María Camila Daza Leguizamón



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VIGILAR Y CASTIGAR: EL NACIMIENTO DE LA PRISION

MICHEL FOUCAULT

RESUMEN

Vigilar y castigar habla sobre la evolución de los métodos de castigo y vigilancia desde la sociedad medieval a la contemporánea: los suplicios, la humillación pública, la prisión, la escuela entre muchas expresiones de poder que se han utilizado para controlar de una forma u otra el comportamiento de una sociedad. Desde esta perspectiva Michel Foucault nos dirige poco a poco a un camino que nos demuestra los procesos que ha tenido la sociedad para castigar y vigilar empezando desde lo material, lo físico (torturas, suplicio, castigos) hasta llegar a algo intangible (psicológico, alma).

Palabras clave: castigo, disciplina, suplicio, relaciones de poder y prisión.

ABSTRACT

Watch and punish talk over the evolution of the punishment methods and monitoring from the medieval society to the contemporary: the torments, the public humiliation, the jail, the school between many expressions of power that have been used to control of a form or another one the behavior of a society. From this perspective Michel Foucault directs to us little by little to a way that demonstrates the processes to us that the society has had to punish and to watch beginning from the material, the physicist (tortures, torments, punishments) until arriving at something intangible (psychological, soul).

Key words: punish, discipline, torments, power relations and jail.

SUPLICIO

(...) El suplicio forma, además, parte de un ritual. Es un elemento en la liturgia punitiva, y que responde a dos exigencias. Con relación a la víctima, debe ser señalado: está destinado, ya sea por la cicatriz que deja en el cuerpo, ya por la resonancia que lo acompaña, a volver infame a aquel que es su víctima; el propio suplicio, si bien tiene por función la de "purgar" el delito, no reconcilia; traza en torno o, mejor dicho, sobre el cuerpo mismo del condenado unos signos que no deben borrarse; la memoria de los hombres, en todo caso, conservará el recuerdo de la exposición, de la picota, de la tortura y del sufrimiento debidamente comprobados. Y por parte de la justicia que lo impone, el suplicio debe ser resonante, y debe ser comprobado por todos, en cierto modo como su triunfo. El mismo exceso de las violencias infligidas es uno de los elementos de su gloria: el hecho de que el culpable gima y grite bajo los golpes, no es un accidente vergonzoso, es el ceremonial mismo de la justicia manifestándose en su fuerza (pág. 33).

  1. EL CUERPO DE LOS CONDENADOS

Las torturas han sido un método de castigo a lo largo de la historia, siendo paralelo con el progreso de las diferentes civilizaciones. Obviamente, siempre se ha necesitado corregir las conductas no permitidas y es por ello que aplicar los suplicios al cuerpo fue muy efectivo, aunque muy discutible puesto que si en realidad se pretendía sanear actitudes no se debería poner en riesgo la vida. Verbigracia, como bien se sabe, en la edad media la autoridad religiosa era la misma que estaba facultada para castigar en el régimen punitivo. Fuera de las malas acciones, los pecados también eran severamente juzgados. Así, las mujeres que se dedicaban a la prostitución o que cometían adulterio eran sometidas a correctivos horribles; les introducían en su órgano reproductor una herramienta en forma de pera, estando allí activaban su mecanismo haciendo que se expandiera, provocando una hemorragia a consecuencia de la destrucción de su útero.

De igual manera, la tecnología de aquellos años se encaminaba a hacer de los castigos algo más apabullantes y dolorosos, mecanizando el tormento y el terror. Se crearon maquinas como la doncella de hierro que en resumidas cuentas era un sarcófago con afiladas púas en su interior. También se ideo el potro, una mesa larga con ejes para halar los brazos y piernas de los hombres, ejerciendo fuerza en sentido contrario para lograr dislocar las articulaciones principales de las extremidades.

Otro ejemplo destacable de dichas torturas, surgió en 1757 con el caso de Damiens que fue condenado por regicidio y parricidio. En pocas palabras, de le descuartizo, desmembrando musculo por musculo y tendón por tendón, lo cual le causo la muerte y posteriormente, sus restos fueron incinerados. A raíz de estos hechos, se hace una reforma a los métodos de castigo, desapareciendo los suplicios. Todo ello concedido por un pensamiento de humanización de las penas.

