Los manuscritos de geenom


Ejercicio para la recarga de capas del astral y las glándulas



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Ejercicio para la recarga de capas del astral y las glándulas:
COLOCARSE EN UNA POSTURA CÓMODA, JUNTAR LOS DEDOS PULGAR, ÍNDICE Y MEDIO DE LAS DOS MANOS, HACER UNAS CUANTAS RESPIRACIONES PROFUNDAS PARA RELAJARSE FÍSICA Y MENTALMENTE
ENTONAR TRES VECES EL SONIDO VOCAL OM CON LA INTENCIÓN DE ABRIR LOS CANALES Y PONERSE EN DISPOSICIÓN DE RECIBIR LA AYUDA QUE LOS PLANOS SUPERIORES NOS PUEDAN PRESTAR.
RESPIRAR PROFUNDAMENTE Y CONCENTRARSE EN LA SIGUIENTE IDEA: SENTIR Y VISUALIZAR QUE TU CUERPO ES UN RECIPIENTE QUE SE LLENA CON UN LÍQUIDO DEL COLOR DE CADA CAPA, PROPORCIONÁNDOTE LA ENERGÍA QUE NECESITAS.
1ª. CAPA. AMARILLA. GLÁNDULA TIROIDES (CUELLO)

2ª. CAPA. NARANJA. GLÁNDULA TIMO (ESTERNÓN)

3ª. CAPA. AZUL. GLÁNDULAS SUPRARRENALES (RIÑONES)

4ª. CAPA. VERDE. GLÁNDULAS GÓNADAS (PUBIS)

5ª. CAPA. ROSA. GLÁNDULA PITUITARIA (ENTRECEJO)

6ª. CAPA. PERSONAL. GLÁNDULA PINEAL (CENTRO DE LA FRENTE)

7ª. CAPA. COLOR BLANCO. SIN UBICACIÓN GLANDULAR. CONEXIÓN EN EL PLEXO

SOLAR.
UNA VEZ RECARGADO Y ARMONIZADO EL CUERPO ASTRAL PIDE AYUDA Y REFERENCIAS PARA TENER CLARO LO QUE QUIERES HACER Y FUERZA PARA HACERLO.



Ejercicio para dirigir la energía a un punto concreto del cuerpo:
Este ejercicio es individual, es decir, debe hacerse para uno mismo, no se puede trasladar a otro cuerpo.
Poner el dedo índice, medio y pulgar de la mano derecha juntos en el medio de la frente.
Apoyar la palma de la mano izquierda sobre el punto del cuerpo elegido.
Cerrar los ojos y visualizar este punto una corriente de energía correrá a lo largo del brazo izquierdo hasta el punto deseado.
Al cabo de unos minutos ((entre 5 y 10) el astral estará compensado en esa zona con un aporte energético extra, haciendo que desaparezcan las molestias o al menos que se alivien en gran medida.



VII. CONTACTO CON EL ARCHIVO ETERNO. EL ARQUITECTO DEL COSMOS: LA MENTE
Una energía poderosa invade el Cosmos. Gracias a ella,

el impulso creador de esa otra energía, aún más potente,

que llamamos Dios, ha podido concretarse en todo lo que

existe, visible e invisible.

Es conocida como energía mental.

Hasta hoy, los esfuerzos dirigidos a establecer la edad del universo, la causa de su origen y su futuro, sólo se han apoyado en su parte más visible: la material. Las energías que se han ido detectando y usando, como los rayos X, las ondas de radio o televisión, el espectro luminoso, los rayos gamma, etc., se han podido descubrir gracias a la incidencia sobre la materia. El descubrimiento del cuerpo astral, gracias al matrimonio Kirlian, sólo ha servido, de momento, para confirmar por un lado, teorías orientales que afirmaban su existencia y, por otro lado, para especular sobre su posible origen o función, desechando cualquier aplicación biológica y médica, hasta que no se sepa, “a ciencia cierta”, lo que es.


