Modelos en psicopatologíA


Determinantes Degeneración hereditaria



Descargar 1.3 Mb.
Página2/3
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño1.3 Mb.
Vistas170
Descargas0
1   2   3

Determinantes Degeneración hereditaria.


CAUSAS

Ocasionales


A partir de este esquema Morel, por primera vez, puede postular una causa que dé razón de la existencia de las vesanias puras o locuras propiamente dichas, es decir, aquellas que no mantenían una conexión causal con un episodio evidente que diera cuenta de su existencia (como es el caso de las enfermedades mentales producto de causas orgánicas). Las causas primarias, orgánicas, podrán entenderse como exógenas, mientras que la degeneración hereditaria será el prototipo de lo endógeno: aquello que mora en el interior, y que tarde o temprano hace su aparición, desencadenando la locura.

La idea más clara que podemos hacernos de la degeneración de la especie humana consiste en representárnosla como una desviación enfermiza del tipo primitivo”, afirmará Morel en su Tratado de las Degeneraciones de 1857. Este tipo primitivo es definido desde el paradigma religioso. Se trata del hombre “creado (por Dios) siguiendo un tipo primitivo perfecto”, en el cual lo esencial es la dominación de lo moral sobre lo físico, de la razón por sobre la pasión. “Toda desviación de este tipo primitivo es una degradación, una degeneración”. “Una enfermedad mental no es más que la expresión sintomática de las relaciones anormales que se establecen entre la inteligencia y su instrumento enfermo, el cuerpo”.

Esta degeneración posee, a su vez, el carácter de transmisibilidad hereditaria: “esta desviación, por simple que se la suponga en su origen, encierra, sin embargo, elementos de transmisiblidad de una naturaleza tal que aquel que lleva su germen se vuelve cada vez más incapaz de cumplir su función en la humanidad, y que el progreso intelectual, ya frenado en su persona, se encuentra también amenazado en sus descendientes”. A medida que el germen patológico se transmite, sus efectos se agravan y la estirpe desciende los grados de la decadencia física y moral hasta “la esterilidad..., la imbecilidad, la idiotez y finalmente la degeneración cretinosa”.9
Moebius.

Al preocuparse por lo hereditario, la psiquiatría se enriquece con otros dos conceptos de no menor importancia práctica, uno introducido por Moebius (1853-1907) y utilizado por Kraepelin en sus sucesivas clasificaciones, el de endógeno y exógeno (...). (Este) implica una consideración causal, lo endógeno califica las causas internas previas al hecho de enfermar; lo exógeno proviene del exterior. Ambas nociones suponen un desfasaje cronológico y, mientras lo exógeno es actual, lo endógeno pertenece al pasado hereditario. (...) La disposición sustentada por la herencia – nuevamente otra construcción a priori – puede a su vez alterarse por diversas causas atribuibles al desarrollo individual. La pubertad y adolescencia, el climaterio o la involución, períodos donde se conjuga una disposición determinada con una circunstancia frágil, están particularmente expuestos y tales momentos se consideran locii minoris resistentiae10, similares a los supuestos por la anatomía patológica. La endogeneidad califica, pues, a la enfermedad mental en tanto ésta no puede explicarse desde fuera, mientras, por contrapartida, afirmar el carácter exógeno de una alteración significa aseverar que su causa debe buscarse fuera. En ambos casos, ya por ausencia, ya por presencia, el efecto externo es el decisivo. En realidad, designar una entidad con el calificativo de endógena no explica nada: sólo es útil en tanto criterio de clasificación, pues su misma esencia – lo endógeno debe ser forzosamente hereditario – no es exacta”.11


Tal como lo comenta Saurí en el texto que acabamos de citar, Moebius será quien retraduzca las teorías etiológicas de la psiquiatría de mediados del siglo XIX en las categorías de endógeno y exógeno. Veamos una parte del escrito de Moebius que da origen a estas categorías:

Todas las condiciones que ocasionan una enfermedad son para "das individuum" externas o internas. Por ello se dividen las enfermedades en dos clases, según sea su "conditio sine qua non" una externa (envenenamiento, trauma) o una interna (por ejemplo, incapacidad de resistencia hereditaria).



