Los europeos son ahora más críticos con la economía de mercado


- De la economía del bienestar a la economía del malestar



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22 - De la economía del bienestar a la economía del malestar

En el Ensayo: El adiós europeo al Estado del Bienestar: la “sociedad participativa”, el “gasto social privado”, la “gran sociedad”, y demás experimentos de laboratorio (¿otra vez el triunfo de la ideología sobre la razón?), publicado en octubre de 2014, decía:

Si algo “envidiaba” de Europa, hace, tal vez, cuarenta años (cuando aún vivía en la lejana, remota, falaz y fugaz Argentina, era su “socialdemocracia”, su “estado del bienestar”, su justa y razonable “distribución de las riquezas”, su “equilibrio social”, su “igualdad de oportunidades”, su “paz social”…

Si algo me “inspiró a emigrar” a Europa (exilio voluntario), hace ya veinticinco años, fue ese modelo de socialdemocracia, comunitario, responsable, participativo, amplio, generoso, solidario, equilibrado, incluyente, redistributivo, ético, justo… donde deseaba ver crecer a mis hijas y ver nacer a mis nietos, en un espacio de unión económica con un desarrollo armónico, previsible y sostenible…

Creía haber visto el futuro, y que funcionaba. Estaba en el corazón de la vieja Europa.

Que equívoco más grande. Hoy (octubre 2013) el sueño europeo se ha transformado en una pesadilla (desastre económico) y el despertar, en un infierno (catástrofe social). El sufrimiento humano derivado de la crisis es tanto o mayor que en los Estados Unidos, donde nunca existió (ni se le espera) un estado del bienestar equivalente. Hoy al riesgo de colapso, podemos agregar un desastre impecable. Más que un proyecto acabado de Unión, podemos decir (con gran dolor), que estamos presenciando el final anunciado de un proyecto comunitario.

Todo eso ha quedado barrido por el tsunami de la mayor crisis económico-financiera vivida por EEUU, con réplica en Europa, desde los años 30. Ahora (seis años después del inicio de la depresión) estamos viviendo la post guerra de una guerra librada con armas financieras de destrucción masiva, disparadas desde frentes instalados en lujosos despachos de bancos, agencias bursátiles, fondos de inversión, fondos de cobertura,… por audaces aventureros especulativos, que han utilizado el capital de los ahorristas desprevenidos e incautos, para abatirlos con su propio fuego.

La Real Academia define el término “recuperación” como la acción y efecto de recuperar o recuperarse. Obvio. Pero precisa en una segunda entrada que algo se recupera cuando vuelve a tomar o adquirir “lo que antes tenía”. Sería absurdo pensar que la recuperación de la economía europea va a devolver a los países miembros a los niveles previos a la crisis.

En el mejor de los casos, Europa saneará su economía, ajustará sus grandes desequilibrios y volverá al crecimiento, incluso de una manera robusta. Hasta la devastada Europa de 1945 salió de la tragedia. Pero los países que salgan de esta crisis serán muy distintos. Muy parecido a lo que Ulrich Beck denominó -ya en 1986- la sociedad del riesgo. Y todavía el muro no había caído.

¿Y qué es la sociedad del riesgo? Pues aquella en la que lo relevante ya no es la distribución de la riqueza, sino la producción de bienes y servicios de forma suficiente para financiar un determinado nivel de vida. Algo que, en última instancia, dependerá de su capacidad de adaptación en una economía globalizada.

Lo que se ha roto son las certezas y el mundo previsible. El mundo de la seguridad, del que hablaba Stefan Zweig. Hasta hace bien poco, se pensaba que los avances técnicos -y su corolario en términos de productividad- serían suficientes para lograr el progreso social. Hoy ya no es así.

Mientras que en la sociedad industrial o de clases la cuestión social giraba en torno a cómo repartir la riqueza producida de forma colectiva (y la historia del siglo XX refleja hasta qué punto la lucha entre los diferentes agentes económicos fue encarnizada), en la nueva sociedad del riesgo se seguirá produciendo de una manera desigual, pero su volumen ya no estará garantizado. Y es aquí cuando surge lo que ha venido a definirse como los “nuevos pobres”. O la nueva pobreza, como se prefiera. Un fenómeno en el que se ven envueltos nuevos colectivos que antes se consideraban protegidos contra las inclemencias económicas: profesionales, empleados públicos, pensionistas, parados de larga duración o estudiantes con dificultades para su inserción laboral.

