Modolo ficha 332 – Cap. Piaget



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MODOLO 3

Ficha 332 – Cap. 3 Piaget.

LA FUNCION SEMIOTICA O SIMBOLICA: Al término del periodo senso-motor (1 año y medio o 2 años) aparece una función para la evolución de las conductas ulteriores, que consiste en poder representar algo (un significado cualquiera: objeto, acontecimiento, etc.) por medio de un significante diferenciado y que solo sirve para esa representación: lenguaje, imagen mental, gesto simbólico, etc.

LA FUNCION SEMIOTICA Y LA IMITACION:

Aparición de la función semiótica: En el curso del segundo año aparece un conjunto de conductas que implica la evocación representativa de un objeto o de un acontecimiento ausentes y que supone, en consecuencia, la construcción o el empleo de significantes diferenciados, ya que deben poder referirse a elementos no actualmente perceptibles tanto como a los que están presentes. Pueden distinguirse 5 de esas conductas, de aparición casi simultánea, y que vamos a enumerar en orden de complejidad creciente:

  1. Imitación diferida: se inicia en ausencia del modelo (en el periodo senso-motor el niño comienza a imitar en presencia del modelo). Constituye un comienzo de representación y el gesto imitador, un inicio de significante diferenciado.

  2. Juego simbólico: o juego de ficción; la representación es neta y el significante diferenciado es un gesto imitador pero acompañado de objetos que se han hecho simbólicos.

  3. Dibujo: o imagen gráfica; un intermediario entre el juego y la imagen mental, aunque no aparece antes de los 2 o de los 2 años y medio.

  4. Imagen mental: aparece como una imitación interiorizada, y no se encuentra huella alguna en el nivel senso-motor.

  5. Evocación verbal: esto lo permite el lenguaje naciente. Evocación verbal de acontecimientos no actuales.

Papel de la imitación: primeras manifestaciones de la función semiótica. Constituye la prefiguración senso-motora de la representación y, en consecuencia, el termino de paso entre el nivel senso-motor y el de las conductas propiamente representativas. Es una prefiguración de la representación, es decir que constituye, en el curso del periodo senso-motor, una especie de representación en actos materiales, todavía no en pensamiento.

Al término del periodo senso-motor, el niño ha adquirido una capacidad suficiente, en dominio de la imitación así generalizada, para que se haga posible la imitación diferida: la representación en acto se libera de las exigencias senso-motoras de copia perceptiva directa para alcanzar un nivel intermedio en que el acto, desprendido de su contexto, se hace significante diferenciado y en parte ya representación en pensamiento. Con el juego simbólico y el dibujo, ese paso de representación en acto a la representación-pensamiento se ve reforzado.

En suma, la función semiótica engendra dos clases de instrumentos: los símbolos, que son motivados, es decir que presentan, aunque significantes diferenciados, alguna semejanza con sus significados; y los signos que son arbitrarios o convencionales. Los símbolos como motivados, pueden ser construidos por el individuo solo, y los primeros símbolos del juego del niño son buenos ejemplos de esas creaciones individuales, que no excluyen, naturalmente, los simbolismos colectivos ulteriores. El signo por el contrario, como convencional, ha de ser necesariamente colectivo: el niño lo recibe por el canal de la imitación.

EL JUEGO SIMBOLICO: Señala el apogeo del juego infantil. La función esencial que el juego tiene es que le llena la vida al niño, obligado a adaptarse a un mundo social de mayores cuyos intereses y reglas son exteriores para él, y a un mundo físico que todavía comprende mal. Por lo tanto, el niño no llega a satisfacer las necesidades afectivas e intelectuales de su yo. Resulta indispensable a su equilibrio afectivo e intelectual que pueda disponer de un sector cuya motivación no sea la adaptación a lo real, sino la asimilación de lo real al yo. Tal es el juego, que transforma lo real por asimilación a las necesidades del yo, mientras que la imitación es acomodación a los modelos exteriores, y la inteligencia es equilibrio entre la asimilación y la acomodación.

El instrumento esencial de la adaptación es el lenguaje, el cual le es transmitido en formas ya hechas, obligadas y de naturaleza colectiva, es decir impropias para expresar las necesidades o experiencias vividas por el yo. Es indispensable para el niño que pueda disponer de un medio propio de expresión, de un sistema de significantes construidos por él y adaptables a sus deseos. Tal es el sistema de los símbolos propios del juego simbólico.

La función de asimilación al yo que cumple el juego simbólico se manifiesta bajo las formas particulares más diversas, en la mayor parte de los casos afectivos pero al servicio de intereses cognoscitivos. El simbolismo lúdico puede llegar a cumplir la función de lo que sería para un adulto el lenguaje interior; pero en lugar de repensar simplemente en un acontecimiento interesante, el niño tiene necesidad de un simbolismo más directo, que le permita volver a vivir ese acontecimiento.

La principal de las teorías que se desprenden del juego simbólico es la de Karl Groos, fue el primero en descubrir que el juego de los niños presenta un significado funcional esencial y no es un simple desahogo.

