Modulo 1 Teorías de la Personalidad I ficha de Cátedra a Definición De La Psicología De La Personalidad



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MODULO 1 Teorías de la Personalidad I

Ficha de Cátedra

a) Definición De La Psicología De La Personalidad

Compilador: Lic. Hugo Andrés Romero Calderón

Psicologo UMSA-UBA


  1. DEFINICION:

El texto que ahora comienza tiene como objetivo desarrollar los conceptos que hacen a la disciplina de la Psicología de la Personalidad. Es esta una materia cuya denominación es exacta a la de un área de trabajo en psicología. Además corresponde a una de las divisiones de la American Psychological Association (APA), la 8va concretamente creada en 1945. Desde luego lo anterior no es óbice para formular argumentos de mayor peso lógico posible que justifiquen su estado dentro de la Psicología y otros que expliquen, en la medida de lo posible, cómo se conjuga la coexistencia de las cinco subáreas (o subespecialidades, o subdisciplinas) en que se puede dividir (Psicología general de la personalidad, Psicología diferencial, Psicología de la individualidad, Teorías de la personalidad y Psicología sistemática de la personalidad).

Aún formando parte, junto a la psicología social, de la división 8 de la American Psychological Association, aun estando H.J. Eysenck en el comité de dirección del Lexikon der pscyhologie (Arnold, Eysenck y Meili, 1971-72) y formando parte del comité organizador y fundador de una sociedad internacional para el estudio de las diferencias individuales (International Society for the Study of Individual Differences, creada en 1983, que tiene su propia revista, Personality and Individual Differences) y con una sociedad europea fundada en 1984 (European Association of Personality Psychology), actual mente es raro encontrar una definición de psicología de la personalidad en los diccionarios en inglés (algunos de ellos traducidos al español) aunque no lo es tanto encontrar definiciones de otras áreas de la psicología.

Dos son los posibles caminos para establecer una definición: el primero de ellos puede ser leer, en los trabajos de los autores que escriben textos sobre personalidad, cuál es la utilización de los términos “persona” y “personalidad” y después considerar con los propios autores que de lo que están tratando es de psicología de la personalidad; aunque tal vez sería más adecuado decir, de LA personalidad que ellos han definido, por lo que se trata de versiones parciales de esa realidad, la que cada uno posee. De esta forma, la psicología de la personalidad sería aquella área específica de la psicología orientada al estudio de los supuestos y cuestiones que se apuntan en cada una de las delimitaciones de personalidad (pudiendo existir tantas psicologías de la personalidad como autores y/o investigadores definan el término personalidad).

Y aún más. Es posible que el esquema conceptual del teórico investigador lectores/estudiosos. Hay que considera la indiscutible influencia de la ideología y los valores del teórico a la hora de formular una definición, y la imposibilidad de evitar todo tipo de interpretaciones entreveradas con creencias y valores a la hora de exponer los hechos o los usos que de una expresión se ven implicados en el proceso de proporcionar significado a una expresión en función del principio positivista de verificación.

Pero también se considera que podríamos entrar en un proceso dialéctico en el que desde el intento de verificación se pasaría a una interpretación kantiana que de nuevo llevaría a un intento por verificar, sin llegar a un acuerdo sobre lo que nos interesa: el concepto de personalidad y de ahí al concepto de psicología de la personalidad.

De cualquier forma, no parece que proponer una definición de personalidad haya sido y sea una tarea fácil cuando ya en 1937 Allport recogió un total de 49 definiciones/usos de persona / personalidad y él formuló la suya propia, modificándola 26 años después, en 19631. Y se han seguido proponiendo definiciones después de aquella fecha.



El segundo camino, más fácil por no tener que elaborar una propia ni deducirla, es recurrir a lo que ya está propuesto por algún autor reconocido, proporcionándole unos contenidos, y en todo caso, realizando alguna apostilla.

La definición que se adopta en esta materia y que a su vez subyace a la concepción que se tiene de psicología de la personalidad, es la ofrecida por Pelechano (1996a). Pero antes, un brevísimo repaso por las raíces etimológicas y las versiones de los legos.



