Lxvi. La importancia científica de los «tres ensayos so-bre la sexualidad» de freud'



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Obras Completas de Sandor Ferenczi

LXVI. LA IMPORTANCIA CIENTÍFICA DE LOS «TRES ENSAYOS SOBRE LA SEXUALIDAD» DE FREUD'


Los «Tres ensayos» nos muestran por primera vez a Freud como psicoanalista, realizando un trabajo de síntesis. En efecto, el autor intenta aquí por vez primera reunir, clasificar, coordinar la incalculable suma de experiencias proporcionadas por el análisis de tantas psiques, de forma que quede clara la explicación de una parcela importante dentro de la teoría psíquica: la psicología de la vida sexual El que haya elegido precisamente la sexualidad como objeto de su primera síntesis se debe a la naturaleza del material de observación de que disponía. Ha analizado enfermos que sufrían psiconeurosis y psicosis, y en el origen de estas dolencias ha hallado siempre alguna perturbación de la vida sexual. Sin embargo, las investigaciones posteriores fundadas en el psicoanálisis le han convencido de que, incluso en los mecanismos psíquicos del hombre normal y sano, la sexualidad desempeña un papel más importante y más variado del que hasta ahora se pensaba, porque sólo se tenían en cuenta las expresiones manifiestas del erotismo y se ignoraba el inconsciente. La sexualidad -a pesar de una abundante literatura- seguía siendo un capítulo de las ciencias humanas muy olvidado no obstante su importancia, y por esta razón merecía que se hiciera un estudio profundo sobre ella desde un nuevo punto de vista.

Aunque en sus últimas conclusiones Freud subraya el éxito incompleto de su empresa, no lo hace tanto por modestia como por esa exigencia que impulsa al hombre de ciencia a seguir siempre avanzando. Pero el discípulo, que por así decir accede sin lucha y sin esfuerzo a los descubrimientos y perspectivas nuevas contenidas en estos «Ensayos», se fija menos en las imperfecciones que en las cualidades de la obra y aconseja a su autor seguir una máxima francesa: «Si me juzgo me desagrado, pero si me comparo estoy orgulloso». Quien compare la riqueza del material de los «Tres ensayos», la sorprendente novedad de las opiniones expuestas, con la manera en que se trata la sexualidad en otras obras, no quedará insatisfecho tras la lectura de este libro, sino que será poseído por un respeto admirativo. Agradecerá conocer la teoría de la libido cuyos problemas nadie habla estudiado antes de Freud. y que se halla prácticamente fundada y elaborada por la actividad de un solo hombre, aunque no esté aún definitivamente acabada.

Este resultado, al igual que los éxitos de Freud en sus investigaciones psiquiátricas, debe atribuirse no sólo a la perspicacia de su autor, sino también a una aplicación rigurosa de un método de investigación y a la adhesión a determinados puntos de vista científicos. El método de investigación psicoanalítica, la asociación libre en el estricto sentido de la palabra, ha desvelado una capa muy profunda del psiquismo, totalmente desconocida e inconsciente hasta ahora. Este nuevo material ha podido ser explotado científicamente con provecho gracias al rigor y a la constancia sin posible parangón con que han sido utilizados por el psicoanálisis el principio del determinismo psíquico y el concepto de evolución.

Los progresos que debemos a este método sorprenden por su amplitud. La psiquiatría anterior a Freud era una simple colección de curiosidades, de cuadros patológicos extraños y aberrantes, y la ciencia de la sexualidad consistía en un agrupamiento descriptivo de anomalías repugnantes. Sin embargo, el psicoanálisis, siempre fiel al determinismo y a la idea de evolución, no ha retrocedido ante la labor de analizar e interpretar incluso los contenidos psíquicos que ofenden a la lógica, a la ética y a la estética, y que son menospreciados por ello. Su autodisciplina quedó ampliamente recompensada: en las aberraciones de los enfermos mentales ha descubierto las fuerzas originarias onto y filogenéticas del psiquismo humano, el humus donde se nutren todas las tendencias culturales y las sublimaciones, y ha logrado demostrar -fundamentalmente en estos «Tres ensayos»- que la vida sexual normal sólo puede comprenderse a partir de las perversiones sexuales.