El juego simbólico se refiere también a conflictos inconscientes: intereses sexuales, defensa contra la angustia, fobia, agresividad o identificación con agresores, etc. El simbolismo del juego se une en esos casos al del sueño, hasta el punto de que los métodos específicos de psicoanálisis infantil utilizan frecuentemente materiales de juego.

EL DIBUJO: es una forma de la función semiótica que se inscribe a mitad de camino entre el juego simbólico, del cual presenta el mismo placer funcional y el mismo autotelismo, y la imagen con la que comparte el esfuerzo de imitación de lo real.

LAS IMÁGENES MENTALES: son de aparición relativamente tardía y resultan de una imitación interiorizada. Hay que distinguir dos categorías de imágenes mentales: las imágenes reproductoras, que se limitan a evocar espectáculos ya conocidos y percibidos anteriormente; y las imágenes anticipadoras que imaginan movimientos o transformaciones, así como sus resultados, pero sin haber asistido anteriormente a su realización. En principio, las imágenes reproductivas pueden, por si mismas, referirse a configuraciones estáticas, a movimientos y a transformaciones porque esas tres clases de realidades se ofrecen constantemente en la experiencia perceptiva del sujeto.

Las imágenes cinéticas y de transformación solo son posibles después de los 7 u 8 años, y ello gracias a anticipaciones o reanticipaciones que se apoyan ellas mismas, en la comprensión operatoria.

Puede concluirse que las imágenes mentales solo constituyen un sistema de símbolos que traducen, más o menos exactamente, pero en general con retraso, el nivel de comprensión preoperatoria y luego operatoria de los sujetos. La imagen no basta para engendrar las estructuraciones operatorias: a lo sumo, puede servir, cuando es suficientemente adecuada para precisar el conocimiento de los estados que la operación ha de enlazar luego por un juego de transformaciones reversibles. Pero la imagen en si misma sigue estática y discontinua. Después de los 7-8 años, la imagen se hace anticipadora y mejor para servir de soporte a las operaciones, ese progreso no resulta de una modificación interna y autónoma de las imágenes, sino de la intervención de aportaciones exteriores debidas a la formación de las operaciones.

LA MEMORIA Y LA ESTRUCTURA DE LOS RECUERDOS-IMÁGENES: el problema principal del desarrollo de la memoria es el de su organización progresiva. Hay dos tipos de memorias: de reconocimiento, que actúa en presencia del objeto ya encontrado y que consiste en reconocerlo; la memoria de evocación que consiste en evocarlo en su ausencia por medio de un recuerdo - imagen. La memoria de reconocimiento es precoz y está ligada a esquemas de acción o de hábito. Dicho esto, el problema de la memoria es ante todo, un problema de delimitación. No toda la conservación del pasado es memoria, ya que un esquema se conserva con su funcionamiento, incluso independiente de toda memoria o la memoria de un esquema es ese esquema en sí mismo.

EL LENGUAJE: aparece al mismo tiempo que las otras formas del pensamiento semiótico.

El lenguaje comienza tras una fase de balbuceo espontaneo (6 – 11 meses) y una fase de diferenciación de fonemas por imitación (11 – 12 meses) situado al término del periodo senso-motor. Desde el fin del segundo año se señalan frases de dos palabras, luego pequeñas frases completas sin conjugaciones ni declinaciones, y después una adquisición progresiva de estructuras gramaticales.

La inteligencia senso-motora procede por acciones sucesivas y progresivamente, más el pensamiento consigue, gracias sobre todo al lenguaje, representaciones de conjunto simultaneas.

El lenguaje no constituye la fuente de la lógica, sino que está estructurado por ella. Las raíces de la lógica hay que buscarlas en la coordinación general de las acciones a partir de ese nivel senso-motor cuyos esquemas parecen ser de importancia fundamental desde los inicios; y ese esquematismo continua luego desarrollándose y estructurando el pensamiento, incluso verbal, en función del progreso de las acciones, hasta la constitución de las operaciones lógico-matemáticas, finalización autentica de la lógica de las coordinaciones de acciones, cuando estas se hallan en estado de interiorizarse y de agruparse en estructuras de conjunto.

CONCLUSION: la función semiótica se trate de juego simbólico, dibujo, imágenes mentales y recuerdos – imágenes o lenguaje, consiste siempre en permitir la evocación representativa de objetos o de acontecimientos no percibidos actualmente. Ni la imitación, ni el juego, ni el dibujo, ni la imagen, ni el lenguaje, ni la memoria se desarrollan ni organizan sin la ayuda constante de la estructuración propia de la inteligencia.

Ficha 340 – La formación del símbolo en el niño.

EL EJERCICIO, EL SIMBOLO Y LA REGLA: los juegos de construcción constituyen la transición entre los tres y las conductas adaptadas. Algunos juegos no suponen ninguna técnica particular, son simples ejercicios que ponen en acción un conjunto variado de conductas, pero sin modificar su estructura tal cual se presenta en el estado de adaptación actual. La regla del juego no es una simple regla prestada a la vida moral o jurídica, sino una regla construida en función del juego, pero que puede conducir a valores que lo sobrepasan.



