Moral sexual



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¿Matrimonio progresivo?


Lo dicho anteriormente no da cuenta, sin embargo, de todas las manifestaciones este fenómeno. La idea de prueba o experimento no responde a la realidad que viven muchas parejas. A menudo la convivencia está tan claramente orientada al proyecto de matrimonio e interpretada desde él, que este rasgo da una especial calidad de entrega y compromiso a su relación, lo cual sería incorrecto e injusto describir como “amor a prueba”226. La llegada de los hijos o el deseo de tenerlos suele ser el momento elegido para concretar el proyecto nupcial, y el tiempo de convivencia previo se ve como coherentemente integrado en esta progresión, y se experimenta también como tiempo de gracia.

FC 81 señala que “en algunos países las costumbres tradicionales prevén el matrimonio verdadero y propio solamente después de un período de cohabitación y después del nacimiento del primer hijo”. Esta modalidad de matrimonio progresivo tiene lugar en la actualidad, incluso entre cristianos, en la cultura africana: en ella el matrimonio no se inicia en un momento preciso con la ceremonia nupcial, sino que se desarrolla como un proceso que comienza con los esponsales, que incluyen las relaciones sexuales, y se consuma con el nacimiento del primer hijo227. Esa también parece haber sido, en términos generales, la “secuencia” usual en el matrimonio pre-tridentino: primero, el consentimiento de futuro (consensus de futuro) conocido como sponsalia (esponsales), por el cual los miembros de la pareja eran considerados esposos, pudiendo tener relaciones sexuales; luego, con la llegada de los hijos, el consentimiento de presente (consensus de presenti) conocido como nuptialia (nupcias), que completaba el matrimonio. Se puso fin a esta costumbre con el decreto tridentino Tametsi (1563), que transformó la ceremonia nupcial de simple contrato entre familias sin formalidades legales a un contrato solemne cuyas formalidades son condición para su validez228.

A partir de esta constatación, algunos autores han propuesto el retorno al modelo del matrimonio progresivo, que se perfecciona por etapas, siendo un matrimonio real (ratum) desde el momento de los esponsales (preferentemente expresados a través de un ritual público), y consumado e indisoluble (ratum et consumatum) desde el momento en que los miembros de la pareja han expresado plenamente en su vida conyugal los valores de su cultura229. A partir de esta propuesta, la convivencia prematrimonial (también llamada nupcial), sería considerada como un matrimonio ya incoado, y sus relaciones, no estrictamente prematrimoniales sino incoativamente conyugales (en todo caso, no pre-matrimoniales sino sólo pre-nupciales), retomando lo que fue habitual en la etapa pre-tridentina. Las nupcias constituirían sólo la consumación de este proceso. De ese modo, el principio que une las relaciones sexuales con el matrimonio no sería trasgredido sino sólo reinterpretado, centrando la atención en las relaciones interpersonales y su dinámica más que en los actos aisladamente considerados.



SIGLAS

CDS Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

CEC Catecismo de la Iglesia Católica

CIC Código de Derecho Canónico

DH Denzinger Hünermann

GS Gaudium et spes

HV Humanae vitae

NDTM Nuevo Diccionario de Teología Moral



VS Veritatis splendor

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1 Éste es el concepto de “misterio” elaborado por E. Imoda, Sviluppo umano. Psicología e mistero, Casale Monferrato, 1993, 338. La categoría de misterio como clave para definir lo sagrado había sido propuesta por R. Otto en Das Heilige (1917) y continuada, entre otros, por M. Eliade, Lo sagrado y lo profano (1957).

2 Cf. A. Cencini, Por amor, 830-832; id., Virginidad y celibato hoy, 55 nota 2.

3 Seguimos aquí a E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 11-41; id, Amor, sexualidad, 21-34.

4 Cf. también J.-R. Flecha, Moral de la sexualidad, 45-48; id., Moral de la persona, 37-39.

5 Por ej., Lv 18, 19.

6 Para la distinción entre tabú sociológico y tabú antropológico: cf. J.-R. Flecha, Moral de la sexualidad, 47.

7 Wilhelm Reich (1897-1957) fue un influyente médico, psiquiatra y psicoanalista austríaco-estadounidense, a quien se considera uno de los propulsores de la llamada “revolución sexual”. Precisamente, éste es el título de una de sus obras más celebradas: La revolución sexual (tomada del original alemán, Die Sexualität im Kulturkampf, 1936, y traducida en primer lugar al inglés en 1945).

