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CAPÍTULO VII
PERVERSIÓN Y SEDUCCIÓN. LESBIANAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

¿Qué tan invisibles son las lesbianas en los medios de comunicación? El experimento es fácil. Al escribir “lesbiana” en el buscador del periódico español El País, aparecen 239 noticias relacionadas a la palabra75

Al escribir “gay”, los resultados son el triple: 721. Lo mismo sucede con otros diarios, como El Mundo, donde los buscadores de noticias arrojan desproporcionadas cifras, 362 para lesbianas y 3.330 para “gay”. El periódico ABC da a lesbianas 1.537 noticias, y 4.744 para gay.

Bien es cierto que el concepto gay se utiliza muchas veces para mujeres y hombres homosexuales, no obstante, la escasa utilización de la palabra lesbiana en la prensa influye en la invisibilización de éstas. Lo que no se nombra, no existe.

En los medios de comunicación, sobre todo en la televisión, mientras los gays son presentadores de programas del corazón, sobre explotando la idea “rosa” de la homosexualidad masculina, las lesbianas son un apartado pornográfico o sugerente de la publicidad.

En el mundo publicitario, gran parte de las mujeres hermosas y sensuales que aparecen juntas, tocándose, acariciándose, sugieren lesbianismo. Pero un lesbianismo amable e inofensivo cuya razón de ser es mostrarse siempre abierto a la presencia masculina. Más bien, parece que la espera, la provoca. El lesbianismo es otro producto, junto a lo que se anuncia, un producto de consumo para los varones heterosexuales.

La revista lésbica MíraLES publicó en su número de julio de 2011 una editorial dirigida a los hombres heterosexuales, en la que se denunciaba el alcance diario y cotidiano que tiene la percepción masculina de que la homosexualidad femenina es un producto de consumo disponible:

Debes saber que mi lesbianismo no es una forma de llamar tu atención. Que cuando beso a una chica en un bar, la abrazo o le cojo la mano, no es una manera seductora de pedirte que te unas a nosotras o que nos des conversación. (…) No soy lesbiana porque no he encontrado a un hombre ni por no haberme acostado aún contigo. (…)Sé que no eres del todo culpable de tu ignorancia. No pretendo ser injusta. Sé que has nacido hombre y por eso te han educado para pensar que eres el primero, el más fuerte y el más listo. Que desde pequeño has aprendido que ser macho es exaltar la sexualidad y ser mujer es esconderla. (…)Yo puedo entender que la industria pornográfica te haya vendido el sexo lésbico como producto de excitación y deseo. Pero hombre, una cosa es la fantasía y otra es la realidad76

Carmen Hernández, académica española, denuncia que la situación de la invisibilidad en los medios afecta a la mujer en general. “Las mujeres han carecido del poder de la palabra hasta hace muy poco tiempo. Aún hoy podemos comprobar cómo somos objeto y no sujeto de las noticias, de las imágenes, de la publicidad, del arte”.77

En los años 90 los medios de comunicación comenzaron a dar cuenta del nacimiento de un nuevo tipo de lesbiana: la femenina. Así se anunció en 1993 en la portada de la revista New Yorker.

Meses más tarde, Newsweek, en un reportaje de lesbianas, presentó a una pareja de chicas guapas y femeninas. Al poco tiempo se publicó la famosa portada de Vanity Fair, en la que la cantante públicamente lesbiana, K.D Lang, posaba sentada en una silla de barbero, vestida de hombre, y la supermodelo Cindy Crawford, con un atuendo femenino, estaba a punto de afeitarla con una cuchilla.

En ese entonces se rumoreaba que Crawford era lesbiana y que la lectura que podía hacerse de esa fotografía era la nueva lesbiana a punto de cortar el cuello a la lesbiana masculina, estereotipo social y muy arraigado, a la vez que implantaba el look femenino y sensual que se esperaba de las lesbianas, el conocido como” Lesbian chic”.78

Según Beatriz Gimeno, las chicas adscritas al lesbian chic no son peligrosas, no reivindican, no están politizadas. Más bien potencian la imagen de las lesbianas como bienes de consumo, como a finales de los 90 hicieron las componentes del dúo musical Tatú, dos chicas muy guapas y seductoras que mientras cantaban se acariciaban y miraban dando a entender su lesbianismo, teniendo gran aceptación en el mudo masculino heterosexual, además de en el lésbico, donde las mujeres, sobre todo las más jóvenes, encontraban referentes.