El juego de ejercicio es el primero en aparecer en el niño, y es el que caracteriza los estadios II al V del desarrollo preverbal, por oposición al estadio VI en el curso del cual comienza el juego simbólico.

Una segunda categoría de juegos infantiles es la que llamaremos juegos simbólicos. Contrariamente al caso del juego de ejercicio que no requiere pensamiento ni ninguna estructura representativa especialmente lúdica, el símbolo implica la representación de un objeto ausente, puesto que es la comparación entre un elemento dado y un elemento imaginado, y una representación ficticia puesto que esta comparación consiste en una asimilación deformante.

La mayor parte de los juegos simbólicos, salvo las construcciones puramente imaginativas, ponen en acción movimientos y actos complejos. Son a la vez sensorio-motores y simbólicos, pero los llamaremos simbólicos en la medida en que el simbolismo se integra a los otros elementos.

El simbolismo comienza por las conductas individuales que hacen posible la interiorización de la imitación y el simbolismo de varios no transforma la estructura de los primeros símbolos.

Finalmente a los juegos simbólicos en el curso del desarrollo se superpone una tercera categoría, que es la de los juegos de reglas. A diferencia del caso del símbolo, la regla implica relaciones sociales o interindividuales. La regla implica una regularidad impuesta por el grupo y su violación representa una falta.

Ejercicio, símbolo y regla parecen ser los tres estadios sucesivos característicos de las grandes clases de juegos, desde el punto de vista de sus estructuras mentales.

INTENTO DE INTERPRETACION DEL JUEGO POR LA ESTRUCTURA DEL PENSAMIENTO DEL NIÑO.

Las conductas suponen dos polos: un polo de acomodación, ya que es necesario ajustar los movimientos y las percepciones a los objetos mismos; y un polo de asimilación de las cosas a la actividad propia, ya que el niño no se interesa en la cosa como tal, sino en tanto cuanto puede servir de alimento a una conducta anterior o en vía de adquisición. Esta asimilación de lo real a los esquemas sensorio-motores se presenta bajo dos aspectos, por un lado es repetición activa y consolidación, y en este sentido es asimilación funcional y por otro lado es percepción o concepción del objeto en función de su incorporación a una acción real. Esta doble función de la asimilación se unifica con la actividad concreta, ya que a medida que el sujeto repite sus conductas por asimilación reproductora, asimila las cosas a las acciones y estas se tornan esquemas. Estos esquemas constituyen el equivalente funcional de los conceptos y las relaciones lógicas ulteriores.

El juego infantil es la expresión de una de las fases de esta diferenciación progresiva, es el producto de la asimilación que se disocia de la acomodación antes de reintegrarse en las formas de equilibrio permanente que harán de ella su complementario al nivel del pensamiento operatorio o racional. El juego constituye el polo extremo de la asimilación de lo real al yo.

El juego simbólico no es otra cosa que el pensamiento egocéntrico en su estado puro; la condición necesaria para la objetividad del pensamiento es que la asimilación de lo real al sistema de las nociones adaptadas se encuentre en equilibrio permanente con la acomodación de estas mismas nociones a las cosas y al pensamiento de los otros sujetos. El juego cumple esta condición de los dos puntos de vista, de las significaciones y del significante. Desde el punto de vista del significado, el juego permite al sujeto revivir sus experiencias vividas y tiende a la satisfacción del yo más que a la sumisión de este a lo real. Desde el punto de vista del significante, el simbolismo ofrece al niño el lenguaje personal vivaz y dinámico, indispensable para expresar su subjetividad intraducible por el solo lenguaje colectivo.

El juego simbólico es una forma del pensamiento, ligada a todas las demás por su mecanismo pero teniendo simplemente a la satisfacción del yo, es decir, a una verdad individual por oposición a la verdad impersonal y colectiva, queda por comprender porque el empleo del símbolo en oposición al concepto verbal concluye en la ficción y no en la creencia.

El niño que juega, ciertamente no cree, desde el punto de vista de la creencia socializada, en el contenido de su simbolismo, pero nada impide pensar, y esto precisamente porque el simbolismo es un pensamiento egocéntrico que para él, cree lo que ve. Es creída porque es el universo del yo, el juego tiene por función proteger a este universo contra las acomodaciones forzosas a la realidad común.



Ficha 335 – “El juego del fort-da en relación con la constitución del psiquismo”. Ficha de cátedra, Sánchez.

El objetivo de estas líneas es ubicar el primer “juego auto-creado” (fort-da) en un momento de la constitución del psiquismo.

En “Introducción al Narcicismo” Freud sostiene que es necesario el supuesto de que en el comienzo del individuo no haya una unidad como el yo, que este se desarrolla. Son iniciales las pulsiones parciales, que buscan su satisfacción auto-eróticamente, es decir en una zona erógena. No existe una imagen unificada, se lo puede considerar como un tiempo de auto-erotismo, de indiferenciación inicial entre: yo – no; yo – mundo externo o yo – objeto.

