Moral sexual



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Origen


No abordamos aquí el tema de la posible predisposición biológica. De todos modos, en caso de una eventual comprobación de esta hipótesis, la misma no podría tomarse como argumento desde el punto de vista moral a favor de la normalidad de la homosexualidad (también hay predisposiciones biológicas en diferentes disturbios psíquicos).

Es claro que debe asignarse una importancia central a la evolución psicológica de la persona. Así lo demuestra un estudio de Bieber & Bieber, del año 1979192. Sobre más de mil casos de homosexualidad masculina, esta investigación constató en la mayoría de ellos la existencia de una relación demasiado íntima con la madre, unida a la figura de un padre agresivo y competitivo, que genera en el hijo al mismo tiempo odio y deseo de afecto. Esta circunstancia lleva al fracaso del proceso de identificación con el padre.

Según un estudio de Barnhouse, en la homosexualidad femenina se da una triple dificultad: dificultad para separarse de la madre, para aprender el valor de ser mujer, y para establecer relaciones con los hombres, sobre todo con el padre, generalmente duro y cruel193.

Carácter defensivo de las relaciones homosexuales


E. Moberley, tratando de la homosexualidad en general, afirma:

“En medio de muchísimos detalles, subyace un principio constante: que el homosexual, sea varón o mujer, ha sufrido de alguna carencia en la relación con el progenitor del mismo sexo; existe también una tendencia correspondiente a remediar esta carencia, por medio de relaciones con personas del mismo sexo, es decir, relaciones homosexuales”194.

Esto significa que la persona homosexual busca encuentros caracterizados por la falta de distinción y de complementariedad. Las relaciones heterosexuales son, en cambio, complementarias: se busca al otro en tanto que otro, querido precisamente en su diferencia (física, psicológica, etc.). Las relaciones homosexuales no son complementarias sino simbióticas: se busca al otro como parte del propio sistema defensivo, como un modo de llenar la carencia de la propia identidad sexual, como si entre ambos pudieran constituir una sola persona completa.

De ahí la inestabilidad que generalmente afecta a las parejas homosexuales: cualquier manifestación de autonomía, de tener una vida propia, de poder ser feliz con otras personas, es visto como una amenaza para la relación, la cual se sumerge en ciclos interminables de ofensa y reconciliación. Claro que esta inestabilidad puede darse, y se da con frecuencia, en parejas heterosexuales, pero en todo caso ello no sucede por ser heterosexuales. Lo que aquí afirmamos es que la inestabilidad comentada es estructural, causada por el hecho de tratarse de una relación homosexual195. En lo que sigue comentaremos el contenido del documento de la Congregación para la doctrina de la fe, Carta sobre la atención pastoral de las personas homosexuales (1-10-1986).


Fundamentación bíblica


Nos limitamos en este punto a hacer algunas observaciones. Mientras que PH todavía sustentaba bíblicamente la condena de la homosexualidad a partir de textos aislados, la Carta da un paso adelante, fundándose en “el testimonio bíblico constante” (n.5.2), y más específicamente, en la teología de la creación que encontramos en el Génesis, según la cual las personas “en la complementariedad de los sexos (...) están llamadas a reflejar la unidad interna del Creador (n.6.1)196. El cuerpo humano tiene, por lo tanto, de modo intrínseco, un “significado esponsal”197.

La argumentación bíblica del documento se torna más cuestionable cuando alude al episodio de Sodoma y Gomorra (Gen. 19). En este pasaje, el delito que condena el texto es la violación del deber sagrado de hospitalidad. En todo caso, el episodio consiste en un intento de violencia sexual contra los visitantes, lo cual es ajeno a nuestro tema. Por su parte, la legislación del Levítico condena la homosexualidad como un pecado de orden religioso: un acto “an-ticreacional” que busca borrar las diferencias del cosmos partiendo de su coronación en la diferencia sexual hacia abajo. Se trata, por lo tanto, de una norma anti – idolátrica198. Los textos del NT hacen referencia a la homosexualidad libremente aceptada, pero hoy no pueden aplicarse sin más a la homosexualidad con componentes compulsivos.