Para Gimeno, el lesbianismo retratado de esta manera abre sus puertas para que los hombres puedan gozar de él. Puede ser un estupendo recurso para excitarlos. Estas imágenes "tienen como único objetivo invisibilizar una imagen del lesbianismo que depende de las propias lesbianas […],cuando no se nos puede invisibilizar más, ni se pude negar nuestra existencia, entonces se nos expropia nuestra imagen, nuestra autodefinición y se ofrece otra a la sociedad, domesticada y que no atemoriza, que no inquieta, una imagen heterosexualizada del lesbianismo. 79

Mary Nash postula que “La imagen del otro se consolida a partir de una representación mental, de un imaginario colectivo. Mediante imágenes, ritos y múltiples dispositivos simbólicos, estos registros culturales no sólo enuncian, sino que al mismo tiempo, reafirman diferencias”.80

La forma en que se consigue ver al otro tiene mucho que ver con la forma en que el agente externo de la información, el medio de comunicación, lo evidencia ante los ojos, lo viste y lo desviste.


Las representaciones de lesbianas en los medios, además de la pornografía y la publicidad, tienen el factor común de casi no aparecer sostenidas por su propio esqueleto. Son lesbianas de ficción, simbólicas que aparecen en las series y los videos de música.


Los medios de comunicación son muy importantes porque dibujan en el imaginario de los espectadores el mundo. Deciden qué es noticia y qué no, qué es bueno y qué es malo. Qué es reprobable y qué goza de buena salud. Y, sobre todo, no se trata sólo de lo que dicen, sino que de la manera en qué lo hacen.

Van Dijk sostiene que “sin el rol activo de los medios de comunicación es imposible pensar en la existencia de unos procesos de construcción del consentimiento público, del discurso y la opinión públicos.” El académico advierte que cuando la temática que se discute en los medios no forma parte de la experiencia inmediata y cotidiana de los receptores del mensaje, éstos construyen su representación y su discurso en base a lo que se les presenta.
En la última década, dos polos opuestos de estereotipos lesbianos se han hecho eco en los medios de comunicación españoles: la hermosa lesbiana deseada y disponible. Y la mujer más mala del país.

El contrapunto de la hermosa lesbiana como producto para consumir y comprar fue Dolores Vázquez.

Conocido como el caso Wanninkhof, se trata de una noticia que conmocionó a España. El 9 de octubre de 1999 desapareció Rocío Wanninkhof, hija de diecinueve años de Alicia Hornos. Durante los días que estuvo desaparecida, su fotografía aparecía en noticiarios y periódicos. Se temía que fuera un crimen sexual, pero cuando su cuerpo apareció, casi un mes después, sin vida, no había rastro de agresiones sexuales, estaba semi desnuda y había sufrido golpes y contusiones. Por lo que se postuló la idea de que se tratara de un crimen pasional.

A lo largo de los meses, los medios informaron que entre los sospechosos se contaba con dos hombres y una mujer del entorno de la adolescente. El 31 de agosto de 2000 se publica que la principal sospechosa del asesinato de Rocío era una amiga de la familia.

El 7 de septiembre de 2000 se detuvo a esta amiga de la familia, Dolores Vázquez. Con el paso del tiempo los medios de comunicación fueron revelando que Alicia Hornos era una mujer divorciada con tres hijos y que, tras su divorcio, había mantenido una relación amorosa con Dolores Vázquez durante más de diez años, con quien había compartido casa, gastos y el cuidado de los hijos.

Como en una cacería de brujas, no existían las presuntas culpabilidades. Dolores Vázquez fue desde el primer momento bosquejada por los medios de comunicación como la asesina. Su móvil: la venganza.

La malvada y perversa lesbiana, tan frecuente en la literatura del siglo XIX y el cine de mitad del XX, reaparece en la España del recién estrenado siglo XXI para traer de vuelta todos los tópicos y estereotipos negativos.

En realidad, en el crimen de Rocío, no existía ninguna prueba que culpara a Dolores Vázquez por asesinato. Sí muchas pruebas que culparan a Dolores Vázquez por lesbianismo. Pero no el lesbianismo excitante, sino que el otro, el que cuestiona los límites del género. El que molesta y da miedo.

