Lutero y la reforma protestante



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LUTERO Y LA REFORMA PROTESTANTE.

(Breve historia del protestantismo y de la teología protestante, desde Lutero hasta nuestros días)


20 edición revisada y completada

por Joaquín FERRER ARELLANO.


INTRODUCCION 3

A. MARTIN LUTERO. VIDA Y DOCTRINA. 4


1- De 1483 a 1521. La experiencia de la torre: La justificaci{on por la sola fe, fundamento de la teologa de la consolaci{on luterana 4

2- De 1521 a 1531. Abolición de la <>. Teología sacramentaria, organización eclesiástica de la Reforma y poder político. <> 7

3- De 1531 a su muerte. Lucha implacable contra el Papado. Convocatoria del Concilio de Trento. Rotunda negativa de Lutero a participar en el mismo 12

4-. Consideraciones valorativas 15


a. Personalidad de Lutero y su contexto político y religioso 15

b. La Ateología de la cruz@ luterana 16

B. LA REFORMA PROTESTANTE FUERA DE ALEMANIA 18
1 - Zwinglio. Vida y doctrina. Controversia de Lutero contra los <> suizos 19

2 - Calvino. Vida y doctrina. Irradiación de la <> de Ginebra en toda Europa 19

3 - Guerras de religión en Francia 20

4 - Evolución posterior de la reforma protestante. El protestantismo liberal y la teología dialéctica 21

5 - El Anglicanismo 23
a - Origen histórico y doctrina hasta la profesión de la fe de 1553. 23

b - Evolución posterior del anglicanismo. La Emigración puritana a América, germen del los Estados unidos 25

c - Del movimiento de Oxford al actual movimiento ecuménico 27

C. PERSPECTIVAS ECUMENICAS 28


1. El concilio Vaticano II y la carta encíclica Aut unum sint@ 29

2. La declaración oficial conjunta de católicos y luteranos sobre la doctrina de la justificación de 31-XI-1999. 30

3. Declaración Dominuis Iesus de 16-VI-2000 32

4. Dimensión mariana del ecumenismo. AMaría, centro maternal de la unidad@ (Pablo VI) 34

INTRODUCCION

Hace cuatro siglos y medio (escribe en 1966), fecha de la primera edición de este folleto, que se reedita ahora revisado y actualizado, moría en Eisleben el principal protagonista de la crisis que conmocionó a Europa en el siglo XVI, Martin Lutero. Fué en una fría madrugada del 18 de febrero de 1546

Poco antes de morir había rezado esta oración: "(Oh Padre mío celestial, Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Dios de toda consolación! Yo te agradezco el haberme revelado a tu amado Hijo Jesucristo, en quién creo, a quién he predicado y confesado, a quién he amado y alabado, a quién deshonran y persiguen y blasfeman el miserable papa y todos los impíos. Te ruego, señor mío Jesucristo, que mi alma te sea encomendada. (Oh Padre celestial, tengo que dejar ya este cuerpo y partir de esta vida, pero sé cierto que contigo permaneceré eternamente y nadie me arrebatará de tus manos".

Murió decepcionado por el curso penoso de los acontecimientos que él mismo desencadenó, pero convencido de estar investido de la misión divina de "descubrir el verdadero sentido del cristianismo oscurecido por los sofistas (así llamaba a los teólogos) y por el Papa".

Es incuestionable el supremo protagonismo de Lutero en la reforma protestante que dividió profundamente la Cristiandad desde el siglo XVI. Fué él quién sembró además los gérmenes de rebeldía que habían de llevar a la humanidad a tantas guerras y revoluciones. Aquí trataremos sobre todo de él como principal iniciador de un movimiento reformista que continúa por obra de otros reformadores en diversos ámbitos geográficos y épocas históricas provocando un doloroso desgarramineto de la Cristiandad. A ellos nos referiremos sinteticamente en la segunda parte.

