Mentira y verdad el amor a la virtud



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MENTIRA Y VERDAD

1.- El amor a la virtud. Amen el bien y aborrezcan el mal. Un profundo deseo en la vida desde la juventud. Eclesiástico 51,13. “Siendo joven”.

Dios es verdad. El que busca la verdad está buscando a Dios, aunque no lo sepa. El que ama la Verdad está amando a Dios, aunque no lo sepa.

La verdad es bonita y la mentira es fea. Vean qué feas son las palabras del vocabulario de la mentira: mentir, engañar, defraudar, traicionar, sacar la vuelta, simular, pretender, hacer trampas.

Y los adjetivos, mentiroso, embustero, falso, farsante, fullero, impostor, tramposo, simulador, infiel, fraudulento…

Qué bonitas son las palabras que designan a la verdad, veraz, sincero, noble, leal, auténtico, coherente, genuino…

Nuestros padres nos enseñaban a decir la verdad. Nos decían que si mentíamos se nos ponían blancas las uñas, o nos crecía la nariz como Pinocho (lo cual no es verdad). Nos decían que es feo mentir, pero les veíamos mentir continuamente. En ocasiones nos obligaban a decir mentiras, a parientes, a vecinos, a proveedores. Con su conducta nos estaban enseñando a mentir.

Cuando el adulto es mentiroso, está enseñando a sus hijos a serlo.


2.- Por la mentira vino la ruina del mundo.

El pasaje del Paraíso en el jardín. La serpiente me engañó, me prometió que seríamos como dioses. Pero luego ya empiezan a mentir y a echarse las culpas uno al otro. La serpiente me engañó. La mujer que me diste me dio a comer…

Jesús nos dice que el demonio era mentiroso desde el principio. Nos dice que es asesino. Mata con sus mentiras. Hay palabras de vida y palabras de muerte. Las mentiras son palabras de muerte. En cambio la verdad es la que nos hace libres. Pero la libertad es la que nos permite decir la verdad. Solo puede decir la verdad el que es libre de miedos, de ambiciones.

Para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz. Por eso le queremos a Jesús como encarnación de la verdad. Dio la vida por la Verdad.

Mentira no es solo lo que se dice, sino también lo que se hace, y sobre todo lo que se vive. Hablamos de vivir una doble vida. El Padre Maciel de los legionarios fue un maestro consumado en el arte de vivir una doble vida. Vivir en la verdad es poder manifestar lo que somos, es transparencia de lo que somos y pensamos.
3.- La mentira es instrumento de todos los otros pecados y pasiones malas.

La soberbia nos lleva a mentir para que nos tengan en más de lo que somos. La avaricia nos lleva a mentir, para aprovecharnos de los demás, enriquecernos, defraudar. La lujuria nos lleva a mentir, a seducir con falsas promesas, a mostrar un cariño que no es más que pasión de gozar de la otra persona sin compromisos ni fidelidades.


4.- La mentira no paga.

Con las mentiras podemos llegar muy lejos, pero ya no hay la posibilidad de volver atrás. Solo queda la fuga hacia delante. Una mentira me obliga a decir, otra, y otra, y otra. Y llega un momento en que quedo atrapado en la mentira.

Llego a olvidar las mentiras que les he dicho a unos y las mentiras que les he dicho a otros, y me siento ya inseguro a la hora de hablar, por miedo a quedar al descubierto. El miedo a que te descubran va a generar continua inseguridad, y vivir en condición de esclavo. La verdad siempre sale a la luz, tarde o temprano.

Una vida tejida con una trama de mentiras y ocultamientos equivale a una vida no saludable con consecuencias psíquicas y somáticas, desde problemas respiratorios y cardíacos.



5.- ¿Por qué mentimos?

a) Para conseguir algo injustamente. Por eso la mentira está asociada siempre a la injusticia. Quien ama la verdad, ama la justicia y viceversa.

Puedo mentir para sacar algo material, vendo un producto deteriorado diciendo que es bueno. Falsifico un documento para quedarme con algo que no es mío. Juro en falso en el tribunal para ser absuelto. Falsifico las balanzas, o las pesas y medidas.

Puedo mentir para conseguir algo afectivo. Es la actitud del seductor. Finge cariño cuando solo tiene deseo de gozar a la otra persona. Engaña sobre su identidad, diciendo que es soltero, o diciendo que no tiene otra enamorada, cuando es casado o comprometido con otra chica, o seminarista. Promete en falso fidelidad, o cosas que no está en absoluto dispuesto a cumplir.

