Los manuscritos de geenom



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LOS MANUSCRITOS DE GEENOM

(II)
EL HOMBRE

Célula

Cósmica.


INDICE

INTRODUCCIÓN
I. EL GRUPO 10 AÑOS DESPUÉS

DESARROLLO Y EXPERIENCIA GRUPAL.

II. ENCUENTRO CON LA INSTITUCIÓN.

III. MARCHA ATRÁS PARA BUSCAR AGUA LIMPIA:

LA RELIGIOSIDAD.

IV. PRIMER ENCUENTRO. LOS SUEÑOS AL ALCANCE

DE LA MANO. UN FINAL A LA MEDIDA.

V. EVOLUCIÓN. NUESTRO LUGAR EN EL COSMOS.

VI. EL MUNDO DE LAS ENERGÍAS. LA VERDADERA

RAZÓN DE LA VIDA Y LA MUERTE: EL ASTRAL

VII. CONTACTO CON EL ARCHIVO ETERNO.

EL ARQUITECTO DEL COSMOS: LA MENTE.

VIII. EL SER INTEGRAL: UN SUPERHOMBRE.

IX. EL NACIMIENTO MÁS SORPRENDENTE

DE LA HISTORIA: LA MUERTE.

X. RECUERDOS DE LA ATLÁNTIDA.

LA ACTUAL GENERACIÓN.

XI. AL BORDE DE UNA NUEVA GENERACIÓN.

UN MUNDO NUEVO AL MENOS EN LA MENTE.

XII. MISIONES DE AYUDA. PROYECTO HUMANIDAD.

ENCUENTROS CERCANOS.

EPILOGO.




Que sabiendo que son “gotas”

Sienten y ven el horizonte

En el mar de la Nueva Era….

PRÓLOGO

De entre todas las facetas que se vislumbran tras e fenómeno de los contactos, probablemente no haya una tan preocupante como la que se refiere a la mistificación de los mensajes. Me explico. Los individuos o grupos de personas que comienzan a recibir a través de los más variados métodos, comunicaciones de entidades presuntamente extraterrestres, no tardan mucho en mitificar el material recibido y en sentar las bases de grupos pseudo-religiosos y de doctrinas alternativas a las imperantes en sus respectivos países.