En otras palabras, el castigo dejo de ser un espectáculo punitivo que buscaba intimidar seriamente a la población, atrás de quedo su perspectiva casi teatral y dio paso a que lo penitenciario se hiciera mas oculto y mas humano. A razón de esto, las prácticas punitivas se hacen púdicas, dejando a un lado el castigo al cuerpo y procediendo a la restricción de voluntades y derechos. En algunos casos, quitar la existencia sin producir dolor. Entonces, se crea la guillotina.

Ahora bien, junto con la forma de castigar, también se ha modificado profundamente el objeto a castigar. Para tal efecto, se ha implementado todo una serie de estudios para dar luz a lo concerniente con la veracidad de la pena. En tal punto, el juez esta facultado para sancionar infracciones utilizando todo un conjunto de juicios apreciativos, diagnósticos, pronósticos, normativos, referentes al individuo delincuente (pág. 21). Por ende, por primera vez en la historia la demencia fue un factor implícito en la ejecución del hecho imputable. Anteriormente esta condición mental era una causal de exclusión de la pena, sin embargo, pasó a considerar más como un correctivo en vez de un suplicio.

Luego, se dio una evolución en el sistema penitenciario, gracias a nuevos planteamientos como considerar el castigo como una función social compleja, adoptar en cuanto a los castigos la perspectiva de la táctica política, situar la tecnología del poder en el principio tanto de la humanización de la penalidad como del conocimiento del hombre y examinar si esta entrada del alma en la escena de la justicia penal, y con ella la inserción en la práctica judicial de todo un saber científico, no será el efecto de una transformación en la manera en que el cuerpo mismo está investido por las relaciones de poder. Es decir, el castigo abandono el cuerpo y se direcciono hacia el alma y las conciencias.

Por otro lado, las relaciones de poder orienta quien castiga y el castigado. Es así que el poder siempre esta acompañado del saber, lo que faculta irreprochablemente a los jueces para dirimir en asuntos pertinentes al sistema penitenciario. Cabe decir que quien tiene menos poder será mas fácilmente encasillado en la situación de condenado. Este último logra ser coartado de sus libertades y demás lujos de la vida cotidiana; el alma resulta ser quien en verdad recibe la pena puesto que se le somete a una restricción inmensa, prolongando de mejor manera el sufrimiento.

No obstante, los reos comúnmente no estaban de acuerdo con el método punitivo y carcelario, es por ello que se gestaron rebeliones, al nivel de los cuerpos, contra el cuerpo mismo de la prisión. Lo que estaba en juego era su materialidad en la medida en que es instrumento y vector de poder; era toda esa tecnología del poder sobre el cuerpo, que la tecnología del alma no consigue ni enmascarar ni compensar, por la razón de que no es sino uno de sus instrumentos.



  1. LA RESONANCIA DE LOS SUPLICIOS

El suplicio penal no cubre cualquier castigo corporal: es una producción diferenciada de sufrimientos, un ritual organizado para la marcación de las víctimas y la manifestación del poder que castiga, y no la exasperación de una justicia que, olvidándose de sus principios, pierde toda moderación. En los "excesos" de los suplicios, se manifiesta toda una economía del poder (pág. 33).

Además de las penas ya mencionadas, existían también otras mas leves como la satisfacción a la persona ofendida, admonición, censura, prisión por un tiempo determinado, abstención de ir a un lugar en especifico y multas o confiscaciones de bienes. Sin embargo, se conservaba un cierto vestigio del dolor y la pena en donde el suplico termina por ser, sobre todo, arte cuantitativo del sufrimiento.

