Los europeos son ahora más críticos con la economía de mercado



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Anexo II, se reproducen partes del Informe: Debt and (not much) deleveraging - MacKinsey Global Institute - February 2015.

- El asalto a la ilusión: nunca antes tan pocos habían engañado a tantos durante tanto tiempo (una “libertad de mercado” que jamás existió)

¿Por qué los ciudadanos de los países avanzados, que se las prometían tan felices, hasta que estalló la crisis de las hipotecas sub-prime, ya no creen en la economía de mercado?


Se le exigió al mundo entero que cambiara su modo de vida en base a la fantástica invención de un grupo de políticos con ansias de “salvar” a la humanidad de una imaginaria catástrofe económica. Decían tener la Verdad en sus manos (en general, aconsejo a mis amigos que confíen siempre en quienes están buscando la verdad, pero desconfíen siempre de aquellos que dicen haberla encontrado).

Aseguraban que la desregulación, la privatización y el libre movimiento de capitales, servicios y mercancías (el de personas, nunca llegó, ni se lo espera) harían entrar a la humanidad en una era de progreso exponencial y continuado, como nunca se había vivido. Y además, desaparecerían los ciclos económicos (¿verdad, grandes bonetes del FMI?). Algunos profetas, hasta llegaron a proclamar el “fin de la Historia” (¿verdad, Profesor Fukuyama?).

“La globalización igualará el terreno de juego… la Tierra es plana… los Gobiernos y sus normas para el mundo laboral han perdido importancia… en marcha hacia una nueva civilización… contratamos a nuestra gente por ordenador, trabajan en el ordenador y son despedidas también por el ordenador”… Para los creadores de estas “genialidades” (dogmas, mantras), la visión de un ejército de parados, inimaginable hasta entonces, era una obviedad.

Ninguno de los altamente remunerados creadores de estos paradigmas (de los sectores de futuro y países de futuro) creía en la existencia de suficientes puestos de trabajo, decentemente pagados, en los tecnológicamente costosos mercados en crecimiento de los que hasta entonces fueron países del bienestar… no importa en qué sector.

Los pragmáticos del “turbo capitalismo” reducen el futuro a un par de números y un concepto: “20 a 80” y tittytainment”…, decían Hans-Peter Martin y Harald Schumann, en su libro La trampa de la globalización - Taurus 1998), y además, reseñaban:

(Las escenas que siguen corresponden a una reunión mantenida por 500 políticos de primera línea, líderes económicos y científicos de los cinco continentes, efectuada en el año 1995 en el Hotel Fairmont de San Francisco, EEUU)

En el próximo siglo (XXI), el 20% de la población activa bastará para mantener en marcha la economía mundial. No se necesitará más fuerza de trabajo…

Una quinta parte de todos los que buscan trabajo bastará para producir todas las mercancías y aportar las valiosas prestaciones de servicios que la sociedad mundial pueda permitirse. Ese 20% participará, por tanto, activamente en la vida, el beneficio y el consumo, no importa en qué país. Se puede añadir a ellos un 1 o un 2%, admiten los participantes en el debate, por ejemplo contando con los herederos acomodados.

¿Y los demás? ¿El 80% de los dispuestos a trabajar que no tengan trabajo? “Sin duda”, dice el escritor norteamericano Jeremy Rifkin, autor del libro “El fin del trabajo”, “el 80% tendrá grandes problemas”…

El esbozo de un nuevo orden social: países ricos sin una clase media digna de mención… En el futuro, la cuestión será “to have lunch or be lunch” (comer o ser comido)…

La expresión “tittytainment” (que ha hecho famosa Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad Nacional del presidente norteamericano Jimmy Carter y que desde entonces se dedica a cuestiones de geoestrategia), es una combinación de “entertainment” y “titis” (entretenimiento aturdidor y alimentación suficiente).

En marcha hacia una nueva civilización. El modelo del mundo del futuro sigue la fórmula 20 a 80. Se perfila una sociedad de una quinta parte, en la que los excluidos tendrán que ser calmados con “tittytainment”. ¿Es esto una exageración desmedida?”…

Esa es la sociedad que hoy se está construyendo por encargo. Se les proporciona Ritalin, se les da una X-box con juegos de violencia e insinuaciones sexuales, mientras Facebook, You Tube, Twitter y los “sms” hacen el resto (a veces con la “inapreciable” colaboración del alcohol y las drogas). Zombis felices… Todos en la “nube”…

¿Por qué quiere alguien deliberadamente una sociedad idiotizada? Por una parte es mucho más fácil de controlar a alguien que no tiene conciencia de lo que sucede a su alrededor. Se ofrece fútbol (u otros deportes) cinco noches a la semana para mantener a todos ocupados mientras que el saqueo de su riqueza continúa convenciéndoles que hacer hamburguesas en McDonald’s cobrando el salario mínimo es “empleo”.

Hay quien busca explicaciones más rocambolescas que aseguran que un movimiento sin precedentes como éste en tiempos sin precedentes como éstos puede llevar a una conclusión sin precedentes.

La Gran Recesión aceleró una tendencia que comenzó hacía tres décadas: deslocalización al extranjero, automatización del trabajo, conversión de empleos a jornada completa en temporales y contratas, debilitamiento de los sindicatos y obtención de reducciones de salarios y prestaciones de los trabajadores actuales. Internet y la informática lo han hecho más fácil.

La economía de EEUU es el doble de lo que era en 1980 mientras que el salario medio real apenas se ha movido. La mayor parte de los beneficios del crecimiento ha ido a parar a los niveles altos. A finales de los 70, el 1 por ciento de los estadounidenses más ricos cobraba el 9 por ciento de los ingresos totales. A principios de la Gran Recesión, esa cifra sobrepasaba el 23 por ciento. La riqueza está más concentrada.

Ése es el meollo del problema. La mayoría de estadounidenses ya no tiene el poder de compra suficiente como para que la economía vuelva a andar. Cuando estalló la burbuja de la deuda, se quedaron encallados.

Los beneficios empresariales están en alza, pero los empleos y salarios siguen estancados.

Las personas con activos financieros o cuyo talento es tenido en cuenta por las grandes corporaciones están disfrutando de una fuerte recuperación. Mientras tanto, la mayoría de los estadounidenses se esfuerza por ir tirando.

Las empresas no tienen la culpa, pues su objetivo es obtener beneficios. Ni tampoco es culpa de los ricos, que sólo han jugado según las reglas. El problema es que hay que cambiarlas.

Un futuro sin trabajo o con contratos basura para la mayoría de los estadounidenses es insostenible, también para las propias empresas del país, cuya rentabilidad a largo plazo depende del resurgimiento de la demanda nacional.

La solución es ofrecer al americano medio un trato económico mejor. Por lo tanto, deberíamos aceptar que los países puedan propugnar reglas nacionales -políticas fiscales, regulaciones financieras, normas laborales o leyes de salud y seguridad de los consumidores- y que puedan hacerlo levantando barreras en la frontera si fuera necesario, cuando el comercio ostensiblemente amenaza las prácticas domésticas que cuentan con un amplio respaldo popular. Si los impulsores de la globalización tienen razón, el clamor por protección no cundirá por falta de evidencia o apoyo. Si están equivocados, habrá una válvula de seguridad destinada a asegurar que los valores en pugna -los beneficios de economías abiertas frente a los réditos derivados de implementar regulaciones domésticas- sean escuchados de manera apropiada en los debates públicos.

(Si el lector desea cambiar el término EEUU por el de Unión Europea, todo parecido con la realidad no será mera coincidencia)

En el Paper: El día que Smith “lloró” (Economía de intoxicación), publicado en mayo de 2004, decía:-5-20046-5-2004

Al cielo del establishment no vamos todos. Aunque el ilusionario liberal sostenga que la globalización económica uniforma, los resultados alcanzados demuestran que sólo unifica.

Al margen de la globalización están el ser humano, el medio ambiente, la democracia, la cultura, la verdad.

Una economía entrenada para matar, actúa como si fuéramos los últimos.

El mito global sólo nos empuja a la era de la melancolía.

El modelo de la codicia se balancea entre la ira y la avaricia, mientras la aldea global es sólo una esperanza ingenua.

Los “cínicos” modelos económicos nos establecen en una confortable irrealidad. En esas “fábulas” económicas nos dicen que dejando “obrar” al mercado se aplican más efectivamente los recursos, se incrementan los beneficios, y se distribuyen mejor las riquezas. Un mercado sin ley, abandonado a su capricho especulativo y superior a toda normativa nacional o internacional.

Nada se dice de la generación de inestabilidad, de las crisis internacionales y de las desigualdades crecientes. Nada se dice sobre la distancia creciente entre espacio económico y control político.

Los “puristas” del librecambio nos aplastan con el “rodillo” económico y nos imponen un “darwinismo” económico cainita y fatal.

La liberalización, la financierización, la desregulación y la privatización castigan a la sociedad, avasallan la dignidad humana, amenazan el hábitat, debilitan progresivamente la autoridad gubernamental, y provocan el crepúsculo de la piedad.

Esta economía de casino, este dinero que se ha vuelto loco, en el que la gran mayoría somos jugadores involuntarios incluyen en su “modelo” más volatilidad, más incertidumbre, y más inquietud.