Puedo mentir para conseguir algo honorable, cosas que no merezco, un aprobado, un título universitario, un triunfo en el deporte, un puesto de trabajo, una beca. Hacer trampa en los trabajos académicos bajándose cosas de Internet. Lo que hemos conseguido con trampas n es nuestro.


b) Para librarnos de algo que nos incomoda:

Para librarme de una reprensión merecida, de un castigo merecido. Muchas veces simplemente para salir el paso. Para quitarme a alguien de encima.

Para justificarme por algo que hice mal, sin querer reconocer que hice mal, y que era consciente de que lo estaba haciendo mal. Hay gente ingeniosísima para encontrar disculpas, o mentiras para justificar todo lo que hace.
c) Porque no sé llevar la contraria, por timidez o inseguridad. Hay que saber decir que sí y decir que no.
d) Para hacer daño a los demás llevado de la envidia o el rencor. Ahí está la calumnia, el levantar sospechas a personas inocentes. La envidia es muy común en nuestra cultura. Los brujos viven de la mentira, y enemistan a los vecinos. El mal ojo.
e) Para mejorar mi imagen, o para mantenerla.

Estas son las mentiras más peligrosas. No me gusto tal como soy, me avergüenzo de mí mismo, y trato de forjarme una falsa imagen ante los demás. El bajito se pone tacos. Nos subimos a un pedestal. Nos forjamos una falsa identidad. Ocultamos nuestro pasado, el estatus social de nuestra familia. Hoy el Internet es ideal para vivir identidades falsas. Presentarme ante los internautas como el que me hubiera gustado ser y no he sido.

Ahí vienen los autoengaños. Acabo de irme creyendo mis propias mentiras, y al final ya no sé quién soy yo en realidad.

Viene de una necesidad morbosa de ser aceptado, de no ser rechazado. Seré como tú me deseas. Si me rechazan, no soy nadie. A distintas personas les doy diferentes rostros. Tengo todo un juego de máscaras. La máscara que me pongo frente al formador, la que me pongo frente a mis compañeros, la que me pongo ante mi familia, la que me pongo ante una chica que me gusta. Al final ya no sé quién soy yo en realidad.

El síndrome de la máscara. Es un miedo a que se descubra un día quién soy en realidad. Soy consciente de que me he forjado una identidad falsa. Si la gente me conociera tal cual soy, seguro que se decepcionarían. Tengo miedo que en cualquier momento se me caiga la máscara, y diga o haga algo por lo que la gente llegue a enterarse de quién soy yo en realidad.
La humildad es la verdad. Santa Teresa. Será el tema de nuestra próxima charla.
apéndices
VIVIR EN LA VERDAD

Con la mentira se puede llegar muy lejos, pero ya no se puede regresar nunca.

La mentira tiene lugar en todos los otros pecados, es una dimensión que nunca falta en cualquier pecado. Con la mentira deshonramos a nuestros padres. Con la mentira engañamos para conseguir los favores sexuales de las personas. Con la mentira robamos y defraudamos.

http://www.vitral.org/vitral/edvitral/edit/18.htm

Vivir en la verdad no es sólo no mentir. Es echar fuera de nuestra vida la mentira. No sólo la mentira llamada «piadosa», se trata de esa gran mentira que es vivir engañándonos a nosotros mismos y sometidos a una vida de mentira.

No se trata de moralizar, ni de filosofar, se trata de vivir en la verdad o vivir en la mentira. Se trata de vivir permanentemente en búsqueda de la verdad o vivir permanentemente en medio de una mentira, o aún peor, vivir gracias a la mentira.

La verdad no es una abstracción filosófica desarraigada de nuestra existencia cotidiana, es el camino que se va abriendo a fuerza de las pequeñas verdades que van tejiendo la Verdad en que deseamos vivir. Siempre más allá, siempre más arriba, hasta trascender nuestra propia verdad y acceder a vislumbrar la verdad que está en el otro hombre y la Verdad que es el Otro: El Absoluto, a quien llamamos Dios.

La mentira no es sólo la que se dice. Es también la que se hace, es, sobre todo, la que se vive. Si una persona vive en la verdad y dice una mentira falla, pero sabe que falla y le duele fallar. Pero una persona que vive en la mentira, no sólo no le duele la mentira sino que encuentra en la falsedad una manera de vivir mejor, una coartada para seguir "viviendo en la mentira".

