Módulo psicologíA


Jean Auguste Dominique Ingrés (Francia 1780 – 1867)



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Jean Auguste Dominique Ingrés (Francia 1780 – 1867), Edipo y la Esfinge.

Un conflicto afectivo básico (complejo de Edipo) entre madre, niño y padre dará paso a la primera represión de representaciones displacenteras que conformarán el núcleo del inconsciente. Freud habla de una represión primaria, o primer momento de represión.



Este modelo freudiano toma el mito griego de Edipo para explicar un estadio del desarrollo psicosexual del niño. Freud analiza este complejo en función de un conflicto básico producto de un apego sexualizado hacia los padres (en el mito griego Edipo es castigado por los dioses al matar a su padre y desposar a su madre sin saberlo, luego de salvar a la ciudad de Tebas de una temible esfinge, animal mitad mujer y mitad león.)
La resolución del complejo de Edipo permite que el niño, al aceptar inconscientemente los límites que los padres le imponen, asuma las prohibiciones sociales que lo determinarán culturalmente
El niño acepta inconscientemente que no puede desear, como objeto de amor a su madre, esto le es impuesto socialmente a través de los mandatos paternos y maternos. Debe asumir que él no es todo para la madre, ni que puede desear que ella sea todo para él. De esta forma el niño se ve obligado a asumir la represión primaria de sus deseos de amor total y egoísta y debe incorporar un mundo social con el que deberá convivir y en el que deberá, ahora culturalmente, encontrar satisfacción de sus deseos conviviendo.
Esta etapa inicial de la vida emocional y psicológica se da para Freud en toda cultura. Así, todas las culturas sea a través de mandatos, ritos o ceremonias sociales, normas de cuidado o prohibición, muestran al niño la imposición de aceptar un orden social.
La resolución normal del pasaje edípico es fundamental para la estructuración del psiquismo, dejando así lugar a la actividad intelectual cada vez más vasta que colabora en el dominio de los deseos, derivándose del pasaje edípico tres instancias, que para Freud serán una reformulación de su primera tópica: El Yo, el Super Yo y el Ello. Freud plantea esta conformación psíquica entre los dos y tres años.


CONSCIENTE REALIDAD – SOCIEDAD - CULTURA

REPRESIÓN

P
YO

SUPERYO
RECONSCIENTE

I
ELLO
NCONSCIENTE

De esta manera Freud profundiza su planteo acerca de la existencia de representaciones inconciliables y reprimidas que constantemente tratan de salir a la luz y que remiten a nuestro mundo de deseos insatisfechos o socialmente censurables. La primera represión estructural y cultural él la ubica en esta etapa del desarrollo psíquico que llama Complejo de Edipo.



ACTIVIDAD 14
Lea atentamente el siguiente relato:

“Desde que Joaquín cumplió sus tres años la vida en la casa era imposible. No aceptaba límites, siempre quería estar con su mamá, Liliana, no se separaba nunca. El problema comenzó cuando subrepticiamente se empezó a pasar a la cama de sus papás. La primera noche Liliana enternecida lo dejó dormir con ella. Al papá, Gastón, le pareció algo natural. Sin embargo los berrinches y caprichos de Joaquín fueron cada vez mayores. Una noche Gastón lo obligó a acostarse en su camita, -sin chistar,- le dijo. Joaquín rabioso le contestó que no, que la mamá era de él, lo tildó de malo, dijo que lo odiaba. Gastón se quedó muy preocupado, Liliana no entendía cómo su hijo, tan adorable era capaz de ponerse tan mal con ellos. Al otro día Joaquín estaba compungido muy angustiado, como si hubiera perdido algo; se acercó al papá y le dijo que jugara con él, que lo quería e inmediatamente se abrazó a Liliana, mamá siempre iba a ser de él pero aceptaba dormir en su cama, como correspondía”.

Lea el siguiente fragmento del artículo del Lic. Carlos Sopena (investigador y didacta de la Asociación Psicoanalítica de Madrid) y relacione de manera fundamentada con la situación de Joaquín.





“El Edipo es el conjunto de representaciones, parcial o totalmente inconscientes, y provistas de un poder afectivo considerable, a través de las cuales se expresa el deseo sexual o amoroso del niño por el progenitor del sexo opuesto, y su hostilidad al progenitor del mismo sexo. Esta es la forma positiva del complejo, que se presenta como en la historia de Edipo Rey. (…)

Freud hizo de la tragedia de Sófocles el punto nodal de un deseo infantil incestuoso. "He encontrado en mí -escribe a Fliess- sentimientos de amor hacia mi madre y de celos hacia mi padre, sentimientos que pienso son comunes a todos los niños pequeños". Desde el comienzo sostuvo la universalidad de los deseos edípicos a través de la diversidad de culturas y de los tiempos históricos, señalando que "A todo ser humano se le impone la tarea de dominar el complejo de Edipo"*. (…)

Sólo en la medida que la madre asegura una presencia corporal, cuidadora y erógena a la vez, cumple verdaderamente su función de soporte materno. A partir de ahí puede intervenir la función paterna, concebida como función de separación y apertura. Este espacio materno en el que el niño vive puede tornarse muy peligroso si falla la referencia paterna, en cuyo caso el niño puede temer ser englobado por la madre o dañarla él mismo si no puede contener su agresión, que podría llegar a destruir el mundo que lo sostiene. (…)

El padre desempeña entonces un papel central por ser el representante de la ley que prohíbe el incesto, en el ejercicio de una autoridad que trasciende a su persona, pues emana de lo social. La interdicción del incesto se organiza en torno a una transmutación del padre real en padre simbólico que transmite prohibiciones y leyes. Existe entonces una diferencia entre la figura del padre en el mito edípico y la personalidad del padre concreto, tal como aparece en la realidad familiar, pues corresponden a distintos niveles y funciones”. (…)
* Freud, S. (1892-99) [1950]: "Fragmentos de la correspondencia con Fliess". Obras Completas. Tomo 1. Amorrortu. Buenos Aires, 2002.
© Sopena, Carlos, “El complejo de Edipo”, Serie Freudiana (LVIII) En: Revista Relaciones Edición 203, Periódica S.R.L., Montevideo, Abril 2001.