Por otro lado, los jueces modernos eran apto para recibir y resolver denuncias penales, con ellas analizaban las pruebas del caso, si bien podrían ser documentales, también se constituía como objeto probatorio la confesión. Esta ultima, a diferencia de tiempos anteriores, no era impuesta por medio de la tortura puesto que el derecho penal no obedece a un sistema dualista verdadero o falso sino a un principio de gradación continua así como de culpabilidad. Es decir, son las pruebas las que ejecutan todo el proceso y sin ellas no continúa la intervención judicial.

Empero, en el siglo XVIII si existía una tortura judicial, sus castigos hacían, en primera instancia, que el culpable fuera quien informara su propia condena por medio de carteles fijados en su cuerpo y retractaciones en la iglesia. En segundo lugar, el hecho de someterlo a la vergüenza publica, usualmente provocaba que el sujeto de pena se sintiera acorralado y confesara a manera de suplica en su sentencia. En tercera instancia, la ejecución se hacia en el lugar en donde se cometió el crimen. Y por ultimo, se prolongaba el sufrimiento del suplicio pues para ellos el juego eterno ya había comenzado (infierno), y este era la anticipación de las penas del más allá, puesto que la muerte era segura. Finalmente se trataba de salvar el alma.

En suma, el suplicio judicial hay que comprenderlo también como un ritual político porque se convierte en una ceremonia mediante la cual se prolonga el poder y la hegemonía del rey, haciendo ver a sus súbditos que su supremacía estaba inmersa inclusive en la manera como se ejecutaban las penas. Además las ejecuciones publicas también eran aplicadas para satisfacer los deseos de venganza de la población, llevando a cabo un ceremonial de triunfo, pero incluye también núcleo dramático de su desarrollo monótono, una escena escalofriante entre el verdugo sobre el cuerpo del paciente. Por ende, el verdugo no es simplemente aquel que aplica ley, sino el que despliega la fuerza. Este era un oficio muy necesario y sin embargo contra natura.

Posteriormente, la práctica punitiva del siglo XIX tratada de hallar la mayor distancia posible entre la búsqueda serena de la verdad y la violencia que no se podía borrar por completo del castigo. Ciertamente, se procuraba que el poder castigador no se manchara con un crimen que fuese mayor a la pena imputada al culpable que se pretendía castigar. Por su parte, cuando se veía temblar a un condenado, no se pensaba ya en la vergüenza y mucho menos si era arrogante para el pueblo que está allí. En cambio, existía siempre la más extremada venganza del soberano pretexto para un desquite.

Por consiguiente, la justicia necesitaba que su víctima autentificara de cierto modo el suplicio que sufría. Fue entonces que se le pedía al criminal que se consagrara su propio castigo. El objeto principal para estos crímenes que eran proclamados, consistía en que se ampliaba el arrepentimiento, pidiendo perdón a Dios y a los hombres por sus crímenes; se les veía purificados, pues según ellos morían como santos. Si bien, uno de los enunciados mas importantes de la justicia es dar a cada cual lo que le corresponde, en consecuencia, el pueblo se debe despojar del viejo orgullo de sus crímenes puesto que los grandes asesinatos se han convertido en el juego silencioso de los cautos.

CASTIGO

El castigo es una técnica de coerción de los individuos; pone en acción procedimientos de sometimiento del cuerpo, con los rastros que deja, en forma de hábitos, en el comportamiento; y supone la instalación de un poder específico de gestión de la pena (pág. 123).


  1. EL CASTIGO GENERALIZADO

Que las penas sean moderadas y proporcionadas a los delitos, que la muerte no se pronuncie ya si no contra los culpables de asesinato y que los suplicios que indignan a la humanidad sean abolidos (pág. 63).

Ahora, seria conveniente afirmar que la justicia criminal, en lugar de vengarse, castigue al fin. Esta necesidad de un castigo sin suplicio se formula, en primer lugar, como un grito del corazón o de la naturaleza indignada. Hasta al peor de los asesinos, se le debe respetar lo más esencial de su humanidad.

