Modulo 1 Teorías de la Personalidad I ficha de Cátedra a Definición De La Psicología De La Personalidad



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*4* su estructura

Íntimamente relacionado con el problema de la génesis de la personalidad se encuentra la cuestión referida a cómo se estructura.

Desde una perspectiva elementalista, el todo se reduce a una simple suma de sus partes componentes. Sin embargo, la personalidad no puede explicarse como la mera adicción de sus elementos. Y desde una perspectiva holista, el todo es más que la suma de las partes, necesita de la interacción de todas o algunas de ellas para que emerjan sus características. Esta es la opción adoptada en psicología de la personalidad, desde los comienzos de la disciplina como tal (Allport, 1937). La meta final era entonces, y sigue siéndolo, la búsqueda de los elementos que componen la personalidad y cómo se organizan para dar unidad al individuo.

No parece que el tema de la organización de las características psicológicas sea tema de estudio de otra disciplina, aunque en más de una ocasión la psicología social y la psicología cognitiva han considerado que ambos objetivos se enmarcaban dentro de su ámbito de acción y estudio (Kenrick y Dantchik, 1983).

La psicología de la personalidad tiene como objetivo descubrir cuáles son los componentes de la personalidad y estudiarlos, lo que no debe restringirse al temperamento. Este es uno de los componentes que tienen su propia estructura interna, pero las competencias, las actitudes, los valores y las creencias, la motivación, e incluso el yo, son también componentes de la personalidad.

Para organizar dichos componentes recurre a modelos matemáticos como el análisis factorial7, el escalamiento multidimensional y los modelos circumplejos. Aparecen estructuras jerárquicas si es el análisis factorial el empleado para reducir el número las variables medidas en grupos de covariación con diferentes niveles de generalidad, estructuras bi o trifactoriales de distancias vectoriales si se trata de modelos circumplejos, y de radex cuando se usa el escalamiento multidimensional.

También recurre a la teoría general de sistemas y a la metáfora del ordenador para organizar y proporcionar “tareas” a los distintos núcleos que conforman la personalidad. Si es la teoría general de sistemas, la organización de los componentes relativamente interdependientes se hace en sistemas de distinto tamaño en función de la amplitud de los mismos (micro, meso, macro y mega sistemas).

En el caso de recurrir a la metáfora del ordenador y la perspectiva del procesamiento de información, se organiza a los componentes en decodificadores, transformadores, integradores, de entrada, de salida, etc. de información.



*5* su funcionalidad

Por lo que se refiere a la funcionalidad, el ajuste de los procesos y conductas es también objeto central en algunas definiciones de personalidad como ya lo ponía de manifiesto Allport (1937). Hay en psicología una disciplina, la denominada psicología clínica, centrada en la investigación del funcionamiento desajustado y/o desadaptativo, y fuente de sufrimiento humano, dedicando más la psicología de la personalidad sus esfuerzos a las características o atributos psicológicos que subyacen al funcionamiento integrado adaptativo8.

Sin embargo no se puede establecer con claridad una separación entre ambas (Watson y Clark, 1994)9. Por ejemplo, desde algunas opciones teóricas de personólogos se elaboran y proponen modelos sobre funcionamiento desadaptativo que descansan en características de personalidad “normales” en términos de predisposición o diátesis-estrés o vulnerabilidad (por ejemplo, H.J. Eysenck [1997], Weisberg y cols. [2000] y Marvin Zuckerman [1999] que incluyen además de los trastornos de personalidad, otras psicopatologías [principalmente la esquizofrenia]). Se han propuesto algunos otros modelos como el de patoplastia en la medida en que la personalidad mantiene el trastorno e impide que se solucione, el de cicatriz que considera que la relación causal se produce desde la psicopatología hacia la personalidad y el de la continuidad que supone diferencias cuantitativas entre personalidad normal y psicopatología (Avia y Sánchez Bernardos, 1995).

Una consideración más: desde una perspectiva teórica, hay que tener en cuenta la psicología evolucionista en cuanto que estudia el funcionamiento psicológico humano en su adaptación y funcionalidad, como resultado del proceso evolucionista, inspirado por la teoría de Darwin. No es por lo tanto una diferenciación de disciplinas sino la posible adopción o no de esa perspectiva para hacer psicología de la personalidad, que por otra parte tiene pretensiones de convertirse en EL paradigma en el campo de la psicología (D.M. Buss, 1995), aunque no es nueva (Boring [1950] citaba ya la existencia de esa perspectiva, antes de comenzar el siglo XX, enraizada en el nativismo, como psicología de la adaptación y de los valores de supervivencia). Desde la perspectiva evolucionista más puramente darwinista, las conductas adaptativas para la supervivencia, no tienen por qué ajustarse a las normas sociales.



