Módulo 1: patologías y estrés en los docentes


FACTORES DE ESTRÉS EN LA FUNCIÓN DOCENTE



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10. FACTORES DE ESTRÉS EN LA FUNCIÓN DOCENTE

La actividad laboral supone un reto para la mayoría de las personas. Los nuevos sistemas de producción han acelerado un cambio en la sociedad donde la educación cada vez ha cobrado mayor importancia. En la actualidad, la práctica totalidad de la población es escolarizada desde los 3 años hasta los 16 de forma obligatoria. Las sucesivas reformas educativas sufridas desde los años 70 del siglo pasado y el cambio social han configurado un nuevo clima y condiciones laborales para el docente.


El medio ambiente laboral del docente está plagado de agentes estresantes. De hecho, la actividad docente se configura como una de las más estresantes que existen: el 70% de los docentes padecen algún tipo de estrés en una u otra de sus formas (según la American Psychologist Asociation). La lista es larga, así que vamos a dividirla en grupos:
1.Las condiciones físicas del lugar de trabajo.
-Falta de medios económicos que implica una mala gestión presupuestaria interna de los centros. Se gestiona una cantidad limitada de dinero prefijada de antemano en vez de administrar el dinero que realmente es necesario. Esto produce situaciones paradójicas: Retirar dinero destinado a material fungible para amortizar aparatos (fotocopiadoras, reproductores de video, proyectores, etc... ); tener una cantidad prefijada de fotocopias por maestro, reducir el número de llamadas de teléfono, etc... La limitación del libre acceso al consumo de materiales fungibles limita el desarrollo de actividades en las aulas.
-Los niños poseen a menudo mejores aparatos en casa que los que el centro educativo puede permitirse. Por un lado se insta a los profesores al uso de las nuevas tecnologías, pero por otro lado falta formación en su utilización o incluso los aparatos necesarios.
-A menudo las escuelas han sido diseñadas para una determinada población en un determinado entorno social. Cuando las condiciones del entorno cambian, a menudo no se alteran las condiciones del centro con la suficiente rapidez. Por ejemplo, encontramos aulas insuficientes en localidades que tienen bastantes alumnos como para tener mejores instalaciones, y otras que casi no tienen alumnos disponen de centros de tres o cuatro aulas, más un despacho de dirección, aseos, pistas polideportivas, patios vallados, etc... que son infrautilizados. La gestión de recursos no se coordina con las necesidades reales. Los colegios mejoran cuando ya no hay alumnos que se beneficien. Con frecuencia, sobre los criterios racionales priman los políticos.
-Los altos niveles de ratio son incompatibles con el desarrollo del objetivo prioritario del actual sistema: la educación individualizada. No es posible ofrecer este tipo de educación con 25-30 alumnos por aula y profesor. No es posible implementar las nuevas tecnologías de forma efectiva. Se nos pide que enseñemos a los niños a navegar por Internet cuando tienen un ordenador para cada 30 alumnos. Absurdo.
-Los espacios en los centros designados a almacenes, lugares de gestión y administración, sala de profesores, etc... es insuficiente. En la mayoría de los Centros estos espacios se utilizan para habilitar nuevas aulas, impartir actividades extraescolares o apoyos a niños ACNEEs.
-Por otro lado, las aulas son igualmente insuficientes en la mayoría de los casos, aunque este problema es más agudo en los grandes núcleos de población.
-El profesorado no tiene lugares específicos para ellos. No existen salas exclusivas para el ocio, descanso, formación o reunión del profesorado y en los casos en que existen, éstas son utilizadas para otros fines.
-Existen muchos problemas para desplazarse al centro.
Diferentes estudios han puesto de manifiesto la relación de estas condiciones físicas con el estrés y la depresión: Por ejemplo, Schonfeld (1992) descubre que los maestros que trabajan en los entornos escolares más adversos son los que evidencian síntomas más depresivos. Además los efectos sobre la depresión parecen ser inmediatos.

Otro estudio hizo hincapié sobre la relación entre la percepción que tenían los maestros de Primaria sobre el tamaño de sus clases como elemento de estrés y la ratio (proporción alumnos/maestro). El estudio descubrió que los que trabajaban en una escuela con grupos más reducidos tendían a considerar que el tamaño de su clase causaba muy poco o nada de estrés, y tendían a utilizar métodos educativos más activos y pedagógicamente correctos. (French 1993).