La verdad duele y vale sacrificio. La mentira es fácil y alivia el dolor del momento. Pero quien se sacrifica por la verdad siente una gran liberación por dentro y se sacude de un gran peso por fuera. Pero el que vive en la mentira luego del alivio momentáneo, carga con el peso de la doble cara hasta que reconoce con doble dolor y vergüenza que mintió, o peor, que está viviendo en la mentira.

Vivir en la verdad es, primero que todo, ser fiel a tus propias convicciones, a tus proyectos. Es sufrir por decir y hacer lo que consideramos verdadero aún cuando la inmensa mayoría vaya contracorriente. Decir una verdad en un ambiente donde se vive en la mentira es doloroso, pero intentar vivir en la verdad en un ambiente donde se vive mucho en la mentira es heroico.

Probemos: mañana cuando salgamos de nuestra casa, o mejor, antes de salir de ella, hagamos el propósito de intentar ser transparentes, es decir: pensar con nuestra cabeza, decir lo que pensamos, y hacer lo que decimos y pensamos, si consideramos que lo que pensamos, decimos y hacemos es bueno y verdadero.

Si pronto comenzamos a chocar con la mentira, no con las mentiras sino con esa mentira que se ha hecho modo de vida, forma de relacionarse, modo de gestionar, modo de mal-informar y modo de dirigir la cosa pública, entonces estamos viviendo en un ambiente de doble moral, de falsedad, de falta de transparencia.

Se trata de decir que vamos a hacer lo que hacemos por una decisión de conciencia. Se trata de dejar a un lado los certificados médicos, las justificaciones inventadas, los Sí que son No por dentro. Se trata de dejar de pensar que NO diciendo que Sí. Se trata de pensar que sí, decir que sí y hacerlo así. O por otro lado, como nos enseñaba tan acertadamente el Profesor Calviño en su programa de televisión, se trata de aprender a decir NO cuando en nuestra conciencia y nuestra decisión personal sea NO.

Se trata de que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no. Tan sencillo y tan viejo como el Evangelio donde Cristo lo recomienda.

Si mientras usted lee esta reflexión ha comenzado a pensar que hacer esto mañana en su trabajo, en su familia, en su escuela, o en la calle le resulta difícil, muy difícil, casi imposible, porque lo perjudicaría, porque perdería el trabajo, porque lo castigarían con un salario menor o le pondrían «una mancha en su expediente», entonces usted podrá comenzar a considerar que vive en una sociedad en que para vivir hay que mentir. Y eso es una pobreza que debemos sanar.

«La verdad nos hará libres»- dijo Jesucristo y su vida tuvo como misión decir y vivir la Verdad. Eso lo llevó a los tribunales de Poncio Pilato y de Herodes. Ante Pilato, habló Jesús y dijo: «Yo para eso he venido al mundo para dar testimonio de la Verdad. Todo el que es de la verdad sigue mi voz». (Juan18,37). Ante Herodes Jesús calló. Calló, pero no mintió. Habló callando; el silencio es, a veces, un modo de vivir en la verdad.

Vivir en la verdad no es sólo no mentir, sino poder transparentar lo que somos y lo que pensamos. Una sociedad donde hay miedo a decir lo que pensamos es una sociedad que ayuda a vivir en la mentira. El miedo es el rasero del grado de transparencia que vive una persona o una nación. Si hay mucho miedo en usted, usted no está viviendo en la verdad. Si usted ha podido liberarse de los miedos y saltar por encima de ellos, porque no tenerlos es imposible, entonces ha comenzado a vivir en la verdad porque la verdad nos libera.

Vivir en la verdad es poder discrepar sin ser atacado, es poder criticar sin ser discriminado, es poder aportar alternativas sin ser condenado. Es tener un espacio de convivencia y participación donde se acepte a las personas con su diversidad y se promueva el diálogo para llegar a la participación activa y libre.

¿Es así en los lugares donde desarrollamos nuestra vida cotidiana? Mientras más espacios de libertad y responsabilidad haya en las estructuras de un país, mayor será la verdad en que se vive en ese país.

Vivir en la verdad es aceptar que la verdad sobre el hombre, sobre su dignidad y su vocación trascendente está por encima de todas las demás verdades sobre la sociedad, el trabajo, la economía, la política y el Estado. La persona humana es, al mismo tiempo la protagonista de la verdad y el fin de toda verdad.