La prensa comenzó a dar forma a una Dolores Vázquez coloreándola con características “negativas” o poco femeninas: masculina, deportista, gusto por las artes marciales, en su trabajo era jefa de personal, competente y dominante. Y, al momento de su detención, se mantuvo tranquila, no se derrumbó ni cayó presa de sus emociones, como podría esperarse de una “mujer”, sino que se mantuvo impasible. Alicia Hornos declaró, refiriéndose a Dolores: “dicen que no ha llorado ni nada”, recalcando así un carácter frío y calculador.

La prensa dio a conocer estudios que asemejaban el perfil de Dolores con la de un maltratador doméstico. "``Es un tipo de persona muy manipuladora, y que para la obtención de ganancias muestra una máscara de dulzura`", ha señalado Muñoz, que ha afirmado que los rasgos de Loli rozan la esquizofrenia, aunque sin llegar a constituir una patología concreta. Dolores ‘inhibe’, según palabras de la psicóloga, ‘lo que socialmente no está bien visto, lo que la llevaba a no aceptar e incluso encubrir su condición homosexual’”.81

Alicia Hornos apareció en muchos programas de televisión asegurando que Dolores Vázquez era la asesina de su hija y que la relación entre ellas se había roto por las continuas discusiones entre Dolores y Rocío.

Contaba Hornos que Vázquez tenía muy mal humor, incluso retrata en la prensa a su ex pareja como una mujer agresiva que llegaba a dar puñetazos a las cristaleras y mesas.

Como se lee en El mundo, en otra oportunidad: "Loli vio en nosotros la familia que nunca tuvo", aseguró Alicia Hornos, aunque a ella la presentaba "como una hermana" porque sentía "vergüenza" de su relación sexual. "Yo creo que tenía un trauma, que de pequeña le pasó algo". 82

El 25 de septiembre de 2001 se llevó a cabo el juicio popular que reconoció como culpable a Dolores Vázquez y le condenó a 15 años de prisión, a pesar de no haber ninguna prueba que la inculpara.

Diecisiete meses estuvo Dolores Vázquez en prisión. Salió gracias a que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía anuló el fallo por falta de motivación en el veredicto y ordenó repetir el juicio con otro jurado popular.

Diecisiete meses estuvo Dolores Vázquez en prisión por haber sido condenada sin pruebas. Por haber sido culpabilizada por los medios de comunicación. Nadie quiso ver el resto de la historia. El hecho de que Dolores Vázquez había criado a Rocío desde que ésta tenía dos años. Que formó una familia con Alicia y sus tres hijos, en la que se encargaba de dar de comer a los niños y llevarlos al colegio. En la que imponía normas como todos los padres, en que Rocío, de pequeña, solía firmar sus documentos del colegio como Rocío Vázquez, legitimando la presencia de la mujer de su madre en la familia, reemplazando al padre ausente, en la que la familia de Rocío, antes de que se conociera la detención de Dolores y se extendiera el odio sobre su persona, declaraba que quería mucho a los niños y los niños la querían mucho a ella, llamándola “tiita”, en la que declararon que la relación amorosa entre ambas mujeres se rompió por un tema de titularidad de propiedades, no por las discusiones de Rocío y Dolores y que, al momento del crimen, habían pasado ya 5 años desde esa ruptura. El móvil pasional de los celos no tenía mucha base en la que sostenerse. Sobre todo porque aún cuando Alicia y Dolores estaban separadas, Rocío acudió a Dolores para pedir trabajo en el hotel que dirigía. Y Dolores se lo dio.

“La lesbofobia tuvo mucho que ver en el asunto […], hasta el momento en el que se le detiene, Dolores Vázquez había pasado completamente desapercibida […]aparecía en las foto. Las lesbianas, acostumbradas como estamos a leer entre líneas, habíamos intuido al ver las fotos la relación entre ambas mujeres […] La lesbofobia opera de tal manera que invisibiliza a la lesbiana, por lo que también invisibiliza la lesbofobia. […]. Desaparecen así al mismo tiempo las posibilidades de resistencia, visibiliza aquellos aspectos en los que la lesbiana es un monstruo, la que traiciona a su género, sospechosa desde el primer momento, la convierte en sujeto de desprecio”.83

En esta historia, Dolores Vázquez aparecía como la lesbiana masculina. Alicia Hornos era la femenina, la que había estado casada y había formado una familia junto a un hombre, el caso inmortalizado durante siglos de la mujer seducida por otra mujer que emula a un hombre. Una mujer que buscaba protección, una lesbiana a medias, inofensiva.

