Masculinidad, discurso y vida emocional



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Masculinidad, discurso y vida emocional. (Por Víctor Seidlerz)


modemmujer - 04:13pm Apr 8, 2003

Masculinidad, discurso y vida emocional'. (Por Víctor Seidler

Subió a Conferencia el 8 de abril del 2003.



Introducción

Para empezar a pensar sobre el tema de esta conferencia desde un enfoque diferente, de una manera menos formal, les propongo que cada uno de ustedes se presente con la persona de junto o ustedes lectores, piensen en las siguientes preguntas: ¿Cuál fue el mensaje que aprendí en mi propia familia para saber si las mujeres o los hombres son más razonables? ¿Qué mensaje obtuve en mi propia familia, cuáles mensajes obtuve de mi padre y cuáles de mi madre, respecto a si el hombre era el sexo racional y la mujer se consideraba el sexo emocional? Compartan con sus vecinos por un par de minutos esa experiencia; esto es para mostrarles que no soy el inglés formal que podrían haber esperado. Ahora, por favor dejen esas dudas en el aire y los sentimientos de su propia experiencia con relación a estas para continuar trabajándolas más tarde. Esta conferencia es sobre masculinidad, discurso y vida emocional y espero quede claramente expuesto.

Para empezar, quisiera recordar al sociólogo y filósofo brasileño Paulo Freire, que hace unos días falleció. Esta noticia me produjo una enorme tristeza. Lo recuerdo como un erudito y un activista político, quien ha ejercido una gran influencia sobre muchísimos intelectuales jóvenes de mi generación. Nos ayudó a pensar sobre la relación del poder con la conciencia y también nos ayudó a reconocer que el conocimiento y la comprensión no sólo existen en Nueva York y en París. Que también nos corresponde a nosotros, los del primer mundo, aprender de las diferentes experiencias que Paulo Freire compartía.

Freire sentía que para el conocimiento era importante el ser intelectual, pero también el tocar a iluminar la experiencia de las vidas de las personas. He podido comprender, desde la filosofía moral, el aspecto central de la masculinidad y las preguntas sobre los hombres y la masculinidad. Cuando estudiaba el posgrado, me preocupó inicialmente la comprensión de las difiultades para respetar a las personas en una sociedad en donde las relaciones eran desiguales. De igual manera, me preguntaba sobre cómo se puede vivir una vida más justa en una sociedad que tan claramente es injusta.

Más tarde escribí un libro sobre el filósofo Kant, que se llama Kant, respeto a injurtida.' Al mismo tiempo, pensaba en el reto que significa el desarrollo del movimiento de las mujeres, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, y las preguntas fundamentales que ellas planteaban, no sólo en relación con el ordenamiento de las relaciones de los géneros, sino sobre el significado y el entendimiento del conocimiento y el poder en las sociedades capitalistas tardías.

Nuestra generación aprendió de los textos de Marx, Weber y Dnrkheim, en la tradición de la teoría social y considerábamos que la injusticia y la opresión son sólo reales cuando se presentan en el dominio público de la política. Solamente esas injusticias eran algo material y real. Los otros tipós de sufrimiento que la gente pudo haber experimentado se considéraban como sufrimientos personales o subjetivos y, por to tanto, no reales. El feminismo de manera fundamental cuestiono esa diferenciación entre la vida pública y la vida privada, desde la idea de que to personal era político

. Esta idea obligó a toda una generación de intelectuales a repensar la relación del conocimiento en nuestra sociedad y los retos que el feminismo ha planteado, por lo que quiero compartir algunas de estas reflexiones.

La racionalidad masculina occidental

Dentro de una visión iluminada de la modernidad, el progreso ha sido identificado con el control y el dominio de la naturaleza. La naturaleza debía ser controlada por el hombre y el hombre era específicamente el género de referencia. Fue a través de la ciencia que llegamos a conocer las leyes que controlaban a la naturaleza. Los países coloniales eran parte de la naturaleza, y la relación de España con México fue parte de una relación crucial para la comprensión de la historia y el desarrollo de Occidente. El establecimiento de la modernidad fue un proyecto fundamentalmente masculino. Quizá ésta es una idea nueva para muchos, pero es necesario profundizar en sus implicaciones.

La modernidad se organizó alrededor de una visión particular de control, tanto de un control de la naturaleza como de un control de nuestra vida natural interna. La racionalidad habría de ser un signo de la civilización y la racionalidad fue esencialmente blanca y europea, fue también, de una manera crucial, que apenas comenzamos a entender, masculina. La racionalidad debería establecerse en oposición a la naturaleza y la masculinidad dominante blanca, heterosexual y también cristiana controlaría su experiencia; de manera que la masculinidad dominante fue. identificada con el autocontrol. Puesto que la masculinidad nunca podía darse por sentado y esto sigue siendo cierto, piensen los hombres por un momento ¿acaso la masculinidad es algo que yo siempre tengo que someter a prueba? Cualquier persona puede retarme para probar mi masculinidad. Hay una especie de inestabilidad, una incertidumbre con la que vivimos los, hombres, pero con frecuencia esto no se menciona, no se habla sobre ello dentro de nuestros términos tradicionales de conocimiento. La masculinidad debe ser probada, demostrada y verse reafirmada y confirmada.

