Moral sexual


Significado y límites del dato biológico



Descargar 0.68 Mb.
Página4/32
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño0.68 Mb.
Vistas892
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   32

Significado y límites del dato biológico


No podemos entrar aquí en detalles sobre la anatomía y la fisiología de la sexualidad, de la procreación y del placer. Su verdadero significado humano dependerá de la posibilidad de su integración en niveles superiores de la personalidad, como veremos oportunamente. Baste con señalar, a modo ilustrativo, de qué manera una mejor comprensión de ciertos aspectos de la biología sexual ha producido profundos cambio en la conciencia de sí, y en la valoración ética de las conductas.16

1. El descubrimiento de la sobreabundancia de elementos fecundantes respecto de los fecundados. Por cada óvulo producido por la mujer, el hombre emplea para la fecundación decenas de millones de espermatozoides, de los cuales uno o dos fecundan el óvulo, perdiéndose todos los demás. Este descubrimiento ha contribuido a desmitificar el esperma, antiguamente “sacralizado” en cuanto portador de vida. Una posible consecuencia de este descubrimiento consiste en que la diferencia ética entre la emisión de esperma con el fin de procreación y la que tiene lugar en un acto de masturbación habrá que buscarla no ya en el supuesto valor del líquido seminal, sino en el plano personal e intersubjetivo.

2. El descubrimiento de los mecanismos del deseo en el hombre y la mujer. Se sabe hoy que el deseo en el varón no es provocado por la acumulación del esperma, sino que es fruto de un mecanismo más complejo, de carácter psicológico. Por eso, el deseo sexual no puede ser equiparado con necesidades fisiológicas, caracterizadas por la acumulación y la necesidad de expulsión (ej. defecación). Más bien, las glándulas sexuales presentan una analogía con las glándulas salivales, que funcionan al mínimo mientras no interviene un estímulo psíquico, sensorial o imaginario.

3. La excedencia y plasticidad del impulso sexual. Por lo dicho anteriormente, se comprende que el deseo sexual masculino y femenino no tiene una periodicidad fija, manifiesta cierta independencia respecto de los factores estrictamente fisiológicos, y no está limitado a una periodicidad preestablecida. Ello se manifiesta en el hecho de que, a diferencia de lo que sucede entre los animales, deseo sexual no queda restringido a los ciclos fértiles. Existe, pues, en el ser humano una impulsividad sexual excedente, indicio importante de que la sexualidad humana no tiene una función exclusivamente reproductiva sino que se encuentra también constitutivamente orientada a otras finalidades y significados.

Esto es posible, a su vez, porque la sexualidad humana, a diferencia del instinto animal, goza de una plasticidad, es decir, una indeterminación natural y una aptitud para ser plasmada, que le confiere una apertura a una instancia de regulación superior, de carácter afectivo y racional. La sexualidad es un fenómeno psíquico: el sexo se continúa en el eros, se reviste de lenguaje, se encarna en símbolos. Es lo que veremos a continuación.

  1. Aportes de la psicología


Desarrollamos este punto recurriendo a la perspectiva del psicoanálisis.17 La incursión en el psicoanálisis comporta ciertos peligros: en el mismo hay una tendencia al desconocimiento de la base biológica de la sexualidad y al intimismo; pero, por otro lado, brinda aportes valiosos para la comprensión de la función relacional de aquélla.18

La sexualidad participa del carácter evolutivo de toda la persona humana, y se desarrolla pasando por diversas etapas, desde formas inmaduras y parciales hacia una progresiva madurez e integración. Es mérito de S. Freud19 el haber puesto en evidencia estas diferentes fases del desarrollo sexual, liberando la sexualidad de dos formas de reducción: la reducción genital y la reducción temporal. El sexo aparece como una energía que alcanza la totalidad de la persona, y cuya maduración consiste en su integración, a través de etapas históricas, al dinamismo general de la persona, hasta adquirir su significado inter-personal y dialógico.


    1. Etapas de la evolución psico-sexual según S. Freud


El estudio de las etapas de la evolución de la sexualidad nos ayuda a comprender que la orientación hacia el otro sexo no es un efecto espontáneo de la naturaleza o de la genética, sino un delicado y complejo proceso. Ello traerá aparejadas consecuencias de peso para la concepción de la sexualidad y su tratamiento a nivel moral.

