Los géneros al desnudo



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"LOS GENEROS AL DESNUDO: SUBJETIVIDAD, PODER Y PSICOANALISIS"*

Autora: Lic. Ana María FERNANDEZ** .

Buenos Aires, 1998.-

" LOS GENEROS AL DESNUDO: SUBJETIVIDAD, PODER Y PSICOANALISIS"

Autora: Lic. Ana María FERNANDEZ
RESUMEN:
En esta ponencia se presentan las diferencias de género, más que como diferencias esenciales biológicas o

inconscientes, como diferencias en los modos históricos de subjetivación de hombres y mujeres. Esto implica:

- Historizar al Hombre de deseo como un modo histórico de subjetivación y no como sujeto universal.

- Acotar la idea de deseo como carencia al pensamiento hegemónico de dicho momento histórico: Hegel.

- Considerar pertinente al Psicoanálisis la noción de género, en tanto género es lo que obstaculiza que el sujeto de deseo advenga.

- Revisar las nociones psicoanalíticas sobre femineidad, en función de la de-construcción de las categorías

de la diferencia y el análisis genealógico de la idea de pasividad y los conceptos derivados de ella.

- Considerar una dimensión política de la subjetivación de género: adquisición de autonomía para mujeres,

de-construcción de poder para varones.

I. Subjetividad y Diferencias

De qué tipo de diferencia hablamos cuando hablamos de diferencias de género? Aquello que organiza diferentes modalidades de subjetividad en hombres y mujeres ¿se deben a esencias femeninas y masculinas diferentes?. ¿Puede decirse que sus diferencias esenciales son de orden biológico o son debidas a que ambos poseen modalidades inconscientes diferentes? Hasta los '70 estos eran los términos del debate.

El criterio que aquí se sustenta es que los diferentes modos con que hombres y mujeres organizan sus posicionamientos son diferencias socio-históricas que responden a que unos y otras han constituido diferentes modos de subjetivación.

La noción de modo socio-histórico de subjetivación implica retomar el desafío foucaultiano (Foucault, 1988) de poder pensar la subjetividad sin apelar a un sujeto trascendental, ni a un sujeto psicológico, es decir instituir una suerte de escepticismo metódico frente a universales antropológicos. Esta caución que ha llevado a M. Foucault a interrogar en su constitución histórica -es decir a desesencializar- dichos universales permite, por ejemplo pensar la constitución histórica del sujeto de deseo. Genealogizar al hombre de deseo implica por lo menos dos operaciones deconstructivas:

- Articular la noción de deseo como fundante de la subjetividad con un momento particular del histórico-social: la Modernidad

- Acotar la idea de deseo como carencia al pensamiento hegemónico de dicho momento histórico: Hegel.

En síntesis, historia del Hombre de Deseo y no sujeto universal de deseo (Foucault, 1994). En tal sentido historizar, genealogizar los conceptos es una operatoria inseparable de la de-construcción de las categorías desde donde se piensa la diferencia.

La importancia de abrir visibilidad y por ende crear condiciones de enunciabilidad de las dimensiones socio-históricas de la subjetividad y sus nociones derivadas permite diseñar abordajes desde criterios multirreferenciales (Fernández, 1996). Estamos en un momento donde se hace patente el agotamiento de los enfoques unidisciplinarios. Por otra parte, permitiría pensar de otro modo la relación entre "lo individual" y "lo social", intentando superar los impasses históricos de esta antinomia.

Esto último resultaría saludable al campo "psi" que hasta ahora parece no demostrar demasiada premura en interrogar sus narrativas, particularmente aquellas que han colocado la subjetividad como interioridad. Lo que aquí está en juego es otro modo de entender la subjetividad. El término subjetividad, suele usarse de modo poco preciso, a veces indistintamente como sinónimo de sujeto, otras como sinónimo de psíquico, otras como subjetivo -opuesto a objetivo.