*6* desde su origen hasta su desaparición

Si hay algo en la psicología que no debería suponer ningún debate por ser aceptado por todos es que el ser humano tiene características psicológicas desde que nace hasta que muere. El objetivo de la psicología de la personalidad no es establecer los procesos y los estadios del desarrollo, objeto de estudio de la psicología evolutiva10.

A lo que se refiere esa característica definicional de psicología de la personalidad es que el estudio de la personalidad no debe restringirse al periodo adulto (lo que por otra parte ha sido lo usual hasta hace muy pocos años en psicología de la personalidad y en psicología general, hasta que se fue aceptando la perspectiva del ciclo vital) sino que debe extenderse desde la primera infancia hasta la vejez. Maddi (1968), por ejemplo, afirmó que el personólogo estaba interesado, en aquel momento, en el estudio del adulto, lo que quedó confirmado en el trabajo de Carlson (1971) quien denunció que la práctica usual en las revistas científicas era la publicación de trabajos con adultos y esos adultos eran, además, estudiantes de psicología.

Y parece que las circunstancias no han cambiado mucho, a la vista del trabajo de Holaday y Boucher (1999). Estas dos autoras, tras revisar 7 números del Journal of Personality Assessment (primer número de cada diez años desde 1937 hasta 1997) encontraron que de todos los sujetos evaluados, el 19% eran pacientes, el 57% estudiantes y el resto, adultos y ancianos.

En tanto que tipos de características psicológicas, su génesis, su organización y su funcionalidad pueden o no experimentar cambios.

Que se consideren los mismos componentes o diferentes, que se considere que cambia o no, etc., son cuestiones que deben responderse claramente por los modelos teóricos dentro de la psicología de la personalidad. Tan importante es lo que no cambia como lo que cambia. Hay que estudiar la funcionalidad de los componentes en cada momento de la vida y su relevancia.

A lo largo de toda la vida, un ser humano tiene personalidad, puesto que tiene características psicológicas funcionales, y todas ellas son susceptibles de ser estudiadas por la psicología de la personalidad.

Y como ejemplo, sirva el modelo de Royce, en su última formulación (Royce y Powell, 1983), que propone una serie de cambios cualitativos (convergentes, divergentes y en paralelo) y cuantitativos producidos en la personalidad desde la infancia hasta la vejez, dentro del modelo metamorfogenético.



*7* con un acercamiento científico a su estudio

No es este un criterio para definir la psicología de la personalidad frente a otras disciplinas de la psicología, porque está implícito en muchas de ellas. Sin embargo, y como apostilla a la definición de Pelechano que estamos analizando, debe incluirse ese complemento. Pueden existir otros acercamientos al estudio de la personalidad, pero si no se someten a los cánones del método científico, entonces podrían considerarse filosofías de vida, o filosofías en general, lo que desde luego no es un calificativo peyorativo.

Es evidente que el método científico no se identifica con una disciplina concreta. Por ello, la psicometría en cuanto que metodología y procedimientos estadísticos, y la neuropsicología en cuanto estudio de las conexiones de la neurología y fisiología con el funcionamiento psicológico normal, son dos disciplinas con las que no hay que establecer diferencias sino canales de colaboración. Ahora bien, no han de entenderse como las únicas fuentes a las que recurre la psicología de la personalidad, ni tampoco como justificación para considerarla una ciencia. La apelación a la estadística y a la biología, en sí mismas, no representa un requisito necesario y suficiente para hacer ciencia.

Sin embargo, sí forma parte de la filosofía de base la concepción de que la psicología de la personalidad es una ciencia. Por ello, y psicologizando esta idea, tomemos dos frases de B.F. Skinner (1971), a pesar de ser posiblemente el más acérrimo negador de la personalidad, para resumir en muy pocas palabras la utilidad psicológica (para el investigador y el teórico) de la decantación por el método científico. Beyond freedom and dignity comenzaba con las siguientes dos frases:



Al intentar resolver los problemas que nos afectan en nuestro mundo actual, espontáneamente echamos mano de aquello que somos capaces de hacer mejor. Buscamos seguridad, y nuestra seguridad es la ciencia y la tecnología.