Valoración. Orientación y actuación


Las consideraciones de orden psicológico que hemos expuesto precedentemente muestran que los actos homosexuales tienen un carácter defensivo, cerrado a la alteridad. Por ello, aunque puedan dar un alivio momentáneo, en el largo plazo no resuelven el problema de fondo, ni pueden encauzar la aspiración a la autotrascendencia presente en toda persona. Estos datos, interpretados a la luz de los principios antropológicos y teológicos sobre la sexualidad, permiten afirmar que las relaciones homosexuales constituyen un desorden moral. No, ante todo, por referencia al aspecto procreador, sino por ser contrarias al significado unitivo de autodonación recíproca.

La Carta (n. 7) dice al respecto:

“La actividad homosexual no expresa una unión complementaria, capaz de transmitir la vida, y por lo tanto contradice la vocación a una existencia vivida en aquella forma de auto-donación que, según el Evangelio, es la esencia misma de la vida cristiana”.

La fórmula es lograda: tanto la unión complementaria como su consecuencia, la capacidad de transmitir la vida, son aspectos del amor entendido como auto-donación, estando ambos ausentes de la relación homosexual. Esto es un paso adelante en relación a PH, en que todavía se expresaba en términos genéricos y no personalistas, hablando de “actos privados de su ordenación esencial e indispensable” (PH 8).

¿Significa esto que la persona homosexual sea egoísta? Esta lectura constituiría una confusión entre el plano metafísico (la estructura del acto conyugal) en el cual deben situarse las afirmaciones del magisterio, con el plano psicológico de las motivaciones. El n.7 aclara:

“Ello no significa que las personas homosexuales no sean a menudo generosas y no hagan don de sí mismas, pero cuando se empeñan en una actividad homosexual ellas refuerzan en su interior una inclinación sexual desordenada, por sí misma caracterizada por la auto-complacencia.”

Es claro que quedan a salvo las actitudes, sentimientos y motivaciones de las personas homosexuales. Lo que el magisterio afirma es que el acto homosexual, por su misma estructura, no es idóneo para encarnarlas; por el contrario, refuerza las tendencias narcisistas inconscientes que van en contra de aquello a lo que dichas personas muchas veces aspiran199. Por lo mismo, “como cualquier otro desorden moral, la actividad homosexual impide la propia felicidad y realización”; no constituye un ejercicio “realista y auténtico” de la libertad (cf. n.7.3).

Es preciso aclarar que esta afirmación de la ilicitud de los actos homosexuales, no se hace extensiva a la orientación, condición o tendencia homosexual. Esta última no es pecado, pero “constituye una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada objetivamente desordenada” (n.3)200. Esta afirmación descalifica una postura en algún momento difundida conforme a la cual se trataría de una tendencia natural, neutral o incluso buena, aunque no deba actuarse201.

Es importante señalar, que la afirmación de que una tendencia es desordenada no equivale a considerar que el sujeto de la misma sea depravado. Una tendencia, aunque se trate de la tendencia sexual, es sólo un aspecto de la persona, que en modo alguno se identifica con ella en su globalidad. Esto es afirmado en uno de los párrafos centrales de la Carta:

“La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, no puede ser definida de manera adecuada con una referencia reductiva sólo a su orientación sexual. Cualquier persona que viva sobre la faz de la tierra tiene problemas y dificultades personales, pero también tiene oportunidades de crecimiento, recursos, talentos y dones propios. La Iglesia ofrece para la atención a la persona humana, el contexto del que hoy se siente una extrema exigencia, precisamente cuando rechaza el que se considere la persona puramente como un «heterosexual» o un «homosexual», y cuando subraya que todos tienen la misma identidad fundamental: el ser criatura y, por gracia, hijo de Dios, heredero de la vida eterna” (n.16)

Por ello, esta afirmación en modo alguno debería ser entendida como un agravio a la dignidad de la persona homosexual202.

“¿Esto quiere decir entonces que la persona homosexual es anormal? No, porque la propia persona humana es un ser capaz de integrar de manera constructiva rasgos no normativos de su cuerpo o de su psiquismo. De hecho, muchas de las personas homosexuales presentan un equilibrio humano al menos equivalente a aquel de muchos heterosexuales y son capaces de acceder, como toda otra persona, a la alegría de vivir.”203





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