Como noción teórica implica la revisión de aquellas narrativas"psi" que vuelven sinónimos psiquismo y subjetividad; para ello han colocado la subjetividad como interioridad, en oposición a un mundo o realidad pensados como exterioridad.

El modo de pensar la noción de subjetividad que aquí se presenta forma parte de un modo de pensamiento que intenta repensar:

a) Las oposiciones binarias clásicas: interioridad-exterioridad, profundidad-superficie, sujeto-objeto, individuo-sociedad, consciente-inconsciente, estructura-acontecimiento, etc.

b) Los dominios de objeto unidisciplinarios y sus territorializaciones profesionales. Se observa la tendencia a constituir espacios transdisciplinarios, donde las teorías intervinientes aportan problemas, más que sistemas.

c) Plantea la necesidad de teorizar sobre la diversidad de modos de subjetivación: históricos, de género, de clase, de etnias y pone en interrogación la existencia de un modo universal de estructuración del sujeto.

d) Pone en interrogación crítica nociones como origen, causa, estructura, representación.

e) Intenta pensar la subjetividad en la articulación social e histórica de los procesos de las identificaciones tempranas que clásicamente hemos estudiado, con las prácticas de sí que el paso por las sucesivas instituciones constituyen. Las instituciones -no sólo la familia- producen subjetividad.

f) Los diferentes modos históricos de subjetivación han sido y son elementos estratégicos en el disciplinamiento de cada sociedad. Dicho disciplinamiento no se logra sólo a través de cómo los integrantes de una sociedad piensan, sienten y actúan, sino también marcando sus cuerpos.

g) El análisis de un modo histórico de subjetivación es inseparable de la indagación de las estrategias de poder que en él intervienen.

h) Donde hay poder hay resistencia. Por tanto el análisis de las estrategias de poder en la producción de subjetividad es inseparable del análisis de los focos de resistencia a las mismas. Las resistencias también suelen pasar por los cuerpos.
II. Género y Psicoanálisis.

La articulación -necesaria- entre las teorías de género y los psicoanálisis lleva en última instancia, a repensar cuestiones muy básicas de las teorizaciones psicoanalíticas. ¿Cuánto de lo que ha sido pensado como estructura inconsciente universal no da cuenta sino de un modo socio-histórico de subjetivación de la Modernidad para varones y mujeres? ¿Cuál es la articulación entre deseo e historia? ¿Podemos seguir pensando lo inconsciente como una estructura invariante universal?

Algunos planteos, particularmente cuando hablan de estructura inconsciente o de un orden simbólico planteado de modo estructuralista, parecen confundir lo inconsciente con el destino. Aquí se aviva una vieja discusión entre epicúreos y estoicos referida a la causalidad y el destino (Deleuze, 1970).

Epicúreos y estoicos afirman la causalidad (no hay movimiento sin causa), pero los estoicos incluyen, además la idea de destino, es decir, la unidad de las causas entre sí. El problema queda planteado desde la Antigüedad: ¿hay una unidad de las causas entre sí? La gran diferencia entre epicúreos y estoicos, según Deleuze, es que no efectúan la misma partición de la relación causal. Los estoicos plantean que las causas remiten a las causas y forman una unidad, mientras que los epicúreos afirman la independencia en la pluralidad de las series causales. Colocan allí una noción clave: el clinamen. Clinamen no significa indeterminación, manifiesta algo muy distinto; la lex atomi refiere a la pluralidad irreductible de las causas o series causales, a la imposibilidad de reunir las causas en un todo. Cuando afirman que el clinamen es incertus, esto no significa que es indeterminado, sino inasignable.(Deleuze, 1970)

Lo inconsciente no es destino. Repensar la noción de causalidad inconsciente no implica abogar por la indeterminación, sino revisar los necesarios deslizamientos teológicos en el modo estructural de plantear la determinación causal (De Brasi, 1996).

Es sintomática la necesidad de fijar a un destino la sexuación femenina en las teorías psicoanalíticas. Si Freud pudo desdibujar la noción de series complementarias a la hora de pensar en las mujeres y colocar allí ideas tan poco freudianas como anatomía es destino o la roca viva, Lacan no es menos sorprendente cuando da por sentado que habría una falta -en la mente del niño y de allí a la cultura- de significante del genital femenino y pasa a considerar dicha falta como una invariante inconsciente, quedando así "La Mujer" definida como falta, vacío, ausencia.

La mujer No-Toda, no toda en el orden simbólico, por lo tanto un poco fuera de la ley. Desde este reducto corporal fuera de la ley de lo simbólico, del falo, del padre, la mujer tendría acceso a un goce suplementario, a un plus de goce. Pero al no ser subjetivable, la mujer goza pero no se entera y su goce transcurre y se agota en el sí-del cuerpo, sin pasaje por el fantasma.

Reintroduce el destino, ahora no a través de una anatomía, sino a través del lenguaje, en un naturalismo no biológico sino simbólico. Naturalismo en tanto el orden del lenguaje está planteado como condición fija que no puede ser de otra manera, está por fuera de la historia y sella su destino (Dío-Bleichmar, 1991).

Si hay destino no hay sujeto. Una vez más parece insistir aquel curioso debate platónico-medieval sobre si las mujeres tendrían alma. Encore.

Goza pero no se entera. Más que característica esencial de la condición femenina, efecto histórico-político del lugar de muchas mujeres en el dispositivo de la sexualidad. Lugar que ha obligado a desalojar todo hábito de registro de sus deseos. Esta no es una cuestión menor en el orden social. Ha garantizado y garantiza su monogamia. Dispone un modo de erotismo: la pasividad femenina, el goce místico, que sólo permite poner en juego un tipo de virilidad fálica excluyendo necesariamente de dicha escena erótica muchas formas de potencialidad de los placeres de las mujeres y otras tantas formas de placeres de los varones. Goce siempre hay.

El "baño de lenguaje" en el que nacemos más que un orden estructural, es un magma de significaciones que no es otra cosa que el modo de ser de lo histórico-social (Castoriadis, 1989). Por lo tanto, más que estructura, clinamen.

Suponer que el género es una categoría sociológica y por tanto nada tiene el Psicoanálisis que interrogarse al respecto, es renunciar a pensar la articulación entre deseo y poder. El psicoanálisis clásicamente ha teorizado la articulación deseo-ley. Deseo-poder no es sinónimo de deseo-ley, ya que la ley (prohibir-permitir) es sólo uno de los recursos del poder. Es por tanto, renunciar a teorizar un impensado, encore del psicoanálisis: la dimensión política de la subjetividad, terreno que complejiza más que anula la teorización ya realizada de la relación deseo-ley. Teorizar dichi impensado implica pensar las relaciones de poder en la constitución misma del psiquismo.

Según M. Foucault lo que distingue la teoría de las pulsiones de la ley del deseo es el modo en que ambas teorías del psicoanálisis conciben la naturaleza y dinámica de las pulsiones, pero no la manera de concebir el poder. Ambas parten de una representación común del poder. Ambas imaginan "un poder pobre en recursos, que sólo sabe decir no", y cuyo modelo sería esencialmente jurídico: centrado "en el solo enunciado de la ley y en el solo funcionamiento de lo prohibido". (Foucault, 1977 y 1980).

Es también rehuir un desafío. Aquel que permitiría abrir interrogación a algunas cuestiones de suma importancia. En primer lugar supone hacer sinónimos psiquismo y subjetividad. Si por género entendemos los universos de significaciones imaginarias -que son construcciones histórico-sociales- que delimitan lo femenino y lo masculino; si aceptamos que estas significaciones imaginarias sociales son el lenguaje que precede a la constitución de los sujetos de una cultura, sostener que es una categoría por fuera del campo, es rehusar pensar las articulaciones entre significante y significación. Si de devenir sujeto se trata, el género -masculino o femenino- produce un particular desfondamiento del sujeto de deseo. ¿Cómo puede ser, entonces una problemática por fuera del Psicoanálisis?
III. Autonomías y de-construcción de poderes.