En las enfermedades exógenas, son las causas de manera cualitativa muy diferentes (alcohol, plomo, toxinas, etc.); en las enfermedades endógenas sólo hay una causa: la existente predisposición. Aquí sin embargo se origina la diversidad a partir de la cantidad, a partir de la fuerza de la debilidad individual.

Aunque yo tengo que conceder que hoy en día no es posible decidir en todos los casos en cuál de los grupos antes mencionados se deben agrupar las enfermedades, se puede afirmar, sin embargo, que cuanto más crecen nuestros conocimientos más fácil y seguro es ordenar la enorme variedad que ofrece la realidad en los grupos propuestos. Se debe, si se puede, tratar de conocer todas las condiciones de ellas, descubrir la principal, así como la relación de ésta con las causas adicionales. Las enfermedades exógenas son coordenadas. En relación a las muchas y variadas causas externas que pueden hacer enfermar al hombre se encontrarán en consecuencia muchas y variadas enfermedades. Se podrían ordenar basándose en dos fundamentos, por un lado partiendo de la similitud del cuadro clínico, por el otro partiendo del parentesco de las causas. En el primer apartado se incluirían por ejemplo, todas las clases de enfermedades que producen trastornos psíquicos, en segundo, se acoplarían los envenenamientos con metales, con toxinas, etc. Efectivamente, se vienen usando los dos métodos. Algunos libros de psiquiatría describen los delirios febriles, los envenenamientos agudos, los trastornos psíquicos por tumores cerebrales junto a psicosis propiamente dichas. Sin embargo, qué duda cabe que el método segundo es el mejor. El primer método se puede incluir en la sintomatología en general. Aquí se pregunta bajo qué condiciones se presentan alucinaciones, mal humor melancólico, estados confusionales, hemiparesias, etc. En la patología especial debe reinar también para las enfermedades exógenas el principio etiológico. La aplicación de este principio producirá en algunos casos variaciones. Actualmente se encuentra en la patología especial un capítulo sobre la Epilepsia. Allí se describe que la Epilepsia puede tener varias causas: herencia, enfermedades agudas cerebrales en la niñez, alcoholismo, etc. Una división como esta es a nuestro parecer poco útil, dado que un enfermo se puede ayudar a través de una trepanación, el otro a través del deshabituamiento alcohólico. ¡Existe en los dos casos la misma enfermedad!12

En realidad es la Epilepsia un cuadro sintomático, un síndrome, como dicen los franceses, que debe incluirse en la sintomatología en general. Ejemplos similares se encuentran en abundancia especialmente en la Psiquiatría.

En las enfermedades exógenas existen fronteras bien definidas. Transiciones, formas intermedias, no existen. Un envenenamiento con plomo es un envenenamiento con plomo y ninguna otra cosa, una persona padece o no padece tabes13. Naturalmente que puede padecer una persona dos enfermedades, un alcohólico, por ejemplo puede también padecer una parálisis. Dado, sin embargo, que un amalgamamiento de las dos enfermedades no existe, carece de sentido hablar de formas mixtas o compuestas, hablar de una parálisis progresiva alcohólica por ejemplo, es como hablar de un hierro de madera.

En el polo opuesto se encuentran las enfermedades endógenas, (...) una construcción de escalones con igual esencia y que sólo se diferencian en su graduación.