Sucedió por citar uno de los ejemplos más claros, en los años cincuenta con el taxista británico George King. En Mayo de 1954 King se ve sobresaltado en su propia casa por una voz que nunca supo de donde venía, y que le invitó a ser el portavoz en la Tierra de un desconocido Parlamentario Interplanetario. Aquel peculiar “SOC” convirtió a King en un maleable médium que entraba fácilmente en trance frente a cualquier auditorio, y que con toda facilidad trasladaba a su público mensajes de las más variada índole, y de procedencia, según él, claramente extraterrestre. El inusitado crecimiento de la expectación popular en torno a King le obligó a abandonar su trabajo e instalarse cómodamente al sur de California y coordinar desde allí la Aetherius Society o Sociedad Etérica. De taxista pasó pronto a ser considerado como “Su Eminencia Sir George King”, abandonando definitivamente el volante de su taxi y sustituyéndolo por togas, tiaras y báculos como si de un “Sumo Pontífice” de los extraterrestres se tratara.
Estamos, casi sobra decirlo, frente a un caso extremo, pero que en cualquier caso muestra una de las tendencias más presentes tras los modernos contactos: el irrefrenable impulso que les conduce a la pseudo-espiritualidad. Además, casi como una prolongación natural de ese nuevo “cuerpo doctrinal” surgen los primeros anuncios catastrofistas que proclaman la llegada del final de los tiempos, muchos de los cuales, por cierto, podrían ser considerados dignas continuaciones del Apocalipsis bíblico atribuido a San Juan, o los “Planes de Evacuación Mundial” que esconden toda una irresponsable filosofía escapista. Y es que tras todo este absurdo comportamiento por parte de muchos contactados, se esconde un no menos grotesco sincretismo de ideas donde Cristo se mezcla con los OVNIS, estos con la Virgen de Fátima, y ésta con la reencarnación de Rasputín o la llegada inminente de un asteroide asesino (véase, sin ir más lejos, el caso del contactado italiano Giorgio Bongiovanni, que predica una suerte de “vendetta cósmica” donde todos los elementos referidos se amontonan tras una misma ideología apocalíptica).
Pero hay que ser justos. Frente a todo este panorama, el grupo que ha escrito este volumen presenta otra alternativa a esa clase de contactos. Durante años huyeron de cualquier mensaje con carga espiritual, temiendo que si no lo hacían así, se verían pronto contaminados por esa especie de virus evangélico al que me refería anteriormente… Aún así, cuando finalmente llegaron los primeros mensajes hablando de la supervivencia después de la muerte, del papel de Jesús y otros Avatares espirituales en nuestra sociedad o de la existencia del “alma”, el grupo Aztlán trató estos argumentos con suma cautela. Nunca, al menos hasta el momento de redactar estas líneas, los tomaron como argumento de fe, sino como datos dignos de comprobación, no emprendiendo nunca una labor apostólica fundamentada en esos principios. Y aunque ese peligro estará presente mientras los contactos continúen y mientras Aztlán siga comprometiéndose a divulgar su contenido a la sociedad, hasta ahora siempre se ha evitado.
En esta obra, el grupo Aztlán entra en detalle dentro de ese resbaladizo terreno a medio camino entre lo espiritual y lo material, fundamentado en mensajes dictados por varias entidades “instructoras” que se autoproclaman extraterrestres.
No es este el lugar ni el momento para pronunciarse sobre la naturaleza de sus “contactadores”, pero sí que merece la pena resaltar uno de los aspectos de fenómeno contacto que encuentra en el grupo Aztlán una nueva confirmación: la “la Ley de Afinidad”. Y me explico de nuevo. Quienes nos hemos preocupado por analizar este revelador fenómeno, hemos descubierto que la idiosincrasia que late tras los mensajes recibidos gracias a la ouija, la escritura automática, los trances mediúmnicos o cualquier otro sistema de contacto, corresponde a la idiosincrasia particular de los propios contactados. Así, un “contactée” como el siciliano Eugenio Siracusa, “padre espiritual” del aludido Giorgio Bongiovanni, muestran mensajes de venganza y resentimiento, de advertencia apocalíptica al más puro estilo, como he dicho, de “vendetta” siciliana. Por el contrario, los integrantes del grupo Aztlán, de talante más abierto, nada dogmáticos, por su propia naturaleza, en cuestiones religiosas tradicionales, muestran un “corpus” de comunicaciones acorde con su ideología.
Podría, desde luego, argumentarse que son los contactados los que transforman su modo de pensar al hilo de las comunicaciones recibidas, pero detalles de carácter étnico más que individual, me hacen pensar que los contactos se establecen por “afinidad”. Será el lector, en cualquier caso, el que podrá comprobarlo por sí mismo en las páginas que siguen gracias a su propio sentido crítico, y que abren las puertas al fascinante enigma de los contactos con entidades suprarreales…
El libro que el lector tiene ahora entre sus manos, le enfrentará a unos conceptos extraordinariamente razonados, ajenos a disquisiciones metafísicas que contribuyan a confundirle, y plagado de ideas que vengan o no de los extraterrestres, accionarán en las mentes más ágiles resortes intelectuales hasta ahora desconocidos. Tras sus páginas se encuentra un colectivo de personas integrado gracias al propio proceso de contacto y que ha asumido su experiencia como si estuvieran asistiendo a un curso escolar, es decir, asumiendo el potencial educativo del contacto. Al aceptar como colectivo los planteamientos de sus “contactadores” la transformación interior ha sido común y la plasmación en sus vidas cotidianas se ha hecho evidente.
La práctica totalidad de sus contactos se han recibido a través del polémico tablero “ouija”, cuyos orígenes se remontan a los años dorados de la época espiritista (finales del siglo XIX). Se trata de un método – dicho sea de paso – que los propios integrantes de Aztlán desaconsejan practicar a los neófitos, y que ha granjeado numerosas confusiones a sus usuarios, al mezclan contenidos subjetivos con otros presuntamente recibidos de un emisor externo. El grupo Aztlán, ha empleado los últimos tres lustros en superar el “ruido”, que produce semejante método de comunicación, obteniendo – para regocijo de propios y extraños – mensajes claros, diáfanos y… sorprendentes.
Dejo al lector que se sumerja en el trasfondo de los mensajes de este libro, que se empape de su significado, pues en este caso, creo que sería un grave error juzgar el mensaje sólo teniendo en cuenta condicionamientos externos, como la presunta entidad de sus emisores o el método por el que fueron recibidos. Se trata, sin duda, de dos debates bien distintos y que os conducirían a conclusiones diametralmente opuestas entre sí.

