María Montessori



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María Montessori
Ideas generales sobre mi método

Índice

Primera edición cibernética, octubre del 2005

Captura y diseño, Chantal López y Omar Cortés

Índice de
Ideas Generales sobre mi método




Presentación

Ideas generales sobre mi método

La educación y el niño

El ambiente

Períodos sensitivos

El análisis

La preparación espiritual del maestro

Consecuencias generales

El método Montessori y la educación moderna

Principios y prácticas de la educación


PRESENTACIÓN

En esta presentación, no nos extenderemos sobre el método Montessori en sí, ni sobre la vida de la Dra. María Montessori, ya que en la red, se encuentran varios sitios de institutos Montessori de distintas partes del mundo que ofrecen análisis de su sistema así como su biografía. Destacaremos aquí lo que nos parece primordial en esta excepcional figura de la nueva pedagogía.

María Montessori es el ejemplo de la congruencia entre teoría y práctica. Como mujer, se desarrolló de manera independiente de los marcos preestablecidos, siendo el primer doctor en medicina de sexo femenino, diplomado en la Universidad de Roma, añadiendo a ello su condición de madre soltera, como se dice actualmente. Podemos imaginar fácilmente que necesitaba procrear por el placer de ser madre, y también para poder entender a los niños, a los padres, y así llegar a ofrecer alternativas al cerrado sistema educativo que imperaba en aquellos años... ¡Tener un hijo, sí! Pero, fuera de matrimonio, estando segura que esta institución no le ofrecería nada positivo, si pensamos en el machismo que imperaba en la sociedad en general y en la italiana en particular, y del que difícilmente se podía apartar el más lúcido y adelantado hombre.

Deseaba ser libre para pensar, analizar y proponer nuevos enfoques sobre la pedagogía y la psicología educativa, ya que para lograr un mejoramiento de la humanidad era preciso atender a los ignorados de la sociedad: los niños.

Esta manera de ser, decidida, con una extrema claridad sobre su función, casi podríamos decir misión, no se desmentiría en ningún momento. Así, el tercer dato que nos interesa poner de relieve es su decisión de exiliarse de la Italia fascista al rehusar someterse a los dictámenes del régimen de Mussolini.

La integridad y congruencia de María Montessori en su pensamiento y en su actuar le han merecido no sólo admiración sino también un interés imperecedero en su sistema educativo.

En 1947, escribiría una carta muy significativa a los jefes de gobierno de todos los países, de la que extraemos lo siguiente:

La infancia me ha mostrado que la humanidad es una. Todos los niños hablan a la misma edad, no importando su raza ni sus circunstancias o las de sus familias; caminan, cambian dientes, etc.. en ciertos periodos determinados de su vida. En otros aspectos también, especialmente en el campo psicológico, son similares emocionándose de la misma manera.
Los niños son los constructores de los hombres que edificarán, tomando del entorno, el lenguaje, la religión y las pecularidades no sólo de la raza, no sólo de la nación, sino también del barrio en donde se desarrollan.
El niño es el ciudadano olvidado, y si alguna vez, los hombres de Estado y los pedagogos llegasen a comprender la extraordinaria fuerza que late en la infancia por lo bueno o por lo malo, siento que le darían prioridad por encima de cualquier otra cosa. Todos los problemas de la humanidad dependen del hombre, y si no se le presta atención durante su construcción, los problemas nunca serán resueltos.
Al hombre se le debe cuidar su desarrollo desde el inicio de su vida, cuando los grandes poderes de la naturaleza están trabajando. Sólo entonces podremos tener esperanzas de idear una mejor comprensión internacional.


Con esta cita, queda claro que la preocupación de María Montessori estaba enfocada en mejorar las sociedades humanas. Por esta razón, consideramos que una obra de esta pionera no podía faltar en los anaqueles de nuestra Biblioteca Virtual Antorcha, con el deseo de que la lectura de Ideas generales sobre mi método, fomente la reflexión sobre la relación, como adultos, que establecemos con l@s niñ@s.

Chantal López y Omar Cortés

IDEAS GENERALES SOBRE MI MÉTODO

Tener en cuenta las necesidades del niño y satisfacerlas para que su vida pueda desenvolverse plenamente es el fundamento de la nueva educación.