Confío en que llegue el día en el que no se me acuse de exagerado por pretender que estos «ensayos» de Freud tienen también gran importancia en la historia de la ciencia. «Mi objetivo consistía en investigar hasta qué punto los métodos de investigación psicoanalítica podían proporcionarnos indicaciones sobre la biología de la vida sexual del hombre», dice el autor en su prólogo a los «Ensayos». Si la consideramos de cerca, esta tentativa aparentemente modesta significa una inversión completa de las costumbres establecidas: hasta el presente nunca se había pensado en la posibilidad de que un método psicológico, un método fundado en la «introspección», pudiera ayudar a explicar un problema biológico.

Para apreciar este esfuerzo en todo su valor hay que remontarse muy lejos. Debe recordarse que la ciencia en sus comienzos era antropocentrista y animista: el hombre tomaba sus propias funciones psíquicas como medida de todos los fenómenos del universo. Cuando esta concepción del mundo, a la que corresponde en astronomía el sistema teocéntrico de Ptolomeo, fue reemplazada por una concepción «científica» -que puede llamarse copernicana- que privó al hombre de esta importancia determinante para asignarle el modesto lugar que le corresponde como un mecanismo más entre la infinidad de los que constituyen el universo, se consiguió un enorme progreso. Esta concepción implicaba tácitamente la hipótesis según la cual las funciones humanas, no sólo físicas. sino también psíquicas, son producidas por determinados mecanismos. Digo tácitamente porque hasta ahora la ciencia se ha contentado con esta hipótesis general sin prestar la menor atención a la naturaleza de los mecanismos psíquicos, e incluso ha negado su ignorancia disimulando esta laguna de nuestro saber con pseudo explicaciones verbalistas, de orden fisiológico y físico.

El primer rayo de luz proyectado sobre los mecanismos de la vida psíquica lo ha lanzado el psicoanálisis. Gracias a este saber, la psicología puede dominar capas de la vida psíquica que escapan a la experiencia directa: ha osado investigar las leyes de la actividad psíquica inconsciente. El paso siguiente se ha dado precisamente en estos «Tres ensayos»: un fragmento de la vida impulsiva se ha puesto a nuestro alcance mediante la hipótesis de determinados mecanismos que operan en el psiquismo. Nadie sabe si veremos también el último paso: la utilización de nuestros conocimientos de los mecanismos psíquicos en el ámbito orgánico e inorgánico.

Tratando de abordar mediante la experiencia psicoanalítica los problemas de la biología y en particular de la actividad sexual, Freud vuelve a utilizar en cierto modo los métodos de la antigua ciencia animista. Sin embargo, el psicoanalista no corre el riesgo de caer en los errores de este animismo ingenuo. Pues este último ha trasladado en bloque y sin análisis el psiquismo humano a las cosas de la naturaleza, mientras que el psicoanálisis ha analizado la actividad psíquica humana, la ha cotejado hasta donde permiten las fronteras de lo psíquico y lo físico, a saber, hasta los impulsos, y ha liberado de este modo a la psicología del antropocentrismo; en consecuencia, sólo se ha atrevido a utilizar este animismo depurado en el campo de la biología. Al haber intentado esto por primera vez en sus «Tres ensayos», Freud ha analizado algo que debe ocupar un destacado lugar en la historia de la ciencia.



Y debo repetir que estas perspectivas nos han sido abiertas no por una vana especulación, sino por la observación y la investigación minuciosas de anormalidades psíquicas y aberraciones sexuales hasta ahora absolutamente desatendidas. El propio autor se limita a indicar tales perspectivas mediante unas breves notas, algunas indicaciones hechas de paso, porque se empeña siempre en aducir hechos, casos particulares, para no perder el contacto con la realidad y construir una teoría sobre bases amplias y seguras.

Sin embargo, el discípulo, cuya vocación se fortalece con estos descubrimientos, no ha podido impedir el abandonarse por una vez al placer de contemplar estas amplias perspectivas y de atraer sobre ellas la atención de quienes, de otra forma, correrían el riesgo de pasar junto a los «Tres ensayos», de Freud, sin percatarse de que representan un hito para la ciencia.


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