Toda otra representación displacentera quedará luego aislada en esta instancia inconciente, producto de la represión primaria del complejo edípico; se sumará, posteriormente, la represión de otras representaciones conflictivas para el Yo subsiguientes a lo largo de la vida.

Como vimos anteriormente, el mecanismo de la represión, que aquí se constituye en estructural del aparato psíquico, consiste en separar la energía de la representación y ésta cae, vacía, fuera de la conciencia. A su vez, las representaciones con más carga y satisfactorias para la conciencia se hacen conscientes y voluntarias, otras de menor carga, pero utilizables en cualquier momento quedan en el pre – consciente, listas para su uso con sólo un esfuerzo de memoria.

A su vez habría formaciones del inconsciente como los sueños, que ya definimos, síntomas, olvidos, etc., que para Freud son ideas o conductas que solo se pueden explicar como manifestación de nuestra compleja vida mental y emocional no voluntaria. Estos son producidos como una manera indirecta de obtener satisfacción o realización de los deseos reprimidos y que no se pueden satisfacer directamente.

En la obra “Psicopatología de la Vida Cotidiana”, Freud estudia un caso de olvido de nombres. Mientras viajaba con un compañero casual hacia una ciudad de Herzegovina, no pudo recordar el apellido del pintor italiano Luca Signorelli. En su lugar recordaba otros nombres de pintores italianos: Sandro Botticelli y Giovanni Boltraffio.

Recordó que los turcos de Bosnia Herzegovina, en su fatalismo ante el destino, cuando un médico les decía que el caso de algún familiar o amigo era desesperado exclamaban: "Herr (En alemán quiere decir señor): no hablemos más de ello, sé que si fuera posible salvarlo, usted lo habría hecho”. Freud asoció que el "Bo" de Bosnia se encontraba con Botticelli y Boltraffio, mientras que “Herr” se encontraba con Herzegovina y su traducción italiana “señor”, en Signorelli.

Mientras charlaba en el viaje con otros pasajeros, había pensado en la importancia que le daban los turcos de Bosnia al placer sexual y su desesperación cuando experimentaban dificultades al mantener relaciones sexuales. Asoció, de pronto esto a una noticia que había recibido en Trafoi (otra ciudad del viaje), del suicidio de uno de sus pacientes, que sufría de trastornos sexuales incurables. Llegó a la conclusión de que la proximidad en la pronunciación de los nombres Trafoi y Boltraffio lo obligaba a admitir que a pesar de la distracción intencional de su atención, la situación de su paciente lo había conmocionado y afectado profundamente.

Bosnia – Herzegobina Herr (Señor en alemán)

Botticeli Boltrafio (recuerdo) (Turcos - sexo - enfermedad)

Trafoi (Noticia muerte de paciente reprimida) Signor (Señor en italiano)

Signorelli (Olvido de nombre, formaciones del inconsciente)

Si bien es cierto que quería olvidar esto, y no el nombre de Signorelli, entre la noticia de la muerte de su paciente y el nombre del pintor se estableció un vínculo asociativo, de manera que su acto de voluntad de recordar al pintor fue equívoco, ya que lo que quería intencionalmente era olvidar la muerte de su paciente, de allí que por la asociación también fuera borrado el nombre del pintor que podía llevar al recuerdo de aquello que lo preocupaba.

El nombre del pintor italiano, asociado a las ideas de muerte y sexualidad reprimidas, había sido arrastrado con ellas a su inconsciente, solo indirectamente podían hacerle recordar el hecho del suicidio, reprimido.

A partir de esto, Freud describe que las condiciones necesarias para hablar del olvido no accidental de un nombre son la tendencia a olvidar ese nombre, la existencia de una represión relativamente reciente de algo desagradable o desestabilizante para el Yo y la posibilidad de establecer una asociación exterior entre el nombre del que se trata y el objeto de la represión. Posteriormente aclara que hay que tener cierta prudencia y buen juicio, ya que no todos los casos de olvido de un nombre propio se pueden incluir en la misma categoría que la del olvido del nombre de Signorelli. Llamará “actos fallidos” a olvidos de este tipo.


Jean Laplanche y Jean Bertrand Pontalis en su Diccionario de psicoanálisis 1definen a los actos fallidos como:
“Acto en el cual no se obtiene el resultado explícitamente perseguido, sino que se encuentra reemplazado por otro. Se habla de actos fallidos no para designar el conjunto de los errores de la palabra, de la memoria y de la acción, sino aludiendo a aquellas conductas que el Individuo habitualmente es capaz de realizar con éxito, y cuyo fracaso tiende a atribuir a la falta de atención o al azar. Freud demostró que los actos fallidos son, como los síntomas, formaciones de compromiso entre la intención consciente del sujeto y lo reprimido.”
Por lo tanto en los lapsus (lagunas cuando solemos “perder” algún recuerdo con la sensación de sentirnos “en blanco”), por sus efectos de desconcierto y su estructura, presenta similitudes con el chiste y el sueño (que para Freud también son expresiones del inconsciente), por lo que es una buena herramienta para deshacer y suprimir los síntomas neuróticos (es decir que un chiste, un lapsus, un acto fallido o un sueño sirven para descargar representaciones y energías reprimidas del aparato psíquico). Es por eso que los chistes o los sueños placenteros son gratos.