El mercado no puede calibrar el futuro porque es corto de vista por naturaleza. No sólo en razón de que su mirada se extiende hacia horizontes necesariamente cortos, sino porque carece de aptitudes y de la lógica para incorporar problemas distintos a los de su propia naturaleza y para moderar sus excesos.

Los países occidentales mantienen Estados poderosos con un alto nivel de intervencionismo. Casi cualquier componente dinámico de sus economías, incluida la (ex) famosa Nueva Economía, viene del sector estatal (Internet…MIT…Pentágono…). Mire donde se mire hay un enorme sector estatal que obliga al público a asumir los riesgos y a pagar el costo y que, si funciona, se lo entrega al poder privado. Esa es la razón fundamental para entender porque el Primer y el Tercer mundo se han distanciado tanto.

¿Puede la competencia gobernar el planeta? ¿Es la competencia el mejor instrumento para enfrentarse a escala mundial a los cada vez más grandes problemas ambientales, demográficos, económicos y sociales?

En nombre de la flexibilización y la competitividad se somete al hombre al drama individual de la pérdida de trabajo, de la precariedad, de la baja de salarios y al drama cotidiano de la pérdida del estado del bienestar.

La globalización aumenta el temor a un posible conflicto mundial entre el decreciente número de los “poseedores”, “los ricos”, o “los dominadores”, y la creciente masa de “los desposeídos”, “los miserables” y “los marginados”.

Resulta chocante la divergencia entre el fuerte proceso de globalización económica en el plano de las finanzas y la empresa, y el carácter explosivo de la mayoría de los problemas sociales, económicos, medioambientales, y políticos, que conocen los países y regiones del mundo.

¿Qué tan lejos puede llegar la desigualdad antes que el sistema se derrumbe?

El presente trabajo intenta (veremos si lo logra) someter ciertos principios económicos a la prueba de la realidad. Discutir a quienes, en nombre del pragmatismo, defienden la incoherencia, las contradicciones y, en general, la ausencia de un sistema de valores.

El pragmatismo no es la negación del pensamiento o la ética. No se trata de “matar los principios”, tal vez -en todo caso- hacer del pragmatismo una “teoría de la verdad”. Un método para identificar la veracidad de cada principio: analizar -antes que su bondad en abstracto- los efectos que produce en la práctica.

Comenzamos citando algunos párrafos significativos del libro “Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones”, publicado por Adam Smith en 1776:



- Durante un período de progreso -o sea mientras la sociedad avanza hacia ulteriores incrementos de riqueza- más bien que en el otro en que la sociedad alcanzó el máximo de las asequibles, es cuando la situación del obrero pobre -es decir, de la gran masa de la población- se revela como más feliz y confortable. Por el contrario la situación de ese obrero es dura en el estado estacionario y miserable en el decadente. El progresivo es, en realidad, un estado feliz y lisonjero para todas las clases de la sociedad: el estacionario, triste y el decadente melancólico.

- Los principales inconvenientes de la sociedad económica en que vivimos son su incapacidad para procurar la ocupación plena y su arbitraria y desigual distribución de riqueza y de ingresos.

- El empleo más conveniente para cualquier capital de una nación es aquel que mantiene dentro del país a que pertenece mayor cantidad de trabajo productivo, y que más aumenta el producto de la tierra y del trabajo del país.

- El hombre ha de vivir de su trabajo y los salarios han de ser, por lo menos, lo suficientemente elevados para mantenerlo… (a él y a su familia)… La demanda de quienes viven de su salario no se puede aumentar sino en proporción al incremento de los capitales que se destinan al pago de dichas remuneraciones. En consecuencia, la demanda de mano de obra asalariada aumenta necesariamente con el incremento del ingreso y del capital de las naciones y no puede aumentar sino en ese caso.

- Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables.

- Los pobres para conseguir el alimento, se afanan por satisfacer esos caprichos de los ricos, y en el afán de garantizarles tales satisfacciones, rivalizan en la baratura y perfección de su labor.

- Los intereses de quienes trafican en ciertos ramos del comercio o de las manufacturas, en algunos respectos, no sólo son diferentes, sino por completo opuestos al bien público.

- Todo para mí y nada para los demás: tal parece haber sido, en todas las edades, la máxima vil del poderoso.

- La subsistencia del trabajador, o el precio real del trabajo, cambia mucho según las diversas circunstancias: es más abundante en la sociedad progresiva que en otra estacionaria, y en ésta que en un pueblo decadente.

- Los beneficios elevados tienden a aumentar mucho más el precio de la obra que los salarios altos. En el aumento del precio de las mercancías el alza de los salarios opera del mismo modo que el interés simple en el acumulado de las deudas, mientras la elevación del beneficio actúa como el interés simple.

- Parece, pues, que la proporción entre capital y renta es la que regula en todas partes la relación que existe entre ociosidad e industria. Donde predomina el capital, prevalece la actividad económica; donde prevalece la renta, predomina la ociosidad. Los capitales aumentan con la sobriedad y la parsimonia, y disminuyen con la prodigalidad y la disipación.

- Cuando el hombre goza seguro los frutos de su trabajo, se esfuerza naturalmente en mejorar su condición y adquirir, no sólo lo necesario, sino las comodidades y refinamientos de la vida.

- Los comerciantes ingleses se quejan frecuentemente del alto precio de los salarios del trabajo en su país, suponiendo que ese elevado precio es la causa de que no puedan venderse sus manufacturas tan baratas como las venden otras naciones en países extranjeros; pero guardan silencio acerca de los elevados beneficios que arrojan sus capitales. Se quejan de las extraordinarias ganancias ajenas, pero rodean de silencio las propias. En muchos casos los elevados beneficios del capital británico pueden contribuir tanto a encarecer el precio de las mercancías, como el precio exorbitante de los salarios y aún mucho más.

- La recompensa liberal del trabajo, al facilitar a los trabajadores una mejor manera de atender a sus hijos, subdividiendo a la crianza, de un mayor número, de ellos, tiende de una manera natural a extender y ampliar aquellos límites… (se refiere a la riqueza de un país).

- El monopolio hace que sean menos abundantes de lo que serían, de no existir, todas las fuentes originarias de renta: los salarios del trabajo, la renta de la tierra y los beneficios del capital. Al fomentar el interés de cierta clase de personas, perjudica los intereses de todos los demás habitantes del país y de todos los ciudadanos de otras naciones.

- En los diferentes empleos de capital la tasa ordinaria del beneficio varía según la certeza o la incertidumbre de la ganancia… Rara vez se acumulan grandes fortunas, ni aún en las ciudades populosas en un determinado ramo de la industria conocido y admirado de una manera regular, como no sea a fuerza de una larga y laboriosa vida de frugalidad y de atención. A veces se hacen fortunas rápidas en estos lugares en lo que se llama negocios de especulación. Mas el comerciante de esta condición no ejerce una actividad determinada, regular y estable. Si el patrono es recatado y sobrio, los operarios que emplea, naturalmente lo serán también; pero si el dueño es gastador y pródigo, el criado, que norma su conducta por el modelo del amo, no podrá menos que seguir el ejemplo de él.

- Fundar un gran imperio con el único fin de crear un pueblo inmenso de clientes parece, a primera vista, un ideal sólo adecuado a una nación de tenderos.

- Nunca resultaría la atención del gobierno tan innecesaria como cuando se empeñase en velar sobre el aumento y la disminución de la cantidad de moneda del país.

- En definitiva, no se desea el dinero por el dinero mismo, sino por lo que con él se puede comprar.

- El capital que se emplea en el comercio interior de cualquier país dará regularmente más estímulo y sustento al trabajo productivo de la nación, aumentando también el valor del producto anual de la nación, mucho más que otro igual empleado en el comercio extranjero con artículos para el consumo doméstico, y el capital empleado en este último traerá ambos respectos más ventajas que otro de igual cuantía empleado en el comercio de tránsito.

- El beneficio principal del comercio exterior no radica en la importación de oro y plata, sino en la traslación del producto excedente para el cual no existe demanda, trayendo en cambio hasta el propio país artículos para los cuales esa demanda existe.

- Cuando un país extranjero nos puede ofrecer una mercancía en condiciones más baratas que nosotros podemos hacerla, será mejor comprarla que producirla, dando por ella parte del producto de nuestra propia actividad económica, y dejando a esta emplearse en aquellos ramos en que saque ventaja al extranjero... Pero hay dos casos principales en los cuales puede ser ventajoso, por regla general, establecer algún gravamen sobre los géneros extranjeros para fomentar la industria de un país. El primero, cuando cierto ramo de la industria es necesario para la defensa del territorio. El segundo se presenta cuando en el interior del reino existe algún impuesto sobre los productos indígenas (manufactura doméstica).

- Un comercio que se fuerza con primas y monopolios puede ser, y es por lo común, perjudicial para el país que lo establece.

- Ningún país se ha arruinado por una balanza mercantil desfavorable y los que negocian en su comercio con la mayor libertad han sido los que más se han enriquecido con el comercio exterior. La prosperidad y la decadencia dependen de la balanza o equilibrio entre producción y consumo, que es muy diferente de la balanza mercantil, y puede estar constantemente a favor de una nación aunque su balanza comercial sea desfavorable.

- Si una manufactura se considera necesaria para la defensa de la sociedad, no es arbitrio prudente dejar que dependa de los extranjeros, y si no pudiera sostenerse de otro modo como empresa del país, no sería contrario a la razón el establecimiento de un gravamen sobre todas las demás manufacturas, para sostenerla.