JAVIER SIERRA

(Periodista e investigador OVNI)

Majadahonda, 14 de Febrero de 1994

NOTA EXPLICATIVA SOBRE LAS DISTINTAS TIPOLOGIAS DE LETRAS QUE APARECEN EN EL LIBRO

TEXTO TODO EN MAYÚSCULAS: Relatos de Acael y otros Maestros



Texto en cursiva y recuadrado: Manuscritos de Geenom


*Los nombres de los seres que aparecen en los relatos, han sido cambiados por respeto a su identidad.
INTRODUCCIÓN
El deseo de todo hombre es hallar la razón profunda de su existencia. La vida, la trascendencia, el amor o la búsqueda del fin de las cosas es el motor que le impulsa a seguir por el camino de la investigación, bordeando, a veces, los precipicios de la locura y el rechazo social.
Mirando hacia atrás en el tiempo, contemplo con un cierto deje de nostalgia las manifestaciones de cuanto he sido, y no dejo de asombrarme de la sabiduría con la que se manifiesta la madre Naturaleza en cada etapa de la escala evolutiva.
Vosotros, hombres de la Tierra, os miráis, os comparáis con lo que os rodea y os complacéis de vuestra imagen. Habéis llegado al culmen de la perfección. Sin embargo, ese mismo pensamiento cruzó por la mente de los primeros hombres, aquellos que en comparación con vosotros podrían ser considerados como imperfectos. Su estatura, sus facciones, su piel y su inteligencia no pueden ser comparados con los cánones de perfección que os aplicáis a vosotros mismos y, sin embargo, eran perfectos.
La vida busca constantemente nuevos caminos de expresión y cuando uno le falla, siempre encuentra la alternativa en forma de mutación genética que hace florecer una nueva especie, similar a la anterior pero con un camino nuevo que recorrer.
El ser humano tiene incorporada en su propia naturaleza la capacidad de mutación pero sólo ante caminos sin salida hace uso de esa capacidad. Vosotros estáis llegando, poco a poco, al callejón sin salida del mundo físico. Vuestra capacidad intelectual está casi intacta, pero ya adolece de defectos que, tarde o temprano os llevarán a plantearos cambios sustanciales incluso en vuestra propia configuración física. A ello ayudará, sin duda, la propia transformación del medio ambiente, de vuestro propio planeta.
Vuestra estructura genética se verá alterada de forma natural por el simple hecho de incorporar posibilidades hoy sólo contempladas como locuras. El mundo de las energías vitalizadoras como causa del funcionamiento orgánico, el mundo de la mente profunda, las capacidades que llamáis paranormales y, por fin, el mundo del espíritu, serán los caminos no hollados por los que transcurrirá vuestra humanidad en las próximas generaciones.
Como consecuencia de ello, vuestro cuerpo físico se tornará más sutil. Vuestro cerebro necesitará un receptáculo mayor porque el córtex aumentará su tamaño, sobre todo en la zona frontal. Vuestros sistemas funcionales como el circulatorio, nervioso, respiratorio, digestivo y sexual tendrán un funcionamiento más armónico, como corresponde a un cuerpo energético más potente y equilibrado.
Viviréis, por consiguiente, más años, lo que significa mayor tiempo de aprendizaje en cada encarnación y la comunicación telepática entre vosotros y aquellos que ya han fallecido será fluida y no traumática.
Os iréis pareciendo más físicamente y no existirán diferencias en función del color de la piel o del lugar del nacimiento. Tampoco os separarán las religiones, porque éstas dejarán paso a un concepto más universal de la trascendencia.
Finalmente, el objetivo humano de vivir en armonía será una realidad, pero antes se hace necesario que los hombres de la Tierra rompan de una vez las cadenas que les atan a un pasado oscuro, donde el misterio y la falsedad han condicionado su escala de valores y su razón de vivir.
Hoy, por fin, se empieza a abrir la puerta del cambio. Un cambio no sólo de creencias sino también de la propia estructura física, astral y mental. La puerta que comunica al hombre con la Creación de la que forma parte. Un Plan Cósmico del cual el ser humano es la célula a partir de la cual se formará el organismo consciente sobre el que gira la creación manifestada.