Aunque la relación entre Alicia Hornos y Dolores Vázquez era una relación amorosa, los periódicos El País y ABC no mencionaron nunca las palabras lesbiana o lesbianismo. Los eufemismos como “íntimas amigas” o “amigas cercana” protagonizan la historia. Sí lo hacía El Mundo, pero con la intención de condenar a Dolores. “La invisibilidad o visibilidad sugeridas de manera evidente es una característica específica de la lesbofobia y no de la gayfobia, donde lo que ocurre es lo contario. En el caso de los gays, cuando se produce un delito, aunque no tenga nada que ver con la homosexualidad, los titulares suelen hacer referencia a ésta”.84

El caso de Dolores Vázquez podía resultar confuso para aquellos lectores que no fueran más allá de los eufemismos y no pudieran interpretar la relación lésbica. Puesto que los celos como causa del asesinato de una adolescente en la relación de unas amigas cercanas, no tenía mucho peso. “La lesbofobia funcionó perfectamente al dar por hecho que la simple existencia de la relación lésbica entre las dos mujeres era de por sí tan insana que era un foco de odio y malas relaciones entre los miembros de la familia; al dar por hecho que lo normal era que la niña que vivía en esa familia, al llegar a la adolescencia y hacerse consciente de esa relación, odiase a la lesbiana, a Dolores”.85

Recién cuando Alicia Hornos deja claro que no es lesbiana, los medios de comunicación parecen más receptivos para hablar de lesbianismo sin mencionarlo.

El asesinato de otra adolescente, por la zona, permitió dar con Tony King, asesino de esta chica y, además, dueño del ADN que se encontró en una colilla de cigarro junto al cuerpo sin vida de Rocío. Las pruebas fueron suficientes para condenar a King por la muerte de Rocío y exculpar a Dolores Vázquez.

Ante la aparición del asesino, los medios de comunicación llevaron a cabo su mea culpa sin reconocer en un momento la lesbofobia que había motivado su comportamiento profesional.

El 13 de agosto de 2001 el ABC publicó un resumen del llamado caso. “No se menciona ni una sola vez que entre las dos mujeres hubiera existido una relación amorosa. Pero ese mismo día, en ese mismo periódico, en las páginas de anuncios sexuales, vemos que aparece más de 100 veces la palabra lesbiana. Es evidente que el problema no es la palabra, sino el contexto en el que se escribe o pronuncia”.86

Una mujer sin antecedentes penales, responsable en su trabajo, deportista, que había mantenido una relación de más de diez años con otra mujer y había criado a sus tres hijos fue culpabilizada por lesbiana o, como dijo el Ministro del Interior de ese momento, tratando de justificar el error de la policía y los tribunales: “cumplía el perfil delincuencial más verosímil”.

Carmen Hernández reconoce que en los últimos años las dos figuras lésbicas que han retratado los medios de comunicación, tratando de evitar la palabra lesbiana, han estado envueltas en un aura muy negativa. Por un lado, a Dolores Vázquez, “tortillera pervertidora de mujeres decentes se le acusó y condenó por asesinato sin pruebas concluyentes”, e Isabel Pantoja, que constantemente “se ve rodeado de acusaciones, de intereses turbios, de silencios, de querellas”, sostiene.


El caso de Dolores Vázquez es sólo una prueba clara del trato que los medios de comunicación dan a las mujeres lesbianas. Este tipo de orientación sexual parece ser suficiente como para restar cualidades a una mujer. En el año 2003, la jueza lesbiana Karen Atala perdió en su divorcio la custodia de sus tres hijas pequeñas por ser homosexual. La prensa se hizo eco de la decisión de los tribunales, legitimó que la decisión se basaba en la protección de las menores, en el desarrollo emocional y sicológico de las niñas, y la necesidad de no exponerlas a la confusión en los roles establecidos.


CAPÍTULO VIII
LESBIANAS EN PELOTAS. INCURSIÓN EN EL MUNDO DEPORTIVO

Se ha visto a partir de todas las ópticas. Como que el deporte incentiva el lesbianismo, como que las lesbianas son deportistas y que las deportistas son lesbianas.

