Los expertos y la crianza en colombia



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LOS EXPERTOS Y LA CRIANZA EN COLOMBIA1




María Cristina Tenorio

1. Partamos de una pregunta:¿Cuál ha sido la posición dominante de los expertos frente a la manera como las familias colombianas pobres realizan la crianza?


Los profesionales de la salud, la educación y las ciencias humanas y sociales que trabajamos en el campo de la niñez, nos formamos en la Universidad, y allí aprendimos a pensar la niñez desde una perspectiva moderna. Algunos de los principios de esta representación moderna de la infancia son:

  • Cuidar el embarazo, el parto y al niño pequeño según las prescripciones de los profesionales de la salud.

  • El desarrollo de todas las potencialidades de los niños depende de las oportunidades que se les ofrezcan; por tanto es necesario estimularlos a todo lo largo de su desarrollo, primero con juegos e interacción verbal, luego con actividades creativas y experiencias educativas.

  • Los niños son personas en formación, todo lo que se haga con ellos los afecta; se les deben evitar complejos y traumas haciéndolos desde muy pequeños ocupar un lugar de importancia en el grupo familiar.

  • Su sensibilidad exige que no se los trate con dureza y que se les brinde mucho afecto; de allí que se condene toda forma de reprensión o castigo de corte tradicional y se recomiende por encima de todo el diálogo y la concertación.

Mientras nuestras abuelas acudían a los consejos de la tradición para criar a sus hijos, a partir del Dr Spock las mujeres occidentales aprendimos que la crianza debe estar guiada por profesionales expertos en cada una de las áreas del desarrollo infantil. Convocados a ocupar este lugar de expertos en la crianza, cada uno de nosotros – médicos, enfermeras, fisioterapeutas, educadores y maestros de los diversos niveles, psicólogos, trabajadores sociales – intenta desde su disciplina promover cambios en las ideas y en los comportamientos parentales que no corresponden a los principios enunciados.