Geenom

I. EL GRUPO, 10 AÑOS DESPUES, DESARROLLO Y EXPERIENCIA GRUPAL.



El que está al final del camino,

Conoce el principio y conoce el final,

El que está al principio, sólo ha

Andado unos pocos pasos, el resto le

Es desconocido.

Cordiñanes de Valdeón, Agosto 1985


La piedra blanca y desnuda de los escarpados farallones de los Picos de Europa nos dio la bienvenida. Estábamos en Cordiñanes. El lugar era bellísimo, la naturaleza conservaba allí toda su fuerza, todavía no había sido manipulada ni transformada.
Los prados estaban recién segados, con un verdor nuevo. En los picos aún quedaban restos de las nieves perpetuas. Los árboles sanos y fuertes se alzaban majestuosos elevándose por encima de los tejados de las cabañas. El río Cares bajaba veloz, arrastrando a su paso ramas y hojas, chocando impetuoso contra las rocas que entorpecían su discurrir, haciendo en algunos recodos un ruido ensordecedor… El Valle de Valdeón era una explosión de energía, luz y vida.
Respiramos profundamente llenándonos de cuanto nos rodeaba. Aquel lugar tenía un significado especial para nosotros. Allí, muy cerca, estaban las praderas de Corona, donde el abuelo había vivido su gran experiencia. Estábamos contentos por habernos puesto de acuerdo. Había sido difícil solucionar los pequeños inconvenientes cotidianos pero, por fin, allí estábamos todo el grupo, con grandes expectativas en aquella semana de convivencia y trabajo que teníamos por delante.
A lo largo de estos siete días pretendíamos cubrir un plan muy ambicioso: remontarnos a los orígenes del grupo, recordar y analizar nuestra historia, volver la vista atrás para evaluar las vivencias pasadas, contrastar la experiencia de cada uno para salir reforzados y unificados con una mayor identificación grupal.
¿Por qué elegimos precisamente aquel lugar?, ¿fue sólo por que Cordiñanes representaba un símbolo en nuestra andadura como grupo?, ¿fue porque allí se empezó a gestar el proyecto que cada día íbamos haciendo un poco más realidad?... Realmente aquella semana iba a depararnos muchas sorpresas, y de algunas de ellas no seríamos plenamente conscientes hasta varios meses después.
En cualquier caso, el lugar era idóneo para el reencuentro con uno mismo y con los demás. Allí, en plena naturaleza, rodeados por el canto de los pájaros, el murmullo de las hojas, el suave zumbido de las abejas, el aleteo sutil de las mariposas, sentados en círculo sobre la hierba tierna y recibiendo los cálidos rayos del sol… nos sentíamos dispuestos a abrir nuestra mente y nuestro corazón a los demás. El discurrir impetuoso del río también ponía música de fondo a nuestras charlas.
Ese rebuscar entre los recuerdos a través de complicados vericuetos de la mente es un ejercicio muy interesante para hacerlo en grupo. Casi siempre, uno tiende a recordar más las cosas buenas que ha vivido que las experiencias desagradables. Normalmente, terminábamos siempre recordando anécdotas, malentendidos, pequeñas frustraciones que, en la distancia, se veían como algo divertido.
Cada uno de nosotros habíamos vivido la experiencia de forma distinta, sin embargo una pregunta era válida para todos: ¿Qué me ha ocurrido desde que entré en el grupo?
Han pasado casi diez años y si nos gusta un poco la psicología tendremos que preguntarnos: ¿Cómo es posible que aún continúe vivo el grupo? Los psicólogos y los sociólogos no le otorgan a un grupo una vida más allá de 3 a 5 años, ¿qué pasa en nuestro grupo para que al margen de nuestros trabajos, familias, hijos, amigos y compromisos estemos como el primer día o incluso con más ilusión, con más fuerza y más unidos que al principio?...