Al comienzo el yo es un yo corporal, deriva de las sensaciones corporales de las zonas erógenas.

El yo es una parte alterada del ello por la influencia directa del mundo externo, pero que es necesaria junto a esta diferenciación, una operación denominada identificación primaria que dará origen al yo. El yo es tratado como objeto y recibirá las investiduras del ello imponiéndose como su objeto de amor. A este estado ideal regido por el principio del placer, donde toda la libido esta puesta en el yo, se llama narcicismo.

Se puede considerar al juego del fort-da inaugurando la simbolización, ubicado en ese momento de separación de diferenciación, de ser, uno distinto de la madre, cuando también se opera el pasaje de la pasividad a la actividad. El juego que se presenta como un acto repetitivo acompañado de unas pocas palabras: se fue – acá esta, lo que permitió concluir que ante la ausencia de la madre, el niño dio como respuesta: jugar.

La primera interpretación que da Freud al juego es considerarlo como un gran logro cultural, una renuncia a la satisfacción pulsional, ya que el niño permitía que la madre se fuera sin oponer resistencia.

Freud supone que el juego podría entenderse, como un cambio de la pasividad a la actividad. El niño le haría a otro, lo que en primera instancia sufrió en forma pasiva, esto se originaria en una pulsión de apoderamiento.

Luego, le llama la atención la compulsión a repetir, señala que se repetía una experiencia desagradable, que produciría una ganancia de placer, pero de otra índole, el acto de arrojar podría ser la satisfacción de un impulso de venganza por ser abandonado por su madre. La compulsión de repetición se instaura más allá del principio de placer, teniendo un funcionamiento inconsciente autónomo. Esa compulsión a repetir es un intento de tratar de ligar a representaciones las impresiones traumáticas, para que puedan inscribirse o simbolizarse.

El juego infantil no sería lo que se considera comúnmente como una actividad placentera para distraerse, sino que en su génesis estaría por un lado, la repetición de lo que ha resultado impresionante o traumático como una manera de dominar o elaborar la situación y por otro lado, el deseo de ser grandes y poder obrar como mayores.

El juego del fort-da se organiza en presencia-ausencia de la madre, no fue solo repetición de lo mismo, permitió contribuir a la diferenciación sujeto/objeto, poner palabras a la ausencia y reconocer una imagen de si, que puede hacer aparecer y desaparecer en el juego del espejo.

Ficha del practico N° 8 – relacionada con la ficha de cátedra 335.

Juego infantil fort- da: Fort = se fue; Da= acá esta.

Freud observa el juego de un niño, el cual consistía en arrojar lejos de si todos los pequeños objetos que hallaba a su alcance. El niño no hacia otro uso de sus juguetes que es de jugar a que se iban.

El niño tenía un carretel de madera atado con un piolín, el cual lo arrojaba y al desaparecer el niño pronunciaba o-o-o-o-o, después tirando del piolín, volvía a sacar el carretel de la cuna, saludando su aparición con un amistoso “da” (acá esta).



Interpretación del juego: su renuncia pulsional de admitir sin protestas la partida de la madre. Se resarcía, digamos, escenificando por sí mismo, con los objetos a su alcance, ese desaparecer y regresar. Jugaba a la partida porque era la condición previa de la gozosa reaparición, la cual contendría el genuino propósito del juego.

En la vivienda era pasivo, era afectado por ella, ahora se ponía en un papel activo repitiéndola como juego, a pesar de que fue displacentera. El acto de arrojar el objeto para que se vaya acaso era la satisfacción de un impulso, sofocado por el niño en su conducta, a vengarse de la madre por su partida; así vendría a tener este arrogante significado: “Y bien, vete pues; no te necesito, yo mismo te echo”.

Se advierte que los niños repiten en el juego todo cuanto les ha hecho gran impresión en la vida, de ese modo abreaccionan la intensidad de la impresión y se adueñan de la situación. Por otro lado, es bastante claro que todos sus juegos están presididos por el deseo dominante en la etapa en que ellos se encuentran: el de ser grandes y poder obrar como los mayores.

Ficha 233 – “Los juegos del niño en la actualidad. Su incidencia en la estructuración del psiquismo”. Clara Raznoszczyk

El juego infantil es considerado la expresión paradigmática de abordaje al psiquismo del niño en constitución, desde diferentes escuelas psicológicas y psicoanalíticas. La observación del jugar infantil despliega indicios privilegiados articulados de acuerdo a la teoría con que los leamos e interpelemos, permitirán desarrollar hipótesis reconstructivas sobre la estructuración psíquica. El juego es una expresión privilegiada del discurso infantil, un niño que juega da a conocer su mundo interno, muchas veces inteligible de otro modo.

Desde su nacimiento el infante humano se dispone a conocer y reconocer el mundo circundante. Sus capacidades innatas entraran en intercambio con los otros significativos del entorno constituyendo al sujeto y a sus objetos.