En las exógenas: inconfundibilidad, pura separación; en las endógenas: continuadas formas de transición, imposibilidad de la exacta separación. En las enfermedades endógenas, lo dominante es la degeneración o sea la dañina desviación de la norma. El padecimiento de una enfermedad endógena es sólo posible si se es degenerado. La degeneración es "la conditio sine qua non". La clase de enfermedad endógena que se padece, depende principalmente del grado de la degeneración. Aunque también es posible el pensar que la fuerza y la cantidad de las condiciones adicionales tenga una influencia en la clase de enfermedad que se padece. En la realidad juega esto último sólo en casos contadísimos un papel de cierta importancia.

En los casos en que la degeneración es mínima (trastornos histéricos, por ejemplo), probablemente no conduce, a pesar de graves circunstancias adversas, a una enfermedad psíquica grave. En los casos de degeneración mínima probablemente depende el que uno enferme o no enferme de las circunstancias adicionales. En la vida con el degenerado amable quizás no se presenten trastornos notables. Pero si se ve afectado por degeneraciones casuales (horror, miseria, enfermedad exógena) crece en consecuencia en él el existente germen potencial.”14
Utilización en Criminología.

Antes de dedicarnos a estudiar el "uso psicopatológico" que Kraepelin hará de las categorías de endógeno y exógeno, es interesante resaltar que, hacia finales del siglo XIX, las mismas encontraron una importante repercusión en una disciplina de reciente aparición: la criminología. Definida como "la ciencia que tiene por objeto el estudio de la etiología del delito"15, se propone objetivar al criminal y establecer las causas de su accionar, con una clara intención positiva de conocer para poder prevenir. En este contexto tanto la teoría de la degeneración como la idea de la existencia de causas endógenas que premoldean a los individuos, determinando sus caracteres patológicos, resultaron ser "llaves maestras" que permitirían al científico determinar sin error los signos que harían evidente al individuo criminal, aún antes de que este cometiera un crimen. Así hallamos las especulaciones del médico italiano Cesare Lombroso, quien progresa desde la teoría del atavismo, la que entiende al delincuente como un "tipo" particular dentro de la sociedad que aún conserva los rasgos del hombre primitivo, con sus instintos hipertrofiados, sus impulsos agresivos y sus características craneocefálicas, pasando luego por la teoría de la locura moral, que define al criminal como a un individuo que, teniendo intactas sus facultades intelectuales, se halla sin embargo afectado de una atrofia de su afectividad, careciendo de sentimientos y de sentido moral. Este loco moral o delincuente nato terminará siendo explicado por Lombroso, en términos etiológicos, a partir de la teoría de la epilepsia larvada: se trata de un tipo de afección del cerebro que produce ausencia y estados de confusión que llevan al individuo a delinquir. Como se podrá observar, existe en Lombroso un pivoteo constante entre explicaciones organicistas y explicaciones "morales".16

Para la misma época el francés Carlos Feré, en su obra Degeneración y criminalidad17 afirma:

"La causa que domina en el desarrollo de las alteraciones mentales, la causa de las causas, es la degeneración orgánica hereditaria, congénita o adquirida, permanente o transitoria, y que tradúcese en una susceptibilidad particular del sistema nervioso. Esta susceptibilidad no entra en juego sino mediante la acción de causas externas más o menos fáciles de percibir, mas inherentes al medio en que vive el individuo predispuesto."18
Kraepelin.

Tal como lo indica Saurí, con Kraepelin las nociones endógeno – exógeno cobran el mayor despliegue, sirviendo de eje organizador de sus nosografías, y al mismo tiempo, demostrando el alto grado de especulación que requieren para su uso. Así, podemos leer en el tomo destinado por Kraepelin a la Demencia precoz de su Tratado de Psiquiatría (8° edición, 1909/13): “Las causas de la demencia precoz están, en la actualidad, todavía envueltas en una oscuridad impenetrable”, cuestión que no le impide afirmar que “la causa verdadera de la demencia precoz no reside en la raza, ni en el clima, ni en la alimentación ni en ninguna otra circunstancia general de la vida”, y lo lleva a situarla dentro del grupo de las enfermedades endógenas, resultando su origen de “una auto – intoxicación como consecuencia de un desorden del metabolismo”.19

