Moral sexual



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CDS 111.

53 “Por adulterio entendían solamente la posesión de la mujer de otro, pero no la posesión de otras mujeres, también llamadas esposas, junto con la primera”, Juan Pablo II, AG 13-8-1980, 3 (subrayado del texto).

54 Cf. Juan Pablo II, AG 27-8-1980, 4.

55 Cf. Juan Pablo II, AG 3-9-1980, 5.

56 Juan Pablo II, AG 13-8-1980, 2.

57 Sintetizo en este punto algunas de las afirmaciones de Juan Pablo II en sus catequesis sobre la pureza cristiana.

58 Cf. Juan Pablo II, AG 28-1-1981.

59 Cf. Juan Pablo II, AG 11-11-1981, 3-4.

60 Cf. Juan Pablo II, AG 18-8-82.

61 Cf. Juan Pablo II, AG 25-8-1982.

62 Una reflexión más desarrollada de este tema puede encontrarse en las catequesis de Juan Pablo II sobre el celibato apostólico, algunas de cuyas ideas fundamentales sintetizo en este apartado.

63 Cf. Mt 19,12; 22,30; Lc 20,36; 1 Cor 15,28

64 Cf. Rom 7,18-19; 2 Cor 12,7.

65 Cf. A. Cencini, Por amor, 236.

66 Cf. A. Cencini, Por amor, 238.

67 Cf. Juan Pablo II, AG 20-2-1980, 4. En este punto sintetizo algunas afirmaciones del primer ciclo de catequesis de este pontífice sobre la teología del cuerpo.

68 Cf. Juan Pablo II, AG 16-1-1980, 1.

69 Cf. Juan Pablo II, AG 28-5-1980 / 4-6-1980.

70 Cf. Juan Pablo II, AG 20-2-1980, 2.

71 “La continencia por el Reino de Dios, se hace en relación a la masculinidad o feminidad de la persona que hace tal opción, se realiza de acuerdo con la plena conciencia del significado esponsal que la masculinidad y la feminidad contienen dentro de sí”, Juan Pablo II, “Virginidad o celibato «por el reino de los Cielos»”, Catequesis, 1982.

72 S. Grygiel, Verginitá, citado por A. Cencini, Por amor, 194.

73 FC 16.

74 Cf. Juan Pablo II, AG 7-4-82/11-4-82, 5-6.

75 Cf. Juan Pablo II, AG 14-4-82/18-4-82, 1.

76 Ibid., nn. 2-3.

77 Cf. Juan Pablo II, AG 2-1-1980, 4.

78 Sigo en este punto a J. Guillet, Jésus Christ dans notre monde, Desclée de Brouwer, collection Christus-essais, N° 39. J. Guillet (Lyon, 1919 – 2001) fue especialista en temas bíblicos, profesor de exégesis del NT en la École de la Foi en Friburgo, y en la Facultad de Teología del Centro Sèvres de París.

79 Esta reflexión es tomada de: A. Cencini, “La virginidad como revelación de la verdad del corazón humano”, Boletín OSAR 23 (mayo 2005), 23-39.

80 A. Cencini, “La virginidad”, 32. Nótese como la primera carta de Pablo a los Corintios se mueve entre estos dos temas: sexualidad y Eucaristía. Pablo sabe que necesitamos comprender una a la luz de la otra.

81 Cf. Juan Pablo II, AG 5-11-1980, 2.

82 Cf. DCE 2-8.

83 A. Barral-Baron, Le célibat, chemin de vie, Cerf, Coll. Foi vivante, N° 249, Paris, 1990, p. 109.

84 Expongo, en este punto, el análisis de G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 318-321.

85 Cf. Juan Pablo II, AG 20-8-1980, 3.

86 Cf. ibid., 1.

87 Un caso especialmente delicado es el del término porneia, que aparece a menudo en los catálogos de vicios que excluyen del Reino de los Cielos, y que puede revestir el significado genérico de conducta sexual contraria a la fe en Cristo, o designar pecados específicos como adulterio, incesto (1 Cor 5,1-5), fornicación u homosexualidad (Rom 1,26-27).

88 Cf. CEC 2343, FC 34.

89 En el desarrollo de estos criterios, sigo de cerca a G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 326-336.

90 Cf. Juan Pablo II, AG 18-3-1981, 2.

91 Cf. Juan Pablo II, AG 1-4-1981, 6.

92 De esta manera, creo que se puede conciliar la idea de integración centrada en el propio yo, y la de integración centrada en un centro autotrascendente respecto del yo, cf., respectivamente, C. Cafarra, Introducción general,en: Hombre y mujer los creó, 24; A. Cencini, Virginidad y celibato, hoy, 181-183.