La mayoría de los estudios convergen en un punto, al parecer indiscutible: lo que mayor nivel de estrés causa al profesorado en cuanto a las condiciones físicas del trabajo es la falta de medios, materiales o recursos que constituye una gran fuente de frustración y desilusión para el docente.
Existe otro efecto estresante: el llamado fenómeno de “escenario dividido”: Debido a la reforma y a los constantes cambios en las estructuras organizativas y de gestión, los docentes deben desplazarse constantemente entre lugares diversos con sus alumnos (laboratorio, gimnasio, sala audiovisual, patio, sala de idiomas, sala de informática, etc...).
Los maestros, por ejemplo, tienen 5 horas diarias de obligada permanencia en el centro, más una hora diaria más de cómputo mensual. En total 6 horas. Durante este período la ley no contempla ningún descanso (no se libran horas a nivel oficial) excepto el intervalo del recreo de los alumnos, en el que los maestros establecen un turno. La sexta hora se suele dedicar a muchas actividades diferentes: Apoyos, Programaciones, Reuniones, Claustros, etc... con lo que el horario del maestro suele ser un pequeño caos en las horas que no son directamente de docencia: el maestro nunca sabe qué tendrá que hacer.
La burocratización de la enseñanza se ha convertido en una importante fuente de estrés que se comentará más adelante.
2.Exceso y defecto de trabajo
Muchos docentes están sobrecargados de trabajo. A tener que soportar niveles de ratio muy altos, se une la composición variada de los alumnos en el aula, la necesidad de intervenir individualmente, el necesario esfuerzo burocrático para rellenar multitud de informes, cuestionarios, etc... y las inaplazables sesiones de coordinación pedagógica y programaciones.
Pero el no tener trabajo puede ser aún peor. Los docentes interinos deben sumar a todo el esfuerzo anterior, la necesidad de estudiar fuera del horario laboral en lugar de descansar y la seguridad de que dejarán de trabajar cuando el maestro propietario de la plaza se reincorpore.
Las investigaciones llevadas a cabo han concluido que la necesidad de trabajar durante tantas horas seguidas constituye una fuente de estrés para los maestros. La mayoría de la gente mira con envidia los meses de vacaciones de los maestros, pero parece evitar ver la cantidad diaria de trabajo absolutamente entregado que realizan sin descansos intermedios excepto la media hora de recreo. En todos los puestos laborales el trabajador puede rendir a niveles diferentes según su estado psicofísico, pero en la docencia, los niños demandan atención y esfuerzo constante.
Otro efecto que produce estrés es el del llamado “exceso de trabajo cualitativo”: Cuando el maestro ha de realizar labores para los cuáles no se siente preparado o capaz de culminar con éxito desarrolla estrés.
El caso más actual lo tenemos con dos cuestiones suscitadas recientemente: las aplicación de las nuevas tecnologías y la Atención a la Diversidad. Un maestro o profesor no debería tener que cumplir funciones además de usuario experto de ordenadores o logopeda.
Uno de los factores analizados más importantes se refieren al ritmo de trabajo de la jornada del docente. El hecho de que los horarios permitan pocas interrupciones y que las horas de no docencia se dediquen a la planificación y/o gestión se convierte en un factor de estrés denominado: “nivel general de actividad y vigilancia que se le exige al docente”.
3.Variaciones temporales del estrés en el profesorado.
No se ha podido determinar con exactitud si existe un ciclo de estrés entre los maestros a lo largo del año escolar, pero parece existir una mayor incidencia del estrés al final de cada trimestre y al finalizar el año escolar. Los maestros interinos conocen bien este efecto porque saben que se hacen más sustituciones durante las dos semanas anteriores a las vacaciones de Navidad, Semana Santa y Verano. Existen dos factores que pueden explicar este hecho: el estrés acumulado durante el trimestre anterior (muchos docentes simplemente no aguantan la presión hasta las vacaciones correspondientes al trimestre) y los acontecimientos de culminación del trimestre: exámenes de fin de curso, “acelerones” con la programación, etc...
Además se han detectado picos en la incidencia del estrés en el profesorado correspondientes a la primera semana de curso escolar, las dos semanas posteriores a la incorporación de la vacaciones de Navidad y un incremento progresivo y acelerado durante el mes de Marzo que alcanza su punto álgido en Mayo.
Los periodos vacacionales se convierten en oportunidades para los maestros y “recargar baterías” pero los condenan a un constante “arrancar” de nuevo, con el estrés consiguiente. Las vacaciones parecen proteger la salud mental de los docentes, pero los obligan a padecer picos de ansiedad que parecen inevitables.
4. El papel de los maestros en la escuela como fuente de estrés.