A partir de las “Conferencias de Introducción al Psicoanálisis”, Freud define a las operaciones mentales fallidas como actos anímicos serios y no como simples errores que tienen sentido, sostiene que surgen por la acción contrapuesta de dos tendencias diversas, una perturbadora y una perturbada.

La perturbada, es siempre conciente, la persona que comete la operación fallida la conoce y la declara (es decir que se da cuenta de que “algo” olvida o falla), mientras que la perturbadora es aquella representación, idea o acontecimiento que sería desestabilizadora y entonces se reprime en forma inconsciente.

Las intenciones que se manifiestan como perturbaciones de otras pueden dividirse en tres grupos: la tendencia perturbadora es conocida por el sujeto de la equivocación antes de la misma; la persona que comete la equivocación reconoce en la tendencia perturbadora una tendencia personal, aunque ignora que la misma se hallaba ya en actividad antes de la equivocación y una tercera donde el sujeto protesta con energía contra la interpretación que se le puede sugerir.

Del grado de influencia que tenga la tendencia perturbadora sobre la tendencia perturbada, se hará más o menos sencilla la interpretación terapéutica (recordemos que la terapia psicoanalítica trabaja sobre este tipo fallas).

Las distintas operaciones fallidas que Freud distingue son:



Equivocaciones verbales, estas surgen cuando se dice exactamente lo contrario de lo que se quería decir, por ejemplo un ex – funcionario público que dijo:”Voy a ponerme al frente de la corrupción”, cuando en realidad quería decir que iba a combatirla, lo cual hace sencillo interpretar que su intención era posiblemente otra; cuando hay condensación de ideas que se iban a decir, por ejemplo el profesor de anatomía que después de exponer una clase sobre la nariz preguntó a sus alumnos si habían entendido, estos le respondieron afirmativamente, a lo que el profesor dice no creerles, pues “las personas que estudian y entienden sobre las cavidades nasales pueden contarse entre miles con un dedo, perdón, con los dedos de una mano aquí el profesor asoció meter el dedo en la nariz con investigar sobre ella, o por formaciones mixtas, como el caso de una persona que estando en el Uruguay en época de carnaval dijo: “Voy a acompañar a mi mujer que quiere ir a “comprarsa” algo en la feria”, mezclando “comprar” con “comparsa” (ya que su deseo era ir a ver la comparsa y a las chicas que allí bailaban y no “ir de compras”).

En el ejemplo de los pintores, vemos cómo sus nombres remiten intelectualmente al mundo del arte, pero inconscientemente o en forma reprimida sus nombres esconden las preocupaciones del mundo afectivo de Freud.



Los deslices en la lectura, suele suceder el sustituir una palabra con otra, que casi siempre sea parecida; esto puede darse debido a algún pensamiento que tenía anteriormente la persona, en donde algo que se desea sustituye aquello que no interesa.

Los deslices auditivos, se dan cuando una persona oye falsamente algo que se le dice, sin que exista una afección en la capacidad auditiva.

Los deslices en la escritura, podemos encontrar anticipación de palabras que también remitan a un deseo de terminar la frase, aunque a diferencia de los del habla, en una carta por ejemplo, quien los comete rara vez se da cuenta, salvo que relea lo que escribe. Por ejemplo queremos expresar una idea y sin darnos cuenta escribimos o afirmamos lo contrario de lo que queríamos expresar.

El olvido de nombres propios y de nombres extranjeros, así como de palabras extranjeras en general, vimos en el ejemplo que toma Freud como opera el propósito de evitar el displacer que provocaría el recuerdo de algo poco grato.

El olvido de situaciones o propósitos, la tendencia perturbadora es siempre una voluntad contraria, que puede no siempre estar relacionada directamente con la otra persona en cuestión. Por ejemplo, una persona que al recibir a un amigo, le dice: “¿Hoy venías? Había olvidado por completo que te había invitado”. En este caso el amigo podría sospechar que quien oficia de anfitrión no tenía muchas ganas de recibirlo, “por algo se habrá olvidado”. Sin embargo esto no significa necesariamente algo contra esa persona, sino que ésta puede, por ejemplo, evocar en el anfitrión el recuerdo de una situación desagradable vivida anteriormente y que en nada tiene que ver con el amigo en sí.

Perder o no encontrar algo, generalmente ocurre cuando lo que se pierde proviene de alguien que genera un recuerdo desagradable o cuando se quiere sustituir por algo mejor. También puede darse por autocastigo, en este caso la persona siente que ha hecho algo malo y “pierde” algo valioso para reparar o compensar, como defensa, lo hecho.

Olvidar impresiones y vivencias, funciona como un mecanismo de defensa del Yo, produciendo lagunas en la memoria, también, de aquellas situaciones no placenteras de la vida sin poder, entonces, registrarlas concientemente. Si bien es cierto que no todas las situaciones desagradables de la vida se olvidan, sino que muchas quedan grabadas en la memoria, Freud explica que dentro del psicoanálisis y en el inconsciente, los opuestos no se excluyen, por lo que es posible que a veces se olvide y otras veces se recuerde en forma vívida.