Esas dos frases recogen dos aspectos primordiales del estudio del funcionamiento psicológico humano desde la psicología de la personalidad, como resultado del funcionamiento mismo de los seres humanos buscando resolver nuestros problemas: el desarrollo de una forma de trabajo científico que sea capaz de explicar “por qué” y el “para qué” las personas nos comportamos como lo hacemos sin necesidad de apelar al destino o la predestinación, lo que debe ir unido al desarrollo de una tecnología que permita utilizar los descubrimientos y abra nuevos caminos a la investigación y por lo tanto a un conocimiento más certero y profundo.

Finalmente, la psicología de la personalidad también necesita métodos y técnicas de evaluación que permitan medir los atributos psicológicos, en su consideración individual y grupal, con el fin de estudiar sus componentes, su organización y su evolución a lo largo del ciclo vital, diferenciando el comportamiento normal del patológico. Para ello ha de trabajar con la disciplina de la evaluación psicológica.

* * * * *



Resumiendo: los contenidos representativos y centrales de la psicología de la personalidad serían:

♦ Estudio de la complejidad y la coherencia del ser humano en tanto que conjunto de características psicológicas (múltiples conductas de distinto tipo) organizadas

♦ Estudio de las reglas grupales y las diferencias individuales

♦ Estudio de la estructura, relaciones de interdependencia y nivel de generalidad o especificidad de los distintos componentes psicológicos y/o biológicos del individuo y los distintos componentes de los ambientes sociales y físicos

♦ Estudio, en fin, de una individualidad integrada que se desarrolla y se adapta.

La definición de psicología de la personalidad desglosada (Pelechano, 1996a) incluye estos objetivos y es aplicable por partes prácticamente a casi todos los enfoques teóricos que se pueden encontrar en esta disciplina.



  1. Dificultades para la elaboración y comprensión de una teoría

Existen algunas cuestiones que  pueden ir mal en una teoría. Esto se aplica evidentemente incluso a aquellas teorías creadas por las grandes mentes que veremos. A continuación veremos algunas de estas cuestiones.

Etnocentrismo

Todo el mundo crece en una cultura que ha estado ahí antes de que él naciera. La cultura nos influye tan profundamente y tan sutilmente que crecemos creyendo que “las cosas son así”, más que  “las cosas son así en esta sociedad en concreto”. Erich Fromm, uno de los autores que veremos, llama a este pensamiento el inconsciente social y, de hecho, es bastante poderoso.

Así, por ejemplo, Sigmund Freud nació en Viena, no en Nueva York o Tokio. Nació en 1856, no en 1756 ó 1956. Hubo cuestiones que necesariamente influyeron tanto a su persona como a su teoría, evidentemente distintas de la nuestra.

Las peculiaridades de una cultura pueden percibirse más fácilmente cuando nos preguntamos “¿de qué están hablando todas estas personas?” y “¿de qué no habla nadie?”. En Europa, durante la segunda mitad del 1800, especialmente entre las clases sociales medias y altas, las personas no hablaban mucho sobre el sexo. Era más o menos un tema tabú.

No se suponía que las mujeres enseñaran sus tobillos y mucho menos sus muslos e incluso las piernas de una mujer sentada en un piano eran llamadas “extremidades” de manera de no provocar a nadie. No era infrecuente que un médico fuese llamado para visitar a una pareja de recién casados para que éste le instruyese a la mujer sobre los “deberes conyugales” de la noche de bodas que ella había fallado, solo porque sencillamente los desconocía. Un poco distinto a nuestra época, ¿no creen?

Por cierto, debemos considerar a Freud por su habilidad para erigirse sobre su cultura en este punto. Se extrañó de ver cómo podía pretenderse que las personas (especialmente la mujer) no fueran criaturas sexuales. Mucho de la apertura actual sobre el sexo (para mal y para bien) deriva de las originales reflexiones de Freud.

En la actualidad, la mayoría de las personas no se mortifican por sus naturalezas sexuales. De hecho, muchos presentan una tendencia a hablar sobre su sexualidad todo el tiempo, a cualquiera que escuche. El sexo está presente en nuestras carteleras, se ve con frecuencia en la televisión, es una parte importante de las letras de nuestras canciones favoritas, en nuestras películas, nuestras revistas, nuestros libros y por supuesto, en Internet. Este fenómeno es algo peculiar de nuestra cultura, y estamos tan acostumbrados a ello, que prácticamente no nos damos cuenta.

