Módulo IV: La psicología en la Argentina Segunda Parte Historia de la Psicología Cátedra I



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Ahora bien, junto a esta orientación en psicología, convivía otra que se ubicaba en relación explícita con la filosofía y que remite a la enseñanza y a las publicaciones de algunos profesores universitarios –entre las cuales se destacan figuras como Plácido Horas, Oscar Oñativia, García de Onrubia, Ravagnan y Luis Juan Guerrero– ligados a una concepción de corte humanista en ruptura con el positivismo imperante a principios del siglo XX. Se trata aquí de una psicología cuyos temas giraban básicamente en torno de problemas filosóficos o incluso epistemológicos -por ejemplo, los textos de García de Onrubia sobre la unidad de la psicología que toman como referentes a autores como Kurt Lewin y Daniel Lagache presentado en el Primer Congreso Argentino de Filosofía (1949), y los trabajos presentados por Oñativia y Horas en el PCAP.
Pero si la producción de conocimiento psicológico a nivel local, hacia comienzos de la década de 1950, no presentaba un carácter homogéneo ni una dirección claramente delimitada esto no implica que no hubiera ninguna conexión en el desarrollo de estas dos líneas que, muy esquemáticamente, hemos mencionado. Esta conexión puede ser ubicada ya sea bajo la forma de la crítica, de la consideración positiva o incluso de la promoción de los test mentales8.
En todo caso, nos interesa resaltar que la propuesta de creación de las carreras universitarias de Psicología presentada en el cierre de este Primer Congreso Argentino de Psicología, pretendía ubicarla en relación de explícita continuidad con lo ya instituido: la carrera debía funcionar “como sección autónoma dentro de las Facultades de carácter humanístico, aprovechando los institutos ya existentes y la enseñanza que se imparte en esas y otras Facultades que puedan ofrecer su colaboración (Medicina, Derecho, Ciencias Económicas, etc.)”9.

Pero las características de las futuras carreras académicas serán bastante diferentes de lo sugerido en esta propuesta y, por otra parte, casi ninguna de las figuras que se presentan en este Congreso tendrá un papel destacado en el futuro de la psicología en nuestro país.


En el caso de Buenos Aires, el Consejo Superior de la UBA resuelve la creación de la carrera de psicología el 14 de marzo de 1957, en el seno de la Facultad de Filosofía y Letras, junto con la carrera de sociología y al mismo tiempo que modifica la denominación de la carrera de pedagogía por el de ciencias de la educación10 [ver cuadro 2]. Ese mismo año comienzan a dictarse los cursos correspondientes a las materias introductorias, en su mayor parte comunes a todas las carreras que se cursaban en esa Facultad. La dirección del Departamento de Psicología quedaba en manos del Dr. Marcos Victoria, que asumía también la titularidad de materias como “Introducción a la psicología” y “Psicología I”.

Ahora bien, esta carrera de psicología implementada en el seno de la UBA no fue la única ni tampoco fue la primera: poco tiempo después del PCAP se había aprobado la creación de una carrera de psicología en la Universidad del Litoral (Provincia de Santa Fe), que comenzó a funcionar pocos meses después. Los avatares políticos de fines de 1955, a los cuales hemos hecho referencia anteriormente, interrumpen el dictado de clases que se reanuda, con un nuevo programa, el año siguiente.


Hacía finales de esa misma década ya existían carreras de psicología en todas las Universidades nacionales, e incluso había sido implementada en una Universidad privada. Pero, ¿qué resultados se buscaban a partir de la creación

Cuadro 2

ING BABINI: [...] El segundo despacho se refiere a otra cuestión ya más fundamental. Puede parecer mentira, pero en la Universidad de Buenos Aires no se estudiaba Sociología. Si hay en este momento en el mundo una disciplina que no podríamos saber donde clasificarla por su amplitud, es la Sociología. [...]

Con respecto a esta carrera de Psicología, no es la Universidad de Buenos Aires la primera que la crea. La del Litoral se nos ha adelantado, pero de todas maneras es importante que en una Facultad de humanidades se cree una carrera de una especialidad que casi siempre ha estado vinculada a estudios médicos, y por ende, unilaterales.

Debemos pensar que la Psicología es algo más amplio que puramente una consecuencia del funcionamiento del sistema nervioso; es el estudio del hombre en todas sus manifestaciones, de manera que nos parece bien su inclusión en una Facultad de esta naturaleza, sin que eso signifique olvidarnos de las conexiones de la Psicología con la Biología. Precisamente aparece la materia “Biología” en el plan de estudios. De manera que también en este caso la Comisión de Enseñanza aconseja la aprobación de la resolución.