Antes el trabajador era necesario para que algunos ganaran, ahora hay gente que gana sin necesidad de que nadie trabaje para ellos. El resultado de esta situación es una profunda desigualdad. Que no solo alcanza a los parados, sino también a una gran parte de los trabajadores asalariados.

Aparentemente, cuando el banco de inversión estadounidense Lehman Brothers colapsó en 2008 y detonó la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, se formó un amplio consenso sobre la causa de la crisis. Un sistema financiero inflado y disfuncional había asignado incorrectamente el capital y, en vez de gestionar el riesgo, lo creó. La desregulación financiera -junto con el dinero barato- contribuyó a una excesiva toma de riesgos.



Cinco años más tarde, mientras algunos se felicitan a sí mismos por evitar otra depresión, nadie en Europa o Estados Unidos puede afirmar que la prosperidad ha regresado. La Unión Europea recién está emergiendo de la recaída en la recesión (y, en algunos casos, de una doble recaída), mientras que algunos estados miembros están en depresión. En muchos países de la UE, el PBI se mantiene por debajo, o insignificantemente por encima, de los niveles previos a la recesión. Casi 27 millones de europeos están desempleados.

Algo similar ocurre en Estados Unidos: 22 millones de personas que desean un empleo a tiempo completo no logran encontrarlo. La tasa de actividad en la fuerza de trabajo estadounidense ha caído a niveles que no se veían desde que las mujeres comenzaron a ingresar al mercado laboral en forma masiva. El ingreso y la riqueza de la mayoría de los estadounidenses se encuentran por debajo de niveles que habían registrado mucho antes de la crisis. De hecho, el ingreso típico de un trabajador masculino a tiempo completo es menor que hace más de cuatro décadas…

Otros problemas continúan sin ser tratados y algunos han empeorado. El mercado hipotecario estadounidense aún sigue conectado a un respirador: el gobierno ahora asegura más del 90% de las hipotecas y la administración del presidente Barack Obama ni siquiera ha propuesto un nuevo sistema que garantizaría préstamos responsables con términos competitivos. El sistema financiero se ha concentrado aún más, algo que exacerbó el problema de los bancos que no solo son demasiado grandes y están demasiado interconectados y correlacionados para caer, sino que también son demasiado grandes para ser gestionados y responsabilizados. A pesar de un escándalo tras otro, desde lavado de dinero y manipulación del mercado hasta discriminación racial en los créditos y ejecuciones ilegales de hipotecas, ningún funcionario de alto nivel ha sido responsabilizado; cuando se impusieron sanciones financieras, fueron mucho menores de lo necesario, no fuera a ser que las instituciones sistémicamente importantes pudieran verse en peligro.

Las agencias de calificación de crédito han sido declaradas responsables en dos juicios privados. Pero también en este caso lo que pagaron fue una fracción de las pérdidas que causaron sus acciones. Algo más importante aún, el problema subyacente -un sistema de incentivos perversos en el que reciben dinero de las empresas a las que califican- aún debe cambiar.

Los banqueros presumen de haber pagado totalmente los fondos de rescate del gobierno que recibieron cuando comenzó la crisis. Pero nunca parecen mencionar que cualquiera que hubiera recibido enormes créditos gubernamentales a tasas de interés cercanas a cero podría haber ganado miles de millones con el mero hecho de prestar nuevamente ese dinero al gobierno. Tampoco mencionan los costos impuestos al resto de la economía -una pérdida acumulada del producto en Europa y EEUU que supera largamente los $ 5 billones.

Mientras tanto, resultó que quienes sostuvieron que la política monetaria no sería suficiente estaban en lo cierto. Sí, todos fuimos keynesianas, pero por demasiado poco tiempo. El estímulo fiscal fue reemplazado por la austeridad, con efectos adversos predecibles -y predichos- sobre el desempeño de la economía.

Hay en Europa quienes están contentos porque la economía puede haber tocado fondo. Con el regreso del crecimiento del producto, la recesión -definida como dos trimestres consecutivos de contracción económica- oficialmente ha terminado. Pero, sin importar cómo se la mire en busca de resultados significativos, una economía en la cual los ingresos de la mayoría de la gente se encuentran por debajo de sus niveles previos a 2008, aún está en recesión. Y una economía en la cual el 25 % de los trabajadores (y el 50 % de los jóvenes) están desempleados -como ocurre en Grecia y España- continúa deprimida. La austeridad ha fracasado y no hay perspectivas de un pronto regreso al pleno empleo (no sorprende que las perspectivas para Estados Unidos, con su versión más limitada de la austeridad, sean mejores).