La única forma de vivir en la verdad y que esa verdad nos haga libres es intentar cada mañana decir NO a la mentira.

A la mentira dentro de nosotros mismos que nos hace tener doble cara.

A la mentira en nuestras familias, que las convierte en un infierno en lugar de un hogar. La mentira en nuestros centros de trabajo, donde tengo que decir No a los informes falsos, a los chismes entre compañeros, a las zancadillas para subir, a las apariencias de las actividades que esconden desastres productivos.

Diciendo No a la mentira de imponer la voluntad partidista sobre la verdad de la ciencia y del humanismo. No a la mentira de llamar manipulación a la verdad y verdad a la manipulación.

Otra forma de vivir en la verdad es decir No a la mentira en nuestras escuelas donde se debe aprobar la verdad como actitud y no como un examen, donde se debe formar al hombre para decir lo que piensa y pensar con su cabeza y no para repetir consignas y dejar de pensar para poder vivir en paz. El promocionismo, el fraude no sólo de los alumnos sino el de los profesores que es mayor y peor por deformante, la corrupción de pedir a los alumnos lo que sus padres pueden «resolver» a los profesores y directores y que no es papel y lápices, u otros materiales escolares -ojalá fuera eso- sino todo tipo de «cosas» de la que puede carecer cualquier cubano, son otras expresiones de esta forma de vivir en apariencia.

Si un niño sale de su familia y de la escuela diciendo mentiras, o lo que es peor, viviendo en la mentira, la familia y la escuela no son lo que deben ser y no están preparando a los cubanos para que la nación pueda vivir en la verdad que la hace libre y que todos debemos salvaguardar. La Patria se defiende más con la verdad que vivamos que con las armas que inventemos.

Las pequeñas verdades vividas en lo cotidiano tienen más fuerza de convicción que cualquier fuerza exterior. El que avanza en los pequeños caminos de la verdad descubre rápidamente que no puede regresar más a una vida atada a la simulación, las máscaras y los ritos externos.

Inventar menos en las armas de la mentira y crecer más en la verdad que nos hace libres: he aquí un posible programa de vida para que cada cubano pueda salvaguardar y promover nuestra verdadera soberanía, nuestra independencia y nuestra nacionalidad.

Si usted se ha acomodado a vivir en la mentira reflexione sobre la calidad de una vida cuyo protagonismo se cambia por ventajas materiales o posiciones sociales.

Si usted ha logrado comenzar a vivir en la verdad comenzará a comprobar la libertad que siente por dentro y el potente influjo que ejerce a su alrededor, porque vivir en la verdad contagia por ser la única forma plena de vivir.

¿Cómo reaccionamos ante esta reflexión?

Pudiera ser un modo de saber si vivimos en la verdad o en la mentira.

Las mentiras son el arma de los tontos, la exageración de los inteligentes. Si vives una mentira lo que va a pasar es que el miedo a que te descubran te va a generar una inseguridad continua y permanente y es vivir en condición de esclavo. Personalmente prefiero la verdad no solo nos hace libres sino como decía Lennon aunque no siempre tiene palabras bonitas nos permite ver el terreno que pisamos.

Es un riesgo el vivir con mentiras. Hay un dicho: la verdad siempre sale a la luz, tarde o temprano. Seria fatal que estés viviendo con mentiras, cuando después descubres que todo en lo que tú crees no es cierto, vivirás engañado, aparte la gente a tu alrededor estará engañando. Es una verdadera pena que la gente se engañe a sí misma, que tengan temor a enfrentar la verdad, es mejor trabajar en eso y buscar soluciones a superarlo en vez de ser unos cobardes y seguir huyendo.

¿Qué son las mentiras? Una mentira no es una realidad relativa, porque si así fuera nada seria verdadero, las verdades absolutas no existen. ¿Qué fondo de verdad existe realmente en la mentira, si es que existe alguno? Hay quien viva en una mentira esforzándose por creer que se trata de una verdad. Hay quien se distorsiona en la realidad al punto de creer en la mentira como una verdad posible, como principio, medio y final, en la seguridad de todo lo que es cierto y de todo lo que debe ser, como si la vida fuera hecha en una escala de negros y blancos puros, ignorando que entre el negro y el blanco existen infinitos colores, todo depende de la luz que dejemos entrar.