- La riqueza de una nación vecina, aunque suele ser peligrosa en la guerra y en la política, es ciertamente ventajosa para el comercio. Si todas las naciones siguiesen el sistema liberal de una libre importación y exportación, los distintos estados en que está dividido un gran continente se asemejarían a las diversas provincias de un imperio.

- Una libertad ilimitada en materia de exportación de granos puede ser muy peligroso, pero nunca lo es tanto en los grandes estados como en los pequeños, porque siendo en los primeros mucho mayores las cosechas, raras veces el abasto puede verse afectado de una manera apreciable por algunas cantidades de grano que puedan ser exportadas.

- Los tratados de comercio son ventajosos para la nación favorecida, pero desventajosos para el país que favorece.

- Perjudicar los intereses de cierta clase particular de ciudadanos con el sólo objeto de fomentar los de otra, es una norma contraria a la justicia y a la equidad, que todo gobierno debe tener en cuenta.

- El consumo es la finalidad exclusiva de la producción, y únicamente se deberá fomentar el interés de los productores cuando ello coadyuve a promover el del consumidor.

- No es difícil averiguar quiénes han sido los inventores de todo el sistema mercantil. No fueron los consumidores, cuyos intereses se olvidaron por completo, sino los productores, cuyos intereses se favorecieron con tanta diligencia. Y entre estos, nuestros comerciantes y manufactureros han sido los principales artífices de ese invento.

- La elevación del cambio extranjero produce los mismos efectos que el establecimiento de un impuesto y, al elevar el precio de los géneros extranjeros, disminuye su consumo.

- Un cambio favorable con un país particular, no prueba la existencia de una balanza favorable con dicho país.

- El alza en la denominación de la moneda ha sido un expediente muy frecuente y común para disfrazar la bancarrota del estado con el nombre de un pretendido pago.

- La bancarrota es siempre el resultado final de una gran acumulación de deudas. La elevación de la moneda ha sido el método usual para disfrazar la bancarrota, aunque tal expediente tiene consecuencias peores que en la bancarrota abierta.

- El interés del comerciante consiste siempre en ampliar el mercado y restringir la competencia. Toda proposición de una ley nueva o de un reglamento de comercio, que proceda de esta clase de personas, deberá analizarse siempre con la mayor desconfianza y nunca deberá adoptarse como no sea después de un largo y minucioso examen, llevado a cabo con la atención más escrupulosa a la par de desconfiada.

- La economía política, considerada como uno de los ramos de la ciencia del legislador o del estadista, se propone dos objetivos distintos: el primero, suministrar al pueblo un abundante ingreso o subsistencia, o, hablando con más propiedad, habilitar a sus individuos y ponerlos en condiciones de lograr por sí mismos las cosas; el segundo proveer al estado o república de rentas suficientes para los servicios públicos. Procura realizar pues ambos fines, o sea enriquecer al soberano y al pueblo.

- El gobernante que intentase dirigir a los particulares respecto de la forma de emplear sus respectivos capitales, tomaría a su cargo una empresa imposible, y se arrogaría una autoridad que no puede confiarse ni a una persona, ni a un senado o consejo, y nunca sería más peligroso ese empeño que en manos de una persona lo suficientemente presuntuosa e insensata como para considerarse capaz de realizar tal cometido.

- El gobierno civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableció para defender al rico del pobre, o a quienes tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna.

- Cuando el poder judicial y el ejecutivo se mantienen unidos, es casi imposible que la justicia no se sacrifique con frecuencia a eso que vulgarmente se llamó política. Las personas encargadas de los grandes intereses del estado, aun cuando no estén corrompidas, imaginan, a veces que es necesario sacrificar los derechos de los particulares a aquellos otros de que se acaba de hacer mención.

- Nunca se hallan mejor administrados los servicios públicos que cuando la recompensa sigue al desempeño efectivo y se halla ajustada a la diligencia empleada en el cumplimiento.

- Obras públicas e instituciones públicas que facilitan el comercio de la sociedad –carreteras, puentes, puertos, etc.-, no es necesario que se costeen con cargo a las rentas de la nación, sino atendido mediante impuestos de tránsito y otros gravámenes particulares. Su costo, grandeza y magnificencia han de guardar proporción con lo que el comercio esté en condiciones de pagar; por lo tanto, deberían construirse con arreglo a las necesidades.

- La educación de las clases bajas requiere acaso más atención del estado que la de las personas de jerarquía y fortuna, cuyos padres pueden atender a sus intereses y dedican sus vidas a diversas ocupaciones, principalmente intelectuales, a diferencia de lo que ocurre con los hijos de los pobres.

- Un pueblo instruido será siempre más ordenado y decente que uno ignorante y estúpido.

- No existen caracteres más incompatibles que el del Soberano y el del comerciante. La naturaleza inestable y perecedera del capital y del crédito hace que sea un medio poco seguro para cimentar sobre el los principales ingresos de aquella renta segura, permanente y estable sobre la cual descansa la dignidad y permanencia del gobierno.

- Hemos de tener siempre presente que los impuestos deben recaer sobre los artículos de lujo, y no sobre los gastos necesarios de las capas inferiores del pueblo.

- El comercio y la manufactura sólo pueden florecer en un estado en que exista cierto grado de confianza en la justicia del gobierno.

- No existe ni ha existido país alguno de consideración en el mundo que pueda o haya podido subsistir sin haberse empleado en una u otra clase de manufactura.

- En el sistema de leyes que se ha establecido para la administración de nuestras colonias de América y de las Indias Occidentales, el interés del consumidor nacional se ha sacrificado al del productor… Se ha creado un gran imperio con el exclusivo objeto de hacer surgir una nación de clientes, que tienen la obligación de adquirir en las tiendas de nuestros diversos productores todas las mercancías que estos les pueden proporcionar.

- Cuando se establecen derechos de importación para estimular las actividades económicas del país, debe preverse por cuanto tiempo y hasta qué grado se otorgará tal protección y de qué modo deberá ser reestablecida la libertad de importación, una vez logrados los objetivos de su restricción. Pero una vez impuesto un arancel, se plantea un caso discutible cuando ciertas manufacturas particulares han tomado tal incremento (como consecuencia de las prohibiciones y derechos establecidos) que el número de obreros ocupados en esas fábricas asciende a una cifra importante. La razón exige que entonces la libertad de comercio sea gradualmente restablecida, pero con mucha reserva y circunspección. Si se suprimieran de golpe impuestos y prohibiciones, podría ocurrir que invadiesen el mercado tal cantidad de géneros extranjeros de aquella especie, más baratos que los nacionales, que muchos miles de gentes se vieran privadas de sus ganancias y de su modo de subsistir.

- Conviene meditar hasta qué punto habrá de continuar importándose libremente un género extranjero cuando algunas de las naciones extranjeras restringen con derechos elevados la entrada de muchas de nuestras manufacturas. En este caso, un ánimo vindicativo recomienda naturalmente que se establezcan medidas de retorsión, y se impongan iguales derechos y prohibiciones sobre la importación de algunas o todas sus mercancías…

Grupos económicos muy reducidos (¿menos de 500 familias en el mundo?, ¿menos de 500 empresas en el mundo?) tienen el mayor poder jamás alcanzado. Y no asumen ningún tipo de responsabilidad económica, social y ecológica, que vaya más allá de la optimización de sus propios intereses.

Dice Paul Krugman (De vuelta a la economía de la Gran Depresión - 1999): “Por primera vez desde 1917, vivimos en un mundo en que los derechos de propiedad y los mercados libres se ven como principios fundamentales, no como expedientes mezquinos, donde los aspectos desagradables del sistema de mercado, la desigualdad, el desempleo, la injusticia, se aceptan como parte de la vida. Como en la era victoriana el capitalismo está seguro, no sólo debido a sus éxitos que han sido muy reales, sino porque nadie tiene una alternativa verosímil”…

La otra cara de la moneda son las enormes masas de población -incluso en los llamados “países ricos”- alienadas, desasistidas, desesperanzadas, desidealizadas, despolitizadas, sumergidas (o en vías de serlo), analfabetizadas, ilotizadas, para llegar en las naciones pobres del mundo al hambre, la miseria, las plagas, éxodos y luchas tribales.

Se ha roto la esperanza de progreso económico. El proceso de globalización, competitividad y rentabilidad -especulativa- de corto plazo ha quebrado la secuencia lógica de la evolución capitalista. Hoy crecen los beneficios empresariales pero no se transfieren a los trabajadores. Las mejoras de productividad han concluido en menores remuneraciones y empleo, aunque en mayores dividendos y honorarios de directores.

El dinero se mueve, pero sólo para producir más dinero y no bienes.

La economía de especulación ha reemplazado a la de producción. El juego se ha reducido a unos pocos, ya no se necesita el mercado masivo, y tampoco demasiadas manufacturas. Estamos viviendo una economía “virtual”, sin fábricas, sin bienes, y sin trabajadores. La economía financiera global deja al margen -excluye, ignora, anula, o se libera de toda responsabilidad- al hombre, al medioambiente, a la democracia, a la cultura, y a la verdad…

En el Paper: Imagining Keynes (It’s time to get stimulated vs. ¡Take the money and run!), publicado en febrero de 2012, decía:-5-20046-5-



Parte I - El día que Keynes “lloró” (Economía de malversación)

Esta vez mis “desvaríos” vuelven a Keynes (sobre el que ya escribiera un Ensayo: “Los “viejos sabios”, discuten la economía global - Debate virtual entre Adam Smith y John Maynard Keynes”, publicado en julio de 1999), tan manido últimamente; aunque podría haberme acordado de Kafka (tanto monta, monta tanto), pero los “borradores de cabeza” maquillan su “metamorfosis”… (¿vergüenza, miedo, farsa, treta, ardid, o desprecio?).

