Modulo 5 Teorías de la Personalidad I a modelo de j. A. Gray



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MODULO 5 Teorías de la Personalidad I

A) MODELO DE J.A. GRAY

Compilador: Lic. Hugo Andrés Romero Calderón

Psicólogo UMSA-UBA


  1. BIOGRAFIA DE JEFFREY ALAN GRAY

Jeffrey Alan Gray (26 mayo 1934 a 30 abril 2004) fue un psicólogo británico. Él nació en el East End de Londres. Su padre era un sastre, pero murió cuando Jeffrey tenía sólo siete años. Su madre, que tenía una mercería, lo crió sola. Tras el servicio militar (1952-1954), tomó una beca MacKinnon en el Magdalen College , Oxford, con un lugar para estudiar derecho. Se quedó en tomar una segunda beca, esta vez en la psicología y la filosofía, que completó en 1959.

En 1959-60 se formó como psicólogo clínico en el Instituto de Psiquiatría de Londres (ahora parte del Kings College de Londres), tras lo cual se quedó para estudiar un doctorado en el departamento de psicología, dirigida por Hans Eysenck. Su doctorado obtuvo en 1964 un estudio de las influencias ambientales, genéticas y hormonales en el comportamiento emocional en los animales.

Posteriormente, tomó una oferta como profesor universitario en psicología experimental en Oxford. Permaneció en Oxford hasta tener éxito con Eysenck en el Instituto de Psiquiatría en 1983. Se retiró de la cátedra de psicología en 1999, pero continuó su investigación experimental como profesor emérito, y pasó un año productivo en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Stanford, California.


  1. Introducción: El estudio de la emoción y la cognición en animales

Parecería lógico pensar que emoción y cognición son procesos independientes; tanto desde el punto de vista fenomenológico, como desde el punto de vista de sistemas cerebrales. Sin embargo, Gray comienza su artículo explicando que en experimentos animales con benzodiacepinas (una clase de medicamentos que se utiliza para tratar trastornos de ansiedad) la clave de su efectividad está en la reducción de la inhibición comportamental que normalmente produce un estímulo que se asocia con dolor o castigo. Sin embargo, él sustenta que los tests o pruebas que se utilizan para comprobar dicha "inhibición comportamental" bien podrían ser cognitivos o bien de emoción (por ejemplo, se utilizan pruebas de aprendizaje y memoria).

Teorías de la emoción...¿y la cognición?

Luego discute Gray el desarrollo conceptual de las teorías psicobiológicas de la emoción. Por ejemplo, puntualiza Gray que los primeros teóricos como James, Lange y Cannon buscaban características especiales de la experiencia emocional en las actividades del sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino. Sin embargo, dice Gray, un problema de estas teorías era la falta de especificidad de las manifestaciones fisiológicas para cada tipo de emoción. Después, Schachter (1966) pudo demostrar experimentalmente que más importante que el estado fisiológico periférico es la atribución o evaluación cognitiva que hace el sujeto, de lo que pasa a su alrededor. Dice Gray que otro cambio importante vino con la propuesta de Mowrer (1947) sobre evitación activa, específicamente, en la evaluación que se hace de los reforzadores.



Emoción y aprendizaje por asociación: Mowrer

En la propuesta de Mowrer especialmente, dice Gray que el concepto de emoción está ligado indisolublemente con el aprendizaje del comportamiento evitativo y, por ende, con los demás procesos cognitivos que subyacen tal aprendizaje. Puntualiza entonces el autor que la "tradición" de Mowrer se apoya sobre dos presunciones: (1) que un estímulo reforzador elicita la emoción y (2) que subgrupos de estímulos reforzadores pueden definir estados emocionales distintos. Añade Gray un tercer punto: que a cada estado emocional le corresponde un sub-sistema cerebral separado, así como hay un sistema visual separado del sistema olfativo, por ejemplo.



El modelo de Gray

El modelo de Gray (1982) postula la existencia de tres sistemas de emoción fundamentales: Un sistema de aproximación comportamental (BAS; Behavioral Approach System), un sistema de lucha/huída (FFS; Fight/Flight System) y un sistema de inhibición comportamental (BIS; Behavioral Inhibition System).

