Manuel Brioso y Candiani y sus Nociones de Geografía Irma Hernández Bolaños


La educación y la geografía en el siglo XIX



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La educación y la geografía en el siglo XIX


A decir de Eugenia Roldán en casi todos los países del mundo en el siglo XIX, se volvió fundamental la idea de que toda la población debía acudir a la escuela y como consecuencia se empezó a legislar sobre ello, no con la finalidad principal de dotar a los niños de capacidades intelectuales para la vida en las comunidades modernas, sino con el interés de una “introducción ceremonial”,17 con lo anterior se pretendía que los niños se convirtieran en individuos formados, con la capacidad de participar en asuntos públicos (política, economía, entre otros). La escuela colaboraría en la construcción simbólica del ciudadano moderno y competente, por lo que la educación sería el vehículo por medio del cual se llevaría al progreso. Las funciones de la nueva política emprendida en el siglo XIX, se reflejaría en los libros que se empleaban en la educación, muchos de ellos servirían para legitimar al gobierno que estuviera en turno.

En ese sentido los manuales o libros empleados en los establecimientos educativos tendrían una función específica de acuerdo a los parámetros dictados por la política; la divulgación del conocimiento a través de los mismos ofrecía una alternativa a la implementación del nuevo orden, cualquiera que fuera. Sin embargo, este tipo de propuestas eran simplemente un ideal, pues en la práctica la situación distaba mucho de la teoría; lo cierto es que la realidad social de México no permitiría que este supuesto fructificara,18 lo que es cierto y comprobable es que se comenzaron a publicar una serie de textos diseñados para difundir el conocimiento geográfico, uno de ellos fue el elaborado por Manuel Brioso y Candiani. Este libro es una muestra editorial de los diversos textos elaborados en el Porfiriato referente a la enseñanza de la geográfica.

A pesar de los conflictos internos y externos que vivió México, y la hacienda pública en quiebra, los gobiernos decimonónicos crearon y decretaron planes y proyectos educativos, que de una manera u otra incidieron en la vida académica, administrativa y cultural. A través del esfuerzo legislativo, se observa el interés de los gobiernos por organizar la escuela pública19 y la enseñanza, con la finalidad de que fuera útil para la unidad nacional y lograr una ciudadanía instruida.20 Dentro de los conocimientos necesarios de enseñar se encontraba la geografía.

El primer ensayo educativo después del movimiento de independencia lo tenemos en 1823 impulsado por el Supremo Poder Ejecutivo, en donde se generó un Proyecto de Reglamento General de Instrucción Pública, donde se estableció un primer currículo para la primaria; las asignaturas obligatorias eran: lectura, escritura, aritmética, geometría, gramática, catecismo religioso y moral, dibujo, Constitución del Estado y Catecismo Político, las dos últimas materias con la finalidad, si bien incipiente, de generar ciudadanos.21 Este proyecto no se pudo llevar a cabo en la práctica debido a que no se contaba con los recursos necesarios, en 1826 durante la República Federal se generó en segundo proyecto, que como señala Rosalía Meníndez era igual que el anterior, sólo que se incluían asignaturas de moral y urbanidad y conocimiento de derechos civiles.22

Nuevamente no se puede poner en práctica este proyecto y para el siguiente año se genera el tercer proyecto, encaminado a la lectura, escritura y el fortalecimiento de la urbanidad y civilidad, notamos el reiterado interés por generar ciudadanos, sin embargo, para 1832 en el gobierno de Anastasio Bustamante, Valentín Olaguíbel presentó ante la Cámara de Diputados el Proyecto sobre arreglo de la Instrucción Pública, donde destaca el art. 2º que enuncia que la enseñanza privada será libre , y se impedirá que se enseñen doctrinas contrarias a la religión católica, la buena moral o la Constitución.23 Este proyecto al siguiente año fue cancelado.24

En 1833 se desató la polémica sobre la laicidad de la educación con Valentín Gómez Farías, y se generó otra propuesta educativa, que derogó Santa Anna el siguiente año. Es de notar que en todos estos proyectos la línea general era la misma, construir buenos ciudadanos. Así, en 1842 se generó un nuevo decretó declarando a la educación como obligatoria entre los 7 y los 15 años.25 Sin embargo, por la situación del país no se pudo consolidar ninguna propuesta.