Por otra parte, Freud fue malinterpretado por su cultura al pensar que las neurosis siempre tenían una raíz sexual. En nuestra sociedad estamos más preocupados con sentirnos inútiles y tememos al envejecimiento y a la muerte. La sociedad freudiana consideraba la muerte como un hecho y al envejecimiento como un signo de madurez, ambas condiciones de vida accesibles al pensamiento de cualquiera en esa época.



Egocentrismo

Otro escollo potencial en la teorización lo constituyen las peculiaridades del teórico como individuo. Cada uno de nosotros, más allá de la cultura, presenta detalles específicos en su vida (genética, estructura y dinámica familiar, experiencias especiales, educación, etc.) que afecta cómo pensamos y sentimos y en definitiva, la forma en que interpretamos la personalidad.

Freud, por ejemplo, fue el primero de siete niños (aunque había tenido dos medio hermanos que habían tenido niños propios antes de que Sigmund naciera). Su madre tenía una personalidad fuerte y era 20 años más joven que su padre. Fue particularmente apegada a su hijo “Siggie”. Freud fue un genio en su época y entorno. Era judío, aunque nunca, tanto su padre como él, practicaron su religión. Etc... etc, etc.

Es muy probable que tanto la estructura familiar patriarcal, así como las relaciones tan estrechas que sostuvo con su madre, dirigieran su atención a este tipo de cuestiones cuando llegó el momento de elaborar su teoría. Su naturaleza pesimista y sus creencias ateas le condujeron a considerar la vida humana como encaminada a sobrevivir y a la búsqueda de un fuerte control social. Cada cual tiene sus peculiaridades y éstas influirán sobre cómo matizará sus intereses y su comprensión, incluso en ocasiones sin darse cuenta.



Dogmatismo

Un tercer escollo importante es el dogmatismo. Como seres humanos parece que tenemos una tendencia natural al conservadurismo. Nos aferramos a aquello que ha funcionado en el pasado. Y si dedicamos nuestra vida al desarrollo de una teoría de la personalidad, si hemos puesto todas nuestras fuerzas y nuestro corazón en ello, podemos estar seguros de que seremos bastante defensivos con nuestra postura.

Las personas dogmáticas no permiten cuestionamientos, dudas, nuevas informaciones y demás. Podemos saber cuándo estamos frente a este tipo de personas al ver cómo reaccionan a las críticas: tienden a usar lo que se conoce como argumento circular.

Este argumento es aquel en el que “justificas” tu opinión asumiendo que las cosas solo serán ciertas si ya lo has considerado como tales en primer lugar. Existen toneladas de ejemplos de argumentos circulares ya que todo el mundo los usa. Un ejemplo simple sería: “Yo sé todo”; “¿y por qué tendría que creerte?”; “Porque sé todo”.

En definitiva, este tipo de asuntos ocurre todo el tiempo en psicología y en particular en las teorías sobre personalidad.

Malinterpretaciones

Otro problema, u otro conjunto de problemas, es la implicación imprevista. Parece que cada vez que decimos algo, dejamos caer palabras susceptibles de tener 100 interpretaciones distintas. Por decirlo de manera simple: las personas usualmente malinterpretan.

Hay varias situaciones o actos que predisponen aún más a la malinterpretación.

Traducción. Freud, Jung, Binswanger y muchos otros escribieron en alemán. Cuando fueron traducidos, algunos de sus conceptos se tergiversaron un poco (algo bastante natural, tomando en cuenta que cada lenguaje posee su propia idiosincrasia). El Ello, el Yo y el Superyo de Freud*, seguro que vocablos familiares, son palabras usadas por sus traductores. Los términos originales fueron Es, Ich y überich en alemán. Son, en otras palabras, términos simples. En el proceso de traducción, estas palabras fueron trasladadas al griego, sonando poco científicas. Así que los traductores, creyendo que los lectores norteamericanos aceptarían mejor a Freud si las palabras sonaban un poco más científicas, decidieron mantener la terminología inglesa, en vez de la alemana.

[*It, I y Over-I en inglés. N.T.]