La manera como Gray propone que están conectados los sistemas cerebrales es bastante compleja. Sin embargo, baste con mencionar que algunas de las estructuras del BAS (SAC) son la corteza sensoriomotora, la corteza prefrontal, la corteza entorrinal, el sistema septo-hipocampal, la amígdala, el globus pallidus dorsal y ventral, y el núcleo accumbens, entre muchas otras. Con respecto al sistema de lucha o huída, algunas de las estructuras son el sistema septo-hipocampal, la amígdala y el hipotálamo medial, entre otras. Finalmente, con respecto al sistema de inhibición BIS (sic), los tres bloques estructurales principales son la formación hipocampal, el área septal y el circuito de Papez.

La actividad del sistema BIS es la más fuertemente relacionada con la ansiedad. Recordemos que, como se mencionó al principio, los estudios con benzodiacepinas en animales permitieron "detectar" este fenómeno de inhibición comportamental. Por otro lado, propone Gray que la actividad de FFS podría corresponderse con el miedo o cólera humanas. Finalmente, la actividad de BAS estaría relacionada con el "subidón" que experimentan los adictos a las drogas y con la naturaleza adictiva de las drogas. Esto último debido al efecto de liberación de Dopamina en el núcleo Accumbens.



  1. TEORÍA DE LA SENSIBILIDAD AL REFUERZO

Gray (1982) propuso una teoría de la personalidad semejante a la de Eysenck, al considerar dos dimensiones básicas de personalidad, que corresponden a las diagonales del modelo de Eysenck, es decir, ansiedad e impulsividad.

En el modelo de Gray, las personas con elevada ansiedad son aquellas que en el de Eysenck puntúan alto en N y bajo en E, mientras que las bajas en ansiedad son bajas en N y altas en E.



Las personas muy impulsivas son altas en N y en E; y las poco impulsivas son bajas en N y en E.

Es decir, las dimensiones más importantes de la personalidad corresponden, según Gray, a una rotación de 45 grados de los ejes del modelo de Eysenck. Esta nueva consideración de las dimensiones fundamentales de la personalidad permitía predecir mejor, argumentaba Gray, el resultado de algunos experimentos de aprendizaje animal y fisiología.

Pueden distinguirse dos etapas en la evolución de la teoría de Gray. Una inicial, muy cercana a la de Eysenck y otra más distanciada.

Gray partió de la observación de que los barbitúricos y el alcohol tenían efectos similares a la extroversión, así como los efectos específicos en estudios de aprendizaje, particularmente en paradigmas de castigo y de extinción de conductas, que no se producían en paradigmas de reforzamiento positivo o evitación activa, Efectos análogos se observaban en las lesiones del hipocampo y del área septal medial.

En consecuencia, supuso que las estructuras neuroanatómicas relacionadas con la extroversión eran, además del SARA, las que forman el que denominó sistema septohipocámpico (SSH).

Con todo ello formuló el concepto de introversión-extroversión como dimensión de susceptibilidad al castigo (a mayor introversión, mayor susceptibilidad al castigo), y neuroticismo como la susceptibilidad a todo tipo de reforzamiento (tanto a la recompensa como al castigo). Por consiguiente, la mayor susceptibilidad al castigo debería presentarse en los individuos con alta introversión y alto neuroticismo, y la mayor susceptibilidad a la recompensa en los sujetos con alta extroversión y alto neuroticismo.

Si en esta primera formulación la teoría de Gray mantenía los factores de E y N como dimensiones básicas, más adelante propuso las de ansiedad e impulsividad como fundamento alternativo de la personalidad. Estas dimensiones se encontraban desviadas 45 grados con relación a las de Eysenck y se vinculaban con estructuras neuroanatómicas propias, así como con constructos hipotéticos de carácter psicológico:

- el sistema de inhibición conductual (SIC) para la ansiedad y

- el sistema de activación conductual (SAC) para la impulsividad.