La asimilación entre lesbianismo y deporte, antiguamente, estaba relacionada con la liberación del cuerpo, con la idea de un cuerpo atlético que no tiene espacio para la pasividad que se esperaba de un cuerpo femenino. El cuerpo atlético es libre en sus movimientos, abre y cierra sus piernas sin ningún tipo de control normativo.

El deporte está más relacionado con características que se presuponen masculinas: la competitividad, la agresividad, los espíritus de lucha y superación. Con actitudes y posturas físicas que son contrarias a las que el patriarcado impuso a la idea de mujer a la hora de repartir los roles de género.

Los estudios dan cuenta de que las lesbianas practican más deporte sin fines propiamente estéticos, avalando la concepción de que las lesbianas son deportistas. Y por último, el hecho de que sea justamente en el mundo deportivo donde más lesbianas han salido del armario, en comparación con el mundo del espectáculo, el cine, la política y la ciencia, refuerza la idea, disfrazada a veces de prejuicio, que las deportistas suelen ser lesbianas.

Susan K. Cahn decía a fines del siglo XIX que el interés de una mujer en el deporte podía estar motivado por una heterosexualidad fallida o por falta de interés heterosexual.

“En las culturas machistas, la nuestra y la árabe, por ejemplo, lo que hacen es constreñir el cuerpo femenino, hacer deporte es una conquista feminista, las árabes no pueden hacer deporte, las mujeres sometidas no, porque eso es libertad de movimiento. Cuando comienzan a hacerlo a fines del siglo XIX comienzan a reivindicar derechos. Y las que reivindican y hacen deporte son las mismas, tienen que vestirse diferentes, quitarse los corsés, y entonces se les identifica como mujeres masculinas. Porque hacer deporte es masculino. Incluso algunos médicos decían que las mujeres que hacían deporte se iban a quedar estériles y que el deporte era un nido de lesbianismo, te volvías lesbiana. Porque era masculino, y el lesbianismo en su origen imaginario tiene que ver con eso”. 87

La integración de la mujer al deporte, en el siglo XIX, fue una verdadera victoria para la lucha por la liberación femenina. No obstante, a pesar de la conquista, la diferencia que existe entre mujeres y hombres deportistas es abismal.

Al momento de relatar las competiciones, los comentaristas deportivos solían hacer hincapié en la feminidad y belleza de las deportistas, si estas estaban casadas y si tenían hijos, a diferencia de lo que sucedía cuando el juego era masculino y se recalcaba la profesionalidad y estilo de cada cual. Había una necesidad de mostrarlas a ellas lo menos masculinas posible.

Esta necesidad de feminizar a las mujeres deportista también era una necesidad de no apartarlas de su rol, aunque eso pudiera llevar a la ridiculización. Como es el caso de Aurora Villa, mujer excepcional de su época, estudiante de medicina y deportista. En 1934 participó en ocho pruebas de los segundos Campeonatos de España de Atletismo, ganando las competiciones de jabalina, altura y 600 metros. “La prensa recogió sus logros entre la admiración y el machismo. `Se dice que la señorita Aurora Villa ha batido el récord femenino de lanzamiento de martillo, que eso le servirá de mucho en la vida de casada, que los platos irán más lejos en caso de necesidad`”.88

En 1981, Billie Jean King, fue la primera tenista en salir del armario. Lo hizo de manera obligada puesto que su ex amante y asistenta la amenazó con la posibilidad de hacer públicas las cartas de amor intercambiadas. El lesbianismo de King tuvo mucho eco en los medios de comunicación. Destacada deportista, había ganado seis veces Wimbledon, cuatro el US Open y del Abierto de Australia y Roland Garros.

También en 1981 la destacada tenista Martina Narvatilova hizo público su lesbianismo. Narvatilova tuvo fama mundial por sus múltiples logros, nueve victorias en Wimbledon, cuatro en US Open, tres en el Abierto de Australia y dos en Roland Garros. A pesar de su excelente desempeño deportivo, su salida del armario propició la pérdida de varios patrocinadores que no querían que se relacionara su marca con el lesbianismo.