Una de las ideas clave de la masculinidad dominante europea blanca fue con la identificación de que el hombre es el poseedor de la razón. Esa identificación ha sido crucial en Occidente, a pesar de que en un determinado nivel la masculinidad nunca podía asumirse como dada, como hombres aprendimos que nuestra razón sí podía darse por sentado y que los hombres constituíamos, de alguna manera, el sexo racional. Esta idea se asoció con un concepto fundamental de lo que significa ser humano. Dentro de la tradición del pensamiento europeo, el ser humano se identifica con la mente, con la razón y con la conciencia. Esta idea definió, en el pensamiento europeo, el significado del ser humano. Nuestros cuerpos dejaron de ser parte de quien somos.



La ubicación de la identidad corporal

Uno de los cambios ha sido en el reconocimiento del cuerpo y la importancia de reclamarlo desde el punto de vista de la filosofía y la teoría social. Se ha reconocido que las formas racionales de la teoría social no habían explorado la existencia del cuerpo. Sin embargo, ahora existe una importante tendencia para considerar las nociones de la corporeidad con gran interés, lo que se relaciona con los aspectos de la representación y del conocimiento corporeizado. Se cuestiona la noción de que el conocimiento objetivo es algo que deba ser incorpóreo y vamos a replantearlo de otra manera.

En los talleres con hombres realizamos el siguiente ejercicio: señalar con el dedo hacia dónde está nuestra identidad. Algunas personas señalan su cabeza, algunas señalan el pecho, otras señalan al centro a la zona abdominal. Quizá en México preocupe dar la respuesta equivocada. Pero examinemos cómo está organizado ese concepto del cuerpo.

La tradición dominante en el Occidente era señalar hacia la cabeza. Muchos de mis estudiantes señalan a su cabeza porque quienes son ellos está identificado con sus mentes, con su conciencia y con sus recuerdos, porque "eso es quién soy y yo tengo una relación interna con mi mente y con mis recuerdos"; mi cuerpo en esta tradición cartesiana dominante, realmente no es parte de quien soy yo. Heredamos una relación ambivalente con nuestros cuerpos, porque están ligados con la sexualidad, particularmente en una cultura católica que está ligada con los pecados de la carne, así que con frecuencia nos sentimos inciertos sobre la relación de la identidad personal y el posicionamiento del cuerpo.

Ya tuve oportunidad de realizar este ejercicio en México, algunas personas se señalaron el cuello: esto fue nuevo para mí, para aprender. En una primera interpretación, parece que tiene relación con la palabra y con el significado de la expresión aquí. El manifestarse con palabras que provienen de la garganta. Así que es interesante cómo los hombres, por una parte, o cómó las mujeres, por la otra, aprenden sobre las diferentes maneras de comunicarse y manifestarse.

Hemos aprendido que el lenguaje se relaciona con la expresión y que si hablamos, entonces nos comunicamos y hacemos contacto. Pero en ocasiones hablamos, pero no nos comunicamos y no establecemos contacto. Como hombres, frecuentemente aprendemos a expresar y utilizar lenguaje de una manera particular, como una forma de defensa, un mecanismo de defensa, la forma de establecer un modo defensivo contra el sentimiento y en contra del contacto, porque el sentimiento y el contacto son amenazadores para esta nocion de la masculinidad. .

Algunas personas señalaron el corazón y una de las cosas bellas de Latinoamérica, de México y también de Brasil, es la presencia del corazón, particularmente en la cultura popular. En portugués el corazón tiene el significado del asiento del conocimiento y del saber. Esto también es válido para las tradiciones bíblicas judías, que también reconocen el corazón como la fuente de conocimiento. Pero en nuestra cultura intelectual, particularmente en el Occidente, el corazón no tiene espacio, no tiene cabida, no tiene lugar. La división se encuentra entre la mente y el cuerpo. El corazón se considera invisible, lo que refleja ambivalencia muy profunda en el Occidente, en relación con la condición del amor.

En 1991 apareció mi libro Los límites morales de la modernidad ° y como subtítulo "El amor, la inequidad y la opresión". Yo quería ponerle al revés, pero la casa editorial no lo aceptó, para que llegara a un público académico. Había una incomodidad y un malestar en términos del trabajo académico, por no poder manejar cosas de la vida.emocional. Esa incomodidad significaría un análisis subjetivo y que nuestros paradigmas científicos se verían amenazados de alguna manera. Ahora, diez años después, creo que no tendría ninguna dificultad, ya que a través del trabajo feminista y de ciertos trabajos posmodernos se han abierto formas más complejas de exploración alrededor de la experiencia de la gente y su naturaleza condicionada por el género.