El SIC se pondría en marcha ante las señales de castigo o de no recompensa y estímulos nuevos y ejercería influencia en tres niveles: conductual, cognitivo y fisiológico, en los cuales inhibía la conducta, incrementaba la atención y aumentaba la activación cortical, Algunas de estas funciones se han detectado en el SSH (septo-hipocampico), y se supone que los fármacos ansiolíticos influyen sobre esta estructura disminuyendo su actividad.

En la base de la ansiedad se encuentra un sistema que responde a las señales de castigo o de falta de recompensa.

El primero de ellos se encarga de inhibir la conducta ante aquellos tipos de señales, así como de activar el SNA, función que corresponde al sistema septo-hipocámpico (SSH).

La susceptibilidad a la recompensa depende fisiológicamente del haz anteromedial cerebral y del hipotálamo lateral, que se encargan de conductas de exploración.

 Algunos estudios experimentales se ajustan mejor a la teoría de Gray, pero otros respaldan la de Eysenck.

En realidad no son teorías contradictorias, sino complementarias, puesto que prestan atención a aspectos diferentes del comportamiento.

La impulsividad, por ejemplo. Predice mejor la condicionabilidad del sujeto que la extroversión, pero ésta pronostica de manera más acertada que aquella algunos aspectos del comportamiento social. (Oblitas, L. et al., 2010)


  1. Los Rasgos de Personalidad

Los rasgos de personalidad, desde una perspectiva neuroconductual, surgirían de las diferencias individuales en la actividad de ciertos sistemas cerebrales. El modelo de personalidad de Eysenck (1967) es el más representativo dentro de esta perspectiva. Se basa en la identificación de una serie de rasgos de la personalidad entendidos como dimensiones independientes entre sí y que poseen un carácter continuo. Desde el punto de vista psicobiológico han sido las dimensiones Extraversión-Introversión y Neuroticismo- Estabilidad las más interesantes.

El autor, relaciona diferentes estructuras y mecanismos neurales con las diferencias psicológicas asociadas a estas dimensiones, el nivel de extraversión introversión estaría determinado por la reactividad del sistema nervioso central; y la dimensión neuroticismo estabilidad emocional estaría unida al sistema cerebral asociado con el bucle cortico-límbico encargado de conectar el cortex cerebral con el sistema nervioso autónomo (Eysenck, 1967).

Para Jeffrey A. Gray (1981, 1987) las situaciones emocionales no sólo se caracterizan por la intensidad de la activación emocional, sino también por la dirección motivacional que sigue la conducta según que las señales sean apetitivas o aversivas.

En la Teoría de la Sensibilidad al Refuerzo (Gray, 1981, 1987) incorpora aspectos motivacionales en su explicación de la personalidad y hace una remodelación de la propuesta teórica de Eysenck.

En este modelo se postula la existencia de dos dimensiones fundamentales: Ansiedad, que va desde el polo de Extraversión-Estabilidad (baja ansiedad) hasta el de Introversión-Neuroticismo (alta ansiedad); e Impulsividad, que va desde el polo Introversión-Estabilidad (baja impulsividad) hasta el de Extraversión-Neuroticismo (alta impulsividad).

A más ansiedad más sensibilidad a las señales de castigo, de no recompensa frustrada y novedad.

El aumento del nivel de impulsividad supone un incremento de sensibilidad a las señales de premio y no castigo.

Las diferencias individuales en las dimensiones de Impulsividad y Ansiedad pueden explicarse por la acción de dos sistemas cerebrales:

El Sistema de Activación o Aproximación Conductual (SAC), un dispositivo de feedback positivo que responde a las señales apetitivas condicionadas (recompensas, finalización del castigo) activando la conducta de aproximación espacio-temporal hacia el estímulo positivo, por lo que es capaz de guiar al organismo hacia objetivos que necesita obtener (comida, agua, etc.).