Fue entre 1856 y 1867 cuando a decir de Meníndez se generó nuevamente una gran actividad en materia de legislación educativa. Aunque según Patricia Ducoing fue después de l867, tras el triunfo del Partido Liberal, cuando comenzó a generarse una lucha de carácter político e ideológico que marcaría la orientación de la educación del país durante las últimas décadas del siglo XIX.26 Coincidimos con ambas autoras al señalar que después de la segunda mitad del siglo XIX, los liberales concentraron mayores esfuerzos en generar un proyecto educativo moderno.

Por ello, se debía contar con una educación formal, encaminada a atender la formación cívica de los jóvenes. François Xavier Guerra señala que: “A través de la escuela se trasmiten los cimientos ideológicos de la enseñanza liberal: formar ciudadanos leales e industriosos. Es decir, individuos políticos nuevos, leales a la nación, que actúen como agentes económicos autónomos.”27

En todos estos proyectos las asignaturas no variaron fundamentalmente, fue hasta 1867 con la Restauración de la República cuando se incluyeron otros estudios a los que ya se habían establecido como base de la formación cívica e histórica, como los estudios geográficos. De tal forma, este periodo resulta de gran importancia e incluso se puede señalar que es fundamental para comprender la construcción de un sistema educativo moderno organizado y dirigido por el Estado.

Como ya señalamos, después del triunfo liberal es innegable que se le dio un nuevo impulso a la enseñanza elemental, como lo demuestran las cifras que Alejandro Martínez Jiménez aporta: en 1834 existían alrededor de 1,310 planteles y para 1871 la cantidad se incrementó a 5,000 escuelas primarias y cuatro años más tarde había ascendido a 8,103 establecimientos, con 349,000 alumnos.28

Es importante señalar que las escuelas eran sostenidas por el Estado, pero también por los municipios y por particulares de tal forma que entre 1870 y 1871 las cifras indican que de las 8,103 escuelas, el 65% era sostenido por los municipios, el 7% por la federación y el 28% por los particulares,29 lo que muestra un crecimiento acelerado de las escuelas municipales, por lo que podemos señalar que el Municipio se convirtió en el más importante impulsor de la educación en este periodo,30 a pesar de los problemas económicos que tenían.

Posiblemente este interés por la educación que se generó después del triunfo liberal, cuando las políticas se encaminaron no sólo en garantizar la autonomía política, sino también la científica, así como lograr la cohesión y unidad nacional, lo que podemos notar en la Oración Cívica emitida por Gabino Barreda, quien indicó:

¿Cuáles fueron, pues, esas influencias insensibles cuya acción acumulada por el transcurso del tiempo, pudo en un momento oportuno luchar primero, y más tarde salir vencedora de resistencias que parecían incontrastables? Todas ellas pueden reducirse a una sola –pero formidable y decisiva- la emancipación mental, caracterizada por la gradual decadencia de las doctrinas antiguas, y su progresiva substitución por las modernas; decadencia y substitución que, marchando sin cesar y de continuo, acaban por producir una completa transformación antes que haya podido siquiera notarse sus avances.

Emancipación científica, emancipación religiosa, emancipación política; he aquí en triple venero de ese poderoso torrente que ha ido creciendo día a día, y aumentando su fuerza a medida que iba tropezando con las resistencias que se le oponían; resistencias que alguna vez lograron atajarlo por cierto tiempo, pero que siempre acabaron por ser arrolladas por todas partes, sin lograr otra cosa que prolongar el malestar y aumentar los estragos inherentes a una destrucción tan indispensable como inevitable.31

Es aquí donde notamos el interés que se tenía de lograr una emancipación mental,32 que se vería reflejado en las propuestas educativas, por ello señalamos que 1867, sería un año clave para las reformas que en materia de educación se llevaron a cabo en México. Para lograr esto a decir de Alejandro Martínez, se recurrió a la enseñanza de ciertas verdades comunes.33 Aunque Martínez no indica cuáles son esas “verdades comunes”, sabemos que se comienza a enseñar Geografía.