En respuesta a ello, fue ineludible una renovación al poder judicial del Estado puesto que la administración de justicia estaba viciada. Por ejemplo, había una desnaturalización de las penas, además, los oficios de juez y magistrado eran vendidos y comercializados como mercancía en vez de ser ejercidos directamente por imposición del Estado, a tal punto se ser transmitidos a sus herederos. A su vez, existía toda una serie de privilegios que hacían desigual el ejercicio de la justicia. Habían tribunales, procedimientos, abogados, delitos incluso, que eran favorecidos y que quedaban fuera del derecho común. Se suma que la jurisdicción y los castigos eran aplicados con mayor rigidez a las personas marginadas y vulnerables, abusando del poder.

En verdad, la meta de dicha reforma era lograr una debida distribución del poder punitivo, puesto que se hizo obligatorio controlar e incluir todas estas prácticas ilícitas a la legislación y literatura jurídica. Por ejemplo, uno de los principios del derecho penal es que las infracciones estén bien definidas y seguramente castigadas, es decir, el delito debe ser tipificado, antijurídico y culpable. Todo esto para determinar que infracciones son tolerables y hasta que punto no.

En resumidas cuentas, se buscaba que las penas no estuvieran a la consideración de los jueces, es decir, que la tipificación de los delitos se haga universal, imponiendo leyes fijas, constantes, determinadas de manera precisa, de modo que los ciudadanos sepan a que se exponen y los magistrados no sean más que el órgano de la ley, hallando una codificación más clara y una disminución notable de la arbitrariedad. Por otro lado se pretendía disminuir el costo económico y político aumentando su eficacia y multiplicando sus circuitos, constituyendo una nueva economía y una nueva tecnología del poder de castigar. Emerge de esta suerte un formidable derecho de castigar, ya que el infractor se convierte en el enemigo común.

Ahora bien, la proporción entre la pena y la calidad del delito está determinada por la influencia que tiene, sobre el orden social. En otras palabras, se pretende condenar más la posibilidad de la reincidencia que el crimen por el cual se le acusa en el presente. Por ende, se expresan ciertos parámetros. Por ejemplo, la regla de la cantidad mínima indica que para que el castigo produzca el efecto que se debe esperar de él basta que el daño que causa exceda el beneficio que el culpable ha obtenido del crimen (pág. 87). En segundo lugar se propone la regla de la idealidad suficiente en donde si el motivo de un delito es la ventaja que de él se representa, la eficacia de la pena está en la desventaja que de él se espera (pág. 88).

En tercera instancia, en la regla de los efectos laterales la pena debe obtener sus efectos más intensos de aquellos que no han cometido la falta, en el límite, si se pudiera estar seguro de que el culpable es incapaz de reincidir, bastaría con hacer creer a los demás que ha sido castigado. Posteriormente, la regla de la certidumbre absoluta postula que es preciso que a la idea de cada delito y de las ventajas que de él se esperan, vaya asociada la idea de un castigo determinado con los inconvenientes precisos que de él resultan; es preciso que, entre una y otra, se considere el vínculo como necesario y que nada pueda romperlo. Este elemento general de la certidumbre que debe comunicar su eficacia al sistema punitivo implica cierto número de medidas precisas.

Finalmente, la regla de la verdad común auspicia la verificación del crimen que debe obedecer a la verdad del delito, la cual no podrá ser admitida sino una vez que ha sido enteramente probado hasta la demostración final de su delito y se debe reputar inocente al inculpado, a consecuencia, las pruebas y los indicios deben deducirse de esas circunstancias. Por ultimo, la regla de la especificación optima promueve la creación de un código que sea lo suficientemente preciso como para que cada tipo de infracción pueda estar en el claramente tipificada. Con esto se evitan las lagunas legales para que no aparezca la impunidad.



  1. LA BENIGNIDAD DE LAS PENAS

En este aparte del libro Foucault utiliza los argumentos de Peletier cuando este afirma que son necesarias unas relaciones exactas entre la naturaleza del delito y la naturaleza del castigo; el que ha sido feroz en su crimen padecerá dolores físicos; el que haya sido holgazán se verá forzado a un trabajo penoso; el que ha sido abyecto sufrirá como pena la infamia.