El lugar del amor tiene que ver con la incertidumbre en la relación con el corazón, porque el amor se asocia con la noción del cuerpo y con la sexualidad. Tenemos un concepto del amor puro, pero ¿qué hace puro al amor? El amor puro es un amor que no ha sido manchado por el cuerpo ni por la sexualidad. De manera que hay una larga tradición en Occidente que es y ha sido muy ambivalente en relación con la condición y la posición del amor, las emociones, los sentimientos y los deseos.

Dentro de nuestra tradición se ha establecido fundamentalmente la importancia del trabajo de Kant, el filósofo moral trascendental, quien estableció los términos para la comprensión de la filosofía y de la teoría social. Kant observó una dificultad con el concepto del amor, porque él reconoció que en la cultura, la noción de ama a lo prójimo tiene un valor central, pero en la diferenciación entre la mente y el cuerpo no tiene cabida el amor, y ciertamente no lo reconoció públicamente. De manera que Kant llamó al amor una "emoción racional", así lo tenía que enmarcarlo.



Naturaleza y masculinidades

Para Kant es determinante esta definición ya que había una división radical entre la mente y el cuerpo. El cuerpo y la sexualidad ya no eran parte de quienes somos, sino, que tenemos una relación externa con nuestros cuerpos, que son parte de una naturaleza desencantada. Y la modernidad está organizada alrededor de la noción de que la naturaleza está reducida a la materia y la naturaleza es amenazante para la cultura. En la relación entre el colonizador y el colonizado, es el colonizado quien necesita disciplinarse y organizarse, ya que representa la amenaza de la naturaleza. Al convertirsé en una amenaza, necesita ordenarse y civilizarse.

En estas condiciones, no puede haber comunicación con una cultura que se redefine en términos de esta masculinidad dominante y que pretende controlar a la naturaleza.' No puede haber conversación y no puede haber nadie que escuche, porque la naturaleza, al estar desencantada, ya no es una fuente de significado y de valor. Esto se convierte en una parte de la devaluación de los pueblos indígenas y las culturas indígenas. Con ellos no se puede razonar; eso significa que el único idioma que ellos pueden entender se convierte en el lenguaje de la fuerza y el poder. Así tenemos una legitimación de la civilización como un proyecto de colonialismo asociado con un concepto dominante de la masculinidad, de manera que aún hemos de analizar más profundamente.

Asimismo, reconocemos que la experiencia prehispánica de género y masculinidades realmente es bastante diferente y necesitamos recuperar las tensiones entre esas masculinidades primarias, sobre todo en cómo se reflejan de acuerdo con. los términos de los pueblos indígenas. Este trabajo aportará elementos importantes para entender las tensiones y contradicciones de diferentes masculinidades. Pero también he podido aprender sobre la naturaleza contradictoria y sobre las maneras en que algunas de las diferentes prácticas del clero español fueron incorporadas a las comunidades indígenas y reforzaron formas tradicionales y bastante jerárquicas de las relaciones entre los géneros. Así son descubiertos elementos nada románticos. Conforme vamos entendiendo las contradicciones de nuestras masculinidades podemos empezar a reconocer las contradicciones en las masculinidades de pueblos con los que podemos trabajar.

Lo indígena también llega a identificarse con la mujer y con la naturaleza, porque estamos tratando de pensar el significado respecto al desarrollo a ordenamiento de las relaciones de géneros. ¿Por qué, cuando pensamos sobre género aún en los años noventa, pensamos sobre la experiencia de las mujeres? ¿Por qué siguen siendo tan pocos los académicos que leen trabajos de la teoría feminista? ¿Por qué sigue siendo dentro de la academia, aunque va cambiando radicalmente, que la teoría feminista es algo que realmente no se aprende y no se enseña, sino que sencillamente tiene que ver con la experiencia y el empoderamiento de la mujer, pero es algo que verdaderamente no afecta al hombre? Entonces, ¿qué es lo que tiene el ordenamiento de las relaciones de género para que sea fácil desdeñar lo femenino, para sentir que de alguna manera lo femenino es una amenaza? Esto nos lleva otra vez a la noción de que la masculinidad siempre tiene que ser comprobada, pero ¿contra qué hay que comprobarla?