Freud planteaba que los requisitos de la salud mental eran la capacidad de amar y trabajar. Si se busca cómo pensar esta cuestión a la luz de la cuestión de género, es decir a la luz del análisis de la subordinación histórica de las mujeres y sus cicatrices en la subjetividad y el análisis del también histórico poder de género de los varones -con las prácticas de impunidad que conlleva- y sus cicatrices en la subjetividad, hay diferentes tareas por delante para varones y para mujeres. En el caso de los varones se trata de de-construir las naturalizaciones de sus ejercicios cotidianos del poder patriarcal. En las mujeres se trata de avanzar en la constitución de su autonomía subjetiva.

Salud hoy es construcción de autonomía para mujeres, de-construcción de poder para varones.

La idea de autonomía se desmarca de cualquier Psicología del Yo. Es aquí un término político, implica la capacidad de instituir proyectos propios y la producción de acciones deliberadas (voluntad) para lograrlos, es decir subjetivarse como sujetos. Sujetos capaces de discernir sus deseos y sus intereses y de elegir las mejores acciones para concretar dichas elecciones.

En el caso de la autonomía de género estamos hablando del grado de libertad que una mujer tiene para poder actuar de acuerdo a su elección y no a la de los otros1. En tal sentido, hay una estrecha relación entre la adquisición de autonomías de las mujeres y los espacios de poder que puedan, tanto individual como colectivamente, instituir.

En realidad, el grado de autonomía de un sujeto singular es inseparable del grado de autonomía del grupo social al que pertenece. Es decir que el grado de autonomía personal que una mujer pueda desplegar dependerá también de la autonomía posible de su grupo social y de aquella que las mujeres de la sociedad a la que pertenece hayan alcanzado. En síntesis, la autonomía de un grupo social no depende exclusivamente de la voluntad personal de quienes a él pertenecen. Para que alguien pueda saber qué quiere en su vida y cómo lograrlo, que se sienta con derecho a decir no, a incidir en su realidad para lograr sus proyectos, necesita un tipo de subjetividad cuya construcción no depende exclusivamente de su psiquismo. Entran en juego aquí condiciones de posibilidad histórico-sociales de gran complejidad, y bueno es reconocerlo, de lenta y difícil modificación (Fernández, 1993 y 1994).

Producción de autonomía en las mujeres es también desandar una estrategia histórica, por la cual "educadas en la mística del amor, y al son de los boleros, las mujeres han pensado que a través del amor ejercido como un trabajo lograrían apropiarse de los bienes materiales producto del trabajo de un varón privilegiado, sin percibir que ellas serían a su vez sutilmente expropiadas del fruto de su trabajo reproductor y doméstico"2.

En los varones la de-construcción del ejercicio cotidiano del poder patriarcal, implica poder registrar la trampa histórica que significó apropiarse del erotismo de las mujeres. Ella se "entregó", pero él nunca puede fallar. Si él no la completa, siempre y en cualquier plano de la vida y absolutamente, ella lo denigrará. Y aquí ella no tendrá ningún temor al protagonismo; amor y odio; admiración y envidia, dependencia y exigencia serán componentes infaltables en sus posicionamientos frente al otro "sexo".

Vendría muy bien una nueva voluntad de los varones. Aquella que les permitiera devenir minoritarios (Deleuze, 1996). En el sentido que da Deleuze al término, las minorías no se distinguen numéricamente de las mayorías. Una minoría puede ser más numerosa que una mayoría; lo que define a la mayoría es un modelo al que hay que conformarse, por ejemplo el europeo, medio, adulto, masculino, urbano. En cambio las minorías carecen de modelo, son un devenir, un proceso. Sus potencias proceden de aquello que no han sabido crear y que se integrará en mayor o menor medida en el modelo, sin depender nunca de él. Muchos hombres han quedado aprisionados en su "mayoría". Son en ese sentido más género que sujeto3. Esto no significa ceder poder a las mujeres o subordinarse a ellas. Fundamentalmente significa ganar libertades. Aquellas que el género masculino aprisiona.