Con relación a lo anterior es indispensable no solo combatir el delito desde su materialización, sino que se debe erradicar de raíz. Verbigracia, el delito de vagancia se condenara pero aun mas las condiciones que llevan a los individuos a esto, es decir, se combatirá con trabajos. Así mismo, el ladrón y el asesino a parte de recibir el castigo correspondiente deben ser re-educados para que entiendan de nuevo el respeto de lo ajeno. Cabe resaltar que es imperante la imposición de un término fijo para las penas ya que si bien le da esperanza a los reos, puede que lo coaccione a reivindicar su conducta. A propósito Foucault dice que

Lo ideal seria que el condenado apareciera como una especie de propiedad rentable; un esclavo puesto al servicio de todos. Seria más útil hacerlo servir al Estado en una esclavitud más o menos amplia según la índole de su delito. Habrá que ser un bien social, objeto de una apropiación colectiva y útil. De ahí que los reformadores hayan propuesto casi siempre los trabajos públicos como una de las mejores penas posibles. La publicidad del castigo no debe difundir un efecto físico de terror, debe abrir un libro de lectura (pág. 101).

Retomando, el principio formulado al comienzo es el de que es preciso que haya relaciones exactas entre la índole del delito y la índole del castigo. Entonces, se dará dinero a quienes han sido feroces, trabajo para los holgazanes, ignominia para aquellos cuya alma esta degradada. Puntualmente, se ha demostrado que la falta de un oficio es un detonante de la criminalidad, es por ello que la pedagogía proporciona la ventaja de reconstruir al individuo perezoso en gran trabajador, lo obligara a colocarse en un sistema de intereses en el que el trabajo será mas provechoso que la pereza y formara en torno de si una pequeña sociedad reducida, simplificada y coercitiva en la que aparecerá claramente la máxima. Es preciso decir que quien quiera vivir debe trabajar. Por ejemplo, es te modelo fue utilizado en la Correccional de Gante y en Gloucester, allí se daba el

trabajo obligatorio en talleres, ocupación constante de los presos, financiación de la prisión mediante este trabajo, pero también retribución individual de los presos para garantizar su reinserción moral y material en el mundo estricto de la economía, los condenados son pues, empleados constantemente en trabajos productivos para a caer que soporten los gastos de la prisión, para no dejarlos inactivos y para que tengan preparados algunos recursos en el momento en que su cautiverio haya de cesar. (pág. 116)

En todo caso debe decirse, que al final del siglo XVIII nos encontramos ante tres maneras de organizar el poder de castigar: la primera es la que funciona todavía y se apoyaba en el viejo derecho monárquico. Las otras corresponden, ambas, a una concepción preventiva, utilitaria, correctiva, a un derecho de castigar que pertenecía a la sociedad entera; puede decirse que, en el derecho monárquico, el castigo ceremonial de soberanía; utiliza las marcas rituales de la venganza, que aplica sobre el cuerpo del condenado. En el proyecto de los juristas reformadores, el castigo es un procedimiento para recalificar a los individuos como sujetos de derecho. ¿Pero como lo hace? Sencillamente, utiliza instrumentos como los ejercicios, marcación de horarios, empleo de tiempo, movimientos obligatorios, actividades regulares, meditación solitaria, trabajo en común, silencio, aplicación, respeto y buenas costumbres.

En conclusión, la vida dentro del penal se divide de acuerdo con un empleo del tiempo absolutamente estricto, bajo una vigilancia ininterrumpida en donde cada instante del día tiene marcada una ocupación, determinado un tipo de actividad, lo cual conlleva obligaciones y prohibiciones.

DISCIPLINA

La disciplina "fabrica" individuos; es la técnica específica de un poder que se da los individuos a la vez como objetos y como instrumentos de su ejercicio. No es un poder triunfante que a partir de su propio exceso pueda fiarse en su superpotencia; es un poder modesto, suspicaz, que funciona según el modelo de una economía calculada pero permanente. La disciplina aumenta las fuerzas del cuerpo (en términos económicos de utilidad) y disminuye esas mismas fuerzas (en términos políticos de obediencia). (pág. 158)


  1. LOS CUERPOS DOCILES

Es dócil un cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado, que puede ser trasformado y perfeccionado (pag. 132)

En el siglo XVII los soldados eran hombres con una personalidad vigorosa, valiente, habilidosa y físicamente capaces de ser reconocidos a lejos como héroes y guerreros. En contradicción, los soldados del siglo XVIII eran militares fabricados, a los cuales se les enseño hábitos, movimientos, posturas y rutinas que fueron puestas a prueba al momento de dar órdenes de superiores. Tal así, que a lo largo de la historia clásica se reconoce al cuerpo como objeto del poder, haciéndolo manipulable como una maquina.

Anterior a ello, en la historia clásica se da descubrimiento al cuerpo como objeto y blanco de poder, haciendo del cuerpo un ser manipulable, que obedece y responde casi como una máquina. Para tal efecto, lo anterior se desarrolla según una escala de control donde se pretende inspeccionar a las personas como partes funcionales. Así mismo, la mecanicidad comprende los movimientos, gestos actitudes y la rapidez. Por otro lado, la modalidad tiene la misión de velar por los procesos de actividad en relación al tiempo espacio y los movimientos. Ciertamente, todos estos nuevos métodos de control en donde la docilidad y utilidad se impregnan al cuerpo se les puede denominar disciplina esta no solo se encarga de hacer de los cuerpos más obedientes sino también más útiles una manipulación política y mecánica de los movimientos. Esta política, la disciplina y ejercicio del poder se encuentra en instituciones; de manera temprana en colegios, instrucciones militares, hospitales, cárceles, talleres industrias, etc.

I.I. El Arte De Las Distribuciones

Este aparte del capitulo se exponen las técnicas de división de los individuos en el espacio. La primera de estas es la clausura que es el encierro obligatorio .para controlar y mantener el orden de las personas en su interior, con espacios delimitados para la enseñanza y la obediencia. En segundo termino, la localización o división en zonas provoca que cada individuo se maneje en su lugar, esto para evitar las distribuciones por grupos, descomponiendo las colectividades e individualizar a los sujetos. En tercera instancia, los emplazamientos funcionales son lugares que sirven para responder a la necesidad de vigilar, a la vez que rompe las comunicaciones peligrosas entre los individuos y crea espacios productivos.

Y en cuarto lugar, el rango individualiza los cuerpos por una localización distribuyendo y circulando en un sistema de relaciones. Se distribuye a los individuos según sus valores o méritos especialidades, jerarquizando el saber o la capacidad. Se le suma la organización de las celdas y los lugares, arquitecturas funcionales y jerárquicas; espacios que fijan y permiten a la vez la circulación, recortan segmentos individuales e instauran relaciones operatorias, marcan lugares indican valores garantizando la obediencia también una economía del tiempo y de los gestos.

I.II. El Control De La Actividad

Dicha vigilancia se hace mediante diferentes métodos. Por ejemplo, el empleo del tiempo establece ritmos para obligar a realizar ocupaciones determinadas, regula los ciclos de repetición y establece una rutina ordenada por el tiempo. También la elaboración temporal del acto: acostumbrar y descomponer el aprendizaje le los gestos o movimientos al tiempo se refiere al ritmo colectivo y obligatorio impuesto desde el exterior un programa, elabora el acto, controla el interior su desarrollo y sus fases. Por su parte hay una correlación del cuerpo y el gesto, es decir, existe una mejor relación entre un gesto y la actitud global del cuerpo, que es su condición de eficacia y rapidez, el buen empleo del cuerpo permite el excelente ministerio del tiempo dejando así el ocio de lado. Ahora, se encuentra la articulación cuerpo-Objeto, implica cada una de las relaciones que el cuerpo debe mantener con el objeto que manipula.

Por ultimo se da la utilización exhaustiva, la que procura una economía positiva, una utilización provechosa del tiempo, se trata intensificar el uso del instante para no derrochar el tiempo, así mismo intensificando la velocidad de la acción para una máxima eficacia. El objetivo de esto es habituar a ejecutar acciones repetitiva y velozmente para disminuir en lo posible la pérdida de tiempo producida de una operación a otra.

