Moral sexual


Orientaciones pedagógico-pastorales



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Orientaciones pedagógico-pastorales


La educación debe estar orientada, sobre todo, a la superación de la actitud autoerótica. Para ello sirve de poco concentrar la atención directamente en la actividad masturbatoria. Como observa OAH 99:

“Desde el punto de vista educativo, es necesario tener presente que la masturbación y otras formas de autoerotismo, son síntomas de problemas mucho más profundos los cuales provocan una tensión sexual que el sujeto busca superar recurriendo a tal comportamiento. Este hecho requiere que la acción pedagógica sea orientada más hacia las causas que hacia la represión directa del fenómeno” (subrayado nuestro).

La superación del autoerotismo no debe centrarse en una estrategia de represión frontal, que fija la atención en el síntoma, olvidando las actitudes profundas que expresa. En este sentido, insistir excesivamente en la malicia de todo acto masturbatorio puede resultar contraproducente y a encerrar ulteriormente a la persona en sí misma. El remedio consiste más bien en proveer al sujeto de estímulos para que pueda aceptarse a sí mismo, progresando en el camino de la integración de la propia sexualidad y de apertura a los demás.

Para ello, se requiere educadores que hayan resuelto en el plano existencial sus propios conflictos sexuales, no confundiendo sexo y pecado. Ello los capacita para indagar las causas de esta conducta, a través de un diálogo sereno con el adolescente, que sea profundo pero que respete al mismo tiempo su autonomía e intimidad. En primer lugar, deben ayudarlo a desdramatizar el problema, haciéndole entender que se trata de una dificultad normal y gradualmente superable en el camino hacia el autodominio. Pero, sobre todo, se requiere ofrecer al adolescente reales centros de interés, proporcionados a su edad, que lo ayuden a concentrar sus esfuerzos en el desarrollo creativo de la propia personalidad y en el compromiso responsable hacia los otros, a través del servicio en el ambiente en que vive (familia, escuela, grupo, parroquia, etc.).

La educación religiosa tiene una importancia especial y puede significar una gran ayuda en este proceso. Pero es preciso no generar expectativas desproporcionadas de una acción directa de la gracia a través de la oración y los sacramentos, como si estos medios pudieran operar mágicamente. Semejante voluntarismo podría conducir a la frustración y al abandono de la práctica religiosa. La acción sanadora de la gracia no saltea de ordinario la naturaleza, de modo que no exime del proceso (nunca del todo lineal) de superación progresiva de las causas fisiológicas y psicológicas de esta conducta.

  1. La homosexualidad


Este tema sigue siendo hoy objeto de ásperos debates, marcados por una fuerte carga ideológica. Desde el s. XIX la ciencia había estudiado este fenómeno dando por su puesto su carácter patológico. Hoy asistimos, en cambio, a una generalizada “despatologización” de la orientación homosexual184. Desde 1980, por ejemplo, el DSM-III (Diagnosis and Statistical Manual of Mental Disorders, de la Asociación Americana de Psiquiatría), ya no se incluye la homosexualidad entre los desórdenes de la personalidad, a menos que no sea querida por la persona (“ego-distonía”)185. El criterio no es convincente: muchos desórdenes mentales son ego-sintónicos. Por otro lado, son claros los presupuestos relativistas de esta postura, según los cuales no hay criterio objetivo para diferenciar entre necesidades moralmente aceptables e inaceptables: todo dependería de las preferencias subjetiva186.

Concepto


Según el CEC 2357, la homosexualidad designa “las relaciones entre hombres y mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo”. Esa atracción puede estar acompañada o no de relaciones físicas.

Si se aplica esta definición descriptiva y genérica, podría decirse que, según ciertos informes, el número de homosexuales ronda el 10% de la población masculina (la proporción de lesbianismo es menor). Si aplicamos una definición más estricta, según veremos más adelante, el porcentaje baja notablemente.


Tipos de homosexualidad


Podemos clasificarla en tres tipos:

1) La homosexualidad manifiesta (overt): en ella el factor erótico predomina sobre los contenidos psíquicos (por ej. dominación o dependencia). “En este caso el deseo sexual es impersonal: toda persona del mismo sexo, relativamente atractiva, puede ser objeto de deseo que, por lo tanto, tiende a satisfacerse con varias personas y no se «conforma» con una sola relación”187.

2) Pseudo – homosexualidad: se caracteriza por un predominio del factor psíquico, del cual la conducta sexual es sólo una manifestación secundaria. La situación es inversa a la del caso anterior: el objetivo principal es satisfacer la dependencia afectiva y/o el poder sobre el otro, y sólo después la vinculación adquiere matices erótico-sexuales. En este caso la relación es decididamente unipersonal, con una persona concreta (o con pocas personas concretas).

3) Homosexualidad imaginaria o temida: se verifica sobre todo en la adolescencia, por depresión o inseguridad.

La homosexualidad manifiesta es muy difícil de superar. La falsa homosexualidad tiene mejor pronóstico, siempre que se pueda resolver la parte no sexual del problema. Los miedos homosexuales no son propiamente un problema real, sino casi siempre el signo de una identidad débil y frágil, y constituyen un fenómeno pasajero.

Según Bieber & Bieber, supuesto que la persona quiera “curarse”, una ayuda terapéutica adecuada permitiría que entre el 30% y el 50% de los homosexuales varones puedan superar su inclinación188. Hay que reconocer que estas estadísticas son fuertemente contestadas en la actualidad, prefiriendo la mayoría de los terapeutas el objetivo de ayudar a la persona a asumir su propia condición, dominar mejor sus impulsos y vivir más en paz consigo mismos189.

Consiguientemente, uno de los factores que aleja las perspectivas de reorientación de la sexualidad es la falta de deseo de cambiar, por ej., por la identificación pública y notoria con la cultura típica homosexual (gay culture), o porque la persona, en su yo más profundo, valora positivamente su sexualidad y no ve por qué abandonarla190.

Este último es el caso de las debilidades afectivo-sexuales ego-sintónicas, en las que, aunque el sujeto condene la conducta verbalmente, ésta ya forma parte de su vida y contribuye a su equilibrio general. Puede ser que incluso trate de justificarla desde el punto de vista moral objetivo, y desde el punto de vista subjetivo, como si fuera algo inevitable y que por lo tanto ya no le genera culpa o malestar191.





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