El cambio social expresado en la conducta de los patrocinadores puedo apreciarse dieciocho años más tarde, cuando en 1999 la tenista Amélie Mauresmo corrió a abrazar a su novia después de ganar la semifinal del Abierto de Australia. En una rueda de prensa hizo pública su orientación sexual.

El apoyo a Mauresmo vino de parte del público y de los patrocinadores. También recibió críticas de algunas de sus compañeras, como Martina Hingis, que la acusó de ser “medio varón”, o de Lindsay Davenport, que declaró que jugaba como un hombre.

En la actualidad no es extraño que una lesbiana juegue en un equipo, no sorprende, según afirma Ainara Domench, ex deportista profesional de división de honor de balonmano.

“En el deporte se esconde menos el lesbianismo, porque en la calle una chica masculina no está bien vista, sin embargo, en la cancha lo que importa y lo que le importa a la gente que ve, es que esa persona marque la diferencia, lo que fuera está mal, dentro de la cancha tiene valor, como sucede con las mujeres masculinas, que, generalmente, sea lesbiana o heterosexual, es físicamente superior”.89

Ainara jugó balonmano hasta el año 2002 y cuenta que, dentro del mundo del deporte, hay muchas lesbianas. Asegura que cuando ella competía, el mejor equipo de ese entonces en balonmano era Mar Osito de Valencia, campeón de Europa. “El 90% del equipo estaba compuesto por lesbianas, incluso la entrenadora lo era. Se rumoreaba en ese entonces que incluso fichaban por parejas. Me acuerdo de dos chicas que eran las mejores y eran novias, era increíble lo compenetradas que estaban a la hora de jugar. Y no pasaba nada si eras lesbiana, al contrario, no estaba mal visto, era normal en la elite deportiva. Por ejemplo, el Mar Osito, que era un referente para todas”.

En sus años de jugadora, Domench solo pudo apreciar una situación de discriminación. En su primer equipo de balonmano había una chica abiertamente lesbiana que, después de los entrenamientos se quedaba largo rato estirando, mientras las demás se duchaban. “Una vez me confesó que lo hacía porque una de las chicas, la más puritana, había hecho un comentario al respecto, que no le parecía bien que estuviera en las duchas con ellas, por ser lesbiana. Y esta chica prefería marginarse, prefería que nadie pensara que ella estaba mirando. Yo nunca tuve ese problema, yo iba a la ducha al mismo tiempo que todas y todas estaban enteradas de que yo era lesbiana. Depende de cómo cada persona se tome las cosas. Lo único que me molestó fue que una vez en mi equipo iban a fichar a mi novia de ese entonces, y el entrenador se sentó conmigo para saber cómo me iba a alterar o afectar en caso de discusiones. Me afectó porque soy profesional, eso estaba demás”.

Es en el deporte donde la mujer parece tener menos dificultades para confesar su orientación sexual. No así los hombres. No es usual que los deportistas salgan del armario.90 Existen muchos más prejuicios al respecto. El deporte sigue teniendo rasgos masculinos y está alejado de la esfera femenina, como puede llegar a considerarse lo gay. De ahí que las lesbianas no encuentren tantas dificultades al transitar por este espacio.

A pesar de la incorporación de la mujer al deporte y de la visibilidad lésbica que es posible apreciar en él, el femenino sigue siendo un invisible en el mundo deportivo en general.



Los medios de comunicación parecen no hacerse eco de los resultados y avances obtenidos por ellas. En un análisis realizado a Marca, el periódico deportivo con más tirada en España, se llegó a la conclusión de que el porcentaje de noticias destinadas a cubrir el deporte femenino es ínfimo e insignificante, en comparación a la cobertura que se le da al deporte masculino. 91

Fecha

Total Noticias

Noticias femeninas

Número

% Página

Tema

Marcador

Domingo 14 de Agosto

118

1

30%

Baloncesto



Lunes 15 de Agosto

115

2

7%

Baloncesto



Martes 16 de Agosto

112

1

1%

Tenis



Miércoles 17 de Agosto

113

2

40%

Motos/Natación



Jueves 18 de Agosto

115

2

15%

Gimnasia/Hipica



Viernes 19 de Agosto

165

2

150%

Fórmula 1/Fútbol



Sábado 20 de Agosto

177

5

8%

Atletismo/Tenis



Domingo 21 de Agosto

149

3

7%

Natación/Motor





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