Módulo III: La autorregulacion de las emociones



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Bizitza Osoan Zeharreko Ikaskuntza

Aprendizaje a lo Largo de Toda la Vida

MÓDULO III: LA AUTORREGULACION DE LAS EMOCIONES.


Rascad la piel de un escéptico, y casi siempre hallaréis debajo

los nervios doloridos de un sentimental” (Daniel D´Arc)
La autorregulación se refiere a la capacidad de gestionar o de encauzar las emociones debidamente. El verdadero desafío para la autorregulación surge ante las situaciones y emociones no deseadas, al igual que en los casos de aparición de estrés; es habitual la tendencia a:


  • Dado que no nos gusta, rechazarlo o intentar eliminarlo, a pesar de que con el paso del tiempo irá adquiriendo cada vez más intensidad.

  • Intentamos negarlo o si se puede, incluso no sentirlo; de esa forma llegamos a perder la “línea directa” con nosotr@s mism@s; con el paso del tiempo, perdemos la conciencia acerca de nuestras necesidades emocionales, así como de cómo está nuestro cuerpo; es muy posible que éste se exprese a modo de diferentes síntomas o problemas psicosomáticos.

Cuando hablamos de Autorregulación, el primer paso se inicia en la Auto-conciencia; en saber cómo funcionamos y cómo somos. Por ejemplo, para que en situaciones conflictivas seamos capaces de regular nuestra agresividad, antes hemos de reconocernos como personas con un determinado grado de agresividad -aunque no nos guste-. Si no sucede así, es más fácil que lleguemos a perder el control.




La AUTORREGULACIÓN

NO CONSISTE EN CONTENER O REPRIMIR LA EMOCIÓN,

SINO QUE IMPLICA PERCIBIR QUÉ SENTIMOS,

Y EXPRESARLO DEL MODO ADECUADO

Si recurrimos a “controlar” las emociones a base de contener, estamos bloqueando la expresión de éstas, y negando su permiso y derecho a aparecer. Si esta respuesta es habitual y repetida, con el tiempo esta expresión será desviada por medio de otra conducta o reacción. Es cierto que en ocasiones será necesario saber “controlar” la expresión inadecuada de la emoción, pero para llegar a esa capacidad, primeramente se ha de trabajar esa habilidad, además de reconocer las tendencias y cualidades de un@ mism@.


De esta forma, la clave de la regulación está en sintonizar con nosotr@s mism@s. Así podremos comprendernos y anticiparnos a gestionar adecuadamente eso que sentimos y cómo vamos a comportarnos.
Gracias a la Autorregulación, cuando surjan las emociones que queremos rechazar, además de hacerles espacio, estaremos en disposición de decidir qué haremos con esa situación. Como decíamos anteriormente, la supresión o negación de las emociones, no hace que éstas desaparezcan; quedan libres, y casi con seguridad aparecerán en otros momentos inesperados.
Tal y como hemos comentado anteriormente, el proceso de respuesta y de creación de una emoción es totalmente subjetivo entre diferentes personas. Por eso, el proceso de análisis referido cómo regular la respuesta habitual de una persona, y la que se considera es la adecuada, es también individual.
En este sentido habrá de analizarse cómo intervienen los 3 elementos que interrelacionan en el proceso emocional, como ya se comentó al inicio, es decir:


EMOCIÓN

PENSAMIENTO CONDUCTA


Recordemos que una emoción concreta activa un tipo de pensamientos concreto, y éstos a su vez, generan conductas en la misma línea. Dado que es un proceso en interrelación constante es necesario influir en los 3 sentidos.


Por todo ello, hemos de subrayar que la Autorregulación implica trabajar más que la conducta en sí; primero pasa por reconocer y aceptar la emoción, a la vez hay que fijarse en qué piensa y qué se dice la persona, y entonces es cuando se decidirá cual será la conducta adecuada.

Anteriormente comentábamos que ante situaciones y emociones desagradables tendemos a evitarlas o negarlas. En este sentido, existe un caso extremo de “anestesia emocional” como es el caso de la Alexitimia (del griego a para indicar negación, lexis, para referirse a palabra o expresión y timos para referirse a la emoción). Se trata de personas que se sienten incapaces de hablar de emociones, por que no las conocen ni diferencian entre ellas; se “han negado sentir” hasta tal punto, que finalmente parece que pierden esa capacidad. No obstante, si se activa un proceso emocional de intensidad, entonces llegan a sentirse bloqueados, sin capacidad de expresión. Si les preguntáramos cómo se sienten, dirían que “muy mal”, aunque sin poder diferenciar si están frustrados, enfadados o se sienten rechazados.


Fundamentalmente se trata de personas a quienes no se ha enseñado a conectar con sus emociones, y/o se ha potenciado especialmente la capacidad racional de éstas. Además, en su vertiente más psicopatológica están las personas que durante sus primeros años de vida se han sentido tan desamparadas emocionalmente, que ante imposibilidad de seguir sintiendo el dolor, llegan a dejar de sentir. No se percibe ningún rastro de afectación neurológica, es más una estrategia defensiva o resistencia.
En el otro extremo están las personas que se sienten desbordadas fácilmente por las emociones; si bien subrayamos la importancia de conceder un espacio para sentir y expresar las emociones, la hipersensibilidad o labilidad emocional puede llevar a la persona a bloquear su capacidad de respuesta o reacción por quedarse atrapada en la emoción. En otras palabras, es cierto que las personas que no se permiten sentir y expresar pueden tener somatizaciones y otros problemas de salud; además, las personas que se sienten atrapadas en sus emociones, tienen también una gran tendencia a generar respuestas fisiológicas de excesiva activación, similar a lo que sucede en el caso del estrés continuado.



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