Concluiremos con algunas esperanzadoras referencias al actual movimiento ecuménico, que en el cuatrocientos cincuenta aniversario ha sido impulsado una vez más por Juan Pablo II en su viaje a Alemania, el pais de Lutero, con estas palabras pronunciadas en la catedral de Paderborn (22-6-96): "Hoy la mirada al pasado nos permite comprender mejor la personalidad del reformador aleman y ser más justos. Todos nos sentimos culpables del cisma, y a todos nos corresponde, por ello, hacer penitencia en esta preparación del gran jubileo del año 2000". En esta segunda edición, damos gracias a Dios porque la aspiración de Juan Pablo II de que los cristianos puedan terminar el milenio al menos más unidos de como lo han recorrido hasta ahora, parece que se está cumpliendo. Recemos para que as{i sea

El pasado 31 de octubre de 1999, fiesta anual del Adía de la reforma@, católicos y luteranos pusieron las bases para lograr un punto final, después de años de trabajo, a un enfrentamiento doctrinal que se había iniciado 482 años antes -cuando Lutero clavó sus famosas 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittemberg-, en un tema fundamental que está en la raíz de aquel enfrentamiento del fraile agustino con la autoridad de la Iglesia.


Aunque sería ingenuo pensar que está todo resuelto, no se puede negar la trascendencia de la firma de la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, que comentamos en la última parte. Este acuerdo se firmó en Augsburgo (ciudad alemana donde en 1530 se presentó la AConfesión de fe@, principal documento luterano) por el cardenal Edward Cassidy y el Dr. Christian Krause, presidente de la Federación Luterana Mundial.

A. MARTIN LUTERO. VIDA Y DOCTRINA.1


1- De 1483 a 1521. La experiencia de la torre: La justificaci{on por la sola fe, fundamento de la teolog a de la consolaci{on luterana
Nació Lutero en Eisleben en 1483, de un minero, cristiano recto y de severas costumbres. De 1501 a 1505 hizo los estudios superiores en la Universidad de Erfurt. Ya en estos primeros años de su vida aparece su propensión a las angustias interiores y a cierto espíritu supersticioso, todo ello fomentado por una educación estrecha y rígida. Muy significativa para el desarrollo de su espíritu y para la dirección que fue tomando ya desde entonces fue su formación filosófica. Predominaba en ella la llamada vía moderna, es decir, el ockamismo, en el que se pondera la fuerza de la voluntad humana y se disminuye el influjo de la gracia. En 1505 recibió el grado de maestro, cosa que, en vez de alegría, le trajo más bien temor, preocupación y tristeza, como él mismo atestigua.

En esta circunstacias, tal como se deduce de las diversas narraciones que se conservan, aterrorizado en cierta ocasión por un rayo que en medio de un temporal cayó cerca de él y atormentado por el pensamiento del estrecho juicio de Dios y del peligro de no salvarse si permanecía en el mundo, hizo voto de entrar en la vida religiosa, y el mismo año 1505, no obstante la oposición persistente de su padre y a pesar de que diversas personas se lo desaconsejaron, entró en Erfurt en el convento de los agustinos eremitas observantes.

Durante los primeros años de su vida religiosa se sintió feliz, si bien consta que, sintiendo, como San Pablo, el aguijón de la carne, no lo abandonaba la angustia ante el pensamiento del juicio de Dios y de la predestinación. Por esto, ya desde el principio, se dio a hacer algunas penitencias especiales, si bien tampoco se puede dar fe a su testimonio tardío sobre el gran rigor de estas penitencias.

Hecha la profesión, inició enseguida sus estudios de teología, en la cual utilizó particularmente los escritos de Gabriel Biel, el más insigne representante del ockamismo del siglo XV, y en 1507 pudo ser ordenado sacerdote.



