Materiales de un debate sobre el currículo de acreditación en la sociedad contemporánea: hacia un currículo de resistencia


LA VERDAD ESCONDIDA APARECE: LOS PERSUASORES OCULTOS DEL PROCESO LECTOR82



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LA VERDAD ESCONDIDA APARECE: LOS PERSUASORES OCULTOS DEL PROCESO LECTOR82



El examen (evaluación) combina las técnicas de la jerarquía que vigila y las de la sanción que normaliza''

(Foucault-Vigilar y Castigar)



De un país que carece de hábitos lectores y promedios bajísimos de consumo de libros —eso dicen Icfes y libreros— estamos pasando a uno donde testaferros con discursos enclavados en la lingüística textual están pre-determinando el tipo de lector y el tipo de lectura en nuestro país.

Como no existe ningún campo de la actividad humana que no pueda ser instrumentalizado, el de la lectura, su interpretación y evaluación, lo está siendo en estos momentos, y de manera abrumadora. Actúa a través de persuasores ocultos, como los llama el poeta Mario Rivero.

Estos “persuasores ocultos” se están convirtiendo en “una cadena casi imperceptible que instrumenta los vaivenes” de los procesos lectores, “ejerciendo una suerte de magnetismo hacia una tendencia determinada, ya para difundirla o para operar provechos económicos”.83
  1. La difusión


Que alguien adhiera a una metodología o a otra, no es crucial, pero si esa persona ocupa altos cargos de dirección en la educación, el asunto preocupa, no tanto por la masificación de un punto de vista, sino por el poder que tienen para sugerirlo (seminarios, congresos, publicaciones), evaluarlo (Saber, Icfes), es decir, imponerlo.

En un simposio nacional sobre Evaluación84, la Coordinadora del área de Lenguaje que diseña las pruebas SABER e ICFES, se refería a su principal paradigma conceptual como “mi amado Van Dijk”. El problema de “amar “ un punto de vista es que necesariamente terminamos convirtiendo en altares o primorosos lechos, foros, congresos y seminarios en que se participe. La lección quedó clara ese día: desde allí, desde su amado, nos están evaluando y como hay que responderle a las pruebas, en aras de ser “competitivos”, hay que marcharle a la Lingüística textual.

Frente a un modelo de imposición, escuchemos a Daniel Altamiranda: “No olvidemos que nos encontramos en el campo de las ciencias humanas o no-fácticas, y aquí no existe, como en otros campos, la sustitución por caducidad de un modelo [en este caso de lectura] y su reemplazo por otro actualizado o mejorado. Aquí todos los modelos conviven, se complementan, se oponen o interactúan, siendo posible, en la mayoría de los casos, la superposición de criterios o conceptos”.85
  1. Lo económico


No olvidemos que estos promotores-persuasores están sirviendo “a lo más granado de la pulpa y la celulosa”, es decir, a los emporios macroxilófagos editoriales del país: El Tiempo y su Círculo de Lectores, Norma, Prentice Hall y Santillana.

Si unimos un modelo de imposición en la enseñanza de la lengua materna, más un circuito promotor de lectura, más un modelo evaluativo inocuo, más una conceptualización estrecha de lectura y literatura, más un lector “remedo” y una élite de persuasores, el panorama da para pensar, sin neurosis, que los macroxilófagos tendrán en poco tiempo el mapa genético, el “genoma” del lector colombiano. Con él, estos mercachifles podrán intervenir con sus mercancías y todo su aparato industrial para inundar al atribulado ciudadano con textos que lo enajenen cada vez más con las promesas de una posición social mejor y lo ejerciten en el exclusivo y refinado arte del desprecio humano (léase: textos de autoayuda). Esta estandarización de los procesos lectores (por niveles, tópicos y competencias) conduce a hábitos estandarizados de lectura, que es en última lo que necesitan los macroxilófagos editoriales del país.



Circunscribamos la lectura a lo que el texto me “comunica”, y de allí al texto mensaje y de autoayuda, sólo habrá un paso. Si ya tenemos quiénes nos digan cómo leer, ¡por qué no aceptar que nos digan cómo vivir!
  1. La lectura


El modelo de lectura (desde lo evaluativo) en Lenguaje que impone el ICFES, para el caso del texto literario, es inadecuado, por varias razones: el texto literario es de naturaleza “atípica”, es decir, por surgir de un acto creativo tiende a rehacerse permanentemente; la ambivalencia es constitutiva de sí; no posee un único sentido (como lo quisiera la lingüística textual), el sentido está “diseminado” por todo el texto, y lo que es peor: ese sentido no lo pone sólo el escritor, también es tarea del lector descifrarlo, construirlo, rehacerlo.

Estos estafetas, conscientes o no, desde sus discursos están imponiendo un discurso reduccionista del proceso lector, lo que lleva al docente a constreñir (léase estreñimiento) el universo maravilloso de la literatura a las formulitas de la lingüística textual. El diagnóstico es viejo y tajante: “Hay elementos en el proceso lector que no están necesariamente atravesados por la comunicación, leer no es solamente establecer comunicación entre el lector y el texto”, nos lo recuerda Gilles Thèrien en su ensayo “Lectura: escalera y complejidad”.86



Con la lingüística textual, el proceso lector, y lo que es más grave, la literatura, se están amarrando al problema de lo que el texto comunica o no. “Desde el momento en que el texto literario no se estudia como objeto aislado, sino como un factor de la comunicación, podremos decir que el texto en sí no es más que una cita, un semiacto de habla, un parásito del lenguaje”.87


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