En la ya citada octava edición (que resultará ser la definitiva) Kraepelin organiza su nosografía exclusivamente a partir de la oposición endógeno – exógeno, sintetizando así el pensamiento psicopatológico de esos últimos 50 años (recuérdese que tanto Morel como Griesinger tendrán una influencia decisiva en la obra de Krafft Ebing, quien a su vez será retomado por Kraepelin). El sesgo ético – religioso que surgía con claridad del pensamiento de Morel quedará oculto tras una capa de objetividad científica bajo la aparentemente neutra denominación de endogeneidad.
Kraepelin (8° edición, 1909/13).

Causas exógenas:


  1. Locura de las heridas del cerebro.

  2. Locura de las enfermedades del cerebro.

  3. Intoxicaciones.

  4. Locuras infecciosas.

  5. Debilitamientos sifilíticos.

  6. Demencia paralítica.

  7. Locuras seniles y preseniles.


Causas oscuras: (exógenas con componente endógeno)

  1. Locuras tiroidógenas.

  2. Demencias endógenas: Demencia precoz, Parafrenias.

  3. Epilepsia.


Causas endógenas:

  1. Locura maníaco-depresiva.

  2. Enfermedades psicógenas:

  • Neurosis de actividad: Neurastenia; neurosis de espera.

  • Psicosis de relación: Folie a deux; Delirio de persecución de los sordos.

  • Psicosis de destino: Neurosis traumática; psicosis de los prisioneros; delirio de querulancia.

  1. Histeria.

  2. Paranoia.

  3. Estados patológicos constitucionales.

  4. Personalidades psicopáticas.

  5. Detención del desarrollo psíquico (Oligofrenias).

(Las primeras siete categorías se corresponden con las locuras orgánicas de Morel y Krafft Ebing, así como las siete últimas lo hacen con las locuras funcionales o hereditarias. Las categorías intermedias se aplican a los cuadros de etiología oscura, dentro de los cuales se aloja la demencia precoz).


Los conceptos de proceso y desarrollo.

El psiquiatra y filósofo alemán Karl Jaspers creará, a principios de este siglo, una oposición conceptual que resultará luego esencial al pensamiento psiquiátrico y psicopatológico: es aquella que enfrenta las nociones de proceso y desarrollo. Lacan, en su tesis de doctorado de 1932, comenta así esta oposición:


“El concepto de proceso psíquico se opone directamente al de desarrollo de la personalidad, que puede ser expresado siempre en relaciones de comprensión. Introduce en la personalidad un elemento nuevo y heterogéneo. A partir de la introducción de este elemento se forma una síntesis mental nueva, una personalidad nueva, sometida de nuevo a las relaciones de comprensión. El proceso psíquico se opone así, por otra parte, al curso de los procesos orgánicos cuya base es una lesión cerebral: estos, en efecto, van acompañados siempre de desintegración mental. (...)"
Existirían, entonces, dos grandes formas de evolución: por un lado los procesos, que pueden ser psíquicos o físicos (orgánicos), y por otro lado los desarrollos, que incluyen las así llamadas reacciones.
"Para que un fenómeno psicopático20 sea considerado como una reacción de la personalidad, es preciso demostrar que ‘su contenido tiene una relación comprensible con el acontecimiento original, y que su evolución depende del acontecimiento, de su relación con él’. (...) Semejante reacción – sostiene Jaspers-, a pesar de las huellas que deja en la vida sentimental y afectiva, es, en principio, reductible.

El carácter del proceso psíquico es completamente diferente: es, en esencia, un cambio de la vida psíquica, pero un cambio que no va acompañado de ninguna desintegración de la vida mental. Determina una vida psíquica nueva, que se mantiene parcialmente accesible a la comprensión normal y que parcialmente le sigue siendo impenetrable. (...)