  1. LA EXPRESIÓN “PERSONALIDAD” EN LA VIDA COTIDIANA

El uso cotidiano y popular del término “personalidad” se puede agrupar en tres grandes categorías.

La primera de ellas se refiere al nivel y al grado de adecuación y atractivo social de un individuo de forma que (a) sería la capacidad para lograr reacciones positivas de las demás personas en el trato diario con ellas (Mischel, 1976), porque (b) decir que alguien “tiene” personalidad es hacer un cumplido a ese alguien, lo que implica un alto grado de aceptación por parte del grupo (Lundin, 1969), además (c) de ser calificado como una persona de buenas formas, con facilidad verbal, incluso de tener atractivo físico.

La segunda corresponde al uso que el lego también hace de la “personalidad de los demás” tanto para entender y predecir las acciones de éstos como para justificar y explicar sus propias conductas; es decir, en función de las reacciones que “nuestra” personalidad suscita en quienes nos rodean (Bermúdez, 1985a) o de las reacciones que en nosotros suscita la personalidad de los “otros”. Esto es: la personalidad como causa y consecuencia de nuestros actos y los de los demás. Resulta frecuente oír, o incluso utilizar, expresiones como “con esa personalidad que tiene lo consigue todo”, “tiene una personalidad que atrae”, “su personalidad no le permite cometer ningún error”, pero también otras como “no se puede hablar con él/ella, tiene una personalidad imposible”, “su personalidad le hace ser endeble, todos se ríen de él/ella”, “con esa falta de personalidad nunca llegará a nada”, etc. Estos pocos ejemplos muestran el uso dicotómico que se hace coloquialmente de personalidad, por lo que se refiere a su significado de adaptación y eficacias sociales, y por lo tanto, causa y consecuencia de las conductas.

Y la tercera entiende la personalidad como aquello que nos identifica y nos diferencia de los demás humanos que nos rodean (Murphy, 1947), tanto respecto a aquellos con quienes convivimos como respecto a aquellos otros sobre los que recae nuestra influencia menos directa, siendo en múltiples ocasiones el centro de problemas.

Gran parte de estos significados/usos del término personalidad/ persona dados por los legos, han sido analizados y estudiados por los psicólogos y se les ha concedido carácter científico en la forma de “teorías implícitas de la personalidad” como construcciones de la personalidad de los demás que hacemos los humanos y “teorías de los roles sociales”.



3- LA DEFINICIÓN DE PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD

G.W. Allport (1937) exponía en el prólogo de Personality: A Psychological Interpretation que el libro era una respuesta a la necesidad que en ese momento había ya de definir el nuevo campo de estudio que había surgido dentro de la psicología, llamado psicología de la personalidad, además de articular sus objetivos, formular sus leyes y organizar los resultados y progresos que había hecho hasta entonces. Ese libro, entre otras cosas, es considerado como la partida oficial de nacimiento de la psicología de la personalidad, incluso fuera de Estados Unidos.8

Poco más de 60 años después, el Monitor (periódico de la American Psychological Association) de diciembre de 1999, en el editorial From “character” to “personality”, afirmaba que la personalidad2 todavía no ha alcanzado el carácter de materia de estudio al mismo nivel que la psicología evolutiva y la psicología social3. Y ello porque aun no se ha llegado a una definición de “personalidad”, motivo que se aduce en múltiples ocasiones coincidiendo con alguna crisis ante la cual justificar su estado. Una perspectiva diferente es la que plantean Baumeister y Tice (1996), quienes seleccionan dos hechos como causas del estado de pseudo-inexistencia de la psicología de la personalidad. El primero de ellos se refiere a razones políticas que impiden la creación de cátedras en las universidades, de forma que las otras disciplinas de psicología tienen el poder, y parece que este estado va a continuar. El segundo compete directamente a las diferentes disciplinas psicológicas.