DR. SALAS [Decano de la Facultad de Filosofía y Letras]: [...] Realmente, la Facultad de Filosofía y Letras presentaba un panorama –y lo presenta aún- bastante arcaico, así como en general lo presenta la Universidad de Buenos Aires. Parece increíble que no hubiera carreras de importancia y la magnitud como lo son la psicología y la sociología. Es algo más que substancial el iniciar estos estudios y la Junta Consultiva de la Facultad, trabajando con una absoluta armonía, ha obedecido al clamor del ambiente, a una exigencia cordial, al encarar y enfocar esta solución que proponemos al Consejo Universitario.
Fuente: Actas del Honorable Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires, sesión del 14 de marzo de 1957, en Dagfal, A. y Borinsky, M. 1999.



de las carreras? ¿Qué se esperaba de este nuevo profesional? En todo caso resulta destacable el hecho de que, a diferencia de lo que sucedía en otros ámbitos de la cultura y la ciencia –por ejemplo, en el campo del arte y en el campo de la sociología a partir de figuras como Jorge Romero Brest y Gino Germani respectivamente11 nadie había proyectado, durante los años del gobierno peronista, una nueva psicología que se propusiera una ruptura con lo ya instituido. Si bien volveremos sobre este tema más adelante, al ocuparnos de la problemática de la práctica profesional del psicólogo, es necesario señalar que el propio director de la carrera –Marcos Victoria, psiquiatra con una amplia gama de intereses que incluye la filosofía, la psicología, la literatura y la critica estética, y que había publicado algunos libros sobre psicología y psicoanálisis hacia comienzos de los años cincuenta12– “es la ilustración misma de la ausencia de un perfil disciplinar claro”:

Formado en la psiquiatría y la psicopatología más tradicional, sus incursiones en algunos temas de la psicología que le era contemporánea venían acopladas a una relación divulgadora que carecía de cualquier propósito de investigación y de consolidación conceptual o profesional de la psicología [Vezzetti, 1996b: 89].

La figura de Marcos Victoria no parecía entonces la más representativa de uno de los bastiones de la modernización académica, de esa carrera de psicología que había surgido en ese proceso renovador de la estructura universitaria que se iniciaba a mediados de la década de 1950. En realidad, el hecho mismo de que la carrera fuera creada dentro del ámbito de las facultades de filosofía o humanidades, pero que sus cátedras estuvieran prácticamente monopolizadas por médicos y psiquiatras permite pensar en un relieve profesional difuso y poco nítido ya desde sus inicios.

En 1958 se introdujeron las primeras modificaciones en el programa de la carrera en la UBA y, poco después, la presión de los estudiantes producirá el alejamiento de Victoria. Como resultado de este cambio fundamental, asumirá Enrique Butelman13 como director de la carrera, lo que facilitará el ingreso de una nueva camada de profesores, muchos de ellos provenientes de las filas de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Entre ellos figuraban José Bleger, Fernando Ulloa y David Liberman, jóvenes representantes de un “nuevo psicoanálisis” –cuyo principal referente era, sin duda, Enrique Pichon-Rivière– que proponía una interpretación y uso de los conceptos freudianos muy diferente del planteado por la “ortodoxia” psicoanalítica. Se trataba, como se verá con mayor detalle más adelante [§ 2.3], de un “conocimiento psicoanalítico” que podía ser aplicado a los ámbitos más diversos: no solo a la clínica o a la psicoterapia sino principalmente a la educación, las instituciones, los grupos, la psicoprofilaxis, etc.

Como lo señala Vezzetti, es en este momento que tiene lugar el cruce de la historia de la psicología y la historia del psicoanálisis en nuestro país14

... lo que se produce es una suerte de ‘encuentro’, de intersección de un campo psicoanalítico (que tiene su propia historia y sus propias intersecciones) con las derivaciones disciplinares de una psicología académica que contaba ya con medio siglo de vida... (Vezzetti, 1996b)

Junto con aquellas figuras ligadas claramente a las instituciones psicoanalíticas ingresaron a la carrera un grupo de psiquiatras vinculados a la corriente de la reflexología –José Itzigsohn, Gervasio Paz y Antonio Caparrós entre otros– que ocuparon importantes puestos en diversas materias de la carrera. Esta perspectiva, cuyos representantes provenían de las filas del Partido Comunista Argentino, se colocaba frente al psicoanálisis en una posición teórica e ideológicamente crítica. Si bien esta corriente no tendrá una mayor incidencia en el marco de la producción de conocimiento psicológico a nivel local, cabe destacar los aportes de algunos de sus representantes en la difusión de autores como Piaget, Vi­gotski, Wallon, Luria, etc.