El sistema financiero puede ser más estable que hace cinco años, pero eso implica un bajo listón: en ese momento, se tambaleaba al borde del precipicio. Quienes se felicitan a sí mismos en el gobierno y el sector financiero por el regreso de los bancos a la rentabilidad y las tibias -aunque difíciles de conseguir- mejoras regulatorias, deben centrarse en lo que todavía resta por hacer. Solo un cuarto del vaso está, como mucho, lleno; para la mayor parte de la gente, las tres cuartas partes están vacías”. Cinco años en el limbo (Joseph E. Stiglitz - Project Syndicate - 8/10/13)

En nombre de una austeridad unilateral (aplicada sobre los sectores más débiles de la sociedad), proclamada y no practicada por la casta política (amoral y corrupta), las grandes corporaciones (subvencionadas y protegidas por el estado), los bancos quebrados (rescatados con dinero público) y sectores ricos de la sociedad (que han salido beneficiados con la crisis), han “denunciado” el contrato social, con total frialdad, indiferencia, arrogancia, ignominia, imprudencia, insensibilidad y osadía.

El pago de la deuda soberana se ha garantizado con la expropiación de los fondos necesarios para atender la deuda social, bajo la bendición de los acreedores, previamente rescatados de la quiebra con dinero de los contribuyentes, que vuelven a ser expoliados (reiterativamente), para “salvar” la crisis de la deuda.

Para preservar el “cielo” de la deuda han condenado al “infierno” a los grupos más vulnerables de la sociedad. Se ha asegurado la “tranquilidad” de los mercados, con la “paz” de los cementerios (donde ha sido enterrado el Estado del Bienestar). Sin haber celebrado su funeral, siquiera. Eso es lo que sucede cuando se desprecia el pensamiento. Eso es hacer un pan como unas hostias.

Europa (y ya no digamos los EEUU) ha dejado de ser una “comunidad” autogobernada y responsable frente a los deseos de sus ciudadanos, para transformarse en un imperio incontrolable dominado por banqueros y corporaciones, y los políticos que les pertenecen. Los ciudadanos (contribuyentes) están siendo tratados como meros siervos de la gleba y los gobiernos se han convertido en simples sirvientes del poder económico.

La deuda excesiva de los gobiernos ha sido causada por el rescate de los bancos quebrados (pretendidamente sistémicos), y no por políticas de gasto público para sostener un sistema de bienestar social exagerado o demagógico. Y ahora se quiere resolver (garantizar) su pago (sin juzgar y condenar, al menos, a los culpables de la quiebra privada y pública, ni crear los mecanismos necesarios para evitar la repetición de la crisis), desarmando un estado de bienestar (justo y necesario) que ha costado más de medio siglo de luchas sociales y sacrificios a los trabajadores.

De la “socialización” (estatatización) de las perdidas privadas (bancos y otros especuladores financieros quebrados), pasamos a la “mutualización” de la amortización de la deuda pública (devenida del rescate) por la vía del “expolio” de los sistemas de pensiones, salud y educación pública.

A los líderes políticos que “padecemos” podría llamarles inmorales, deshonestos, corruptos, arrogantes, irresponsables, vanidosos, frívolos, sectarios… pero vamos a dejarlo en “imprudentes” (porque son incapaces de intentar -al menos- salvar su propia supervivencia de casta). Están tratando a los ciudadanos como súbditos, y eso es muy grave, y puede tener consecuencias catastróficas imprevisibles (animosidad en aumento, conflictividad social y rebelión cívica). Sin descartar el paso previo (y merecido) de una rebelión fiscal en toda regla, que vaciaría las arcas del estado plutocrático, prebendario y venal. Fin del juego.

Por ahora, ya llevan cosechado el fruto más perverso de una democracia: la fractura social. Y me extraña que tenga que ser un “invitado” extranjero (con 25 años de residencia en Europa) quien les tenga que recordar los peligros de dividir a la sociedad. Se está jugando con la familia, con la seguridad, con el futuro, y eso es peligrosísimo, porque esos sentimientos son muy sensibles al radicalismo.

No hay otra salida para Europa que volver a establecer un consenso en torno al cumplimiento de los Derechos Humanos contenidos en el Preámbulo y los 30 artículos de la solemne Declaración de 1948 y demás documentos que los desarrollan. Esa opción exige hacer de los planteamientos económicos puros conceptos instrumentales sometidos al desarrollo de la gran opción descrita.