Afirman los autores que si se hiciera una revisión exhaustiva de las tesis doctorales se comprobaría que en lugar de ausencia de psicología de la personalidad, lo que hay es un uso “liberal” de la psicología de la personalidad realizado por la psicología social, la clínica, la organizacional y la evolutiva.

Fue en España, 50 años después del nacimiento oficial y tras haber experimentado muchos ataques y reformulaciones en Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia, en que Bermúdez (1985) se planteaba si la psicología de la personalidad como disciplina asumía suficientemente el estudio de los supuestos y cuestiones que incluía la definición que él mismo realizó de personalidad4 o si, por el contrario, otra/s área/s ya los estudiaba/n. Y para ello propuso comprobar si la psicología de la personalidad como área tenía unos objetivos y problemas de investigación propios a la vez que establecer las fronteras, en caso de existir, con otras áreas de estudio de la psicología científica. Esas otras áreas, principalmente, eran la psicología social y la psicología clínica.

Al año siguiente (1986), el 24 de enero se reunieron, en la Universidad de Valencia, unos cuantos profesores que representaban a los docentes de la materia de Psicología de la Personalidad, en una jornada organizada para intentar debatir sobre y clarificar algunos problemas que en aquel entonces también preocupaban a los psicólogos respecto a esta disciplina.

Los profesores ponentes fueron, en orden de participación, los doctores Vicente Pelechano, Mª Dolores Avia, José Mª Tous y Elena Ibáñez. La pregunta principal se centraba en el concepto de Psicología de la Personalidad. Sin embargo, tras las cuatro intervenciones, algunos de los oyentes plantearon la posibilidad de que tanto en las ponencias como en el debate se estuvieran mezclando dos conceptos por lo que podrían haber estado hablando en dos niveles de discurso distintos: personalidad y psicología de la personalidad. Las propuestas oídas en aquella reunión fueron las siguientes, siguiendo el orden de intervención de los ponentes:

Pelechano, preocupado por dos cuestiones centrales en la disciplina, la estabilidad y la consistencia de la personalidad, se “atrevió” a dar una definición (las comillas son del autor):

La psicología de la personalidad estudia la estructura y dinámica comportamental que caracteriza al ser humano en evolución, su génesis y organización, desde los determinantes de reactividad situacional hasta los invariantes comportamentales relativos (Pelechano, 1986, pág. 10) “.

Avia, desde una postura constructivista defendió una concepción de personalidad como variable intermedia (entre estímulo y respuesta) identificable con el concepto de identidad. Y afirmó:

La personalidad es una percepción. (...) es también (no digo sólo) tarea de la psicología de la personalidad estudiar la utilidad funcional de esa percepción, el sentido y la razón de los sesgos y su generalidad o aspectos diferenciales en función de otras diferencias individuales (Avia, 1986, pág. 30)”.

Tous, centrado en una delimitación de la disciplina frente a otras, distinguió personalidad de individualidad:

(...) [personalidad] se refiere a un constructo o categoría universal que sólo encontramos presente en cada individualidad, al igual que las restantes categorías universales o de grupo; (...) individualidad es un “factum”, un hecho de la realidad que nos permite la aplicación de las categorías a unidades o entidades de la realidad (Tous, 1986, págs. 38-39)

Ibáñez, considerándose a ella misma como un “psicólogo callejero” (las comillas son de la Dra. Ibáñez) por estar interesada en las personas que pululan por la calle y de los que muy pocas veces se preocupan los académicos o los científicos, desde una óptica de individualidad inmersa en grupos, etnias y clases socio-culturales, afirmó que:



(...) la psicología de la personalidad debe ser el estudio de la unicidad o identidad personal, si es que es posible (Ibáñez, 1986, pág. 43, cursiva en el original).

Se trata de cuatro ópticas diferentes que dibujaron la heterogeneidad de la disciplina y de los diferentes enfoques paradigmáticos (las profesoras Avia e Ibáñez desde la perspectiva cognitivo-social, el profesor Pelechano desde la óptica parametrista como él mismo la denomina, y el profesor Tous desde una perspectiva biologicista), sin que se llegara a un acuerdo.