La investigación ha sugerido relaciones causales entre la forma en que se asume el rol laboral (determinación de rol y conflicto entre roles) y el padecimiento de estrés. La pregunta es. ¿Existe algo inherente a la asimilación de la función docente que provoque estrés? La ambigüedad de rol puede darse en el centro escolar cuando un maestro no posee información adecuada a la hora de desempeñar la función o no entiende del todo lo que se le pide. Los resultados, con frecuencia son insatisfacción laboral, falta de confianza en uno mismo, sentimientos de inutilidad, depresión y escasa automotivación. Tenemos varios casos que pueden ilustrarnos:


-Trabajar por especialidades diferentes para las que uno está preparado en base a las características del puesto: p.e maestros de inglés que se ven obligados a impartir todas las materias y para varios niveles en aulas unitarias.
-Interinos que empiezan a trabajar sin tener ningún asesoramiento previo sobre cuáles son sus funciones.
-Miembros de Equipos Directivos, Coordinadores de Departamento, Coordinadores de Ciclo que no tienen bien delimitadas sus funciones, derechos y responsabilidades.
En el caso de maestros y profesores interinos, a la inseguridad en el establecimiento del rol profesional se le une la falta de certeza de continuar en el desarrollo de su trabajo, o la imposibilidad de ver culminados sus esfuerzos con un grupo de alumnos en concreto. La precariedad e inestabilidad laboral siempre genera ansiedad. Recordemos que sólo en Castilla la Mancha hay más de 3.500 interinos trabajando y un número mucho mayor que esperan hacerlo.
El conflicto entre roles es otro factor generador de estrés en la docencia. Veamos los casos más comunes:


  • Cuando un maestro quiere desempeñar su trabajo de forma distinta a la aparece en la definición de éste. En realidad, un docente tiene fácil la libertad de cátedra de cara a la Administración, pero es mucho más difícil vencer la resistencia al cambio frente al claustro de profesores y la Asociación de Padres del Centro. Muchos maestros innovadores han dejado de serlo por el estrés añadido que implica serlo. Un maestro debe ser, ante todo discreto.




  • Cuando, por ejemplo, el Jefe de Estudios le pide a un maestro recién llegado al centro que de clases de Primaria cuando es especialista de Inglés.




  • Cuando un maestro se ve obligado a dar primer ciclo de la ESO cuando siempre ha dado primer ciclo de Primaria.




  • Cuando se le asigna al maestro una función tutorial además de la de Jefe de Departamento, lo cual implica que no desempeñe correctamente ninguno de los dos papeles.

En definitiva, debemos concluir que ningún trabajador debería realizar una labor para la que no está capacitado, todos deberían de tener su puesto claramente definido y nadie debería tener más de un jefe para la supervisión de su labor ; sin embargo los maestros son utilizados como piezas comodín en los centros educativos, donde son ubicados en función de las necesidades del centro, no tienen asignadas funciones específicas, que muchas veces se solapan; y tienen que estar sometidos además a la evaluación constante de alumnos, padres, compañeros y administración. En estas condiciones ¿Quién no se pondría nervioso?


El conflicto en la profesión docente se plantea a los maestros constantemente. La resolución de los mismos pasa casi siempre por una renuncia personal explícita a las propias convicciones y otra renuncia tácita a los derechos laborales que en el magisterio nunca se han consolidado en la mente de los docentes. Un ejemplo de estos conflictos:


  • Enseñar materias para las que no están formados ni tienen porqué estarlo en función de las necesidades del centro.




  • Pasar el tiempo controlando la disciplina de los alumnos en lugar de estar enseñando.




  • Mantener el control sobre uno mismo sin sentir ira. Procurar mantener la calma y niveles adecuados de autoestima en condiciones adversas.




  • Mantener optimismo ante las evaluaciones de alumnos, padres y compañeros.




  • Reprimir las propias ideas sobre la burocracia y la necesidad de redactar documentos y documentos de organización y gestión, etc...

Por si fuera poco, al maestro se le exige en la actualidad educar al mismo tiempo que se enseña. Esto siempre se ha hecho, pero ahora se han separado los dos términos de forma que parece que la responsabilidad de que los alumnos y alumnas formen un sólido sistema de valores depende en exclusiva del profesorado que ha pasado a ser el garante de la socialización de los niños y niñas. ¿Y los padres?¿Y las Instituciones?. Definitivamente se ha asociado otro rol más, otra responsabilidad al profesorado: el de “Trabajador Social”.