Nuestra sensibilidad moderna reacciona con estupefacción y rechazo ante las formas de trato a los niños que no se basan en dichos principios. Podríamos enunciar algunas de las prácticas que rechazamos: “llenarse de hijos”, en lugar de planificarlos y tener sólo aquellos por los que hay un deseo subjetivo y los medios materiales para asegurar su mantenimiento adecuado; sostener la credulidad en prácticas mágicas para cuidar el embarazo y la salud del recién nacido; privilegiar con los bebés, hasta el año, el contacto corporal (dentro del chumbe o la ruana) en lugar del contacto visual y la comunicación verbal; enseñar oficios a niños pequeños, en lugar de dejarlos jugar todo el tiempo; usar el castigo físico, en cualquier modalidad, y la autoridad vertical en lugar de la democrática; dejar el cuidado de los pequeños a los hermanitos mayores…
En los últimos 15 años en los medios académicos norteamericanos y europeos ha tomado fuerza un cuestionamiento de esta posición de crítica y rechazo de todo aquello que en la crianza de los niños no sea acorde con el modelo moderno. Motivado posiblemente por la fuerza política de los movimientos de las minorías inmigrantes a los países del primer mundo, y apoyado en los estudios de los antropólogos y de los historiadores de la familia y la infancia, los expertos en la crianza han empezado a cuestionar la hegemonía del modelo occidental característico de la clase media blanca.
Si bien desde los siglos XV y XVI se empezó a producir una unifomización de las culturas, con la imposición a los países colonizados por Europa de sus creencias, sistemas de organización familiar y legislación de la vida privada, podríamos decir que es sólo desde mediados del siglo XX cuando el discurso y las recomendaciones de los expertos en las distintas áreas de cuidado, desarrollo y educación del niño se vuelven dominantes para todas las culturas del mundo y todos los sectores sociales. Dominantes no quiere aquí decir que hayan sido comprendidas y puestas en práctica por todos, sino fundamentalmente que se han convertido en el modelo que promueven todos los programas de gobierno y de las organizaciones internacionales de defensa de los niños.
Varias creencias han sustentado este esfuerzo. La primera era considerar que modernidad quería decir progreso; la segunda que el progreso (ligado al mercado global y a los adelantos tecnológicos) implicaba mejor calidad de vida. De allí a suponer que modernizar a todos los pueblos era la manera de mejorar la vida de los niños, no había sino un paso.
En los 70 – década en la que Latinoamérica se consideraba el nuevo polo de desarrollo mundial, la esperanza de un mundo nuevo y pujante – la primera década de mi práctica profesional estuvo ligada a la creencia de que modernizando los sistemas de crianza se generaría para las nuevas generaciones una mejor calidad de vida. Por ello mis trabajos de entonces estuvieron enfocados a enseñar a los padres a enfrentar de otra manera sus tareas parentales: sensibilizarlos a las necesidades afectivas y cognitivas de los niños y renovar sus ideas tradicionales. En la década de los 80 estuve dedicada a la clínica; pero al mismo tiempo viví en otra cultura varios años y me formé en Historia de las Mentalidades; empecé a sensibilizarme a las variedades de organización familiar a lo largo de la historia de Occidente, a las distintas maneras de pensar y tratar a los niños según los siglos, las regiones y las clases sociales. Descubrí que nuestras teorías psicológicas no sólo habían sido producidas de acuerdo con observaciones hechas en contextos específicos sino que, al aplicarlas a segmentos de población diferentes, hacían aparecer como patológicas conductas que para estas personas eran las esperadas, o señalaban como retrasados a pueblos que habían desarrollado destrezas y habilidades no necesarias en contextos urbanos escolarizados.
En los 90 volví a los problemas de crianza, aunque esta vez ya no desde la intervención sino desde la investigación. Mi interés ya no era convertir a los padres a las ideas psicoanalíticas que guiaban mi trabajo, sino más bien comprender cuáles eran las ideas que modelaban sus prácticas de crianza, entender qué idea de niño subyacía a sus comportamientos con sus hijos, cómo eran sus afectos por ellos, sus expectativas frente a ellos.
Hago este breve recuento de mi historia profesional no para plantearlo como modelo sino para indicar que yo he hecho parte de los expertos que le apostamos todo a la modernidad a ultranza, y que relativizar esa posición me ha tomado muchos años, y aún en ocasiones algunos detectan en mis análisis vestigios de una creencia en que nuestra mentalidad y nuestra sensibilidad son las mejores, y deben generalizarse a todas las poblaciones.
Parto por tanto de mí misma, para resaltar que una vez que nos hemos formado en teorías y técnicas que buscan promover en las familias conductas modernas, nos resulta muy difícil concebir siquiera que las conductas parentales premodernas tengan una lógica válida y puedan conservarse no como una muestra arcaica de un pasado de museo, sino como conductas funcionales y adecuadas en ciertos contextos.

2. Qué son las pautas y prácticas de crianza? (acetatos)

3. Visión tradicional y visión moderna sobre la crianza (acetatos)


Examinemos aunque sea de una manera esquemática cómo se organizan las funciones parentales y el lugar de los niños en las familias tradicionales
*Funciones del padre y la madre
-Padre tradicional. Da sustento y disciplina. Es la autoridad. Enseña oficios a varones.
- Madre: crianza inicial (cuidado del bebé); luego pasan al cuidado de hermanos y ella asume faenas del campo y nuevos embarazos. Modela en los hijos rasgos de carácter valorados por su comunidad; enseña oficios a las hijas. Impone disciplina.
- Ambos: se apoyan para la crianza en saberes y creencias tradicionales y en el modelo de sus propios padres. Repiten

prácticas ancestrales de crianza y formación4. Creencias sobre el desarrollo de niños y niñas y actividades de crianza


* Bebés

- No se suponen capacidades de interacción a los bebés; poco se estimula el contacto visual y el habla. Se enfatiza contacto corporal, tacto, balanceo. Se fomenta el desarrollo motriz que permite el autocuidado (gatear, agarrarse, caminar, nadar) y libera a la madre.