En algunas ocasiones, hay que confrontarla contra la emoción y el sentimiento, porque en las culturas dominantes del Occidente, las emociones y las sensaciones se consideran subjetivas, se consideran personales y se consideran como prejuicios dentro del contexto de la investigación social. Ha sido apenas reciente en Inglaterra y Estados Unidos un desarrollo importante en la sociología de las emociones y el reconocimiento de que los paradigmas del trabajo científico, tanto en términos de medicina y de conocimiento médico, como en términos de modelos de investigación de ciencia social, tienden a dar forma a una determinada concepción dominante de la masculinidad. Se han elaborado estos estudios desde el desdeño de lo emocional y del sentimiento, y han dificultado la incorporación de. la exploración y la complejidad de la vida emocional.



El cuerpo y las emociones percibidas en la masculinidad

En los términos de Kant, las emociones y los sentimientos estaban separados de los pensamientos; los pensamientos deberían identificarse con la mente, pero ¿en dónde se encontraban las emociones y los sentimientos? Para Kant, las emociones y los sentimientos se localizaban en el cuerpo y no eran parte de quienes somos. Eso forma parte de la imagen dominante masculina; de manera que tenemos una relación externa y debemos controlar nuestras emociones y sentimientos para probar y demostrar nuestra masculinidad.

No podemos admitir, como hombres, el que se nos lesione, el que se nos dañe y con frecuencia si un niño pequeño se cae en la calle y su pierna sangra, acude a usted, y usted le pregunta, "¿Te duele?" y la respuesta inmediata es, "Claro que no". Se tiene el caso de un hombre mayor que tiene algún tipo de dolor en el costado, pero no sabe cómo reconocerlo, porque él lo toma como una prueba de su masculinidad. Sabemos que él no acudirá al doctor; porque él piensa que debido a que manifiesta dolor se cuestiona su masculinidad, piensa que quizá se vaya de la misma manera que vino, así que se aferra a ese dolor y realmente no habla sobre él. De manera que cuando él acude finalmente al hospital, la condición es grave.

Sabemos que los hombres acuden al doctor con mucha menos frecuencia que las mujeres, y terminan en los hospitales, en términos de admisiones, con mucha más periodicidad que en relación con sus visitas al doctor, porque para ellos es una relación ambivalente y poco cómoda con el cuerpo. El, cuerpo, en los términos que estamos hablando, se vuelve una máquina, un instrumento. El cuerpo se convierte en el elemento contra el que se prueba la masculinidad, la mido contra los límites de mi resistencia y, de esta. manera, mi cuerpo realmente no es parte de quien yo soy, pero me siento incómodo en la relación con mi cuerpo y me siento incómodo para escuchar lo que él me podría decir.

De hecho, la idea de que nosotros podemos escuchar a nuestro cuerpo se vuelve incoherente en la cultura occidental. Se refleja en el concepto del conocimiento médico que heredamos, porque si pensamos en nuestra relación con el doctor, es él y el conocimiento médico quienes tienen el control de nuestros cuerpos. El cuerpo existe como un objeto de exploración médica. Nosotros permanecemos en silencio ante el doctor. Me acuerdo que de niño se me dijo que yo debería permanecer callado, ser respetuoso y sólo hablar cuando el médico me hablara. Había una deferencia hacia el doctor y a su autoridad respecto a mi cuerpo.

Éste es un muy claro ejemplo de cómo se considera el conocimiento del doctor como científico y objetivo. Eso significa que el conocimiento de nuestros propios cuerpos se considera solamente, como algo sintomático, subjetivo y basado en la experiencia. Por lo tanto, no tiene ninguna importancia real, de manera que se silencia ante el conocimiento. .

Ahora bien, uno de los retos más importantes que el feminismo ha hecho a la modernidad reside, justamente, en recuperar al cuerpo desde las definiciones

1 de la identidad. Esa es una de las aportaciones más importantes que el feminismo ha hecho, no solamente para la experiencia y el empoderamiento de la mujer, sino para nuestra comprensión del desplazamiento del cuerpo y de ese conocimiento corporeizado dentro de la cultura occidental. Para ser objetivo, el conocimiento tenía que ser separado del cuerpo, tenía que ser universal y tenía que ser imparcial, no podía ser corporeizado.

El feminismo, desde su crítica más temprana, trató de incluir el conocimiento del cuerpo como parte de una reformulación, de los conceptos de la identidad personal. La noción de que nuestro cuerpo es nosotros mismos cuestiona fundamentalmente los conceptos académicos de los conocimientos y las definiciones de la identidad personal. Pero esos conocimientos no ofrecen algo de lo que podamos aprender, porque hay una falta de seguridad hacia estas relaciones de género.

El hombre, la razón y la autoridad

Kant argumentaba que las mujeres necesitan a los hombres de una manera en que los hombres no necesitan a las mujeres. Pero nosotros, ¿pensamos que los hombres necesitan a las mujeres de una manera en que las mujeres no necesitan a los hombres? Lo primero que se hace es ocultar a oscurecer la dependencia del hombre respecto de la mujer: ¿por qué dice Kant to que dice? Esto es importante, debido a que justamente nuestra tradición filosófica organiza y mucho los presupuestos que usamos en nuestro trabajo académico.