8 Herbert Marcuse (1898-1979) fue un sociólogo alemán perteneciente a la Escuela de Frankfurt. Un resumen de su visión sobre la sexualidad en el contexto de la moderna sociedad capitalista puede encontrarse en E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad y del matrimonio, 141-142.

9 En este sentido, el legado grecorromano tiene poco que ver con la libertad sexual que predominaba en la Grecia antigua. Incluso, la declinación del Imperio Romano, contra una creencia muy difundida, coincidió con un mayor rigor de las normas sexuales, cf. M. Farley, Just Love, 27-34.

10 Congregación para la doctrina de la fe, Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual, Persona humana, en. de 1976 (en adelante, PH).

11 En un modo similar, dice el CEC 2332: “La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con el otro”. Del mismo modo, OAH 4-5.

12 Cf. J.-R. Flecha, Moral de la sexualidad, 50.

13 Cf. J.-R. Flecha, Moral de la sexualidad, 51-52.

14 En este enfoque, y en las reflexiones que siguen sobre antropología sexual sigo principalmente a G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 282-377.

15 Cf. M. Vidal, Moral de Actitudes, II.2º, 16s.

16 Cf. G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 285-287.

17 El psicoanálisis es una disciplina fundada por S. Freud, que investiga las causas de ciertos trastornos psicológicos y su tratamiento basándose en la hipótesis de que muchos problemas psicológicos están alimentados por el residuo de impulsos y conflictos reprimidos en la niñez. Los psicoanalistas tratan de llevar estos sentimientos reprimidos al plano del conocimiento consciente, donde el paciente, en teoría, podría resolverlos, cf. “Psicoanálisis”, en J.M. Farré Martí, Diccionario de psicología, 280.

18 Para ampliar este tema, se puede consultar: X. Thévenot, “Cristianismo y desarrollo sexual”, 228-240; Id., “Nuevas orientaciones en moral sexual”, 471-479.

19 S. Freud (1856-1939) fue un médico y neurólogo austriaco, fundador del psicoanálisis, que inaugura en 1899 con la publicación de la que es considerada su obra más importante e influyente, La Interpretación de los Sueños.

20 Para un tratamiento claro y sintético, M. Vidal, Moral de actitudes, II.2, 35-36.

21 F. Fornari ha desarrollado ampliamente la contraposición entre el carácter predatorio y alucinatorio de la sexualidad infantil o pregenital fundada en el principio del placer y en el principio de la apropiación, y el carácter consciente y realista de la sexualidad madura o genitalidad, fundada en el reconocimiento de la complementariedad y, por consiguiente, en la necesidad recíproca por la cual es constituida, y en el principio del intercambio que la hace funcional a una convivencia social verdaderamente humana, mientras la pregenitalidad es destructiva y funcional al instinto de muerte (cf. id., Genitalidad y cultura, Milán 1979).

22 Sigo en este punto a G. Gatti, Educazione morale cristiana, 17-36.

23 Erik Erikson, (1902-1994), fue un psicólogo estadounidense de origen alemán, destacado por sus contribuciones en psicología evolutiva. Estudió psicoanálisis en Viena. Fue psicoanalizado por la misma Anna Freud, hija de Sigmund Freud. Huyó a los Estados Unidos con la invasión nazi. Enseñó en Harvard, Yale y Berkeley. En 1950 escribió Childhood and Society, libro que contiene las bases argumentales de su versión sobre la teoría freudiana.

24 Jacques-Marie Émile Lacan (París, 1901 - 1981). Psicoanalista francés. Médico psiquiatra de profesión, es mejor conocido por su trabajo que subvirtió el campo del psicoanálisis. Es considerado uno de los analistas más influyentes después de Sigmund Freud. Buscó reorientar el psicoanálisis hacia la obra original de éste último, de cuyo sentido consideraba que el psicoanálisis post-freudiano se había desviado, cayendo en una lógica a veces biologicista u objetivadora de la realidad. Llevó adelante este propósito enfatizando la función del lenguaje en la estructuración de la personalidad, como explicaremos a continuación. Las reflexiones que siguen están tomadas de : X. Thévenot, Repères éthiques, 36-54.