Desde una perspectiva mucho más modesta y con la ventaja de haber leído las cuatro opciones, es posible tomar como punto de arranque la definición de psicología de la personalidad que propuso Pelechano (1996a), como una reformulación de la dada en 1986, y que dice literalmente:

La psicología de la personalidad estudia las características psicológicas que identifican a un individuo o un colectivo de individuos, su génesis, estructura y funcionalidad, desde su origen hasta su desaparición (Pelechano, 1996a, pág. 21).

Utilizando los componentes de la misma, se va a intentar exponer un concepto de psicología de la personalidad:



* 1* La psicología de la personalidad estudia las características psicológicas

Es preciso comenzar considerando qué son características psicológicas. El dualismo cartesiano (Cuerpo- Mente) es tal vez uno de los temas que más ha hecho reflexionar a filósofos y científicos desde que Descartes lo propuso en el siglo XVII. Sin hacer un recorrido por la historia (tema principal de otro punto de este proyecto), sirva un apunte sobre las discusiones de finales del siglo XIX sobre esta cuestión.

Actualmente, el dualismo cartesiano sigue sin resolverse, con algunas propuestas de compromiso y una aceptación desigual dentro de la psicología científica contemporánea pudiéndose encontrar posiciones dualistas, monistas espirituales, monistas fisicistas y emergentistas aunque los límites no siempre están claros.

Estemos de acuerdo en que el ser humano tiene cuerpo y mente. El primero se refiere exclusivamente a biología y química. El segundo, a psicología. Esta escisión ha de entenderse en interacción pero no en constante dependencia. Las ciencias biológicas deben ocuparse, prioritariamente del estudio de los aspectos biológicos. Las ciencias sociales y humanas deben ocuparse del estudio de los aspectos mentales5. Y esos aspectos mentales son todas las características psicológicas: comportamiento (en su más amplio sentido) y sus determinantes.

Es cierto que el psicólogo no debe desconocer que el sistema nervioso central es imprescindible para que haya funcionamiento psicológico y que los sistemas endocrino e inmunológico tienen importantes influencias en dicho funcionamiento; pero eso no significa reduccionismo y dilución de lo psicológico en lo neuronal, endocrino e inmunológico, cuestión que tampoco debe olvidar el neuropsicólogo.

El médico (como estudioso de las ciencias biológicas) tampoco debe olvidar que el funcionamiento psicológico afecta a su objeto de estudio, el ser humano, lo que significa que a la hora de establecer un diagnóstico y con ello el tratamiento, debe considerar, por ejemplo, si la causa de la reacción cutánea que presenta el paciente es química o psicológica. Y el genetista no ha de confundir una cadena de bases o un conjunto de alelos con la experimentación de un miedo o la manifestación conductual de ludopatía, delincuencia u homosexualidad, por ejemplo. Es preciso conocer las relaciones entre ambos, pero la tarea prioritaria de la psicología es el estudio de las cuestiones psicológicas, bien de forma independiente, bien influyendo en lo biológico, bien influidas por lo biológico, o en interacción mutua. En función de lo dicho hasta este momento, podemos considerar que un dualismo al estilo del cartesiano debería ser reemplazado por un continuo dualista del cual ambas entidades fueran los polos; un continuo que permitiera la coexistencia de otros continuos, tal vez a modo de modelo circumplejo, cuyos ejes principales y organizadores tendrían que ir especificándose.

Ahora bien, ¿cuáles son esas cualidades psicológicas? Algunas de ellas son la memoria, las actitudes, la percepción, el afecto, el pensamiento, las capacidades-competencias, la atención, la emoción, etc. Una forma parsimoniosa y elegante las denominaría “conducta” o “comportamiento”, lo que puede tener (y de hecho tiene) significados diferentes en función del paradigma y la escuela de pensamiento del teórico/investigador.

