Ma gyan darshana



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LA HIERBA

CRECE

SOLA


OSHO
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MA GYAN DARSHANA
osho_library@gruposyahoo.com

ZEN: LA HIERBA

CRECE SOLA
Charlas sobre Zen
ÍNDICE
Capítulo 1. LA IMPORTANCIA DEL ZEN

Capítulo 2. MAESTRO Y DISCÍPULO

Capítulo 3. EL VACÍO Y LA NARIZ DEL MONJE

Capítulo 4. LA CATARATA DE LULIANG

Capítulo 5. EL “MAESTRO DEL SILENCIO”

Capítulo 6. DESPERTAR

Capítulo 7. NO UNO MUERTO

Capítulo 8. UN CAMPO TEÑIDO DE UN VIOLETA INTENSO


Sobre el Autor
Sobre el Osho Internacional Meditation Resort
CAPÍTULO 1
La importancia del zen
Alguien preguntó al maestro, Bokuju:

Tenemos que vestirnos y comer cada día;

¿cómo nos salimos de todo esto?
Bokuju respondió:

Nos vestimos, comemos.
El interlocutor dijo:

No comprendo.
Bokuju respondió:

Si no comprendes,

viste tu ropa y come tu comida.
¿Qué es el Zen?
El Zen es un crecimiento muy extraordinario. Es muy raro que dicha posibilidad se haga realidad, porque hay muchos riesgos implicados. La posibilidad ha existido en muchas ocasiones anteriormente; ciertos acontecimientos espirituales podrían haber crecido y ser como el Zen pero nunca se realizaron en su totalidad. Solo una vez a lo largo de toda la historia de la consciencia humana ha llegado a existir algo como el Zen. Es muy raro.

Así que primero me gustaría que comprendieras qué es el Zen, porque si no estas anécdotas no servirán de mucho. Necesitas conocer todos los antecedentes. Con esos antecedentes, en ese contexto, estas anécdotas se vuelven luminosas: de repente captas su significado y su importancia, de otra forma no son más que unidades separadas. Puedes disfrutarlas; son muy poéticas; son preciosas en sí mismas, piezas de arte únicas, pero con una simple ojeada a estas anécdotas no podrás descubrir el significado del Zen.

Así que primero intenta seguirme despacio a través del crecimiento del Zen: cómo sucedió. El Zen nació en India, creció en China y floreció en Japón. Toda la situación en sí es rara. ¿Cómo es que habiendo nacido en India, no pudo crecer aquí y tuvo que buscar un suelo diferente? En China se convirtió en un gran árbol, pero allí no pudo florecer, de nuevo tuvo que buscar otro clima, un clima diferente; y en Japón floreció como un cerezo, dio miles de flores. No fue algo fortuito, no fue por casualidad, encierra una profunda historia. Me gustaría revelártela.

India es un país introvertido, Japón es extrovertido, y China es justo en el medio de estos dos extremos. La India y Japón son absolutamente opuestos. ¿Entonces cómo es que la semilla nació en India y floreció en Japón? Son opuestos; no tienen similitudes; son contradictorios. ¿Y por qué China estaba justo en el medio, para darle un suelo?

Una semilla es una introversión. Intenta entender el fenómeno de la semilla, lo que es una semilla. Una semilla es un fenómeno introvertido, centrípeto; su energía se mueve hacia dentro. Por eso es una semilla, completamente cubierta y cerrada al mundo. De hecho, una semilla es la cosa más solitaria, más aislada del mundo. No tiene ni raíces en el suelo ni ramas en el cielo; no tiene conexión con la tierra ni con el cielo. De hecho, no tiene ninguna relación con lo que la rodea. Una semilla es una isla, completamente aislada, separada. No se relaciona. Está cubierta por una dura cáscara, no tiene ni puertas ni ventanas, no puede salir fuera y nada puede entrar dentro.

La semilla es algo natural en India. El genio de los indios puede producir semillas con un tremendo potencial, pero no puede darles suelo. India es una consciencia introvertida.

Para India lo exterior no existe, y si existe está hecho del mismo material que los sueños. India ha dedicado todo su genio a intentar descubrir cómo escapar de lo exterior, cómo entrar en la cueva interior del corazón, cómo estar centrado en uno mismo, y cómo llegar a darse cuenta de que todo el mundo que existe fuera de la consciencia no es más que un sueño: en el mejor de los casos hermoso, y en el peor una pesadilla; bonito o feo, en realidad, es un sueño, así que uno no debería preocuparse demasiado. Uno debería despertar, y olvidar por completo el sueño del mundo exterior.

Todos los esfuerzos de Buda, Mahavira, Tilota, Gorka, Kabir, todos sus esfuerzos durante siglos, han ido dirigidos a descubrir cómo escapar de la rueda de la vida y la muerte: cómo cercarte a ti mismo, cómo aislarte a ti mismo de todas las relaciones, cómo vivir sin relacionarse, separado, cómo ir hacia dentro y olvidarse de lo exterior. Por eso el Zen nació en India.

Zen significa dhyan. La palabra Zen es una evolución japonesa de la palabra dhyan. Dhyan representa todo el esfuerzo de la consciencia india. Dhyan significa estar solo, tan dentro de tu propio ser, que no exista ni un solo pensamiento. En realidad, no existe una traducción directa al inglés.

Contemplación no es la palabra. Contemplación significa pensamiento, reflexión. Tampoco meditación se ajusta, porque meditación implica un objeto sobre el que meditar; significa que hay algo. Puedes meditar sobre Cristo, o puedes meditar sobre la cruz. Pero dhyan significa estar tan solo que no hay nada sobre lo que meditar. Ningún objeto, no hay más que mera subjetividad: consciencia sin nubes, un cielo puro.

Cuando la palabra llegó a China se convirtió en ch’an. Cuando ch’an llegó a Japón, se convirtió en Zen. Viene de la misma raíz del sánscrito, dhyan.

India puede dar a luz dhyan. Durante milenios toda la consciencia India ha estado viajando por el camino de dhyan: cómo abandonar todo pensamiento, cómo estar enraizado en la consciencia pura. La semilla vino a la existencia con Buda. Anteriormente, antes de Gautama Buda, la semilla ya había venido muchas veces a la existencia, pero nunca podía encontrar el suelo adecuado, así que desaparecía. Y si se le entrega a la consciencia india, la semilla desaparecerá, porque la consciencia india cada vez irá más y más hacia dentro, y la semilla se irá haciendo cada vez más y más pequeña, hasta hacerse invisible. La fuerza centrípeta va haciendo las cosas cada vez más pequeñas –atómicas- hasta que, al final, desaparecen. La semilla nació muchas veces antes de Gautama Buda, para convertirse en un dhyani, para convertirse en un gran meditador. De hecho, él es uno de los últimos de una larga serie. Él mismo recuerda veinticuatro tirthankaras, y todos ellos eran meditadores. No hacían otra cosa, tan solo meditaban y meditaban, y llegaban a un punto en el que solo existían ellos, todo lo demás desaparecía, se evaporaba.

La semilla nació con Parasnath, con Mahavira, Neminath y otros, pero entonces se quedó en la consciencia india. La consciencia india puede dar a luz una semilla, pero no puede ser un suelo adecuado para ella. Ella sigue trabajando en la misma dirección y la semilla se va haciendo cada vez más y más pequeña, molecular, atómica y, finalmente, desaparece. Eso es lo que ocurrió con los Upanishads; eso es lo que ocurrió con los Vedas; y eso es lo que ocurrió con Mahavira y todos los demás.

Con Buda hubiera ocurrido lo mismo. Pero Bodhidharma lo salvó. Si la semilla se hubiera dejado en la consciencia india, se habría disuelto. Nunca habría germinado, porque necesita otro tipo de suelo para germinar: un suelo muy equilibrado. La introversión es un profundo desequilibrio, es un extremo.

Bodhidharma escapó con la semilla a China. Hizo una de las mejores cosas en la historia de la consciencia: encontrar el suelo adecuado para la semilla que Buda había dado al mundo.

Se cuenta que el propio Buda dijo: Mi religión solo existirá durante 500 años, luego desaparecerá. Él era consciente de que siempre había sido así. La consciencia india va moliendo la semilla más y más, hasta que se hace tan pequeña que se vuelve invisible. Simplemente deja de formar parte de este mundo; desaparece en el cielo.

El experimento de Bodhidharma fue magnífico. Buscó cuidadosamente por todo el mundo un lugar donde esta semilla pudiera crecer.

China es un país muy equilibrado, al contrario que India y Japón. Allí el camino dorado es el del medio. La ideología de Confucio es permanecer siempre en el medio: no ser ni introvertido ni extravertido; no pensar demasiado ni en este mundo ni en el otro, permanecer justo en el medio. En China no ha nacido ninguna religión, solo moralidad. Allí no ha nacido ninguna religión; la conciencia china no puede dar a luz una religión. No puede crear una semilla. Todas las religiones que hay en China han sido importadas, todas han venido de fuera; el budismo, el hinduismo, el mahometismo, el cristianismo; todas han venido de fuera. China es un buen suelo pero no puede originar ninguna religión, porque para originar una religión uno tiene que entrar en el mundo interior. Para dar nacimiento a una religión uno tiene que ser como un cuerpo femenino, un vientre materno.

La consciencia femenina es extremadamente introvertida. La mujer vive en sí misma; ella tiene un mundo muy pequeño a su alrededor, lo más pequeño posible. Por eso no hay forma de que una mujer tenga interés por las cosas grandes. No. Con ella no puedes hablar de Vietnam, es algo que no le interesa. Vietnam está demasiado lejos, demasiado fuera. A ella le concierne su familia, su marido, su hijo, el perro, los muebles, el aparato de radio, el televisor. El mundo que la rodea es muy pequeño, lo más pequeño posible. Por eso, porque su mundo no es muy grande, es muy difícil para un hombre y una mujer hablar inteligentemente; viven en mundos diferentes. Una mujer solo es hermosa cuando está callada; en cuanto empieza a hablar, empieza a decir tonterías. Ella no puede hablar inteligentemente. Ella no puede ser muy filosófica, no, eso no es posible. Esas son cosas demasiado lejanas, a ella no le importan. Ella vive en el reducidísimo círculo de su propio mundo, y ella es el centro. Y si algo es importante, solo lo es porque le concierne; si no, no es importante. Ella no puede entender porqué tú te preocupas por Vietnam. ¿Qué pasa contigo? Tú no tienes ninguna relación en absoluto con Vietnam. A ti qué te importa si hay una guerra allí o no, no es asunto tuyo. ¡El niño está enfermo y tú estás preocupándote por Vietnam! Ella no puede entender que tú estés leyendo el periódico estando ella a tu lado.

Las mujeres viven en un mundo diferente. La mujer es centrípeta, introvertida. Todas las mujeres son indias, no importa donde hayan nacido. El hombre es centrífugo, va hacia fuera. En cuanto puede encontrar una excusa se escapa de casa. Él viene a casa solo cuando no puede ir a ningún otro lugar; cuando todos los bares y hoteles están cerrados, entonces ¿qué puede hacer? Vuelve a casa. No hay adonde ir, así que regresa a casa.

El centro de la mujer siempre es el hogar, su base es el hogar. Ella solo sale cuando es absolutamente necesario, cuando no hay más remedio. Sale cuando es una absoluta necesidad. Si no, su base es el hogar.

El hombre es un vagabundo, un nómada. Toda la vida familiar es creada por las mujeres, no por los hombres. De hecho, la civilización existe por la mujer, no por el hombre. Si se lo permitieran, él sería nómada: sin hogar, sin civilización. El hombre va hacia fuera, la mujer hacia dentro; el hombre es extravertido, la mujer introvertida. El hombre siempre está interesado en cualquier otra cosa que no sea él mismo, por eso tiene un aspecto más saludable. Porque cuando estás demasiado preocupado contigo mismo, te pones enfermo. El hombre tiene un aspecto más feliz.

Te darás cuenta de que las mujeres siempre están tristes y demasiado preocupadas por ellas mismas. Un pequeño dolor de cabeza se convierte en algo enorme, desproporcionado. Sin embargo, un hombre puede olvidarse del dolor de cabeza, él tiene muchos otros dolores de cabeza. Él origina tantos dolores de cabeza a su alrededor que no hay ninguna posibilidad de llegar a su propio dolor de cabeza y hacer algo al respecto. La mujer siempre está preocupada –siempre le ocurre algo en la pierna, o en la mano, o en la espalda, o en el estómago, siempre hay algo-, porque su propia consciencia está enfocada hacia dentro. El hombre es menos patológico, más sano, más hacia fuera, más preocupado por lo que le ocurre a los demás.