Ni que decir tiene que la lógica de los mercados supuestamente independientes debe dejar paso a la centralidad de la política como impulso y evaluación de los procesos puestos en marcha para el fin acordado. La democracia, entendida como convenio entre seres libres e iguales para seguir conviniendo sobre el estado de su contrato social, exige de por sí el control sobre la macroeconomía dejando en todo caso partes de la microeconomía al juego de la oferta y la demanda.

A los que no miran más allá del PIB, el déficit fiscal, la sostenibilidad de la deuda o la competitividad de las empresas, les propongo (humildemente) que sustituyan alguna (o tal vez, todas) de esas grandes magnitudes que son usadas para calibrar la eficacia económica por el Índice de Desarrollo Humano, aunque ello les implique un inmenso dolor y esfuerzo de parto que, sin duda, será mucho menor que el de la agonía del actual sistema que como decía Schumpeter se muere de éxito.

Cuando el pragmatismo se convierte en cinismo

De ser cierta la propuesta de la “sociedad participativa” (a la holandesa), o de la “big society” (al british style), o de la “reinvención del Estado del bienestar” (según el modelo sueco), para “acostumbrar” a la gente a no ver al Estado como una “maquinita de la felicidad”, en un alarde de pragmatismo, tal vez, sería bueno empezar por limitar la “hipocresía” de esas propuestas o similares, dejando de cobrar tan altos impuestos y cargas sociales al contribuyente para financiar unos servicios menguantes y dejar “que cada santo aguante su vela” (empezando por la administración del estado y todos los que “maman” del presupuesto).

Fuera máscaras, basta de cinismo, y si vamos a imponer el “darwinismo social”, que sea en toda regla, y se apliquen la misma receta los miembros de la casta política, sus patrocinadores y beneficiarios, dejando de disparar con pólvora del contribuyente. Podrían hacer suyo aquello de “La bien pagá”: na te debo na te pido… Aunque me sospecho que esas “economías”… no llegarán al río.

23 - De la economía de la producción a la economía del entretenimiento

Usted podría ser nomofóbico

(Las personas nomofóbicas no pueden estar lejos de su celular e incluso llegan a tener dos por si acaso.)

Algunos la llaman la “enfermedad del s.XXI” y expertos en adicciones afirman que el número de casos aumenta cada año. Hablamos de la nomofobia, el miedo irracional que sienten algunos cuando algo les impide interaccionar con su celular.

Un estudio británico reveló que en Reino Unido ya la sufre el 66% de la población, lo que supone un aumento respecto al 53% que se observó en el último sondeo realizado cuatro años antes. (BBCMundo.com - 17/2/12)

¿Qué es?

La nomofobia se identificó por primera vez en 2008 y sus nombre proviene del término inglés “no-mobile phobia” (fobia a estar sin móvil). Los expertos señalan que estas personas experimentan una gran ansiedad cuando se dan las siguientes situaciones: pérdida de celular, batería o crédito agotado y falta de señal.

El primer estudio que dio la voz de alarma sobre este fenómeno lo llevó a cabo el gobierno británico en 2008, con el fin de investigar las ansiedades que sufren los usuarios de celulares.

Incidencia

Entonces se observó que un 56% de hombres y un 48% de mujeres sufrían esta fobia y que un 9% se sentían “estresados” cuando su aparato se apagaba. Cuatro años después, el nuevo estudio elaborado por la empresa de dispositivos de seguridad para celulares SecurEnvoy, revela que la cifra de afectados aumentó en el país.

Tras encuestar a unas 1.000 personas, se constató que el 77% de los individuos con edades comprendidas entre los 18 y los 24 años sufrían nomofobia, mientras que en la franja de edad que va de los 25 a los 34 años, la incidencia fue del 68%. Es más, el sondeo descubrió que un 41% de los encuestados cargaban con ellos dos celulares para así nunca quedarse “desconectados”.

A diferencia del anterior estudio, en este caso se vio una mayor incidencia en mujeres (70%) que en hombres (61%).

“No es una enfermedad”

“Todavía no se puede considerar una enfermedad. La nomofobia es más bien un síntoma de la adicción al móvil”, señaló a BBC Mundo Francisca López Torrecillas, experta en adicciones de la Universidad de Granada quien actualmente trabaja en un estudio sobre nomofobia entre universitarios españoles.