También hay momentos en los cuales el psiquismo agrupa representaciones o las asocia a sueños o momentos vividos. Así, podemos tener la sensación de haber estado en un lugar aunque nunca hubiéramos estado allí, o tener la sensación de “ya vivido”.



Equivocarse o confundirse, permite cumplir deseos que no se pueden realizar. Por ejemplo, un estudiante va un fin de semana a una zona vacacional y cuando llega el domingo a la noche debe tomar el último micro para su casa. Se demora para llegar a la terminal o confunde una calle, por lo que debe permanecer allí hasta el otro día y faltar al estudio, que es lo que en realidad estaba deseando.

A su vez, las operaciones fallidas pueden ser acumuladas, como el caso de un discípulo de Freud, quién tenía en su escritorio una carta que demoraba en enviar. Cuando se decidió a hacerlo, se olvido de poner la dirección del destinatario y le fue devuelta. Cuando puso la dirección, se olvidó de pegar la estampilla; o combinadas, como por ejemplo si alguien olvida acudir a una cita que tenía acordada en una primera ocasión y luego llega en un horario equivocado a la segunda.

Freud también plantea que los síntomas psicológicos, como cambios en el estado de ánimo y algunas enfermedades corporales también son interpretables y se asocian a elementos reprimidos de la vida mental de las personas que los sufren. De allí que el psicoanálisis es una terapia que intenta que la persona pueda tomar conciencia de aquello que en forma inconsciente hace a su malestar emocional para poder enfrentarlo y resolverlo en forma sana.

Freud luego reformulará estos conceptos, al introducir la figura del Super - yo como instancia restrictiva y moral.


El Yo pasa a ser una instancia de transacción, de esta manera negocia con tres aspectos, el Inconsciente, al cual llama Ello, el Pre - consciente en el cual incluye al Super - yo y la realidad. Para satisfacer los impulsos del Ello, el Yo buscará conectar la energía libre en representaciones no conflictivas y, en la medida de lo posible, socialmente aceptada y tratará de resolver los pedidos de satisfacción y descarga. La actividad intelectual sería fruto de esta transacción o negociación.
Por ejemplo en la vida social la interacción entre las personas no siempre es amable o agradable, solemos vivir situaciones de tensión o agresividad que controlamos constantemente. En forma inconsciente reprimimos nuestros impulsos agresivos para convivir. Sin embargo a muchas personas les gustan películas o novelas en las cuales prime la acción o el suspenso y donde la violencia se desate sin inhibiciones. Al ver esos films nuestro psiquismo se identifica con la transgresión y en forma controlada, usando la imaginación y no la acción, obtiene una descarga o satisfacción. De esta manera nos permitimos, en la fantasía, descargar nuestros impulsos. Esta “catarsis” o descarga de la agresividad satisface en cierta medida a nuestros impulsos agresivos inconscientes y a su vez satisface también al Yo ya que no tiene costo emocional o social.
Llama a este sistema, segunda tópica diferenciándose de la primera. En la primera tópica freudiana se intenta solo mostrar como habría representaciones ajenas a la conciencia, en este nuevo esquema explicativo Freud profundiza acerca de la relación entre lo conciente y lo inconciente, cualifica a las instancias y describe que tipo de cargas y descargas energéticas se producen.
También aparece el concepto de fantasía, como parte de la vida mental, ya que existe la posibilidad de lograr satisfacción imaginando, es decir, mentalmente podemos crear una “realidad mental” independiente de la “realidad objetiva” regida por el principio del placer
En la segunda tópica, Freud hace un planteo dinámico acerca de la energía psíquica. Describe cómo interactúan los componentes de la estructura entre sí, cuáles son sus relaciones, describe qué sucede con las representaciones conscientes y con los contenidos reprimidos e inconscientes que en ellas existen.
Describe estas instancias o lugares de la siguiente manera:


      1. Ello: Es la reserva de la energía psíquica, entra en conflicto con el Yo y el Super - Yo, que constituyen diferenciaciones del ello. Caracteriza a esta instancia la realización de todo deseo y el placer.




      1. Yo: es una parte del Ello que comienza a diferenciarse, producto de las exigencias del medio ambiente. Su función es velar por los intereses de la totalidad de la persona, es el mediador entre las exigencias del Ello, y las demandas del Super - Yo en el contexto de la realidad.




      1. Super Yo: su función es comparable a la de un juez o censor con respecto al Yo se forma por interiorización de las exigencias y prohibiciones parentales (Edípicas). Freud considera la conciencia moral, la auto observación y la formación de ideales como funciones del Super Yo.

Surgen también, como vimos, los mecanismos represores que organizarán la vida anímica en componentes conscientes e inconscientes, por ejemplo aparece la ”censura” en los sueños como una represión particular que hace que los olvidemos o los recordemos distorsionados, esta “censura” es parte de la represión en la vida anímica en general.



ACTIVIDAD 15
Vamos a simplificar lo desarrollado sobre el aparato psíquico utilizando las siguientes palabras:
LO QUE QUIERO: lo referido al Ello

LO QUE DEBO: lo referido al Super Yo

LO QUE PUEDO: lo referido al Yo.
Le proponemos analizar una situación de la vida diaria aplicando los tres principios anteriores, desarrolle opiniones fundamentadas, relacionando lo visto con esta situación:

“Magali se encontraba en su casa, cómodamente descansaba mientras miraba la televisión. En una semana tenía su examen de Psicología y aún no había comenzado a estudiar. Sin embargo, se sentía muy cansada, recién había llegado de su trabajo en el almacén y se sentía agotada. Mientras veía la película que en ese momento se emitía, estaba preocupada y ansiosa, no estaba cómoda. En su mente se juntaban la necesidad de descanso y la obligación del examen. Intentó ponerse a leer, pero su cansancio le impedía concentrarse. “No sé qué me pasa” se dijo. Al llegar su hermano Walter le contó sobre sus nervios y cansancio.