Es probable que un grupo sea como una gran familia, donde sólo la grandeza de sus objetivos el permita sobrevivir a pesar de los tropiezos, disgustos y sinsabores que ésta proporciona. Cualquier proyecto iniciado entre personas de diferente condición, sexo y educación, acaba teniendo un fin más o menos corto, tanto como lo sean sus objetivos. Un proyecto de investigación acaba con la consecución del mismo y ninguno de sus componentes se planteará conocerse unos a otros, comprender sus motivaciones o interesarse por sus respectivos problemas. Primarán los objetivos técnicos, el trabajo en sí, porque los aspectos humanos, si acaso, dificultarían la tarea o incluso la harían fracasar.
Una de las cosas que más claramente hemos aprendido en estos años, a través de nuestro contacto con Acael, ha sido que existen dos partes: la humana y la técnica, que no pueden ir por separado. Los objetivos técnicos avanzan mejor y más rápido en la medida que las personas que componen estos grupos hacen un esfuerzo por entenderse, por ayudarse mutuamente. Estamos convencidos que las sociedades del futuro estarán marcadas por objetivos humanos transcendentes, universales e ilimitados, a los cuales se supeditarán todos los demás, incluso los materiales. Esta será la garantía de su evolución y su desarrollo. Siempre recordaremos un lema fundamental de nuestros amigos del espacio que dice sencillamente: “Las personas siempre por encima de las cosas”.
Sólo los padres saben guiar a sus hijos a pesar de los vaivenes mentales que en cada etapa de su vida les condicionan, sobre todo en su infancia y en su adolescencia. Sólo un adulto reconoce la inconsciencia de un niño y la rebeldía de un adolescente. Con cariño y con paciencia irá canalizando sus inquietudes y sus ganas de saber para conseguir un adulto equilibrado y seguro, lo demás será un camino más fácil.
En los primeros meses, después de conseguir el ansiado contacto, tuvimos una primera etapa de obcecación. Teníamos todo por descubrir, los deseos y las preguntas se atropellaban unos a otras, pero una cosa estaba clara, sobre todo después de haber visto lo que les había pasado a otros grupos: como niños que éramos no queríamos que nadie nos engañara, nos hiciera daño, así es que pusimos a la vista todo aquello que había oscurecido nuestra vida. Nos dijimos:
Vamos tras los ovnis y sus tripulantes. Eso es lo que nos interesa. Luego a través del contacto, descubriremos más cosas, ¡pero ojo! No queremos saber nada de religiones, nada de misticismo, nada que parezca mesiánico, político o incluso filosófico. Rechazaremos cualquier frase que incluya palabras como Dios, amor, luz, Cristo, espiritualidad o frases como “amaos los unos a los otros”. No queremos quedarnos colgados como tantos otros que han sustituido la misa de 12 por el contacto de las 9”.
Queríamos establecer comunicación con ellos para que nos ayudaran a entender y a superar las dificultades de nuestra vida y nuestra sociedad, pero para ellos teníamos que establecer un contacto fiable, seguro y duradero, pedir una cita y subir a la nave, después ya veríamos.
Es curioso observar cómo con infinita paciencia y habilidad estos Hermanos Mayores debieron sonreírse ante semejantes planteamientos. Sabemos que si queremos que un niño acabe leyendo libros le daremos cuentos o tebeos. Así es que preguntando cómo eran físicamente, cómo eran sus naves, que tecnología usaban para desplazarse o cómo podíamos verles, “descubrimos” ingenuamente que las respuestas llevaban siempre añadidos otros conceptos y éstos nos llevaban a nuevas preguntas.
Nos llegamos a cuestionar, incluso, que alguien tan supuestamente evolucionado utilizara la ouija o la escritura automática para contactar con nosotros y así fue cómo, preguntando por sofisticadas emisoras, descubrimos el funcionamiento de la telepatía y de la única emisora capaz de recibir, decodificar y transmitir, ya no sólo palabras, sino conceptos, como era y es el cerebro que, en principio y dadas nuestras limitaciones, utiliza herramientas como un vaso y un tablero, un lápiz, o incluso la propia voz para expresar los mensajes de forma entendible.