Neologismos. Los neologismos significan nuevas palabras. Cuando desarrollamos una teoría, podemos tener conceptos que no habían sido nombrados antes, así que hallamos o creamos palabras para nombrarles. Algunas veces usamos el griego o el latín, otras usamos combinaciones de viejas palabras (como en el alemán), otras utilizamos frases (como en el francés) y en otras ocasiones simplemente usamos alguna palabra antigua y la utilizamos en otro nuevo contexto: anticatexis, gemeinschaftgefuhl, être-en-soi, y self (sí mismo), por ejemplo.

Palabras como self o ansiedad tengan cientos de significados distintos dependiendo del autor.



Metáforas. Las metáforas (o símiles, más correctamente) son palabras o frases que, aunque no son literalmente ciertas, de alguna forma captan ciertos aspectos de la verdad. Cada autor, de una manera o de otra, utiliza modelos sobre la personalidad humana, pero sería un error confundir el modelo (la metáfora) con su verdadero sentido.
Un buen ejemplo de nuestros días sería el relativo al funcionamiento de los ordenadores y el procesamiento de la información. ¿Funcionamos parecido a ordenadores?. Claro; de hecho, varios aspectos de nuestro funcionamiento trabaja como ellos. ¿Somos ordenadores?. No, claro que no. A la larga, la metáfora falla. Pero resulta útil, y así es como tenemos que considerarla. Es como un mapa; ayuda a encontrar la vía, pero no podemos considerarlo como el territorio en sí mismo.

Evidencia

La evidencia, o mejor dicho, la falta de ella, es por supuesto otro problema. ¿Qué clase de apoyo tiene su teoría? Hay varios tipos de evidencia; anecdotaria, clínica, fenomenológica, correlativa y experimental.



Evidencia anecdotaria: es un tipo de evidencia casual que se ofrece usualmente cuando narramos una historia: “Recuerdo cuando…” y “He oído que”, son ejemplos. Es, por supuesto, notoriamente imprecisa. Es mejor utilizar este tipo de evidencia solo para promover las investigaciones futuras.

Evidencia clínica: Es aquella evidencia que obtenemos a través de la experiencia clínica de las sesiones psicoterapéuticas. Su obtención es bastante más precisa cuando es recogida por terapeutas expertos. Su mayor debilidad reside en que tiende a ser muy individual e incluso inusual, ya que describe a un paciente que es, casi por definición, un sujeto inusualmente individual. La evidencia clínica no provee las bases de la mayoría de las teorías que conocemos, aunque induce a realizar más investigaciones.

Evidencia fenomenológica: constituye el resultado de una observación precisa en varias circunstancias, así como la introspección relativa a los propios procesos psicológicos. Muchos de los teóricos que revisaremos han desarrollado una investigación fenomenológica, ya sea formal o informalmente. Requiere de una gran formación, así como una cierta habilidad natural. Su debilidad estriba en que necesitamos de mucho tiempo para poder decir que el autor ha hecho un buen trabajo.

La investigación correlativa en la personalidad usualmente comprende la creación y aplicación de tests de personalidad. Los resultados de éstos se comparan con otros aspectos “medibles” de nuestra vida y con otros tests. Así, por ejemplo, podemos crear un test para la timidez (introversión) y podemos compararlo con las puntuaciones sobre tests de inteligencia o evaluaciones sobre la satisfacción laboral. Desafortunadamente, estas medidas no nos dicen cómo trabajan o incluso si son reales, y muchos aspectos de la personalidad se resisten a medirse conjuntamente.



La investigación experimental es la forma más precisa y controlada de investigación y si los temas que estamos investigando están sujetos a experimentación, constituye el método de elección. La experimentación comprende una selección aleatoria de sujetos, un control cuidadoso de las condiciones, una gran preocupación sobre los aspectos que pueden influir negativamente sobre la muestra, así como medidas y estadísticas. Su debilidad se basa en el gran trabajo que supone obtener las múltiples variables que usan los teóricos de la personalidad. Además, ¿cómo podemos controlar o medir cuestiones como el amor, rabia o consciencia?

Supuestos filosóficos

El que las personas, incluso los genios, cometan errores no debe ser una sorpresa para nosotros. Tampoco debería sorprendernos que las personas sean limitadas. Existen muchas preguntas como aquellas que necesitamos para construir nuestras teorías, que carecen de respuesta. Incluso hay algunas que nunca la tendrán. Pero de todas maneras las contestamos, ya que necesitamos seguir viviendo. A estas preguntas y respuestas les llamamos supuestos filosóficos.