93 G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 330.

94 GS 51; PH 5.4, subrayado nuestro; FC 32.2.

95 Ibid.; PH 5, 7, 9.

96 Para la exposición de este criterio, sigo a M. Rhonheimer, Ética de la procreación, 64-131.

97 Cf. CEC 1857; RP 17.

98 Decreto del Santo oficio, 1666, DH 2060; y anteriormente, decreto de Acquaviva, 1612, prohibiendo a los jesuitas defender la parvedad de materia; HV 13.14.

99 Hay que recordar, en efecto, que el deseo sexual es el más intenso de todos los deseos sensibles, como el placer sexual es el más intenso de todos los placeres sensuales (cf. S.Th. II-II, 153, 4).

100 La versión anterior de este número, corregida en 1997, decía: “otros factores (...) que reducen e incluso anulan la culpabilidad moral” (subrayado nuestro). No se comprende con claridad el motivo del cambio: si el acto es compulsivo, realizado sin libertad, no hay lugar para la responsabilidad moral, ni siquiera atenuada.

101 Se puede ver un ejemplo en A. Royo Marín, Teología moral para seglares, 49ss.

102 Para una descripción del complejo proceso de percepción de los valores: E. López Azpitarte, Fundamentación de la ética cristiana, 132-135.

103 Cf. S.Th. I-II, q. 94, a.2 c.

104 Cf. In Sent., lib. 4 d. 26 q. 1 a. 1 co (S.Th. suppl. q.41, a.1); 4, d.33, q.1, aa. 1-2 (S.Th. suppl. q.65, aa. 1-2).

105 Dicha distinción fue introducida por primera vez en un documento oficial de la Iglesia en el canon 1013.1 del CIC de 1917.

106 Cf. Pío XI, Casti connubii 9.7.

107 Cf. D. Von Hildebrand, Die Ehe, (München 1929); H. Doms, Vom Sinn und Zweck der Ehe, (Breslau, 1935). En la misma línea, B. Krempel, Die Zweckfrage del Ehe in neuer Beleuchtung (Colonia, 1941).

108 Cf. Pío XII, Decreto del Santo Oficio, 1 de abril 1944, AAS 36 (1944) 103; DH 3838.

109 Cf. Pío XII, Discurso al Congreso de la Unión Católica Italiana de Obstétricas, 29 de octubre de 1951.

110 Cf. GS 47-50; CIC 1055,1.

111 E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad, 321.

112 Por otro lado, es “la institución matrimonial y el amor conyugal” los que están “ordenados por su propia naturaleza a la procreación y la educación de la prole”, GS 48; 50.

113 Cf. Pedro Lombardo, Sententiae, 4, d.1, c.4.

114 Ibid., d.26, c.6.

115 S. Tomás, In sent, IV, d.26, q.2, a.3; Suppl. Q.42, a.3.

116 SCG, L. 4, c.78, n.4.

117 S.Th., III, q.65, a.1.

118 Cf. Juan Pablo II, Discurso a los Delegados del «Centre de Liaison des Equipes de Recherche», 4 (3 de noviembre de 1979): Insegnamenti di Giovanni Paolo II, II, 2 (1979), 1032.

119 Cf. M. Rhonheimer, Ética de la procreación, 71-75.

120 Cf. M. Rhonheimer, Ética de la procreación, 79-82.

121 Cf. Esquema del documento sobre la paternidad responsable, junio de 1966. Una trascripción parcial del texto del dictamen puede encontrarse en: E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 341-342; Id, Amor, sexualidad y matrimonio, 182-183.

122 “La Iglesia recuerda que no puede haber contradicción verdadera entre las leyes divinas de la trasmisión obligatoria de la vida y del fomento genuino del amor conyugal”.

123 Cf. Juan Pablo II, AG 11-7-1984, 5.

124 Cf. Juan Pablo II, AG 1-8-1984, 5.

125 Nótese la expresión “ponderada y generosa”: por un lado, la decisión debe ser generosa, ya que consiste en colaborar con la obra creadora de Dios; pero la generosidad no puede ser irreflexiva sino que debe estar orientada por la virtud de la prudencia que “pondera”.

126 En virtud del principio de totalidad, lo dicho con relación a las “enfermedades del organismo” es válido para los problemas psicológicos, como el tratamiento de la ciesofobia o neurosis del embarazo, cf. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 362-364; Id, Amor, sexualidad y matrimonio, 190-192.