Durante los gobiernos de Juárez y Lerdo las leyes de instrucción primaria fueron seguidas por casi todos los estados.34 Fue en este periodo que se estableció la obligatoriedad de la enseñanza, la imposición de castigos a los padres o tutores que no enviaran a sus hijos a la escuela y los premios a los que asistían con regularidad, Se encargó a los ayuntamientos la creación de escuelas en lugares poblados y se exhortó a la filantropía de los hacendados.35

Como indica Alejandro Martínez, las reformas educativas que se generaron con Juárez y Lerdo fueron la base de la educación en el porfiriato, destacando La ley de 1874, donde se suprimía la enseñanza religiosa y se orientó teóricamente al laicismo positivista.36 Por otro lado, el positivismo fue atacado duramente, se consideraba que limitaba la libertad y que imposibilitaba una orientación firme para la vida.37

Un punto importante a tratar es que a la par de la apertura de establecimientos para la educación y de las leyes sobre educación, también fue trascendente la generación de profesores, quienes tenían que atender a los educandos y estar a la vanguardia de los métodos de enseñanza. Para el periodo que nos interesa analizar debemos destacar el papel de la Escuela Normal Superior.

Estas instituciones fueron surgiendo a lo largo del siglo XIX, en diferentes estados como: Guadalajara, Oaxaca, Zacatecas, Chiapas, Yucatán, Colima, entre otras entidades y donde destaca la Escuela Modelo de Orizaba, que se convirtió en el centro pedagógico más importante, por lo que los profesores de otras escuelas normales iban ahí a actualizarse, un ejemplo de lo anterior fue el novedoso curso teórico- práctico de pedagogía impartido por Enrique Laubscher y Enrique Rébsamen (1885)38.

Fue hasta 1887 cuando le encargan a Ignacio Manuel Altamirano la creación de una Escuela Normal en la capital, esta escuela sería exclusivamente para varones, con una duración de cuatro años y su Plan de Estudio contemplaba las siguientes asignaturas:

[ciencias]médicas, biológicas, matemáticas, física, química, cosmografía, geografía, historia, derecho constitucional, lógica, moral, gramática, escritura, gimnasia, canto, ejercicios militares, organización y disciplina escolar, metodología de la enseñanza (Froebel) y francés e inglés.39

Con esto notamos el interés por institucionalizar al profesorado de la escuela primaria, posiblemente como parte de una estrategia para homogeneizar la educación y que contribuyera realmente a construir una conciencia de ciudadanía y de unidad nacional.

Durante el Porfiriato se generaron las condiciones necesarias para posibilitar cambios relevantes en la instrucción pública. Fue a lo largo de esta época que se concretaron las propuestas de los gobiernos anteriores, sobre todo lo correspondiente a la enseñanza laica, gratuita y obligatoria, pero sobre todo como lo indica Alicia Muñoz Vega, surgió la escuela moderna mexicana, que a su parecer implicaba una instrucción nacional e integral, que no se limitaba exclusivamente al suministro de conocimientos, sino también al desarrollo intelectual, físico, moral y estético de los estudiantes, y dónde la escuela jugaba un papel trascendental.40

De tal forma que se llevaron a cabo algunos congresos que sería vitales para transformar a la educación primaria, el primero en 1882, pero de carácter higiénico- pedagógico, que sirvió de precedente a dos Congresos Nacionales de Instrucción, en donde se marcaron los lineamientos a seguir en materia educativa, y donde la enseñanza de la geografía ocupa un lugar de carácter obligatorio.41 La característica de obligatoriedad indiscutiblemente dio como resultado la necesidad de generar textos que se adecuaran a las necesidades de la enseñanza y que dieran respuesta a las necesidades educativas que se marcaban en los programas de estudio, a partir del Primer Congreso Nacional de Instrucción (1889-1890).




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