Su actividad depende de estructuras como las fibras dopaminérgicas que ascienden desde el mesencéfalo (sustancia negra y núcleo A10 del área tegmental ventral) para inervar los ganglios de la base, el núcleo talámico próximo a los ganglios de la base y áreas neocorticales (córtex motor, sensorio-motor y prefrontal) próximas a los ganglios de la base.

Este sistema se compone de dos subsistemas interrelacionados: estriado dorsal (caudado y putamen) y ventral (núcleo accumbens). La actividad del SAC se ha relacionado con el desarrollo de afectos o ánimo positivo y con la dimensión de personalidad impulsividad (Corr, 2004; Gray, 1987).

El Sistema de Inhibición Conductual (SIC), es un dispositivo de feedback negativo que reacciona ante estímulos aversivos condicionados y responde a las señales de castigo, no recompensa o a estímulos nuevos. Actúa mediante la supresión de la conducta de ejecución, el aumento de la atención hacia el ambiente y la novedad y el incremento del nivel de arousal, de modo que la acción siguiente, sea o no idéntica a la que se ha interrumpido por la inhibición conductual, sea ejecutada con más vigor y rapidez.

A nivel cognitivo la función de este sistema sería la de un comparador, predice el evento siguiente más probable y compara esta predicción con el evento actual. Las estructuras cerebrales relacionadas con el SIC son el sistema septohipocámpico (compuesto por el área septal, el córtex entorrinal, el giro dentado, el hipocampo y el área subicular), sus aferentes monoaminérgicos y sus proyecciones neocorticales hacia el córtex prefrontal. La actividad del SIC se ha relacionado con el desarrollo de afectos o ánimo negativo y con la dimensión de personalidad de la ansiedad (Corr, 2004; Gray, 1987).

Estas definiciones originarias de SAC y SIC postulan una independencia funcional entre ellos, un posterior desarrollo de la teoría propone la interdependencia entre ambos. En la reformulación de la teoría (Gray y McNaughton, 2000) el papel del SAC permanece relativamente inalterado, mediando las reacciones a los estímulos apetitivos y la conducta de acercamiento.

El Sistema de Lucha-Huida-Bloqueo (SLHB) es el que mediaría las reacciones a todos los estímulos aversivos, condicionados e incondicionados y se relacionaría con las conductas de evitación y escape. El tercer sistema es el de Lucha-Huida (FFS, por sus siglas en inglés) el cual se ha hipotetizado como un sistema sensible a los estímulos aversivos incondicionados (por ejemplo, estímulos dolorosos por naturaleza), que estaría encargado de mediar las emociones de ira y pánico.

En una reciente revisión (Gray y McNaughton, 2000), el sistema FFS ha sido renombrado como Sistema de Lucha-Huida-Bloqueo (SLHB) (FFFS), y estaría encargado de la mediación de los estímulos aversivos, condicionados e incondicionados. Además se establece que el SAC, es sensible a todos los estímulos apetitivos, tanto condicionados e incondicionados, y que el SIC se activa sólo cuando el objetivo principal de un individuo es lograr una meta que le obliga a avanzar hacia una fuente de peligro (Gray y McNaughton, 2000).

El papel del SIC cambia, siendo el responsable de resolver conflictos de objetivos en general (entre SAC-acercamiento y SLHBevitación). Las diferencias individuales en personalidad y conducta se basarían en las diferencias en la reactividad de estos sistemas.

Una alta reactividad del SAC se asocia con la orientación hacia la recompensa y la impulsividad.

Las personas con una alta reactividad del SLHB exhibirán mayores niveles de miedo y conductas de evitación, mientras que la alta reactividad del SIC se relaciona con una propensión a la preocupación y la rumiación ansiosa (Corr y McNaughton, 2008).

Desarrollos teóricos posteriores, como el modelo de personalidad de Cloninger (Cloninger, Svarakic y Przybeck, 1993), apoyan una relación entre dimensiones del temperamento y actividad de los sistemas cerebrales propuestos por Gray.

