Maltrato infantil intrafamiliar


CAPÍTULO 3: “MALTRATO INFANTIL”



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CAPÍTULO 3: “MALTRATO INFANTIL”.

3.1 Definición.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el maltrato infantil se define como “los abusos y la desatención de que son objeto los menores de 18 años, e incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder. La exposición a la violencia de pareja también se incluye a veces entre las formas de maltrato infantil” (OMS, 2014).

3.2 Tipos de maltrato infantil.

Maltrato físico: toda acción no accidental de un adulto que provoca sufrimiento físico o enfermedad en el niño o niña, o que lo pone en riesgo como consecuencia de negligencia intencionada. A su vez dentro del maltrato físico se encuentran dos tipos específicos:

Síndrome del bebe sacudido: fue Jhon Caffey, un radiólogo estadounidense quien describió un cuadro clínico con hemorragia intercraneal e intraocular que estaba asociado a retardo mental y daño neurológico como consecuencia del sacudimiento violento, por lo que lo llamó síndrome del bebe sacudido. Entre los factores de riesgo se encuentran entre otras, situación familiar inestable o padres jóvenes que los sacuden violentamente ante el llanto provocándole lesiones. (Coria de la H., Canales, L., Ávila, P., Castillo, P., y Correa, C. (2007).

Síndrome de Münchhausen por poderes, el cual es provocado generalmente por padres o madres y que consiste en la simulación de enfermedades físicas del niño/a que implica exponerlos a múltiples exploraciones médicas, ingresos hospitalarios, suministrándoles incluso sustancias para alterar resultados de análisis (Etchebehere, G., Cambón, V., De León, D., Zeballos, Y., Silva, P., y Fraga, S., 2008).

Abandono físico: es cuando las necesidades físicas básicas del niño/a no son satisfechas de forma adecuada (alimentación, atención médica, seguridad, higiene, vestimenta, educación, etc.).

Abuso sexual: es todo acto en el que una persona en una relación de poder

(diferencia de fuerza, edad, conocimiento o autoridad) involucra a un niño/a en una actividad de contenido sexual basada en el engaño y en el sometimiento por parte del adulto para obtener placer. El abuso sexual intrafamiliar es el que se presenta con mayor frecuencia y es cometido por padres, hermanos, tíos, abuelos, etc. Al ser personas de confianza y ejercer poder sobre el niño/a, generalmente son situaciones duraderas y facilita la imposición del secreto. Se considera abuso sexual, toda forma en que se utiliza al niño/a como objeto de estimulación sexual. Se incluyen el incesto, la violación, ya sea penetración, tocamientos, manoseo con o sin ropa, alentar, forzar o permitir que un niño/a toque a un adulto. También el abuso sexual sin contacto físico como la seducción verbal, exponer los órganos sexuales delante del niño/a, masturbación, pornografía.

El abuso sexual puede ser de tipo no comercial o comercial. El no comercial es provocado por el adulto con el fin de satisfacer sus deseos sexuales en detrimento y con el desconocimiento de la voluntad del niño/a. El abuso sexual comercial es también conocido como explotación sexual, donde menores son utilizados/as en actividades sexuales, eróticas o pornográficas para la satisfacción de intereses o deseos de una o varias personas, a cambio de un pago o promesa económica o de otro tipo para el niño/a o para otra persona. Existen mecanismos de extorsión y coerción por parte del adulto para que la situación de abuso ocurra y se mantenga en el tiempo. De esta manera el niño/a es ubicado en una situación de extrema vulnerabilidad ya que para que el abuso permanezca son amenazados y culpabilizados con relatar la situación (Mapa de ruta, 2013).

Maltrato emocional o psicológico: constituye una de las formas de violencia más difíciles de establecer debido a que se tiende a naturalizar este tipo de maltrato con una relativa facilidad.

Son aquellas acciones de padres, madres o cuidadores que causan o puedan causar daño en el desarrollo emocional, social o intelectual del niño/a. Estas conductas pueden ser:

Aislamiento, no permitiendo que el niño/a pueda mantener lazos sociales.