-Amamantamiento prolongado; canciones de cuna; juegos de reconocimiento corporal.

Se promueve un bebé calmado y poco demandante, que duerma fácilmente.


- Inclusión en el tejido familiar y social: rituales de bautizo y presentación; reconocer y nombrar parientes;

- Una vez comprende órdenes y es autónomo motrizmente pasa al cuidado de hermanitos mayores.

- No se enfatiza lenguaje expresivo sino comprensivo (para seguir órdenes).


* Niños de más de 3 años

- Juego con instrumentos de trabajo en miniatura. No hay separación tajante trabajo juego. El juego que no prepara para la vida adulta no se valora, son “cosas de muchachos” y los adultos no participan.


-El niño aprende con su padre los oficios masculinos, ayudándole y acompañándolo. Se hace énfasis en desarrollo motriz, sensorial e inteligencia espacial.

La niña aprende con su madre oficios femeninos, primero en juego y poco a poco asume responsabilidades. Cuida de hermanos menores.


- Se aprende por imitación. Los adultos modelan y corrigen; no se dan explicaciones.
- Se transmite una cosmovisión mediante ritos y saberes ancestrales y

relatos que encierran moralejas.


- Se promueven valores tradicionales: sumisión y respeto a la autoridad de los mayores, honradez, solidaridad, y acatamiento del orden social. Se enseña a compartir y se promueve el control de la agresividad con los miembros del endogrupo.
- La relación afectiva busca modelar el carácter del niño para la convivencia social (calmado, no exigente)
* Lugar de los hijos en la sociedad moderna

- Los hijos implican grandes gastos y dedicación. Maternidad intensiva.

- Entre menos hijos mejor: planificación obligada.

- Mínima mortalidad. Buenas condiciones de salud y salubridad.

- Los hijos estudian largos años y son improductivos económicamente.

- El aprendizaje no se hace con los padres

- Cada hijo es buscado y anhelado, y debe cumplir sueños narcisistas de los padres.

- Se busca la felicidad del hijo y su posterior éxito económico y social

- El lugar social de los padres depende de sus estudios y oficio no de su pertenencia familiar.

- Gran inestabilidad de pareja y familiar. Los hijos cuando crecen se alejan de los padres. No hay reciprocidad diferida.


4.¿Qué implica pensar la crianza desde una perspectiva culturalista?
De esta manera, podríamos decir que para cambiar una mentalidad parental premoderna no basta brindar información – campañas de salud reproductiva, campañas de niño sano, escuelas de padres - o exigir cambios, tales como la escolaridad obligatoria; es necesario crear condiciones de vida que hagan factible que lo que estas campañas y exigencias proponen pueda ser parte de la vida y las costumbres de estas familias.
Por otra parte, abordar la crianza desde una comprensión del por qué los padres actúan como lo hacen nos lleva a reflexionar sobre si efectivamente las prácticas modernas de crianza los llevan automáticamente a formar mejor a los hijos, y a ofrecerles una mejor calidad de vida.
Retomemos algunos de los hallazgos de las 20 investigaciones sobre Pautas y Prácticas de crianza realizadas en el país. En primer lugar hay que señalar que las familias estudiadas en todos los sectores eran familias pobres. El criterio de elección de las comunidades fue que en ellas funcionara el programa Pefadi, y éste se ubica o bien en sector rural o en sectores marginales de las grandes ciudades; es decir que las familias de las que el libro trata son familias rurales y urbanas pobres, pertenecientes a distintas regiones y grupos de población: indígenas, colonos, afros, campesinos y residentes urbanos de barrios pobres o marginales.
Si retomamos nuestro planteamiento anterior - “se requieren condiciones de vida que hagan factible poner en práctica los consejos y recomendaciones de los expertos sobre la crianza” – veremos que una economía de subsistencia no favorece el paso a la mentalidad y sensibilidad de la familia moderna, y que lo que más bien se produce es una crianza híbrida - padres que retoman algo de las ideas modernas y lo combinan con prácticas tradicionales; o una crianza contradictoria, cuando lo que se enuncia verbalmente contradice lo que se hace, o cuando se conservan prácticas tradicionales pero despojadas del sentido formativo que tenían antaño.
5. Algunos hallazgos sobre la crianza en familias pobres colombianas.