En su modelo, Cloninger defiende la existencia de diferentes dimensiones del temperamento, estas serían: Búsqueda de Novedad, Evitación del Daño, Dependencia del Refuerzo y Persistencia; algunas de las cuales se relaciona con los sistemas propuestos por Gray. La Búsqueda de Novedad llevaría a la actividad exploratoria, biológicamente esta dimensión se relaciona con la dopamina que actúa en el SAC. La Evitación del Daño llevaría a responder intensamente a señales de estímulos adversos, estimulando el SIC a través de la serotonina que modula la respuesta. La Dependencia del Refuerzo, estaría relacionada con el refuerzo social y la sensibilidad a los estímulos sociales y al malestar por la separación del grupo. La dimensión de Persistencia llevaría a repetir conductas que han sido reforzadas (Cloninger et al., 1993).

El planteamiento de Gray sobre las emociones positivas y negativas como dos procesos separados ha sido apoyado por planteamientos psicométricos rigurosos como los llevados a cabo por Watson y Tellegen (1985). Para estudiar las diferencias individuales en la reactividad del SIC y SAC se han desarrollado instrumentos de autoinforme.

Las dos pruebas más frecuentemente usadas son la Escala de Sistemas de Inhibición Conductual/Activación Conductual (The Behavioral Inhibition/Behavioral Activation System Scales, BIS/BAS Scales; Carver y White, 1994), formada por 20 ítem que evalúan la reactividad del SIC y tres tipos de reactividad del SAC (sensibilidad a la recompensa, impulsividad y búsqueda de diversión); y el Cuestionario de Sensibilidad al Refuerzo y Sensibilidad al Castigo (The Sensitivity to Punishment and Sensitivity to Reward Questionnaire, SPSRQ; Torrubia, Ávila, Moltó y Caseras, 2001), formado por 48 ítem, 24 de ellos evalúan la sensibilidad al refuerzo (como actividad del SAC) y otros 24 la sensibilidad al castigo (como actividad del SIC).

A partir de la propuesta de Gray, se planteó la relevancia de estos sistemas para los trastornos mentales, proponiéndolos como dimensiones relevantes en éstos e hipotetizando que niveles extremos de la reactividad en estos sistemas se relacionarán con la psicopatología (Johnson, Turner e Iwata, 2003).Las aportaciones más actuales del modelo se han visto apoyadas por la investigación clínica en la dirección esperada, caracterizando perfiles específicos de funcionamiento de los sistemas neuroconductuales a diferentes trastornos.

De este modo una reactividad elevada del SLHB se encuentra típicamente en la fobia y el pánico, la reactividad elevada del SAC en conductas adictivas y la reactividad elevada del SIC es característica de la ansiedad generalizada y el trastorno obsesivo-compulsivo (Corr y McNaughton, 2008).


  1. Estudios sobre psicopatología

Hay que tener en cuenta que al estudiar Gray la dimensión de ansiedad en relación con el sistema de inhibición, tradicionalmente se ha constatado que la hiperactividad del SIC se relaciona con los trastornos de ansiedad (Corr y McNaughton, 2008; Gray y McNaughton, 2000). Otra de las primeras aplicaciones de esta teoría ha sido en relación con el estudio de la psicopatía, donde también se ha constatado que una hipoactividad del SIC se relacionaba con esta alteración (Fowles, 1980).

Estos trabajos han propiciado el acercamiento previo al estudio de la actividad del SIC y SAC en psicopatología. En la revisión realizada se observa que desde hace unos años hasta la actualidad, ha aumentado el interés por el estudio de la actividad de estos sistemas neuroconductuales en diferentes categorías psicopatológicas. Entre otros, distintos trabajos que han estudiado la actividad del SIC y SAC en personas con trastornos de la conducta alimentaria, encuentran que pacientes con anorexia nerviosa muestran una hiperactividad del SIC, en comparación con personas sanas, mientras que en pacientes con bulimia nerviosa se encuentra una hiperactividad tanto del sistema de inhibición como del sistema de activación conductual (Claes, Nederkoorn, Vandereycken, Guerrieri y Vertommen, 2006; Kane, Loxton, Staiger y Dawe, 2004). Un estudio más reciente de la actividad de ambos sistemas en psicopatía (Newman, MacCoon, Vaughn y Sadeh, 2005), muestra que la psicopatía primaria (caracteriza por una deficiente respuesta afectiva hacia los demás) se asocia con una hipoactividad del SIC, como postulaban los primeros estudios (Fowles, 1980), mientras que la actividad del SAC no muestra diferencia con respecto a un grupo control.