Estas modificaciones psíquicas, causadas por procesos, son en principio definitivas.

Jaspers distingue, asimismo, unas modificaciones que están a medio camino entre la reacción y el proceso. Son aquellas que, a pesar de estar determinadas de manera puramente biológica y a pesar de no tener relación con las vivencias del enfermo, son sin embargo restaurables y dejan intacta la personalidad: tales son los accesos, las fases y los períodos, de los cuales encontramos ejemplos en tantas enfermedades mentales.”21




Desarrollo de una personalidad.

Proceso psíquico.

Proceso físico psicótico.

Desarrollo lento de los síntomas, según un modo análogo al progreso normal de la vida, tal como se ha manifestado desde la infancia.

A partir de un momento un nuevo desarrollo.


Determinado, se inaugura


Injerto parasitario único, comparable al progreso de un tumor.

Irrupción siempre nueva de instancias psíquicas heterogéneas.

Los episodios agudos no acarrean ninguna perturbación duradera. Se restablece el statu quo ante.

Los episodios agudos tienen como consecuencia una perturbación no restaurable.

El que la perturbación sea pasajera o duradera depende del proceso físico subyacente, no de las propiedades del proceso psíquico paralelo directo.

Cuando un episodio agudo22 culmina en la curación y no depende de un proceso físico-psicótico, nos encontramos ante una reacción o un episodio periódico.




A partir de una predisposición personal unívoca es posible deducir la vida entera.

Esta deducción tropieza con límites cuando se llega al momento preciso en que sobreviene el elemento nuevo, la perturbación heterogénea.

Esta delimitación se sigue, en último análisis, de las particularidades dadas del proceso físico.

Para sintetizar, estableceríamos:



  • Procesos: de origen psíquico o físico, se determinan a partir de lo incomprensible de su evolución. Surge de improviso, allí donde nada los hacía esperar, y evolucionan hacia un estado del cual no es posible regresar a la situación anterior. En el caso de los procesos físicos, es el daño orgánico el que determina las características del cuadro (duración, intensidad, etc.)

  • Accesos, fases, períodos: de origen orgánico, son acotados en el tiempo, teniendo modos de comienzo y fin que regresan la personalidad a su forma original.

  • Desarrollos: implican la idea de despliegue y desenvoltura de un núcleo disposicional acorde con la personalidad premórbida, lo que da al cuadro su característica de comprensibilidad. Incluyen las "reacciones", en las cuales el punto de origen (es decir, el acontecimiento que causa la reacción) comanda la dinámica del cuadro.

La dinámica de la enfermedad se reúne así con la intención comprensiva, dando lugar al nacimiento de la psiquiatría fenomenológico - existencial.
Endogeneidad, predisposición, personalidad.

La distinción, introducida por Jaspers entre proceso y desarrollo se vincula también con los conceptos de endógeno y exógeno. Veamos una aplicación posible de esta relación en la obra de Bonnet: Todo traumatismo psíquico o físico que llegue a conmover y perturbar el equilibrio afectivo (anímico) de un sujeto, constituye una ‘vivencia’ psicotraumática. La respuesta a tal ‘vivencia’ puede ser inmediata o de corta duración, o bien prolongada en el tiempo. En el primer caso se hablará de una reacción y en el segundo, de un desarrollo. En otros términos, la reacción es una manifestación aislada que dura horas o, a lo sumo, dos meses y desaparece dejando rastros mínimos. El desarrollo, en cambio, se mantiene en el tiempo y puede durar tanto como la vida misma del individuo (...). Cuando existe una personalidad previa por parte del sujeto (personalidad psicopática) se hablará de desarrollos y reacciones psicopáticas. En cambio, si ella no existe y prevalece lo ambiental, se estará frente a reacciones y desarrollos psicógenos.23


REACCIÓN: inmediata, de corta duración, aislada

TRAUMA


DESARROLLO: se mantiene en el tiempo, pauta estable


Con personalidad patológica previa (¿degenerados?)