Según detalló, los principales síntomas de una persona nomofóbica son el miedo a no disponer del celular. El nomofóbico no puede imaginar salir a la calle sin él y además invierte un mínimo de cuatro horas diarias consultándolo por motivos ajenos al trabajo.

El nomofóbico, apunta Torrecillas, “suele tener baja autoestima, ser introvertido, no tiene habilidades de afrontamiento. En su tiempo libre sólo usa el móvil, algo que va unido a no tener otras actividades de ocio”.

Casos en España

Aunque en el caso de España no existen todavía cifras concretas, los expertos señalan que sí han notado un aumento de casos en los últimos años. Ahora están tratando de establecer si esto sería debido a la proliferación de teléfonos inteligentes, algo que intuyen podría tener que ver con el fenómeno. En cuanto a sexos, afirman, no se observaron diferencias significativas en cuanto a la incidencia de la fobia.

Según Torrecillas la mejor forma de detectar a un nomofóbico es hacer que anote el tiempo que invierte en su celular y, si sobrepasa las cuatro horas, tratarlo como un problema. “Sería bueno planificar otro tipo de actividades de ocio que no sean estar con el móvil: salir con los amigos, hacer ejercicio físico... Si hay un problema más personal deberían consultar con un especialista”.

Adicción a la tecnología

La nomofobia ha sido vinculada con la adicción a la tecnología y, en lo que a celulares respecta, a la necesidad que sienten muchos de revisar constantemente cada mensaje, alerta o sonido que genera el celular.

A principios de este año un equipo de investigadores de la Universidad de Worcester en Reino Unido, determinó que esta ansiedad permanente, resultado de estar siempre conectados, eleva considerablemente los niveles de estrés de los usuarios. Paradójicamente, el estrés era mayor cuando el celular se usaba más para fines personales que laborales.

El estudio también hizo énfasis en el papel de los celulares inteligentes a la hora de incrementar nuestra necesidad de sentirnos conectados. “Mientras más los usamos más dependientes nos volvemos y en realidad aumentamos el estrés en lugar de aliviarlo”, dijeron los investigadores. De hecho, finalizaron en su reporte, algunos sienten una necesidad tan extrema de estar en contacto que llegan a notar “vibraciones del teléfono que no existen”.



Lo importante es estar “conectado” (¿locura de juventud o imbecilismo profundo?)

Los jóvenes podrían un día querer cambiar sus nombres para escapar de su actividad pasada en internet, advirtió Eric Schmidt, director de Google”... Jefe de Google advierte de los peligros de las redes sociales (BBCMundo - 18/8/10)

Schmidt expresó en una entrevista con el diario estadounidense The Wall Street Journal sus temores de que los chicos no hayan entendido las consecuencias de poner tanta información personal en línea.

Es peligroso estar tan fichado pero lo estaremos todavía más. Google ha destruido enciclopedias que duermen para siempre en las estanterías, nos ofrece gratis el correo electrónico global, no pagamos nada pero tiene un gran potencial económico a costa de nuestras actividades en la red. Lo podemos saber casi todo de todos.

Mr. Schmidt es, por lo menos, sincero: “no creo que la sociedad ha entendido qué pasa cuando todo es accesible, conocible, grabado por todo el mundo siempre y en todo lugar. Pienso que, como sociedad, debemos pensar sobre todas estas realidades”. En estos momentos “sabemos, nos dice, quiénes son los usuarios, qué les interesa, quiénes son sus amigos”…

Es decir, los que trabajamos con Google somos absolutamente controlables. Hay más poder en una de estas empresas que en los servicios de inteligencia del Estado Mayor del país más poderoso de la tierra. Tenemos la confianza en que nuestros datos no se utilizarán. Qué gran candidez. Somos siervos de Google que nos ha captado suave y silenciosamente.

Una pregunta, ¿se pueden tener mil o diez mil amigos? Qué concepto tan desproporcionado de la amistad, tan poco humano, tan virtual. El Gran Hermano orwelliano es por ahora una empresa que pretende obtener el mayor beneficio posible. Pero si un día, por razones de seguridad nacional o internacional, en caso de guerra, es confiscada por un gobierno, podemos ser víctimas de nuestra sinceridad al entregar todos los datos que podrán ser utilizados en contra nuestra.