La psicopatía secundaria (caracterizada por presentar capacidad para establecer relaciones afectivas, sentir culpa o remordimiento y por elevada ansiedad) únicamente se relaciona con una hiperactividad del SAC.

En relación con el consumo de sustancias, se ha estudiado la actividad de dichos sistemas en personas con alcoholismo, y se ha encontrado que estas presentan un hiperactividad del SAC (Franken, 2002). En este mismo trabajo también se encontró que la mayor actividad de este sistema se relaciona con aspectos del craving por el alcohol, como son un mayor deseo y refuerzo al consumir la sustancia.

Diversos trabajos también han explorado estos sistemas neuroconductuales de Gray en los trastornos de la personalidad. En uno de ellos se intentó determinar si la hiperactividad del SIC podría ser considerada como un factor de vulnerabilidad para los trastornos de personalidad del grupo C (trastornos de la personalidad por evitación, por dependencia y obsesivo-compulsivo), independiente de la presencia o ausencia de sintomatología ansiosa y/o afectiva en el eje I.

Se encontró que la elevada sensibilidad a castigo, o lo que es lo mismo un SIC hiperactivo, diferenciaba entre pacientes con trastorno de personalidad tipo C específicamente y pacientes sin trastorno de personalidad (Caseras, Torrubia y Farré, 2001).

En otro, se investiga la actividad de SIC y SAC en trastornos de personalidad y consumo de sustancias, y se encuentra que la hipoactividad del SIC y la hiperactividad del SAC se relacionan tanto con problemas por uso de sustancias como con trastornos de personalidad histriónico y antisocial (Taylor, Reeves, James, y Bobadilla, 2006).

Otra categoría clínica a la que se ha aplicado el constructo ha sido la esquizofrenia. Se ha estudiado en pacientes con esquizofrenia, estables y con el mismo tipo de medicación (antipsicóticos atípicos), presentando éstos, únicamente, una hiperactividad del SIC en comparación con un grupo control de personas sanas.

Esta mayor actividad del sistema de inhibición correlacionó además con una mayor duración de la enfermedad (Scholten, van Honk, Aleman y Kahn, 2006).

Por último, en el grupo de trastornos donde se ha producido un mayor auge del estudio de la actividad del SIC y el SAC en los últimos años, ha sido en el grupo de los trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar y depresión.

En el trastorno bipolar se ha propuesto un modelo de hipersensibilidad del SAC que caracterizaría a personas con esta patología. Este modelo defiende que los episodios de manía (e hipomanía) y los episodios de depresión, en estos pacientes, se corresponderían con una hiperactividad e hipoactividad del SAC respectivamente.

Recientes estudios de seguimiento de pacientes bipolares y ciclotímicos confirman este modelo en pacientes adultos (Alloy et al., 2008; Salavert et al., 2007), evidenciando además que un SIC hiperactivo incrementa en mayor medida el riesgo de episodios depresivos mayores (Alloy et al., 2008).

En pacientes con trastorno bipolar de inicio precoz (aquellos en los que el trastorno se inicia en la infancia y la adolescencia), los episodios de manía y depresión parecen ser independientes del nivel de activación del SAC, como ocurre en adultos, estando los síntomas afectivos en estas edades relacionados con una hiperactivación del SIC (Biuckians, Miklowitz y Kim, 2007). También se ha estudiado la elevada co-ocurrecia del uso de sustancias en trastorno bipolar, encontrándose en estos pacientes que la hiperactividad del SAC predecía el estado general de éstos y el mayor uso de sustancias, por lo se postula que la hiperactividad del SAC puede representar una variable de vulnerabilidad a ambos trastornos y a su ocurrencia conjunta (Alloy et al., 2009).

