Materiales de un debate sobre el currículo de acreditación en la sociedad contemporánea: hacia un currículo de resistencia


LA CIENCIA SUEÑA CON LOS OJOS ABIERTOS1



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LA CIENCIA SUEÑA CON LOS OJOS ABIERTOS1


A menos que prueben que algún otro sistema de conocimiento universalista conduce a criterios de verdad más aceptables, su intento de desbaratar la credibilidad universal de la ciencia en nombre del relativismo cultural, por bien intencionado que sea, supone un crimen contra la humanidad. Y esto es así porque lo que se denomina alternativa a la ciencia, no es en realidad, la anarquía, sino la ideología; no se trata de pacíficos artistas, filósofos y antropólogos, sino de fanáticos agresivos y mesías dispuestos a aniquilarse mutuamente y a destruir el mundo si así lo requiere la demostración de sus puntos de vista.”

Marvin Harris (en Materialismo Cultural)

Esto que escribo surge de una síntesis de mis notas personales. Intento hallar y mostrar “eso” invisibilizado por la academia postmoderna. Las tomé durante el “curso de investigación” programado con carácter obligatorio por la dirección de ADIDA en el periodo anterior, para los miembros del CEID.

El trabajo del curso empezó cuando la profesora que lo dirigió propuso desde el formato de SQA que los asistentes, organizados por parejas, expresaran “lo que saben sobre investigación”. Como nuestro grupo de investigación (“Sujeto pedagógico y condiciones materiales de la práctica escolar”) tiene elaboraciones al respecto, respondimos de la misma manera en que ya lo hemos hecho en otros espacios. Más o menos de la siguiente manera:



  1. La investigación es un proceso complejo de observación-deducción-transformación que integra (y es producto de) el desarrollo de los procesos psíquicos superiores.

  2. La investigación es histórica; depende también del desarrollo de los medios de producción y se despliega en función de la forma en que la sociedad produce y se reproduce. Surge de la relación de la necesidad (que es histórica y por tanto social) con los fenómenos de la naturaleza y de la propia sociedad. Su producto es un cuerpo de ideas que explican esa realidad, acorde con el desarrollo de los medios de producción. Su método es objetivo y, por tanto, auto-correctivo; busca la causalidad que ordena regularidades; se remonta al origen de los procesos, asciende a las condiciones materiales (en lugar de a los dioses) y, en consecuencia, siembra, controla cauces, construye acueductos y barcos… pero esto último es propiamente la tecnología.”

  3. Insistimos en que el método de la ciencia es materialista desde su génesis, aunque tal vez no lo sea el hombre práctico quien lo desarrolla (seguro de su magia o de sus dioses asume, sin embargo, la duda en la búsqueda de la causalidad). No hay duda de que los sentimientos, sensaciones, intereses, deseos, tradiciones y pensamientos acompañan e integran el proceso de conocimiento. Pero no todos contribuyen al desarrollo de un conocimiento que dé cuenta de la causalidad y explique la realidad; algunos de estos elementos de la integralidad humana funcionan hoy en cada uno de nosotros y de nuestros estudiantes, pero también en la historia, como obstáculos a la construcción de ese cuerpo de ideas llamado ciencia.”

  4. En esencia, el método científico es auto correctivo. El hallazgo del hecho de que los seres evolucionan y se extinguen no es una revelación, es el juego de la búsqueda de los hechos y desde allí la deducción extraordinaria”.

Destaqué —en nuestra intervención— que la interpretación, la argumentación y la innovación, NO son los ejes centrales del proceso de producir ciencia y que la historia de la ciencia nos muestra al sentido común, como una forma de pensamiento causal que se establece y acepta socialmente. Por eso, muchas argumentaciones e interpretaciones fueron verdaderas oposiciones al desarrollo de la ciencia y esto está —obviamente— en relación con el poder.

Pasamos a la esencia, a la explicación del día con un sol, evidentemente mágico o divino que nos visita y nos trae la vida con su luz y calor, al saberlo centro de nuestro movimiento. Estos saberes simples, ganados por la ciencia, son sin duda un legado histórico; una lucha, que es necesario entregar a nuestras juventudes.



  1. Así mismo, la innovación por la innovación NO es investigación; puede estar más cerca del pensamiento espontáneo, inconsciente de su método y su filosofía. Cuando estos elementos son explicados, hallamos regularidades y por tanto estamos en condiciones de prever sus consecuencias. En esos casos la innovación es un elemento integrante y, además un producto del método científico. El método científico va mucho más allá de un cúmulo de experiencias, de la inducción, de la observación detallada y escéptica, del análisis. Las deducciones y las síntesis son procesos de la médula de la investigación y no surgen de unos datos formalmente presentados; hacen gala de la imaginación, pero están sujetos a la realidad: la ciencia sueña con los ojos abiertos”.