Antiguamente la educación se proponía preparar al niño para la vida social que debería vivir un día. Por eso procurábamos hacerlo nuestro imitador, poner su voluntad bajo el yugo de la obediencia, someter su genio creador a la imitación e instruirlo en lo que creíamos necesario para vivir en nuestro ambiente civilizado.

Esta adaptación inmediata y forzada a una vida social que no era la vida social del niño en el momento que el tratamiento le era aplicado, sino la vida del hombre que más tarde debía formarse en él, conducía a una serie de errores que han inspirado a la antigua escuela y a la antigua educación de la familia.

El niño no es considerado todavía como personalidad humana viviente y como miembro social. Es un devenir, y mientras no esté formado, para la antigua pedagogía el niño no es nada.

Y, sin embargo, el niño tiene una personalidad libre, como toda criatura humana. Lleva la sublime marca creadora del alma que no puede desenvolverse fuera de su dignidad. No es únicamente el pequeño cuerpo adorable que rodeamos de nuestros cuidados, que alimentamos, lavamos, vestimos, etc., como más adelante el hombre tampoco vive únicamente de pan, y las cosas y cuidados materiales son secundarios y hasta pueden ser degradantes para su edad.

La esclavitud es para el niño, como para el adulto, algo que desenvuelve sentimientos enfermos y que envilece.

El ambiente social que ha sido hecho por nosotros es desproporcionado e incomprensible para él, que de este modo, forzosamente es un desterrado social y se puede decir que muy a menudo la escuela representa la verdadera prisión de este ser inadaptable. Hoy se conocen muy bien las consecuencias desastrosas de la escuela sobre el niño, no sólo del lado físico, sino, sobre todo, desde el punto de vista moral; la educación del carácter, en efecto, es un problema que no se ha resuelto aún en la pedagogía diaria.

En la familia existe el mismo error de principio: se mira al fin futuro en la existencia y no el momento presente, es decir, a las necesidades de la vida. En la familia más progresiva, en el mejor de los casos, se comienza ayudando la vida física del niño: la alimentación racional, los baños, los vestidos, la vida al aire libre constituyen el último progreso.

Pero en la naturaleza, ¿quién está mejor nutrido que la minúscula abeja, quién se sumerge en el agua mejor que el pez, quién se viste de más bellos matices que el lirio, quién es en el aire más libre que el pájaro?

En las necesidades del niño no se ve la humanidad y las necesidades urgentes del alma infantil. El hombre que guarda en secreto el niño, queda desconocido; vemos solamente en él sus reacciones de defensa y su enérgica protesta, sus gritos, sus quejas, sus caprichos, la timidez, la desobediencia, la mentira, el egoísmo, el espíritu de destrucción. Así hemos cometido el error de juzgar las reacciones de defensa como la psicología característica de los niños, y nos hemos apresurado a corregirIas duramente, muchas veces hasta con castigos corporales. Y algunas veces tales reacciones representan el principio de enfermedades del alma y también de enfermedades propias del sistema nervioso, que comprometerán la personalidad futura.

Bien se sabe que la edad de la formación es la más importante de la vida; una deformación psicológica, una intoxicación espiritual durante ella, son cosas nocivas para el alma del hombre en el porvenir, como la intoxicación y la deformación física del embrión lo son para la salud del cuerpo.

La educación de los pequeños es, pues, la cuestión más importante para el porvenir de la humanidad. La delicadeza en la interpretación y en el tratamiento del alma infantil es de nuestra parte una cuestión de conciencia, y es absolutamente preciso ser clarividente y cambiar de dirección, o mejor dicho, guardarnos, según se ha hecho hasta ahora, de considerarnos como jueces inapelables, como impecables modelos para ofrecernos a los ojos del niño: en lugar de esto, llenos de defectos, hemos de considerar nuestra recíproca posición, al modo que queda bien indicada interpretando la famosa sentencia de Jesús: "la infancia es perpetuo Mesías que viene a los brazos de los hombres caducos y les ruega que retornen al Paraíso.

Comencemos por proveer a las necesidades del niño disponiendo un ambiente adaptado a su personalidad. Ello es una obra de servicio social, porque aquél no puede desenvolver una verdadera vida en el ambiente complicado de nuestra sociedad, y menos aún en el de los refugios y prisiones que llamamos escuelas. Es preciso sustraerle a la acción demoledora que, sin darse tregua, ejerce el adulto sobre él, a veces con vigilancia continua, otras con enseñanzas perpetuas, con restricciones arbitrarias, etc., etc.