La psicología en general estudia todas esas características por parcelas, aisladas unas de otras, con la intención de mostrar generalidad y comunalidad y desde un punto de vista introductorio. El estudio exhaustivo y aislado de cada parcela parece ser tarea de cada una de las disciplinas de la psicología básica que investigan una parte muy concreta, mientras la psicología de la personalidad las estudia todas con intención de dar una imagen integradora, que no necesariamente es holista ni molar, del funcionamiento del ser humano.

Sin embargo, en la medida en que esos procesos tienen que ver con la acción intencional y planificada, las competencias, las actitudes, los sentimientos, y los estilos de vida para confluir en un yo como individuo, son objeto de estudio de la psicología de la personalidad (Pelechano, 1996a).

Desde luego, el interés por la “totalidad relevante” del ser humano no es nueva. Sólo como dos ejemplos representativos dentro de la disciplina, sirvan los siguientes. Hace poco más de 20 años, Maddi (1968) afirmaba que el personólogo estaba interesado en todas, más que en algunas de, las conductas psicológicas de la persona. Y Carlson (1971), tras analizar 226 artículos publicados en el Journal of Personality y el Journal of Personality and Social Psychology, justificaba las críticas que se hacían en aquel entonces a la psicología de la personalidad desde fuera de la disciplina. Y la autora refería la justificación a que siendo uno de los objetivos de la psicología de la personalidad el estudio de la organización de la personalidad, los estudios publicados sólo se referían a uno o dos hechos sobre los sujetos lo que imposibilitaba cualquier intento por establecer la organización de la personalidad.



*2* que identifican a un individuo o un colectivo de individuos

Esta característica tiene relevancia en dos niveles de discurso diferentes: por una parte, si existe diferenciación y/o solapación entre la psicología de la personalidad y alguna otra disciplina de la psicología, concretamente la psicología social; por otra parte, se trata de defender que no sólo es posible sino necesaria una psicología de la personalidad del individuo que no ha de ser incompatible con la psicología de la personalidad de un colectivo de individuos.

Respecto a la primera cuestión, el ser humano, sin ninguna duda, es un ser social. Si nos guiamos por el adjetivo de “humano como ser social”, entonces parece que la psicología social debería ser quien se centrara en su estudio.

Sin embargo, a pesar de estar juntas en una sociedad internacional la psicología de la personalidad y la psicología social, e incluso siendo áreas del mismo departamento en alguna Universidad, hay algunas cuestiones en las que los investigadores de la psicología de la personalidad consideran que no deberían solaparse ambas disciplinas.

En un análisis histórico, ambas disciplinas están en la misma “división psicológica” sin que la intención que inspiró la reorganización interna de la American Psychological Association (Benjamin, 1997) fuera precisamente unirlas. Se trata de la división 8, the society for personality and social psychology, formada en el congreso de la asociación en 1944, cuyo objetivo es fomentar el progreso de la teoría, la investigación básica y aplicada y la práctica en el campo de la personalidad y la psicología social según la propia asociación informa en su página de Internet de 29-02-2000.

Independientemente de su convivencia en la misma división, ambas disciplinas dicen tener como objeto de estudio los grupos sociales: explicar la génesis de los mismos, sus comportamientos como grupo, los factores que mantienen su identidad de grupo, cuáles son sus características psicológicas como grupo y cómo se adaptan psicológicamente a su ambiente (nicho, contexto, setting, etc. Son conceptos que en este momento pueden considerarse similares).

Entre otros factores, esta comunalidad debería facilitar la realización de investigaciones transculturales (de grandes y pequeños grupos) entre ambas “psicologías”.

Sin embargo, y en primer lugar, la falta de interés por parte de la psicología social por el individuo como tal supone una importante diferencia entre ambas disciplinas. No es posible pensar en una persona sin considerarla como parte de un grupo, de modo que el grupo es lo importante.