En primer lugar podríamos decir que las familias estudiadas se encuentran a lo ancho de un amplio espectro, que va desde lo más tradicional (los indígenas de las selvas) hasta lo moderadamente moderno (campesinos de Antioquia y el Valle), pasando por diversos tipos de crianza de carácter híbrido, y en muchos casos contradictorio (colonos del Meta y Arauca, afros de Buenaventura).

Veamos ahora algunos de los hallazgos.
5.1 Escolaridad y Trabajo infantil:

- En algunos sectores rurales los niños aún inician su aprendizaje de las faenas agrícolas al lado de sus padres; los mayores se lamentan de que la escuela los aleja de su mundo y ya no quieren hacer los trabajos que les piden.

- En algunos pocos casos se detectó abuso laboral: en el Meta, niños muy pequeños debían atender labores muy pesadas antes de ir a la escuela; en barrios marginales de Arauca, Manizales y en SanCristóbal (Bogotá) los niños se dedicaban a ventas callejeras o al rebusque para contribuir a las precarias economías familiares – algunos abandonaban la escuela.

- En otros casos, de campesinos sin tierra, los muchachos no tienen qué hacer al salir de la escuela, y en lugar de ocuparse activamente en el campo, se reunen en barras y ya se empieza a ver consumo de drogas. Es decir, no hay la actividad laboral y de juego en el campo pero tampoco hay campos de deporte ni actividades culturales como tienen los muchachos citadinos de clases media y alta. Lo más preocupante, es que cursan pocos años de escuela que no los habilitan para una formación técnica o profesional; se desadaptan del trabajo rural pero tampoco llegan a doctores como sus padres quisieran.

Podríamos decir, que el abuso laboral no se produce porque los padres quieran explotar a sus hijos sino porque las necesidades básicas están insatisfechas; la familia debe funcionar como una unidad productiva y todos deben contribuir al sustento, como en el modelo tradicional.
En estas situaciones de pobreza post economía global, la escolaridad ya no genera esperanzas. La escuela primaria no ha sido diseñada ni pensada como un medio de enseñar a vivir mejor en los mundos particulares de los alumnos, sino que por lo general se la toma como un paso hacia una escolarización superior; cuando estas expectativas fracasan, los muchachos y sus padres no entienden el beneficio de estos años de escolaridad que no los habilitaron para ningún oficio, ni les enseñaron a conocer y explotar su mundo sin deteriorarlo.
5.2 Principios educativos:

Uno de los puntos que más nos interesó comprender en los datos de las investigaciones fue qué modelo de adulto tenían los padres al criar a sus hijos en las distintas poblaciones estudiadas. Es quizá aquí donde más se nota la confusión parental respecto a para qué están criando a sus hijos. Con excepción de los indígenas de las selvas del Vaupés y el Amazonas, quienes saben que sus hijos habrán de seguir sus huellas y que el modelo de adulto no les viene de afuera sino del interior de su cultura, los demás grupos familiares están buscando hibridaciones entre su pasado y los modelos foráneos, o directamente una ruptura con el pasado. Este último es el caso de Buenaventura, donde las familias quieren que sus hijos triunfen y tengan éxitos económicos, pero como no tienen los medios para darles una buena escolaridad, ni conexiones sociales, los empujan a emular a los narcos y traquetos que en su medio han tenido un éxito rápido; es decir que allí no se enseña la disciplina, la tenacidad, sostener el esfuerzo y aplazar las satisfacciones, sino la sagacidad, la viveza, y la agresividad. En cambio, en los sectores campesinos, se encuentran hibridaciones interesantes: padres que conservan valores tradicionales en la formación – respeto de los mayores y de la autoridad, solidaridad comunitaria, disciplina en el trabajo y el estudio - pero que adoptan posiciones flexibles en la crianza, tratando de aprender sobre los niños y sus características para ser más cercanos a ellos. La gran dificultad se presenta en el manejo de la autoridad, veamos por qué.


