Lunes, 12 de marzo Desecha el rencor evangelio: Mateo 18, 21-22



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Lunes, 12 de marzo
Desecha el rencor

EVANGELIO: Mateo 18, 21-22
«Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: “Señor, si mi hermano me ofende ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contesta: “no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

LECTURA
En un antiguo monasterio, el monje más sabio convocó a todos los aprendices a una reunión en la cocina. A medida que fueron llegando los jóvenes, el maestro les fue entregando a cada uno un saco. Cuando todos se colocaron alrededor de la mesa central el monje les dijo:
- Todos guardamos en nuestro corazón diversos rencores contra familiares, amigos, vecinos, conocidos, desconocidos y a veces hasta contra nosotros mismos. Busquen en el fondo de sus corazones todas las ocasiones en las cuales ustedes han dejado de perdonar alguna ofensa, algún agravio o cualquier acción que les haya producido dolor. Entonces tomen una de estas patatas, escriban sobre ella el nombre de la persona involucrada y colóquenla en el saco que les di. Repitan esta acción hasta que ya no encuentren más casos en su memoria.
Acatando las instrucciones, todos fueron llenando poco a poco sus respectivos sacos. Al terminar el monje agregó:
- Ahora deberán cargar el saco que llenaron durante todo el día a lo largo de dos semanas, sin importar dónde vayan o qué tengan que hacer.
Pasados quince días, el sabio volvió a reunir a los aprendices y les preguntó
- ¿Cómo se han sentido? ¿Qué les ha parecido esta experiencia?
- Es una carga realmente pesada, tal vez excesiva – respondió uno –. Estoy cansado y me duele la espalda.
- No es tanto el peso, sino el olor nauseabundo que empiezan a emitir la patatas que ya están podridas – replicó otro.
A lo que el maestro contestó:
- Pues bien, eso mismo es lo que pasa en nuestros corazones y en nuestro espíritu cuando en lugar de perdonar guardamos rencor. Al no perdonar a quién nos hirió, creemos que le estamos haciendo daño, pero en realidad nos perjudicamos a nosotros mismos. No sabemos si al otro le importa o no recibir nuestro perdón, pero lo que si es cierto es que el rencor que vamos acumulando a través del tiempo afecta nuestra autoestima, nuestra capacidad de vivir a plenitud, de amar, de ser felices y de desarrollarnos emocional y espiritualmente. El rencor se convierte en una fuerte y desagradable carga que lamentablemente se va haciendo más pesada cada vez que pensamos en lo ocurrido. El rencor va secando nuestro corazón. Aprendamos a perdonar al otro aún si no se ha disculpado, aún si no se lo merece. No sabemos si ese perdón será de utilidad para el otro, lo importante es que con toda seguridad nos fortalecerá a nosotros mismos.

REFLEXIÓN
Dicen que el rencor hace más daño al que lo siente que a la persona por quien se siente. Y es verdad. Los que no son capaces de perdonar o siempre están recordando el mal que les hicieron alimentan en sí mismos una actitud que solo les lleva a sentir dolor y malestar por la situación, que se perpetúa innecesariamente.
Más allá de que haya situaciones que se solucionarían con un simple diálogo para entenderse, existen situaciones que realmente nos puenden haber dolido y que nos llevan a romper con algunas situaciones o con algunas personas. Pero no podemos estar continuamente recordando el dolor sufrido.
¿Guardas rencor por alguna cosa? ¿Cómo te afecta? ¿Estarías dispuesto a superarlo pidiendo disculpas o de algún otro modo?

VÍDEO: Video sobre el rencor y el perdón: https://www.youtube.com/watch?v=nyASZqUTb24

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