Además, se daba la circunstancia de que teníamos los manuscritos de Geenom que nos había entregado el abuelo. Allí se hablaba de cosas sorprendentes: ¿Astral, capas, energías, evolución, pineal, pituitaria, mente, estados alterados de conciencia…? Todo esto eran palabras y conceptos que nunca habíamos manejado. Nuestro bagaje esotérico o místico era prácticamente nulo. Éramos personas normales, del montón, más o menos decepcionadas de las respuestas tradicionales, pero nada más.
Muchas de nuestras preguntas a Acael iban dirigidas a aclarar y ampliar la información que leíamos en los manuscritos. Tuvimos que variar nuestros objetivos al ver que las respuestas necesitaban apoyarse en otros conceptos tan nuevos como sorprendentes para nosotros. Así fue como canalizamos nuestro idealismo y entusiasmo, organizándonos, estructurando las preguntas y las respuestas, ampliando nuestra cultura esotérica y empezando a pensar que, más que contactos esporádicos, aquello eran auténticas charlas didácticas y programadas que provenían de una inquietante cultura y de un sorprendente profesor.
Habíamos recibido todo tipo de información sobre aquellas cosas que nos interesaban, si bien es verdad que la mayoría de las veces saltábamos de una pregunta a otra, de un tema a otro, tan dispar que no tenía nada que ver con el anterior. Sin embargo, sí habíamos notado que la forma de enseñar de nuestro guía era muy curiosa: dejaba (a propósito) lagunas entre la información. Uno de nuestros trabajos como grupo consistía precisamente en ir rellenando esos huecos, así lo aprendido pasaba a formar parte inmediatamente de nuestra estructura mental, puesto que al haber hecho el esfuerzo de discernir, intuir y discurrir para poder relacionar informaciones inconexas, las ideas, teorías e hipótesis se integraban de un modo más fácil y más permanente.
La evolución del grupo pasa por la evolución personal de cada uno, de nuestra propia implicación. Así, de nuestro trabajo, surgen nuevos temas y preguntas que posteriormente son respondidas y, en su caso, ampliadas.
Por eso nos considerábamos un grupo de contacto un tanto atípico, puesto que no nos limitábamos a recibir un mensaje sin más, sino que ese mensaje era el punto de partida de nuestro trabajo. Nunca nos hemos identificado con aquellos grupos mesiánicos que recibían y transmitían unos comunicados rezumantes de catástrofes y de recriminación; ni con aquellos otros que se empeñaban en ser unos elegidos por los extraterrestres para salvarse; ni con aquellos que pretendían conseguir adeptos para aislarse de la sociedad, automarginarse para sentirse diferentes y más importantes que la media. Siempre nos hemos considerado un grupo de trabajo y eso nos ha proporcionado muchas más compensaciones que sinsabores.
Recordamos aquellos primeros meses una vez conseguida la comunicación. Días en los que la emoción y la alegría de haber encontrado lo que habíamos buscado con tanto ahínco hacía que nos sintiéramos dueños de una herramienta envidiable.
Por otra parte, en los primeros años descubrimos una nueva forma de estar en el mundo, un modo de entender a las personas y sus hechos. Eso nos daba una alegría interior y una seguridad tal que nos sentíamos fuertes y convencidos. Era como si se nos hubieran ampliado los límites, como si las fronteras se hubieran alejado y tuviéramos ante nosotros la posibilidad de aprender, crecer y avanzar con unos parámetros nuevos. La comunicación con Acael nunca nos ha defraudado, el guía siempre ha acudido a nuestra llamada, siempre ha mantenido la misma coherencia y las comunicaciones recibidas han sido perfectamente congruentes de principio a fin.
Por aquel entonces teníamos ganas de gritarle al mundo: “¿Sabéis? ¡estamos en contacto con seres humanos de otros planetas! ¡Lo hemos logrado!”. Hubiéramos querido abrir las puertas de par en par para que todos vieran lo que estábamos viviendo. Sin embargo, siguiendo los consejos de Acael, únicamente se lo contamos a las personas más cercanas y aún así sufrimos algunas decepciones que nos defraudaron lo suficiente como para tener más cuidado al elegir a quién dábamos nuestra confianza.