Sin personalidad patológica previa

Reacciones y desarrollos psicopáticos (PSICÓPATAS)

Reacciones y desarrollos psicógenos (NEURÓTICOS)

Endógeno “despertado” por trauma exógeno.

Exógenos puros.

Este mismo autor califica al proceso de la siguiente forma: “cambio patológico profundo, destructivo y crónico de la personalidad psíquica del individuo, hasta ese momento mentalmente sano”. Es siempre de origen endógeno y se reserva para las psicosis (esquizofrenia y paranoia según este autor).

Todas estas concepciones parecen “reclamar” la existencia de la noción de personalidad, un concepto que dé existencia a una entidad que no sólo organiza al psiquísmo sino que le da consistencia: “A cada uno de nosotros [la personalidad] se nos muestra como el elemento de síntesis de nuestra experiencia interior. La personalidad no solamente afirma nuestra unidad, sino que también la realiza; lo que hace, para ello, es armonizar nuestras tendencias, es decir, las jerarquiza e imprime un ritmo propio a su acción”.24
Desde comienzos del siglo XX, tanto en Francia como en Alemania, se irá desarrollando en torno a estas nociones la corriente denominada psicodinámica. Ella dará un papel preponderante a la vida afectiva y su capacidad para perturbar la vida psíquica en general (lo que puede entenderse como una variación en el paradigma etiológico del siglo XIX que tuvo a lo orgánico como la causa fundamental de las enfermedades mentales). Para tomar un ejemplo de esto veamos la explicación que Bleuler intenta, en 1916, de la paranoia. La presenta como “una formación psíquica que aparenta ser una simple exageración de los procesos normales (...) El único síntoma de la paranoia, la formación delirante, demuestra ser una forma de reacción a ciertas situaciones externas e internas. Invariablemente, en la raíz de la enfermedad se encuentra una situación que los pacientes no pueden asumir y a la cual reaccionan mediante la enfermedad”.25

Vemos reaparecer en este planteo la noción de una personalidad predispuesta (la base constitucional de la paranoia) y una serie de estímulos afectivos (“situaciones vitales desfavorables que humillan al sujeto y lo hieren afectivamente de manera intensa”) que generan como resultado una reacción que termina conformando la enfermedad misma.


Por su parte Kretschmer retomará, en 1918, estas distinciones jasperianas, ampliando su perspectiva. Al estudiar las reacciones se preocupará por el elemento constitucional que en ellas se activa, al que denominará carácter: "el aspecto afectivo y volitivo de la personalidad"26. Un importante grupo de patologías a las que se les comenzaba a suponer un origen "psicógeno" (histeria, delirio de reivindicación, etc.) en tanto se las pensaba bajo el modelo de la reacción van a ser reunidas por Kretschmer bajo la denominación de psicopatías. Así, las psicosis orgánicas serán pensadas como procesos físicos, y sus síntomas dependerán por entero del trastorno orgánico que es su origen; las psicosis funcionales, para las que Morel había propuesto la teoría de la degeneración, se reunirán bajo el rótulo de psicopatías y se las pensará con el modelo de la reacción. Quedaban en pie las psicosis endógenas de Kraepelin: demencia precoz, locura maníaco – depresiva y paranoia. Entre 1921 y 1936 Kretschmer busca establecer el sustrato constitucional de estas patologías, proponiendo la existencia de temperamentos que suelen presentarse en generaciones anteriores a la del enfermo de psicosis.

"Así se constituye la concepción de una serie continua entre formas normales de temperamento (esquizotimia, ciclotimia...), las psicopatías constitucionales, modos de ser permanentes (por oposición a los tipos de reacción...) de los esquizoides y los cicloides, y las dos grandes psicosis endógenas, brutal acentuación 'procesual' de esas predisposiciones latentes."27

Finalmente Kretschmer vinculará esos temperamentos con determinadas estructuras corporales, creando así una tipología que veremos con más detalle:



Los tipos que describimos a continuación no deben considerarse en modo alguno ideales, que hubiesen podido resultar de ciertas ideas directrices y valoraciones arbitrarias. Se han deducido, más bien empíricamente, como sigue: donde es posible examinar un gran número de individuos con numerosas semblanzas morfológicas, hemos intervenido hasta apurar las medidas antropométricas. Obtenidos los valores medios, resaltan los caracteres comunes preponderantes, mientras quedan confundidos en dichos valores los rasgos discrepantes individuales.

Sucede aquí como en la Medicina clínica, o en Botánica o Zoología; los casos clásicos, casi exentos de toda mezcolanza, representantes genuinos de un síndrome o de un tipo racial puro, por reunir todos los atributos esenciales, son hallazgos felices que no se encuentran todos los días. Esto quiere decir que nuestra descripción tipológica, tal como se expone a continuación, no se rige por los casos más frecuentes, sino por los más elocuentes y característicos, por los que expresan con más claridad aquellos rasgos comunes que sólo se aprecian confusamente en la más principal, pero que, sin embargo, pueden confirmarse de un modo empírico.

Con los métodos de trabajo mencionados se han revelado en primer término, a base de nuestro material clínico, tres tipos corporales reiterados y principales, que llamaremos leptosómicos (asténicos), atléticos y pícnicos. Estos tipos se encuentran tanto en hombres como en mujeres, si bien en éstas abundan menos los cuadros tipológicos muy pronunciados, a causa de la menor diferenciación morfológica que suele presentar el cuerpo femenino. Pero el modo de repartirse estos tres tipos dentro de los grupos esquizofrénico y cíclico es muy diverso y notable. Incluso en personas sanas encontramos estos tres tipos por doquier, sin contener nada patológico, salvo ciertas proclividades bionormales, de las que sólo una fracción pequeñísima culmina en un componente patológico, ya en el campo psiquiátrico, ya en el de ciertas enfermedades internas.
a) Tipo leptosómico (asténico)

En términos concisos, podemos decir que, a grandes rasgos, lo esencial del hábito asténico masculino es el reducido crecimiento en grosor en un desarrollo corporal no disminuido, por termino medio, en longitud. Este deficiente desarrollo en grosor abarca todas las partes del organismo (cara, cuello, tronco, extremidades) y todos los tejidos (piel, tejido adiposo, musculatura, huesos y sistema vascular). En consecuencia, encontramos disminuido el peso medio, así como todas las medidas de perímetro y anchura, en comparación con el promedio general masculino.

Por tanto, en los casos patentes, el asténico produce esta impresión general: Persona delgada, que parece más alta de los que es en realidad, de piel enjuta y pálida, de cuyos estrechos hombros penden los brazos flacos, pocos musculados, y manos de huesos delgados; caja torácica alargada, estrecha y aplastada, en la que pueden contarse bien las costillas; ángulo costal puntiagudo, vientre delgado y sin panículo adiposo, y miembros inferiores de características semejantes a los superiores. Es muy constante en los asténicos masculinos el estacionamiento del peso con relación a la talla, y del perímetro torácico respecto al de la cadera.

Estas figuras delgadas y nervudas encajan ya dentro del concepto más amplio de leptosómico, mejor que en el estricto de asténico, reservado solamente a los grados más extremos de la estructura delgada, y en especial a las formas raquíticas genuinas.
b) Tipo atlético

El tipo atlético masculino se caracteriza por el intenso desarrollo del esqueleto, de la musculatura y de la piel.