Walter, que estudiaba hacía dos años en la universidad, la comprendió y le comentó que su estado era algo normal. Que siempre los estudiantes suelen ponerse nerviosos o tensionados ante un examen, que no tenía que tomar al estudio como una cuestión de vida o muerte. Le recomendó ver la película o dormir un poco, ya que, permitirse relajarse le iba a ayudar a concentrarse mejor luego, debía aceptar esa limitación. Eso sí, era importante que estando más descansada y sin tanta presión, se organizara tiempo para estudiar. Era importante que conociera sus emociones y miedos y que incorporara la angustia y la ansiedad, pero para focalizarse en rendir lo mejor posible, no había que tenerle miedo a las emociones sino incorporarlas y comprenderlas, ser más racional que emocional le iba a ayudar”.
Como vemos Freud nos plantea un desarrollo del aparato psíquico, desde la temprana infancia hasta la adultez.
Al nacer, el mundo del niño se reduce a lo instintivo, lo pulsional, las necesidades básicas y su satisfacción. Los cuidados paternos y maternos lo introducen en la vida social y cultural de la que es ejemplo principal el pasaje por el complejo de Edipo. Se organizan así las instancias del aparato psíquico: el Yo, el Super Yo y el Ello.
Freud comenta que como prueba de este pasaje por el complejo de Edipo quedan huellas: la instauración de la ley edípica paterna que llama tabú o prohibición del incesto, es decir la interiorización de un mandato fundamental “no mantener relaciones sexuales con familiares”, un tipo particular de dolor moral o angustia de castración en el varón (el temor a perder su pene o simbólicamente temor a cualquier pérdida frustrante a lo largo de la vida y que remita a ese límite puesto por los progenitores) y la envidia del pene en la mujer (no sentirse “completa” como temor a las pérdidas). Todo esto, mandatos, leyes, límites y temores conforman el Super - Yo (conciencia moral).

Freud comenta también que existe un desarrollo psíquico acompañado del desarrollo corporal. Habría un desarrollo del propio cuerpo que determina zonas erógenas (zonas de placer corporal).



En la temprana infancia predominará la oralidad, ya que la ingesta de alimentos es el punto máximo de placer sensual. Le seguirá a esto el placer producto del control de esfínteres, es decir el placer por el control de la micción. El niño pequeño va construyendo un mapa de su cuerpo, al principio fragmentado por estas zonas.
Todo este mapa corporal se organiza en su totalidad en el inicio de la adolescencia y posterior adultez, cuando al preponderar la genitalidad todo el cuerpo como totalidad toma sentido. Junto con la integración del propio cuerpo se produce también la integración del Yo y de la personalidad.
ACTIVIDAD 16

Lea atentamente los siguientes fragmentos del texto “El Yo y el Ello. Los vasallajes del Yo”, de Sigmund Freud.


(…)“Pero por otra parte vemos a este mismo Yo como una pobre cosa sometida a tres servidumbres y que, en consecuencia, sufre las amenazas de tres clases de peligros: de parte del mundo exterior, de la libido del Ello y de la severidad del Superyó. Tres variedades de angustia corresponden a estos tres peligros, pues la angustia es la expresión de una retirada frente al peligro. Como ser fronterizo, el Yo quiere mediar entre el mundo y el Ello, hacer que el Ello obedezca al mundo, y -a través de sus propias acciones musculares- hacer que el mundo haga justicia al deseo del Ello. En verdad, se comporta como el médico en una cura analítica, pues con su miramiento por el mundo real se recomienda al Ello como objeto libidinal y quiere dirigir sobre sí la libido del Ello. No sólo es el auxiliador del Ello; es también su siervo sumiso, que corteja el amor de su amo. Donde es posible, procura mantenerse avenido con el Ello, recubre sus órdenes inconscientes con sus racionalizaciones preconscientes, simula la obediencia del Ello a las admoniciones de la realidad aun cuando el Ello ha permanecido rígido e inflexible, disimula los conflictos del Ello con la realidad y, toda vez que es posible, también los conflictos con el Superyó. Con su posición intermedia entre Ello y realidad sucumbe con harta frecuencia a la tentación de hacerse adulador, oportunista y mentiroso, como un estadista que, aun teniendo una mejor intelección de las cosas, quiere seguir contando empero con el favor de la opinión pública. (…)

Entre los vasallajes del Yo, acaso el más interesante es el que lo somete al Superyó. (…)

El Yo obedece, simplemente, a la puesta en guardia del principio de placer. En cambio, puede enunciarse lo que se oculta tras la angustia del Yo frente al Superyó -la angustia de la conciencia moral-. Del ser superior que devino ideal del Yo (los padres), pendió una vez la amenaza de castración, y esta angustia de castración es probablemente el núcleo en torno del cual se depositó la posterior angustia de la conciencia moral; ella es la que se continúa como angustia de la conciencia moral o Superyó. (…)”
© Freud, Sigmund, “El Yo y el Ello. Los vasallajes del Yo, 1923”, Editorial AMORRORTU, tomo XXII. Buenos Aires, 2002.

a. ¿Por qué Freud describe al Yo como un vasallo al servicio del Ello y del Superyó?

b. ¿Qué función tienen el Yo, el Ello y el Superyó en el Aparato Psíquico?

c. ¿Por qué podemos decir que el Yo negocia con las otras instancias y con la realidad?

d. ¿Cómo se organiza el Aparato Psíquico y qué función tiene el Complejo de Edipo en su constitución?

e. Fundamente

Hasta aquí hemos descrito el aparato psíquico según la concepción freudiana. Esta elección no es azarosa ya que la mayoría de las escuelas psicológicas existentes en la actualidad parten de esta concepción y hacen su desarrollo particular.