La instalación de la categoría ausencia-presencia inscribe la constancia objetual y la introyección del objeto, procesos mediante los cuales el infante en constitución ira tolerando la ausencia material del otro. Jugando el niño recrea, vivencia y alterna las categorías ausencia-presencia en el logro de la constitución subjetiva.



SIGMUND FREUD: “Más allá del principio de placer”

Juego del Fort – Da: Freud asocia este juego con la partida de la madre y apunta que es la elaboración de la presencia-ausencia de la madre, un hijo fundante en la constitución subjetiva. La expresión de júbilo es de similar intensidad tanto en el arrojar como en el reencontrar el carretel. Se impone el interrogante: si la ausencia de la madre era la situación productora de angustia, el reencuentro con el carretel debería exhibir un mayor placer.

Esta contradicción marca el más allá del principio de placer. Lo displacentero no es la ausencia de una presencia placentera sino la perdida de dominio del niño frente al sometimiento a la realidad externa.

El niño estructura el Fort-da, como dominio de lo displacentero, allí se encontraría la satisfacción, el juego es un modo de ligazón de la angustia y de simbolización de pérdida o ausencia. Aquí el juego ya es considerado producto de la cultura que expresa la renuncia pulsional e implica transformación.



ANNA FREUD: plantea que el juego constituye una actividad placentera, autoerótica, centrada en el propio cuerpo primero y luego en el de la madre. El desarrollo libidinal se extenderá a los juguetes que al principio funcionan como prolongación del propio cuerpo.

El niño debe lograr el desplazamiento de la satisfacción directa obtenida en la misma actividad lúdica por una satisfacción aplazada al producto final de las actividades realizadas.

Este enfoque privilegia el juego en la sublimación de las pulsiones con fines adaptativos y en la constitución del yo.

MELANIE KLEIN: el juego es de carácter sexual, las experiencias sexuales encuentran representación y abreacción en el juego. Klein liga la sexualidad con la angustia.

En las inhibiciones del juego encontramos interés reprimido. La intensidad de los contrainvestimientos diferencia entre un juego estereotipado y un juego creativo. El juego descarga fantasías masturbatorias que pueden devenir en compulsión de repetición.

En el análisis de niños tenemos que diferenciar entre juego creativo y compulsión de repetición. El analista debe evaluar permanentemente el proceso que está conduciendo, cuando interpretar, cuando acompañar el despliegue lúdico y prestarse a los pedidos del niño, y cuando acotar o pautar limites frente a una repetición que ya no es elaborativa y puede tornarse compulsiva.

Klein plantea la sublimación primaria como constitutiva. El placer del movimiento y la palabra serian fundamentalmente de la pulsión sexual, ligadas a la escena primaria. La sublimación secundaria se expresa en el juego y luego en los deportes.

Desde Klein los constitutivo del juego y el movimiento son las transformaciones de la pulsión sexual y el riesgo estructural, las posibles inhibiciones por exceso de excitación sexual o por prohibiciones externas excesivas.

Klein plantea temas centrales a interpretar en el análisis de niños:



  1. Núcleo de fantasías masturbatorias que se descarga a través del juego. Juego con relación a la escena primaria.

  2. Analogía juego-sueño, como realización de deseos y expresión de la actividad mental.

  3. El niño inventa y asigna diferentes personajes en los juegos, a través de la proyección, el desplazamiento y la personificación.

Es la sexualidad la que guía su interpelación y su objetivo es hacer consciente las fantasías originarias que se expresan a través del juego.

DONALD WINNICOTT: imprime un vuelco en la concepción del juego al considerarlo una entidad en sí misma, como función estructurante para la constitución psíquica. Postula la constitución de tres objetos: objeto subjetivo, objeto transicional y el objeto objetivamente percibido.

El objeto subjetivo se construye en los primeros tiempos de vida caracterizados por la dependencia absoluta, producto de la prematuración y el desvalimiento del cachorro humano al nacer. La madre devota logra identificarse con su bebé y satisfacer las necesidades de éste. Este sostén, “holding” según Winnicott, produce en el bebé la ilusión de que existe una realidad exterior que corresponde a su propia capacidad de crear.

El objeto subjetivo es una creación del bebé en unidad virtual con la madre, corresponde a la omnipotencia y a la identificación yo – no yo. Este objeto, bajo predominio de la ilusión, irá sucumbiendo frente a la desilusión gradual proveniente de las frustraciones cotidianas. La madre suficientemente buena es capaz de conducir el proceso de ilusión y desilusión.

Para arribar al objeto objetivamente percibido, correspondiente al mundo externo, será necesario por parte del bebé el despliegue de la agresión que forma parte del impulso amoroso primitivo y cuyo origen se encuentra en la motilidad de la vida intrauterina.

En los tiempos de la ilusión, la madre debe tolerar el ataque instintivo, agresivo del bebé, y solo oponerle resistencia. En la oposición de la madre a este ataque instintivo es donde va a aparecer la primera distinción yo- no yo. La constitución del objeto objetivamente percibido es un proceso transicional según Winnicott.