La mentira es la distorsión de lo que somos en lo que existimos, es una verdad conveniente que no es verdad, solo lo es porque nos conviene. y en ese mentir somos una manta llena de agujeros, siempre demasiado corta para taparnos el cuerpo entero, y claro, se llega a disimular tanto que acabamos creyendo que no mentimos, y que todo lo que somos es real y transparente.

Pero en realidad, sentimos el vacío de construir en nosotros una inevitable soledad, porque la mentira nos va dejando cada vez mas solos y desamparados, colgados en lo que no es, dejamos de crear porque es mas fácil ser así. Somos capaces de relativizar la verdad al punto de no hacer nada en ella de nada de verdadero ni en nosotros mismos que le dimos origen.

Nos defendemos como verdaderos cuando construimos para nosotros mismos una mentira que nos da seguridad, en una imagen frágil y falsa, lo que somos y la vida que no tenemos y que nos esconde de todo lo que no sabemos ser ni tener por falta de coraje. Los mentirosos son siempre los primeros a decir que no pueden ni saben vivir en la mentira.

Desde mi pobre punto de vista, la mentira no es sino....., una huida calculada a lo que no sabemos responder.

Ahora me hago una pregunta, cuando nos mentimos a nosotros mismos para justificarnos, ¿qué verdad defendemos al final? Mentir es vivir por la mitad, disimular que todo esta bien en nuestra vida, cuando la realidad es que cada vez esta mas desordenada.

Las mentiras son las partes de nosotros mismos que robamos y escondemos de nosotros y de los otros, con la única finalidad de creer que existimos realmente.

A lo mejor con estas frases alguno se encuentra identificado y así de paso yo contesto a algunos de los últimos comentarios colocados en esta pagina, siempre bienvenidos los unos y los otros.


http://www.clarin.com/diario/2003/04/06/s-04415.htm

INFORME ESPECIAL | DOLOR, VERGÜENZA O CONVENIENCIA SON ALGUNAS DE LAS CAUSAS DEL ENGAÑO

Vivir en la mentira produciría daños psicológicos y problemas de salud. La vida con engaños trae miedo y desconfianza, opinan especialistas en salud mental. La mentira puede provocar afecciones respiratorias y cardíacas, y hasta acelerar la muerte de un enfermo terminal.

Laura Haimovichi

Es posible vivir diciendo todo el tiempo la verdad? ¿Se le puede contar a todo el mundo, en cualquier circunstancia, lo que uno piensa? Un sentido de la convivencia social más elemental parecería indicar que no. Que la verdad como valor absoluto es más una aspiración moral que una práctica posible. Y un patrimonio exclusivo de los chicos y los locos.

La mentira, en cambio, es una parte habitual de la conducta humana. De hecho, la mayor parte de los adultos miente por lo menos un poco en su devenir cotidiano. Pero, ese plus ficcional que los individuos aportan a la narrativa de sus vidas para hacerla más bella o disimular algunos aspectos poco atractivos, ¿tiene consecuencias en la salud?

"Una vida tejida con una trama de mentiras y ocultamientos equivale a una vida no saludable, con consecuencias psíquicas y somáticas, porque implica sostener ideales de bienestar a costa de un profundo miedo y una gran desconfianza en la propia capacidad para enfrentar las cosas", dice Perla Pilewski, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Claro que no es lo mismo apelar al engaño como un "recurso de embellecimiento" que mentir siempre como consecuencia de una patología severa. O porque la vida colocó al mentiroso ante una situación que no quiere o no puede enfrentar.

Desde problemas respiratorios hasta cardíacos, pasando por la aceleración del proceso de muerte en los enfermos terminales, son algunos de los resultados que puede acarrear el engaño sistemático. Así opinan profesionales especializados en cuidados paliativos, familias adoptivas y terapeutas de pareja, quienes coinciden en que la verdad puede ser más dolorosa que el engaño, pero hace mejor al cuerpo y la mente. Y que vivir sabiendo las cosas como son otorga una mejor calidad de vida.

¿La razón? Al disponer de toda la información, la persona puede elegir el camino que prefiere y el cuerpo no tiene que tramitar los engaños e interrogantes enfermándose. Si esa información se mezquina, pueden surgir asma, afecciones cardíacas, estrés y hasta "la aceleración de la muerte", según reveló a Clarín la psicooncóloga Juliana Taquini.