Con respecto a la energía que genera nuestra mente, se ha podido clasificar, gracias al electroencefalograma, en diferentes gradaciones según la situación mental en que se encuentre la persona a estudiar. Así, nos encontramos con un determinado tipo de ondas cuando el individuo está despierto y otras, más espaciadas y lentas a medida que su cerebro va pasando del estado de consciencia o vigilia, al de la inconsciencia del sueño profundo.
La psicología y la psiquiatría, ciencias que estudian la conducta humana, no entran en valoraciones de tipo biológico, salvo en el caso de tratar patologías. La neurobiología, por su parte, trata de desentrañar el misterio de las diferentes funciones del cerebro humano y su relación con el resto de organismo, pero aún siendo una ciencia muy joven ya, sin embargo, adolece de ciertos prejuicios heredados de la medicina tradicional, sobre todo a la hora de considerar las funciones de algunos órganos y glándulas relacionados con el cerebro.
Una investigación en profundidad, libre de prejuicios, sobre la estructura cerebral, incorporando elementos hasta ahora considerados como de ciencia ficción, mágicos, imposibles o utópicos como, por ejemplo, la doble función endocrina y psíquica de las glándulas pineal y pituitaria, así como del tálamo e hipotálamo, nos llevaría a descubrir otro tipo de energías, mucho más sutiles, que son en realidad las verdaderas constructoras del universo, tanto visible como invisible y que, evidentemente, no pueden ser detectadas por instrumentos como los que disponemos actualmente. Estos instrumentos están diseñados para explorar nuestra actual capacidad mental. Se nos supone un 10%, pero ¿qué pasa con el otro 90%?, ¿no se utiliza o es que no somos capaces, con nuestra actual tecnología, de detectar su funcionamiento?.
Seguramente, la respuesta a estos interrogantes tarde tiempo en llegar hasta nosotros. Seguramente también, la clave que no den estas respuestas esté en ese 90% que, dicen los científicos, no utilizamos. Pero, si realmente no lo utilizamos ¿por qué el Cosmos iba a poner en nuestras manos un Fórmula-1, si no podemos andar con él más que por calles donde el límite de velocidad está situado en el 10% de su capacidad?. ¿No será que, cuando no está el “guardia” de la consciencia, sí, ponemos el coche a toda potencia y nos lanzamos por ese circuito tan diferente que llamamos sueños?.
Acael, casi al comienzo de constituido el grupo, nos dijo la siguiente frase:
NO HAY EVOLUCIÓN SIN CONSCIENCIA
Esta frase, repetida en algunos pasajes de este libro, fue uno de los primeros axiomas que empezamos a manejar. La trascendencia de la misma no es fácil de percibir hasta que no se hace evidente a través de las experiencias que la vida va poniendo en nuestro camino. Así pues, la consciencia, “el darse cuenta”, es la clave para la evolución. Sin embargo, la consciencia no está presente durante todas las horas del día y, cuando lo está, generalmente no capta adecuadamente lo que sucede a su alrededor tratándose, por tanto, de una facultad poco desarrollada o poco comprendida.
En los manuscritos que recibimos del abuelo encontramos una excelente referencia al mundo de la mente y a su relación con el cerebro:
El impulso creador de la energía llamada Dios, necesita de otra serie de energías menos sutiles que vayan concretando paulatinamente ese impulso. Así, nos encontramos, al menos, con tres tipos de energías que, de mayor a menor grado de sutiliza, serían: mental, astral o vital y material o materia propiamente dicha.
Es en el plano mental donde el impulso creador se convierte en ideas. Es esta energía la que da forma a todo lo creado, la que interrelaciona a los seres que pueblan el universo de una manera armónica, ecológica.