En 1508 fué nombrado profesor de filosofía de la nueva Universidad de Wittemberg, si bien sabemos que se dedicaba con perferencia a la Sagrada Escritura bajo la dirección del agustino Staupitz, quien le preparaba como sucesor suyo en aquella cátedra. Por esto, en marzo de 1509 le hizo tomar el grado de bachiller en Sagrada Escritura. Poco después fué trasladado a Erfurt al escolasticado de la Orden. Este trabajo de enseñanza y de estudio tuvo una interrupción, de particular importancia en la vida de Lutero. En noviembre de 1510 partió para Roma, junto con otro compañero, por asuntos particulares de la Orden, y allí permanecieron hasta fines de enero de 1511. Visitó devotamente los lugares más venerados. Hiciéronle mala impresión multitud de defectos de la curia romana, que bajo el pontificado de Julio II (1503-13) dejaba mucho que desear, así como también ciertas costumbres del bajo clero y del pueblo; sin embargo, nada de esto disminuyó entonces su adhesión a la fe católica romana. Ciertas poderaciones que él mismo hizo en sus Conversaciones de sobremesa son fruto de sus prejuicios posteriores.

En octubre de 1513 inició Lutero sus clases de Sagrada Escritura en la Universidad de Wittemberg, y durante los cuatro años siguientes recorrió los Salmos y las epístolas a los Romanos, a los Gálatas y a los Hebreos. Pasados estos cuatro años, se había efectuado en él la más profunda tranformación. Ahora bien, )cómo se efectuó este cambio en su ideología? Donde aparece esta más claramente, es en el comentario sobre la Epístola a los Romanos, que resume sus lecciones de 1505 y 1518. En estas fechas ya se había realizado el cambio interior en Lutero. En relación con él debe ponerse lo que el llama el "la experiencia de la torre". Fue como una luz especial que recibió de Dios, según él, y que le solucionaba todas sus deficultades y angustias.

Lutero experimentaba, como decíamos, una ansiosa necesidad por asegurar su salvación. La Teología ockhamista en que se había formado, al tiempo que proclamaba el voluntarismo arbitrario de Dios, sostenía que la libre voluntad del hombre bastaba para cumplir la ley divina y alcanzar así la bienaventuranza. Fray Martín sentía que esta doctrina chocaba violentamente con sus propias vivencias: él se consideraba incapaz de superar la concupiscencia con sus solas fuerzas y de alcanzar con sus obras la anhelada seguridad de salvación.

Asediado por insoportables terrores interiores, estaba aterrorizado por sus pecados y por el juicio divino. Y para salir de ese terror quiere estar cierto de su propia salvación. La majestad del Dios desconocido es, desde su juventud, para Lutero la de un juez airado. Por obra de las doctrinas ockamistas, este juez se convertirá más tarde en Dios del capricho. Pues esto es lo definitivo en el concepto de Dios del ockamismo: que Dios tiene que ser libre, libre hasta el capricho, de cualquier determinación o norma que nosotros podamos pensar o decir (J. Lortz, Historia de la Reforma, Madrid 1964).

"Si Dios es omnipotente, lo puede hacer todo, porque de lo contrario no sería infinitamente libre@. Lo que falla en ese argumento no es el concepto de omnipotencia de Dios, sino el concepto de libertad clausurada en sí misma, aislada de los demás atributos del Ser que la posee, como son su Sabiduría y su Bondad. Si Dios es Amor (1 Jn 3,8), no puede ser un ser arbitrario. Su Libertad es una libertad que procede del Amor. Es, por lo tanto, una libertad que no puede elegir la injusticia, ni el mal, ya que hunde sus raices en el Bien.

Es muy posible que la raiz última de su tremendo drama interior estribe en haber desconocido -o en no haber valorado en todas sus consecuencias- el hecho de que Dios se ha manifestado a los hombres como un padre, es decir, el hecho de que estamos llamados a ser hijos de Dios en Cristo.

La meditación del versículo 17 del capítulo primero de la Epístola a los Romanos -"el justo vive de la fe"- ("la experiencia de la torre") hizo salir a Lutero de su profunda crisis de angustia. Creyó entender que Dios misericordioso justificaba al hombre a través de la fe -la fe fiducial- y a la luz de este principio le pareció que toda la Escritura cobraba un nuevo sentido.


