Modulo dos: Principios de la Psicología Social Latinoamericana



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Problematizaciones contemporaneas, Escenarios Latinoamericanos y Psicología Política


Nohema Hernández

Alfonso Sánchez

Claudia Tovar

Problematizaciones



El advenimiento de las nuevas tecnologías de información ha supuesto en el mundo contemporáneo una reconfiguración radical de la experiencia del espacio y del tiempo. Las distancias se reducen, el ritmo de los procesos se acelera y su curso se acorta dramáticamente. Dado que estas nuevas configuraciones han derivado en la trascendencia de las fronteras nacionales y la fácil transacción entre geografías separadas por decenas de miles de kilómetros, una de las denominaciones más comunes de este panorama, es la de “globalización”. Sus consecuencias han sido analizadas a partir de los escenarios económicos, políticos y culturales.
En el escenario económico es posible registrar una creciente internacionalización de de las transacciones y de los capitales en general, reconfigurando el trabajo y las relaciones laborales. De acuerdo con Castells (1998), más que la simple internacionalización o mundialización de la economía, asistimos a una globalización de las actividades económicas centrales, es decir a la coordinación como una unidad en tiempo real a nivel planetario, a través de una red de interconexiones. Esta red de interconexiones es posible por el flujo de Información y conocimiento que permiten las nuevas tecnologías. Estas para el autor, son las variables decisivas en la productividad y en la competitividad. Trabajar en red permite gran flexibilidad y facilita la adaptación permanente a las demandas; esto ha dinamizado los mercados hasta el punto de la fugacidad. Estas redes, lejos de ser permanentes mutan, aparecen o desaparecen merced a las demandas del contexto.
En este panorama de flexibilidad y dinamismo, el trabajo y las relaciones laborales también se reconfiguran y sus actores deben modificar sus prácticas para vivir, o mejor, para sobrevivir en este escenario. Así, si el trabajador quiere tener algún poder de negociación frente a quienes lo emplean o requieren sus servicios, debe cualificarse de forma permanente. De no tener la posibilidad de hacer este ajuste de destrezas y conocimientos, el trabajador se convierte en una ficha reemplazable y termina por reducir la cotización de su labor. En esta última circunstancia terminarán la mayoría de los trabajadores en el planeta.
Es esta lógica la que acompaña también el cambio en las relaciones laborales y de manera paradigmática la reconocida precarización del empleo, que eufemísticamente se ha denominado flexibilización laboral. El ejemplo por excelencia lo constituyen los famosos “contratos basura”, caracterizados por la inestabilidad y la pérdida de beneficios económicos. La resultante de estos cambios en el trabajo y en las relaciones laborales es una alarmante polarización económica, es decir, menos ricos cada vez más ricos y más pobres cada vez más empobrecidos.
En el escenario político es ya una verdad innegable que en el mundo contemporáneo no se puede pensar en la idea de Estado (ya sea sustentado en la de nación o en la de gobierno) como poder central, o en últimas, como concepto central de la política y de lo político. “El Estado no desaparece como cosa; se agota la capacidad que esa cosa tenía para instituir subjetividad y organizar pensamiento” (Lewcowicz, 2006). Esto ha supuesto un nuevo lugar de estas facultades que se debate entre las entidades supranacionales y los poderes multi y transnacionales.
Werllestain (1997) alertó de las consecuencias autodestructivas de las nuevas lógicas que “la desintegración del sistema-mundo” moderno, para el planeta en su conjunto, pero antes, para el llamado Tercer Mundo. Y a la vez, invita a reconocer la oportunidad que este mismo escenario supone para la reinvención de un mundo más justo.
Así, reinventar la política supone reinventar las formas en que “vivimos juntos” (Touraine 2000/2003). Muchas iniciativas desde lo local y en especial los llamados movimientos sociales, han trascendido su accionar de la exigibilidad y la interlocución con un poder central, a la búsqueda directa de cooperación en el ámbito mundial. Al tiempo, han reivindicado un poder para sí mismos con el propósito de construir nuevas formas de crear y proteger la “buena vida”, desde los valores e intereses de sus comunidades.
Finalmente, en el escenario cultural, es evidente que las ideas, las imágenes y los símbolos cruzan sin aduanas todas las fronteras (Vila De Prado, 2006 y Conversi, 2007). Esto así dicho, podría inspirar un sueño sobre un enriquecedor encuentro intercultural. No obstante, como muchos lo han denunciado (Werllerstain, 1998, Sardar y Davis, 2002, Conversi, 2007), este intercambio está lejos de ser recíproco o multilateral; una reconocida “occidentalización”, parece ser lo que caracteriza las prácticas de las nuevas generaciones y los grupos étnicos que se reconocen excluidos de esta avalancha cultural están experimentando una creciente “inseguridad cultural” (Conversi, 2007). Este fenómeno que ha desencadenado viscerales reacciones “antiamericanistas” es también una de las semillas de la xenofobia cultural y estructural registrada en el primer mundo en al menos la última década.
Paralela a esta occidentalización, la forma misma de ser y estar en el mundo cambia velozmente y nuevos valores se entronizan para abonar el terreno a la emergencia de nuevas subjetividades. La fugacidad, la simultaneidad, el conocimiento de punta, la capacidad individual de adaptación a los cambios, la multifuncionalidad, la autosuficiencia y el aquí y el ahora como única certeza son algunos de los referentes derivados de las reconfiguraciones espacio-temporales del mundo contemporáneo. Así, hoy se habla de hibridaciones culturales (García Canclini, 2003) Subjetividades fluidas (Bauman (1999/2003), Lewcowicz (2004)), subjetividades nómadas (Alonso, L.1996, Deleuze y Guattari, 1980/2000) o subjetividades fragmentadas.
Estos referentes encuentran como escenario de realización ideal el “ambiente” de las nuevas tecnologías de información, a saber, el ciberespacio. Este ambiente, que debiera ofrecer una oportunidad de democratización y construcción colectiva, no está exento de prácticas excluyentes. Pérez y Cely (2004), mostraron la tendencia de estos ambientes a reforzar determinadas relaciones de poder y favorecer brechas sociales por el acceso al conocimiento.
Como puede verse, los tres escenarios plantean enormes retos para la psicología social - política y en especial para una psicología comprometida con la emancipación y la construcción de un mundo más justo. En lo económico, en lo político y en lo cultural, “a no ser que sea reprimida y domesticada, la globalización negativa convierte a la catástrofe en algo inevitable. …nosotros podemos hacer lo inevitable evitable y quizá así lo inevitable terminará por no acontecer” (Bauman 2006, entrevista).
Ya en el ámbito de la Psicología de la Liberación, se han recorrido rutas y se han hecho avances en este compromiso. En las líneas siguientes se esbozan estos esfuerzos, sus escenarios y sus avances.




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