I.III. La Organización De La Génesis

Las disciplinas que analizan el espacio que controlan las actividades, deben ser entendidas como aparatos para capitalizar el tiempo. La primera de estas es dividir la duración en segmentos, sucesivos o paralelos. La segunda es la organización de segmentos de acuerdo a un esquema analítico. La tercera, busca finalizar dichos segmentos temporales fijando un término o una prueba capaz de indicar si el sujeto ha alcanzado el nivel esperado, garantizar la conformidad del aprendizaje y diferenciar las dotes de cada individuo. La cuarta consiste en disponer series de series, lo que significa entregar a cada serie según su nivel, su antigüedad o grado generando así una ramificación de series que se entregan cada vez que un individuo termine.

Cabe aclarar que este tipo de disciplinario se impone poco a poco en la pedagogía calificando a los individuos según la manera en que han recorrido estas series. Permitiendo así la fiscalización de la duración por el poder, posibilidad de un control detallado y una intervención, depuración incluso eliminación. Con este método se captura la actividad del individuo en el tiempo, el poder articula asegura el control y garantiza el uso del tiempo de los individuos, la dominación de la evolución y el progreso por medio de los acontecimientos.

I.IV. La Composición De Fuerzas

La disciplina logra componer fuerzas para hacerse eficaz. De manera que el cuerpo singular se convierte en un elemento que se puede colocar, mover, articular sobre otros. Así, aparecen las diversas series cronológicas que la disciplina debe combinar para formar un tiempo compuesto, el cual se ajusta al de los de otros para que el lapso sea optimo útil libre de ociosidad y miseria. Y finalmente, expone un sistema preciso de mando para las combinaciones en donde la actividad del cuerpo esta calculada por ordenes breves y claras, con el fin de provocar.

En resumen, puede decirse que la disciplina fabrica a partir de los cuerpos que controla cuatro tipos de individualidad, o más bien una individualidad que está dotada de cuatro características: es celular (por el juego de la distribución espacial), es orgánica (por el cifrado de las actividades), es genética (por la acumulación del tiempo), es combinatoria (por la composición de fuerzas). (pág. 172)

II. LOS MEDIOS DEL BUEN ENCAUZAMIENTO

La vigilancia jerarquizada, continua y funcional no es, sin duda, una de las grandes "invenciones" técnicas del siglo XVIII, pero su insidiosa extensión debe su importancia a las nuevas mecánicas de poder que lleva consigo. El poder disciplinario, gracias a ella, se convierte en un sistema "integrado" vinculado del interior a la economía y a los fines del dispositivo en que se ejerce. Se organiza también como un poder múltiple, automático y anónimo; porque si es cierto que la vigilancia reposa sobre individuos, su funcionamiento es el de un sistema de relaciones de arriba abajo, pero también hasta cierto punto de abajo arriba y lateralmente.

De los métodos efectivos para orientar, enderezar y dirigir las mentes se encuentra la utilización de la inspección jerárquica que funge como regulador de la conducta, a tal punto de convertirse en funciones especificas que ha de garantizar el Estado. Es cierto, la organización de nuestros contextos intersubjetivos no esta dada por avances aislados de las ciencias y la tecnología, en cambio, han sido producidas por una serie de acontecimientos que denotan la manejabilidad humana. Es así que la arquitectura se modifica según el modelo militar, incluyendo formaciones arquitectónicas que permiten la observación continua de los demás, por ejemplo, los baños que tienen media puerta fueron ideados en una escuela militar para poder observar las cabezas y los pies de quien esta allí dentro. También un caso similar acontece con los hospitales en donde su organización posibilita la asepsia entre los pacientes para que sus enfermedades no se trasfieran a los otros.

De igual modo, este régimen es capaz de introducirse en todo aspecto de la vida cotidiana, alineando a cada uno de los integrantes de la sociedad desde su mas tierna edad y acompañándolos a lo largo de su vida laboral. Así, se crea una estructura piramidal jerarquizada, en donde el superior tiene la facultad de observar a todos con facilidad. Verbigracia, los obreros en la fábrica y la producción en cadena requieren un control específico de cada una de las esferas en que se desenvuelven los trabajadores dentro de la empresa.

