Módulo 1: patologías y estrés en los docentes


TRASTORNOS AFECTIVOS: DISTIMIAS Y DEPRESIONES



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3. TRASTORNOS AFECTIVOS: DISTIMIAS Y DEPRESIONES

Definimos los trastornos afectivos como las alteraciones más o menos intensas y más o menos duraderas del estado de ánimo considerado normal por una persona. Este tipo de alteraciones o trastornos se basan en la percepción de los propios sentimientos por el propio sujeto, así que son tremendamente difíciles de estudiar, cuantificar y diagnosticar. Es difícil para observadores externos, así que cuando se trata de observarnos a nosotros mismos, tener objetividad en la evaluación de nuestro afecto es misión imposible.


Sin embargo todo el mundo tiene la capacidad de sentir emociones y de calificarlas como agradables o desagradables. Las emociones son sentidas de diferente forma y con diferente intensidad por diferentes personas, así que sabemos que la emoción es algo diverso y personal. Podemos, no obstante extraer los acontecimientos que siempre se repiten despertando en nosotros determinadas emociones; podemos acordarnos de los sentimientos más frecuentes en nosotros ante determinadas situaciones más o menos concretas y de esta forma, concluir que somos personas alegres, tristes, agresivas, miedosas, extravertidas, tímidas, etc...
Las emociones cumplen un papel social fundamental. Para el único homínido sobre el globo, la emoción cumple un papel de “cemento” social sobre el que basamos nuestras relaciones con los demás. Un psicópata que nace sin la capacidad de sentir emociones que no sean la activación y la calma, no mantiene relaciones sociales saludables, explota a los demás hasta el punto del homicidio. Las emociones y sus múltiples manifestaciones (risa, llanto, arrobo, ira, tristeza, hastío, etc...) positivas y negativas son inherentes al ser humano. Tanto es así que cuando las personas sometidas a tensiones increíbles pierden la capacidad de sentir emociones, se convierten en carcasas vacías y pierden su humanidad.
Las emociones tienen su razón de ser en sociedad, con los demás; por eso, los trabajos que tienen como base las relaciones sociales son trabajos delicados y fatigosos desde el punto de vista emocional. Si además, el escenario de ese trabajo es social también, la carga emocional es doble y si de forma añadida, el instrumento del trabajo es social, la tensión emocional es máxima.
La docencia es la única ocupación triplemente social y por tanto triplemente emocional:


  • Por un lado, el producto de nuestro trabajo es social: educar niños y niñas de diferentes edades para que sean buenos miembros de la sociedad a la que pertenecen.

  • En segundo lugar, nuestro entorno laboral es social, ya que hemos de convivir tanto con educadores como con educandos en sintonía.

  • En tercer lugar, la herramienta de nuestro trabajo es la didáctica a través del contacto personal con los demás miembros de la comunidad educativa.

Es decir, el docente siempre está bajo el microscopio social del resto de docentes, de todos los alumnos y de todos los padres y madres, con lo que la presión es importante.


Un docente ha de conocer y controlar sus emociones, de forma que no interfieran más de lo necesario en su trabajo, y a menudo, cualquier error en el sentido emocional que sea percibido por los demás se prolonga en el tiempo, ya que todos permanecen en un curso escolar mientras el curso dura. Sin embargo este control cuesta caro al que lo ejerce a menudo sobre sí mismo si no tiene canales alternativos para aliviar la tensión emocional. El trato con los demás en profesiones que, como la docencia, son en la práctica “escaparates transparentes” de las emociones internas puede servir de amplificador de nuestras propias emociones.
Es muy posible que el docente que se encuentra en un momento emocional positivo, transforme y potencie su percepción optimista de la realidad alcanzando un polo algo maníaco de positividad, alegría y percepción de sus propias capacidades; pero esta amplificación también se produce para las emociones negativas, de forma que un maestro o profesor triste, es muy probable que se sienta doblemente desdichado rodeado de tanta gente diversa a la que no puede revelar sus verdaderos sentimientos.
Sin duda, los docentes más sensibles, en el entorno escolar desarrollan estrategias de autoprotección emocional basadas en el aislamiento y en la evitación de la involucración emocional tanto con sus alumnos como con los compañeros. Los trastornos emocionales más comunes son la depresión en sus diferentes formas y las distimias (tratamos el estrés como una problemática aparte).
Depresión
Consiste en un estado de ánimo alterado que cursa con una variedad de síntomas que se manifiestan a nivel cognitivo (en el pensamiento), emocional (en los sentimientos) y conductual (en las conductas observables). Es un trastorno de relativa gravedad oscilando entre la distimia o estado de ánimo disfórico (triste, apático, con poca energía) como forma inicial más benigna y la depresión mayor (síntomas graves que pueden conducir al intento de suicidio o suicidio real). Los grados en gravedad de la depresión dependen de tres factores:
-Por un lado la causa de inicio de la depresión. En este sentido hay tres posibles causas: Sentimientos de pérdida y duelo (sea cual sea la pérdida: la muerte de un familiar, el robo de un objeto valioso, la pérdida de un puesto de trabajo, etc...); como segunda causa, agotamiento por estrés mantenido durante mucho tiempo; y en tercer lugar, la causa más grave: no saber exactamente la causa del inicio del proceso depresivo.
-Por otro lado, la duración del episodio depresivo: Un episodio pasajero (pongamos de dos o tres semanas) de tristeza o anergia (falta de energía) no es comparable a una astenia primaveral u otoñal (asociada a la época del año). Una depresión reactiva (estado de ánimo que se produce como reacción a un acontecimiento que golpea con fuerza la psique del sujeto) de tres meses de duración es muy diferente a una depresión mayor de origen desconocido que cursa durante seis meses o más.
-En último lugar tenemos que decir que la intensidad con la que el sujeto vive los síntomas es otro factor a tener en cuenta.
En términos generales y salvando las importantes diferencias que existen entre diferentes individuos, como regla general podemos decir que las depresiones que se inician sin un motivo aparente, se manifiestan con intensidad en sus síntomas y duran mucho tiempo son las más peligrosas.
Una enfermedad orgánica
Hasta hace poco tiempo, la depresión era considerada una enfermedad funcional, es decir: sin base orgánica. Se la consideraba un producto de la mente, un fantasma creado por una personalidad desequilibrada y amenazada. Hoy sabemos que existen bases orgánicas que explican la depresión, que existe una alteración de los neurotransmisores cerebrales encargados de transmitir los impulsos nerviosos en la red neuronal, que existen cambios perceptivos y metabólicos. No sólo eso: la depresión aboca a un evidente deterioro físico, psíquico y social: se alteran los patrones de sueño y alimentación, se desarrollan pensamientos negativos recurrentes y se alteran nuestras relaciones sociales. Toda la vida del afectado se ve alterada por la depresión. La depresión surge como una enfermedad con base orgánica, pero provoca daños adicionales, siendo la causa de otras enfermedades.
Síntomas de la depresión:
A nivel cognitivo:


  • Pensamientos recurrentes, cíclicos, ilógicos y cerrados sobre la propia incapacidad, infelicidad e inutilidad de todo lo que es y de todo lo que se es.

  • Pensamientos de negación del futuro, incapacidad de adelantar acontecimientos o de plantearse metas a corto y largo plazo.

  • Pensamientos de negación del pasado, aborreciendo lo que uno ha hecho en el pasado y sintiendo que nada de lo que ha pasado debería haber ocurrido.

  • Negación de los aspectos positivos de la realidad y enfoque obsesivo sobre las cosas negativas del entorno que confirman las teorías pesimistas del sujeto sobre la realidad.

  • Pensamientos de desaparición, de abandono de todo y deseos de aislamiento.

  • En los últimos estadios, deseos de morir e imaginación constante de un mundo sin uno mismo en él.

  • Dificultades para pensar con rapidez. Ralentización del pensamiento.

A nivel emocional:




  • Descenso brusco de la autoestima y de la percepción sobre la propia capacidad personal.

  • Sensación de tristeza y de abandono.

  • Labilidad afectiva: implica manifestar emociones de modo incontrolado sin motivo aparente. Llorar ante un anuncio televisivo sin poder controlar el llanto es un ejemplo típico.

  • Motilidad afectiva: amplificar los sentimientos de los demás en nuestro interior: la tristeza de los otros nos parece más real, la ira mucho más terrible, etc...

  • Deseos de aislamiento.

  • En estadios avanzados, las personas deprimidas parecen incapaces de manifestar ningún tipo de emociones visibles. Dan la sensación de estar completamente tranquilas, pero un análisis profundo revela una especie de angustia interior.

A nivel conductual:




  • Máscara de tristeza: Cara inexpresiva aunque macilenta y triste, hombros caídos, deambular pausado carente de energía y arrastrando los pies.

  • Manifiestan estar continuamente cansados y se fatigan al hacer ejercicio físico.

  • Alteraciones del sueño (tanto por exceso como por defecto).

  • Alteraciones en la alimentación (normalmente anorexia, aunque pueden incurrir en crisis bulímicas cuando son presas de esporádicos ataques de ansiedad).

  • Incapacidad de orientarse hacia la acción o tener iniciativa.

En definitiva, las personas deprimidas tienen en menor o mayor grado y durante más o menos tiempo estos síntomas generales que pueden condensarse en tres fundamentales: Descenso brusco de la autoestima (aprecio que uno siente por sí mismo), aislamiento social y emociones-pensamientos orientados al polo negativo.


Bucle de retroalimentación de la depresión
La depresión es una alteración del estado de ánimo que nace como una vaga sensación indefinida y puede llegar a convertirse en un problema que conduzca al sujeto al suicidio. La depresión se alimenta a sí misma y crece. El sujeto afectado es el anfitrión de un huésped malévolo que crece y asume el control, dejando al anfitrión en la indigencia y condenándolo a la infelicidad.
1º. Al principio una sutil alteración del equilibrio ideal de los neurotransmisores cerebrales genera un estado de ánimo triste (disfórico, que diríamos en la clínica). En este momento, el sujeto es vulnerable.
2º. Este estado de ánimo coincide con acontecimientos vitales que han logrado bajar las defensas del sujeto (duelo, pérdida, estrés, frustración, etc...). La vulnerabilidad del sujeto se encuentra sobre un sustrato fértil.
3º. La tristeza pasajera del sujeto arraiga porque encuentra una situación personal delicada. Pronto va a dejar de ser pasajera.
4º. El sujeto comienza a manifestar los primeros síntomas: Empieza a pensar en negativo y orienta toda su atención hacia los aspectos más oscuros de la vida y de su relación con el mundo. Comienza pensar que él mismo no vale la pena.
5º. Su irracional lógica alterada hacia el polo negativo de las cosas le confirma con cada acontecimiento lo que ya sabe de sí mismo: no vale la pena.
6º. Cuanto más piensa sobre su propia incapacidad, negándose a sí mismo mil veces, más necesidad tiene de aislarse de los demás y menos ayuda recibe del exterior.
7º. Llega un momento en el que está tan encerrado en su hermético mundo de tristeza y desvalorización que comienza a pasar desapercibido para el resto. Toda posibilidad de ayuda desaparece. La depresión se complica y se instala en la personalidad del sujeto.

Una pequeña alteración del estado de ánimo se ha convertido en un gran problema por coincidir con una situación personal delicada. El sujeto no ha controlado su flujo de pensamientos negativos irracionales y se ha dejado arrastrar al pozo triste y oscuro de la depresión. Por eso la depresión es un enemigo paciente y oportunista que se ceba en las dificultades de sus víctimas. Los docentes tienen muchas dificultades personales relacionadas con la demostración de su valía. La autoestima de los docentes es frágil porque es puesta a prueba continuamente, así que los docentes son vulnerables a la depresión.


Profilaxis de la depresión
La preservación de elevados niveles de autoestima constituye la vacuna más eficaz contra la depresión. De hecho, si miramos a nuestro alrededor, comprenderemos que las personas que conocemos más confiadas en sus propias capacidades y que se aprecian a sí mismas, son las más resistentes a la tristeza y las más inasequibles al desaliento en situaciones de tensión.

Mantener altos los niveles de autoestima es prioritario para el docente, porque de esta forma aumenta su competencia profesional y su capacidad de afrontamiento. Además, ahora tenemos claro que la felicidad depende mucho de la cantidad de aprecio que uno tenga por sí mismo. Así que en la prevención de estados depresivos es esencial una mínima formación en lo que se ha dado en llamar: autocontrol emocional y trabajo con autoestima. Las técnicas de autocontrol emocional que se utilizan en este entrenamiento previo son similares a las usadas con la ansiedad. En cuanto al trabajo con autoestima se basa en la realización de ejercicios prácticos y en el desarrollo de un programa de actividades que recibe nombres como: Control mental, Pensamiento Positivo, etc...


Terapia de la depresión
Con personas deprimidas es necesario cortar de raíz el foco principal que está manteniendo y aumentando la depresión. Es probable que tardemos mucho tiempo en conseguir recuperar la alegría, pero lo que podemos hacer es cortar el grifo que alimenta la depresión. Lo que nos produce infelicidad es la propia depresión, ese maldito estado de ánimo, y lo que da rienda suelta a la depresión es el constante flujo de pensamientos negativos irracionales. Acabar con los pensamientos negativos es el objetivo y la herramienta es la Terapia Racional Emotiva de Albert Ellis. En el siguiente bloque temático desarrollaremos con profundidad el delicado asunto de la depresión como factor de riesgo para la salud en el entorno escolar y, por supuesto, dedicaremos el espacio que merece la TRE de Ellis.




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