  2. Respecto a la relación sujeto objeto, decimos que esta relación NO es individual sino social. El sujeto piensa, siente y percibe desde un colectivo con unas ideas que dominan y son fuente de evidencia y de explicación (cosmología). Acepta también que el conocimiento de la realidad (que es material y por tanto un objeto complejo) es un proceso que integra elementos de la experiencia; es decir, posee elementos perceptuales, emocionales y racionales. Hacen parte de estos elementos la concepción del mundo del sujeto que aprende y, claro, la lengua, la norma, el movimiento y el desarrollo de los procesos psíquicos superiores. ¡Claro que sí! Pero estas características NO son las características de la realidad, sino características del sujeto; y por extensión, puesto que es el sujeto quien conoce. Digamos también que son características del proceso de conocimiento, pero no son características de la realidad. La realidad existe y precede al hombre y existirá después de él; por tanto en el lenguaje no se puede crear la realidad; ella es independiente de nuestros anhelos, intereses y deseos, aunque ello puedan incidir en su transformación. Es independiente de nuestra forma de abordarla; en sí misma, la realidad no es ni cuantitativa ni cualitativa, aunque sí lo sean algunas propuestas de investigación”.

En la presentación, los responsables del curso expusieron “pares” críticos del método científico, tales como: materialismo e idealismo, objetividad y subjetividad. Pero no como elementos de una contradicción, sino bajo el presupuesto de que cada parte aporta su componente para lograr el conocimiento científico.

Llegó la posmodernidad aspirando a que el idealismo y la subjetividad sean las fuentes de las que beba el método científico.

Estos son algunos postulados necesarios para establecer que argumentar, interpretar e innovar, son los referentes del método científico.

El profesor encargado, desarrolló en buena medida conceptos de Bunge; él mismo hizo un paréntesis en el que recalcó, no sólo la importancia de las citas bibliográficas, sino su obligatoriedad. Sin embargo, no fue coherente con esa rigurosidad cuando desde la clasificación en ciencias formales y fácticas, excluyó las ciencias de la sociedad y del hombre como ciencias fácticas. Aunque esto no lo diga el propio Bunge. El expositor nunca clarificó por qué se tergiversó el pensamiento de este autor.

Como reflexión al margen, destaco que, para muchos compañeros asistentes al curso, el saber que Bunge no dijo eso, se opone a su proceso de conocimiento y lo “violenta”. Yo me pregunto si con su práctica, que incluye una posición frente al conocimiento, no está validando una teoría que dice más o menos, que el conocimiento pasa por una primera etapa donde el sujeto social que conoce debe primero memorizar mecánicamente una serie de premisas copiadas a su profesor. Más adelante, quizá por acumulación, llegará a saber mucho. No sé cuándo se dará el salto a pensar críticamente lo que se aprende. En la práctica, desde la escuela esta concepción promueve la enseñanza de mentiras bonitas para enseñar a pensar: El pesebre, los villancicos y la antioqueñidad son buenos ejemplos.

De otro lado, el expositor, que había iniciado con mucha rigidez conceptual y delimitando claramente el conocimiento científico y otras formas de conocimiento, termina citando a Bunge, exponiendo que el conocimiento científico es objetivo en tanto que es verificable y por lo tanto falible. Luego, en las diapositivas que sustentaban su intervención, empezó a perder la rigidez conceptual y, entonces, empezaron a aparecer, a nombre de la integralidad, definiciones más generales de conocimiento pero que no especifican si son o no conocimiento “en general” o conocimiento científico.

La charla llegó a plantear un “conocimiento científico subjetivo”. Esto —decimos— no es válido, es una contradicción en los términos; retorna al saber religioso, como un eterno circular en torno a verdades reveladas y asumidas como dogmas. Aquí sí caben la argumentación y la interpretación, coherentes racionalmente con un sistema de ideas que lo precede y valida.

La realidad es una. Es compleja y diversa, pero regida por leyes naturales. En los fenómenos hay regularidades que responden a esas leyes. Ésa es la clave de la búsqueda de la explicación: descifrar por qué; trascender la evidencia, la descripción, la inducción y el análisis, para llegar a la esencia, a la explicación, a la deducción y a la síntesis. Su proceso es social e histórico y dependiente también del desarrollo de los medios de producción. De esta manera podemos entender la ciencia como tarea y producto de la lucha por la investigación científica inscrita en la lucha por la producción y, por tanto, en la lucha de clases.