En lugar de esto, debemos prepararle un ambiente donde la vigilancia del adulto y sus enseñanzas se reduzcan al mínimo posible; cuanto más se reduzca la acción del adulto, tanto más perfecto será el ambiente. Este es un problema fundamental de la educación.

La libertad del niño no puede tampoco, en manera alguna, ser abandonada, porque no es de un modo negativo como puede liberarse el alma humana en su infancia, sino elevando una construcción amorosa.

Es preciso preparar con solicitud el ambiente, es decir, crear un nuevo mundo: el mundo del niño. Hoy existen ya, en diversos países, arquitectos que estudian formas de construcción adaptadas a los niños, y es seguro que en un próximo porvenir veremos en las ciudades casas de un nuevo tipo, bellas casitas destinadas a los pequeños, y una cantidad de menudos muebles, de pequeños objetos, casi como los que en nuestros almacenes vemos hoy esplendentes para las muñecas en la semana de Navidad; no serán, sin embargo, juguetes, sino verdaderos objetos necesarios a la vida del niño.

Apenas se preparan objetos prácticamente utilizables para los pequeños. Vemos a éstos sumergidos en una actividad ordenada y maravillosa. Sus movimientos son evidentemente dirigidos por una fuerza volitiva que les impulsa a realizar acciones con un fin inteligente. Aún más, ellos sienten una necesidad de trabajo casi mayor que la de nutrición; ha desaparecido en el niño el glotón, el obrero ha ocupado su puesto; un conservador escrupuloso de los objetos ha reemplazado al destructor; hay un niño silencioso y tranquilo en lugar del que se agita en perpetuo desorden.

Si carece de ambiente externo adaptado, el niño no puede realizar esta vida porque no encuentra medios de utilizar la fuerza enorme que la naturaleza ha puesto en él para dirigirlo a un ejercicio enérgico y continuado que debe perfeccionarle en sus funciones superiores.

Se conocen ya por todas partes casas de los niños; se preparan objetos sencillos y prácticos, pero que tienen el fin de servir para el desenvolvimiento del alma del niño; muebles de barnices claros, ligeros, de modo que eviten choques y puedan fácilmente ser trasladados por el niño mismo. El barnizado claro tiene por objeto ver mejor las manchas que delatan el error cometido y facilitar al mismo tiempo la limpieza con agua y jabón. Son los muebles fácilmente transportables y ligeros no sólo para que el niño pueda por sí mismo elegir el puesto más adecuado a sus necesidades; sino porque el rumor denuncia en seguida el movimiento mal hecho e invita al niño a controlar mejor los movimientos de su propio cuerpo.

Objetos frágiles y graciosos, de vidrio y porcelana, para que el niño pueda probar el dolor y el castigo bastante sensible cuando por un error de atención deja caer uno y lo pierde para siempre. ¡Oh este dolor ocasionado por la destrucción de un objeto querido! ¡Quién no será capaz de consolar a este niño humillado y lloroso delante de un vidrio roto; a este niño que de ahora en adelante transportará con toda la fuerza de su voluntad los objetos frágiles controlando sus músculos con todo el esfuerzo de que es capaz su cuerpecito!

He aquí un ambiente que corrige siempre, que no deja pasar ni el más pequeño error. Ahora no es necesario que la maestra intervenga; puede reposar contemplando tanta escena interesante... Ya sentirá poco a poco la voz de las cosas, que hablan a estos niños, y al descubrir paso a paso sus personales imperfecciones les dirá mentalmente: Sed mejores de lo que soy yo; la vieja obra debe ser destruída para cimentar la nueva obra de actividad y amor.

Por otra parte, la belleza del ambiente y de todas las cositas que contiene, invitan al niño a actuar, a multiplicar sus esfuerzos porque todas deben ser atrayentes; los paños de color para limpiar el polvo adornados con cintas, las escobas decoradas con dibujos, los pequeños cepillitos, son graciosos; las pastillas de jabón, círculos y rectángulos, rosa y verdes. Todo ello parece llamar al niño y decirle: Ven; tócame; cógeme; con el paño vestido de fiesta limpia esta mesa luciente; toma la escoba tan bellamente adornada y limpia con ella el pavimento; venid también, adorables manecitas, y sumergios en el agua y jabón.



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