Moral sexual


La masturbación adolescente



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La masturbación adolescente


Siendo el fenómeno masturbatorio o autoerótico un comportamiento que puede asumir una gran diversidad de significados, nos concentraremos preferentemente en el estudio del mismo durante la adolescencia, es decir, en la etapa de transición entre la niñez y la edad adulta178.

Los dinamismos de la adolescencia y autoerotismo


Por el término “masturbación” se debe entender “la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo” (CEC 2352). Para comprender este fenómeno, es preciso tener presentes los datos de la ciencia referidos a esta etapa de la vida tan delicada y, al mismo tiempo, prometedora, que se caracteriza por cambios radicales y transformaciones de la personalidad.
      1. Causas psicológicas, familiares y sociales


La masturbación adolescente se vincula a una etapa del desarrollo psico-somático de la persona en que la pulsión sexual irrumpe de modo repentino y desconcertante, concentrada en las zonas erógenas. Este factor, junto a la necesidad de consolidar la identidad sexual, genera sentimientos encontrados de atracción por el placer y repliegue en sí mismo y en la propia fantasía, acompañados por la vergüenza y la culpa.

Las fuertes pulsiones instintivas provocadas por el crecimiento, son experimentadas por el adolescente en un contexto de marcada inestabilidad psicológica, que se manifiesta en la dificultad para controlar las propias emociones, para dar dirección estable a la voluntad, adoptar decisiones, etc. También se vive, de modo más o menos intenso según los casos, una situación de aislamiento y soledad: por un lado surge una pretensión de autonomía frente a los padres, pero la inestabilidad emocional se traduce en una dificultad para entablar y mantener relaciones. A ello pueden sumarse, profundizando el cuadro, problemas en el proceso de identificación parental, básico para la consolidación de la propia personalidad.

Además, las incomprensiones y conflictos en el seno de la familia, los fracasos en la escuela, la actitud contradictoria frente al mundo de los adultos, caracterizada simultáneamente por el miedo y el deseo de formar parte de él, generan una fuerte carga de angustia y frustración que impulsa comprensiblemente a la búsqueda de compensaciones.

Al mismo tiempo, el adolescente desarrolla su vida en un contexto social caracterizado por una fuerte tensión erótica, un relajamiento progresivo de las costumbres, una facilidad creciente para acceder a material pornográfico (que, en su versión “soft” son difundidos por los medios de comunicación destinados a todo público), al tiempo que en determinados ambientes, sobre todo religiosos, se siguen inculcando las normas tradicionales. De este modo se genera una colisión entre las solicitaciones de la realidad y las pautas éticas recibidas que favorece una vivencia neurótica y obsesiva de la sexualidad.

Finalmente, es preciso tener en cuenta, para una plena comprensión del fenómeno otros factores concurrentes, como la carencia, en la mayoría de los casos, de una equilibrada y positiva educación sexual, la ausencia de un contexto familiar estable que dé seguridad para entrar en el mundo de los otros, las dificultades de socialización por razones de tipo personal, la falta de suficientes centros de interés que eviten la excesiva focalización en el tema sexual, el sentimiento de culpa, a menudo confundido con el pecado (a veces incluso exacerbado por cierta enseñanza religiosa), etc.

      1. El autoerotismo adolescente y sus significados


Considerada en el contexto de la maduración sexual, por la cual se alcanza progresivamente la plena madurez de la relacional y afectiva, la masturbación adolescente puede ser considerada, en principio, como un fenómeno transitorio.

En este sentido, debe admitirse que esta conducta cumple determinadas funciones, ya que contribuye al descubrimiento de las propias capacidades sexuales, provee una cierta compensación y gratificación mientras se atraviesa la dolorosa crisis de identidad propia de esta etapa, y disminuye la tensión sexual cuando todavía no se ha alcanzado un nivel mayor de integración y de dominio de sí.

De ello se sigue, que desde el punto de vista estrictamente bio-psicológico se puede admitir la “normalidad” de la masturbación en la adolescencia, como característica de una etapa de la evolución sexual. Al mismo tiempo, debe señalarse su significado ambiguo: como toda fase de transición, encierra en sí misma una tensión hacia su superación, pero también contiene caracteres de inmadurez (separación líbido-eros; ausencia de una pareja; y sobre todo, falta de una voluntad de verdadera oblación) que pueden constituir obstáculos en el camino a la maduración179.

    1. Criterios para la valoración del comportamiento masturbatorio


En la valoración ética del autoerotismo es preciso evitar los extremos de una indulgencia fundada en el biologismo o el psicologismo por un lado, y un espiritualismo desencarnado que no permita una correcta comprensión de esta conducta y los caminos para encauzarla y superarla.
      1. Del fin natural al amor interpersonal


No es posible encontrar en la Biblia una referencia explícita a la negatividad de la masturbación180. Por otro lado, hay una certeza en cuanto al firme juicio negativo en el ámbito de la tradición eclesial.