Atemorización, como conductas amenazantes con palizas o con abandono, destruir sus juguetes, dañar sus mascotas, etc.

Degradación, humillación desvalorizando al niño/a tanto en lo público como en lo privado.

Rechazos, insultos, desprecios, burlas, manipulación, corromper al niño/a en conductas que pueden ser desviantes.



Abandono emocional: son aquellas situaciones donde el niño/a no recibe afecto, la estimulación, apoyo y la adecuada protección necesarias para cada etapa de su evolución y que por tanto dificulta un buen desarrollo integral. (Etchebehere y otros, 2008)

3.3 Detección de situaciones de maltrato infantil.

Las características que actúan como indicadoras de situaciones de maltrato infantil son determinados síntomas y signos que se manifiestan tanto físicas, conductualmente o emocionalmente. Se constituye en signos, aquellos fenómenos que resulten percibidos por quienes observan (docentes, allegados) y síntomas, los que son advertidos y que son descriptos por los niños/as como sensaciones corporales, sentimientos o pensamientos (Mapa de ruta, 2013). Estos indicadores se manifiestan mediante el relato, marcas físicas, conducta o comportamiento.

Es importante considerar la heterogeneidad de las situaciones para determinar un adecuado diagnóstico y las coordinaciones a seguir. Los indicadores resultan útiles para estar alertas pero no deben tomarse por separado sino considerarse como un sistema acumulativo. Es importante estar atentos a las señales amarillas, en especial en los centros educativos para poder realizar precisiones a tiempo.

Un diagnostico de maltrato o abuso sexual requiere de un diagnostico situacional que incluya aspectos personales, familiares y del contexto en el que se encuentra el niño/a. Se debe tener en cuenta la historia de la situación, las diferentes intervenciones en caso de haberlas y fundamentalmente una mirada interdisciplinaria.

Los indicadores físicos son los que nos presentan una más fácil visibilización del maltrato. Los aspectos referidos a la conducta, el comportamiento o aspectos emocionales son más difíciles de evaluar dado que pueden estar referidos a cualquier otra causa que este infligiendo dolor o sufrimiento psíquico en el niño/a o también a una posible patología psiquiátrica (Mapa de ruta, 2013).

3.4 Indicadores de Maltrato Infantil.

Siguiendo el mapa de ruta para las situaciones de maltrato y abuso sexual (2013), podemos destacar diversas consideraciones a tener en cuenta.



Algunos indicadores de maltrato físico:

  • Golpes que pueden ocasionar lesiones con determinadas secuelas físicas, enfermedad mental o incluso la muerte.

  • Mordeduras de distinta índole.

  • Quemaduras que pueden ocasionarse con cigarrillos, fuego, planchas, etc.

  • Lesiones en la piel de toda índole.

  • Empujones, sacudidas.

  • Tirar del pelo.

  • Intoxicaciones con drogas o bebidas alcohólicas.

Indicadores conductuales de maltrato físico:

  • Sometimiento ante los demás y someter a otros.

  • Manifestaciones extremas emocionales como agresividad y retraimiento en exceso.

  • Esquivar el contacto corporal. Desconfianza. Actitud de defensa y temor ante el contacto corporal. Falta de ganas de volver a la casa. Fugas de la casa.

  • Creencia de que el castigo es merecido y que otros niños deben ser castigados.

  • Problemas de sueño. Desórdenes alimenticios.

  • Vergüenza o culpa.

Algunos indicadores físicos en caso de maltrato infantil emocional o psicológico:

  • Trastornos en el lenguaje como tartamudeo, o trastornos en la actividad motora.

  • Retraso o lagunas en cualquier aspecto que afecte el desarrollo mental, emocional o físico.

  • Desordenes del sueño y alimenticios.

  • Hiperactividad.

  • Enuresis y encopresis.

Indicadores en la conducta:

  • Sometimiento ante los niños/as de su edad o ante los adultos, así como someter a otros.