Cuando algunas vez escuchéis la frase: “el universo es mental”, estaréis escuchando una gran verdad. Algunas filosofías orientales de vuestro mundo, han interpretado esta aseveración en el sentido de que el mundo material es ilusorio y, por tanto, carente de interés para el que quiere evolucionar. Sin embargo, es a través del conocimiento y dominio del mundo material como el hombre de la Tierra podrá acceder a una etapa de superior evolución ya que, inevitablemente, todos los seres humanos estamos sujetos a la limitación que nos impone esa manifestación de Dios que llamamos materia. La meditación y la relajación pueden causar la impresión, de que uno se sustrae a esos límites, pero indefectiblemente tendremos que volver a ponernos el traje de vivir. Sólo el conocimiento de las leyes que rigen el mundo material nos llevará a superarlas.
Si tomáramos aisladamente a la energía mental, entenderíamos en toda su amplitud el concepto tantas veces repetido: “una inteligencia superior parece regular el orden del Universo”. Este concepto habla de inteligencia, es decir, una manifestación de la mente, una capacidad que permite interrelacionar conceptos aislados para llegar a uno solo, que integra en sí mismo la esencia de todos los demás.
Por otra parte, la energía mental necesita de otra menos sutil que permita que las ideas generadas tengan un componente vital y armónico. Esa energía es llamada astral, la cual, a su vez, necesita de la materia para poderse concretar en forma física.
Podría poneros un ejemplo ilustrativo de la interrelación energética que existe en el Cosmos.
Imaginad que el dueño de un terreno (Dios) quisiera edificar en él. Ese deseo lo recoge un arquitecto (Mente) que diseña los planos de una casa en función de su habitabilidad, de los materiales de que dispone, etc.. A continuación, pasa la información a los obreros (Astral) los cuales, siguiendo fielmente las instrucciones emanadas del arquitecto, dan forma a la casa (Materia). En cada ladrillo, en cada teja, en cada baldosa estará implícito desde el deseo de construir, hasta la energía puesta en su materialización. Todos son importantes, pues la casa no hubiera sido posible sin la intervención de cada uno de ellos. Todos podrían decir: “esa casa le he hecho yo” y sería verdad.
Así pues, una vez que hemos situado a la energía mental en el Cosmos y visto, aunque someramente, el papel que desempeña en la creación, analizaremos cual sería su estructura. Para ello, vamos a tomar al ser humano como objeto de nuestra reflexión, puesto que el ser humano lleva incorporados, en sí mismo, todas las características necesarias para hacer de él un ejemplo vivo de la manifestación del Cosmos.
Cómo toda energía, la mente se manifiesta a través de dos polaridades. En el caso de la Mente Suprema, ya os indiqué sus dos polaridades, es decir, el polo positivo o pensamiento eterno de la creación y el polo negativo o creación propiamente dicha. En el caso de la mente humana. El polo positivo estaría conformado por lo que se conoce como “CONCIENCIA” y el polo negativo por tres aspectos o manifestaciones que, de mayor a menor vibración, llamaríamos: “SUBCONSCIENTE, CONSCIENTES E INCONSCIENTE”, aunque ésta denominación no corresponda, necesariamente, con las que le asigna la psicología de vuestro planeta.
Para que dos planos de diferente nivel vibratorio se puedan relacionar es necesaria la existencia de un lazo o puente de unión que contenga, en sí mismo, características de cada uno de los niveles a relacionar. El nexo que une los planos espiritual y mental se encuentra en la Conciencia. Este aspecto de la mente lleva incorporada la “Ley Cósmica” que se manifiesta a través de la llamada “Voz de la Conciencia” la cual, cuando tomamos una decisión, nos hace llegar su veredicto en forma de sentimiento interno, de aprobación o desaprobación.
Por otra parte, también lleva incorporada aspectos energéticos mentales, por cuanto el veredicto de la Ley Cósmica se hace patente en forma de sentimiento que, generado en el subconsciente, llega hasta el consciente, provocando una reflexión sobre la consecuencia de nuestra decisión y también sobre el inconsciente, en forma de satisfacción o insatisfacción física. Quizás el aspecto más evidente de lo que acabo de mencionar sea precisamente la manifestación física. Cómo habréis notado, ante una decisión acertada que esté de acuerdo con la conciencia, el clásico “hormigueo” de satisfacción que se genera a la