En pocos años la inscripción en la carrera se incrementará notoriamente y para fines de la década de 1950 sus actividades se trasladarán, junto con las de Sociología, a un nuevo edificio ubicado en Florida 656.

2. UNA NUEVA PSICOLOGÍA



…no se puede ser psicólogo si no se es al mismo tiempo un investigador de los fenómenos que se quiere modificar, y no se puede ser investigador si no se extraen los problemas de la misma práctica y de la realidad social que se está viviendo en un momento dado (Bleger, 1966: 46)

En el ámbito de la psicología académica de los años sesenta, José Bleger es una figura ineludible, en la medida en que fue el primero que formuló un proyecto teórico-práctico, más o menos sistemático, que proponía la fundación de una nueva psicología. Se constituyó, de esta manera, en una figura central por más de una década, de modo tal que cualquier propuesta referida a la psicología –al menos a nivel local– debía tomarlo como referente, aun para objetarlo: “con Bleger o contra Bleger, esos serán los tópicos que van a dominar la producción teórica y la discusión de los psicólogos durante el resto de la década” (Vezzetti, 2004: 296).
Nacido en 1922 en Ceres (Santa Fe), proveniente de una familia judía, concluyó sus estudios médicos en la ciudad de Rosario. Poco después ingresó en las filas del Partido Comunista Argentino. En 1949 se trasladó a Santiago de Estero donde comenzó a desarrollar su práctica psiquiátrica y dos años después publicó su primer libro: Teoría y práctica del narcoanálisis. También por esa época formó parte del comité de redacción de la Revista Latinoamericana de Psiquiatría, fundada por el psiquiatra Gregorio Bermann –quien fuera profesor en la Universidad Nacional de Córdoba y fundador del Instituto Neuropático de la misma ciudad. Hacia el año 1953, se instaló en Buenos Aires y, según él mismo relata, comenzó su formación psicoanalítica a instancias de Enrique Pichon-Rivière.

En 1959, se hizo cargo de la primera cátedra de psicoanálisis en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Universidad del Litoral. Ese mismo año, reem­plaz­ó a Marcos Victoria en el dictado de la materia “Introducción a la Psicología” en la carrera de psicología de la UBA. El año 1961 lo encontrará a cargo del primer seminario para graduados, sobre la temática de la higiene mental. Poco tiempo después asumirá la titularidad de las materias “Psicología de la personalidad” e “Higiene Mental”.

Sus escritos más significativos en el ámbito de la psicología son Psicología de la conducta –publicado en 1963, en el cual presenta el proyecto teórico de una nueva psicología, unificada en torno de la noción de conducta– y Psicohigiene y psicología institucional, publicado en 1966 -donde propone una delimitación del perfil profesional del psicólogo fundada en la “promoción de la salud”.
Su extensa labor docente, sumada a la amplia difusión y aceptación de su obra15, lo convertirán en poco tiempo en el profesor más reconocido dentro de la carrera de psicología y en un referente fundamental para los primeros estudiantes y egresados.

En la medida en que esta nueva carrera constituía un campo en formación, presentaba la condiciones óptimas para que Bleger, a partir del estatus que le proveía su formación psicoanalítica, contribuyera a la conformación de “un espacio nuevo, con valores, una incipiente identidad, criterios de pertenencia y formación, y un primer sistema de prestigios y de reglas de legitimidad” (Vezzetti, 2004).

En este sentido, sin menospreciar la importancia de los escritos que hemos nombrado, su “carta de presentación” en el marco de las flamantes carreras de psicología corresponde a una obra anterior, publicada en 1958 bajo el título Psicoanálisis y dialéctica materialista. Bleger conjugaba en dicho libro dos aspectos que lo hacían potencialmente atractivo para los estudiantes: por un lado, el psicoanálisis, considerado como una disciplina psicológica moderna y renovadora; por otro lado, un explícito posicionamiento político-ideológico de izquierda, acorde con los ideales progresistas sostenidos por los jóvenes universitarios (Plotkin, 2003).
Comenzaremos, entonces, con una breve presentación de las ideas que Bleger desarrolla en la obra mencionada , debido a que allí aparecen esbozadas algunas nociones que, con algunas modificaciones, serán integradas más tarde al proyecto blegeriano de una nueva psicología.
2.1 Psicoanálisis y dialéctica materialista
A pesar de la condena explícita que había recibido la doctrina freudiana por parte del Partido Comunista, Bleger se propuso examinar el psicoanálisis a partir de los elementos provistos por la dialéctica materialista, proyecto que el propio autor ubicó en el nivel de un análisis epistemológico.