Comencemos por indicar que la sexualidad infantil tiene las siguientes notas específicas:20



  • es autoerótica o narcisista: independiente de la función reproductiva, y regida únicamente por el principio del placer, no se vincula a un objeto exterior sino que se satisface con el propio cuerpo;

  • es enclítica: se asocia a otras funciones fisiológicas;

  • evoluciona por etapas: se va desplazando por diferentes partes del cuerpo, por diferentes «regiones eróticas». La energía de la libido (energía sexual) se concentra en la función fisiológica central de esa etapa.

  1. Fase oral (hasta el 1º año): es una etapa pasiva, en la cual la necesidad psicológica esencial es la recepción de cariño, siendo central, aun para la constitución biológica del niño, la relación de ternura y seguridad con la madre. El nombre de esta etapa alude a que la actividad central en ella es la succión del seno materno, que constituye el primer objeto erótico, mientras que la boca se convierte en el primer órgano de placer.

  2. Fase anal o esfintereana (1º a 3º año): Es una etapa activa, en que el niño empieza a descubrir múltiples capacidades: movimiento y lenguaje. El desafío de esta etapa es responder a los reclamos de control esfintereano por parte de los padres. El dominio de sí es vivido por el niño como respuesta de amor o agresividad hacia la madre que lo insta a controlarse. La deposición se convierte así en la actividad que polariza la libido y la zona erógena correspondiente es la zona anal.

  3. Fase fálica (3º a 5º año): Hacia los tres años, el autoerotismo se localiza en la región genital. Lo central en esta etapa es la relación afectiva con los padres. Es la fase en la que se desarrolla el proceso conocido como complejo de Edipo, en el cual el niño debe renunciar a la madre como objeto sexual para identificarse con el padre. Analizamos este tema con más detenimiento en el apartado dedicado al psicoanálisis.

El éxito en la superación de esta etapa conlleva:

  • la primacía de la región genital sobre las demás regiones erógenas (las cuales permanecerán, pero subordinadas a la primera);

  • el paso del autoerotismo al amor “objetual”, aceptando la propia sexualidad y abriéndose a la relación con objetos externos

  1. Etapa de latencia: Superada la etapa edípica, se ingresa en un período de serenidad que permite al individuo el desarrollo de sus facultades superiores, inteligencia y voluntad.

  2. Etapa genital: se inicia con la adolescencia y desemboca, en condiciones normales, en la madurez, caracterizándose por el primado de la genitalidad, la orientación heterosexual y fecunda.

En el curso de esta evolución, pueden producirse problemas vinculados con la privación o la excesiva gratificación, en el transcurso de las primeras fases. El posible resultado de estas dificultades es la fijación en una etapa determinada. Ello puede expresarse durante la madurez en síntomas neuróticos (la repetición del acto deseado en forma reprimida) o perversiones (repetición del acto deseado en forma directa).

En la raíz de todas las crisis evolutivas, a lo largo de las diferentes fases, se encuentra el conflicto entre el egoísmo y la donación, el encerrarse en sí mismo y el abrirse a los otros, y su superación está ligada a la capacidad de sobreponerse a la propia tendencia egótica y entablar relaciones sanas y auténticas con los otros.

Si en la fase anal el conflicto es todavía entre la alegría de crear y el miedo de perder algo de sí, a partir de la crisis edípica, el conflicto toma el camino de la confrontación con el otro y se manifiesta como el deseo de suprimir al padre, resuelto sucesivamente en la introyección-imitación, la cual presupone su plena aceptación. Esta estructura relacional del conflicto se hace más evidente durante la adolescencia, en la tensión entre el deseo de salir de sí mismo y el miedo ante el mundo del otro, que sólo puede resolverse satisfactoriamente a través de una actitud de progresiva donación de sí vivida en el cuadro de las relaciones intersubjetivas.

La sexualidad, a través de estos procesos, revela su efectiva naturaleza. Ella no es sólo genitalidad, es decir, deseo de satisfacer los propios impulsos fisiológicos, sino sobre todo impulso hacia los otros, que conduce al sujeto a devenir persona en una comunidad de personas.21





    1. Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   32


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos