Mamitis: La persistencia de Edipo



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Director –Luis Antonio Feliberty
Mamitis: La persistencia de Edipo
De ahí que estas personas busquen una mujer que sustituya a su madre (siempre bajo el consentimiento de ésta) o que se unan a chicas con carácter complementario.

Mucho se habla sobre aquellos hombres que arruinan su matrimonio porque "no se han cortado el cordón umbilical". En cambio, poco se habla sobre la contraparte involucrada en la relación edípica, cuyo granito de arena es básico en la catástrofe de la pareja: la madre

El psicólogo vienés Sigmund Freud acuñó hace aproximadamente un siglo el concepto "complejo de Edipo" para definir una etapa crucial del desarrollo psicológico del niño, que ocurre entre los 3 y 6 años, caracterizada por una relación ambivalente de amor y odio. En ella, el pequeño varón experimenta una relación amorosa con la madre, interrumpida cuando el padre aparece como un tercero que lo desplaza de su objeto del deseo. 

Pese a los intentos del niño que, por ejemplo, decide acostarse de noche en medio de sus padres para separarlos, las normas culturales y sociales que le impiden amar a su madre ganan la partida, con base en miedos y órdenes (hecho conocido como "castración"), al grado que las emociones se depositan en una nueva fracción de su mente o psique al que los especialistas llaman "superyo", el cual fungirá como policía interno que perpetuará la prohibición del incesto y reprimirá los impulsos y deseos. 

De esta manera, el pequeño "institucionaliza" en su mente el tabú del incesto y comienza a enfocar sus sentimientos hacia actividades, objetos u otras personas; incluso el padre comienza a ser admirado y tomado como modelo. Sin embargo, el deseo es inevitable y, aunque reprimido, existe, generando neurosis. 

Si bien la postura hacia la existencia y caracterización de la base teórica del psicoanálisis es distinta y hasta negada en cada escuela psicológica, los seguidores de Freud coinciden en señalar que la forma en que el niño resuelva su complejo dará pie al surgimiento de características particulares en su conducta y carácter. 

Pero no sólo esto. Dado que tales especialistas sostienen que este proceso se establece desde dos ángulos diferentes, es decir, que el lazo sentimental existe en ambas direcciones y no sólo en una, dependerá también de la mamá resolver el complejo de Edipo de manera satisfactoria o que dicha situación perdure indefinidamente, lo que se traduce en la típica situación en que la madre no "suelta" al hijo a la vez que el vástago se adhiere a su progenitora y queda "cosido a sus faldas". 

Cuando Edipo crece 

Estos arraigos neuróticos o trastornados se manifiestan en la infancia a través de un carácter retraído, falta de interés en socializar, constantes berrinches y desplantes, y una relación conflictiva y llena de reproches hacia el padre, y una sumamente abierta con la madre, entre otras características, actitud que permanece intacta hasta la edad adulta y el matrimonio, en lo que se conoce con el poco técnico pero sí muy preciso término "mamitis". 

El hombre adulto tiene dificultades, a veces insuperables, para moderar sus impulsos; dominado por éstos, que son resultado de sus conflictos internos, es incapaz de deliberar y manejarse con total autodeterminación. Por ello se trata de personas inestables y fáciles de sugestionar, que no encuentran equilibrio interior satisfactorio ni buenas relaciones con el prójimo; poseen humor inestable, mal carácter, son intolerantes, contradictorios, y llevan su matrimonio al límite de la desesperación. 

En la mayoría de las veces estos sujetos no se dan cuenta de su situación, pues reproducen conductas y actitudes aprendidas desde muy temprana edad, y desahogan con su cónyuge expectativas, temores y rencores nacidos durante la relación con sus padres. 

Comúnmente los conflictos con la pareja problemas

permanecen como pantallas que tapan los

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problemas fundamentales, en tanto ansiedad, tensión y obsesiones se desarrollan sin el tratamiento adecuado. 

Durante los conflictos matrimoniales la madre juega siempre un papel destacado, directa o indirectamente, ya que contribuye de manera decisiva a acentuar los problemas. Compite con su nuera, reclama cualquier decisión que afecte a "su pequeño" para el que pide cuidados y respeto, y suele recurrir al chantaje para poner a su hijo de su lado. 

Esto ocurre, de acuerdo con la teoría freudiana, porque la mujer también pasa por una relación edípica, se siente incompleta, y en sus hijos encuentra el elemento que la convierte en un ser entero. Dejarlos ir sería perder una parte de ella. 

Es común entonces que el hombre neurótico sea un ser incompleto e incapaz sentimentalmente, simplemente porque nunca ha tenido la oportunidad de ser él. Su proceso de maduración afectiva fue incompleto por una relación infantil de excesiva dependencia y sumisión, pero siempre con la correspondiente sobreprotección y dominio de la progenitora, que lo incapacitó para establecer un juicio propio y, por ende, una auténtica relación matrimonial. 

De ahí que estas personas busquen una mujer que sustituya a su madre (siempre bajo el consentimiento de ésta) o que se unan a chicas con carácter complementario. Por ejemplo, un muchacho masoquista, educado, cuidado por una madre un tanto masculinizada y un padre débil, se "deja elegir" por una mujer viril y emprendedora. 

También es común que un individuo de este tipo se relacione con mujeres que le proporcionen protección, ternura, cariño y comprensión, sobre todo si su intención es el matrimonio; tratan de encontrar así una prolongación del manto protector de la madre y la seguridad que eso implica. Por ello, asimismo, asumen un rol de protector, de hombre que puede hacer todo; un emprendedor que busca siempre "cumplir" y que, sin darse cuenta, sigue compitiendo con el padre. 

La terapia psicológica es la más indicada para revertir este tipo de problema y colocar a la vista del paciente cuál es el origen de sus patrones de conducta, de modo que él mismo indague y descubra lo que le sucede. El primer paso debe darse a partir de la autorreflexión y autocrítica, fundamentales para poder superar esta clase de conflictos. 


En psicoanálisis, el complejo de Edipo, a veces también denominado conflicto edípico, se refiere al agregado complejo de emociones y sentimientos infantiles caracterizados por la presencia simultánea y ambivalente de deseos amorosos y hostiles hacia los progenitores. Se trata de un concepto central de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, expuesto por primera vez dentro de los marcos de su primera tópica. En términos generales, Freud define el complejo de Edipo como el deseo inconsciente de mantener una relación sexual (incestuosa) con el progenitor del sexo opuesto y de eliminar al padre del mismo sexo (parricidio).

Sin embargo, Freud describe también dos constelaciones diversas en las que se puede presentar el conflicto: edípico:



Complejo de Edipo positivo: odio hacia el progenitor rival del mismo sexo y atracción sexual inconsciente hacia el progenitor del sexo opuesto.

Complejo de Edipo negativo: amor hacia el progenitor del mismo sexo, así como rivalidad y rechazo hacia el progenitor del sexo opuesto.

La teoría de Freud distingue en el desarrollo psicosexual de los niños tres etapas principales: la oral, la anal y la fálica. El período de manifestación del complejo de Edipo coincide con la llamada fase fálica (pregenital) del desarrollo de la libido, es decir aproximadamente entre los 3 y los 6 años de edad y se acaba con la entrada en el período de latencia. De acuerdo con la teoría freudiana, el complejo se revive en la pubertad y esta reaparición declinaría a su vez con la elección de objeto, que abre paso a la sexualidad adulta.


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