25 X. Thévenot, Repères éthiques, 46.

26 A. Cencini – A. Manenti, «Psicología y formación», 275-285.

27 X. Thévenot, «Vivre chrétiennement des difficultés sexuelles», en Repères Étiques, 54-59.

28 X. Thévenot, «Repères éthiques», 57.

29 Seguimos de cerca a G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 281-377.

30 Cf. también: M. Farley, Just love, 104.

31 Cf. G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 292.

32 Cf. E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad, 257.

33 Es preciso reconocer que en esta visión ha tenido influencia cierta concepción tradicional de la sexualidad que tendía a tratarla como una función biológica, la función generativa, en cierta manera extrínseca a la persona, de modo que la cuestión moral era planteada en términos de licitud o ilicitud del “uso” de esta facultad, y del “placer venéreo” que se sigue de tal uso.

34 Para la distinción entre “diferencia” sexual y “diversidad” sexual, y la identificación de sus respectivos trasfondos filosóficos, puede consultarse: A. Scola, “Identidad y diferencia sexual”, 585-591

35 Juan Pablo II, AG 21-11-1979, 1 (subrayado del texto). Se trata de un nivel de complementación que no puede ser comprendido a partir de la mera idea de diversidad de género y las posibles “complementaciones” a las que la misma, de hecho, puede dar lugar.

36 Este tema ha sido desarrollado ampliamente por Juan Pablo II en su ciclo de catequesis sobre el matrimonio.

37 Juan Pablo II, AG 26-1-1983, 1.

38 Juan Pablo II, AG 26-1-1983, 9.

39 Juan Pablo II, AG 9-2-1983, 1.

40 Tal es la definición emitida por la dirección de la IV Conferencia mundial de las Naciones Unidas sobre la mujer (Pekín, septiembre de 1995), que fue plataforma para el lanzamiento de la nueva perspectiva de género. Seguimos en la descripción de la misma a O. Alzamora Revoredo, “Ideología de género”, 593-608.

41 Para esta evaluación del concepto de género sigo a: Burggraf, J., “Género”, 517-525

42 La mujer y el hombre no reflejan una igualdad estática y uniforme, por lo cual “es posible acoger también, sin desventajas para la mujer, una cierta diversidad de papeles, en la medida en que tal diversidad no es fruto de imposición arbitraria, sino que mana del carácter peculiar del ser masculino y femenino”, Juan Pablo II, Carta a las mujeres, 9-11.

43 En este tema sigo a J. Noriega, El destino del eros, 76-87.

44 Sigo en este tema a J. Noriega, El destino del eros, 154-159. Cf. CEC 2521-2527, donde se señalan algunos aspectos de la relevancia práctica personal y social del pudor.

45 Este cuadro sintetiza la descripción de las dimensiones de la experiencia amorosa hecha por J. Noriega, El destino del eros, 42-47.

46 Cf. Ibid., 47.

47 Para una profundización de este tema, puede consultarse: E. López Azpitarte, Ética de la sexualidad, 79-111.

48 G. Piana, Orientamenti di etica sessuale, 314.

49 El AT abunda en episodios donde la sexualidad aparece ligada a la violencia y el dominio: Sodoma (Gn 19,11s.); Lot y sus hijas (Gn 19,30s.); el rapto de Dina, (Gn 34,1s.), el incesto de Rubén (Gn 35,21s).; etc.

50 Ver por ejemplo los ritos vinculados al parto (Lv 12,6), al flujo menstrual (Lv 15,19-30), a la polución nocturna (Lv 15,1-7; Dt 23,11), a las relaciones sexuales que no hacen idóneo para el culto (Lv 15,18), especialmente a los sacerdotes (Ex 20,26), etc.

51 Juan Pablo II, AG 12-1-1983, 3.

52 Cf.



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