Misericordiosos como el padre


MEDIOS PARA DISMINUIR O SUPRIMIR LA PENA TEMPORAL



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MEDIOS PARA DISMINUIR O SUPRIMIR LA PENA TEMPORAL:

La Iglesia ofrece al cristiano tres medios para disminuir o extinguir la pena temporal merecida por el pecado en esta vida. Estos medios son: La Satisfacción sacramental, el mejoramiento de la calidad de la vida cristiana y el Don de la Indulgencia. Veamos cada uno de estos medios:


La satisfacción Sacramental: Es la penitencia que el confesor impone al penitente. La absolución sacramental quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó. Por eso el penitente debe hacer algo más para reparar sus culpas o el daño causado por el pecado. Es decir, debe satisfacer o expiar sus pecados de manera adecuada. Satisfacciones que el confesor puede imponer como penitencias: oraciones, obras de caridad, sacrificios, privaciones voluntarias, reparaciones por injusticias, visitas a enfermos, encarcelados, etc.
Mejorar la calidad de la Vida Cristiana: significa, en el fondo, el caminar hacia la santidad: La vivencia más plena posible de los mandamientos de Dios, cumpliendo en todo su voluntad. Este progreso en la santidad hace disminuir o extinguir también la pena temporal merecida por los pecados. Esto se logra más plenamente aún si hay un constante arrepentimiento de los pecados.
El Don de la Indulgencia: De esta hablamos a continuación en forma más detenida.


  1. EL DON DE LA INDULGENCIA:

Hemos debido hacer un largo recorrido para llegar al tercer modo cómo la Iglesia nos ayuda a disminuir o extinguir la pena temporal merecida por nuestros pecados; y es el Don de la Indulgencia. Este don es concedido por la Iglesia, de un modo especial, durante un Año Santo o Jubiliar. Esto sucede en el Año de la Fe.


El Don de la Indulgencia: Es la remisión o perdón, por parte de Dios, de la pena temporal merecida por los pecados graves o mortales. Estos, sin embargo, ya han sido perdonados, en cuanto a la culpa y a su pena eterna, por el Sacramento de la Penitencia o Reconciliación. El Don de la Indulgencia también perdona la pena temporal merecida por los pecados leves o veniales.
El fiel, bien dispuesto, consigue esta remisión de la pena temporal, que ha sido consecuencia de sus pecados, a través de la misericordia de Dios y de la mediación de la Iglesia. Con la remisión, obtenida por la indulgencia, el cristiano afianza su comunión con Dios y con sus hermanos.
La indulgencia es plenaria si libera al cristiano totalmente de la pena temporal debida por los pecados. Es parcial si lo libera en parte de esta pena temporal. La Iglesia establece si concede una indulgencia como plenaria o parcial. Hemos de hacer todo lo posible, en el caso de la indulgencia plenaria, por cumplir fielmente las disposiciones de la Iglesia para ella, excluyendo todo afecto al pecado, incluso venial. En el Año de la Fe se trata sobre todo de la Indulgencia Plenaria.



  1. EL TESORO DE LA IGLESIA:

La indulgencia es un acto de la Iglesia. La autoridad de ella, por el poder general que le ha dado Cristo de “atar y desatar”, tiene la facultad de otorgar el Don de la Indulgencia a los cristianos.


La Iglesia extrae las gracias o bienes espirituales, que concede con el Don de la Indulgencia, del Tesoro de la Iglesia. Este, que es espiritual, está formado por los méritos infinitos de la expiación de Cristo, lograda por su muerte y resurrección, y por los méritos de la Iglesia, especialmente de la Virgen María y de los Santos.


  1. OBTENCIÓN DEL DON DE LA INDULGENCIA:

La Iglesia para obtener el don de la indulgencia Plenaria en el Año de la Fe establece realizar estas acciones: La participación en la celebración de los Sacramentos de la Penitencia o Reconciliación y de la Eucaristía. Además, orar por las intenciones del Santo Padre el Papa, rezar la oración del Padre Nuestro, orar a la Santísima Virgen María y recitar el Credo. Todas estas acciones se han de cumplir con la intención de obtener el don de la Indulgencia Plenaria.

La Iglesia recomienda la confesión frecuente. Sin embargo, no es necesario confesarse cada vez que se quiere obtener el don de la Indulgencia Plenaria. Es necesario sí tener conciencia de estar en gracia de Dios. La participación en la Eucaristía, y la Comunión en ella, son necesarias para cada Indulgencia Plenaria que se desea obtener.
Todo fiel puede obtener para sí mismo el don de la Indulgencia Plenaria. Esta se obtiene sólo una vez al día. No puede el cristiano aplicar esta indulgencia por personas vivas.
El cristiano sí puede aplicar el don de la Indulgencia Plenaria por los difuntos –familiares, amigos, almas del Purgatorio – a manera de sufragio. Esta es una manera práctica de hacer realidad el dogma de la Comunión de los Santos, que une a los creyentes con Cristo y entre sí, vivos y difuntos, para vivir más plenamente unidos al Padre Celestial.


  1. OTRAS DISPOSICIONES PARA OBTENER EL DON DE LA INDULGENCIA:

Además, de las disposiciones ya puestas por la Iglesia para obtener el don de la Indulgencia Plenaria en el Año Jubilar, ella determina algunas más:


Lugares para obtener la Indulgencia:

El Obispo establece los lugares en los cuales los fieles podrán lograr el don de la Indulgencia Plenaria. En nuestra diócesis de la Santa Cruz de Rancagua se han establecudo algunos lugares, ya detallados en la presente publicación (ver página…….).


Las Peregrinaciones:

La Iglesia pide que el viaje a estos lugares ya indicados sea hecho con sentido de peregrinación; vale decir, con espíritu de oración y de recogimiento interior. La peregrinación a dichos lugares ha de ser signo de nuestro peregrinar, en medio de las dificultades de este mundo, a la Vida Eterna. La Peregrinación puede ser en grupo o individual. Naturalmente que tiene más sentido la peregrinación comunitaria. Por eso hay que privilegiarla.


Una vez llegado al lugar de la peregrinación, los cristianos han de cumplir ahí lo señalado en el número 9: “Obtención del Don de la Indulgencia”. Además, se puede rezar Laudes o Vísperas. O un ejercicio de piedad; como por ejemplo: una celebración penitencial, un vía crucis, el rezo del rosario, un cierto tiempo de meditación espiritual.
Otras Obras: Además de cumplir los requisitos espirituales acostumbrados, sacramentales y de oración, es necesario hacer algunos de estos actos de amor al prójimo, como peregrinando hacia Cristo, pesente en él: Visitas a personas necesitadas: niños, ancianos, enfermos, minusválidos, encarcelados; ayudar a los pobres o a obras sociales o religiosas, destinar partes del tiempo libre a obras en bien de la comunidad, etc. Estas obras se pueden hacer en forma individual o comuitaria. Serán fruto de la caridad, que pretende fomentar en los cristianos la acción social, el espíritu de solidaridad y la presencia en las necesidades de la comunidad.
Otras acciones más personales que se pueden hacer son: Obras que favorezcan el espíritu penitencial, como abstenerse, al menos un día, de cosas superfluas (tabaco, bebidas alcohólicas): realizar el ayuno y la abstinencia según las normas de la Iglesia.
Es conveniente que alguna o algunas de estas obras prescritas se hagan el mismo día en que se participa en la Eucaristía, necesaria para cada Indulgencia. Se recuerda que el don de la Indulgencia Plenaria se puede obtener sólo una vez al día.
Enfermos, Ancianos y Encarcelados: Estos hermanos, que están en estas condiciones difíciles, orientados por sus confesores o capellanes, podrán obtener también el don de la Indulgencia Plenaria ofreciendo a Dios sus oraciones, sufrimientos y sacrificios en los mismos lugares en que se hallan, uniéndose espiritualmente a cuantos pueden cumplir las normas establecidas por la Iglesia.

CONCLUSIÓN
El primer fruto que la Iglesia pretende, al concedernos durante el AÑO DE LA FE el Don de la Indulgencia, es que logremos nuestra Conversión, personal y comunitaria.
Conversión significa un cambio de mentalidad, de actitud y de vida, que lleve a nosotros los cristianos a una mayor perfección; en el fondo, que nos ayude a caminar hacia la santidad, a la cual todos estamos llamados desde el momento de nuestro Bautismo.
La conversión personal, producida en la vida de cada cristiano, ha de conducir necesariamente a la conversión comunitaria; vale decir, toda la Iglesia, como fruto de la obtención del Don de la Indulgencia Plenaria, ha de salir robustecida en su fe, esperanza y caridad. Así quedará fortalecida con un nuevo ímpetu misionero, como lo pide el Santo Padre, para realizar con un nuevo ardor la Evangelización del inicio del Tercer Milenio.
¡Quiera Dios que obtengamos estos grandes beneficios, mediante el Don de la Indulgencia Plenaria!. ¡Sea para todos nosotros el regalo del AÑO DE LA MISERICORDIA.

Oración del Papa Francisco para el Año Santo de la Misericordia

Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo,

y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.

Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.

Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero;

a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad solamente en una creatura;

hizo llorar a Pedro luego de la traición,

y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.

Haz que cada uno de nosotros escuche como propia

la palabra que dijiste a la samaritana: ¡Si conocieras el don de Dios!

Tú eres el rostro visible del Padre invisible,

del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia: haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti,

su Señor, resucitado y glorioso.

Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad

para que sientan sincera compasión por los

que se encuentran en la ignorancia o en el error:

haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado,

amado y perdonado por Dios.

Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción

para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor

y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres

proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos

y restituir la vista a los ciegos.

Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia,

a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

ÍNDICE GENERAL


  • “Misericordiosos como el Padre” (Carta de Monseñor Alejandro Goic)




  • Actualizando la aplicación de las propuestas sinodales




  • Dos nuevas prioridades sinodales (Vocaciones y Migrantes)




  • Logo del Año Santo: el sentido de la Misericordia




  • Algunas reflexiones previas




  • Indicaciones prácticas en nuestra diócesis




  • Programación pastoral 2016 (en el marco del Año Santo)




  • Programación pastoral 2016 (en la pastoral habitual)




  • “El Don de la Misericordia” (Monseñor Miguel Caviedes)




  • Oración por el Año Santo de la Misericordia




  • Índice general


DIÓCESIS DE LA SANTA CRUZ DE RANCAGUA

VICARIA EPISCOPAL PARA LA PASTORAL

SECRETARIA EJECUTIVA

Edición:

Pbro. Hugo Patricio Yáñez Canales

Secretario Ejecutivo del Segundo Sínodo Diocesano

Vicaría para la Pastoral de la Diócesis de Rancagua

Rancagua


Primera edición de marzo de 2016

1.500 ejemplares


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