Por eso es por lo que, en todas las religiones, verás que cuatro de cada cinco personas son mujeres, solo una es hombre. Y lo más seguro es que ese hombre haya venido por alguna mujer: su esposa iba al templo y él ha tenido que acompañarla. O bien, ella iba a una conferencia de religión, y él ha tenido que acompañarla. En todas las iglesias esa será la proporción, en todas las iglesias, templos, dondequiera que vayas. Incluso en el caso de Buda, de Mahavira, siempre la misma proporción. Con Buda había cincuenta mil sannyasins, cuarenta mil eran mujeres y diez mil hombres. ¿Por qué?

El hombre es más sano físicamente, y la mujer es más sana espiritualmente, porque sus inquietudes son diferentes. Cuando te preocupas por los demás puedes olvidarte de tu cuerpo, puedes ser físicamente más sano, pero no puedes crecer tan fácilmente en lo religioso. El crecimiento religioso necesita una inquietud interior. La mujer puede crecer muy, muy fácilmente en la religión, ese es un camino fácil para ella, pero le resulta muy difícil crecer en la política. Y para el hombre crecer en la religión es difícil. La introversión tiene unos beneficios y la extraversión otros; y ambas cosas tienen sus peligros.

India es un país introvertido, femenino; es como un vientre materno, muy receptiva. Pero si un niño permanece en el vientre materno para siempre, el vientre se convertirá en su tumba. El niño tiene que salir del vientre de la madre, de otra forma la madre mataría al niño dentro. Tiene que escapar, encontrar el mundo exterior, un mundo más grande. El vientre materno puede ser muy cómodo: ¡lo es! Los científicos dicen que todavía no han podido crear nada más cómodo que el vientre materno. Tanto progreso científico y no hemos podido hacer nada más cómodo. El vientre es un paraíso. Pero también el niño tiene que abandonar ese paraíso y salir de la madre. Más allá de un tiempo determinado la madre puede convertirse en algo muy peligroso. El vientre materno podría matar, porque entonces se convertiría en un cautiverio, bueno por un tiempo, cuando la semilla está creciendo, pero luego la semilla tiene que ser trasplantada al mundo exterior.

Bodhidharma buscó un lugar, consideró el mundo entero, y le pareció que el mejor suelo estaba en China; era exactamente un suelo medio, no extremo. Su clima no era extremo, así que el árbol podría crecer fácilmente. Y su gente era muy equilibrada. El equilibrio es el suelo adecuado para crecer: demasiado frío es malo, demasiado calor también. En un clima equilibrado, ni demasiado frío ni demasiado caliente, el árbol puede crecer.

Bodhidharma escapó con la semilla, escapó con todo lo que India había producido. Nadie era consciente de lo que estaba haciendo, pero se trataba de un gran experimento. Y salió bien. En China, el árbol creció, y creció hasta alcanzar unas proporciones enormes.

Pero aunque el árbol se hacía más y más grande, las flores no brotaban. Las flores no venían. La semilla se mueve hacia dentro; la flor se mueve hacia fuera. La flor es como la consciencia masculina. La flor se abre al mundo exterior y libera su fragancia al mundo exterior. Luego su fragancia, en las alas del viento, llega hasta los rincones más lejanos del mundo. La flor libera la energía contenida en la semilla en todas las direcciones. Es una puerta. A las flores les gustaría convertirse en mariposas y escapar del árbol. Y en realidad, eso es lo que hacen, de una forma muy sutil. Liberan la esencia del árbol, el verdadero significado, el propósito del árbol, al mundo. Son muy generosas. La semilla es tacaña, confinada en ella misma, y la flor es una gran despilfarradora.

Se necesitaba un país como Japón. Japón es un país extravertido. Incluso el estilo de vida y de consciencia es extravertido. Verás… en India nadie se preocupa demasiado por el mundo exterior: la vestimenta, las casas, la forma de vida. A nadie le importa. Por eso India se ha quedado tan pobre. ¿Cómo vas a hacerte rico si no te preocupas por el mundo exterior? Si no tienes interés en mejorar el mundo exterior, te quedas pobre. Y el indio siempre está muy serio, siempre está preparándose para escapar de la vida, sus budas hablan acerca de cómo convertirse en perfectos desechos de la propia existencia; no solo de la sociedad, ¡supremos desechos de la propia existencia! La existencia es demasiado aburrida. Para los ojos del indio, la vida solo es de color gris; no hay nada interesante en ella, todo es aburrido, una pesada carga. De alguna forma, uno tiene que llevarla a cuestas, por los karmas pasados, uno tiene que ir a través de ellos. Hasta el amor es como una carga que uno tiene que arrastrar.

India parece inclinarse más hacia la muerte que hacia la vida. El introvertido tiende a inclinarse hacia la muerte. Por eso todas las técnicas para morir perfectamente, para morir tan perfectamente que no tengas que volver a nacer, han evolucionado en India. La meta es la muerte, no la vida. La vida es para los tontos, la muerte es para los sabios. Por muy hermoso que un Buda o un Mahavira puedan ser, parecerán cerrados; están rodeados por un aura de indiferencia. Ocurra lo que ocurra, ellos no se sienten afectados en absoluto. Que ocurra de una forma u otra da igual; que el mundo siga viviendo, o muera, da igual… una tremenda indiferencia. En esta indiferencia no es posible florecer; en este estado de confinamiento interno es imposible florecer.

Japón es completamente diferente. Para la consciencia japonesa es como si lo interior no existiera, solo es importante lo exterior. Fíjate en la vestimenta japonesa. Todos los colores de las flores y del arco iris, como si lo exterior fuera muy importante. Fíjate en un indio cuando come, y fíjate en un japonés. Fíjate en un indio cuando toma el té, y en un japonés.

El Japón hace una celebración de las cosas más simples. Incluso tomar el té se convierte en una celebración, se convierte en un arte. El exterior es muy importante, la vestimenta es muy importante, las relaciones son muy importantes. En el mundo no hay gente más teatral que los japoneses: siempre sonrientes y con aspecto feliz. A los indios les parecerán superficiales; les parecerán poco serios. Los indios son introvertidos y los japoneses extravertidos: son opuestos.

El japonés siempre se mueve en sociedad. Toda la cultura japonesa está implicada en cómo crear una sociedad hermosa, en cómo crear relaciones hermosas –en todas las cosas, en cada cosa por diminuta que sea-, en cómo darles importancia. Sus casas son muy hermosas. Incluso las casas de los pobres tienen su propia belleza; son artísticas, tiene su propia singularidad.

Puede parecer que no son muy ricos, pero en cierto sentido sí lo son; por la belleza, el cuidado, ponen atención en cada pequeño, diminuto detalle: dónde debería estar la ventana, qué tipo de cortina se debería poner, cómo debería ser invitada la luna desde la ventana, desde dónde. Cosas muy pequeñas, pero cada detalle es importante.