Keynes dice que “una economía monetaria es, ante todo, aquella en que los cambios de opinión respecto al futuro son capaces de influir en el volumen de ocupación y no sólo en su dirección…”.

¿Pueden los “banqueros sin frontera” sostener (sin negar la evidencia) que sus decisiones de inversión (negocios) han influido favorablemente en el volumen de ocupación? Sólo han incidido en su dirección, y ha sido hacia el desempleo y la miseria.

Algunos afirman que “lo único que hay frente a la crisis es Keynes, Keynes y Keynes, que es un disparate incrementando el gasto público”. (José Luis Cava)

Otros critican el incremento del gasto: “venga de donde venga y se lo destine a lo que se lo destine”. (Juan Ramón Rallo)

Que quede claro: lo que están haciendo el Gobierno de los EEUU y la Reserva Federal (Fed) o la Unión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) no es “keynesianismo”, se mire como se mire y se pongan como se pongan (los unos y los otros).

Socializar las pérdidas no es keynesianismo; salvarle el culo a los bancos no es keynesianismo; alentar la especulación bursátil, no es keynesianismo; facilitar la distribución regresiva de los ingresos no es keynesianismo; eliminar el Estado de bienestar no es keynesianismo… (y podría seguir). Todo eso es “falsificar” a Keynes.

Los falsos liberales (que se rasgan las vestiduras, cuando se menciona a Keynes) deberían explicar (sin condenarse) como justifican el liberalismo de mano única.

La socialización de las pérdidas y el rescate del rescate (a octubre de 2011, ya vamos por la segunda vuelta) me llevan a decir que: “esta teta no da más de sí”. Si no, que venga Keynes o Smith (tanto monta, monta tanto) y lo vea.

También sobre Smith tengo un Paper escrito: “El día que Smith ‘lloró’”, publicado en mayo de 2004, por si desean ahondar en “La teoría de los sentimientos morales”, a la hora de revisar lo actuado en la crisis presente. Un asunto digno de reflexión.

Tal vez (sólo digo, tal vez) la “dubitativa” Merkel (mira tú por dónde) podría practicar algo de keynesianismo, si se animara, incentivando la demanda: hacer al revés que China, en vez de dar crédito a EEUU para que le sigan comprando, podrían comprar a los PIGS para que le sigan pagando. Y ello sin tocar a los bancos. ¿Qué tal? Demasiado fácil, para ser “políticamente correcto”.

Tal vez (sólo digo, tal vez) el “peronista” Obama podría practicar algo de keynesianismo, si se animara, incentivando la demanda: tomando decisiones económicas que favorecieran a “Main Street” y no exclusivamente a “Wall Street”. Claro que con ese proceder, no se “financian” las campañas…

Hasta que se demuestre lo contrario, “la mano invisible” del mercado sólo ha servido para firmar las transferencias de fondos públicos a los bancos, para que resuelvan sus problemas de solvencia (aunque digan que son de liquidez), continúen sus negocios especulativos (que provocaron la crisis), y mantengan su generosa política de remuneraciones (equivalente al 50% de sus ingresos)… y aquí paz y después gloria.

¿Puede hablarse keynesianismo cuando el crédito a particulares se ha congelado?

¿Puede hablarse de keynesianismo cuando toda la política de distensión monetaria fue a parar a las arcas de los mismos que provocaron la crisis? ¿Es esto actuar con cautela?

Esto se llama jugar sucio. Han privatizado la política económica de la Unión Europea. De Estados Unidos, va de suyo (Washington S.A.). Magos pretenciosos que convirtieron la política europea (la de EEUU, va “en línea con el mercado”) en el espectáculo repugnante que es ahora.

¿Por qué tanta celeridad (¿y servilismo?) a la hora de dar “relajamiento cuantitativo” (¿droga?) a los bancos y especuladores bursátiles, y tanta disciplina y rigor a la hora de financiar el déficit fiscal de los países? ¿Son dineros distintos? ¿O acaso el destino (inconfesable) de los “relajamientos” lo justifica todo?

¿Por qué la política monetaria es más relajada a la hora de apoyar la economía financiera que a la de apoyar a la economía productiva?

¿Por qué los particulares se deben “desapalancar” malvendiendo sus activos, perdiendo sus propiedades hipotecadas, y/o reduciendo sus consumos, y las entidades financieras se “desapalancan” pasando (a precio de libros) sus activos “tóxicos” a los gobiernos?

¿Por qué los “guardianes de los bonos” son tan generosos (se dicen pragmáticos) a la hora de prolongar las medidas de liquidez que favorecen a los bancos y tan cicateros (se dicen dogmáticos) cuando se trata de reforzar los balances fiscales de los gobiernos?

¿Por qué se “estimula” la especulación (acciones, materias primas, productos financieros) y no se lo quiere hacer con la demanda de los contribuyentes? ¿De quién es el dinero que tan alegre (e irresponsablemente) lanzan desde el helicóptero?

¿Por qué tienen “importancia sistémica” las grandes instituciones financieras y no tienen “importancia sistémica” los gobiernos (que han rescatado no una, sino dos veces -hasta octubre de 2011-, a los bancos “sistémicos”, y/o los contribuyentes (que al final son los que pagan todo este circo y terminan cubriendo todas las apuestas del casino)?

¿Qué están haciendo los gobiernos de EEUU y la UE, con sus respectivos bancos centrales, por frenar la segunda ronda de recesión (la temida “double dip”), más allá de asistir la segunda ronda de capitalización bancaria (y sigue el baile) e intentar desesperadamente monetizar la deuda (inflación por medio)?

¿Por qué se reabre la barra libre de liquidez y la recompra de bonos a la banca (BCE - 6/10/11) y se mantiene la prohibición de comprar deuda pública (si no se realiza a través de los bancos, en el mercado secundario, previo abono de una plusvalía del 3 o 4 por ciento, a favor de los “sospechosos habituales”)? ¿Estupidez, dogmatismo o cohecho?

¿No resultaría más racional (sé que es una práctica poco habitual en política y por lo que se ve, últimamente, también en economía) apoyar la deuda pública para que su valoración de mercado no sea castigada y afecte los balances de los bancos, que reforzar el capital de los bancos para que puedan soportar la minusvaloración de su cartera de inversiones de bonos soberanos (que por otra parte se originaron para atender las necesidades devenidas del primer rescate financiero y, en su momento (para más inri), sirvieron para mejorar la rentabilidad de los bancos (gracias al “trapicheo” del BCE)?

¿Ustedes creen que todo este cinismo, concupiscencia, corrupción, prevaricación, servilismo, conculcación, malversación, fraude, estafa,… (y podría seguir), está contemplado en la doctrina keynesiana? ¿Habría sido aprobado por Keynes?

¿Por qué dicen Keynes cuando deben decir Madoff? ¿Hasta en eso fingen? Hipócritas.

El “colapso del sistema”… pero no jodamos, el único colapso verdadero es el de la moral, el de la ética y hasta si se me permite (aunque sé que no se estila), el de la estética. Es que hasta para robar (que es de lo que se trata), hay que tener cierto estilo.

Pues ni eso, para “aliviar” cuantitativamente a los bancos utilizan de inodoro el cráneo (muchas veces hueco, lamentablemente) de los contribuyentes. Vamos, que se cagan en el ciudadano (¿más claro?). Encima de cornudo, apaleado. Los políticos se seguirán meando en todos y nos dirán que llueve. O sea.

Estamos ante una nueva etapa en la gestión de esta crisis que pone de manifiesto lo mal que se han hecho las cosas hasta ahora. El banco central creando incentivos para acumular activos soberanos devenidos tóxicos a añadir a los que ya tenían las instituciones en cartera, en lugar de fomentar la necesaria contracción del balance y la asunción de pérdidas cuando fuera menester. Y los gobernantes de uno y otro signo más pendientes de evitar que la suciedad les salpicara, en términos de percepción interna de sus votantes, que de comprender la gravedad del problema y actuar en consecuencia. En fin. Sea como fuere llegados a este punto de poco sirve mirar atrás. En la batalla entre actividad productiva y economía financiera -qué fue antes, ¿el huevo o la gallina?- ésta vuelve a ganar por la mano, círculo vicioso de financiaciones cruzadas que obligan a la primera a la austeridad y consienten en la segunda la promiscuidad. Por eso no hay bajada de tipos que beneficie a una y dañe el margen de interés de la otra…

Lecciones keynesianas (algunas citas del autor -para lectores que vayan un poco más allá de los 140 caracteres de los tweets-, con el objetivo de evitar quedar enredados, en lo que parece el baile de la “yenka”, entre “apóstatas” y “verdugos”)

Las ideas desarrolladas por Keynes son sencillas en extremo y -según él- deberían ser obvias. “La dificultad reside no en las ideas nuevas, sino en rehuir las viejas que entran hasta el último pliegue del entendimiento de quienes se han educado en ellas” (sic).