Si viviésemos en un mundo sin variación, sin cambios, la ciencia no sería posible; no se podría encontrar un objeto de estudio; o, por el contrario, si todos los cambios fuesen absolutamente fortuitos, sin regularidad alguna, tampoco sería posible la ciencia. Afortunadamente nuestro mundo no es ese objeto invariable y muerto, ni tampoco ese mar de azar sin causalidades, de contingencia y fatalidad. Nuestro mundo cambia, pero hay regularidades en sus cambios, los movimientos de las estrellas errantes no son una eventualidad; Kepler enunció las leyes que rigen el movimiento de estos (otrora dioses).

El azar es el cruce de múltiples líneas causales independientes entre sí. La realidad es, sin duda, compleja. El hombre aborda su estudio en niveles, los encuentra materialmente en la realidad, no librescamente genera categorías arbitrarias ni conceptos inocuos. Las leyes que gobiernan la materia inerte nos permiten explicar, mediante el juego de fuerzas electromagnéticas, la formación de moléculas complejas, proteínas por ejemplo. Estas fuerzas están en la base de la ocurrencia de un fenómeno como la vida; pero el surgimiento de la vida es una nueva organización de la materia: es mucho más que un aumento de la complejidad por acumulación. Surgen, con el fenómeno mismo, nuevas leyes que gobiernan el nuevo proceso emergente y, en consecuencia, miles de millones de años después, en la lucha por la búsqueda de explicación del fenómeno, el hombre da cuenta de un nuevo nivel de la “legalidad” por sus hallazgos en la práctica.

Avancemos ahora del problema de “qué es la investigación”, al problema de “para qué se investiga”; y, mejor aún, “al servicio de quién está la investigación”.

Para ilustrar lo aprendido en el curso obligatorio para los miembros del CEID, haremos uso de un par de grupos de investigación hipotéticos desde los que recogemos la inquietud de un compañero del curso (no de nuestro equipo) sobre si en Colombia hay conflicto armado o no. Intentaremos resolver esta pregunta de investigación, para aprender haciendo, desde lo que se nos ha enseñado en el curso (que no es nuevo en el CEID, y ha sido expuesto a discusiones fatuas que no afectan su reinado. De fondo, no se ha expuesto, ni se expone hoy: sólo se impone y presenta como “neutro” y como “apolítico”).

Empecemos por decir, con el manual, que para formular una pregunta inscrita en un proceso de investigación, se debe definir un “contexto geográfico, temporal y conceptual” de manera muy detallada, porque mediante esa construcción y delimitación se genera “un referente hermenéutico”. Esto último es como un marco conceptual especial.

Hemos sostenido que la concepción del mundo que porta y hace al investigador, no únicamente “sirve” de referente que orienta los procesos de búsqueda del conocimiento (lo cual es importante); partimos de reconocer que podemos ver más lejos porque vamos “a hombros de gigantes”. Es más, luchamos porque nuestras juventudes accedan al legado histórico de la humanidad, que es la ciencia. La circunstancia novedosa, y fatídica, que el curso que reseñamos pretende imponer es que —ahora— por obra y gracia de la hermenéutica, el marco conceptual queda dotado de poderes de validación, siempre y cuando el investigador sea muy claro en circunscribir y delimitar desde qué contexto determinado se está realizando la investigación. Si eso se ha dejado claramente establecido, en ese contexto se puede dar cuenta de la validez de un razonamiento. Este método dice aportar al saber científico, un saber particularizado, sin regularidades, sin universales, sin leyes, construido desde una evidencia que no es posible (quizá ni necesario) rebasar. Además, nos dijeron, ello “permite superar la frialdad de las ciencias duras, para incluir la emoción y el sentimiento en nuestras investigaciones”. Nada que ver con la confirmación en la realidad: se olvidan las leyes y se deja de lado la contradicción principal a nombre de una investigación minúscula. Este conocimiento se desarrolla interpretando múltiples realidades pequeñas; lo verdadero se circunscribe a dicho contexto. Desde el contexto se hace, con el lenguaje, la realidad y la verdad.

Es necesario solamente recordar a Maxwell, citado por Harris: “La posibilidad de evaluar ciertos paradigmas y teorías, incluso antes de examinar sus productos sustantivos, depende de que aceptemos un supuesto crucial acerca del propósito de la ciencia: que la meta final de la ciencia es descubrir el máximo grado de orden inherente al universo o a cualquier campo de estudio, empirismo orientado hacia una meta. Los paradigmas cuyo objetivo consista meramente en averiguar qué es lo que hay en un determinado campo, desinteresándose por el descubrimiento de relaciones ordenadas, se considerarán así acientíficos o, como mínimo, menos científicos que sus competidores.”