Algunas escuelas difieren en cuanto al concepto de inconsciente y otras lo niegan (como la Cognitivista que explicaremos más adelante, en el primer caso y las Conductistas ya explicadas, en el segundo).
Sin embargo el psicoanálisis ha sido una teoría de gran importancia, ya que nos permite esclarecer aspectos difíciles de estudiar como son nuestras emociones y afectos.

En la actualidad, existen muchas definiciones acerca del concepto de emoción, sin embargo, hoy todavía el término continúa siendo un tanto vago e impreciso, debido fundamentalmente a la cantidad de acepciones que existen. Durante varios siglos, la emoción ha sido definida como una agitación o excitación del ánimo acompañada de fuertes conmociones y cambios corporales, esta definición reduce la emoción a simples cambios fisiológicos.


En la actualidad se entiende por emoción a un estado de alteración afectiva, originado normalmente por una situación que puede ser amenazante, frustrante, gratificante o sencillamente activadora de respuestas físicas y afectivas para cada persona, y que se manifiesta de distintas formas.

El término emoción significa el impulso que induce la acción. Se las definen como aquellos sentimientos o percepciones de los elementos y relaciones de la realidad o la imaginación, que se expresan físicamente mediante alguna función fisiológica (como reacciones faciales, cambios en los pulsos cardíacos, etc.), e incluyen reacciones de conducta como la agresividad, el llanto, la risa y otras.


Las emociones han sido estudiadas por filósofos desde la antigüedad, como es el caso de Platón o Aristóteles, luego con el inicio de los estudios científicos encontramos los aportes de Darwin desde la biología, estudiando las expresiones emocionales en distintas culturas y contextos. Estos estudios fueron retomados, desde una perspectiva biológica y adaptativa, a partir del 1900 hasta 1940 por Floyd Henry Allport (Estados Unidos, 1890 – 1978),

Joy Paul Guildford (Estados Unidos, 1897 – 1987),


Edward Titchener (Inglaterra, 1867 – 1927) y otros, perdiendo interés luego para la ciencia.
Entre 1960 y 1980 encontramos los estudios neo darwinistas de Silvan Solomon Tomkins (Estados Unidos, 1911 – 1991),

Robert Plutchik (Estados Unidos, 1927 – 2006), hasta llegar a los precisos estudios de emociones y conductas faciales de Paul Ekman (Estados Unidos, 1934) o


Carroll Izard (Estados Unidos, 1952). Todos ellos han tratado de demostrar la base biológica y genéticas de las emociones.
Para estos investigadores existen factores biológicos y funciones neurológicas innatas, que se heredan de generación en generación y que determinan las respuestas fisiológicas y conductuales a nivel emocional, como una adaptación cada vez más eficaz y compleja al medio ambiente.
En la actualidad encontramos también, posiciones contrapuestas entre quienes piensan que las emociones y sus expresiones son innatas (como los neodarwinistas ya nombrados) y aquellos que sostienen que son producto del aprendizaje y de la cultura. Estos últimos muy influenciados por las teorías de Sigmund Freud, como es el caso de Erich Fromm (Alemania, 1900 – 1980), o Victor Frankl (Austria, 1905 – 1997) entienden que las emociones dan cuenta de un mundo afectivo muy complejo, de raíz social e inconsciente.

También tenemos los aportes de Carl Rogers (Estados Unidos, 1902 – 1987), que entiende a las emociones como completamente humanas y vinculadas a la relación con los demás, para él, sin la relación con otros las emociones carecen de sentido.


Encontramos también los estudios de Daniel Goleman (Estados Unidos, 1947), quien propone un tipo particular de inteligencia, que implica la capacidad de resolver vínculos y problemas que son de raíz emocional y que necesitan de un mayor grado de desarrollo de empatía y comprensión emocional que algunas personas desarrollan más que otras.
Las emociones son estudiadas tanto por la Psicología como por la Biología, en general se acuerda acerca de que toda respuesta emocional se manifiesta generalmente en tres niveles: conductual o motor, fisiológico o corporal y cognitivo o psicológico.

Para entender estas tres formas de manifestarse una respuesta emocional, podemos pensar en la siguiente situación: Una persona está tranquilamente dando un paseo y ve en su camino una serpiente, ante lo cual la persona probablemente sienta miedo o aversión. Lo más habitual es que piense "puede ser venenosa y siento miedo" (respuesta cognitiva acompañada de un sentimiento), su corazón se acelere a causa del miedo (respuesta fisiológica) y huya del lugar apresuradamente (respuesta motora).

En este ejemplo la persona logra encontrar una respuesta eficaz para eludir el peligro. Sin embargo puede haber situaciones en las cuales el impacto emocional sea tan grande que la persona colapse y no logre resolver la situación, quedando secuelas psicológicas. Esto puede suceder en un accidente o en situaciones que se vuelven traumáticas como es el caso de un choque automovilístico, un robo, una muerte familiar, etc.