A los indios no les importa nada. Si vas a un templo indio, no tiene ninguna ventana; no hay nada, no hay higiene, el aire, la ventilación no importa; nada. Incluso los templos son feos, y todo vale; la suciedad, el polvo, a nadie le importa. Justo en frente del templo puedes ver vacas defecando, perros peleando, gente rezando. A nadie le importa. No hay sentido de lo exterior, no les preocupa lo exterior en absoluto.

Japón se preocupa mucho por lo externo; justo el otro extremo. Japón era el país adecuado. Y todo el árbol del Zen fue trasplantado en Japón, y allí floreció, en miles de colores. Floreció.

Y eso es lo que tiene que volver a ocurrir. Ahora yo estoy hablando de nuevo acerca del Zen. El árbol tiene que regresar a India porque ya floreció, las flores cayeron y Japón no puede crear la semilla. Japón no puede crear la semilla: no es un país introvertido. Así que ahora todo se ha vuelto un ritual exterior. El Zen en Japón está muerto. Floreció en el pasado, pero ahora –según los libros de D. T. Suzuki y otros-, si vas a Japón en busca de Zen, volverás con las manos vacías. Ahora el Zen está aquí; en Japón ha desaparecido. El país pudo ayudarle a florecer, pero ahora las flores han desaparecido. Han caído a la tierra, y allí ya no queda nada. Hay rituales –los japoneses son muy dados a los rituales- hay rituales. En los monasterios Zen todo continúa igual, como si el espíritu interior todavía estuviera allí, pero la capilla interior está desocupada, vacía. El patrón de la casa se ha ido. El Dios ya no está allí, solo queda el ritual vacío. Pero como son gente extravertida, continuarán con el ritual. Cada mañana se levantarán a las cinco –sonará un gong-, irán a la sala del té, y tomarán el té; irán a la sala de meditación, y se sentarán con los ojos cerrados. Lo harán todo exactamente igual, como si el espíritu estuviera ahí, pero ha desaparecido. Hay monasterios, hay miles de monjes, pero el árbol ha florecido y allí no se puede formar la semilla.

Por eso yo estoy hablando tanto de Zen aquí, porque de nuevo solo India puede crear la semilla. El mundo entero existe en una profunda unidad, en una armonía; en India se puede volver a parir la semilla. Pero en el mundo han cambiado muchas cosas. China ya no es una posibilidad, porque también se ha convertido en un país extravertido. Se ha vuelto comunista: ahora la materia es más importante que el espíritu. Y ahora está cerrado a nuevas ondas de consciencia.

Para mí, si algún país en el futuro vuelve a ser de nuevo el suelo, será Inglaterra.

Puede que te haya sorprendido, porque tal vez pensabas que sería Estados Unidos. No. Ahora el país más equilibrado es Inglaterra, al igual que en tiempos antiguos lo fue China. Hay que llevar y plantar allí la semilla, allí no florecerá, pero se convertirá en un árbol robusto. La consciencia inglesa –conservadora, siempre en el camino del medio, la mente liberal, que nunca llega a extremos, que permanece siempre justo en el medio- será de gran ayuda. Por eso yo estoy dejando que cada vez más ingleses se establezcan en torno a mí. ¡No tiene nada que ver con los visados! Cuando la semilla esté lista, me gustaría que ellos la llevaran a Inglaterra. Y desde Inglaterra podrán ir a Estados Unidos, y allí florecerá, porque en la actualidad Estados Unidos es el país más extravertido.

Yo digo que el Zen es un fenómeno raro, porque una cosa de tal índoles solo puede ocurrir si se dan todas esas condiciones.

Ahora intenta comprender la historia. Estas pequeñas anécdotas son muy significativas, porque la gente del Zen dice que aquello que surge en el fondo de tu ser no puede ser dicho, pero puede ser mostrado. Se puede crear una situación en la que pueda ser insinuado, a lo mejor las palabras no pueden decir nada acerca de ello, pero una anécdota vida sí puede. Por eso el Zen es tan anecdótico. Vive en las parábolas, indica por medio de parábolas, y nadie más ha sido capaz de crear unas parábolas tan hermosas. Hay historias sufíes, hay historias hassidim, y muchas otras, pero ninguna puede compararse con las del Zen. El Zen ha adquirido la pericia de atinar justo en el punto adecuado e indicar aquello que no puede ser indicado. Y de una manera tan sencilla que no te puede pasar inadvertido: tú tendrás que buscarlo, tendrás que buscarlo a tientas, porque la anécdota en sí es tan simple que te puede pasar inadvertido. No es muy complicado; de hecho, para poderlo entender no se requiere la mente; es mejor un corazón abierto.

Mira… esta pequeña anécdota contiene todo el significado del Zen:


Alguien preguntó al maestro, Bokuju:

Tenemos que vestirnos y comer todos los días;

¿cómo podemos salirnos de todo eso?
Si se lo hubiera preguntado a Buda, la respuesta no hubiera sido igual. La respuesta hubiera venido de una mente-semilla. Buda hubiera dicho: Todo es ilusorio: comer, vestirse, todo es ilusorio, un sueño. Hazte más consciente. Has de ver que el mundo es ilusorio, un sueño. Todo es maya. Hazte más consciente y no intentes descubrir cómo salir de él, porque ¿cómo puede uno salir de un sueño? Uno simplemente tiene que cobrar consciencia y está fuera. ¿Has visto alguna vez a alguien saliendo de un sueño? El sueño es irreal. ¿Cómo vas a salir de él? El milagro es que hayas entrado ¡porque has entrado en algo que no existe! Y ahora te estás metiendo en más problemas preguntando cómo salir de él. ¡Sal de la misma manera que entraste! ¿Cómo entraste en el sueño? Creyendo que era real. Esa es la forma de entrar en un sueño: creyendo que es real. Así que simplemente abandona la creencia, y ve que no es real, que estás fuera del sueño. No hay pasos para salir, no hay técnicas para salir, no hay métodos. Buda hubiera dicho: Mira… toda tu vida es un sueño; y tú hubieras estado fuera de él.

Si le hubieran preguntado al genio chino Confucio –la mente equilibrada que no es ni extravertida ni introvertida-, había dicho: No hace falta salir de él. Sigue las normas y podrás disfrutar de él. Confucio habría establecido unas cuantas normas y habría dicho: Hay que seguir las normas, eso es todo. No hace falta salir de él. Uno lo único que tiene que hacer es planear su vida de una forma correcta. ¡Uno tiene que planear hasta la vida de sueño de una forma correcta! Confucio dice que si haces algo malo, aunque sea en sueños, tienes que ponderarlo; significa que cuando estás despierto estás haciendo algo que no va por el buen camino. ¿Cómo ibas a portarte mal en el sueño si no? Debe de haber algo que se tiene que arreglar, algo que se tiene que equilibrar; por eso estableció tres mil trescientas normas.

