Moral sexual



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Concepto


Según la Declaración Persona humana n.1, la sexualidad es mucho más de lo que nosotros solemos designar con ese nombre:10

“La persona humana, según los datos de la ciencia contemporánea, está de tal manera marcada por la sexualidad, que ésta es parte principal entre los factores que caracterizan la vida de los hombres. A la verdad, en el sexo radican las notas características que constituyen a las personas, como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual, teniendo así mucha parte en su evolución individual y en su inserción en la sociedad.”11

Frente a la visión más tradicional de la sexualidad, que tendía a reducirla a la dimensión fisiológica-genital, este concepto, al tiempo que abarca sus raíces biológicas, tiene presente cómo aquélla permea la totalidad de la persona (plano psicológico, afectivo y espiritual). Incluso, esta energía que nos constituye como individuos a la vez nos trasciende para adquirir una proyección social (veremos más adelante cómo la sociedad constituye una fuerza de socialización y de estructuración de la vida social). Por consiguiente, “una buena teoría de la sexualidad ha de relacionarla con todos los niveles de la existencia humana, tanto físicos como anímicos, personales como sociales”.12

    1. Sexualidad y genitalidad


A la luz de lo anterior, corresponde distinguir entre:

a) Sexualidad general: se refiere a todo el complejo de elementos y factores, desde los biológicos hasta aquellos psicológicos y espirituales, que hacen de un individuo humano una persona sexuada, es decir, de sexo masculino o femenino. Es la sexualidad considerada en su conjunto, como dimensión constitutiva de la persona.

b) Sexualidad genital: alude a la base biológica y reproductora del sexo, y a la actividad de los órganos correspondientes.

La sexualidad, en el primer sentido mencionado, sobrepasa la genitalidad de dos maneras:13



  1. En un sentido espacial-relacional: se vincula a diversas vivencias, actividades y relaciones interpersonales no genitales de la persona;

  2. En un sentido temporal o dinámico: acompaña al ser humano durante toda su existencia (incluso, como veremos, desde antes de su nacimiento) adquiriendo diferentes formas y significados.

Esta complementariedad entre ambos conceptos es adecuadamente formulada por OAH 6:

“La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdadera calidad humana. En el cuadro del desarrollo biológico y psíquico, crece armónicamente y sólo se realiza en sentido pleno con la conquista de la madurez afectiva que se manifiesta en el amor desinteresado y en la total donación de sí.”


    1. El método. Sexualidad y trascendencia


Dada esta pluridimensionalidad del fenómeno de la sexualidad, se hace necesaria una aproximación fenomenológica comprensiva, de carácter interdisciplinar. En la primera parte, consideraremos los aportes de las ciencias humanas (la biología, la psicología y la antropología cultural) y de la filosofía, para llegar a construir un concepto racional suficientemente abarcador de este fenómeno. A partir de estos resultados, en la segunda parte, abordaremos el estudio del tema a través de la Escritura, la Tradición y la teología.

El método de esta reflexión, que opera el nexo entre los dos momentos mencionados, será de carácter hermenéutico, en el sentido de que buscaremos que la perspectiva racional y la de la fe se iluminen recíprocamente, de modo que de este “círculo” interpretativo pueda surgir una visión adecuada la sexualidad humana, sus exigencias y los criterios para valorar éticamente las conductas en este ámbito.14



En dicha visión, la sexualidad se pondrá de manifiesto como fuerza de trascendencia, es decir, como la energía que impulsa al ser humano a salir de sí mismo, en niveles sucesivos donde cada uno asume el anterior y lo eleva a un nuevo plano de realización, en un dinamismo orientado hacia la última profundidad del misterio que la sexualidad hace presente: la comunión con Dios y con el prójimo. No hay, por lo tanto, una posibilidad de auténtica trascendencia para el ser humano que no sea a través de una sexualidad madura.
  1. El dato biológico


La reflexión ética sobre la sexualidad debe comenzar por una consideración del componente biológico de la misma. Es cierto que de los datos científicos no se pueden derivar directamente conclusiones morales, pero la teología moral no puede ocuparse del tema dando la espalda a dichos aportes, que tienen profunda incidencia en la comprensión del hombre y su sexualidad.
    1. El sexo biológico humano


En este ámbito debemos preguntarnos, en primer lugar, si existe un factor biológico estable que permita diferenciar entre el varón y la mujer. La respuesta la encontramos en tres niveles complementarios entre sí: el sexo cromosómico (o genético), el sexo gonádico (o genital) y el sexo hormonal:15

  1. Sexo cromosómico (determinación genética del sexo) : En todas las células del cuerpo hay un número determinado de cromosomas (portadores de genes). Se trata de 23 pares de cromosomas. De ellos, 22 pares son cromosomas “somáticos” (autosomas) y un par son cromosomas “sexuales” (heterocromosomas o gonosomas). La fórmula cromosómica difiere según el sexo: varón, 44 A + XY; hembra, 44 A + XX.

  2. Sexo gonádico (formación de órganos sexuales masculinos y femeninos, internos y externos): La fórmula cromosomática, entre otros factores, determina directamente el tipo de glándula genital (ovario o testículo), pero no determina más que indirectamente los caracteres secundarios, estando éstos determinados por la acción de sustancias químicas u hormonas que elabora la glándula genital y que, pasando al medio humoral, influyen en todo el organismo.

  3. Sexo hormonal (también llamado “somático” o “fenotípico”, referido a la aparición de los caracteres secundarios): A partir de la pubertad, las hormonas sexuales, producidas más abundantemente acentúan la diferenciación sexual. El ovario produce estrona y progesterona; el testículo produce testosterona. A partir de esta edad aparece formado y diferenciado el sexo con todos los caracteres secundarios.

Este sustrato biológico condiciona profundamente el conjunto del organismo: cada célula del cuerpo femenino es distinta a las del cuerpo masculino. Incluso, existen diferencias comprobadas entre el cerebro del varón y de la mujer, tanto a nivel estructural como funcional. Sin embargo, como veremos más adelante, el sexo biológico puede no coincidir con la percepción de la propia identidad sexual, debido a factores intrapsíquicos, o recibir sobredeterminaciones de origen socio-cultural (concepto de género).



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