  • Cambios abruptos en el rendimiento escolar y con el relacionamiento hacia sus compañeros.

  • Aislamiento. Se esconde en posición fetal.

  • Conductas extremas: pasividad, timidez a demanda de atención constante con pronunciada agresividad.

  • Escaparse de la casa.

  • Auto-agresividad. Intentos de suicidio.

  • Baja autoestima. Dificultad para expresar sus sentimientos.

  • Comportamientos negativos en el juego: gritos, golpes.

  • Comportamientos regresivos (hablar como un bebe, chuparse el dedo, etc.).

Algunos indicadores producidos por abandono físico o negligencia:

  • Hambre frecuente, inadecuada alimentación, malnutrición, adelgazamiento.

  • Poca higiene personal, vestimenta inadecuada para el clima, falta de cuidado médico y dental.

  • Pediculosis masiva o lesiones en el cuero cabelludo, lastimaduras que dan cuenta de una falta de cuidado.

Indicadores conductuales de abandono físico:

  • Pide, practica la mendicidad, roba comida o trabaja.

  • Cansancio crónico, desgano o indiferencia.

  • Estadías en la calle o en instituciones. Faltas injustificadas a la escuela. Se duerme en clase o denota cansancio.

  • Consumo de sustancias psicoactivas sin prescripción médica.

  • Expresa que no lo cuidan. Comportamiento apático.

  • Comportamiento destructivo hacia sí mismo y hacia otros.

  • Tristeza extrema. Dificultades de aprendizaje.

Principales indicadores físicos de abuso sexual:

Estos indicadores se suman a los de maltrato emocional. Entre otros aspectos son:



  • Dificultad para sentarse o caminar debido a dolor en los genitales. Dolor o picazón en la zona genital.

  • Ropa interior manchada.

  • Enuresis o encopresis.

  • Embarazo.

Indicadores conductuales:

  • Agresividad. Sometimiento ante otros.

  • Permanencia excesiva en la escuela. Dificultad para concentrarse.

  • Tristeza extrema. Dificultad con el sueño.

  • Conocimiento sexual no adecuado de acuerdo a su etapa evolutiva.

  • Evita cambiarse de ropa frente a otros. Miedo de que lo toquen.

  • Conductas insinuantes con adultos desconocidos. Comportamiento seductor.

  • Forzar a otros niños a tener actos sexuales.

  • Retraimiento, miedo, ansiedad. Se lastima a sí mismo.

  • Resistencia a estar solo/a o con determinada persona.

  • Sentimientos que reflejan que su vida no tiene sentido (Mapa de ruta, 2013).

3.5 Como se produce el abuso sexual infantil.

En el abuso sexual infantil intervienen diversos factores que contribuyen a sostenerlo en un máximo secreto por parte de los involucrados.

Según Giberti, E (2011), en el abuso sexual el niño/a es manipulado por el adulto. Generalmente son situaciones en las que hay afecto y atención lo que lleva al niño/a a la confusión, constituyéndose en una experiencia traumática por ser disruptiva, precoz que afecta a la psico-sexualidad en una etapa de evolución. El niño/a abusado pierde la confianza en el adulto, trasladándose esa falta de confianza hacia todas las personas principalmente a las del género que pertenece el abusador.

En el caso de que el niño/a pueda relatar lo padecido, el abusador niega lo sucedido cuestionando la fiabilidad y aludiendo a que son producto de mentiras, fantasías o confusión de parte del niño/a.

Según Echeverri, M (2012), las condiciones en que se produce el abuso sexual infantil abarca cuatro fases: secreto, amenaza, seducción y aislamiento.

El ciclo del secreto se sostiene en la presión que ejerce el abusador desde un lugar de poder como adulto proveedor de afecto y sostén económico. Opera una manipulación hacia el niño/a otorgándoles beneficios como un lugar especial dentro del grupo o regalos que los lleva a desarrollar sentimientos de vergüenza y culpa. Se trata de instalar en el niño/a la idea de responsabilidad por lo que está sucediendo de diversas formas ya sea diciéndole que es para que aprenda, que es por su bien, etc.