Todas estas cuestiones sobre el complejo rol del profesorado contribuyen a favorecer la desorientación y el desconcierto en el profesorado: Si tan importantes somos ¿Cómo es que no se mejora nuestra retribución, formación y condiciones laborales?
5.El efecto de la responsabilidad como factor de estrés.
La relación entre responsabilidad y estrés está bien documentada. En el caso de la docencia debemos matizar que el peso de la responsabilidad sobre las personas tiene muchas más posibilidades de producir enfermedades que cuando la responsabilidad se centra sobre las cosas.
Uno de los aspectos de la docencia que significa en la práctica una de las fuentes potenciales de estrés más importantes es el hecho de que la mayoría del tiempo, el maestro ha de responsabilizarse de personas que, además son menores de edad.
Caspari (1976) argumentó: “El agotamiento que experimentan la mayoría de los docentes a finales del trimestre está más relacionado con la exigencia que supone para las capacidades y personalidad del maestro el disciplinar a los niños a los que enseña que con cualquier otro aspecto de su trabajo”.
Para los docentes, la prevención de las conductas disruptivas, el establecimiento de normas de conducta y el mantenimiento del orden es un motivo de preocupación constante que tiene que ver sobre todo con el sentido de responsabilidad:
Si no existe un mínimo de orden, los potenciales peligros para los niños, que por definición no son responsables de sus actos, aumentan exponencialmente. Así que el orden es el garante de la seguridad, responsabilidad por tanto del docente.
Para enseñar, es necesario un clima de convivencia adecuado y una disciplina basada en el principio de respeto y autoridad. La función del profesor es enseñar facilitando las condiciones adecuadas, con lo que su sentido de responsabilidad debe preocuparse por el orden.
Sin embargo, el docente se ve con frecuencia a merced de sus propios alumnos y alumnas problemáticos, se siente frustrado por no poder controlar la disciplina en el aula, deprimido, vencido por sus propios alumnos que actúan sin ningún respeto. Uno de los fracasos de la reforma educativa ha sido retirar tácitamente el principio de autoridad de las aulas e introducir una democratización e igualdad que no es bien entendida ni por alumnos ni por padres. Los maestros se han quedado sin armas efectivas para mantener la disciplina en los casos más complicados. La interacción de todos los factores expuestos hasta el momentos dan como resultado que la docencia es una de las profesiones que más estrés generan y el estrés es malo: veamos un sencillo pero revelador dato:
Kotlarska et cols. (1986) descubrieron un índice mucho mayor de casos de hipertensión entre los maestros de Primaria que entre otros grupos de riesgo como el de los mineros.
6.Las relaciones entre los maestros.
En un trabajo como el del docente que necesita una dedicación total, existen horarios muy estrictos ( no se puede tener a los alumnos sin profesor) y las funciones y roles profesionales son tan laxos, las relaciones entre los maestros se convierten en una fuente potencial de estrés en muchas situaciones:
En un entorno educativo, el bienestar de la “mercancía” (alumnos y alumnas) prima sobre el de los trabajadores (maestros) de tal forma que pase lo que pase, siempre se ha de dar un servicio correcto al alumnado. En estas condiciones la defensa de los propios derechos, a menudo implica lesionar los del compañero. Por ejemplo, si ejerzo mi legítimo derecho a estar dos días de baja por que sufro un ataque de ansiedad y estoy agotado, un compañero tendrá que cubrir mi clase con la sobrecarga de trabajo que ello implica. Si, es cierto, la Administración debería proveer un interino, pero en la práctica, para dos días no lo conceden.
Con las cosas de esta forma, los maestros se muestran con frecuencia recelosos de sus compañeros. Este recelo es evidente cuando se trata de maestros interinos. Les suelen asignar los peores horarios, grupos de alumnos y las tareas más ingratas porque, a fin de cuentas no van a estar en el centro más de un curso completo.
Los docentes, por otro lado, son un colectivo profesional que carece de promoción interna: es decir, no ascienden ni tienen en teoría categorías ni jerarquías: uno puede ser maestro o profesor de secundaria. Y punto. Existen diferencias en cuanto a destinos, funciones y remuneración. El director de un centro de Primaria tiene más responsabilidades y mejor remuneración que un maestro del mismo centro, pero no más autoridad sobre él. Debido a esta falta de promoción, y visto que en todos los colectivos profesionales existen jerarquías; los docentes también han hallado un método para establecer diferencias: la antigüedad. Este criterio funciona básicamente aplicando el principio de que el último que llega al centro es el último en pedir. Las relaciones entre compañeros son complejas. Los maestros del mismo ciclo han de unificar criterios que, muchas veces generan discusiones. El nivel educativo de los alumnos es fuente de polémicas y constantes comparaciones entre los tutores, sobre todo en el primer ciclo de Primaria donde los niños aprenden a leer y escribir.
Los docentes no son un colectivo, en general solidario, de hecho, desde la huelga salvaje de finales de los 80, no ha habido reivindicaciones importantes que hallan significado mejoras laborales relevantes para el colectivo de docentes.
La Reforma ha acentuado más aún la distancia entre docentes con mucha experiencia y años de servicio y docentes recién llegados a la función pública que manejan mucho mejor la “terminología LOGSE”. Los procesos de elección de los Equipos Directivos también dividen y enfrentan a facciones partidarias de unos y otros. Las relaciones entre compañeros se han vuelto superficiales. Todas estas circunstancias enturbian las relaciones entre compañeros que se convierten en terreno abonado para el estrés.
7.La relación con los alumnos como fuente de estrés.
La interacción entre alumnos y profesores es uno de los factores que mayores satisfacciones puede ofrecer al docente pero también uno de los más importantes factores estresantes. La relación entre actitudes de los alumnos y estrés docente se ha estudiado experimentalmente con resultados algo contradictorios. Algunos estudios no encuentran relación o no hallan correlaciones significativas, mientras que otros consideran que la amenaza de daño físico, e insultos de los alumnos problemáticos produce un impacto sobre el maestro mucho mayor que cualquier otro aspecto de su experiencia profesional.