Fueron años en los que el guía enfocó el trabajo del grupo hacia nuestra preparación psicológica. Era necesario que todos entendiéramos y compartiéramos una nueva filosofía de vida, esforzándonos en arrancar viejas concepciones y sustituirlas por otras razonadas por nosotros mismos, analizando y dejando atrás los conceptos erróneos que mediatizaban nuestra personalidad, para ir adquiriendo una nueva escala de valores construida por cada uno con la ayuda y las referencias de los demás compañeros. El acercamiento personal, el compartir vivencias, era la base para eliminar las diferencias de todo tipo que nos separaban.
Era muy duro, en ocasiones, renunciar a las pequeñas individualidades a favor de lo común, sobre todo al principio, que no teníamos muy claro lo que era la libertad personal y lo que era egoísmo. Nos empeñábamos en defender cada uno nuestro espacio vital, sin darnos cuenta de que si los seres humanos vivimos juntos es para que nos relacionemos porque, si bien es verdad que la evolución es individual, también lo es que necesitamos a los demás para evolucionar.
Más o menos a los cinco años de comenzar nuestra andadura, el grupo tuvo su primera ampliación. Algunas personas se habían ido acercando de forma más o menos asidua y con ellos organizábamos tertulias sobre temas que a todos interesaban… Y, un buen día, cuatro amigos nos plantearon su deseo de formar un grupo de trabajo similar al nuestro, para lo cual nos pedían el nombre de un guía con quien pudieran comunicarse.
La sorpresa fue general cuando Acael anunció que sus Maestros le habían abierto la posibilidad de tener más alumnos y que, si no había inconveniente por parte de nadie, los dos grupos podían ser uno solo, uniendo los esfuerzos de los ocho en unos objetivos comunes.
El compromiso fue nuevamente planteado y aceptado por todos de forma explicita: Estábamos dispuestos a poner en tela de juicio nuestros esquemas mentales y a cambiarlos si se nos demostraba que eran erróneos. La savia nueva hizo que el grupo cobrara nuevos bríos y eso nos permitió afrontar el trabajo de una forma más intensa desde dos aspectos distintos: uno externo, para difundir nuestra experiencia y otro interno, de trabajo personal.
Sufrimos las tensiones propias de la integración, de intentar compaginar formas distintas de hacer las cosas. La marcha del grupo no era algo uniforme sino que sufría altibajos continuos debidos, casi siempre, a las problemáticas personales que teníamos pendientes de solucionar. El grupo, en su faceta internar, era como una especie de laboratorio de prácticas en el que intentábamos crear una mini-sociedad armónica.
Con el paso de los años, fuimos haciéndonos conscientes de que cada uno cumplía en el grupo una función que sólo esa persona podía desempeñar y que, para que saliese una buena melodía, era necesario que todos aportáramos nuestra nota. La suma de esfuerzos, cuando se ponía en marcha el motor grupal, hacía que se alcanzasen los objetivos más fácilmente al cumplir cada uno su parte. El identificar las potencialidades personales, valorarlas y aportarlas al grupo, era algo con lo que nos enfrentábamos continuamente.
En alguna ocasión nos dijeron que cada uno de nosotros representaba una parte de la sociedad en la que vivíamos. Algunas facetas eran más visiblemente complementarias que otras, que resultaban más difíciles de integrar. No obstante, en todos había ingredientes comunes que eran los que en un momento determinado de nuestra historia nos habían unido: la disconformidad con el mundo en que vivíamos, el rechazo a las instituciones de todo tipo que coartaban la libertad y la expresión natural del hombre, el deseo del cambio, la esperanza de que era posible vivir asentados en otras bases sociales, familiares y personales, la necesidad de encontrar respuestas a tantos misterios como el hombre había creado y un sentimiento que surgió de forma casi inconsciente pero que se convirtió en uno de los pilares del grupo: un arraigado afán desmitificador.
El grupo es un elemento vivo. A lo largo de los años, se fueron incorporando personas que, tiempo después, se marchaban debido a que las circunstancias personales o familiares se imponían en determinados momentos y parecía que iban en contraposición con los objetivos grupales. El hueco que dejaban esas personas nunca pudo ser cubierto por nadie. Nuevos miembros se incorporaban, pero su energía, sus funciones, eran diferentes. Cada persona que vivió el grupo se llevó dentro de sí una semilla que podría fructificar en cualquier momento. La experiencia vivida era tan fuerte que, a partir de entonces, todos sus actos se verían coloreados, en alguna medida, por ella. Nunca podrían olvidar que un día tuvieron un guía que intentó enseñarles cuanto pudo y un grupo en el que vivieron durante algún tiempo, más o menos largo, basándose en premisas de comportamiento marcadas por una nueva filosofía de vida.
Los miembros que continuábamos, vivíamos estos abandonos de andadura de muy diferentes formas, dependiendo de la propia personalidad, pero todos coincidíamos en algo: quedaba un hueco vacío y una sensación de fracaso ante la imposibilidad de retener al que marchaba.
Si aquello era tan bueno ¿por qué se iban? En ocasiones, costaba trabajo admitir la idea e incluso hacíamos esfuerzos por evitar que se fueran. Sin embargo, a pesar de los sentimientos, se imponía al final un criterio: la evolución es individual y el hombre es libre de elegir su propio camino.
Durante aquellos días de trabajo en Cordiñanes, hacíamos pausas para disfrutar del lugar intentando equilibrar la actividad psíquica con algún ejercicio físico. Cuando nos reuníamos alrededor de la mesa para comer o cenar, nos dábamos cuenta de lo contentos que estábamos. No lo racionalizábamos, pero nos sentíamos muy a gusto juntos e intentábamos que hubiera una sola conversación, en la enorme mesa, para que todos pudiéramos participar de ella.
Todos los días, después de cenar, dábamos un pequeño paseo por los alrededores mirando de forma obstinada al firmamento. Aquellos cielos de verano eran algo especial; la oscuridad era total y las estrellas brillaban tanto, que parecía que en cualquier momento iban a descolgarse hasta nosotros. En el fondo de nuestros corazones esperábamos que una de esas estrellas empezara a moverse y a acercarse a nosotros.
Los ovnis, la prueba física más ansiada, la patentización de que no estábamos locos inventándonos toda aquella historia. Durante los primeros meses, pedíamos citas casi continuamente y, efectivamente, tuvimos algunos avistamientos, siempre de luces lejanas que recorrían el firmamento y que, a lo sumo, hacían alguna señal, algún destello significativo. Habían sido considerados como prueba al principio, como confirmación después, como premio más adelante, pero en los últimos años parecía como si el grupo se hubiese olvidado un poco del tema. De hecho, ya no pedíamos avistamientos; era como si hubiese perdido importancia en beneficio de otras actividades del grupo.
La relación con Acael se había estrechado, le sentíamos como una persona del grupo, como un miembro más, sólo que con más experiencia y sabiduría. Habíamos tenido ocasión de comprobar en mil ocasiones distintas la ayuda que nos prestaba, soluciones a problemas físicos, envíos de energía, protección y un sin fin de anécdotas en las que su presencia se había dejado sentir de forma concluyente. No obstante, todos añorábamos el día en que pudiéramos, por fin, fundirnos en un abrazo con él, un abrazo de los de verdad. Aún deberían pasar unos cuantos años para que nuestros deseos se vieran ampliamente cumplidos…


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