127 “Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica” (CEC 2370). Por ello, “no se pueden separar estas dos significaciones o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la familia” (CEC 2363).

128 Cf. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 346-347; Id, Amor, sexualidad y matrimonio, 187.

129 FC 31 invita a los teólogos a colaborar con el magisterio para iluminar cada vez mejor “los fundamentos bíblicos, las motivaciones éticas y las razones personalistas de esta doctrina”. Para la reflexión teológica, seguimos a M. Rhonheimer, Ley natural y razón práctica, 138-167.

130 Cf. Juan Pablo II, AG 24-10-1984, 1.

131 Cf. Juan Pablo II, AG 8-8-1984, 2.

132 Cf. Juan Pablo II, AG 22-8-1984, 1.

133 Cf. Ibid., 7.

134 Cf. Ibid, 6.

135 Cf. Juan Pablo II, AG 29-8-84, 4.

136 Sigo en este punto a: M. Rhonheimer, “Anticoncepción, mentalidad anticonceptiva y cultura del aborto”, 435-452.

137 Tal es el llamado argumento contra-life, sostenido por: G. Grisez, J. Boyle, J. Finnis, W.E. May, “«Every Marital Act ought to be Open to New Life»”, 365-426.

138 M. Rhonheimer, “La anticoncepción”, 451. Para la evidencia empírica invocada por este autor (aun reconociendo que faltan suficientes estudios sobre el tema), cf. H. Wenisch, Elternschaft und Menschenwürde, Patris Verlag, Vallendar (1984).

139 Cf. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 364-374; id, Amor, sexualidad, 188-189, 192-196.

140 Más que de “disenso” sería mejor hablar de “discrepancia”, por analogía a lo que sucede en el caso de los teólogos. Respecto de estos últimos, el magisterio contempla la posibilidad de intervenciones que generan tensiones o discrepancias (dificultades privadas). Se requiere, entonces, el diálogo en la verdad y en la caridad (dialogus inter Magisterium et theologos in unitate veritatis et caritatis). Nunca es lícito el recurso al disenso (dissensus), entendido como oposición pública y sistemática al magisterio hasta el punto de organizarse en grupos, cf. Congregación para la Doctrina de la fe, La vocación ecle­sial del teólogo (24.V.1990), 24-32.

141 En el mismo sentido, Suiza, Canadá, Bélgica, Inglaterra y Gales. López Azpitarte apoya esta doctrina en los textos arriba citados.

142 Cf. Juan Pablo II, AG 10-10-84, 4.

143 Cf. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 378; id, Amor, sexualidad, 195-196.

144 Cf. M. Rhonheimer, Ley natural y razón práctica, 455-464; Id., La perspectiva de la moral, 348-368. Para una síntesis de esta doctrina, cf. G. Irrazábal, “Los actos intrínsecamente malos en Veritatis splendor”.

145 Cf. Mons. J. Suadeau, “Profilácticos o valores familiares. Frenando la expansión del SIDA”, L’Osservatore Romano, Edición diaria, 19-4-2000.

146 GS 48; cf. CIC 1055, 1.

147 GS 48.

148 El texto dice: “En cuanto a lo demás, digo yo, no el Señor: si un hermano tiene una mujer no creyente y ella consiente en vivir con él, no la despida; y, si una mujer tiene un marido no creyente y él consiente en vivir con ella, no le despida (…) Pero si la parte no creyente quiere separarse, que se separe; en ese caso, el hermano o la hermana no están ligados: para vivir en paz os llamó el Señor”.

149 Como, por ejemplo, entre dos no católicos, de los cuales uno está bautizado y el otro no, cuando una de las partes ingresa a la Iglesia católica y la otra no quiere continuar la vida marital; o cuando, en el mismo supuesto, el matrimonio está roto de hecho, y una de las partes quiere contraer matrimonio con una parte católica.

150 Cf. CIC 1142-1149.

151 CEC 2382; cf. CIC 1141.

152 Este argumento es recogido en CEC 2385.

153 En este sentido, CEC 2382.

154 Cf. Suppl., q.62, a.5, ad 4.

155 Es la tesis que sostienen, entre otros: J. Bonsirven (Le divorce dans le Nouveau Testament, 1948). P. Bonnard y M. Baltensweiler. Para una explicación más detallada, cf. F. Di Felice, “Indisolubilidad matrimonial”, 631-634.