La impresión general producida por el más perfecto ejemplar de este grupo es la siguiente: Hombre de talla entre mediana y alta, de hombros muy anchos y angulosos, caja torácica robusta, abdomen tenso, tronco estrechado hacia abajo, de tal forma que la cadera y las piernas, a pesar de su robustez, parecen casi gráciles en comparación con los miembros superiores, especialmente con el hipertrófico cinturón escapular. La recia y alta cabeza descansa erguida en el robusto y largo cuello, en el que los rígidos contornos oblicuos del músculo trapecio imprimen su sello característico al encuentro del cuello y el hombro, visto por delante.
c) Tipo pícnico

A la edad media de la vida, en que ha alcanzado su morfología más típica, el tipo pícnico se caracteriza por un desarrollo intenso de los perímetros cefálico, torácico y abdominal, y por la tendencia adiposa en el tronco, con mayor gracilidad del aparato locomotor.

En los casos pronunciados, es típica la figura de talla mediana, contornos redondeados y rostro ancho y blando sobre un cuello corto y compacto; de la profunda, ancha y abombada caja torácica, que se ensancha hacia abajo, nace un robusto vientre adiposo.
Reparto de los tipos corporales entre los síndromes cíclicos y esquizofrénicos

1- Existe afinidad biológica bien notoria entre la predisposición psíquica a la psicosis maníaco depresiva y el tipo corporal pícnico.

2- Existe afinidad patente entre la predisposición psíquica a las esquizofrenias y los tipos corporales leptosómico, atlético y ciertas formas displásicas.28

3- En cambio, es insignificante la afinidad entre la esquizofrenia y el tipo pícnico, por una parte, y entre la ciclotimia y el conjunto tipológico leptosómico-atlético-displásico, por otra.
Estructura de la constitución.

Nuevamente pasamos revista rápida a todo nuestro material clínico ya investigado, y resumimos los resultados conseguidos. En el círculo de formas cíclicas encontramos claro predominio del tipo corporal pícnico, con ciertos estigmas aislados en la configuración facial, en el pelo, etc. En el de las formas esquizofrénicas vimos preponderar una serie de estigmas corporales propios de los tipos asténicos, atlético y displásico, o de mezclas de todos ellos. Por consiguiente, existe predilección por ciertas formas psiquiátricas en determinados tipos de estructura corporal”.29
Las concepciones etiológicas freudianas.

Las tesis fundamentales de Freud acerca de la etiología de las neurosis colocan a la sexualidad como núcleo productor de las mismas. Y sin embargo, los síntomas patológicos no se entenderán, como lo hacía Krafft Ebing, como la expresión de instintos pervertidos cuya naturaleza ha sido alterada (idea que retoma las tesis morelianas de la degeneración). Los psiconeuróticos de Freud no son “degenerados”: son seres normales que han sufrido, en su infancia, traumas que han perturbado la natural evolución de las pulsiones sexuales. Freud parece ser el primer teórico que retoma los conceptos “conservadores” (instinto, inconsciente, que hablan de aquello que la naturaleza determina en cada uno de nosotros y que resulta, por tanto, inmodificable) dándoles un sentido nuevo:

El problema de porqué y cómo contrae un hombre una neurosis es ciertamente uno de los que el psicoanálisis habrá de resolver. (...) ¿Qué sabemos hasta ahora sobre esta cuestión? En realidad, sólo hemos podido establecer seguramente un único principio. En las causas patológicas de la neurosis distinguimos dos clases: aquellas que el hombre trae consigo a la vida - constitucionales – y aquellas otras que la vida le aporta – causas accidentales -, siendo precisa, por lo general, la colaboración de ambos órdenes de causas para que surja la neurosis”.30

Los factores endógenos y exógenos aparecen conjugados en el pensamiento de Freud. En el interior de cada individuo mora tanto lo innato como lo adquirido. Surge así una dimensión dinámica de los conceptos: lo que ayer fue exógeno (v.g. un trauma infantil) hoy resulta endógeno (v.g. el núcleo de la neurosis).

Esta necesidad de conjugación causal dará lugar, finalmente, a la noción de series complementarias:

Constitución sexual Vivenciar infantil





Compartir con tus amigos:
1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos