Moral sexual


La indisolubilidad matrimonial



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La indisolubilidad matrimonial


Cuando el matrimonio fracasa, ¿es admisible el mantenimiento de una fidelidad puramente jurídica? Las actuales condiciones culturales, socio-económicas (ej. independencia económica de la mujer), la disminución de la presión religiosa, favorecen la idea de la disolución del vínculo.
      1. Tipos de indisolubilidad


La indisolubilidad puede ser:

  • intrínseca: para la disolución del vínculo no basta el consentimiento mutuo, ya que los esposos han contraído su vínculo comprometiéndose delante de la sociedad, y asumiendo un conjunto de derechos y deberes cuyo cumplimiento es necesario para el bien común. Esta indisolubilidad es, pues, de derecho natural.

  • extrínseca: el vínculo no puede ser disuelto por parte de la autoridad.

La Iglesia ha entendido desde el principio, que el matrimonio no es indisoluble en un sentido extrínseco, ya que se ha considerado con autoridad para disolver ciertos matrimonios:

  • Privilegio paulino: tratándose de un matrimonio entre dos no bautizados, uno de ellos se convierte a la fe, y el otro no quiere seguir cohabitando pacíficamente. En este supuesto se permite que el cónyuge bautizado se separe del no bautizado y contraiga nuevo matrimonio, caso en el cual el anterior queda disuelto.

San Pablo se refiere a esta situación en 1Cor 7,12-16, aunque sin mencionar la posibilidad de un nuevo matrimonio62. La Iglesia, sin embargo, ha interpretado este texto en el sentido indicado (aunque, significativamente, jamás lo ha invocado expresa y directamente como fundamento de este privilegio).

  • Privilegio petrino. se refiere a otros supuestos de disolución extrínseca del vínculo en casos de matrimonios no sacramentales63, como respuesta a problemáticas características de zonas de misión u otras situaciones en las que el Pontífice puede decidir dicha disolución del vínculo a favor de la fe (CIC 1142-1149)

Resulta claro, entonces, que la Iglesia no entiende la indisolubilidad extrínseca del matrimonio como una exigencia del derecho natural.
      1. Indisolubilidad absoluta del matrimonio rato y consumado


Tratándose de un matrimonio sacramental rato y consumado, la Iglesia sostiene carecer de potestad para disolverlo (CIC 1141; CEC 2382). Se trata del único supuesto de indisolubilidad absoluta del vínculo64.

«rato»: medió la manifestación de consentimiento

«consumado»: los cónyuges han realizado de modo humano el acto conyugal apto de por sí para engendrar la prole (CIC 1061)

¿En qué fundamento se apoya esta doctrina?

1) ¿En la argumentación ética? Se podría hacer referencia al mal social del divorcio vincular, el daño a la institución familiar, las consecuencias negativas para los hijos, etc.65 Sin embargo, la misma argumentación podría aplicarse a los matrimonios separados, o disueltos por potestad de la Iglesia. En rigor, dichos argumentos sólo sirven contra el permisivismo.

2) ¿En la Sagrada Escritura? El Evangelio presenta en este punto una gran dificultad: mientras que Lc 16,18 es terminante en la afirmación de la indisolubilidad, Mt 5,32 y 19,9 incluyen una aparente cláusula de excepción: «salvo en caso de porneia».

En la Iglesia occidental se ha entendido que no se trata en sentido propio de una excepción a la indisolubilidad. De otro modo, si Jesús se limita a repetir la doctrina del AT, no se explica la sorpresa de los apóstoles ante sus palabras ni la ubicación de este texto en el Sermón de la Montaña donde Jesús formula una serie de contraposiciones entre la justicia nueva y la justicia antigua66.

Para fundar esta posición, algunos han interpretado esta cláusula como autorización para la separación (S. Jerónimo, aunque en el derecho hebreo no existía esta institución), o como referencia a los matrimonios con infieles, o como las uniones ilegales condenadas en el Levítico 1867. También se ha pretendido entender la cláusula en un sentido preteritivo («prescindiendo de este caso») o inclusivo («aun en este caso»).

Como se ve, la argumentación en base a la Escritura no es decisiva. El mandato de Jesús podría entenderse como una exhortación contra el permisivismo, que luego habría sido aplicado a diversas circunstancias68. Así lo habría hecho Pablo en el texto citado más arriba, y también Mateo en su propia comunidad. En todo caso, Jesús, en los textos analizados, está hablando de todos los matrimonios, sin perjuicio de lo cual la Iglesia ha querido referirlo con posterioridad sólo a los matrimonios sacramentales ratos y consumados.

3) ¿En el Magisterio? El canon 7 del Concilio de Trento (DH 1807) se refiere a la indisolubilidad del matrimonio. Para interpretarlo es preciso tener presente que los padres conciliares no tenían la intención de condenar a los católicos que habían sostenido una posición contraria (favorable a la posibilidad de nuevas nupcias de la parte inocente en caso de adulterio), ni a la praxis de la Iglesia oriental. Sólo pretenden atacar la doctrina de Lutero, que sostenía la disolubilidad intrínseca del matrimonio y negaba la potestad de la Iglesia para intervenir en él. Tal es, pues, el alcance de este canon: la inerrancia de la Iglesia en su doctrina sobre el divorcio cuando niega la disolubilidad intrínseca del matrimonio, o la posibilidad de nuevas nupcias en caso de adulterio. Se trata de una enseñanza cierta y común69.