Apoyándose en los lineamientos conceptuales del marxismo buscó explicitar y someter a una rigurosa revisión los esquemas referenciales que estarían en la base de la construcción de la doctrina freudiana16.

Más que buscar una articulación entre la obra de Marx y la de Freud o realizar un enjuiciamiento de tipo ideológico de las tesis freudianas, Bleger planteaba una superación dialéctica del psicoanálisis, una síntesis que permitiera resolver sus contradicciones a partir de un estudio epistemológico que respetara su autonomía científica [ver cuadro 3].

Bleger encontró un antecedente para esta tarea en la figura y la obra del filósofo franco-húngaro Georges Politzer, quien había publicando varios trabajos críticos sobre psicología. Suelen reconocerse dos períodos en la trayectoria intelectual de este autor: durante la década de 1920, mostró un notable interés por el psicoanálisis y por la renovación de la psicología, intento que quedó plasmado en la publicación de su Crítica de los fundamentos de la psicología (1928). En este libro, consideró al Psicoanálisis, junto con la Gestalttheorie y el Behaviorismo, como el camino para una auténtica renovación de la psicología tradicional, renovación que tomaría la forma de una psicología concreta cuyo objeto es el “drama”.

Este proyecto quedó inconcluso: de los tres estudios críticos anunciados originariamente, sólo publicó el primero dedicado a la Interpretación de los sueños de Freud. A este debían suceder los tomos dedicados al Behaviorismo y a la Gestalttheorie, y, finalmente, un cuarto tomo donde se establecerían los principios fundamentales de la Psicología Concreta.

El segundo período de la trayectoria politzeriana se inició a comienzos de la década de 1930, a partir de su afiliación al Partido Comunista Francés, y se extiende hasta su muerte en 1942, cuando fue fusilado por los nazis debido a su

Cuadro 3

Freud se planteó el propósito de hacer de la psicología una ciencia natural […] Para cumplir ese objetivo Freud utilizó el criterio de ciencia natural imperante en su época y juntamente con ello los esquemas referenciales con los que formuló sus teorías, hipótesis, conceptos, denominaciones, etc. […]

Aunque en ninguna ciencia se pueden considerar totalmente independientes entre sí la forma y el contenido, nosotros nos proponemos examinar los a priori conceptuales con los que trabajó Freud. La forma en que se capta y expresa una realidad está determinada por un previo contenido que sirvió de esquema referencial; la forma implica la ideología con la que se trabaja y a su vez actúa sobre el contenido, sobre la realidad sobre la cual se trabaja. […]

Este estudio de los esquemas referenciales o a priori conceptuales utilizados por Freud, nos parece integrar el núcleo central de una epistemología del psicoanálisis, de tal manera que no queremos primariamente examinar ahora el conocimiento como tal que aporta el psicoanálisis sino la estructura de los supuestos o “principios” con los que Freud elaboró sus hipótesis y teorías. […]

Lo que hay que distinguir con claridad es el hecho que no obstante haber partido Freud de un campo concreto de la investigación, su ideología no se deduce a posteriori de lo que va descubriendo, sino que a la inversa, ella preexiste en su inspiración fundamental y es introducida y utilizada en la textura íntima de las hipótesis y teorías. […]. Lo que sucede es que la investigación en un campo particular posibilita la formulación o hace tomar conciencia de la ideología con la que se ha trabajado, presentándose esta como totalmente deducida de los hechos investigados. […]



El psicoanálisis es, básica y fundamentalmente, una psicología que debe ser estudiada como tal y en la práctica concreta; la psicología es una ciencia con un campo propio de operancia, e investigar en psicología no significa meramente una tarea de exégesis bibliográfica. […] El marxista puede quedar satisfecho con la réplica a la ideología que implica el psicoanálisis, pero el psicólogo marxista no puede darse por satisfecho con ello; está obligado a entrar en la psicología psicoanalítica. […]

El psicoanálisis no se supera declarándolo falso, negativo, irracional o idealista; sólo puede ser superado dialécticamente con el “Aufhebung” hegeliano. “Negar –como lo subraya Engels- no significa pura y simplemente decir “no”. La negación implica la continuidad; significa la asimilación, el trabajo crítico y la unión en una síntesis superior, de todo el pensamiento de vanguardia, de todas las conquistas progresivas de la humanidad en el curso de la historia.
Fuente: José Bleger, 1958: Psicoanálisis y dialéctica materialista, Buenos Aires, Paidós, pp. 18-25. El subrayado es nuestro



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