a los divorciados y vueltos a casar, es actualmente discutido. Ciertamente, los órganos competentes para la interpretación oficial del CIC de 1983 así lo entienden. En todo caso, a mi juicio la expresión en cuestión debe interpretarse en sentido puramente objetivo (pecado objetivo o material), único modo de hacer lugar a la diferenciación de situaciones, y a los diferentes grados de responsabilidad subjetiva.

Por otra parte, ya en el Código pío-benedictino (1917) la figura del divorciado vuelto a casar (c.2356) era distinguida de la del concubino y la del adúltero, que eran tratados en un canon aparte (c.2357).84 Es claro que el magisterio actual es cuidadoso de evitar tal identificación.


Parte III: Algunas dificultades sexuales particulares




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