En segundo lugar, para la psicología de la personalidad, además del grupo como punto de referencia, normativo, el individuo tiene interés por sí mismo así como tienen importancia las diferencias entre los individuos dentro de un grupo. Por ello, la psicología de la personalidad se centraría en el individuo y el grupo desde el punto de vista del individuo mientras la psicología social lo haría en el grupo como tal, dejando al individuo como una entidad carente de contenido, a menos que se identifique y se diluya en el grupo.

El individuo estudiado por la psicología de la personalidad, entero, como dice Avia (1986), incluyendo los aspectos fisiológicos, cognitivos y sociales, no es el individuo de la psicología social.

Y en tercer lugar, y directamente derivado de lo anterior, la psicología social estudia los grupos en situaciones muy estructuradas, (Bermúdez, 1985), situaciones de laboratorio sin validez ecológica, pero los humanos en muy pocas ocasiones estamos en situaciones muy estructuradas, y dichas situaciones casi se restringen al padecimiento de algún trastorno, lo que, desde luego, no es generalizable a todos los humanos.

Kenrick y Dantchik (1983) consideraron que la psicología social se había incorporado al área de estudio de la psicología de la personalidad principalmente en las décadas de los 60 y los 70, cuando esta última estaba experimentando críticas y alternativas metodológicas y conceptuales, y el situacionismo incorporado al interaccionismo se erigía en causa y explicación del funcionamiento psicológico humano.

Parece que ha habido un cambio en los intereses y una ampliación de las variables consideradas por parte de la psicología social. En 1985, Bermúdez recogía en el volúmen 1 del texto Psicología de la personalidad que la principal diferencia entre psicología de la personalidad y psicología social se centraba en esa no consideración de las diferencias individuales. Y Hogan, doce años después (1997) apuntaba como una causa del resurgimiento de la psicología de la personalidad en los años 80 que los psicólogos sociales habían descubierto las diferencias individuales y las estaban considerando en sus experimentos lo que mejoraba el poder explicativo de los resultados.

Aún salvando esta barrera entre ambas disciplinas, siguen manteniéndose las otras diferencias.

Respecto a la segunda cuestión planteada más arriba, acerca de la posibilidad y/o adecuación y/o necesidad de una psicología de personalidad del individuo y/o del colectivo de individuos, unas cuantas anotaciones.

En la medida en que la psicología de la personalidad estudia individuos y grupos de individuos está abarcando la doble perspectiva del concepto persona en función de su etimología: aspecto interno y aspecto externo, respectivamente. En líneas muy generales, cuando la psicología de la personalidad se refiere al estudio de individuo, lo está haciendo en la medida en que estudia los aspectos internos del yo, sea este una entidad organizadora, integradora, con entidad propia, o un concepto no operacionalizable en su totalidad.

En cualquier caso, sería el yo real percibido y expresado por cada individuo. Por otra parte, y en este contexto que estamos tratando, cuando la psicología de la personalidad estudia grupos de individuos, puede entenderse como el análisis del aspecto exteriorista de la persona, el yo social, en líneas generales, cómo los demás perciben a un individuo o grupo de individuos, la estructura intersubjetiva común que se entresaca con cuestionarios de personalidad, lo que también podría coincidir con el yo conductual de Pervin (1978) tal y como lo interpreta Avia (1995).

Cabe otra posible consideración. El aspecto “interno“ de la personalidad podría referirse a las vivencias (Erlebnis en alemán), a sus cualidades, al yo como identidad y como proyecto, así como las metas y las biografías personales. En este sentido, se trataría de una psicología de la personalidad que estudiara cómo cada uno de los individuos de un grupo/muestra, ante las diferentes técnicas o estrategias de medida, verbaliza, reacciona fisiológicamente o se comporta físicamente, siendo el referente de los elementos a los que responder/reaccionar el propio individuo. Por otra parte, si la personalidad se toma como aspecto “externo” se trataría de la personalidad como “respuesta” a las acciones y verbalizaciones de los demás, y se estaría hablando de atribuciones, asignación y desempeño de papeles o estereotipos.

En este caso el referente de los elementos a los que responder son los otros.