Kant demostraba que sólo una masculinidad dominante puede dar por sentada su relación con una racionalidad. Para este autor, los hombres mantienen una relación interna con la razón y tradicionalmente, esto significaba que los hombres controlaban todo el sistema político público y de hecho todavía así es. Uno de los cambios más importantes surgidos de las recientes elecciones en Gran Bretaña es el contar con más de 150 mujeres, por primera vez, en el Parlamento, lo que cambia completamente la atmósfera y la gente sabe que van a cambiar precisamente los términos mismos de la política.

Pero Kant decía que las mujeres necesitaban a los hombres porque a través de esa relación podían establecer una relación segura con la razón. Las mujeres tenían que aceptar una dependencia y una subordinación mediante la institución del matrimonio y era en , la aceptación de esa supuesta subordinación que podían encontrar su libertad y su autonomía. Ésta es una de las grandes contradicciones dentro de la concepción liberal occidental, que el feminismo ha cuestionado.

Se argumentaba que la dependencia de los hombres quedaba oculta y que la relación entre los hombres y las mujeres se conformaba como una relación de poder y de control. Tradicionalmente hablando, era el papel del padre dentro de la familia patriarcal, el padre era quien ocuparía la posición de autoridad. La paternidad se establecía como una relación de autoridad y como la fuente del conocimiento. Entonces, se suponía que la posición de Dios dentro de la familia se reflejaba en la autoridad del padre.

Eso significaba que era indispensable obedecer al padre, ya que su palabra era la ley, que era muy difícil ir contra esa autoridad sin sentirse irracional y emocional, porque justamente la fuente de esa autoridad residía en el hecho de que el hombre, dentro de la masculinidad dominante, aprendía a ser imparcial y objetivo.

Sin embargo, esto creaba dificultades en las relaciones del padre con ellos porque si los hombres se involucraban emocionalmente con sus hijos surgía el peligro de que fueran parciales como figuras de autoridad. Desde el punto de vista de la familia, la relación de los hombres era mucho más ambivalente. Los hombres eran parte de la familia, pero colocados a la orilla como una figura de autoridad. Proverbialmente, todavía tenemos esto en Inglaterra con la frase de espera a que llegue lo papá a la cara. Eso equivale a esperar a que la autoridad regrese. Pero esa visión de autoridad en el Occidente ha sido afectada por una crisis fundamental. El contrato tradicional entre los géneros ha sido fundamentalmente cuestionado como una relación de poder y de desigualdad. Lo que tiene ramificaciones muy profundas sobre nuestras concepciones del conocimiento.

Lenguaje, emoción y razón

Imaginemos una situación de una relación de un hombre y una mujer, en la que alguien se voltea y dice "Estás siendo demasiado emotivo/a, ya no quiero seguir con esta conversación hasta que lo calmes y podamos hablar de esto en forma racional". Quién dice esto en la familia mexicana? Esta situación resulta todo un tema en las relaciones personales, se podría analizar psicológicamente como un asunto de personalidades. Pero la teoría social nos ayuda a superar esta personalización, porque reconocemos una relación de poder que se está ejerciendo ahí. Cuando de esta manera dejo en silencio a mi pareja, puedo sentir el respaldo de toda la sociedad. Porque al decirle que es irracional, le estoy diciendo "no tienes derecho a hablar", le estoy diciendo que las emociones y que los sentimientos son poco o nada razonables y que por lo tanto, no son fuente de conocimiento.

Así, ocurre una deslegitimación de ciertas formas de conocimiento que ya no pueden ser validadas. Lo que tiene consecuencias muy profundas, porque refuerza nuestra concepción del conocimiento objetivo y establece una relación entre los géneros con base en el poder. Además, es una de la responsabilidades de los hombres el disciplinar y hacer que sus parejas entren al orden, porque "saben" que ellas son irracionales. Este proceso se vuelve parte de la legitimación de la violencia doméstica, pero también se vuelve parte de la legitimación de una violencia que no se nombra nunca. Es parte de una miseria privada que no puede ser expresada y escuchada. Apenas recientemente algunos teóricos de la filosofía y la teoría social han empezado a considerar las implicaciones de ese sufrimiento y de ese silencio, pero sabemos que se basa profundamente en las concepciones dominantes de la masculinidad.

Las mujeres han sido identificadas con su cuerpo y su sexualidad, por eso las feministas se propusieron de una manera radical la reapropiación de sus cuerpos. Porque las mujeres tradicionalmente han sido oprimidas y silenciadas debido a la relación con su cuerpo y con su sexualidad. En los trabajos de Rousseau, las 4, mujeres y sus cuerpos eran considerados como una amenaza para la razón de los hombres, ese elemento j de amenaza en la relación es el que se mantiene.