La autoridad democrática o flexible, pregonada por la modernidad, exige comprender las características de desarrollo social, moral y cognitivo de los niños en las diferentes edades, para adecuar las exigencias a sus posibilidades. Las normas y límtes deben estar claramente planteados, y ser respaldados por ambos padres y demás cuidadores; las sanciones deben ser congruentes con las infracciones y tener un carácter formativo. La autoridad flexible es dialogada y se funda en el amor y la confianza y no en el temor y la imposición. Aprender a manejar este tipo de autoridad exige ser una persona auto-regulada, reflexiva y capaz de poner en palabras los sentimientos tanto positivos como negativos y de hacerlo con los niños.
Las investigaciones nos mostraron que los únicos que manejan una autoridad clara, congruente y formativa con los hijos son los grupos indígenas menos aculturados al mundo “blanco”. Lo curioso es que se trata de una autoridad tradicional, fundada en principios que sobrepasan al padre mismo, es decir que no se funda en acuerdos democráticos. Sin embargo, es una autoridad flexible, fruto de la sabiduría de pueblos que no saben psicología académica pero que han observado las características de los pequeñitos y que saben qué exigirles, cuándo, cómo y para qué. Para nosotros fue una inmensa sorpresa descubrir que la autoridad tradicional no siempre es como nos la han pintado: opresiva, explosiva, injusta.
Lo preocupante es que fuera de estos indígenas los demás padres y madres estaban “perdidos” respecto a cómo ejercer una autoridad democrática. No querían repetir el modelo de sus padres, porque han oido hasta el cansancio que el castigo físico es maltrato, que la dureza con los hijos los rebeldiza o los traumatiza, que los hijos les cogen miedo y no los van a querer. Pero no saben cómo ejercer una autoridad flexible, por lo cual sólo repiten: queremos ser amigos de nuestros hijos. Borran así la diferencia generacional necesaria para establecer la autoridad parental, y luego tienen que imponerse “por las malas” cuando sus hijos no les hacen caso. Han cambiado el modelo tradicional por el moderno pero lo han hecho a medias, con lo cual sólo están logrando que sus hijos no los acaten como autoridad. La queja más común entre los padres y madres entrevistados era la dificultad para que sus hijos aceptaran y cumplieran las normas familiares. Nos preguntamos con preocupación ¿qué va a pasar con las nuevas generaciones de colombianos para quienes no hay una autoridad familiar adecuada, ni menos aún autoridades públicas acatadas y valoradas? ¿Cómo se va a producir la auto-regulación de las pasiones y los impulsos de autosatisfacción o de agresión si los padres no saben cómo ejercer su autoridad con los hijos y si el tejido social está tan deteriorado que ya no funciona el control social ni el legal?
6. ¿Para qué le sirve a un experto sensibilizarse a esta perspectiva cultural?
La lectura de este libro puede brindarle al experto en crianza una nueva mirada sobre fenómenos y situaciones que él o ella ya conocen. Es decir, que lo que aquí se presenta puede incluso haber sido parcialmente conocido por ustedes a través de su experiencia; lo que tratamos de promover es una perspectiva cultural en el acercamiento a las familias, que no juzgue, descalifique y rechace todo aquello que proviene de una mentalidad premoderna diferente a la nuestra. Tenemos dos opciones: o seguir el camino de los colonizadores españoles, y europeos en general, y arrasar con todo vestigio de formas de crianza tradicionales, y con ello exterminaremos las culturas que se perpetuaban a través de la crianza de las nuevas generaciones. Sólo que, al igual que les ocurrió a los conquistadores, muchas formas perviven soterradamente, en mezclas poco ortodoxas (p. ej. magia y medicina).
Otra posibilidad, que es la que yo aquí les propongo, consiste en tratar de comprender el sentido de los patrones de crianza en la diversidad de familias del campo y de los barrios periféricos de las ciudades en diferentes regiones de Colombia, analizar las prácticas a que dan lugar, las hibridaciones que se han producido por el contacto con los modelos modernos, las contradicciones que resultan perjudiciales para la crianza, el ajuste o desajuste de estos modelos de crianza a las condiciones de vida de estas familias, y desde allí con las comunidades promover los cambios que ellos pueden asimilar a su estilo y condiciones de vida, a su cosmovisión, a sus valores.
No se trata por tanto de promover el continuismo y la desigualdad, ni la preservación de dos Colombias: una moderna de clase media y alta y otra premoderna de clase baja. El supuesto progreso que nos debía traer la modernidad ha mostrado que destruye modos de vida valiosos, estilos de organización de las comunidades y las familias que garantizaban una mayor cohesión social, y menos aislamiento y violencia. Una de las grandes enseñanzas que nos dejó la investigación sobre crianza en el Valle fue precisamente la de comprender en qué condiciones funcionan algunas de las nociones hoy en día en boga de convivencia, control social, resolución de conflictos. En el caso de la comunidad campesina de El Tiple, el tejido comunitario estaba intacto; había pobreza pero no deterioro social, ya que los tipleños habían preservado sus valores tradicionales y a partir de ellos criaban y formaban a sus hijos; habían modernizado las prácticas de salud y algunas concepciones sobre los niños, pero seguían privilegiando el desarrollo social y moral de sus hijos sobre la estimulación precoz. No todas las ideas ni los estilos de relación familiar y social que propone la modernidad producen personas más equilibradas, ni sociedades más sanas. Debemos aprender de las comunidades colombianas que aún guardan un legado tradicional valioso, qué nos pueden enseñar para mejorar la convivencia, para formar nuevas generaciones de adultos menos prepotentes y egoistas, más auto-regulados y aceptantes de sus deberes para con los demás.

LOS EXPERTOS Y LA CRIANZA EN COLOMBIA

1. ¿Cuál ha sido la posición dominante de los expertos frente a la manera como las familias colombianas pobres realizan la crianza?


2. Qué son las pautas y prácticas de crianza?

3. Visión tradicional y visión moderna sobre la crianza

4.¿Qué implica pensar la crianza desde una perspectiva culturalista?


5. Algunos hallazgos sobre la crianza en familias pobres colombianas.
5.1 Escolaridad y Trabajo infantil
5.2 Principios educativos y autoridad
6. ¿Para qué le sirve a un experto sensibilizarse a esta perspectiva cultural?
- La relación afectiva busca modelar el carácter del niño para la convivencia social (calmado, no exigente)

- Reciprocidad diferida: los hijos adultos serán la seguridad de los padres viejos. Los hijos forman hogares cerca de los padres


3. Funciones del padre y la madre
-Padre tradicional. Da sustento y disciplina. Es la autoridad. Enseña oficios a varones.
- Madre: crianza inicial (cuidado del bebé); luego pasan al cuidado de hermanos y ella asume faenas del campo y nuevos embarazos. Modela en los hijos rasgos de carácter valorados por su comunidad; enseña oficios a las hijas. Impone disciplina.
- Ambos: se apoyan para la crianza en saberes y creencias tradicionales y en el modelo de sus propios padres. Repiten

prácticas ancestrales de crianza y formación


4. Creencias sobre el desarrollo de niños y niñas y actividades de crianza

4.1 Bebés

- No se suponen capacidades de interacción a los bebés; poco se estimula el contacto visual y el habla. Se enfatiza contacto corporal, tacto, balanceo. Se fomenta el desarrollo motriz que permite el autocuidado (gatear, agarrarse, caminar, nadar) y libera a la madre.
-Amamantamiento prolongado; canciones de cuna; juegos de reconocimiento corporal.