Pero en Japón la respuesta hubiera sido totalmente diferente: en el caso de Buda la respuesta hubiera procedido de la semilla, en el caso de Confucio del árbol; en el caso de Bokuju procede de la flor. Así que, por supuesto, son respuestas diferentes; están enraizadas en la misma verdad, pero no contienen los mismos símbolos, no pueden. Lo que Bokuju dice es simplemente floral, es la posibilidad más perfecta. Bokuju contestó: Nos vestimos, comemos. Una respuesta muy simple, pero puede que no se comprenda tan fácilmente. Puede que estés pensando: ¿Qué está diciendo? Parece un galimatías, no tiene sentido. El hombre preguntó: Tenemos que vestirnos y comer todos los días, ¿cómo nos salimos de todo eso? Y Bokuju contesta: Nos vestimos, comemos.

¿Qué está diciendo Bokuju?, ¿qué está indicando? Se trata de una indicación muy sutil. Está diciendo: Nosotros también lo hacemos –comemos, nos vestimos-, pero comemos con tal totalidad que el que come no existe, solo el comer existe. Nos vestimos con tal totalidad que el que viste no llega a ser, solo el vestir. Caminamos, pero no hay caminante, solo el caminar. Así pues, ¿quién es el que está pidiendo salirse de ello?

Fíjate en la inmensa diferencia. Buda hubiera dicho que todo esto es un sueño, tu comer, tu vestir, tu caminar; y Bokuju dice que tú eres un sueño. Hay una gran diferencia. Bokuju está diciendo: No te metas a ti mismo en ello, simplemente come, camina, duerme. ¿Quién está pidiendo salir de ello? Abandona este ego; no es existencial, y si tú no existes, ¿Cómo vas a salirte de ello? El sueño no es el caminar, el sueño es el caminante. El sueño no es el comer, sino el que come.

Y observa muy atentamente: si realmente tú estás caminando, ¿hay algún caminante dentro? El caminar es algo que ocurre, es un proceso. Las piernas se mueven, las manos se mueven, tú respiras más, el viento sopla en tu cara, tú disfrutas; cuanto más deprisa vas, más vitalidad sientes; todo es hermoso. ¿Pero realmente hay un caminante? ¿Hay alguien sentado dentro, o solo existe el proceso? Si te vuelves consciente, descubrirás que solo existe el proceso. El ego es ilusorio: es tan solo una creación mental. Tú comes, y piensas que debe haber alguien que esté comiendo, porque la lógica dice: ¿Cómo puedes caminar sin un caminante dentro? ¿Cómo puedes comer sin que haya alguien que coma? ¿Cómo puedes amar sin que haya un amante dentro? Eso es lo que dice la lógica. Pero si has amado, y has llegado hasta el punto en el que realmente existió amor, tienes que haberte dado cuenta de que dentro no había amante; solo amor, un proceso, una energía. Pero nadie dentro.

Tú meditas, ¿pero hay algún meditador? Cuando la meditación llega a su florecimiento, y todos los pensamientos cesan, ¿quién hay dentro? ¿Hay alguien que diga que todos los pensamientos han cesado? Si todavía ocurre eso, entonces es que la meditación todavía no ha florecido; todavía hay, por lo menos, un pensamiento. Cuando la meditación florece, simplemente no hay nadie que de fe de ello, nadie que dé constancia de ello, nadie que diga: Sí, ha ocurrido. En cuanto dices: Sí, ha ocurrido; ya se ha perdido.

Cuando realmente hay meditación, se entiende tu silencio; una bendición vibra sin límite alguno; hay una armonía sin límite; por allí no hay nadie para dar fe. No hay nadie que diga: Sí, ha ocurrido. Por eso los Upanishads dicen que cuando una persona dice: ¡Yo he comprendido!, puedes estar seguro de que no es así. Por eso todos los Budas han dicho que cuando alguien proclama, la propia proclamación demuestra que no ha alcanzado la última cima, porque en la última cima el que proclama desaparece. De hecho, nunca ha estado allí. Comer no es un sueño; el sueño es el que come.

Todo el énfasis se ha trasladado de la semilla a la flor.

Por eso mucha gente en Occidente piensa que llamar al Zen “budismo Zen”, no es correcto, porque en las respuestas se siente una enorme diferencia. Pero están equivocados. El budismo Zen es budismo completamente puro, purificado incluso de Buda, purificado de conceptos budistas. Es el más esencial, el más puro dhyan, el más puro florecimiento de la consciencia. Sin centro alguno, tú existes. Sin que haya nadie, tú existes. Tú eres, y aún así tú no eres. Por eso Tilota enfatiza: no-yo, anatta, nada, vacío.

¿Qué está diciendo Bokuju? Está diciendo: Nos vestimos, comemos. Esa es toda su respuesta. Una respuesta completa, perfecta. Él simplemente dice: comemos y nos vestimos, y eso nunca nos ha parecido un problema, y nunca hemos visto a nadie que pueda salirse. Dentro no hay nadie. Existe el comer, existe el vestir, pero el ego no.

Está diciendo: no preguntes tonterías. El interlocutor dijo: No comprendo. Puede que haya venido a buscar algunas normas y disciplina, cómo volverse un hombre religioso, cómo dejar las comas triviales como el comer el vestir, la misma rutina; cada día, una y otra vez, uno siempre está haciendo lo mismo. Tenía que estar harto, aburrido; todo el mundo llega a ese punto. Si eres un poco inteligente, habrás llegado al punto de sentirte aburrido. Solo los idiotas y los santos no se aburren nunca, pero la gente inteligente tiene que llegar a hartarse. ¿Qué es lo que está pasando? Cada día te vas a dormir, para después volverte a levantar por la mañana. Y luego el desayuno, y luego ir a la oficina, y esto y aquello. Y tú sabes muy bien que la misma rutina te espera a la mañana siguiente. Uno empieza a sentirse como un robot.