Una última forma de afrontar este problema se refiere al estudio del individuo psicológico único. Una de las primeras autocríticas que posiblemente se hizo la psicología de la personalidad fue que estaba perdiendo a la persona, al individuo, como objeto de estudio (Allport, 1937). Y hace unos años, fue Lamiell (1987) quien de nuevo acusó a la psicología de la personalidad (a la que él identifica con la psicología de las diferencias individuales) de no centrarse en el individuo al abusar de los conceptos teóricos y la epistemología del enfoque nomotético. La polémica entre los enfoques nomotético e idiográfico no tiene todavía una solución ni consensuada ni empírica.

Una alternativa es la propuesta idiotética de Lamiell, pero no es aceptada por toda la comunidad.

*3* su génesis

Los procesos y/o determinantes de las características psicológicas del ser humano adulto implican aspectos biológicos (si estos son genéticos, congénitos o adquiridos no es cuestión relevante en este momento del discurso) y/o psicológicos y/o sociales.

Diferentes formulaciones de la psicología de la personalidad adoptan una defensa de lo biológico o de lo social, o de una interacción entre ambos.

Es el debate nature-nurture que ha impregnado el desarrollo de la psicología, en general, y de la psicología de la personalidad en particular, y que permanece sin resolverse.

La psicología de la personalidad debe considerar la genética conductual y las bases biológicas que subyacen a los componentes de la personalidad tanto en su génesis como en su mantenimiento; pero también, los procesos de aprendizaje, de socialización y aculturación en un contexto histórico-cultural concreto, y las características psicológicas del propio individuo. En pocas palabras, la génesis de la personalidad supone el estudio de cómo aparecen los rasgos fenotípicos y cuáles son las causas de los mismos.

Actualmente el debate está establecido, al menos, entre las siguientes teorías: (a) la de D.M. Buss (1995), desde la perspectiva evolucionista, (b) la de H.J. Eysenck (1997) y Plomin (Plomin et al., 1997), desde la perspectiva genetista, (c) la de Rushton (1996) como genetista-evolucionista y (d) la de Markus (por ejemplo, Kim y Markus, 1999), desde la perspectiva social.

Cómo se aprende en cuanto a procesos es objeto de estudio de la psicología básica, especialmente la psicología del aprendizaje.

Pero otra cosa es cuando se trata de cuáles son los factores que afectan al aprendizaje de características de personalidad, o cuáles son los factores que permiten o impiden que aparezcan aquellos atributos psicológicos con conexiones biofisiológicas y/o sociales.

Estos son problemas a los que debe hacer frente la psicología de la personalidad como disciplina especializada de la psicología.

Finalmente, teniendo en cuenta que los seres humanos vivimos en sistemas abiertos con continuas interacciones, también se ha de responder a un último interrogante: cómo afectan las características de personalidad al aprendizaje. La psicología del aprendizaje cuenta desde hace ya muchos años con algunos datos relativos a cómo afectan las características de personalidad al rendimiento de los individuos en diferentes situaciones de aprendizaje.

Un ejemplo de esos datos procede de una serie de trabajos realizados hace más de 40 años en situación de laboratorio en Europa y Estados Unidos. Brengelmann, en Alemania, Eysenck y Jones en Inglaterra, y Spence Y Taylor en Iowa, trabajaron durante la década de los 50 buscando las influencias de la ansiedad, el neuroticismo, la extraversión y la rigidez (la primera como dimensión de personalidad adquirida por aprendizaje, el segundo como impulso de evitación no condicionado, la tercera como constructo neurológico de inhibición-excitación y la cuarta como un componente específico de un rasgo general también llamado rigidez) en el rendimiento diferencial en tareas de laboratorio con diferentes grados de dificultad. Algunas referencias de estos trabajos, sólo como ejemplificación, son las siguientes: Brengelmann (1959; 1960; Brengelmann y Brengelmann, 1960), Eysenck (1956, 1957), Jones (1960), Spence (1958) y Taylor (1956)6.





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