La seducción constituye las diversas formas que tiene el abusador para generar la ilusión o el hechizo hacia el infante para contrarrestar el efecto abusivo. Al ser muchas veces la misma persona que se ocupa de los cuidados y de los afectos, aprovecha la relación de confianza o de poder que ejerce sobre la víctima desarrollándose una confusión en el niño/a con respecto a sus sentimientos.

La amenaza ocurre en circunstancias en las cuales se coacciona con afectar a algún integrante de la familia, si el niño/a cuenta la situación que está viviendo. De esta manera se establece un silenciamiento que muchas veces permanece oculto durante gran parte de la vida de los afectados y a veces siendo partícipes varias generaciones.

El aislamiento es otra característica presente en que se encuentra el niño/a abusado.

Quien ejerce el abuso se interpone en las relaciones haciendo más acotados los vínculos con los demás, aumentando el sentimiento de soledad de quien vive el abuso sexual. La manipulación mediante frases acerca del cariño y de que nadie les va a creer si hablan, ejerce presión y salir del silencio resulta difícil (Echeverri, M. 2012).

Calvi, B. (2008) expresa que, “el abuso sexual en la infancia es la forma paradigmática de una catástrofe privada que acontece en la intimidad y que la/ el niña/o sufre en la más absoluta soledad e inermidad”. (p. 104). La autora describe que quienes sufren estas situaciones no pueden describir con palabras el acontecimiento y por lo tanto se produce un silenciamiento. La memoria se guarda en un silencio y se produce una devastación de la lógica existente, lo que lleva a provocar un efecto desubjetivante en el sujeto. La respuesta que pueda recibir el niño/a del entorno frente a una denuncia de abuso sexual, resultará determinante para una consideración del trauma y una recomposición de su subjetividad (Calvi, B. 2008).

3.6 Estructura del Maltrato Infantil.

Las diferentes miradas procedentes de diversas disciplinas para tratar de comprender el maltrato infantil, nos muestra la complejidad del tema que se establece en el marco de las relaciones humanas.

De acuerdo a las teorías predominantes en cada disciplina el maltrato es visto como objeto de estudio. Así en la medicina, puede ser declarado como una enfermedad, en las ciencias jurídicas como un delito que hay que castigar, para las ciencias sociales puede ser visto como parte de las creencias establecidas en la relaciones de poder y que forman parte de la sociedad patriarcal (Carreño, C y Rey, A (2010). Estas disciplinas confluyen muchas veces hacia la comprensión del maltrato infantil en un principio de causalidad, entendiendo que aquello que ocurre en el campo social puede tener varias causas. Desde aquí se comprende por tanto que esas causas pueden ser modificadas dando paso a la intervención de un tercero que es el que se encarga de mitigar o erradicar los efectos generados en esas causas.

A su vez, estas causas son las que aportaran una explicación a por qué se da esa ruptura de equilibrio entre el mundo adulto y el mundo infantil, y es aquí donde se genera la tarea de intervención para tratar de prevenir, intervenir, curar o castigar entre las muchas acciones.

La sociedad patriarcal ha marcado como legado el papel que debe de realizar la familia y la escuela como habilitadoras para que el niño/a se introduzca en el orden social. Para lograr esto se acuden a prácticas correctivas cuando el adulto cree necesario, lo que da una idea de representación del niño como ser ineficaz e inacabado, perdiéndose la frontera muchas veces entre corrección y maltrato.

Según diferentes investigaciones una mirada hacia el maltrato infantil desde la complejidad, nos muestra una asimetría entre las relaciones humanas; de esta manera no se reduce solo al evento de un adulto que maltrata, cosifica, daña a otro sino que se trata de interpretar el contexto, el nexo entre los seres humanos que establecen esa relación . En este sentido el maltrato infantil como fenómeno complejo nos instala en diversos escenarios dentro de la multiplicidad de sentidos de las relaciones humanas, atravesadas por las creencias relacionadas al deber ser de la infancia, lo que nos lleva a reflexionar acerca de la importancia de tener en cuenta estos factores a la hora de la implementación de las políticas públicas para poder abarcar todos los elementos de discusión.



