Materiales de un debate sobre el currículo de acreditación en la sociedad contemporánea: hacia un currículo de resistencia



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EDUCACIÓN Y POSTMODERNIDAD70



  1. Introducción


El desarrollo y avance del actual ciclo de acumulación “neo”liberal, lleva aparejado reestructuraciones o reacomodos que posibilitan hacer entrar en escena los diferentes dispositivos que —desde el Estado— apuntan a legitimar este “Nuevo Orden”. Dentro de éstos destacamos los que están en la esfera de la ideología y han venido imponiendo el recetario a seguir. Para ello, los grandes centros de poder, desde sus organismos internacionales e instancias de decisión (ONU, PNUD, UNICEF, BM, FMI-BID, entre otros), han patrocinado en los últimos treinta años una gama de asesores, consejeros, intelectuales de su clase, que ayudan a formular salidas o proyectos “alternativos” para los años venideros que intentan, por un lado, solucionar la crisis de acumulación de capital que actualmente rige al sistema; y, por otro, a establecer el reordenamiento ideológico, político y jurídico que permita administrar o gerenciar los futuros años de sobreexplotación de la fuerza de trabajo, en todos los países del mundo.

En este caso, aspiramos a develar el discurso y la práctica neoliberal; desenmascarar algunos de los elementos que los constituyen, y —a propósito de “máscaras” y simulacros— intentar mostrar el rostro oculto de la fraseología neoliberal, la cara “esotérica” del discurso de la postmodernidad que, en estos años de tantos tropeles, ha contagiado y obnubilado al grueso de los intelectuales, académicos y hasta a muchos teóricos de la izquierda del “tercer mundo”. Categorías y programas como “tolerancia”, “resolución de conflictos”, “intersubjetividad”, “diversidad”, “alteridad”, “eficiencia”, “control”, “calidad”, “competencias”, “revolución educativa”, “Estado comunitario”, “disolución del sujeto y la realidad”, “clausura de la historia”, “relatos y narrativas”, entre otras, «hacen parte de la producción de un discurso con el que se busca ocultar el contenido retrógrado y antisocial de la política del ‘Estado comunitario’»71 y no deben estar exentas de ser cuestionadas y examinadas bajo la lupa de quienes hoy somos víctimas de las nefastas políticas del Estado.

El oscurantismo que hoy se presenta ante nuestros sentidos, impuesto por las fuerzas neoliberales, es el resultado de muchos golpes y muchas pérdidas en los terrenos económico y político, sufridas por los pueblos del mundo en estos últimos años. Se ratifica el envanecimiento y engreimiento temporal del imperialismo que, apoyado en sus ejércitos y aparatos ideológicos (dotados de toda tecnología) quiere imponer no sólo la más horrenda explotación y opresión, sino también su vieja concepción del mundo —el idealismo— y el método que le sirve a éste —la metafísica—. Es entonces, desde la “cultura de la postmodernidad”, donde la colonización ideológica tiene un significado cargado de “irreverencias”, imposturas y hostilidades al proyecto histórico de la clase obrera.

La educación está en la mira y en las prioridades del Nuevo Orden imperialista, el cual necesita el desmonte de los servicios asistidos por el Estado, sujetándolos a la condición de rentabilidad: que sea la gente humilde y trabajadora la que siga financiando con sus misérrimos salarios los altos costos de la educación; además —de ñapa— que los contenidos fundamentales de la política educativa se rijan por y estén al servicio del chantaje o extorsión del pago de la deuda externa y la globalización de la economía.

Para hacer esto posible, se impone una supuesta innovación de los contenidos curriculares, el adiestramiento de profesores y estudiantes en funciones técnicas especializadas y en un tratamiento consensual de las contradicciones en los espacios de trabajo, con el objetivo de docilizar a las futuras generaciones de esclavos asalariados. De esta manera, en el “contexto” del mercado y del sujeto “neo” liberal, el estudiante es el consumidor —cliente que compra conocimiento y deviene en mercancía con su profesionalización—, estudiante que, por tanto, “siempre tiene la razón” y tiene que salir “educado” (sólo 5% del producto defectuoso y de posibles clientes insatisfechos). Por su parte, los profesores venden su trabajo intelectual —lo intercambian por el salario— y el sistema los reduce a ser sujetos domesticados y disciplinados —”competentes”-competidores— destinados a producir y reproducir estudiantes-mercancías, fuerza de trabajo calificada, estandarizada, normativizada, puesta al servicio del príncipe postmoderno.

  1. Sobre la cuestión del conocimiento en los postmodernos, la “deconstrucción” y la “reconstrucción del materialismo histórico”


En consecuencia, cuando la historia universal convertida en revolucionaria llega al final de sus posibilidades de realizar la humanidad y salvarla, el arte y la naturaleza deben acudir para salvar lo humano”72

Los dos presupuestos centrales sobre los que se sustenta la doctrina postmoderna, y que supuestamente le dan pertinencia científica, serían:



  • El “Principio de la incertidumbre”.

  • La negación de la memoria (eternización del presente).

Sobre dicha base conceptual, se dispara la andanada nihilista, escéptica y reaccionaria postmoderna, cuyas tesis básicas esgrimidas en contra del materialismo histórico serían:

  • No a las leyes “positivas” en las ciencias sociales (contra el “objetivismo”).

  • No a los “metarrelatos”, no a la historia total (contra el “Historicismo”).

  • No al “determinismo” social, “reduccionista” (contra el “mecanicismo”).

  • No a la previsión social ni a la planificación consciente (contra la “teleología”).

  • “Fin del sujeto social e histórico”, fin de las vanguardias y la conciencia revolucionaria (contra las “Utopías decimonónicas”).

En una frase sarcástica de Daniel Innerarty se podrían sintetizar los presupuestos y móviles del pensamiento “complejizador” de Morin: “Hemos estado mucho tiempo tratando de transformar la realidad y lo que necesitamos es que alguien nos ayude a comprenderla” (en “El Colombiano”, Suplemento Dominical; Medellín, 11 de marzo de 2001).

Desde una suerte de racionalismo crítico, liberal, Morin plantea una hermenéutica del comprender, desarrollada como “la entente cordialeentre los horizontes; algo así como la búsqueda del acuerdo mediatizado por la ética, que pide “argumentar y refutar, en vez de excomulgar”.

Se niega la causalidad, el primado de lo económico en lo social y la centralidad (y por ende la unidad y la lucha en la contradicción) del todo social. Como consecuencia del análisis morinista, tendríamos que proclamar el “fin de la realidad”. Pues habría tantas “realidades” cuantos sujetos (pensamientos y/o interpretaciones) hayan.

Morin desarrolla una “hermenéutica del comprender como un juego del lenguaje”, y para hacerlo desconoce la validez de la epistemología y del método científico de análisis. De esta manera proclama, ante la complejidad y pluralidad de la realidad, que “toda comprensión es un proceso de interpretación, de fusión de horizontes y perspectivas”. 73

Para Morin el pensamiento crea la realidad, y la verdad se da como una construcción del lenguaje; es la “verdad” consensuada, desarrollada desde la llamada —por Habermas— “interacción comunicativa”, y está ligada la “interdisciplinariedad”, de la mano (“participativa”) de un “diálogo de saberes” fragmentados y plurales.



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