Algunas situaciones pueden ser controladas a través de la represión afectiva. Esto fue demostrado por los estudios del Psicoanálisis. El problema de esta represión emocional es que lleva, en muchos casos, a la aparición de síntomas o formaciones del inconsciente, que si se vuelven extremas dan cuenta de un deterioro psicológico por parte de la persona.



Las emociones suelen ser una respuesta adaptativa al medio ambiente y nos indican si ese medio nos es favorable o no (hostil amenazante, gratificante o facilitador, etc.).
Por ejemplo, cuando entramos en una reunión, lo primero que hacemos es reconocer (percibir) a las personas que están en el lugar y casi simultáneamente, empezamos a experimentar nuevas emociones relacionadas con la nueva situación. Si lo que sentimos es positivo y agradable significa que nuestro mecanismo emocional valora que la situación, lo que allí ocurre, es favorable para nuestra supervivencia (afecto conocimientos, negocios, etc.). Por el contrario, si nos sentimos mal, inquietos, forzados, etc., significa que nuestro mecanismo emocional nos avisa que la situación puede perjudicarnos.

Se pueden reconocer en toda emoción dos componentes diferenciados: un componente cualitativo que se expresa mediante la palabra que utilizamos para describir la emoción (amor, amistad, temor, inseguridad, etc.) y que determina su signo positivo o negativo. Por otro lado, toda emoción posee un componente cuantitativo que se expresa mediante palabras de magnitud (poco, bastante, mucho, gran, algo, etc.), tanto para las emociones positivas como negativas.

Respecto al tono emocional, el mismo puede ser: 1) medio, 2) exagerado o alto, o 3) bajo.

1) La persona vive los acontecimientos y vivencias que se le presentan (tanto internos como externos) de una manera equilibrada; el ánimo es sereno, ecuánime y tranquilo. La persona puede pensar, reflexionar y actuar con la conducta acorde al estímulo que la moviliza. No hay sobresaltos ni cambios de comportamiento brusco, se ve calma.

2) La tensión emotiva es fuerte, los choques y la exteriorización emocional pueden ser agresivos o violentos. Aumentan las funciones orgánicas (ej. suba de adrenalina, presión arterial, glucemia) y el desequilibrio de las funciones psíquicas (ej. estado de alta excitación, nervios, verborrea, agresividad, tensión, expectación), éstas inundan la expresión conductual de la persona y se puede perder el autocontrol.

3) Se produce una falta de reacción en la persona, o bien se actúa con lentitud o con conducta de retardo, esto se visualiza como apatía, indiferencia, indolencia afectiva (encontramos esto, por ejemplo, en los estados depresivos o de mucha tristeza).

La intensidad y el orden en que se presentan estas respuestas depende de muchos factores aleatorios, pero en cualquier caso, siempre ocurre alguno de estos tres parámetros de respuesta al existir una emoción.

Las emociones, en general, tienen una gran importancia en la comprensión de los problemas de salud mental. La mayor parte de los trastornos tipificados en los manuales de diagnóstico clínico se definen fundamentalmente como trastornos emocionales.

A su vez las emociones siempre van acompañadas de sentimientos; estos son sensaciones internas y subjetivas que dan cuenta de estados emocionales o estados de ánimo: alegría, tristeza, temor, dolor moral, rabia, etc.

Usualmente se utilizan las palabras afecto y emoción en forma sinónima. En general se suele identificar el afecto con la emoción, pero, en realidad, son fenómenos muy distintos aunque, sin duda, están relacionados entre sí.

A pesar de las distintas formas de entender a los afectos y a las emociones, los investigadores acuerdan en definirlas de la siguiente manera:
La emoción es una respuesta individual e interna, que informa de las probabilidades de supervivencia, satisfacción o conflicto, que ofrece cada situación o ambiente. En cambio el afecto es un proceso de interacción social entre dos o más personas significativas entre sí.

El afecto es la necesidad que tienen todas las personas de recibir ayuda y colaboración de sus congéneres para poder sobrevivir. Es usual que digamos que "brindamos afecto" o que "nos dan afecto". Así, parece ser que el afecto debe ser algo que se puede dar y recibir. Por el contrario, las emociones ni se dan ni se quitan, sólo se experimentan en uno mismo, toda emoción es una experiencia personal y singular.


Las emociones describen y valoran el estado de bienestar (probabilidad de supervivencia o satisfacción) en el que nos encontramos.

Nuestra experiencia nos enseña que dar afecto es algo que requiere esfuerzo. Implica cuidar de otros, ayudar a los demás, comprender o escuchar a alguien, etc., no puede realizarse sin esfuerzo. A veces, no nos damos cuenta de este esfuerzo.



Por ejemplo, la ilusión de una nueva relación sentimental no nos deja ver el esfuerzo que realizamos para agradar al otro y para proporcionarle bienestar. Pero, en la mayoría de los casos, todos experimentamos el esfuerzo más o menos intenso que realizamos para proporcionar bienestar a los demás.
ACTIVIDAD 17
Lea los siguientes fragmentos de dos poemas de Susana E. Soba:


Poema Nº 9

Los pájaros habían huido de mi sangre. De mi sangre habían huido los pájaros dejándome una impecable, inmerecida tristeza. Seguramente los límites del mundo se hicieron trizas en aquel momento. Porque la ausencia estaba en todas partes. Poblaba los rincones íntimos. Mordía los pequeños huesos blancos. Se licuaba en los ojos como una nube en la lluvia. (…)
Poema Nº 5

Ahora, llueve. Y la lluvia es una lenta página de bruma. Una música. Una urdimbre remota, dolorosa, desfalleciente, que me moja la piel. Enturbia mis ojos. Me vuelve blanda. Leve. Silenciosa. Quieta. Dónde está mi fuerza vital de ayer? (…)
© Soba, Susana Esther, Doradas y violentas pertenencias, Francisco A. Colombo: Buenos Aires, 1981
Lea la siguiente poesía de Cora Berrenechea tomada de “Poesías y Testimonios desde un Hospital Psiquiátrico”, editado por los Talleres Creativos Artísticos del Hospital Neuropsiquiátrico "Dr.A.Korn" de Melchor Romero, Pcia. de Bs.As.