Antes de comenzar el “viaje keynesiano”, según mi estilo “políticamente incorrecto” invito, una vez más, a los lectores, a forcejear para huir de la tiranía de las formas de expresión y de pensamiento habituales. A evitar los “crímenes contra la lógica”, vamos.

Las citas que a continuación se presentan, han sido extraídas del libro: “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”, publicado por John Maynard Keynes en el año 1936, correspondientes a la edición del Fondo de Cultura Económica (1997) y, antes de cada una de ellas, se indica el número de página de la decimocuarta reimpresión.

(20) “El aserto de que la falta ocupación que caracteriza una depresión se debe a la negativa de los obreros a aceptar una rebaja en el salario nominal, no se apoya en hechos”…

(36) “En equilibrio, el volumen de ocupación depende: a) de la función de la oferta global, b) de la propensión a consumir, y c) del volumen de la inversión. Esta es la esencia de la teoría general de la ocupación”…

(38) “La propensión a consumir y el coeficiente de inversión nueva determinan, entre ambos, el volumen de ocupación, y éste está ligado únicamente a un nivel determinado de salarios reales -no al revés-. Si la propensión a consumir y el coeficiente de inversión nueva se traducen en una ineficiencia de la demanda efectiva, el volumen real de ocupación se reducirá hasta quedar por debajo de la oferta de mano de obra potencialmente disponible al actual salario real, y el salario real de equilibrio será mayor que la desutilidad marginal del nivel de equilibrio de la ocupación”…

(38) “Este análisis nos proporciona una explicación de la paradoja de la pobreza en medio de la abundancia; porque la simple existencia de una demanda efectiva insuficiente puede, y a menuda hará, que el aumento de ocupación se detenga antes que haya alcanzado el nivel de ocupación plena”…

(53) “Es evidente (…) que el nivel de ocupación depende, en todo tiempo y en cierto sentido, no sólo del estado actual de las expectativas sino de las que existieron durante un determinado periodo anterior”…

(53) “Por tanto (…) la ocupación presente puede explicarse correctamente diciendo que está determinada por las expectativas de hoy, consideradas juntamente con el equipo productor actual”…

(77) “Ahora pienso que el empresario fija el volumen de ocupación (y, en consecuencia, el de la producción y del ingreso real) impulsado por el deseo de obtener un máximo de ganancias presentes y futuras (determinando el cálculo del costo de uso, por su punto de vista, sobre la forma de usar el equipo de manera que le dé el rendimiento máximo durante la vida del mismo); en tanto que el volumen de ocupación que producirá el máximo de ganancias depende de la función de demanda total que se derive de su expectativa acerca del producto de las ventas resultante del consumo y de la inversión, respectivamente, en diversas hipótesis”…

(93) “Admito, pues, que la propensión a consumir es una función bastante estable, de tal manera que, por lo general, el monto del consumo, en conjunto, depende principalmente del volumen de ingreso total (ambos medidos en unidades de salario); y considerando los cambios en la propensión misma como de importancia secundaria ¿cuál es la forma normal de esta función?...

(93) “La ley psicológica fundamental en que podemos basarnos con entera confianza, tanto a priori partiendo de nuestro conocimiento de la naturaleza humana como de la experiencia, consiste en que los hombres están dispuestos, por regla general y en promedio, a aumentar el consumo a medida que su ingreso crece, aunque no tanto como el crecimiento de su ingreso”…

(94) “La ocupación solamente puede aumentar pari passu con un crecimiento de la inversión”…

(99) “El consumo -para repetir lo evidente- es el único objeto y fin de la actividad económica. Las oportunidades de ocupación están necesariamente limitadas por la extensión de la demanda total. Ésta puede solamente derivarse de nuestro consumo presente o de nuestras reservas para el consumo futuro. El consumo a que podemos proveer es forma costeable por adelantado no puede acrecentarse indefinidamente en el futuro. No podemos, como sociedad, proveer al consumo futuro por medio de expedientes financieros, sino sólo mediante la producción física corriente. En la medida que nuestra organización social y económica separa reservas financieras para el futuro, de la provisión física para entonces, de manera que los esfuerzos para asegurar las primeras no arrastran necesariamente con ellas a la segunda, la prudencia financiera estará expuesta a la contingencia de provocar una disminución de la demanda total y de estorbar así el bienestar, como lo atestiguan muchos ejemplos”…

(112) “El método de financiar la política, y el mayor volumen de efectivo que impone el aumento de ocupación y el alza de los precios que le acompaña, puede tener en efecto de hacer subir la tasa de interés y retardar así la inversión en otras direcciones, a menos que las autoridades monetarias tomen providencias en contrario”…

(112) “Con la psicología confusa que con frecuencia priva, el programa del gobierno puede, a través de sus efectos sobre la “confianza”, aumentar la preferencia por la liquidez o disminuir la eficiencia marginal del capital, lo que a su vez, puede retardar otras inversiones, a menos que se tomen medidas para evitarlo”…

(112) “En un sistema abierto, con relaciones de comercio exterior, parte del multiplicador de la inversión acrecentada beneficiará a la ocupación en países extranjeros, ya que cierta proporción del aumento en el consumo reducirá la balanza exterior desfavorable de nuestro propio país”…

(113) “La desocupación probablemente va unida al ahorro negativo en ciertos sectores, privados o públicos, porque los sin trabajo pueden estar viviendo ya sea de sus ahorros y los de sus amigos o de la ayuda pública que se financia parcialmente con préstamos, con el resultado de que la reocupación disminuirá gradualmente estos actos concretos de ahorro negativo y reducirá, por tanto, la propensión marginal a consumir más rápidamente de lo que lo hubiera descendido a consecuencia de un crecimiento igual del ingreso real de la comunidad producido en circunstancias diferentes”…

(114) “Puede decirse, por ejemplo, que una sociedad típica moderna tendería a consumir no mucho menos del 80 por ciento de cualquier incremento del ingreso real, si se tratara de un sistema cerrado, con el consumo de los sin trabajo pagado por medio de transferencias del consumo de otros consumidores, de manera que el multiplicador no fuera mucho menor de 5, después de haber tenido en cuenta las reacciones contrarias”…

(114) “Sin embargo, en un país en el que el comercio exterior llega, digamos, hasta la proporción del 20 por ciento del consumo y donde los sin trabajo reciben, por medio de préstamos o su equivalente, hasta el 50 por ciento de su consumo normal, cuando están empleados, el multiplicador puede descender tanto como dos o tres veces el volumen de ocupación proporcionado por una inversión nueva”…

(114) “De este modo, una fluctuación dada en las inversiones irá acompañada de una oscilación mucho menos violenta de la ocupación en un país cuyo comercio exterior juega un papel importante y la ayuda a los desocupados se financia en mayor escala con préstamos”…

(118) “Mientras el multiplicador es más grande en una comunidad pobre, el efecto de las fluctuaciones en la inversión sobre la ocupación será mucho mayor en una comunidad rica, suponiendo que en ésta la inversión corriente representa una proporción mucho más grande de la producción corriente”...

(118) “También es evidente, después de lo anterior, que el empleo de un número dado de hombres en obras públicas tendrá un efecto mucho mayor (…) sobre la ocupación cuando la desocupación sea cuantiosa, que, posteriormente, cuando esté próxima la ocupación plena”…

(119) “De este modo, las obras públicas, aun cuando sean de dudosa utilidad, pueden proporcionar una compensación varias veces superior en épocas de grave desocupación, aunque sólo sea por el menor costo de los gastos de asistencia, a condición de que supongamos que se ahorra una parte menor del ingreso cuando la desocupación es mayor”…

(120) “Cuando existe desocupación involuntaria, la desutilidad marginal del trabajo es necesariamente menor que la utilidad del producto marginal. En realidad puede ser mucho menor; porque cierta cantidad de trabajo, para un hombre que ha estado sin empleo largo tiempo, en vez de desutilidad, puede tener utilidad positiva”…

(120) “Si se acepta esto, el razonamiento anterior demuestra como los gastos “ruinosos” (wasteful) de préstamos pueden, no obstante, enriquecer al fin y al cabo a la comunidad. La construcción de pirámides, los terremotos y hasta las guerras pueden servir para aumentar la riqueza, si la educación de nuestros estadistas en los principios de la economía clásica impide que se haga algo mejor”...

(120) “Es curiosos observar cómo el sentido común, tratando de escapar de conclusiones absurdas, ha podido llegar a preferir las formas de gastos de préstamos totalmente “ruinosos” a las que sólo lo son parcialmente, que, por no ser un despilfarro completo tienden a juzgarse de acuerdo con principios estrictos “de negocios”. Por ejemplo, la ayuda a los sin trabajo financiada por préstamos se acepta más fácilmente que la financiación de mejoras que dan un rendimiento inferior al tipo corriente de interés, en tanto que la práctica de abrir hoyos en el suelo, conocida como explotación de minas de oro, que no sólo no agrega nada a la riqueza real del mundo, sino que supone la desutilidad del trabajo, es la más aceptable de todas las soluciones”…

(122) “Así que somos tan sensatos y nos hemos educado de modo tan semejante a los financieros prudentes, meditando cuidadosamente antes de agravar las cargas “financieras” de las posterioridad edificando casas habitación, que no contamos con tan fácil escapatoria para los sufrimientos de la desocupación. Tenemos que aceptarlos como resultado inevitable de aplicar a la conducta del estado las máximas que fueron proyectadas más bien para “enriquecer” a un individua, capacitándolo para acumular derechos a satisfacciones que no intenta hacer efectivos en un momento determinado”...