3.7 Consecuencias del Maltrato Infantil Intrafamiliar.

Los primeros años de vida se constituyen en un factor muy importante para el desarrollo de cualquier ser humano por lo que si acontece algo que pueda obstaculizar el desarrollo normal, esto tendrá efectos nocivos a lo largo de su vida. Se han destacado numerosas investigaciones científicas acerca de la importancia vincular entre el niño/a pequeño y su entorno.

La teoría del apego de J. Bowlby (1969), plantea que existe una disposición del niño/a a crear lazos afectivos con las personas más cercanas que le satisfacen sus necesidades y les brindan protección en los inicios de la vida. Este vínculo de apego hace posible que se instale en el niño/a una base segura para recorrer un proceso de desarrollo sano y donde se encuentre apuntalado en una relación de confianza sólida. (Amorín, 2010). Estas relaciones vinculares que se desarrollan tempranamente tienen fuerte incidencia en el desarrollo de la personalidad, y en la afectación de ciertas áreas que puedan propiciar determinadas psicopatologías. La figura del apego es importante en cuanto es determinante para que el niño/a pueda lanzarse al mundo sintiendo seguridad y confianza, pero cuando esto no sucede la conducta del niño/a puede sufrir alteraciones al vivenciar que su cuidador/a no se encuentra disponible. De ahí la importancia del apego seguro como figura que está presente, receptiva a las necesidades del niño/a y que resulta fundamental para un buen desarrollo de sus capacidades psicológicas, cognitivas y sociales (Amorín, 2010).

Diferentes estudios han destacado que la ausencia de un adulto que aporte contención y seguridad puede provocar efectos devastadores en el psiquismo y en la estructura cerebral del niño/a pudiendo afectar las funciones de aprendizaje y memoria, así como las funciones emocionales, estando más propensos en un futuro a situaciones de vulnerabilidad psicosocial.

Debido a la vulnerabilidad del yo temprano, el riesgo de desamparo en estos niños/as es muy importante en los dos primeros años de vida resultando muy dañinos los efectos de estímulos nocivos (Giberti, E.2005). La autora destaca que la ausencia o disminución de redes familiares vinculares pueden agudizar situaciones de desvalimiento resultando en la desafiliación, en vivencias de desamparo, que aumentan patologías de estrés con consecuencias como la imposibilidad de proyectarse en un futuro; a la vez que son más frecuentes las posibilidades de sufrir depresiones que pueden resultar crónicas.

Por otra parte estudios realizados por las neurociencias dan como resultado que los niños/as que han sido maltratados pueden presentar daños cruciales en el desarrollo de su cerebro. Destacan que en entre los daños pueden existir alteraciones en el hipocampo, la amígdala, las estructuras cerebelares, el cuerpo calloso y el córtex cerebral. También se pueden presenciar déficit cognitivos en habilidades de lenguaje, problemas de aprendizaje, memoria, así como déficit en las funciones ejecutivas (Mesa, P., Moya, L. 2011). Estos autores concluyen en que, como consecuencia de los malos tratos en la infancia se pueden producir alteraciones en el sistema nervioso central y autónomo, así como en el sistema endócrino y en el sistema inmune.

Barudy (2011), destaca en el niño/a agredido las consecuencias traumáticas de las experiencias y por otro lado los mecanismos de adaptación a la situación, lo que puede llevar a la interiorización de los modelos violentos. Según dicho autor, los mecanismos de adaptación a la violencia comprenden las estrategias que el niño/a que vive situaciones de maltrato se ve obligado a desarrollar para poder sobrevivir a esa situación. Cuantos más pequeños son, menos posibilidades tienen de hacer frente al riesgo vital. Cuando se trata de niños/as más grandes, al sentir la amenaza por parte de aquellos que tendrían que brindarle protección y afecto, no les queda otra opción que desplegar sus mecanismos de defensa para sobrellevar la situación.