Y si te das cuenta, como le pasó a la gente en India en el pasado, de que todo ha sido igual durante millones de vidas, seguro que te embargará un aburrimiento de muerte. Por eso preguntan: ¿Cómo salirse de ello? Esta rueda de vida y muerte continúa, moliendo y moliendo, y, como si de un disco rayado se tratara, siempre se repite la misma línea. Es algo que te ha ocurrido millones de veces. Una y otra y otra vez, hasta la náusea. Por eso, al hacerse consciente de este fenómeno de continuos renacimientos, India se volvió aburrida; toda la consciencia se hartó tanto que se dedicó única y exclusivamente a buscar la forma de salirse de ello. Eso es lo que aquel hombre había venido a preguntar a Bokuju: Ayúdame a salir de ello. Es demasiado y yo no sé por dónde escapar. Vestirse y comer todos los días, ¿cómo salirse de esta rutina, de este carril? Bokuju contesta: Nos vestimos, comemos.

Está diciendo muchas cosas. Está diciendo que no hay nadie pasa salir, por lo tanto, si no hay nadie, ¿cómo vas a aburrirte? ¿Quién va a aburrirse?

Yo también me levanto cada mañana, tomo un baño, como, me visto, hago lo mismo que tú. Pero a mí no me aburre, puedo seguir haciéndolo hasta el final de la eternidad. ¿Por qué a mí no me aburre? Porque yo no estoy ahí, así pues, ¿quién se va a aburrir? Y si tú no estás ahí, ¿quién va a decir que es una repetición? Cada mañana es nueva, no es una repetición del pasado. Cada desayuno es nuevo, cada momento es nuevo y reciente como las gotas de rocío sobre la hierba por la mañana. Lo que hace que te sientas aburrido es tu memoria: siempre recogiendo el pasado, cargando con el pasado, y mirando al momento nuevo a través del pasado, del polvoriento pasado.

Bokuju vive en el momento y no evoca otros momentos para compararlos con él. No hay nadie para cargar con el pasado, no hay nadie para pensar en el futuro. Solo hay un proceso de vida, un río de consciencia, que se va moviendo de momento a momento, siempre desde lo conocido a lo desconocido, siempre desde lo familiar a lo extraño. Por consiguiente, ¿quién hay ahí para preocuparse por salirse fuera? No hay nadie. Bokuju dice: ¡Comemos y nos vestimos, y se acabó! No hacemos un problema de ello.

El problema surge debido a la memoria psicológica. Tú la metes en todo para comparar, juzgar y condenar. Si te muestro una flor, tú no la verás directamente; dirás: Sí, es una hermosa rosa. ¿Qué necesidad hay de decir que es una rosa? En cuanto dices que es una rosa, se han metido en ella todas las rosas que has conocido en el pasado. En el instante que dices que es una rosa, la estás comparando con otras flores, la estás identificando, la estás categorizando. En el momento que dices que es una rosa, y que es hermosa, has metido todos tus conceptos de belleza, memorias de rosas, imaginaciones, todo. La rosa se ha perdido entre la muchedumbre. Esta rosa se ha perdido entre la muchedumbre. Esta hermosa flor se ha perdido en tus memorias, imaginaciones y conceptos. Luego te hartará porque se parecerá a otras rosas.

¿Cuál es la diferencia? Si miras directamente a este fenómeno, a esa rosa, con ojos nuevos, vacío de pasado, con la consciencia clara, la percepción despejada, las puertas abiertas, sin palabras, si puedes estar aquí, ahora, con esta flor durante un rato, entonces entenderás a Bokuju cuando dice: Nos vestimos, comemos.

Lo que está diciendo es que hagas todo tan plenamente en el presente que no puedas sentirlo como una repetición. Y como tú no estás ahí, ¿quién va a cargar con el pasado, quién va a imaginar el futuro? Tú existes en ausencia, y entonces llega a ti una nueva cualidad de presencia: nueva a cada momento, fluida, suelta, natural. Uno simplemente se desliza de un momento a otro, como la culebra cuando se desliza fuera de su vieja piel. La piel vieja se deja atrás, ella nunca mira atrás; no se lleva la piel vieja. El hombre de consciencia simplemente se desliza de un momento a otro, como la gota de rocío se desliza por la hoja de hierba, sin llevarse nada. El hombre de consciencia no lleva carga, se mueve ligero. Porque así todo es nuevo, y entonces no se crean problemas.

Lo que Bokuju está diciendo es lo siguiente: Es mejor no crear problemas porque nunca hemos visto que nadie resuelva los problemas, nunca. Una vez creados, los problemas no pueden ser resueltos. No crearlos es la única manera de resolverlos. Porque una vez creados, en la propia creación has dado un paso en falso. Ahora, hagas lo que hagas, ese paso en falso no te dejará resolverlo. Al preguntar cómo abandonar el ego estás creando un problema que no puede ser resuelto. Hay miles de maestros que enseñan cómo resolverlo, cómo ser humilde y no ser egoísta. No sirve de nada; en tu humildad también sigues siendo egoísta; en tu carencia de ego también hay un ego sutil. No. Aquellos que saben no te ayudarán a resolver ningún problema. Ellos simplemente te preguntarán dónde está el ego. Ellos te preguntarán dónde está, en realidad, el problema. Te ayudarán a comprender el problema, no a resolverlo, porque el problema es falso. La respuesta no puede ser correcta si la pregunta es errónea. Si la propia pregunta tiene su raíz en algo erróneo, entonces todas las respuestas serán inútiles y te conducirán a más preguntas falsas. Será un círculo vicioso; así es como los filósofos se vuelven locos. Dan una respuesta sin reparar en la falsedad de la pregunta; y entonces la respuesta origina más preguntas. Ninguna respuesta soluciona nada.

¿Qué hay que hacer entonces? ¿Qué dice el Zen? El Zen dice: Fíjate en el propio problema, ahí se oculta la respuesta. Fíjate en la pregunta muy atentamente, y si la observación es perfecta, la pregunta desaparecerá. Ninguna pregunta es respondida jamás, simplemente desaparece; desaparece sin dejar rastro.

Él está diciendo: ¿Dónde está el problema? Nosotros también comemos, nosotros también nos vestimos, pero simplemente comemos y nos vestimos. ¿Por qué hacer un problema? Bokuju está diciendo: Acepta la vida tal como es. No hagas problemas. Uno tiene que comer: come. El hambre existe, no la has creado tú, tiene que ser satisfecho: satisfácelo. Pero no hagas un problema.

Esa misma situación se repite aquí todos los días. La gente viene y me traen sus problemas, pero yo nunca he visto ningún problema, porque no los hay. Tú los creas, y luego quieres una respuesta para ellos. Hay gente que te dará respuestas: enseñanzas pequeñas. Y hay gente que te dará una visión de tu problema: la gran enseñanza. Las enseñanzas pequeñas conducen a disciplinas forzadas, pero las grandes enseñanzas te permitirán llegar a ser suelto y natural.