Entonces, ¿por qué la gente miente? "Se guardan secretos familiares, se los disfraza o se niega una realidad porque hay un enorme dolor psíquico, una vergüenza extrema, temor a enloquecer e incluso miedo a morir", describe la psicóloga Irene Meler, coordinadora del foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.

"Una cosa es mentir y otra ocultar", discrimina Pilewski, de la APA. "Lo primero es inventar una realidad diferente; en cambio, el ocultamiento, es convertir un tema en tabú, directamente no hablar".

No todas las personas mienten por las mismas razones. "Lo que se quiere ocultar es siempre muy subjetivo", explica Pilewski. A algunos un pasado de pobreza les da vergüenza, a otros, orgullo; hay quienes engañan sobre su edad, otros inflan sus lecturas, inventan viajes o amores porque su experiencia les parece muy pequeña.

Pero además, están los que mienten como una estrategia para sacar ventaja. "El que mantiene una relación triangular no quiere renunciar. Manipula y confunde a su pareja oficial: dice que fue a una reunión de trabajo cuando en realidad estuvo con su amante", dice Irene Meler. Y si su pareja encuentra algún indicio, descalifica su pensamiento. El engañador tiene una doble vida, "está disociado", dicen los psicoanalistas. El engañado puede ser inteligente pero "puede atontarse o disminuir su capacidad intelectual" porque está en juego su afectividad, aporta Meler.

A mentir —y a decir la verdad— en general se aprende en la infancia. Cuando el chico forma su mundo idiomático, repitiendo las narraciones que escucha en su casa. Por eso, cuando el adulto es mentiroso, aun sin darse cuenta, le está enseñando a sus hijos a serlo.

Hay dos tipos de mentira: la social y la familiar", señala la licenciada Bobbie Scheffel de Méndez Huergo, especializada en psicología educacional. "La primera es la que se utiliza para zafar: por ejemplo, al hacerse negar cuando a uno lo llaman por teléfono; la mentira familiar es cuando los papás le inventan una historia a su hijo para disfrazar algo que ellos mismos no quieren aceptar: 'Papá se fue de viaje' o 'El abuelito se mudó muy lejos', dicen ante un divorcio o una muerte que no soportan. "El costo puede ser alto: el chico percibe la ambigüedad, llena los espacios vacíos con fantasía y se debilita. Una consecuencia posible en su salud mental es que tenga problemas de aprendizaje en la escuela", explica Méndez Huergo.

El momento en que la familia cuenta la verdad de su historia es un pilar para la identidad del chico adoptado y por eso esa situación también es muy temida", dice Aurora Martínez, coordinadora del foro de adopción de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. "Nosotros aconsejamos hablar con los chicos cuando éstos ya adquirieron el lenguaje. La familia adoptiva se nombra a sí misma como tal, construye su relato y esto da tranquilidad y seguridad, aunque haya un poco de sufrimiento."

Aceptar la verdad, siempre, implica matar una ilusión y elaborar un duelo: el papá adoptivo, al asumir que no pudo concebir el hijo soñado; el chico, al saber que no estuvo en la panza de su mamá.

Además de situarse en el campo de la ilegalidad —la ley exige que la sentencia de adopción obligue a los padres a contarle al hijo su realidad biológica—, la mentira, asegura Martínez "provoca duelos patológicos que impregnan y enferman a todo el grupo familiar, generando una falsa identidad", que hasta puede llegar a convertirse en una psicosis grave.

El valor de la verdad a veces es relativo. Las mentiras piadosas parecen necesarias para soportar distintas vicisitudes "No es igual que un chico haya sido abandonado en un hospital que en un tacho de basura. Ese dato lo puede afectar muchísimo"

La verdad no debe matar la esperanza cuando se trata de alguien que padece una enfermedad terminal. Porque las personas también tienen derecho a no querer enterarse. "Una vez que tienes el diagnóstico, lo que decís es lo que el paciente quiere admitir: la verdad tolerable", explica la psicooncóloga Taquini, del Centro de Orientación y Acompañamiento del Duelo.

Sucede que no todos desean saber que les falta poco tiempo para morir. "Uno proporciona la información que el enfermo quiere recibir. Aunque un diagnóstico confuso, mentiroso, también puede afectar el sistema inmunológico".



De todos modos, la experiencia de Taquini le indica que en la situación de terminalidad "saber la verdad da un mejor manejo del dolor y ayuda a hacer una buena despedida. La rabia es inevitable pero la información real permite dirigir toda la energía a la lucha por la vida"




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