La amenaza psicológica provocada por padres, madres o cuidadores, conlleva al niño/a a una situación de angustia extrema, a un sentimiento de ser destruido por el otro que a su vez constituye su única fuente de cuidado y protección. En este escenario el niño/a “debe idealizar a sus padres, reprimiendo facetas importantes de su personalidad y asumiendo la responsabilidad de ser la causa de los golpes que recibe” (Barudi, pag.158). De esta manera representándose como malo/a y actuando como tal se constituye simbólicamente en algo menos angustiante que simbolizar la realidad de tener padres o madres que son capaces de causar daño y destrucción. Otra alternativa posible que el niño/a elige para sobrevivir pueden ser la de ser obediente, pasivo, poco exigente para tratar de pasar desapercibido evitando así cualquier peligro que pueda desencadenar en un acto violento.

Según Barudi (2011), entre las consecuencias psicosociales más frecuentes del maltrato infantil podemos encontrar:


  • Trastornos de identidad. Los niños/as maltratados generalmente tienen muy mala imágen de sí mismos. Muchas veces creen que son la causa del nerviosismo de sus padres. Se creen malos, inadecuados y desarrollan la creencia de ser fuertes como mecanismo de defensa para vencer a sus padres o a otros adultos.

  • Una autoestima pobre. Presentan con frecuencia sentimientos de inferioridad, se creen incapaces, tienen comportamientos de timidez y miedo. También pueden presentar una conducta contraria mostrándose agitados, tratando de llamar la atención a los que los rodean.

  • Ansiedad, angustia y depresión. Puede verse expresado por trastornos del comportamiento, miedo y ansiedad. La angustia se presenta sola o seguida de las características del síndrome de estrés postraumático, aunque muchas veces este trastorno puede estar enmascarado por otros. Muchos niños/as tienen problemas de concentración en clase y dificultades para seguir el ritmo de los profesores. Con frecuencia desarrollan sentimientos de depresión y comportamientos autodestructivos que pueden llevar a la automutilación. No se sienten respetados no solo por sus padres sino por el mundo adulto que lo perciben como inseguro y carente de protección.

Pereda, N., y Gallardo-Pujol, D. (2011), destacan como resultados de diversos trabajos publicados, los efectos de vivir una experiencia fuertemente estresante, como puede ser el abuso sexual en la infancia. Debido a la alta plasticidad neuronal que ocurre en la infancia se pueden provocar disfunciones en el desarrollo neurofisiológico cerebral y una dificultad en el retorno del individuo a la normalidad fisiológica, lo que puede resultar en problemas de relación, disregulación del estado de ánimo y conducta, así como problemas sociales y emocionales. El abuso sexual puede tener como consecuencias lesiones duraderas en el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, lo que implica problemas para autorregular los estados afectivos y controlar la propia conducta. Los daños causados por experiencias de maltrato en la infancia no solo se limitan al hipocampo, sino que también afectan otras estructuras como el núcleo cingulado anterior o el núcleo caudado, es decir que se extiende a diversas zonas cerebrales. También se observó que el abuso sexual no solo afecta el desarrollo de diversas estructuras del cerebro, sino su relacionamiento entre sí, e incluso su funcionamiento en situaciones de aprendizaje y condicionamiento (Pereda, N. y Gallardo-Pujol, D. (2011).

De estas consecuencias que produce el maltrato infantil surge la importancia de realizar una prevención efectiva y una intervención acorde dada las secuelas provocadas a corto, mediano y largo plazo. A la hora de la implementación de políticas para combatir el maltrato resulta necesario poder hacer visible a la sociedad de estos daños que perjudican la vida de nuestros niños/as para lograr un mayor compromiso en la población con respecto a la prevención e intervención del problema.

Incluir la difusión de prácticas de buen trato para que la infancia tenga un mayor grado de bienestar, ayudará a concientizar y a difundir sobre las necesidades de los niños/as, lo que permite actuar antes de que el problema esté instalado y tenga tan graves consecuencias.




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