(132) “Dos tipos de riesgo que no han sido diferenciados por lo general, pero que es importante distinguir, afectan al volumen de la inversión. El primer riesgo es el del empresario o prestatario, y surge de las dudas que el mismo tiene respecto a la posibilidad de obtener en realidad los rendimientos probables que espera. Si un hombre aventura su propio dinero, éste es el único riesgo que importa”…

(132) “Pero, donde existe un sistema de prestar y tomar a préstamos, con lo que quiero decir la concesión de créditos con un margen de garantía real o personal, aparece un segundo tipo de riesgo al que podemos llamar el riesgo del prestamista”…

(132) “Podría añadirse una tercera causa de riesgos, como es el posible cambio adverso en el valor del patrón monetario, que hace que el préstamo en dinero sea menos seguro en la medida de la depreciación, que un activo real”…

(133) “Hasta hoy no se ha destacado bastante, que yo sepa, esta duplicación en la tolerancia de una parte del riesgo; pero puede ser importante en determinadas circunstancias. Durante un auge, el cálculo popular de la magnitud de ambos riesgos, el del empresario y el del prestatario, puede llegar a ser inusitada e imprudentemente bajo”…

(136) “El estado de expectativa a largo plazo que sirve de base a nuestras decisiones, depende, por tanto, no sólo de los pronósticos más probables que podamos realizar, sino también de la confianza con que hagamos la previsión -de qué magnitud estimamos la probabilidad de que nuestro mejor pronóstico sea por completo equivocado-. Si esperamos grandes modificaciones pero estamos muy inseguros sobre la forma precisa en que ocurrirán entonces nuestra confianza será débil”…

(136) “El ‘estado de confianza’, como se le llama, es un asunto al que los hombres prácticos conceden la atención más estrecha y preocupada. Pero los economistas no lo han analizado cuidadosamente y se han conformado como regla con estudiarlo en términos generales”…

(136) “El estado de la confianza tiene importancia porque es uno de los principales entre los factores que determinan la eficiencia marginal del capital, que es igual que la curva de demanda de inversión”…

(138) “Con la separación entre la propiedad y la dirección que priva hoy, y con el desarrollo de mercados de inversión organizados, ha entrado en juego un nuevo factor de gran importancia, que algunas veces facilita la inversión, pero también contribuye a veces a aumentar mucho la inestabilidad del sistema”…

(138) Cuando faltan los mercados de valores no tiene objeto intentar revaluar con frecuencia una inversión en la cual nos hemos comprometido. Pero la bolsa revalúa muchas inversiones todos los días y estas revaluaciones dan frecuentes oportunidades a los individuos (aunque no a la comunidad en conjunto) para revisar sus compromisos”…

(138) “Pero las revaluaciones diarias de la bolsa de valores, aunque se hacen con el objeto principal de facilitar traspasos entre individuos de inversiones pasadas, ejercen inevitablemente influencia decisiva sobre la tasa de las inversiones corrientes”…

(138) “Por eso ciertas clases de inversiones se rigen por el promedio de las expectativas de quienes trafican en la bolsa de valores, tal como se manifiesta en el precio de las acciones, más bien que por las expectativas genuinas del empresario profesional. ¿Cómo se manejan, entonces, en la práctica, estas revaluaciones tan importantes de las inversiones existentes que se realizan cada día y aun cada hora?”...

(139) “En la práctica hemos convenido tácitamente, por regla general, en referirnos a los que en realidad es una ‘convención’. La esencia de ésta -aunque desde luego no funciona con tanta sencillez- está en suponer que la situación existente en los negocios continuará por tiempo indefinido, excepto cuando tengamos razones concretas para esperar una modificación”…

(139) “En realidad, en las valoraciones del mercado entran consideraciones de todas clases que de ninguna manera se relacionan con el rendimiento probable”…

(140) “Estoy seguro de que nuestros principales mercados de inversión se han desarrollado siguiendo lineamientos parecidos; pero no debemos sorprendernos de que una convención tan arbitraria desde un punto de vista absoluto tenga sus puntos débiles. El que sea precario es lo que crea una parte no pequeña de nuestro problema contemporáneo de lograr un volumen suficiente de inversión”…

(140) “Pueden mencionarse brevemente algunos de los factores que aumentan esta debilidad.



1 - Como resultado del aumento global de la proporción que representan en la inversión global de capital de la comunidad los títulos o valores de rendimiento variable que poseen las personas que no dirigen ni tienen conocimiento especial de las circunstancias, sean presentes o futuras, de los negocios en cuestión, ha disminuido seriamente el elemento de conocimiento real que hay en la valuación de las inversiones por quienes las poseen o proyectan comprarlas.

2 - Las fluctuaciones diarias de las ganancias de las inversiones existentes, que son a todas luces de carácter efímero y poco importante, tienden en conjunto a tener influencia excesiva y aun absurda sobre el mercado…

3 - Una valoración convencional que se establece como resultado de la psicología de masa de gran número de individuos ignorantes está sujeta a modificaciones violentas debidas a un cambio violento en la opinión como consecuencia de factores que en realidad no significan gran cosa para el rendimiento probable, ya que no habrá motivos de convicción fuertemente arraigados para mantenerla con firmeza…

4 - Pero hay un rasgo distintivo que merece nuestra atención. Podría haberse supuesto que la competencia entre profesionales expertos, que poseen más juicio y conocimiento que el inversionista privado medio, corregiría las extravagancias del individuo ignorante abandonado a sí mismo. Sucede, sin embargo, que las energías y la habilidad del inversionista profesional y del especulador están ocupadas principalmente en otra parte. Porque la mayoría de estas personas no está, de hecho, dedicada en primer término, a realizar previsiones superiores a largo plazo respecto al rendimiento probable de una inversión por todo el tiempo que dure, sino a prever cambios en las bases convencionales de valuación con un poco más de anticipación que el público en general”…

(141) “De este modo, el inversionista profesional se ve forzado a estar alerta para participar de estos cambios inminentes, en las noticias o en la atmósfera, que, según la experiencia demuestra, tienen más influencia sobre la psicología de masa del mercado. Éste es el resultado inevitable de los mercados de inversión que se organizan para lograr lo que se llama ‘liquidez’. Entre las máximas de la finanza ortodoxa, ninguna, seguramente, más antisocial que el fetiche de la liquidez, la doctrina según la cual es una virtud positiva de las instituciones de inversión concentrar sus recursos en la posesión de valores ‘líquidos’. Olvida que las inversiones no pueden ser líquidas para la comunidad como un todo”…

(142) “La finalidad social de la inversión realizada con conocimiento de causa debería ser el dominio de las fuerzas negativas del tiempo y la ignorancia que rodean nuestro futuro. El objeto real y particular de la mayor parte de las inversiones de los expertos, hoy día, es ‘ganar la delantera’ (to beat the gun), como dicen los norteamericanos; ser más listo que el vulgo, y encajar la moneda falsa o que se está depreciando a otra persona”…

(142) “Esta batalla de viveza para prever las bases de la valoración convencional con unos cuantos meses de antelación, más bien que el rendimiento probable de una inversión durante años, ni siquiera necesita corderos entre el público para saciar las fauces de los lobos profesionales: estos últimos pueden jugar entre sí”…

(143) “Hemos alcanzado el tercer grado en el que dedicamos nuestra inteligencia a anticipar lo que la opinión promedio espera que sea la opinión promedio. Y existen algunos, según creo, que practican los grados cuarto, quinto y otros superiores”…

(143) “La inversión basada en las expectativas auténticas a largo plazo es tan difícil en la actualidad que apenas puede ponerse en práctica. Quién intente hacerla, seguramente deberá sobrellevar días mucho más laboriosos y correr riesgos mucho mayores que quien trata de adivinar mejor que la muchedumbre lo que ésta hará; y, a igualdad de inteligencia, puede cometer equivocaciones más desastrosas”…

(143) “La experiencia no da pruebas claras de que una política de inversión ventajosa socialmente coincida con la más productiva. Se necesita más inteligencia para derrotar las fuerzas del tiempo y nuestra ignorancia respecto al futuro que para ganar la delantera”…

(143) “El juego de los inversionistas profesionales es intolerablemente aburrido y demasiado exigente para cualquiera que esté completamente libre del instinto de jugador; en tanto que quien lo posee ha de pagar el correspondiente tributo por esta inclinación. Aún más, un inversionista que se proponga pasar por alto las fluctuaciones a corto plazo en el mercado necesita mayores recursos para su seguridad y no debe operar en tan gran escala, si es que en alguna, con dinero prestado -y ésta es una razón más de los rendimientos superiores que el pasatiempo da a quien posee cierto acopio de inteligencia y recursos-”…

(143) “Finalmente es el inversionista a largo plazo, aquel que más promueve el interés público, quien en la práctica levanta contra sí mayor crítica, donde quiera que los fondos de inversión sean manejados por comités, o consejos, o bancos; porque la esencia de esta conducta es la que deba ser excéntrica, sin convencionalismos y temeraria a los ojos de la opinión media”…

(144) “Una baja violenta en el precio de los valores de rendimiento variable que haya tenido reacciones desastrosas sobre la eficiencia del capital, puede haberse debido al debilitamiento de la confianza especulativa o del estado del crédito. Pero mientras el debilitamiento de cualquiera de los dos es suficiente para ocasionar una baja violenta, la recuperación necesita que “ambos” revivan; porque mientras el debilitamiento del crédito es suficiente para ocasionar una postración, su fortalecimiento, aunque es requisito previo de la recuperación, no basta”…