156 Esta es la opinión de: P. Hoffmann, “Las palabras de Jesús sobre el divorcio y su interpretación en la tradición neotestamentaria”, Concilium 55 (1970) 223-224; R. Schnackenburg, El mensaje moral del Nuevo Testamento, I. De Jesús a la iglesia primitiva, Herder, Barcelona 1989, 175-181; M. Theobald, “Jesús habla sobre el divorcio”.

157 Entre los siglos III al VI, diversos Padres orientales aceptaron el divorcio en caso de adulterio, entre ellos, Orígenes, Basilio Magno, Gregorio Nacianceno, Epifanio, Juan Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Teodoreto de Ciro y Víctor de Antioquía. Lo mismo hicieron, contemporáneamente, escritores eclesiásticos de Occidente, como Tertuliano, Lactancio, Hilario de Poitiers, Ambrosiaster, y en el s. VIII, Beda el Venerable.

158 Para un estudio detallado: E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 400-405.

159 Cf. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 406 y nota 43.

160 E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 397-398; B. Häring, ¿Hay una salida?, 61-80, en que desarrolla la espiritualidad oriental de la “oikonomia” y su aplicación a la disciplina del matrimonio.

161 Cf. H. Gruber, “Divorcio y nuevas nupcias”, en Selecciones de Teología 139, 212-222.

162 Cf. Alocución a la Rota Romana de Benedicto XVI de 29 de enero de 2010. Los discursos completos pueden encontrarse, por ejemplo, en www.iuscanonicum.org.

163 J. Bernhard diferencia entre matrimonio instaurado (por el mutuo consentimiento) y matrimonio consagrado por la vida en común (que sería el único absolutamente indisoluble). Por su parte, J.T. Finnegan habla de matrimonio “psicológicamente consumado”, cuando los esposos se unen no sólo físicamente sino en las varias dimensiones de su vida. Pablo VI se opuso a estas hipótesis de “consumación existencial” en su discurso a la Rota de febrero de 1976, cf. B. Petrà, Il matrimonio può morire?, 81-84. También A. Guindon, “Case for a «Consummated» Sexual Bond before a «Ratified» Marriage”, 137-182.

164 Es la propuesta de: B. Petrà, Il matrimonio può morire?, en especial, 233-245.

165 Cf. O. Seier, K. Lehmann y W. Kasper, Carta pastoral sobre los Divorciados y vueltos a casar, II.2.

166 Por extensión, esto se aplica también al matrimonio de un católico con un no bautizado que, aunque según la doctrina común no es sacramento, está sometido a la jurisdicción de la Iglesia en razón del bautismo del fiel católico (cf. CIC 1117).

167 Cf. H. Franceschi, “Las situaciones irregulares”. El texto completo de este trabajo puede encontrarse en http://bibliotecanonica.net/docsab/btcabw.htm.

168 Proposición 14, 3 y 4.

169 Proposición 14, 6.

170 CEC 1650.

171 También el Catecismo hace referencia a las “diferencias considerables” entre las distintas situaciones, cf. CEC 2386.

172 Para el texto en castellano: Selecciones de Teología 132 (1994) 341-350.

173 Congregación para la doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar, 14-9-94.

174 Cf. B. Petrà, Il matrimonio può morire?, 97-101.

175 Cf. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 425-426. Este tipo de solución se denomina frecuentemente “solución de fuero interno”, “de buena fe” o de “buena conciencia”, que para algunos autores se restringe al supuesto de que los cónyuges estén convencidos de la invalidez de su primer matrimonio y, para otros, se extiende al caso de que los cónyuges supieran que la primera unión es válida pero irremediablemente fracasada, cf. B. Petrà, Il matrimonio può morire?, 52-63.

176 J. Medina Estévez, “La acción pastoral hacia personas que tienen un status familiar irregular”. El texto puede encontrarse en AICA nº 2173, 11-8-1998, Doc. 453.

177 Cf. B. Petrà, Il matrimonio può morire?, 25.

178 Este tema sigo de cerca a G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 336ss.

179 De esta “normalidad” no pueden extraerse conclusiones morales de modo directo, a saber, la pretendida neutralidad moral de esta conducta, como indica acertadamente PH 9.

180 Como señala el documento Persona humana, aunque no se puede establecer con certeza si la Sagrada Escritura reprueba este pecado bajo una denominación especial, la tradición ha entendido que el mismo era condenado en el NT cuando habla de “impureza” (cf. PH 22).

181 Cf. S.Th. II-II, q.154, a.11.

182 Congregación para la Educaciòn Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano (1-11-1983).

183 En este mismo sentido señala CEC 2352: “Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral” (subrayado nuestro); cf.


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