En consecuencia, no puede haber una comunicación fácil entre los géneros, porque siempre es posible deslegitimar y devalorar el lenguaje de las mujeres y tacharlo de emocional, mientras que el lenguaje de los hombres tiene una autoridad particular. Debemos repensar que el lenguaje está basado en el género y que los hombres y las mujeres crecen con relaciones diferentes a su lenguaje.

Un tema. para ser estudiado cuidadosamente reside en cómo aprendemos a escuchar y cómo aprendemos a hablar, cómo es que los hombres en particular desarrollamos una relación en la cual lo que es importante es el hablar y lo que es difícil es el escuchar. A veces escuchamos, pero nada más para poder hablar. En esta comunicación el escuchar abre contacto con la otra persona, pero el contacto es amenazador, entonces el contacto o la ausencia de contacto revela un cierto miedo a, la, intimidad que es parte de la estructuración de ciertas formas de la masculinidad. Hemos notado cuando le preguntamos a un hombre sobre qué siente y nos contesta lo que piensa, se demuestra que no sólo es una dificultad que los hombres ,tienen para decir lo que sienten, sino está codificada culturalmente y que, es parte de los marcos de referencia de nuestras disciplinas académicas.

Siempre respondemos a la pregunta de qué sientes diciendo pienso tal y cual, debido a la separación entre !el pensar y el sentir. Porque el pensar supuestamente ocurre en la mente y el sentimiento en el cuerpo. Dentro de la cultura hay una división radical entre el pensar y el sentir, por lo que adquiere importancia considerar al corazón, porque a través de él podemos conectar lo que pensamos con lo que sentimos. Podría ser que nuestras creencias no han sido formuladas por medio de la razón ni las podemos justificar racionalmente, sino que nuestras más profundas creencias están relacionadas con nuestros más profundos sentimientos.

En cierto nivel lo reconocemos y ciertas tradiciones filosóficas también lo aceptan, pero las tradiciones modernistas dominantes lo niegan. Cuando trabajamos con hombres sobre las emociones, estamos comenzando a abrirnos y entramos a un área difícil. El escritor inglés del siglo pasado John Stuart Mill reconoció esa parte de su educación -siendo que fue un caso extremo (educado por su padre) fue considerablemente "bien" educado en lo intelectual, pero emocionalmente era un niño. Para nosotros como hombres nos resulta muy difícil aceptar la disparidad entre ser un hombre y adulto y nuestro lugar en el desarrollo emocional y considerar nuestros cambios. Lo hacemos dentro del contexto del área psicoanalítica, pero también lo debemos hacer en otras áreas, porque de otra manera estamos simplemente proyectando sentimientos que no podemos aceptar dentro de nosotros mismos.

En ese contexto, existe una dificultad de comunicación entre los géneros y esto, en Occidente, se está mostrando como parte de una crisis fundamental y de un reordenamiento de las relaciones de autoridad. La autoridad patriarcal ha sido primordialmente cuestionada, aunque todavía existe. La relación de los Hombres con el lenguaje se convierte en algo incierto, porque su relación con sus propias emociones y sentimientos es incompleta. Éstos llegan a identificarse con lo femenino y, por lo tanto, son amenazantes.

Existen algunas explicaciones para este carácter amenazante. Las explicaciones psicoanalíticas tradicionales se refieren a la separación de los niños de sus madres; en esa separación, que sucede de distintas formas en distintas culturas, los niños son separados de sus madres a los 4 o 5 años, la masculinidad llega a identificarse casi como una estructura negativa. La masculinidad se empieza a distinguir con el no ser femenino, como el no ser débil, como el no ser frágil, como el no ser emocional y como el no tener necesidades emotivas. Entonces, la masculinidad se establece en relación y en tensión con la noción de lo que es femenino, porque lo femenino se convierte en una estructura de incertidumbre que necesita ser controlada.

Esto quiere decir que los hombres, nosotros, en algún nivel de las diferentes masculinidades en distintas culturas y en diversas formas estamos involucrados en una relación con nuestras propias naturalezas, que necesitamos aprender a controlar, porque la. masculinidad en su forma dominante se identifica con ser independiente y autosuficiente, con el no tener necesidades, con el no saber lo que siento. Por un momento, pensemos en nuestras relaciones, ubiquemos a quien es la persona que sabe o reconoce lo que siente. Es decir, ¿cómo, podemos saber lo que sentimos y como lo podemos identificar?.