(145) “No obstante, a medida que mejora la organización de los mercados de inversión, el riesgo de predominio de la especulación aumenta. En uno de los mayores mercados de inversión del mundo, como Nueva York, la influencia de la especulación (en el sentido anterior) es enorme. Aún fuera del campo de las finanzas, los norteamericanos son capaces de interesarse demasiado por descubrir lo que la opinión media cree que será la opinión media; y esta debilidad nacional encuentra su Némesis en el mercado de valores”…

(145) “Los especuladores pueden no hacer daño cuando sólo son burbujas en una corriente firme de espíritu de empresa; pero la situación es seria cuando la empresa se convierte en burbuja dentro de una vorágine de especulación. Cuando el desarrollo del capital en un país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino, es probable que aquél se realice mal”…

(145) “La medida del éxito obtenido por Wall Street, considerada como una institución cuya finalidad social es guiar las nuevas inversiones por los cauces más productivos en términos de rendimiento futuro, no puede presentarse como uno de los triunfos prominentes del capitalismo de “laissez faire” -lo que no es sorprendente si estoy en lo justo al pensar que los mejores cerebros de Wall Street se han orientado de hecho hacia un fin diferente”…

(145) “Estas tendencias son una consecuencia difícilmente eludible de que hayamos logrado organizar mercados de inversiones “líquidos”. Generalmente se admite que , en interés público, los casinos deben ser inaccesibles y costosos, y tal vez esto mismo sea cierto en el caso de las bolsas de valores”…

(146) “La implantación de un impuesto fuerte sobre todas las operaciones de compraventa podría ser la mejor reforma disponible con el objeto de mitigar en Estados Unidos el predominio de la especulación sobre la empresa”…

(146) “El espectáculo de los mercados de inversión modernos me ha llevado algunas veces a concluir que la compra de una inversión debe ser permanente e indisoluble, como el matrimonio, excepto por motivo de muerte o de otra causa grave, y esto será un remedio útil para nuestros males contemporáneos; porque tal cosa forzaría a los inversionistas a dirigir su atención solamente a las oportunidades a largo plazo”…

(149) “Finalmente, hay una clase de inversión, cada vez más importante, emprendida por las autoridades públicas, o a riesgo de las mismas, francamente influidas por el supuesto general de que hay ventajas sociales probables derivadas de ella cualquiera que pueda ser su productividad comercial dentro de un gran margen, y sin tratar de convencerse de que la previsión matemática del rendimiento sea por lo menos igual a la tasa corriente de interés –aunque la tasa que la autoridad pública tiene que pagar puede desempeñar todavía papel decisivo en la determinación del volumen de operaciones de inversión que puede soportar”…

(149) “Por mi parte, soy ahora un poco escéptico respecto al éxito de una política puramente monetaria dirigida a influir sobre la tasa de interés. Espero ver al Estado, que está en situación de poder calcular la eficiencia marginal de los bienes de capital a largo plazo sobre la base de la conveniencia social general, asumir una responsabilidad cada vez mayor en la organización directa de las inversiones, ya que probablemente las fluctuaciones en la estimación del mercado de la eficiencia marginal de las diferentes clases de capital, calculadas en la forma descrita antes, serán demasiado grandes para contrarrestarlas con alguna modificación factible de la tasa de interés”…

(196) “El día en que la abundancia de capital interfiera con la de producción puede aplazarse en la medida que los millonarios encuentren satisfacción en edificar poderosas mansiones para encerrarse en ellas mientras vivan y pirámides para albergarse después de muertos, o, arrepintiéndose de sus pecados, levanten catedrales y funden monasterios o misiones extranjeras. “Abrir hoyos en el suelo”, pagando con ahorros, no aumentará solamente la ocupación, sino el dividendo nacional real de bienes y servicios útiles. No es razonable, sin embargo, que una comunidad sensata se conforme con depender de paliativos tan fortuitos y frecuentemente tan dispendiosos, cuando ya sabemos de qué influencias depende la demanda efectiva”…

(209) “La desocupación prospera porque la gente quiere coger la luna con la mano -los hombres no pueden lograr ocupación cuando el objeto de su deseo (es decir, el dinero) es algo que no puede producirse y cuya demanda no puede sofocarse con facilidad-. No queda más remedio que persuadir al público que el queso verde es prácticamente la misma cosa y poner la fábrica de ese queso (es decir, un banco central) bajo la dirección del poder público”…

(209) “Es interesante hacer notar que la propiedad tradicionalmente considerada como la que hace al oro especialmente adecuado para usarse como patrón de valor, es decir, la inelasticidad de su oferta, resulta precisamente la característica que está en el fondo de la dificultad”…

(219) “Un aumento (o disminución) de la tasa de inversión tendrá que ir acompañado por un aumento (o disminución) en la tasa de consumo; porque la conducta del público es, en general, de tal carácter que sólo desea ampliar (o estrechar) la brecha que separa su ingreso y su consumo si el primero va en aumento (o en disminución). Esto quiere decir que los cambios en la tasa de consumo son, por lo general, “en la misma dirección” (aunque más pequeños en magnitud) que los cambios en la tasa de ingresos. La proporción del aumento del consumo, que necesariamente acompaña a un alza dada de los ahorros, está determinada por la propensión marginal a consumir. La proporción, así determinada, entre un incremento en la inversión y el correspondiente en el ingreso global, ambos medidos en unidades de salarios, está dado por el multiplicador de la inversión”...

(220) “Finalmente, si suponemos (como una primera aproximación) que el multiplicador de ocupación es igual al de inversión, podemos, aplicando el multiplicador al aumento (o al descenso) en la tasa de inversión ocasionado por los elementos descritos antes, inferir el crecimiento de la ocupación”…

(234) “Podemos, por tanto, en teoría cuando menos, producir los mismos efectos sobre la tasa de interés reduciendo los salarios, al mismo tiempo que dejamos invariable la cantidad de dinero, que aumentando la cantidad de dinero y dejando sin variación el nivel de salarios. De aquí se deduce que la baja de los salarios, como método de alcanzar la ocupación total, está también sujeta a las mismas limitaciones que el de aumentar la cantidad de dinero. Las mismas razones mencionadas antes, que limitan la eficacia de los aumentos en la cantidad de dinero como medio de elevar la inversión a la cifra óptima, se aplican “mutatis mutandis” a las reducciones de salarios”…

(235) “No hay motivo , por tanto, para creer que una política de salarios flexibles sea capaz de mantener un estado de ocupación plena continua -como tampoco para pensar que una política monetaria de mercado abierto pueda lograr este resultado sin ayuda-. No puede conseguirse sobre estas bases que el sistema económico tenga un ajuste automático

(236) “Teniendo en cuenta la naturaleza humana y nuestras instituciones, solamente un tonto preferiría una política de salarios flexibles a una política monetaria elástica, a menos que señale las ventajas de la primera que no sea posible obtener con la segunda. Más todavía, en igualdad de condiciones, un método que es comparativamente fácil de aplicar debería considerarse preferible a otro que es probablemente tan difícil como impracticable”…

(237) “Suponer que la política de salarios flexibles es un auxiliar correcto y adecuado de un sistema que en conjunto corresponde al tipo del “laissez faire”, es lo opuesto a la verdad. Solamente en una sociedad altamente autoritaria, en la que pudieran decretarse cambios sustanciales y completos, podría funcionar con éxito una política de salarios flexibles”…

(238) “A la luz de estas consideraciones opino ahora que el mantenimiento de un nivel general estable de salarios nominales es, en general, la política más aconsejable para un sistema cerrado; al tiempo que la misma conclusión será válida para un sistema abierto, a condición de que pueda lograr el equilibrio con el resto del mundo por medio de fluctuaciones en los cambios sobre el exterior. La existencia de cierto grado de flexibilidad de los salarios en industrias particulares tiene sus ventajas si sirve para facilitar las transferencias de las que se encuentran en decadencia comparativa a las que realmente están en auge. Pero el nivel de salarios nominales en conjunto debe mantenerse tan estable como sea posible, por lo menos en periodos cortos”…

(257) “Hemos demostrado que cuando la demanda efectiva es deficiente existe subempleo de mano de obra en el sentido de que hay hombres dispuestos a trabajar por un salario real menor del existente. En consecuencia, a medida que la demanda efectiva aumenta, la ocupación sube, aunque a un salario real igual o menor al existente, hasta el momento en que no haya excedente de mano de obra disponible al salario que rija en ese momento, es decir, no hay hombres (u horas de trabajo) disponibles a menos que los salarios nominales suban (a partir de este límite) más “de prisa” que los precios”…

(263) “Mientras haya desocupación, la “ocupación” cambiará proporcionalmente a la cantidad de dinero; y cuando se llegue a la ocupación plena, los “precios” variarán en la misma proporción que la cantidad de dinero”…

(264) “Una parte demasiado grande de la economía “matemática” reciente es una simple mixtura, tan imprecisa como los supuestos originales que la sustentan, que permite al autor perder de vista las complejidades e interdependencias del mundo real en un laberinto de símbolos pretensiosos e inútiles”…