Los teólogos de los siglos XII y XIII (por otro lado más preocupados del problema de las poluciones nocturnas que de la masturbación), la condenaron como un acto contrario a la finalidad natural de la facultad sexual, que es la procreación. S. Tomás, menciona el pecado de “inmundicia” o “molicie” entre los “vicios contra la naturaleza”, junto con la bestialidad, la homosexualidad y la contracepción, todos casos en los cuales la persona busca el placer sexual por sí mismo, yendo así contra la naturaleza y contra el mismo Dios181.

El abandono de las motivaciones tradicionales, fundadas en representaciones científicamente superadas, ha impulsado a la teología a buscar nuevos argumentos fundados una visión de la sexualidad como dinamismo interpersonal finalizado al don recíproco y la fecundidad, que encuentra su contexto propio en el matrimonio. En este sentido, la masturbación ha sido juzgada como un “acto intrínsecamente desordenado” porque “cualquiera fuera el motivo, el uso deliberado de la facultad sexual fuera de la relación conyugal normal, contradice esencialmente su finalidad. A tal uso le falta, en efecto, la relación sexual requerida por el orden moral, aquella que realiza, en un contexto de verdadero amor, el íntegro sentido de la mutua donación y de la procreación humana” (PH 9, subrayado nuestro). Esta doctrina es repetida por CEC 2352.

Esto debe interpretarse en el sentido de que la negatividad moral de la masturbación reside en primer lugar, más que en la frustración del fin procreador aisladamente considerado, en su estructural separación del amor, puesto que se trata de un comportamiento ego-céntrico que traiciona el significado auto-trascendente de la sexualidad. En las Orientaciones educativas sobre el amor humano (OAH)182 se subraya esta consideración de la masturbación en la perspectiva del “crecimiento integral de la persona” en orden a un “amor verdadero y oblativo” (n.98).


      1. Atención al dinamismo de la maduración personal


El juicio ético sobre este comportamiento debe tener en cuenta el significado específico que el mismo reviste en cada fase del desarrollo personal. El significado y la estructura psicológica de la masturbación son distintos según la fase de la evolución psico-sexual en que se verifica. Es muy diferente el autoerotismo en un adolescente y en un adulto. No se puede tomar el estadio final de dicha evolución y erigirlo como criterio moral de todo el proceso, como si estuviera ya presente en cada etapa y no hubiese una gradualidad en el desarrollo.

Una nueva interpretación, en clave personalista y dinámica, del autoerotismo adolescente debe modificar necesariamente las valoraciones del pasado. En primer lugar, a través de una mejor ponderación de los condicionamientos subjetivos, sobre todo, psicológicos. Como afirma OAH 99: “aun teniendo en cuenta la gravedad objetiva de la masturbación, se requiere gran cautela para evaluar la responsabilidad subjetiva de la persona” 183. También debe tenerse presente que el grado de conocimiento experiencial (no meramente intelectual) que tiene un adolescente de los valores morales, su libertad, su capacidad de afrontar los condicionamientos biopsíquicos y sociales, no es el de un adulto.


      1. Grados de profundidad de la conducta autoerótica


La masturbación presenta también significados distintos según el grado de implicación de la persona en dicha actividad. Desde esta perspectiva, debemos distinguir entre acto masturbatorio, comportamiento masturbatorio y estructura caracterial masturbatoria. El acto masturbatorio es aquél que conduce simplemente a la satisfacción sexual autoerótica, fenómeno que se observa con mayor frecuencia en la edad puberal, mientras que en el adulto cumple una función sustitutiva del acto sexual normal. El comportamiento masturbatorio se verifica cuando los actos dejan de ser libres para convertirse, por su repetición, en compulsivos y obsesivos. La estructura caracterial masturbatoria implica, además del comportamiento, una estructura psicológica frustrada en un sector no propiamente sexual, como la fijación en una determinada etapa del desarrollo de personal. Ello comporta una actitud autoerótica como modo de ser en el mundo, una mentalidad egocéntrica que afecta la globalidad de la estructura de la personalidad. En consecuencia, el juicio moral debe diversificarse, según se trate del síntoma de una evolución en curso, de un hábito radicado, o de una actitud fundamental de encierro frente a la alteridad. Es claro que la conducta que expresa una estructura masturbatoria de la personalidad reviste mayor gravedad.

Si bien es difícil distinguir entre estas diversas situaciones, hay algunos criterios de discernimiento que deben ser tenidos en cuenta. Cuando se nota en un adolescente un serio compromiso de lucha contra la masturbación y de búsqueda de autodominio, se puede presumir legítimamente que sus caídas configuran un comportamiento autoerótico, debido más a los condicionamientos interiores y ambientales que a la mala voluntad. Lo mismo si el adolescente demuestra en su vida religiosa y moral la voluntad de vivir en la caridad y servir a los hermanos. Estos signos permiten inferir que su conducta no expresa una actitud global o estructural de egoísmo y encierro.





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