Por otro lado, la sanción normalizadora infringe castigos disciplinarios a quien no encaje en los presupuestos de conducta permitidos por la sociedad y dependiendo del ambiente en que se desenvuelva el castigo puede ser correctivo o punitivo. Cabe destacar que se implementa también un sistema de recompensa castigo, sin embargo, el carácter penal de dicha figura persiste, trasformando a las personas en reos en actividad.

Posteriormente, el examen se ejecuta como mecanismo de inspección de los saberes, aptitudes y virtudes de los hombre logrando codificarlo teniendo en cuanta las facultades adquiridas con el fin de individualizarlo y convertirlo en un sujeto cuantificable y cualificable. Es decir, examen permite ver contantemente a los individuos sin necesidad de recurrir a la fuerza, por ejemplo el examen en las escueas tiene un carácter pedagógico. No obstante, en la vida adulta el registro de actividades y comportamientos se hace mas riguroso pues su poder de coercibilidad aumenta al dejar de lado excusas propias de la infancia y la adolescencia. Ello no significa que los jóvenes no estén sometidos a este régimen, todos lo contrario, son quienes están mas expuestos a la individualización, tan solo que dicha intervención de dirige de manera diferente.

III. EL PANOPTISMO

Este postulado de Foucault hace referencia a una construcción arquitectónica ideada por Bentham, la cual consiste en una especie de domo con cúpula de forma circular. A lo largo del perímetro de la circunferencia se encuentra varias cámaras que albergan animales o personas. Dichas celad ofrecen una visibilidad considerable, con ventanales amplios e iluminados. Otro punto del Panóptico es la torre central desde la que se puede controlar lo que sucede al interior de todo el lugar, siendo accesible la vigilancia de quienes se encuentran en las cámaras.



A despecho de ser tan solo un edificio, su estructura posibilita su aplicación en la sociedad de manera tangible copiando su modelo o intangible implantándolo como esquema de inspección. En primer lugar, su aplicación material se ve en varios establecimientos penitenciarios como la cárcel de la isla Juventud en Cuba. En segundo ligar, introducir este modelo a la sociedad, se puede comprender perfectamente como funcionan las relación de poder en donde el ideal es vigilar sin ser detectado, inmiscuyéndose en aspecto muy íntimos de la vida personal hasta la exteriorización de actitudes simples o complejas provenientes de la gente del común.

Desde ese ángulo, las enfermedades epidémicas mas desastrosas de la historia como la peste y la lepra brindaban a los gobiernos la capacidad de controlar casa una de las actividades de los ciudadanos sin temor a represaría alguna. Si bien, la lepra causaba el escozor y alejamiento de la sociedad, la peste hacia el mismo control pero hecho por el Estado. Aquella situación fue y será una utopía de lo que siempre se querrá al vigilar, tener el centro casi milimétrico del pensamiento, actitudes y comportamientos. No discutiré los merito que se le dan a la imposición de esta figura en las redes hospitalarias e inclusive en la escuela.

En el fondo de los esquemas disciplinarios la imagen de la peste vale por todas las confusiones y los desórdenes; del mismo modo que la imagen de la lepra, del contacto que cortar, se halla en el fondo de los esquemas de exclusión”1.

Retomando, el panóptico lejos de ser una simple organización de ladrillos y bigas, es toda una maquinaria provista de un engranaje, lo que la mantiene sellada, la posibilidad de salir de allí es recóndita y la resignación de permanecer allí desaparece una vez la costumbre hace de las suyas. Pero hay otra definición, tiene un carácter político ineludible puesto que la disciplina también es función de los Estados, administrar la justicia y los medios de castigo. Para lo cual crea todo un sistema de judicial que califica la antijuricidad, la imputabilidad y el nexo causal entre el daño y la conducta. Empero, dicho orden además esta presente en instituciones como la educación, la familia, los hospitales, entre otras.





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