<Iustus ex fide vivet". Desde entonces, cuanto más había odiado esta palabra de "justicia de Dios", tanto más yo la amaba y la encontraba dulce. Y así esta pasaje de Pablo fue para mí la puerta del paraíso>>.

En los Artículos de Smalkalda, que Lutero compuso más tarde (1537) con el fin de dar a los suyos una serie de principios en caso de que tuvieran que discutir con los católicos en concilio, leemos: "En este artículo (la justificación) no se puede ceder un ápice ni hacer concesión alguna, aunque perezcan el cielo, la tierra y todo lo que puede perecer... Sobre este artículo está fundado todo lo que enseñamos y vivimos contra el papa, el demonio y el mundo. Es el <>; no es un tema teológico entre otros, sino que constituye el centro de toda la predicación cristiana.

La justificación consiste en la no imputación de los propios pecados, que son cubiertos con la justicia de Cristo. El pecado como realidad permanece, aunque no su fuerza acusatoria. La justificación se alcanza con la fe, concebida no como obra humana positiva de colaboración con Dios -que no es posible, dada la corrupción de la naturaleza, que alcanza a su razón ("prostituta diaboli") y a su voluntad ("de servo arbitrio")-, sino como condición por la que nos aplican los méritos de Cristo: es el acto por el que el hombre confía en que sus pecados no le son imputados por los méritos de Cristo. Pero la fe, aunque más que una obra humana es obra de Dios en nosotros, no es ajena a la renovación de la vida y a la santificación. Esta no coincide con la justificación ni es una implicación de la misma, sino mera consecuencia: "el hombre es justificado por la fe y sólo por la fe, y como fruto de esa fe nacerán la buenas obras en el hombre".

Vemos en esto la misma biografía de Lutero: a Lutero le interesa ante todo la tranquilidad de conciencia y la certeza de su salvación, que no tendría si para la justificación se pusiera como condición la superación del pecado, la santidad. La justificación viene por la fe, con lo cual Lutero conquista ya la tranquilidad de conciencia, y a continuación vendrán las obras como consecuencia, pero no como condición indispensable para la justificación. (Tal es el verdadero sentido del "crede fortiter et pecca fortiter", de su famosa carta a su discípulo predilecto. No una invitación al desenfreno. Al menos en la intención de Lutero).

Sobre esta base -verdadero axioma de su <>- Lutero construyó un sistema doctrinal en abierta contradicción con la tradición de la Iglesia.

Lutero no formuló esta doctrina de una sola vez, sino gradualmente, en un audaz crescendo, que le alejaba cada vez más de la ortodoxia católica. El punto de arranque del movimiento reformista, se sitúa en el año 1517. La predicación por los dominicos de las indulgencias para obtener limosnas destinadas a las obras de la Basílica de San Pedro suscitó la repulsa de Martín Lutero, el cual realizó dos acciones resonantes: la publicación de 97 tesis contra la Teología escolástica (4-IX-1517) y el envío al arzobispo de Maguncia, la víspera de Todos los Santos, de 95 tesis sobre las indulgencias.

El 9 de noviembre de 1518, publicó el papa una decretal en la que rechazaba las tesis luteranas. El cardenal Cayetano, teólogo de renombre, el nuncio Miltilz y otros sacerdotes y prelados se esforzaron por hacerle firmar una retractación, pero todo fue en vano. Lutero hablaba, predicaba, escribía más fuerte que nunca. Desbordando el campo estricto de las indulgencias comenzó a atacar el dogma...