Winnicott observo a muchos bebés que mientras succionaban su pulgar se acompañaban con otra serie de acciones, tomar la punta de una sabanita, o frazada, o algún puñado de lana y luego un muñeco peluche, blando y suave. Estas acciones acompañaban al bebe, en momentos de soledad o frente a la necesidad de conciliar el sueño. El autor acuño el concepto de objetos transicionales, respeto de estos objetos blandos y suaves otorgados desde el exterior, que permiten ir construyendo las categorías ausencia-presencia en el camino de la diferenciación yo – no yo.

Winnicott considera la importancia estructurante del juego en sí mismo y no solo vinculado con la masturbación y la sublimación de la pulsión. El jugar se ubica en la órbita de los fenómenos transicionales, desde la primera creación de un objeto transicional, primera posesión no-yo, hasta las últimas etapas de la capacidad de un ser humano para la experiencia cultural. En la infancia, la zona intermedia es necesaria para la relación niño-mundo. El ambiente en que se desarrolla la crianza, sería la zona intermedia emocional.

Jugar superpone dos zonas transicionales, la del niño y el terapeuta y la del niño y la madre.

El jugar despliega el potencial de creatividad constitutivo de la subjetividad que en el interjuego con el otro activa el proceso de simbolización.

Las etapas de la constitución del juego corresponden a los tiempos de constitución del objeto:



  1. El niño y el objeto se encuentran fusionados. El niño tiene una visión subjetiva y la madre se orienta a hacer real lo que el niño está dispuesto a encontrar. Omnipotencia. Corresponde al objeto subjetivo. En esta etapa se observan juegos de interacción caracterizados por la fusión corporal y la continuidad sensorial entre el bebé y el adulto.

  2. El objeto es repudiado, reaceptado y percibido en forma objetiva, es necesario una madre dispuesta a participar y devolver lo que se le ofrece. Etapa de consolidación del objeto transicional.

Los objetos transicionales son muñecos blandos y suaves, provenientes del mundo exterior, que representan algo del bebe y algo de la madre. Estos muñecos deben ser accesibles al niño, no ser modificados ni lavados, disponibles para acompañarlo, especialmente en los momentos de angustia y soledad y en sus primeros desafíos frente a la realidad exterior.

  1. El niño puede jugar solo con la confianza de que la persona a quien ama está cerca. En esta etapa encontraremos juegos donde se despliega la agresión y la confrontación entre el deseo de la madre y el del niño. Aquí el niño es más activo-agresivo en la investigación del ambiente, romper juguetes es un modo de conocimientos, apoderamientos y elaboración de la frustración por la pérdida de la fusión con la madre.

  2. El niño puede disfrutar de la superposición de dos zonas de juegos, la propia y la de la madre. Ha logrado la capacidad de aceptar o rechazar propuestas y tomar iniciativas, así queda allanado el camino para un jugar juntos en una relación, inscribiendo la alteridad y logrando la construcción del objeto real.

Para Winnicott el juego es un fenómeno subjetivo estructurante en sí mismo, no solo representante pulsional y está al servicio del mantenimiento de la transicionalidad en la infancia. Los fenómenos transicionales no desaparecen totalmente con la constitución del objeto real y la adaptación, sino que mantienen su espacio en la adultez en las artes, la religión y la creatividad.

La función del ambiente en las primeras etapas es permitir el desarrollo de la ilusión y sostener empáticamente el inmenso impacto de la perdida de la omnipotencia en el camino a una adaptación lo más creativa posible a la realidad material.



JEAN PIAGET: la psicología genética trata de explicar la génesis de las funciones mentales, inteligencia, percepción, etc. La inteligencia, según Piaget, se desarrolla como una construcción continua y compleja de organización del mundo. El juego es el reflejo de la experimentación del niño con el mundo. Es una trasformación activa entre sujeto y objeto, a través de procesos de asimilación y acomodación.

Desarrollo evolutivo del juego:

  1. JUEGO FUNCIONAL DE EJERCITACION: en el nivel sensorio motor el niño pasa del ejercicio reflejo a las reacciones circulares primarias, repetitivas de una conducta lograda. En este periodo, alrededor de los 8 meses, el niño es muy afecto a los juegos relacionados con la construcción del objeto permanente. Las sabanitas y almohadones ocultan y develan el objeto ausente, en el camino a la constancia objetal.

  2. JUEGO SIMBOLICO: periodo preoperatorio. Instalación de la función semiótica. Es el juego por excelencia, el niño puede disponer de un sector de actividad, cuya motivación no sea la adaptación a lo real sino la asimilación de lo real al yo, sin coacciones ni sanciones. Para Piaget es un refugio para el yo, frente a la constante demanda de los adultos de adaptación al mundo exterior.

  3. JUEGOS REGLADOS: el niño sale del egocentrismo y del pensamiento intuitivo y es capaz de aceptar reglas universales, su moral se ha vuelto autónoma y se ha instalado en un mundo de operaciones concretas y reversibles. Estos juegos permiten desarrollar la competitividad, respetando las diferencias, buscando superación y tolerando frustración.