Podría ser que el sentimiento se vea amenazado, cuando apreciamos las diferencias entre Inglaterra y México, porque en la cultura mexicana la madre o la figura materna se convierte en una figura fuertemente interiorizada, sobre todo dentro del catolicismo ,donde se da una gran identificación entre los niños y sus madres. Hasta cierto punto la separación nunca sucede, o no sucede fácilmente entonces tenemos una estructura diferente de lo que es la masculinidad. En México se empieza a realizar un nuevo y magnífico trabajo dentro de las ciencias sociales y también dentro de la práctica política, en la exploración de las diferentes masculinidades mexicanas, en particular este contacto con la madre, por lo que la estructura de la masculinidad tiene que ser mucho más estrecha. La madre mexicana tiene una presencia que está ausente en las culturas protestantes.

Ésta es una de las cosas más maravillosas que se ven cuando uno visita México o Brasil: existe una apertura para los niños pequeños, hay un gran amor y aceptación hacia ellos, lo que no se encuentra en Europa. En Inglaterra, los niños pueden verse, pero no escucharse. Eso es muy importante; no deben escucharse, sólo verse. En México se tiene la sensación de que los niñitos son amados, adorados tanto por el padre como por la madre.

Sin embargo, hay un cambio que ocurre en esta relación, probablemente para los niños y las niñas a diferente edad, pero posiblemente a los 8 o 9 años, de repente existe un cierto miedo hacia el excesivo acercamiento entre los hijos y padres, porque temen que la emoción se pueda relacionar con la homosexualidad. Así, hay una sensación de que el padre tiene que involucrarse en la disciplina del niño, lo cual implica una separación entre el niño y su padre a una edad específica del primero.

Con las niñas, sucede en distintas formas debido a que se teme que esta relación se vuelva sexual en el momento en que el padre se siente intranquilo al tener a su hija sentada sobre las piernas. Así, hay un cambio en la relación y un movimiento mediante el cual encontramos que la estructura de la masculinidad asume una forma cultural que tiene que ser analizada cuidadosamente.

México es famoso por el machismo y por la cultura del machismo que casi ha definido al término mismo; se refiere a una forma particular de masculinidad que necesita un análisis especial, pues surge de un temor que los hombres empiezan a explorar, cuando ven el significado de la intimidad entre los hombres, unos con los otros. Es interesante estudiar cómo en determinadas culturas se organizan temores específicos.

Encontramos que hay un temor profundamente arraigado debido a que es difícil disociar la intimidad de la sexualidad, especialmente en una cultura que tiene una concepción particularmente negativa de la sexualidad: como algo que es malo, que es indebido, algo que tiene que ser superado, por ello se da una relación incómoda entre la intimidad y la sexualidad. Incluso casi se podría afirmar que resulta difícil crear un espacio dentro de esa relación y, de allí, la importancia de las nociones de control, de mantener el control de la experiencia.

Ahora, esta noción introduce una manera de pensar las diferencias de las relaciones de los hombres con el lenguaje. La expresión de los hombres a través del lenguaje se convierte en un momento de "actuación" o de "presentación" y no necesariamente de contacto, a indudablemente el contacto entre los hombres continúa siendo una amenaza. De esta manera, se presenta una intranquilidad para repensar las concepciones de la masculinidad, al mismo tiempo que se refleja una cierta incomodidad dentro de nuestro trabajo en investigación social, porque esa misma intranquilidad relacionada con la emoción y el sentimiento nos dificulta analizar en una forma cualitativa.

De manera sencilla, esto no significa que los hombres seamos menos emotivos que las mujeres, aunque a primera vista resulte confuso. Pero sí significa que la estructura de la vida emotiva, en su relación con el discurso, está condicionada por los géneros. Además, el lenguaje puede usarse para poder controlar y atenuar la emoción para no sentir.

Ahora bien, tradicionalmente dentro de las relaciones le hemos dado muy poco peso a la noción del trabajo emocional. El trabajo característicamente se define como el trabajo remunerado, que está fuera del ámbito doméstico. Sin embargo, el trabajo de Jean Baker Miller ha sido básico para introducir el tema del trabajo emocional en el contacto de las relaciones, de cómo a menudo se espera que las mujeres interpreten las necesidades de sus parejas y de cierta manera digan lo que ellos sienten, y que esa interpretación se convierte en parte de una labor dentro de las relaciones heterosexuales. Al mismo tiempo, esa labor se ve desvalorada y no se reconoce en ese mismo momento. Sin embargo, significa que se teme manifestar una cierta vulnerabilidad, debido a la necesidad de probar constantemente que uno es suficientemente hombre. Así un cierto tipo de emociones y un cierto tipo de conexiones con el cuerpo se vuelven difíciles de manejar.

En muchas de las teorías posmodernas el cuerpo se entiende como un espacio simbólico separado y así se ha conceptualizado el cuerpo, como un sitio de representación. Resulta mucho más difícil pensar la relación corporeizada del hombre consigo mismo y cómo es que difiere de la relación de la mujer consigo misma y la relación tan compleja entre el lenguaje y la experiencia.