En síntesis el desafío será poder inventar una nueva figura, aún inexistente en Occidente, de las relaciones entre hombres y mujeres: el amor entre pares políticos. Resistir al género para devenir sujetos.




BIBLIOGRAFIA.

- CASTORIADIS, C.: La institución imaginaria de la sociedad, Tomo II, Tusquets Editores, Barcelona, 1989.

- DE BRASI, J.C.: La monarquía causal, Ed. Multiplicidades, Montevideo, 1996.

- DELEUZE, G.: -Lógica del sentido, Ed. Barral, Barcelona, 1970.

-Conversaciones, Ed. Pre-Textos, Valencia, 1996.

- DIO-BLEICHMAR, E.: "Deshilando el enigma", en La Bella (in)diferencia, Marta Lamas Compiladora, Ed. Siglo Veintiuno, México, 1991.

- FERNANDEZ, A.M.: -La Mujer de la Ilusión, Ed. Paidos, Bs.As., 1993.

-La Invención de la Niña, Ed. UNICEF, Bs.A.s, 1994.

-"Notas para la constitución de un campo de problemas de la subjetividad". Revista "Investigaciones en Psicología", del Instituto de Investigaciones, Facultad de Psicología, U. B. A. , Bs.As., 1996.

-"Por la autonomía de las niñas", ponencia presentada en el Taller "Embarazo y maternidad adolescentes", Oficina Regional de UNICEF para América Latina y El Caribe, Kingston, Jamaica, 1997.

- FOUCAULT, M.: - Nietzsche, Freud, Marx, Ed. Anagrama, Barcelona, 1965.

- La voluntad de saber, Ed. Siglo XXI, México, 1977.

- La verdad y las formas jurídicas, Ed. Gedisa, Barcelona, 1980.

- "El sujeto y el poder", en Dreyfus, H. y Rabinow, P.: Michel Foucault: Más allá del estructuralismo y la hermenéutica, Ed. Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1988.

- Hermenéutica del sujeto, Ed. de La Piqueta, Madrid, 1994.

- INDA, N.: "Género masculino, número singular", en Burín, M.- Dío-Bleichmar, E. (Comps.): Género, Psicoanálisis, Subjetividad, Ed. Paidos, Bs.As., 1996.

- MOUFFE, CH. (Comp.): Desconstrucción y Pragmatismo, Ed. Paidós, Bs.As., 1998.



** Trabajo presentado al XIII Congreso Latinoamericano de Psicoterapia Analítica de Grupo. Federación Latinoamericana de Psicoterapia Analítica de Grupo (FLAPAG): LatinoaméricaÑ Procesos y Transformacines en los Vínculos. Montevideo, Uruguay, 19 al 22 de noviembre, 1998.

**** Profesión y cargos institucionales: Psicoanalista. Investigadora UBACyT. Profesora Titular de las Cátedras de “Teoría y Técnica de Grupos I” e “Introducción a los Estudios de la Mujer”, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Directora del Programa de Postgrado de Actualización en el Campo de Problemas de la Subjetividad, Facultad de Psicología, U.B.A.

Dirección: J.A. Cabrera 4448 (1414) Capital Federal



e-mail: anafer@psi.uba.com y grupos1@psi.uba.com


1     Para un tratamiento más extenso de este punto, ver Fernández, 1997. Para el análisis de la tensión autonomía individual-justicia social, ver polémica Derrida-Rorty en Mouffe, 1998.

2     Meler, Irene: Comentarios en Mesa Redonda "Trabajar y amar en varones y mujeres", Foro de Psicoanálisis y Género, Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, Bs.As., 1997.

3     Este planteo se asemeja bastante al planteado por Norberto Inda (Inda, 1996).






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