(281) “Al explicar las “crisis” hemos acostumbrado hacer hincapié en la tendencia de la tasa de interés a subir bajo la influencia de la mayor demanda de dinero, tanto para comerciar como con fines especulativos… Pero creo que la explicación más típica, y con frecuencia la predominante de la crisis, no es principalmente un alza en la tasa de interés, sino un colapso repentino de la eficiencia marginal del capital”…

(281) “Las últimas etapas del auge se caracterizan por las expectativas optimistas respecto al rendimiento futuro de los bienes de capital, lo bastante fuertes para equilibrar su abundancia creciente y sus costos ascendentes de producción y, probablemente también, un alza en la tasa de interés”…

(281) “Es propio de los mercados de inversión organizados que, cuando el desencanto se cierne sobre uno demasiado optimista y con demanda sobrecargada, se derrumben de forma violenta, y aún catastrófica, bajo la influencia de los compradores altamente ignorantes de lo que compran y de los especuladores, que están más interesados en las previsiones acerca del próximo desplazamiento de la opinión del mercado, que en una estimación razonable del futuro rendimiento de los bienes de capital”…

(281) “Además, el pesimismo y la incertidumbre del futuro que acompaña a un derrumbamiento en la eficiencia marginal del capital, naturalmente precipita un aumento decisivo en la preferencia por la liquidez -y de aquí un alza en la tasa de interés-. De este modo, el hecho de que un derrumbe de la eficiencia marginal del capital tienda a ir acompañado por un alza en la tasa de interés, puede agravar mucho el descenso de la inversión”…

(282) “Pero (…) el colapso en la eficiencia marginal del capital puede ser tan completo que no baste ninguna reducción factible en la tasa de interés (…) y no es tan fácil resucitar la eficiencia marginal del capital, estando, como está, determinada por la indigerible y desobediente psicología del mundo de los negocios. Es el retorno de la confianza, para hablar en lenguaje ordinario, el que resulta tan poco susceptible de control en una economía de capitalismo individual. Este es el aspecto de la depresión que los banqueros y los hombres de negocios han tenido razón en subrayar y el que los economistas que han puesto su fe en un remedio “puramente monetario” han subestimado”...

(282) “Esto me lleva a mi asunto. La explicación del “elemento tiempo” en el ciclo económico, del hecho de que generalmente ha de transcurrir un intervalo de tiempo de cierta magnitud antes de que empiece la recuperación, debe buscarse en las influencias que gobiernan la recuperación de la eficiencia marginal del capital”…

(282) “La duración del movimiento descendente debe tener cierta magnitud que no es fortuita, que no fluctúa entre, digamos, un año ahora y diez años en otra ocasión, sino que muestra determinada regularidad habitual entre, digamos, tres y cinco años”…

(284) “Por desgracia, una baja importante en la eficiencia marginal del capital también tiende a afectar en forma adversa la propensión a consumir; porque entraña una disminución considerable en el valor del mercado de los valores de rendimiento variable en la bolsa. Ahora bien, esto ejerce naturalmente una influencia muy depresiva sobre las personas que toman interés activo en sus inversiones en la bolsa de valores, especialmente si emplean fondos prestados. La disposición a gastar de esta gente está quizá aún más influida por las alzas y bajas en el valor de sus inversiones que por el estado de sus ingresos”…

(284) “Con un público de “mentalidad accionista” como el de Estados Unidos en la actualidad, un mercado de valores al alza puede ser condición casi esencial de una propensión a consumir satisfactoria; y esta circunstancia, generalmente desdeñada hasta hace poco, sirve evidentemente para agravar más aún el efecto depresivo de una baja en la eficiencia marginal del capital”…

(285) “Además, como hemos visto antes, los movimientos consiguientes en el mercado de valores pueden deprimir la propensión a consumir precisamente cuando es más necesaria. Por tanto, en condiciones de “laissez faire”, quizá sea imposible evitar las fluctuaciones amplias en la ocupación sin un cambio trascendental en la psicología de los mercados de inversión, cambio que no hay razón para esperar que ocurra. En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías de seguridad en manos de los particulares”…

(289) “Si es materialmente impracticable aumentar la inversión, resulta evidente que no hay medios de asegurar mayor nivel de ocupación, excepto aumentando el consumo”…

(289) “Estoy dispuesto a admitir que el camino más prudente sería el de avanzar en ambos frentes a la vez. Al mismo tiempo que procuraría conseguir una tasa de inversión controlada socialmente con vistas a la baja progresiva de la eficiencia marginal del capital, abogaría por toda clase de medidas para aumentar la propensión a consumir; porque es improbable que pueda sostenerse la ocupación plena, con la propensión a consumir existente, sea lo que fuera lo que hiciéramos respecto a la inversión. Cabe, por tanto, que ambas políticas funcionen juntas -promover la inversión y, al mismo tiempo, el consumo, no simplemente hasta el nivel que correspondería al aumento de la inversión existente de consumo, sino a una altura todavía mayor”…

(297) “Durante la controversia fiscal del primer cuarto de siglo presente no recuerdo que los economistas hayan hecho concesión alguna al principio de que la protección podría aumentar la ocupación nacional. Quizá lo más justo sea citar como ejemplo lo que yo mismo escribí: “Si hay algo que el proteccionismo “no” puede hacer, es curar la desocupación… Hay algunos argumentos a favor de la protección, basados en que pueden conseguir ventajas posibles pero improbables, para los cuales no hay respuesta fácil. Pero pretender curar la desocupación implica la falacia proteccionista en su forma más cruda y grosera”. Por lo que hace a la teoría mercantilista más antigua, no se disponía de una exposición inteligente, y se nos hizo creer que era punto menos que algo sin sentido. Tan absolutamente abrumadora y completa ha sido la dominación de la escuela clásica”…

(300) “De este modo, dirijo el peso de i crítica contra lo inadecuado de los fundamentos teóricos” de la doctrina del “laissez faire”, en la que fui educado y que enseñe durante muchos años -contra la idea de que la tasa de interés y el volumen de inversiones se ajustan automáticamente al nivel óptimo, de manera que preocuparse por la balanza comercial sea perder el tiempo-; porque nosotros, la facultad de los economistas, hemos sido culpables de presuntuoso error al tratar como una obsesión pueril lo que por centurias ha sido el objeto principal del arte práctico de gobernar”…

(328) “Los principales inconvenientes de la sociedad económica en que vivimos son su incapacidad para procurar la ocupación plena y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos”…

(332) “Creo, por tanto, que una socialización bastante completa de las inversiones será el único medio de aproximarse a la ocupación plena; aunque esto no necesita excluir cualquier forma, transacción o medio por los cuales la autoridad pública coopere con la iniciativa privada. Pero, fuera de esto, no se aboga francamente por un sistema de socialismo de estado que abarque la mayor parte de la vida económica de la comunidad. No es la propiedad de los medios de producción la que le conviene al estado asumir. Si éste es capaz de determinar el monto global de los recursos destinados a aumentar esos medios y la tasa básica de remuneración de quienes los poseen, habrá realizado lo que le corresponde”…

(333) “Nuestra crítica de la teoría económica clásica aceptada no ha consistido tanto en buscar defectos lógicos de su análisis, como en señalar que los supuestos tácticos en que se basa se satisfacen rara vez o nunca, con la consecuencia de que no puede resolver los problemas económicos del mundo real”…

(333) “Fuera de la necesidad de controles centrales para lograr el ajuste entre la propensión a consumir y el aliciente para invertir no hay razón para socializar la vida económica que la que existía antes”...

Después de haber realizado cinco lecturas del libro de Keynes (desde mi época de estudiante, hasta ésta última para elaborar el Paper), me animo a decir sobre las citas presentadas que tal vez “no están todas las que son, pero son todas las que están”.

Qué vigencia (aunque la publicación corresponde a 1936). Qué enmienda a la totalidad… Hasta las críticas a Wall Street, parecen escritas ayer mismo. Es lo que tienen los “clásicos”… que “cada día escriben mejor”. En fin, una verdadera gozada.

Si tuviera que retirarme a un monasterio (o una isla remota, tal vez), entre los pocos (muy pocos) libros sobre economía (básicos y eternos) que llevaría en mis exiguas alforjas, estarían los de Adam Smith (2), Karl Marx (1) y John Maynard Keynes (1).

Creo que Keynes ha sido muchas veces (la mayoría) falsificado y malversado por sus “defensores” y, estigmatizado y calumniado por sus “detractores”. Unos, han querido resucitarlo (tarde y mal), resultando (la más de las veces) unos falsos apóstoles y unos sospechosos estructuralistas; otros, han querido realizar su segundo funeral (a deshora y con vileza), resultando (a lo sumo) unos liberales de mano única y unos dogmáticos del equilibrio fiscal. Ante tal ‘esperpento’ Keynes lloró (como antes Smith - Paper 5/04).

Utilizar la teoría keynesiana para justificar la “barra libre” a los bancos, el descontrol de los órganos reguladores, todas las especulaciones financieras imaginables, y los sucesivos rescates con fondos públicos, es infame. Criticar la teoría de Keynes como causante del gasto público anticíclico, para justificar recortes del gasto social, es ruin.



Espero que el lector reflexione sobre lo leído y de, o quite razones. Como siempre, lo mío sólo intenta alentar el debate de ideas. Poner en duda la verdad oficial. Hacer planteos políticamente incorrectos. Discutir los dogmas y paradigmas “à la page”…

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