Materiales de un debate sobre el currículo de acreditación en la sociedad contemporánea: hacia un currículo de resistencia


El sistema educativo trasciende el espacio escolar



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El sistema educativo trasciende el espacio escolar


El sistema educativo trasciende el espacio escolar, adquiriendo una dimensión que involucra integralmente la sociedad entera. Los aparatos e instituciones del Estado ya no solamente se proponen como objetivo “misional” disciplinar los cuerpos de sus participantes; ahora, y cada vez más, interviene la mente de los sujetos que ellos forman o que en ellos se relacionan. Esto se hace más eficientemente con procesos de formación, de autorregulación, autocontrol y autogestión individual

Según el discurso oficial, en cada micro espacio, y específicamente en el sector educativo, los estándares internacionales globalizantes deben funcionar. Sin embargo, poco se ha discutido la implicación de esta política pública. Por eso, el reto de esta investigación es develar los propósitos de la política pública que pretende implementar el proceso de certificación ISO 9000, imponer el funcionamiento completo del MECI, e instrumentar los Planes de mejoramiento, puestos al servicio de los dos anteriores. En las instituciones educativas todo esto viene ocurriendo. Ello exige ser rigurosos remitiendo el fundamento del análisis de esta realidad, a la apropiación teórica del sentido construido por lo esencial de los sistemas de gestión de calidad, sus fines, utilización y los elementos que los conforman.


  1. Antecedentes: globalización y políticas nacionales en Latinoamérica


Existe un nuevo orden económico y político internacional, más excluyente y desigual que los anteriores. El proceso de globalización, impuesto como respuesta a la crisis económica que afloró en los años setenta del siglo XX, plantea una ambivalencia entre la mayor importancia del comercio, en la generación del producto bruto mundial con un espectacular proceso de innovación tecnológica y, de otro lado, la existencia de más pobres y la presencia de mayor desigualdad en el mundo.

En el actual contexto global, los Estados nacionales inscriben su soberanía en el marco de políticas mundiales y sus políticas públicas se trazan desde los presupuestos ideológicos y políticos de los organismos internacionales del crédito. Las instituciones son débiles y la llamada “gobernabilidad” democrática se resiente. Internamente los gobiernos nacionales tienen, por lo general, grandes dificultades para generar consensos y cuando ello ocurre se recurre a la represión simple y llana. Los escasos recursos públicos que deberían manejarse con responsabilidad y transparencia fiscal, cuando son auscultados, requieren la presencia de investigaciones por corrupción.

La lectura que se hace de esta situación desde la óptica del neoliberalismo es que se deben profundizar las reformas emprendidas en los años 90 (en el nivel macro y microeconómico) y, en este contexto, se plantea una reforma del Estado que apunta a “disminuir su tamaño” y su papel en la economía.

Así, las políticas públicas han derivado en la búsqueda de “estrategias de desarrollo” que se enfoquen fundamentalmente en la internalización del autocontrol y autorregulación de los individuos y de las instituciones, introyectando —en los sujetos individuales y colectivos— una actitud hacia la “resiliencia”.

En este punto es importante aclarar que la transformación de la escuela deviene en la necesidad que tiene la sociedad de mercado de pasar de una sociedad disciplinada que construye sistemas de panópticos y vigilancias externas (en la empresa, la familia, prisión, la escuela, el ejército) con la utilización de mecanismos represivos hacia otro donde cada sujeto es clave y engranaje del poder impositivo. Es la llegada de una sociedad de control que tiene como premisa inicial de enmascarar el poder y controlar las mentes de los individuos, para hacerlos competitivos en el mercado y productivos, al servicio de los intereses del capital internacional y a la par del proceso de globalización.

Por esta razón, en este momento, se interviene a las instituciones educativas para que sean efectivamente socializadores secundarios, implementando en ellas, y desde ellas, todos los llamados sistemas de gestión de calidad (SGC), tal como es la ISO 9001, entre otros.

En tiempos como los actuales, un Estado no es poderoso sólo por los ejércitos con que cuenta o por la cantidad de activos públicos o recursos presupuestales que maneje; lo es, fundamentalmente, por la capacidad de control que tiene sobre su población y por la oportunidad de la información que posea para la eficaz toma de decisiones al servicio de los mercados: por eso la información debe ser considerada como un “bien público” controlada por los aparatos de Estado.

Vinculado a lo anterior, está el fomento de la ciencia y la tecnología. Sin ella no es posible pensar en un desarrollo viable en el actual contexto global y en la denominada Sociedad del Conocimiento. El desarrollo de la ciencia y la tecnología no es una tarea exclusiva del Estado; pero es el Estado quien debe crear las condiciones para la innovación y la adaptación tecnológica en el país. Eso sí, haciendo que la investigación, la ciencia y la tecnología se desarrollen con los requerimientos de los “interesados externos”, dueños de los medios de producción y del sistema económico vigente. Esto se expresa, también, en la legislación que rige el desarrollo de la ciencia y tecnología.

El Estado busca y requiere replantear las estrategias y políticas en busca de un desarrollo hacia la autorregulación. Desarrolla las tres características propias de éste: el auto control, la autogestión y la autoevaluación de los individuos y de las instituciones del Estado.

Son varios los desafíos en ese contexto; pero uno de los más importantes se refiere a la transformación del Estado, buscando su representatividad, modernización, eficiencia, eficacia, efectividad y descentralización o —mejor dicho— desconcentración.

Por eso el problema no ha sido “el tamaño del Estado”, tal como llegó a plantearlo el neoliberalismo, sino —principalmente— la definición de su ámbito de acción y del control de su gestión en función de los intereses que defienden los gobiernos. La doctrina que se instaura busca la regulación por parte del Estado que apunte a la búsqueda de la competencia, sirviendo a “los productores y los consumidores”; vale decir, a la reproducción. Cada sujeto debe ser capaz de “entender y establecer canales de conexión y de participación de amplios sectores de la población que hoy no están representados”.

Obviamente, las instituciones educativas hacen parte de la estructura dinámica de la transformación del llamado “Estado Moderno”. Éste, en el marco de los procesos de las reformas y modernización que se llevaron a cabo en los Estados latinoamericanos en el siglo XX, adecuando sus aparatos ideológicos, culturales y de poder tanto económico como político. Allí se ubicó a la escuela como una institución a intervenir, con una serie de reformas que han establecido de acuerdo a procesos de “modernización macro” del Estado, la generación de políticas educativas públicas (proyectos y planes en el sector educativo) y legislación acorde a estas necesidades.

Direccionando estas reformas educativas, el régimen aplicó las propuestas que han convertido a la escuela en instrumento de regulación y control social. El mecanismo es necesario para el ejercicio del poder, que permita al “Sistema” educativo y a quien en ellos se interviene, adaptarse y cumplir los fines últimos del Estado y del gobierno.

Para esto, en el proceso de transformación del Estado moderno, se ordena a la sociedad en sistemas interrelacionados por redes bidireccionales y abiertas. Allí se propicia la competencia en y entre los individuos en los espacios asumidos como de “educación continua”, donde la autoevaluación y autorregulación permite al sistema auto ajustarse, auto renovarse y acceder a lo que se ve entonces como “cambios permanentes de acuerdo a las diferentes necesidades de los mercados y coyunturas mundiales” en la lógica de la globalización capitalista.

En ese discurso (y en esta práctica), el sistema educativo no sólo trasciende el espacio escolar, sino que adquiere una dimensión que involucra a la sociedad entera que ya no funciona con el objetivo de disciplinar los cuerpos de sus participantes, sino, como lo hemos dicho, para intervenir su mente. Los maestros, así, son convertidos en facilitadores que generan “ambientes de aprendizaje contextual” para hacer de los individuos seres flexibles, “creativos” y manejables, que hacen parte de un conglomerado y no de los hacedores de su propia historia.



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