Bokuju dice: Nos vestimos, comemos. Pero el hombre no puede comprender. Por supuesto, una cosa tan simple es difícil de comprender. La gente puede comprender las cosas complicadas, pero no puede comprender las cosas simples. Porque una cosa complicada puede ser dividida, analizada, planteada lógicamente, pero ¿qué se puede hacer con una cosa simple? No puedes analizarla, no puedes dividirla en partes, no puedes diseccionarla; no hay nada que diseccionar. Es demasiado simple. Y como es tan simple tú no la entiendes. El hombre no lo pudo comprender. Pero aun así, yo creo que era sincero, él dijo: No lo comprendo.

Hay gente muy complicada que asienten con la cabeza para hacer creer que han comprendido. Son unos idiotas: nadie puede ayudarles porque siempre están fingiendo que han comprendido. No pueden admitir que no han comprendido. Si lo admitieran, se parecerían tontos a ellos mismos. Así que fingen. ¿Cómo es posible que no comprendan una cosa tan simple? Fingen que han comprendido, y luego vienen las complicaciones. En primer lugar el problema no existe, ¡y ellos dicen que han comprendido la respuesta! El problema no existe, pero ahora tienen más conocimientos acerca del problema: ¡dicen que han comprendido! Cada vez están más y más perplejos, en su interior todo es un lío. Cuando dicha gente viene a mí, yo puedo verlos por dentro: son un lío, una mezcolanza. No han comprendido nada. Ni siquiera han comprendido cuáles son sus problemas, y tienen la respuesta. Y no solo eso, además empiezan a ayudar a otros a resolver sus problemas.

Este hombre debe haber sido sincero. Dijo: No lo comprendo. Este es un paso en la dirección correcta hacia la comprensión. Si no comprendes, puedes comprender; la posibilidad está abierta. Eres humilde, reconoces la dificultad, reconoces que eres un ignorante. El primer paso hacia el conocimiento, hacia la comprensión, es reconocer que no comprendes. Por lo menos eso si lo comprendió. Y eso es un gran paso.


Bokuju contestó:

Si no comprendes,

viste tu ropa y come tu comida.
Bokuju no parece muy compasivo, pero lo es. Él está diciendo: Tú no puedes comprender, porque la mente nunca comprende. La mente es la no-comprensión por antonomasia; la mente es la propia raíz de la ignorancia. ¿Por qué no puede comprender la mente? Porque la mente es solo una pequeña parte de tu ser, y la parte no puede comprender, solo el todo puede comprender. Recuerda esto siempre: solo tu ser entero puede comprender algo, ninguna parte puede. Ni tu cabeza ni tu corazón, ni tus manos, ni tus piernas, pueden comprender: solo tu ser entero. La comprensión es del total, la confusión es de la parte. La parte siempre malinterpreta, porque la parte interna aparenta ser el todo; ese es el problema. La mente intenta decir que es la comprensión completa, pero solo es una parte.

Cuando te quedas dormido, ¿dónde está tu mente? El cuerpo continúa sin ella. El cuerpo digiere la comida; no necesita la mente. Te podrían quitar todo el cerebro y tu cuerpo continuaría. El cuerpo seguirá digiriendo la comida, creciendo, expulsando fuera las cosas muertas. Ahora los científicos se están acercando a la conclusión de que la mente es un lujo. El cuerpo tiene su propia sabiduría, no se preocupa por la mente. ¿Te has fijado alguna vez en que la mente está jugando a ser el gran conocedor, sin tener la más ligera sospecha de que todo lo que es importante en el cuerpo funciona sin ella? Tú comes. El cuerpo no pregunta a la mente cómo digerir la comida; y se trata de un proceso muy complicado. No es fácil transformar la comida en sangre, pero el cuerpo la transforma y sigue funcionando. Es un proceso muy complicado porque hay miles de elementos implicados. El cuerpo libera, en las proporciones correctas, los líquidos necesarios para digerir la comida. Luego absorbe todo lo que el cuerpo necesita y deja lo que no necesita, lo excreta. Cada segundo, miles de células están muriendo en el cuerpo; el cuerpo se deshace de ellas a través de la corriente sanguínea. Se necesitan hormonas, vitaminas, y millones de cosas, y el cuerpo las encuentra en la atmósfera. Cuando el cuerpo necesita más oxígeno, inspira más profundamente. Cuando el cuerpo no lo necesita, relaja la respiración. Todo sigue; la mente es tan solo una parte de todo este mecanismo, y no demasiado esencial. Los animales existen sin la mente, los árboles existen, y existen maravillosamente. Pero a la mente le gusta mucho aparentar. Simplemente aparenta ser la base, los cimientos, la cima, el clímax. Está aparentando. No tienes más que observar tu mente para verlo. ¿Y tú quieres comprender como esta pretenciosa? Ella es la única nota falsa dentro de ti.

¿Qué está diciendo Bokuju? Está diciendo: Si no lo comprendes, viste tu ropa y come tu comida. No te preocupes por la comprensión. Tú simplemente sé como nosotros: come y viste, y no trates de comprender. El mismo esfuerzo, la misma intención de comprender crea confusión. No hay necesidad. Simplemente vive y sé. Eso es lo que Bokuju dice: Come y vístete, simplemente sé. Olvídate de la comprensión, ¿qué necesidad hay? Si los árboles pueden existir sin comprensión, ¿para qué la necesitas tú? Si toda la existencia existe sin comprensión, ¿por qué preocuparse? ¿Por qué meter esta mente pequeña, diminuta, y crear problemas? ¡Relájate y sé!

Bokuju está diciendo que la comprensión viene del total. Tú simplemente come, no intentes comprender. Tú simplemente muévete, camina, ama, duerme, come, báñate. Sé total. Deja que las cosas ocurran. Simplemente sé. Y no intentes comprender, porque el propio esfuerzo al intentarlo, el propio esfuerzo por entender, está creando el problema. Te está dividiendo. No crees el problema; simplemente sé.

Me gustaría que alguna vez intentaras el siguiente experimento: cuando tengas ocasión, ve a las montañas, estate allí durante tres semanas y simplemente sé. Y no intentes comprender nada; simplemente sé natural. Cuando tengas sueño, duerme. Cuando tengas hambre, come. Si no te apetece comer, no comas. Sin ninguna presión. Simplemente deja que se haga cargo el cuerpo, el total. La mente es una creadora de problemas. Algunas veces dice: ¡Come más, la comida es deliciosa! Y cuando el cuerpo dice: Ya es suficiente, espera, no fuerces nada más, tú no escuchas al total. El total es sabio. En ese total, tu mente, tu cuerpo, todo, está implicado.