Libre albedrío vs. Determinismo. ¿El mundo y nosotros estamos completamente determinados?; cuando discernimos, ¿estamos viviendo una ilusión? O podemos verlo de la otra manera; es decir, que el espíritu tiene el poder de levantarse sobre todos los límites; que es el determinismo lo que es una ilusión.

La mayoría de los teóricos proponen supuestos más moderados. Una posición determinista moderada sería la de considerar que estamos determinados, pero podemos participar en ese determinismo. Una posición moderada de libre albedrío sería considerar que la libertad es intrínseca de nuestra naturaleza, pero debemos vivir esa libertad en un mundo establecido por leyes deterministas.



Originalidad vs. Universalidad. ¿La persona es única o lograremos descubrir eventualmente que hay leyes universales que explicarán todo el comportamiento humano? Nuevamente, existen posiciones más moderadas: quizás existen amplias reglas limitadas con espacios suficientes para considerar a los individuos; o quizás nuestra individualidad excede lo común que tenemos.

Es posible darse cuenta de que estos supuestos se relacionan con los anteriores. El determinismo sugiere la posibilidad de leyes universales, mientras que el libre albedrío es una fuente posible de originalidad (individualidad). Pero esta relación no es perfecta, e incluso, en posiciones más moderadas, es bastante compleja.



Motivaciones fisiológicas vs. De propósito. ¿Estamos sujetos a nuestras necesidades fisiológicas básicas, como la necesidad de alimento, agua o actividad sexual o nos llevamos de nuestros propósitos, metas, valores, principios, etc.? Algunas posturas más moderadas incluyen la idea de que el comportamiento de propósito es muy poderoso, pero se sustenta en necesidades fisiológicas, o simplemente que ambos tipos de motivación son importantes, aunque en distintos tiempos y lugares.

Una versión más filosófica de lo anterior la encontramos en la díada causalidad y teología. La primera establece que nuestro estado mental actual está determinado por eventos anteriores. La segunda dice que está establecido por nuestra orientación hacia el futuro. La posición causal es con mucho, la más aceptada en psicología en general, pero la teológica tiene bastante aceptación dentro de la psicología de la personalidad.



Motivaciones conscientes vs. Inconscientes. ¿La mayoría, o incluso todas nuestras expresiones comportamentales y experiencias están determinadas por fuerzas inconscientes; fuerzas de las que no nos damos cuenta?, ¿ó sólo por algunas pocas fuerzas inconscientes?. Por decirlo de otra manera: ¿cuán conscientes somos de lo que determina nuestro comportamiento?.

Esta pregunta se podría contestar, pero los conceptos de consciencia e inconsciencia son resbaladizos. Por ejemplo, si fuésemos conscientes de algo hace un momento y nos ha cambiado de alguna manera, pero en este momento no somos capaces de darnos cuenta de ello, ¿hemos sido motivados consciente o inconscientemente?.



Naturaleza vs. Nurtura11.¿Hasta qué grado lo que hacemos está condicionado genéticamente (Naturaleza) o por nuestra fomación y experiencia (nurtura)?. La cuestión se hace muy difícil de contestar, ya que naturaleza y nurtura no pueden existir independientemente. Probablemente, tanto el cuerpo como la experiencia son esenciales para ser una persona y es muy difícil separar sus efectos.

Esta cuestión se presenta de distintas maneras, entre las que se incluyen la posibilidad de la existencia de instintos en seres humanos y el desarrollo del temperamento, generando personalidades genéticamente. Actualmente una discusión importante se refiere a si incluso lo que llamamos “naturaleza” (como naturaleza humana) se refiere a la genética o no.



Teorías de estadios de desarrollo vs. Teorías que no contemplan estadios. Un aspecto de la díada naturaleza-nurtura importante para la psicología de la personalidad es si todos pasamos por estadios predeterminados de desarrollo o no. Evidentemente, todos pasamos por ciertos estadios de desarrollo fisiológico (fetal, infancia, pubertad, adultez y senectud) poderosamente controlados por la genética. ¿Deberíamos considerar lo mismo para el desarrollo psicológico?

Podremos ver un amplio rango de posturas sobre el particular, desde teorías de estadios verdaderos como los de Freud, quien consideraba los estadios como universales y limitados claramente, hasta las teorías conductuales y humanistas que consideran que aquello que parecen estadios no son más que ciertos patrones de formación y cultura.





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