  4. JUEGOS MENTALES: corresponden al nivel lógico formal, el pensamiento adquiere la capacidad de abstracción y es hipotético deductivo. El niño no necesita sostenerse en objetos materiales. Su juego se caracteriza por la reflexión.

Reflexionando sobre los autores presentados y los juegos en la realidad, relacionados con las computadoras, surge el interrogante: si no debilita el mundo egocéntrico y transicional del juego simbólico.

En algunos juegos computacionales, los caminos de resolución son reprogramados, con poco espacio a la invención de soluciones nuevas y alientan la repetición. Por otro lado, creemos que la riqueza de algunos juegos computacionales estimulan el desarrollo de capacidades cognitivas como anticipación, evaluación y selección, entrenamiento en la resolución de problemas y adaptación a estímulos complejos y simultáneos, destrezas visomotrices y espaciales, etc., enriquecimiento del pensamiento en todos sus niveles.



LOS JUEGOS Y LA TECNOLOGIA, ¿NUEVOS MODOS DE SUBJETIVIDAD?

¿Podrán los niños que no tienen acceso a la tecnología y estos estímulos lograr una estructuración cognitiva apropiada? ¿Sera el analfabetismo informático en la infancia un déficit irreversible, difícilmente compensable?

Las investigaciones han demostrado que desde el advenimiento del lenguaje, la calidad y cantidad de estimulación verbal tiene influencia significativa en el desarrollo cognitivo. La inclusión de la tecnología en la educación, si no es masiva, provocara diferencias muy marcadas en el desarrollo de la inteligencia y el pensamiento que influirán en el acceso a la vida laboral de las nuevas generaciones. La relación entre tecnología, desarrollo evolutivo y educación debe incluirse en las preocupaciones centrales de los especialistas de la infancia.

El avance de la tecnología es irreversible y sus ventajas incuestionables en todas las áreas. Los niños de la época de la computación se están estructurando en una actividad de representación compleja.

¿Cuáles serán los efectos de los modos de intercambio entre los niños, dominados por la explosión de los juegos computacionales y tecnológicos en el pasaje del narcicismo a la objetalidad?

No es lo mismo un niño que juega solo compulsivamente durante horas a un video game con personajes estereotipados, estancando libido de objeto con riesgo de encapsulamientos narcisistas, que un niño que entre otros juegos usa los de pantalla, los comparte con otros niños, y los integra en su discurso.

El peligro radica en la dominancia de los juegos repetitivos y estereotipados que pueden llevar al aislamiento y a la coagulación de conflictos pulsionales que no encuentran vía apropiada de descarga. El juego perdería su condición elaborativa y de mensaje, como diría Freud y estructurante como vimos en Winnicott para convertirse en actividad compulsiva, desligada, masturbatoria, con tendencia adictiva, expresión de la pulsión de muerte.

¿Cuáles serán los efectos de la denominada cultura del zapping?

La comunicación visual tiende a colocar el sujeto en un lugar de receptor pasivo, dificultando el juicio crítico, fenómeno que puede llevar a la llamada “hipnosis” por los expertos en comunicación.

La percepción del mundo circundante tiende a hacerse hipertrófica, masiva, superior a las posibilidades de asimilación y unifica a todos los habitantes del planeta, por los efectos de la globalización. Este aumento de experiencia es por vía sensorial y no conceptual, disminuyendo la riqueza imaginativa, la sensibilidad y la racionalización del acontecimiento representado. La invasión excesiva de estímulos por vía sensorial tiende a afectar la actividad de representación y puede provocar intoxicación.

Las nuevas tecnologías y la fugacidad y velocidad de los estímulos nos colocan en un “punto de estar”. Kerckhnove plantea que la única referencia duradera del yo, ya no es su punto de vista, que dejo de permanecerle, sino su “punto de estar”, en lugar de un “punto de ser”. La subjetividad actual es fugaz, es necesario que este punto de estar pueda cobrar permanencia como punto de ser, para que el sujeto se sostenga.

Hoy en día crecer es consumir, el niño se ha convertido en consumidor, acumulador de bienes. La soledad efectiva de los niños en sociedades desarrolladas y la comunicación afectiva deprivada por el empobrecimiento de los vínculos familiares libidinales, instala una sensación de vacío. Estos niños sufren déficits identificatorios primarios y secundarios y son más proclives a identificarse adhesivamente y masificarse con los modelos de la televisión, generalmente violentos.

Quedaría planteada la siguiente propuesta: cómo lograr acompañar a los niños en estructuración que aprovechando y disfrutando la producción humana actual y el desarrollo tecnológico, puedan lograr posición de sujeto, actor, capaz de creatividad, instrumentalidad y al mismo tiempo de construir vínculos libidinales e interpersonales intensos y satisfactorios.

Ficha 12040 – “Sobre la constitución del lenguaje” – Beatriz Janin.