No estoy diciendo que haya que amputar la mente; eso también sería innatural, ella también es una parte. La mente tiene que tener su propio espacio, su justa proporción, pero no se le debe permitir que sea el dictador. Si se convierte en el dictador, crea problemas. Y luego busca soluciones, y las soluciones crean más problemas, y sigues y sigues hasta que acabas en un manicomio.

El destino de la mente es el manicomio. Los que van rápidos, por supuesto, llegan antes; los que van despacio, llegan un poco más tarde; pero todo el mundo está en la fila. El destino de la mente es el manicomio, porque que una parte intente aparentar ser el todo ya es una insensatez, una locura.

Y todas las religiones han ayudado a crear divisiones en ti. Todas las religiones han ayudado a la mente a hacerse más y más dictatorial. Ellas dicen: Mata al cuerpo. Y tú, aunque no lo comprendes, empiezas a matar al cuerpo. Mente, cuerpo y alma, las tres cosas existen juntas, en unión. Forman una unión. No dividas; las divisiones son falsas, las divisiones son políticas. Si vides, la mente se convierte en el dictador, porque la mente es la parte más elocuente del cuerpo. Es lo único que sabe hacer.

En la vida ocurre lo mismo: el hombre más elocuente, se convertirá en líder de hombres. Si sabe hablar bien, si es un buen orador, si sabe manipular el lenguaje, se convertirá en el líder. Eso no quiere decir que esté capacitado para ser un buen líder, pero como es un buen orador, es capaz de impresionar a las mentes de la gente, es muy persuasivo, un buen vendedor, elocuente. Por eso los oradores lideran el mundo. Por supuesto, lo lideran hacia un precipicio cada vez más grande porque en realidad no son líderes de hombres. Su única cualidad es saber hablar bien. Así que vuestros parlamentos no son más que casas de palabrería. La gente habla y habla, y el que sabe manipular mejor el lenguaje se convierte en el líder. Por eso entre vuestros parlamentos y vuestros manicomios no hay mucha diferencia: son iguales.

La cualidad de ser total es completamente diferente. No se trata de ser elocuente, sino de dar a cada parte su proporción. Se trata de una armonía. Se trata de dar a tu vida un ritmo armonioso con todas las cosas que existen en ella. Entonces la mente también es hermosa. Entonces no te lidera hacia el manicomio. Entonces la mente se convierte en la gran mente, se convierte en la iluminación. Pero tu todo existe como un todo; no te dividas a ti mismo; tu sabiduría es indivisible. Eso es lo que Bokuju está diciendo, y eso exactamente es el Zen. Por eso yo digo que el Zen es un fenómeno raro. Ninguna otra religión ha alcanzado un florecimiento tan grande. Porque el Zen ha llegado a entender que la comprensión es del total: tú come, duerme, sé natural y sé total, y no intentes dividirte a ti mismo, mente y cuerpo, alma y materia. No dividas. La división trae consigo el conflicto y la violencia, la división trae consigo millones de problemas, y no hay soluciones. Mejor dicho, solo hay una solución y es volver a ser un todo, dejarlo todo en manos de la totalidad natural.

La mente estará ahí pero su función será completamente diferente. Yo también uso la mente. Estoy hablando, así que estoy utilizando la mente. La mente es necesaria para comunicarse; de hecho, es un mecanismo de comunicación. La mente es necesaria para la memoria. Es una computadora. Pero para ser se necesita el todo. En el cuerpo –y cuando digo “cuerpo” me refiero a tu todo: cuerpo, mente, alma- todo tiene su propia función. Si quiero agarrar algo, utilizaré la mano. Si me quiero mover, utilizaré las piernas. Si me quiero comunicar, utilizaré la mente. Eso es todo. Aparte de eso, yo sigo siendo un todo. Y cuando utilizo mis manos, mi todo respalda mis manos. Ellas no están en contra del todo, sino en cooperación del todo. Cuando utilizo mis piernas y camino, ellas son utilizadas por el todo, en cooperación. De hecho, están funcionando, caminando para el todo, no para ellas mismas. Si yo hablo, me comunico, utilizo mi mente para el todo. Si hay algo en todo mi ser que me gustaría comunicar, utilizo mi mente, utilizo mis manos y mis gestos, utilizo mis ojos; pero son utilizados por el todo. Lo que prevalece es el todo. El maestro siempre es el todo. Cuando una parte se convierte en el maestro, entonces tú te desmoronas, entonces tu unión desaparece.

Dice Bokuju: Si no comprendes, no importa, no hace falta. No te preocupes por ello. Tú simplemente ve y ponte tu ropa y come tu comida. Yo no sé lo que aquel hombre haría, pero yo también te digo a ti: si comprendes –perfecto. Y si no comprendes, ve, ponte tu ropa y come tu comida. Porque la comprensión solo vendrá de la mano de tu ser total. Vive la vida en tu totalidad, no tengas miedo de la vida total. No seas cobarde, no intentes huir a las montañas o a los monasterios.

Yo te he dado sannyas para que vivas en el mundo lo más plenamente posible. Simplemente viviendo plenamente en el mundo lo trascenderás. De repente de darás cuenta de que estás en el mundo, pero que no perteneces a él. Yo te traigo un concepto de sannyas totalmente nuevo. El antiguo sannyas dice: ¡Huye, renuncia! Pero yo te digo que los que huyen no son totales, no son un todo. Yo te digo que los que huyen son tullidos. No lo digo por ti. Tú vives la vida en su totalidad; tú la vives, lo más totalmente posible. Y cuanto más total seas, más santo te volverás, sin miedo, sin esperanza, sin deseo. Uno simplemente se desliza de un momento a otro, completamente fresco y nuevo.

Esto es lo que sannyas ha de significar para ti. Sannyas es vivir la vida en su totalidad, momento a momento; permitiendo que ocurra sin ninguna condición por tu parte. Y luego, si permites hasta ahí, la vida te concede cierta trascendencia. Permaneciendo en el valle, te conviertes en la cima, y solo entonces es hermoso. Si vas a la cima, pierdes el valle; y el valle tiene sus propios encantos. Y quisiera que tú te convirtieras en un hombre de valle y cima, ambos juntos. Permaneciendo en el valle, sé la cima, y entonces serás capaz de comprender qué es el Zen.


Suficiente por hoy.


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