El origen de esta aparente contradicción lo encontramos en dos motivos:


-Por un lado, todos los docentes son reticentes a admitir los efectos que los alumnos puedan tener sobre su estado de ánimo, ya que esto implicaría admitir la pérdida de control sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje y la inversión de los tradicionales papeles asimétricos profesor-alumno.

-Por otro lado, el impacto de las amenazas, insultos y faltas de respeto sobre el estado de ánimo es altamente subjetivo. Un insulto puede serlo para un maestro pero no para otro, con lo que los estudios objetivos sobre el tema son escasos.

Independientemente de los resultados experimentales, parece lógico pensar que determinadas conductas y actitudes de los alumnos puedan producir estrés en el profesorado, (indisciplina, conductas disruptivas, agresiones, amenazas, insultos, etc...).
El mecanismo de desarrollo de estrés en este caso se encuentra en el sentido de responsabilidad del profesor. El docente tiene ganas de realizar un buen trabajo, de poder ilusionar a sus alumnos, de motivar a los niños para que alcancen todo su potencial y, sin embargo, lo que se encuentra es todo lo contrario y un desprecio evidente a su persona. La frustración es la precursora del estrés. El maestro comienza a percibir su relación con los alumnos como amenazante y desarrolla primero tensión y posteriormente ansiedad.
8.Otros factores relacionados con el estrés.





  • La relación con la dirección del Centro.




  • La falta de seguridad laboral (en el sentido de estabilidad)




  • Frustración por la carencia de posibilidades de promoción.




  • Falta de seguridad laboral (sobre todo en los constantes desplazamientos).




  • Efecto de “encerramiento ocupacional”. Alude al hecho de la imposibilidad práctica de abandonar la docencia una vez comenzada.




  • Clima y estructura organizacional.



  • Participación en la toma de decisiones (politización de los claustros, injerencia de los padres, supervisión de la Administración, etc...).




  • Evaluación constante por parte de todos los agentes implicados en el sistema. El docente es la pieza más denostada, pero más evaluada de nuestro actual sistema educativo.




  • Burocratización de la enseñanza. El efecto de las superestructuras organizativas y de gestión.

Como vemos, tenemos motivos más que suficientes para considerar nuestra profesión como peligrosa por la cantidad de factores que producen estrés (con las consecuencias que acarrea para la salud a medio y largo plazo) con los que el profesor ha de convivir diariamente.


Sin embargo, no todos los maestros caen enfermos por culpa del estrés. De hecho, encontramos en todos los centros maestros felices con el desarrollo de su profesión y sin problemas aparentes relacionados con el estrés.
Si tenemos en cuenta la cantidad de factores estresantes, parece increíble que los casos de estrés no sean más numerosos. La explicación a esta paradoja parece estar contenida en el hecho ya comentado de que el estrés es una respuesta inevitable pero subjetiva, que nace de la percepción subjetiva de situaciones amenazantes que, al ser catalogadas de esta forma, generan tensión acumulativa. Por eso, las características personales de cada docente pueden hacerle presa fácil para el estrés o, muy al contrario, inasequible a la tensión.
Existen variables personales que se relacionan directamente con la vulnerabilidad o resistencia ante el padecimiento de estrés:




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