En psicoanálisis hablar de lenguaje lleva a reflexionar sobre el sistema preconsciente. Sistema Inc., sistema Prec. Son diferentes modos de ligazón entre las representaciones, diferentes legalidades, diferentes lógicas.

El sistema Inc. Está constituido por representaciones-cosa, regidas por el proceso primario. No hay tiempo ni espacio como conceptos, no existe la negación y dos series opuestas de ideas pueden coexistir sin contradecirse. Universo de la afirmación, sin dudas ni cuestionamientos, supone la movilidad del valor psíquico de cada representación, a la vez que el paso del tiempo no las altera.

El sistema Prec. Está constituido por representaciones-palabra, compuesta por componentes auditivos, visuales, cinéticos, estructurados por el componente auditivo sonoro. Representaciones regidas por el proceso secundario que supone alto grado de estabilidad y a la vez de menor fijeza de cada representación. Aparecen categorías de tiempo y espacio, hay negación, duda, contradicción. Pensamiento preconsciente que debe seguir las vías marcadas por las primeras inscripciones.

¿Cómo aprende a hablar un niño? El niño nace en un mundo de palabras, y es en relación con otros que erogenizan, prohíben, lo ubican, lo ven lindo, grande, fuerte que su psiquismo se va constituyendo. El niño depende de otros para satisfacerse, frente a la tensión de necesidad el bebé grita, llora y es la madre la que va a otorgarle a esa descarga el sentido de un llamado.

Las palabras de los adultos vividas en un principio como ruidos, van siendo ligadas al placer y al displacer, tomando el valor de caricias o palizas. El cuerpo va siendo erotizado, se abren recorridos, zonas privilegiadas de placer. El niño emite sonidos que le producen placer en su repetición misma. No hay palabras ni sentido.

El niño no nombra, si bien es nombrado. El placer narcisista preside su producción sonora en una suerte de fusión con un semejante que no es reconocido estrictamente como tal. Pero también hay fracturas en ese funcionamiento narcisista, que la madre no es omnipotente, que no siempre satisface, que no siempre se fascina. Es decir, se va erigiendo como alguien diferente, ideal, todopoderoso. El niño repite sus palabras.

La palabra se inscribe en ese universo mágico en el que el niño se va diferenciando y a la vez intenta anular las diferencias. En ese sentido, la palabra separa y liga. Las primeras palabras son palabras-frases, es decir, condensan todo un sentido en una misma palabra. Podríamos decir también que son palabras-actos, en tanto presuponen una acción.

De la palabra-frase se pasa a dos palabras, núcleo y predicado, algo que permanece igual y algo variable.

RESUMIENDO: del grito como una descarga se pasa a la repetición autoerótica de sonidos, y luego a la repetición de melodías, pero hasta acá no hay palabras. Estas aparecen posibilitadas por la identificación en el movimiento mismo de acercase y alejarse del objeto investido libidinalmente. Es decir, que para que un niño hable tiene que haber alguien con quien se identifique y cuyos sonidos repita. Pero ese alguien tiene que poder estar ausente para que el niño intente recuperarlo con la palabra. A la vez que ese lenguaje, totalmente ligado a la acción, le posibilita pone afuera y contar a otro sus vivencias, transformando lo pasivo en activo. Estas palabras son tratadas como parte de la cosa. No son representación-palabra.

La madre nombra al mundo y estable un lenguaje íntimo. Pero la madre también prohíbe, dice “no”. Símbolo de negación del que el niño se apropia por identificación, y puede oponerse a los otros. Identificado con la omnipotencia materna, el niño esgrime su “no” frente a los mandados de los otros. Domina y se domina. El que la madre comprenda su lenguaje y le otorgue valor de comunicación posibilita la creencia del niño en la omnipotencia de sus palabras y en la ligazón de estas con el mundo. Pero a la vez la madre deberá desear que ese niño se inserte en el mundo social, para lo cual será imprescindible que acepte normas.

La madre deja de ser fuente del lenguaje pero las leyes del mismo son atribuidas ahora al padre, investido de todo el poderío. Complejo de Edipo, hito clave en la constitución psíquica. El mundo categorizado hasta ahora en términos de actividad-pasividad, va a ser reorganizado en relación a una categoría: el falo.



Estamos en plena conflictiva edípica y el niño puede hablar en primera persona, acepta dolorosamente normas consensuales y su omnipotencia nominativa trastabilla. Las palabras están ligadas a lo concreto, a imágenes visuales. Y el Prec., estabilizado como una organización de representaciones-palabras fuertemente ligadas entre sí en oposición a las pulsiones, posibilita la renuncia a los deseos eróticos incestuosos. Y esta renuncia trae como consecuencia el desarrollo de una actividad intelectual cada vez más vasta que colabora en el dominio de lo deseos. La sexualidad infantil sucumbe a la represión y las instancias psíquicas se diferencian en: Ello, Yo y Super-yo.

El lenguaje se estabiliza como un ordenamiento sujeto a leyes gramaticales, sintácticas, etc.


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