En conclusión, no se habla de la indisolubilidad absoluta del matrimonio rato y consumado.

4) ¿En la argumentación teológica? la doctrina que estudiamos se funda en que la sacramentalidad consumada hace que el vínculo matrimonial se convierta en símbolo pleno de la unión de Cristo con la Iglesia (CEC 2365).

Sin embargo, «no se ve por qué la unión de estos elementos (sacramentalidad y consumación) que por sí mismos no dan una firmeza total al vínculo, constituye ya un matrimonio indisoluble». De hecho, esta argumentación ha sido discutida en la historia de la teología70.

5) ¿En la tradición? En última instancia, la doctrina de la indisolubilidad absoluta se funda en la tradición de la Iglesia occidental, que si bien durante el primer milenio fue vacilante, desde el s. XII se ha volcado claramente en este sentido.

La Iglesia de oriente, por el contrario, se ha guiado por el principio de economía, conforme al cual, aunque el matrimonio en el Señor reclame fidelidad absoluta, las caídas y fracasos no pueden considerarse irreparables. La Iglesia debe imitar a su Señor, «administrador» misericordiosísimo de la salvación. Un segundo matrimonio no constituye el ideal, (y de hecho es comúnmente afirmado que para los ortodoxos el segundo matrimonio no es sacramental), pero aun así puede ser la mejor solución posible como prevención de males peores: «mejor es romper un matrimonio que perderse» (S. Juan Crisóstomo)71.

Es posible que, en la Iglesia occidental, la aplicación de la imagen de la unión de Cristo con la Iglesia al matrimonio, que se remonta al s. XII, comporte el peligro de «divinizar desde arriba» el amor matrimonial, resultando poco apta para contemplar la dimensión de la debilidad y el fracaso humanos72.


      1. Una búsqueda de soluciones


Partiendo de la base de la admisión de la doctrina de la indisolubilidad absoluta del matrimonio rato y consumado, se han propuesto diferentes soluciones a la dificultad que la misma plantea.

- Nulidades: la nueva legislación canónica ha ampliado las causales de nulidad en relación a la legislación anterior, haciendo lugar a los progresos de la psicología, antropología y otras ciencias del comportamiento humano. Pero se debe evitar que las declaraciones de nulidad se conviertan en formas de divorcio camuflado. En este sentido, Juan Pablo II ha insistido en sus discursos a la rota romana sobre la necesidad de que los jueces utilicen criterios más bien rigoristas.

- Interpretación de la «sacramentalidad»: siendo que la mayoría de los contrayentes católicos carecen de una profunda vida de fe para percibir adecuadamente la dimensión sacramental del matrimonio y las consecuencias que de ella derivan ¿no sería oportuno separar el sacramento del contrato matrimonial, permitiendo matrimonios no sacramentales entre bautizados? La Familiaris consortio se ha pronunciado en contra de esta posibilidad (cfr. CIC 1055): en la medida en que los contrayentes acaten lo que la Iglesia tiene la intención de hacer cuando celebra el matrimonio, están abiertos a la acción de la gracia de Cristo que, en la preparación del sacramento, en su celebración y con posterioridad, no los dejará de favorecer y sostener (FC 68).

- Interpretación de la «consumación»: en una perspectiva personalista, a la realización de un solo acto conyugal difícilmente pueda atribuírsele la capacidad de perfeccionar la unión matrimonial. ¿No se requerirá más bien, para esta consumación, un tiempo de vida en común, en que el matrimonio haya sido vivido efectivamente como tal, manifestando en los hechos el propósito expresado en el momento del consentimiento?73

Se trata de algunos caminos por los cuales hoy se sigue buscando interpretar la indisolubilidad de un modo humano y misericordioso, y a la vez fiel a la voluntad del Señor.

Algunos autores, por último, sostienen que la Iglesia podría superar la barrera que se ha auto-impuesto frente al matrimonio rato y consumado. De hecho la Iglesia, siguiendo a San Pablo (1 Cor 7,8.39-40), ha aceptado las segundas nupcias de los viudos, lo cual implica admitir que su matrimonio, pese a ser rato y consumado, ha quedado disuelto por la separación irreversible producida por la muerte. En caso de que, sin tratarse del supuesto de muerte, un matrimonio terminara en una separación irreversible (de hecho FC 84 reconoce que el matrimonio puede ser destruido [eversum]), y esta situación pudiera ser constatada por un órgano eclesial competente, ¿no podría el magisterio, valiéndose de su autoridad apostólica, como Pablo, declarar válidas las segundas nupcias, dejando luego a los expertos el problema de analizar la repercusión de las mismas sobre el primer vínculo?74 Esta solución tendría la ventaja de presentarse como un desarrollo de la propia tradición, más que como la incorporación fragmentaria de una tradición ajena (como es la praxis oriental).





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