Se promueve un bebé calmado y poco demandante, que duerma fácilmente.


- Inclusión en el tejido familiar y social: rituales de bautizo y presentación; reconocer y nombrar parientes;

- Una vez comprende órdenes y es autónomo motrizmente pasa al cuidado de hermanitos mayores.

- No se enfatiza lenguaje expresivo sino comprensivo (para seguir órdenes).


4.2 Niños de más de 3 años

- Juego con instrumentos de trabajo en miniatura. No hay separación tajante trabajo juego. El juego que no prepara para la vida adulta no se valora, son “cosas de muchachos” y los adultos no participan.


-El niño aprende con su padre los oficios masculinos, ayudándole y acompañándolo. Se hace énfasis en desarrollo motriz, sensorial e inteligencia espacial.

La niña aprende con su madre oficios femeninos, primero en juego y poco a poco asume responsabilidades. Cuida de hermanos menores.


- Se aprende por imitación. Los adultos modelan y corrigen; no se dan explicaciones.

- Se transmite una cosmovisión mediante ritos y saberes ancestrales y relatos que encierran moralejas.

- Se promueven valores tradicionales: sumisión y respeto a la autoridad de los mayores, honradez, solidaridad, y acatamiento del orden social. Se enseña a compartir y se promueve el control de la agresividad con los miembros del endogrupo.
La escuela no hace parte de este modo de vida. Cuando se introduce, modifica:


  • la relación padre/hijo

  • las relaciones entre hermanos (ya no asumen el cuidado de los menores)

  • la economía familiar (los hijos se vuelven un gasto y dejan de aportar al sustento de la familia)

  • la relación con el entorno y el sistema de vida. Ya no se conoce con el padre el mundo circundante y cómo usarlo, sino que se estudian mundos lejanos a través de los libros y la palabra del maestro, quien no aprecia ni conoce la cultura de la que estos niños hacen parte.

Sociedades premodernas (agrícolas, pastoriles, silvicultores, pescadores)




Sociedad industrial




1. Modos de relación familiar


  • Autoridad permisiva o flexible.

  • Disminuye desigualdad por edad y género.

  • La realización de deseos por encima del bien común.

  • Mínima división sexual del trabajo.

  • Trabajo especializado para hombre y mujer , que se realiza por fuera del ámbito familiar. Niños y adolescentes no trabajan.

  • Pocos hijos planificados; se tienen tardíamente.

  • Apoyo en instituciones privadas y estatales para la crianza, distancia con familia extensa.

  • Familia centrada en afectos. La unidad familiar depende de la permanencia de los afectos. Autonomía de las familias del tejido social; cada familia es una isla.

  • Reciprocidad inmediata (los hijos dan satisfacciones afectivas)

2. Lugar de los hijos en la sociedad moderna

- Los hijos implican grandes gastos y dedicación. Maternidad intensiva.

- Entre menos hijos mejor: planificación obligada.

- Mínima mortalidad. Buenas condiciones de salud y salubridad.

- Los hijos estudian largos años y son improductivos económicamente.

- El aprendizaje no se hace con los padres

- Cada hijo es buscado y anhelado, y debe cumplir sueños narcisistas de los padres.

- Se busca la felicidad del hijo y su posterior éxito económico y social

- El lugar social de los padres depende de sus estudios y oficio no de su pertenencia familiar.



- Gran inestabilidad de pareja y familiar. Los hijos cuando crecen se alejan de los padres. No hay reciprocidad diferida.



1 Ponencia presentada en el III SEMINARIO INTERNACIONAL “ENTORNOS FAVORABLES PARA EL DESARROLLO INFANTIL: UNA CONTRIBUCION A LA CULTURA DE LA PAZ” Bogotá, julio 17 del 2000


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