En consecuencia, si la pregunta sobre el conflicto armado en Colombia se plantea entre uribistas, la “investigación hermenéutica” exige que quede claro el marco conceptual y, efectivamente, desde dicho marco se observa en la realidad y se constata que los propietarios entrevistados pueden viajar en autos lujosos e ir a sus haciendas. Bajo el estricto marco referente se producen los resultados de la investigación, quizá subjetivo, pero consensual y contextual. Por tanto, la conclusión de la investigación debe ser tratada como brotada de la fuente de la ciencia y diría que: En este país efectivamente no hay conflicto armado. Del otro lado, si la investigación se realiza con el mismo método, paso a paso, desarrollando conceptos en un marco contextual con minuciosidad y profundidad, se aportarán elementos como la continuidad del empoderamiento paramilitar, los crímenes de Estado selectivos y no selectivos, el accionar guerrillero y otros, incluido el de la delincuencia “común”. Desde este contexto la investigación científica arrojará: En este país efectivamente sí hay conflicto armado. Lo mejor (o más cómico) de este método, es la respuesta a la pregunta por la verdad, o más simplemente, a la pregunta por cuál de las dos conclusiones es la correcta. Desde sus contextos, que debieron haber quedado muy bien delimitados en el marco teórico de la investigación, queda claro que los hipotéticos equipos de investigación citados, con sus conclusiones encontradas y antagónicas, no se excluyen el uno al otro por la pugna manifiesta de sus conclusiones y por tanto sin perder coherencia sistemática se puede afirmar, sin ruborizarse siquiera, que ambos tienen razón. Quizá se proponga una profundización tomando “la parte buena” de cada uno de las investigaciones y como una muestra más del espíritu tolerante y del pluralismo que ahora acompañan a la ciencia, se condecoren en la misma ceremonia a las y los investigadores de ambas líneas. (Viéndolo bien, se abre aquí una enorme posibilidad de desarrollar la democracia sometiendo a votación conceptos y leyes que rigen a la naturaleza y a la sociedad. El progreso de esta vía terminará logrando una nueva validación que reemplace los metadiscursos, difíciles de entender, por verdades más light, más cotidianas, más sentidas en la vida del sujeto y por tanto mucho más clara y aceptada por las mayorías).

En síntesis, según lo que nos negamos a aprender, la realidad no es una, sino múltiple y generada en y por el lenguaje. Ahora bien… ¿a quién le sirve esta situación: ¿a la sociedad en su conjunto, a la burguesía, a la clase trabajadora?

Nosotros decimos que la investigación es, tiene que ser, objetiva. Y eso no quiere decir que sea neutral. La investigación científica brinda información sobre la realidad (una) que nos precede y es independiente de nuestras emociones y razones en general. Y eso no quiere decir que no se pueda transformar. La ciencia le sirve al pueblo, pero apropiada por la burguesía, ésta puede ponerla a su servicio. Conocer las leyes que rigen los fenómenos de la realidad es necesario para el pueblo. Los investigadores al servicio del pueblo deben ser eficaces en identificar la contradicción principal de los fenómenos. Los desarrollos de la ciencia para el pueblo, conducen a denuncias y éstas exigen condenas; pero éstas no son morales sino objetivas, son desarrollados de cara a la realidad. No son simplemente productos del lenguaje, ni del consenso. Metódicamente la ciencia evita caer en las argumentaciones dominantes; es más, se desarrolla en lucha contra ellas.

En nuestra génesis, la necesidad de garras y la posibilidad brindada en el surgimiento de los procesos psíquicos superiores propiciaron, en todos los aspectos del comportamiento, la transformación de nuestra biología.

Hemos planteado en respuesta, desde las investigaciones desarrolladas en nuestro equipo, un currículo alternativo (mejor, de resistencia). Este concepto materialmente debe resolver un problema que enfrenta en la realidad: la imposición del currículo de las competencias.

Si esto no es así, podríamos mejor desarrollar el currículo en general, en aspectos cívicos de diversidad y tolerancia, democráticos y hasta en derechos humanos. Así, se resolvería lo trivial que haya que resolver con pequeñas transformaciones en la superficie; de paso, se apoya la imposición del currículo estandarizado de acreditación y se impulsan tácticas de privatización como las que encubre y fundamentan a FACE y a la Pentacidad.

Insistimos, este curso ha sido el desarrollo de lo que un sector del CEID, mayoritario si se quiere, ha venido diciendo y tratando de imponer sobre investigación. Y no sólo eso; es también un intento recurrente de borrar los desarrollos de nuestro equipo de investigación, entre otras cosas, sobre investigación.

No se ha mencionado por parte de los expositores en sus detalladas y profundas divisiones de los tipos de investigación, al materialismo dialéctico e histórico. De tal suerte que, finalmente logran, con neutral pulcritud (porque son “expositores externos” y por tanto “sin intereses de fuerzas políticas”), desaparecer una concepción del mundo del “mercado” de investigación (para utilizar la expresión de la profesora que orientó el trabajo).



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