En relación con la depresión unipolar; diferentes estudios muestran que pacientes con esta patología, tanto los que la presentan en el momento de ser evaluados como los que se evalúan una vez recuperados, se caracterizan por presentar un SAC hipoactivo y un SIC hiperactivo (Kasch, Arnow y Gotlib, 2002; Pinto-Meza et al., 2006); postulando estos autores que tras la recuperación, el mostrar un SAC hipoactivo podría ser un marcador de vulnerabilidad para la depresión.

Entre los límites del trabajo destacar que algunos de los estudios consultados no incluyen un grupo control de contraste y no utilizan medidas de ansiedad e impulsividad adicionales a las de la actividad del SICSAC, ya que se ha señalado la importancia de incluir medidas de ansiedad y de impulsividad al evaluarlos (Torrubia et al., 2001) debido a que las pocas medidas desarrolladas directamente del modelo de Gray no parecen tener la misma interpretación de la teoría (Carver y White, 1994; Torrubia et al., 2001).

En cuanto a la utilidad aplicada de los resultados obtenidos, esta revisión nos permite ver que la valoración de la actividad del SIC y el SAC es una medida de utilidad clínica y sencilla en cuanto a su evaluación psicométrica.

De utilidad clínica porque, por una parte, diferentes constelaciones de la actividad de ambos sistemas caracterizarían a los diversos trastornos mentales comentados.

Por otra, porque esta actividad se relaciona con diferentes características clínicas de varios trastornos (alcoholismo, esquizofrenia, bipolar), con la comorbilidad que se produce entre ellos (trastorno bipolar consumo de sustancias y trastornos de personalidad histriónico y antisocial-consumo de sustancias) y en algunos casos porque se ha postulado dicha actividad como un marcador de vulnerabilidad (en depresión, trastorno bipolar y abuso de sustancias) y como un modelo explicativo de la patología (como en el trastorno bipolar y trastornos de personalidad del grupo C).

Todos los estudios consultados han utilizado alguna de las dos medidas más frecuentemente usadas para evaluar la actividad del SAC y el SIC, por lo que la evaluación de la actividad de estos sistemas sería sencilla, ya que estos instrumentos son medidas breves de autoinforme que incrementa la aplicabilidad al ámbito clínico de la medida de la actividad de los sistemas de Gray.

CONCLUSIONES

Según la literatura consultada, se puede concluir que la actividad de estos sistemas muestra gran relevancia en psicopatología, nos permite contar con una única medida que puede proporcionar información sobre características clínicas de varias patologías y que puede utilizarse en la práctica diaria con los diferentes trastornos en los que se ha estudiado.

La evaluación de estos sistemas parece ser útil también en población de riesgo. Otros estudios no recogidos en esta revisión muestran que en población no clínica, con características disfuncionales relacionadas con los trastornos referidos (personas sanas con patrones disfuncionales de alimentación, con sintomatología subclínica de depresión y ansiedad, consumo excesivo de alcohol, etc.), la actividad de estos sistemas es similar a la encontrada en pacientes, lo que apoyaría la relevancia clínica de la actividad del SIC y SAC en población subclínica.

Por último, sería adecuado continuar esta línea de investigación teniendo en cuenta las reformulaciones posteriores de la teoría de Gray, para hacer así una mejor evaluación neuroconductual de los diferentes tipos de trastornos donde se ha estudiado la actividad del SIC y el SAC.



FUENTE:

- Becerra J.A. (2010)Actividad de los sistemas de aproximación e inhibición conductual y psicopatología”. España. Anuario de Psicología Clínica y de la Salud. Universidad de Jaén

Preguntas:

1. Como Explica Gray, las dimensiones Impulsividad Ansiedad.

2. A que se refiere Gray con : Sistema de Activacion Conductual , Sistema de Inhibición Conductual y Sistema de Lucha y Huida.

3. Como se relaciona el sistema de Gray con el modelo de Cloninger.



4.Como se relacionan los sistemas de Gray con Psicopatología.


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