Los años siguientes presentaron un sorprendente crecimiento de la fama de Lutero, que, llamado a Roma, rehusó presentarse allí y acudió en cambio a las dietas imperiales de Augsburgo (1518) y Leipzig (1519), adoptando posturas religiosas cada vez más críticas. Roma no emprendió una decidida acción contra Lutero, por razones, sobre todo, de oportunidad política: el Imperio estaba vacante y el candidato preferido por el papa Leon X era el elector Federico el Sabio de Sajonia, señor territorial y gran protector de Fray Martín. Elegido emperador Carlos V (1519), Lutero publicó en 1520 tres famosos escritos, que implicaban la abierta ruptura con la Iglesia: <<A la nobleza cristiana de la nación alemana>>, <<De la cautividad babilónica de la Iglesia>> y <<De la libertad del Cristiano>>.

Gentes de todas la condiciones sociales -que apenas entenderían las sutilezas teológicas originarias- vieron en Lutero al hombre que podía hacer la esperada reforma y que les traería con la reforma, viejas aspiraciones de orden político y social. Martín Lutero, así, se convirtió en una especie de héroe popular.

La reacción de la Santa Sede no se hizo esperar. En la bula Exurge Domine (de 1520) se condenaron cuarenta y una de los proposiciones de Lutero por heréticas, escandalosas, erróneas, ofensivas para los oídos piadosos, seductoras para los espíritus sencillos y contrarias a la doctrina católica. Se concedió al agustino un plazo de sesenta días para que se retractara bajo pena de excomunión, y se mandó que se quemaran sus escritos, para lo que se encendió un hoguera en una de las puertas de Wittemberg.

Allí acudió Lutero vestido con solemnidad y llevando la bula que le condenaba; le seguían sus discípulos enarbolando las decretales de los papas y los escritos de sus adversarios; y todos aquellos documentos fueron arrojados al fuego mientras gritaba el rebelde: "Puesto que te opones al santo del Señor, irás al fuego eterno". Acababa de nacer el luteranismo y, a su sombra, la Reforma.

2- De 1521 a 1531. Abolición de la <>. Teología sacramentaria, organización eclesiástica de la Reforma y poder político. <>
Con la condenación de Lutero, por una parte, se ratificaba la división religiosa de Alemania, y, por otra, daba el Romano Pontífice su fallo definitivo en el asunto de los innovadoes. Esto fue de gran trascendencia, pues unos y otros sabían ya en adelante a qué debían atenerse. Carlos V, apenas publicaba la bula pontificia contra Lutero, hizo quemar públicamente sus escritos en Lieja, Colonia y Maguncia, y emprendió inmediatamente una activa campaña contra la nueva ideología.

La dieta anual del imperio, que se celebraba aquel año 1521 en Worms, fue una excelente ocasión para plantear oficialmente la cuestión de las innovaciones luteranas. Federico el Sabio de Sajonia suplicó que se escuchara a Lutero en la dieta. El legado del papa era de la opinión contraria, pues su causa estaba ya juzgada por el papa. Así lo hizo ver en un célebre discurso de tres horas. Sin embargo, la mayoría decidió que se le admitiera, con el objeto de exigirle una retración e interrogarle. A la tercera requisitoria de que se hiciera una clara retractación, respondió que no lo haría hasta que se le presentara una refutación con la Sagrada Escritura. El papa y los concilios podían errar. El era esclavo de la palabra de Dios.



Admira la clarividencia del joven emperador de veintiún años, que en aquella sola jornada caló toda la gravedad de una revuelta religiosa, que la curia romana había tardado tanto en advertir. Esa misma noche redactó Carlos de su puño y letra un documento que al día siguiente, 19 de abril, presentó ante la dieta, proclamando la resuelta determinación <> en luchar contra la herejía y por la defensa de la fe católica. Y ese fue el combate que libraron hasta la muerte el autor de la Reforma y el último gran emperador cristiano de Europa.

Despues de la partida de Lutero con un salvoconducto imperial, Carlos V publicó el célebre edicto de Worms, del 25 de mayo de 1521, en el cual se proscribía definitivamente en todo el imperio a Lutero y a sus secuaces y se ordenaba fueran quemados sus escritos en todo el imperio.

