Moral sexual


Sus límites. ¿Posibilidad de excepciones?



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Sus límites. ¿Posibilidad de excepciones?


Es claro que el argumento pedagógico no basta para afirmar la ilicitud de las relaciones prematrimoniales en todos los casos. De hecho, López Azpitarte recurre también aquí a la doctrina de la epiqueya (como lo hace en el tema de las situaciones irregulares) para fundar la posibilidad de “excepciones” responsables al principio215. También M. Vidal niega a la norma de la ilicitud de las relaciones prematrimoniales el carácter absoluto, argumentando que si bien de hecho normalmente dicha conducta es expresión de un amor inmaduro, no puede excluirse la posibilidad de que eventualmente exprese un amor auténtico. Por esta razón, desde el punto de vista axiológico, es decir, por principio, no se puede afirmar que dichas relaciones sean siempre ilícitas216.

Ambos autores admiten, pues, la posibilidad de un amor auténtico que se exprese a través de un modo de relación que no tiene una forma institucional matrimonial, cuando diversos motivos hacen imposible la formalización de dicho amor217. Para López Azpitarte, retomando un argumento de J. Fuchs, en ciertos casos excepcionales las relaciones prematrimoniales podrían constituir una falta contra el orden jurídico y no contra el orden de la castidad218. Esta distinción no parece fundada si se entiende como una separación: el respeto del orden jurídico es el respeto de las exigencias del bien común, correspondientes a la virtud de la justicia. La justicia como virtud general ordena los actos de todas las virtudes hacia el bien común. Por consiguiente, la virtud de la castidad que es parte de la virtud cardinal de la templanza, no puede quedar adecuadamente definida sin referencia al orden de la justicia. Las relaciones prematrimoniales transgreden las normas de la institución matrimonial, afectando el orden de la justicia y el bien común, razón por la cual también constituyen una falta contra la castidad adecuadamente definida219.


    1. El argumento antropológico


El argumento pedagógico es ciertamente relevante, cercano a la experiencia y claro para comunicar, por lo cual debe ocupar un lugar importante en la pastoral de preparación al matrimonio. Sin embargo, no permite concluir en modo taxativo la ilicitud de las relaciones entre novios cuyo amor haya alcanzado la madurez a la que hacemos referencia, quizás tras muchos años de noviazgo responsable. Es necesario, por lo tanto, trascender el plano afectivo en el que se desarrolla este argumento, para situarnos en el plano intencional. En este sentido, el interrogante que corresponde formular es el siguiente: estas relaciones, que buscan ser expresión del amor mutuo, ¿alcanzan a trasmitirlo? ¿Son objetivamente aptas para ello?

Si desde el punto de vista exterior, las relaciones prematrimoniales podrían en ciertos casos asimilarse a las conyugales en cuanto a su intensidad afectiva (el “afecto, de algún modo, conyugal en la psicología de los sujetos”, al que se refiere PH 7), situándonos en la perspectiva del sujeto que actúa (VS 78), podemos apreciar una estructura intencional muy diferente en ambos actos.

Fuera del ámbito del matrimonio, y más allá de la autenticidad del afecto que los une, los novios, a través de sus relaciones sexuales se “experimentan” recíprocamente, no a la manera en que se “experimentan” los esposos la unión conyugal, sino en el sentido de que se “prueban” sexualmente de una manera incompatible con su propia dignidad de personas. Porque más allá de las motivaciones de esta conducta, la misma constituye una objetivación del otro, una no aceptación de su real alteridad. Por ello, desde el punto de vista intencional, “querer una experiencia sexual con una persona con la que todavía no estoy casado” es incompatible con el “querer a una persona como tal”220.

Esta diferencia entre las relaciones sexuales conyugales y las previas al matrimonio, puede comprenderse a través del contraste entre el dar y el prestar. Darse a sí mismo implica la entrega de la propia libertad, sin posibilidad de dar marcha atrás en dicha oblación. Prestarse, por el contrario, comporta una reserva consistente en la posibilidad siempre presente de la revocación de la entrega. Por ello, pese al parecido externo, hay una esencial diferencia entre el “entregarse sexualmente” en el matrimonio, conforme a la lógica del don, y el “experimentarse sexualmente” en las relaciones prematrimoniales, conforme a la lógica de la prueba.


    1. Otro argumento atendible: la responsabilidad por las consecuencias


Finalmente, un argumento que no se puede omitir es el de la responsabilidad del sujeto moral por las consecuencias previsibles del propio obrar. En las relaciones prematrimoniales, la posibilidad de engendrar un hijo no puede ser descartada, aun en el caso del recurso a medios anticonceptivos. Ese hijo no es engendrado en el seno de una familia constituida sino, en el mejor de los casos, en un proyecto de familia estable, y con frecuencia, ni siquiera eso. El embarazo no querido ni previsto, trae aparejadas además numerosas consecuencias negativas para los mismos novios. A ello se debe agregar, en muchos casos, la dificultad o imposibilidad de la pareja, o de la madre sola, de hacerse cargo del hijo, por razones económicas, psicológicas, etc. ¿Qué derecho tienen los novios de asumir el riesgo de engendrar un hijo en tales condiciones?

El sentido de responsabilidad por las consecuencias del propio obrar debe hacer clara la ilicitud de este tipo de conductas. Y en última instancia, el temor de tales consecuencias, como expresión mínima de esa responsabilidad y a falta de motivaciones más altas, no deja de tener cierto valor moral como último límite221.





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