Moral sexual


Una radical secularización



Descargar 0.68 Mb.
Página12/32
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño0.68 Mb.
Vistas1003
Descargas0
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   32

Una radical secularización


Un primer rasgo importante de la revelación bíblica acerca de la sexualidad es el de la radical secularización de la misma. Hemos dicho ya (cf. supra 1.2) que, en los pueblos vecinos, la ella era considerada como participación en una acción divina arquetípica, acaecida in illo tempore y narrada por los mitos, que debía ser imitada por los hombres en el curso del tiempo. Rompiendo con la concepción característica de los cultos de la fertilidad circundantes, en la Sagrada Escritura la sexualidad aparece como un valor profano y mundano, entregado a la responsabilidad del hombre.

Así, en el relato bíblico, la sexualidad es ante todo un “don bueno” del Dios creador, y como tal, no exige ser sacralizada desde el exterior a través de ritos (cf. Gn 1 – 2). Su función primaria es presentada de modos distintos pero complementarios. En la más antigua tradición yahvista (Gn 2) se la ve como relación interpersonal, posesión recíproca, conectada con el problema de la soledad del hombre (Gn 2,18.24); mientras que la tradición sacerdotal subraya la función procreadora, vista como una bendición de Dios (Gn 1,28).

Ello permite comprender cómo encuentran lugar en los libros sagrados de Israel textos que exaltan el amor humano en su realidad natural y profana. Es el caso del Cantar de los Cantares, colección antiquísima de cantos de amor, que constituyen originalmente una exaltación gozosa del amor entre el varón y la mujer, y que sólo de un modo secundario y tardío adquieren connotaciones alegóricas. En estos poemas, la sexualidad es presentada ante todo como eros, es decir deseo que impulsa a la búsqueda recíproca, y que se describe sin falsos pudores, aunque con una elevación poética que le impide caer en el peligro de la obscenidad. “La religiosidad del sexo es recuperada en la limpieza de su profanidad”.48

Sin embargo, la Escritura no cierra los ojos ante la ambivalencia que afecta la sexualidad humana como consecuencia del pecado. Después del acontecimiento narrado en Gn 3, la sexualidad originalmente orientada a la comunión se ve amenazada por la tendencia al dominio del otro, o a la sujeción a dicho dominio.49 Ello explica la “vergüenza” que el hombre y la mujer experimentan ante su propia desnudez, es decir, ante su propia sexualidad (Gn 3,7). Aun así, esta ambigüedad, ligada a la experiencia primordial del pecado, no es capaz de destruir las potencialidades positivas de la sexualidad. Ésta continúa siendo una realidad sustancialmente buena, aunque debe ser encauzada con gran esfuerzo, para no traicionar su significado originario en el proyecto de Dios.

Pese a lo dicho anteriormente, debe señalarse también que la concepción sacralizada de la sexualidad sobrevivió en la legislación sobre lo puro y lo impuro y los ritos relacionados con ella.50 En ello se manifiesta un afán de regular y ordenar esta potencia misteriosa, peligrosa y ambigua, que parece escapar a todo control. La consecuencia de la concepción mítica de la sexualidad y la idea de la pureza ritual es la des-responsabilización del hombre ante sus conductas sexuales, sea a través de la proyección de las mismas al mundo divino, sea por el intento de purificarlas en un plano meramente exterior y ritual. Ello sólo será superado con la plena asunción de la sexualidad en el ámbito de la responsabilidad humana, que se producirá en el NT.

    1. Una nueva comprensión religiosa


Esta visión bíblica de la sexualidad como realidad perteneciente al mundo creado, y por tanto purificada en términos generales de adherencias míticas y tabuísticas, pone las bases para una nueva comprensión religiosa de la misma.

En primer lugar, ello acontece con el eros vivido en el marco del pacto nupcial que pasa a ser el símbolo privilegiado para expresar la naturaleza del vínculo entre Dios y la humanidad. Los profetas se servirán del drama del amor y de la infidelidad, de la fecundidad y de la esterilidad de la pareja humana como de la mejor imagen para comprender y expresar el drama de la relación de Dios con Israel (cf. Os 1,3; Jer 2,20-25; 3,1-5; 31,2-6; Ez 23; Is 54,6-8; 62, 2-5). La comparación de la Alianza de Dios e Israel con un matrimonio pone de relieve, en primer lugar, la iniciativa de Dios y su elección gratuita. Pero ello les da a los profetas la posibilidad de ir más allá del contenido jurídico-moral de la Alianza como “pacto”, alumbrando una dimensión incomparablemente más honda: Dios se ha unido a su pueblo mediante un vínculo particular de amor y de gracia, de carácter enteramente personal, haciendo de él su “esposa”. El “dominio” de Yahvé en cuanto Señor de la Alianza y Padre de Israel, revela en este sentido una dimensión nupcial: de este modo, “lo absoluto del dominio resulta lo absoluto del amor”.51 Consiguientemente, la ruptura de la Alianza no constituye sólo la infracción del “pacto”, sino infidelidad y traición al amor del “Esposo”.

A su vez, el amor de Dios por su Pueblo se convierte en un arquetipo a realizar en las relaciones humanas. Se establece así una esencial circularidad entre amor humano y amor de Dios. Si inicialmente el amor humano sirve como imagen de la Alianza, esta última “arroja una luz retrospectiva sobre la realidad humana que le sirve de punto de partida” (P. Grelot). No en cuanto a la idea de la iniciativa y elección del esposo, que en el matrimonio es un aspecto cultural y contingente, sino en referencia a la entrega de amor recíproco, irrevocable y fiel.

Esta idea de la estrecha vinculación entre el amor humano y el divino, por otra parte, está ya virtualmente presente en el mismo relato de la creación (Gn 1, 27). En él, el hombre y la mujer constituyen la imagen de Dios no sólo en su diversidad, sino, más profundamente aún, en el dinamismo de la reciprocidad que los hace “una sola carne”.52 En el contexto de la creación, el matrimonio representa así un signo central del misterio del amor de Dios por el hombre, la “visibilidad de lo invisible”. Ciertamente, la legislación de Israel se desarrolló por debajo de ese ideal, tolerando la poligamia, y las relaciones de hombres casados fuera del matrimonio en la medida que no se tratara de la esposa de otro.53 Sin embargo, los profetas introducirán en este contexto la idea de que la malicia del adulterio reside en la ruptura de la fidelidad conyugal, en la falsificación del signo de la unión corporal.54 De un modo análogo, los libros sapienciales desarrollarán una específica psicología moral que da especial relieve a la pureza interior, preparando así el camino del NT.55





    1. Compartir con tus amigos:
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   32


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos