Materiales de un debate sobre el currículo de acreditación en la sociedad contemporánea: hacia un currículo de resistencia


La “inexorable” sociedad del cambio



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La “inexorable” sociedad del cambio


En el artículo que nos proponemos reseñar y, tal como su título lo sugiere, el profesor Lasagna se plantea como objetivo hablar de la gobernabilidad democrática en un contexto de globalización, pretendiendo además ver el caso de Latinoamérica. Para ello divide su artículo en tres secciones principales: En la primera presenta lo que me parece un ramplón contexto dentro del cual se desenvuelve la llamada globalización. Nosotros ya sabemos que el concepto que introduce es un sustantivo verbal, y que como tal, aparecerá en su argumentación como inexorable, pues es a la vez la acción y el efecto de globalizar.

Lasagna nos “informa” que: “…el destino de los pueblos está cada vez más determinado por procesos complejos que rebasan sus propias fronteras.… Las fronteras de los antes herméticos Estados Nacionales son más permeables, no sólo a los flujos de comercio, capital, servicios, e información, sino también a la cultura, ideas y valores. La interdependencia es cada vez mayor.” 5

Como es usual en este tipo de autores, parados en las metafísicas del discurso, en sus análisis comienzan por fundamentar una evidencia que, en tanto elemento que se revela como dado, aparece en sus explicaciones como causa que, en este caso, luego justificará aquello de que las sociedades “deben” adaptarse a este cambio. De nuevo, decimos que no podemos negar este hecho, pero este hecho, para nosotros es un síntoma, no un factor determinante del fenómeno. Siguiendo la lógica de analizar lo que la evidencia indica en su apariencia, el autor se apresura a anotar que: “Los procesos globales, con todo, no se estructuran conforme a un patrón centralizado y jerarquizado, más bien se articulan siguiendo un patrón de redes” (Ibíd.). Como vemos, el autor no atina a ver más allá de lo que operativamente se observa, describe el hecho, pero no lo analiza, obvia la inclusión de poderes que se enfrentan en correlación de fuerzas, en competencia: aquí los trust, transnacionales, gobiernos, y estamentos y empresas multinacionales y supranacionales que, de manera consciente vienen repartiéndose el mundo aún antes de terminada la “guerra fría”, no aparecen dotados de fines y propósitos.

Remata con lo que pretende sea un sesudo juego de palabras “más que una época de cambios, se vive un cambio de época”. ¡He aquí la agudeza de nuestro amigo Lasagna!

A este proceso que presenta como casi natural, nos dice el autor que todo no es color de rosa: al proceso lo asisten resultados “tanto positivos como negativos” (Ob. Cit. p. 2.); desde esta lógica —evidente heredera legítima de la dialéctica propuesta por Pierre Joseph Proudhon— no aparece ninguna contradicción; es un escenario donde solamente aparecen —como él mismo señala enseguida— “oportunidades y desafíos”; de esa lógica se desprende un corolario en su argumentación, una argumentación prescriptiva: Indica que los países latinoamericanos “deben prepararse para integrarse a un sistema económico interdependiente y crecientemente globalizado,…. deben buscar las oportunidades que les permitan incidir sobre el rumbo y ritmo de la globalización” (Op. Cit). Que quede claro que está haciendo estas prescripciones ¡sin decir nada sobre las correlaciones de fuerzas en el nuevo orden mundial!.

Como en su argumento no hay contradicciones —ni capacidad de reacción de los pueblos latinoamericanos— el autor de inmediato describe el modelo del nuevo orden mundial como un “…modelo que tiene que ver con las cualidades del modelo institucional que el sistema desarrolle de cara a generar la acción colectiva necesaria para enfrentar positivamente sus desafíos y oportunidades”. Dicho en pocas palabras, los países latinoamericanos deben adaptarse al contexto. Lo que no indica el autor de forma clara, es ¿de dónde sale ese contexto? ni ¿qué intereses y sujetos sociales hay detrás de él?

Es clara, además, la adopción del lenguaje de la Gerencia Estratégica con cierta matización. Veamos: En la gerencia estratégica, en la tan popular matriz DOFA6 se habla de Amenazas y Oportunidades, el autor sólo habla de Oportunidades y de Desafíos —¡que ya ni siquiera amenazas!—. Ahora, dentro de su lógica, éstos son sólo factores externos sobre los que se dice “no se puede incidir”, y son tomados como parámetros dados. Así, cualquier factor que denote “globalización”, por ejemplo la internacionalización de capitales, la llegada de capitales extranjeros, es algo que “los países no pueden evitar”. El modelo no está diseñado para que se pueda pensar en otros términos.

Así, por ejemplo, a Colombia llegaron las multinacionales de las telecomunicaciones, la banca internacional, etc. Y llegarán, “inexorablemente”, si no planteamos la resistencia, los grandes vendedores de servicios de salud, de educación, agua, energía, etc. en los próximos quinquenios. El análisis muestra como “naturales” estos procesos, esconde los lineamientos de una política de Estado —e internacional— que se viene concretando y sobre la cual podemos, y debemos reaccionar. Sostenemos que no son un factor exógeno ad hoc; un ejemplo de ello lo dio recientemente Francia al plantear la lucha de resistencia al querer la Comunidad Económica Europea imponer su política del primer empleo para los jóvenes al servicio del capitalismo trasnacional.

En ese contexto los resultados de las políticas públicas aparecerán bajo la responsabilidad de la llamada sociedad civil; en palabras de Lasagna “…el liderazgo, entonces, se está constituyendo en elemento clave del desarrollo y del cambio institucional para la mejora del desarrollo humano” (Ibíd.). Es necesario reiterar que con la crítica no estoy apuntando a un determinismo ahistórico —como sí lo hace Lasagna—; nosotros sostenemos que somos sujetos históricos en el sentido de que podemos conocer la realidad para transformarla; podemos hacer la historia, pero no con supuestos falaces, no cuando se nos pretende sutilmente negar la posibilidad de actuar más allá de un contexto predeterminado, y supuestamente inamovible, contexto al cual no podemos sino adaptarnos, en una dinámica que viene —como diría León Vallejo— “cosechando la resignación sembrada por los imperialismos en nuestros pueblos” a través de discursos agenciados por instituciones y autores como los que nos ocupan.



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