Muchas de las formas postestructurales contemporáneas en teoría social tienden a suponer que la experiencia nos llega a través del lenguaje, que únicamente a través del discurso tenemos el conocimiento o el acceso a la experiencia y que toda la experiencia es discursiva. Es decir, que solamente tenemos experiencia porque tenemos un lenguaje a través del cual podemos articular dicha experiencia. También se propone que solamente a través de los discursos disponibles dentro de una cultura determinada se pueden construir ciertas formas de identidad, una noción de identidad. No obstante, esta noción de "discurso" necesita ser retada y cuestionada, porque excluye la importante tensión existente entre el lenguaje y la experiencia, tensión que fue introducida por la teoría feminista. Esto resulta en una empresa difícil dada la fuerza de las formas especificas de nuestras metodologías de investigación.

¿Alguna vez han estado ustedes en una situación en que alguien habla mucho, pero no dice nada o muy poco? Se han encontrado en una situación en que se supone que debido a que alguien ha hablado, se ha establecido un contacto? Existe una relación muy compleja entre el discurso o lenguaje y el contacto y la experiencia, y en nuestra investigación social necesitamos tenerlo muy presente. Si identificamos la experiencia como algo que se proporciona sencillamente mediante el discurso, estamos reforzando el paradigma masculino dominante, continuando la tradición del conocimiento científico en Occidente.

El desencanto de la naturaleza y la relación del colonizador con el colonizado significó que la naturaleza quedó silenciada. No había relación entre la gente y el mundo natural, el mundo natural se redujo a la materia, el bosque se convirtió en la materia para la madera, la fuente de productos que podían venderse en el mercado. No había una relación o una relación apropiada con la naturaleza que pudiera descubrirse. Eso significó un desastre ecológico que apenas empezamos a reconocer; pero eso no fue sólo un "descuido", más bien se estructuró en nuestras formas básicas de conocimiento académico y científico.

Somos parte de esa responsabilidad y parte de esa complicidad, porque se suponía que no había relación apropiada con la naturaleza que pudiera descubrirse, tampoco teníamos una relación apropiada con nuestros cuerpos, relaciones de las que pudiéramos aprender. Fue a través de la mente que podíamos imponer significados, valores y con la tradición weberiana dentro de la teoría social que ve la realidad como algo que está ahí afuera sin significado, salvo los significados que nosotros como grupo dominante asignamos o damos a la naturaleza. Así que en ese contexto, los seres humanos se vuelven la fuente de significado dentro de un mundo natural que se supone es silencioso; no hay relación con la naturaleza que nosotros podamos descubrir y nuestro conocimiento científico ha estado coludido con esto.

Por ello, en las relaciones de género también se presupone que los hombres encuentran difícil comunicarse o descubrir el significado a través de la negociación, porque tradicionalmente puede existir sólo una fuente de autoridad. En Inglaterra decimos que sólo una persona puede llevar los pantalones.

Existe una sola fuente de autoridad, lo que significa una relación incómoda en la comunicación entre los géneros, que es una de las dificultades para sostener las relaciones por periodos prolongados y ahora es parte de la crisis occidental y de la naturaleza de las relaciones a largo plazo. Pero también significa que algunas emociones y algunos sentimientos son inaccesibles para los hombres. Porque si yo, por ejemplo, me siento triste o alterado, me resulta difícil reconocer ese sentimiento sin sentir que mi masculinidad de alguna manera se verá amenazada o sin que se piense que yo tengo que ser gay en una cultura que es radicalmente homofóbica.

En estas condiciones si un hombre siente tristeza , o se siente incómodo, antes de que esa tristeza o vulnerabilidad quede registrada en su mente hay un movimiento hacia la ira, hacia la violencia, porque la ira es algo que consolida y afirma la masculinidad que en ese preciso momento se ve amenazada. Así que con frecuencia no aquel espacio y, reconocimiento para la identificación de esa emoción. No se trata de que los hombres no sientan tristeza o, como alguien dijo en un taller, no es que los hombres no se sientan deprimidos, sino que frecuentemente suponen que sus compañeras están deprimidas. Es decir sus emociones se proyectan hacia otras personas, las emociones que ellos tienen y que los incomodan dentro de sí mismos. Y ésta fue una de las lecciones básicas que Freud nos enseñó: la dificultad de vivir con las emociones que nos incomodan y las formas en que ésas se proyectan.

En una cultura en que los apoyos tradicionales de la masculinidad han sido amenazados, entre otros por el desempleo a largo plazo y las posibilidades de las relaciones, a los hombres les resulta difícil o más difícil afirmar su masculinidad. Eso significa que las relaciones domésticas se convierten en el centro de tensión, incomodidad y con frecuencia de violencia: a menudo existe la necesidad de explicar las contradicciones entre el lenguaje y la experiencia, entre el discurso y la vida emocional.




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