altura del plexo solar. Cuando la decisión va en contra de la conciencia, el hormigueo se convierte en presión, malestar y nerviosismo.
La conciencia, como nexo entre dos planos, no aplica los mismos parámetros a todos los seres humanos, al menos en lo que se refiere a su componente mental, puesto que, en lo relativo a la Ley Cósmica, sí es igual para todos. Este componente mental se adapta a las circunstancias de cada hombre, es decir, que los aspectos sociales, culturales, temporales, físicos, etc., son los que determinan que la Ley Cósmica, se interprete de una manera o de otra. Por poner un ejemplo, diría que lo que es reprobable para un hombre del mundo occidental terrestre, como es el apropiarse de algo perteneciente a otra persona, para un bosquimano no lo sería, ya que para él no existe lo tuyo y lo mío, sino lo de todos, por tanto su conciencia no le recriminaría su acción.
Por el contrario, la conciencia del bosquimano le recriminaría, por ejemplo, el no pedir perdón al animal que mata para alimentarse, mientras que a un occidental ni siquiera se le pasaría por la cabeza tal cosa, es más, la caza la conciben como un deporte cuya finalidad no tiene nada que ver con la supervivencia.
Cuenta la leyenda bíblica que Dios expulsó a nuestros primeros padres del Paraíso porque se atrevieron a comer de la fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal. Una vez que comieron dicha fruta dijo Javeh Dios: “¡he aquí que le hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto al conocimiento del bien y del mal. Ahora, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre!”, Y expulsó a Adán y a Eva del Paraíso, poniendo delante de la entrada a querubines que les impidiesen volver.
He aquí un curioso aspecto del relato bíblico sobre el pecado original. Dejando aparte cuestiones tales como que Javeh parecía no estar solo, ya que sus exclamaciones estaban dirigidas a otros iguales a él, es posible establecer un paralelismo entre nuestros antepasados Neanderthales con Adán y Eva, antes de comer el fruto prohibido, y los hombres de Cro-magnón u Homo Sapiens Sapiens, después de haberlo comido.
Al parecer la diferencia más significativa que podemos encontrar entre los hombres de Neanderthal y el hombre actual, es su capacidad para tomar decisiones, es decir, para utilizar el libre albedrío. De hecho, hubo un cambio sustancial en el comportamiento de los seres humanos que, a raíz de la llamada Revolución Neolítica, pasaron de ser nómadas, recolectores y cazadores a ser sedentarios, agricultores y ganaderos, lo cual implica unos procesos mentales más evolucionados, a la par que unos hábitos de vida radicalmente distintos surgidos por la necesidad de sobrevivir en un mundo hostil, donde los recursos alimenticios eran escasos.
Así pues, probablemente lo que el relato bíblico parece indicarnos es que, en un momento determinado de la historia del hombre, éste adquiere la capacidad de tomar decisiones sobre sí mismo y sobre su entorno, incorporando en su mente el libre albedrío, o por decirlo de otra forma, establece una conexión entre su mente y su propia divinidad o espíritu. Por consiguiente, es expulsado del paraíso de la inconsciencia para entrar en el de la consciencia. A partir de ese momento el hombre tendrá que “ganar el pan con el sudor de su frente”, tendrá que alimentar su espíritu con el esfuerzo de su mente.
La leyenda bíblica, así como la interpretación dada, nos hacen patente un hecho: somos seres conscientes y, por lo tanto, tenemos un objetivo, cual es el de ampliar nuestra consciencia hasta llegar a ser lo que, aparentemente, no quería Javeh, es decir, uno de ellos, cosa a la irremediablemente estamos abocados.
El cuerpo mental consciente nos comunica con el exterior, produce los razonamientos lógicos y durante los momentos de vigilia nos hace reflexionar, tanto sobre lo divino como sobre lo humano. En él se encuentra el libre albedrío, dispositivo sutil que manejamos a la hora de tomar decisiones. A él afluyen los impulsos provenientes del subconsciente en forma de Voz de la Experiencia y “VOZ DE LA CONCIENCIA”, aunque las trabas y filtros que os han puesto en medio, tanto la educación como las normas sociales entre otros, hagan que, en ocasiones, os cueste escuchar esas voces.
El hombre, que tiene la capacidad de elegir entre el bien y el mal, debe ir paulatinamente ampliando esa consciencia. Deberá ser consciente de cuales son los mecanismos de funcionamiento del Universo creado, cuál es su estructura material, las energías que lo movilizan y vitalizan, cuál es su papel como parte del mecanismo cósmico y la razón por la que nace y muere una y mil veces. Sólo ampliando el consciente, su capacidad de decisión se verá ampliada, pues en lugar de utilizar media docena de parámetros, como es habitual entre vosotros, llegará a manejar prácticamente todos. En ese momento, sus decisiones habrán transcendido de los conceptos de Bien y Mal, es decir, serán siempre acertadas. En ese momento, también, habrá superado la necesidad de reencarnarse, puesto que ya no tendrá que volver a nacer para corregir errores.
El consciente es la herramienta que el Padre Cosmos nos ha dado; los “talentos” de la parábola del Maestro Jesús. Aquel que la desarrolla tendrá, con cada nueva existencia, más y mejores oportunidades para evolucionar. Por el contrario, aquél que la entierre, aquél que por miedo no tome decisiones, que se conforme con lo que sabe, haciendo caso a ese refrán tan vuestro: "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, ése estará haciendo fracasar su proyecto de vida, porque la vida es una escuela a la que se viene a aprender y sólo se aprende probando, ejercitando el libre albedrío y poniendo en marcha el motor de la curiosidad, que es el que hace avanzar a los hombres de cualquier lugar del universo. En definitiva, haciendo trabajar a ese cuerpo mental, tan reprobado por las filosofías pasivas, que es el consciente.




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