MIS MANOS

Se crispan...

Se distienden

se anidan

Buscan, encuentran,

acarician, golpean,

se vuelven a crispar

como pidiendo ayuda.

Palmean, vuelan,

acarician suaves,

fuertes, bronceadas.

Buscan y encuentran

tiemblan, sollozan

junto a mi cara

rezan como llamando

a Dios, y en cada

movimiento saludan

alegres, otras veces tristes.

Buscan, encuentran,

ahora callan dormidas

junto a mi pecho

anhelante,

buscando un sueño.
© Barrenechea, Cora, en: “Poesías y Testimonios desde un Hospital Psiquiátrico”, editado por los Talleres Creativos Artísticos del Hospital Neuropsiquiátrico "Dr.A.Korn" de Melchor Romero, Pcia. de Bs.As.
a) Le pedimos que escriba en su carpeta unos párrafos comentando a qué emociones y afectos remite esta poesía.

b) Elija en la Antología que acompaña los módulos de lengua un cuento para comentar en el encuentro tutorial y abordar un análisis aplicando los conceptos de emoción, afecto y respuesta emocional.

:::.. Psicología de la personalidad

Las teorías freudianas permitieron profundizar acerca de la complejidad de la personalidad humana.


En general se dice que la personalidad es la organización dinámica dentro del individuo (ya hemos visto al dinamismo psíquico como la relaciones entre instancias psíquicas conscientes e inconscientes, pulsiones y representaciones). La personalidad que determina los ajustes al ambiente en el que vive y las relaciones con los demás.


Karen Horney (Alemania, 1885 – 1952), seguidora de Sigmund Freud cuestionó los criterios psicológicos de salud y enfermedad, al decir que no pueden basarse solamente en lo individual, sino que también se deben tener en cuenta aspectos sociales y culturales de cada persona en su contexto.

Refiere que el ser humano nace con ansiedad y hostilidad; estos aspectos remiten a la temprana infancia. Este displacer al nacer es el motor para la búsqueda de su solución en las relaciones humanas. Para ella todos los conflictos derivan de la falta de seguridad y amor en la infancia.

Para esta corriente es importante el estudio de las relaciones interpersonales, saber qué conflictos se presentan en el hombre con otros y su cultura.

La persona se entiende a partir de su relación con la sociedad y más concretamente en el círculo de sus relaciones interpersonales y en sus formas específicas de actuar con los demás.


Una persona es un ser trascendente, irrepetible y único, en el que confluyen tres factores para su existencia:
- Lo constitucional: que incluye lo genético (lo propiamente hereditario) y lo congénito (lo relacionado con las experiencias del feto en el transcurso del embarazo y del parto, ya sea a nivel orgánico o vivencial).

- Lo ambiental: aquí debemos considerar los aspectos físicos (clima, paisaje, etc.) y las condiciones socio-económicas que repercuten directamente en lo educativo y en las experiencias de vida que se tienen.

- Lo creativo: cada persona tiene una dimensión activa en la conformación de la personalidad, cierta capacidad voluntaria de elección y libertad.

Debemos hacer una distinción entre algunos conceptos que suelen utilizarse como sinónimos:


Temperamento: es el modo absolutamente espontáneo de reacción que deriva de la constitución orgánica.
Carácter: es aquello que la educación y otros factores formativos han modelado sobre la base del temperamento.
Personalidad: es la re-elaboración e integración de todo lo anterior en un proyecto de vida que puede ser explícito o implícito. Cada persona es la resultante única y dinámica del proceso de diferenciación e integración en el mundo.
La definición de personalidad nos está mostrando lo complejo de su conformación.
En ella están permanentemente incluidas las experiencias pasadas (desde antes mismo de nuestro nacimiento), las presentes, nuestras necesidades como especie y nuestras necesidades como individuos, nuestros datos genéticos y lo que vamos decodificando y aprendiendo de lo que nos rodea.


ACTIVIDAD 18
Tómese un momento para reflexionar y responda las siguientes preguntas:
a) ¿Cuáles son las cinco características principales que definen su temperamento? (por ejemplo: impulsivo o impulsiva, ansioso/a o tranquilo/a)
b) Defina una característica negativa de su temperamento y explique cómo, a lo largo del tiempo ha logrado superar la misma, fortaleciendo su carácter:(por ejemplo: ser desorganizado o ser impulsivo)

ACTIVIDAD 19
Entreviste a dos o tres adolescentes de su confianza que tengan entre 13 y 18 años y a otros tantos adultos (de 25 años en adelante), para preguntarles cómo ven ellos la estabilidad de su personalidad y sus características, qué cambios pueden referir con el paso del tiempo, si esos cambios fueron fáciles o difíciles.

Tome nota de las respuestas de todos los entrevistados y

compare las respuestas de los adolescentes con la de los adultos y elabore un informe con sus conclusiones para llevar al encuentro de tutoría.




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