Sin embargo, esta proscripción de Lutero tuvo escaso resultado, en lo que influyó decididamente el hecho de que Carlos V, a quien durante los años siguientes apartaron de Alemania las guerras con Francia, no pudo urgir su exacto cumplimiento. Además, el elector de Sajonia, Federico el Sabio, puso a Lutero inmediatamente a salvo. Mientras volvía de Worms, antes todavía de publicarse la proscripción imperial, se simuló un asalto inesperado en el camino y fue conducido a la fortaleza llamada Watburg, que pertenecía a dicho elector.

Allí permaneció Lutero durante diez meses, en que su vida pudo correr mayor peligro. Durante este tiempo redactó, o comenzó a componer, un buen número de obras importantes, además de otros trabajos. Escribió un respuesta a la censura de la Facultad de Teología de París contra sus errores, y en aquella, designa a la célebre universidad como <> y usa otras expresiones más fuertes. Asimismo, compuso el tratado Sobre los votos monásticos, escrito muy significativo, que sirvió de base a innumerables frailes y monjas para abandonar el claustro.

Pero los trabajos que más le ocuparon, e indudablemente los más célebres de éste retiro forzoso de Wartburg, que Lutero llamaba su Patmos, fueron las traducciones de la Biblia. Ante todo, compuso la traducción del Nuevo Testamento, que terminó en 1522. Así mismo, comenzó la del Antiguo Testamento, que continuó después hasta 1534, en que la terminó. Ciertamente estas traducciones adolecen de defectos capitales. Pero no hay duda que fue, desde el punto de vista de Lutero, un extraordinario acierto para su causa. Literariamente, era un excelente trabajo. Menos valor tenía como traducción del original, pues Lutero no conocía el hebreo y sólo medianamente el griego.

Durante los meses trascurridos en aquella soledad fue objeto de persistentes ansiedades y luchas interiores. Ya el 13 de julio de 1521 escribía a Melanchton que <>, y añadía luego: <>. Más aún: insiste en la idea de que el demonio le perseguía y que tuvo que mantener duras batallas con él. Así, refiere que el mismo demonio se le presentó un tarde en forma de perro, pero que felizmente lo pudo él apresar y arrojar por la ventana. Todavía puede verse hoy en el Castillo de Wartburg la mancha de tinta en una pared de su cuarto como consecuencia de haber lanzado el tintero contra la cabeza del diablo. Muchos biógrafos suyos dicen que fue constantemente atormentado por obsesiones diabólicas.

Requerido por Melanchton, justamente alarmado por las agitaciones provocadas por algunos de sus fanáticos seguidores y por los anabaptistas de tendencias anarquistas, regresó a Wittemberg seguro de la protección de Federico de Sajonia. El ardor de sus palabras logró restablecer el orden, procediendo a las reformas doctrinales y prácticas con más prudencia y bajo su enérgica autoridad.


Ya en los comienzos (1521), Lutero llama públicamente a los seglares a reformar la Iglesia, que él juzga traicionada por la incuria de los clérigos, e invita a los cristianos a suprimir el sacerdocio ministerial para revestirse todos de un sacerdocio universal, meramente espiritual: no una "participación" (imposible para un nominalista) en el sacerdocio del "Unus Mediator" -Cristo- esencialmente diverso en los portadores del ministerio sagrado respecto a los simples fieles.

Consecuentemente con su doctrina de la justificación que excluye toda cooperación humana -eclesial- en la Redención consumada en el Sacrificio de la Cruz, arremete violentamente contra la Misa: "Cuando la Misa sea destruída, pienso que habremos destruído el papado" obra "Contra Enricum". "Afirmo que todos los lupanares juntos, los homicidios, los robos, los adulterios, son menos malos que esta abominable Misa... Se hace de la Misa una sacrificio; la Misa no es un sacrificio... llamemoslá bendición, eucaristía o mesa del Señor, o cena memorial del Señor" (Sermón del primer domingo de Adviento, 1524.).




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