En nombre de la libertad para cultivar relaciones, podemos ser víctimas de ella. ¿Quién garantiza que el amigo 349 no va a utilizar nuestros datos? Ciertamente, hay que reflexionar y mucho sobre la realidad en la que nos movemos. Una persona que exhibe su intimidad a raudales deja de tener intimidad. Es cautivo de ella. Puede convertirse en un robot inteligente, pero robot, manejado con mando a distancia.

Recientemente, Google se ha empeñado en aumentar su presencia en redes sociales. Para ello, adquirió Slide y Jambool, dos empresas especializadas en prestar servicios a redes sociales. Slide es una empresa de juegos de azar mientras que Jambool provee monedas y pagos virtuales. Google también ha invertido en otra empresa de red social de juegos llamada Zynga.

Muchos creen que las adquisiciones son una señal de que el gigante de las búsquedas está a punto de lanzar otra red social. Algunos expertos han dado un nombre al producto: Google.me.

La empresa ya posee otras dos redes sociales, Google Buzz, lanzada en febrero de 2010 y su primera incursión conocida como Orkut. Buzz levantó polémica al asociarse con cuentas de Gmail sin pedir el consentimiento del usuario, lo que significaba que sus contactos se hacían visibles.

Pero, según algunos expertos, sus preocupaciones acerca del futuro son “exageradas”. “La idea de que todo se almacena en internet no es cierta”, le dijo a la BBC la consultora de redes sociales Suw Charman-Anderson.

“Pasará bastante tiempo antes de que se puedan hacer realidad a causa de la enormidad de internet”. Archivos como Google Cache, que almacena las versiones antiguas de sitios web, son selectivos, agregó.

Si bien las empresas especializadas en “limpiar” los perfiles de internet ya existen, Charman-Anderson argumentó que lo que debe cambiar son las actitudes hacia el contenido personal en la red. “Siempre hay un desfase entre la introducción de nuevas tecnologías y el desarrollo de un conjunto de normas sociales en torno a la conducta que la tecnología impulsa”. “Como sociedad, tenemos que ser un poco más condescendientes con las locuras de juventud”.



Y además de “conectado”… “geolocalizado” (Chicos, ahora estoy “cagando” en…)

Facebook anunció ayer el lanzamiento de Places, una herramienta que facilita la geolocalización de los usuarios a través de sus smartphones. Con esta aplicación, la red social aspira a hacerse fuerte en la publicidad local de las pymes y frenar el avance de Google”... Facebook presiona a Google al permitir saber dónde están sus clientes (Cinco Días - 20/8/10)

Era un secreto a voces y el 19 de agosto de 2010, se hizo público. Facebook se ha lanzado al mundo de la geolocalización a través del móvil. En un post publicado en su blog corporativo, la red social anunció el lanzamiento de Places (“Lugares” en castellano), una herramienta que permite la localización geográfica de los usuarios gracias a sus smartphones. La compañía, que ya cuenta con cerca de 150 millones de clientes que acceden a través del móvil (de un total de 500 millones), explicó que el usuario puede comunicar a sus amigos el lugar en el que se encuentra a través de su smartphone.

Michael Eyal Sharon, directivo de la red social, señaló que el usuario puede encontrarse en un sitio nuevo que le gusta, como por ejemplo un restaurante, y compartirlo con sus amigos a través de Facebook. “Places permite al usuario encontrar amigos que están cerca y ayudarles a descubrir sitios nuevos”, dijo.

Esta opción, según coinciden muchos expertos, puede convertirse en una vía para la obtención de ingresos a través de la publicidad, en este caso abierta no sólo para las grandes compañías sino también para las pequeñas y medianas empresas, que se pueden beneficiar de las recomendaciones localizadas de los usuarios de los smartphones. Fuentes del sector señalan que este segmento puede convertirse en un campo de expansión para el marketing y las promociones comerciales para restaurantes, bares, museos y tiendas.

En este sentido, con el lanzamiento, Facebook va a hacer frente a Google, que también quiere hacerse fuerte en el segmento de la publicidad móvil asociada a la geolocalización. De hecho, el buscador está preparando el lanzamiento de nuevos servicios relacionados con esta actividad.

Y no es el único. En estos momentos, algunas de las redes sociales más populares, se mueven en el área de la geolocalización como son los casos de las norteamericanas Gowalla y Foursquare (cuyos responsables participaron en la presentación de Places). Además, empresas como Yelp y la española Tuenti también quieren situarse en este negocio.

De momento, Facebook ha hecho su primer gran movimiento. La red social explicó que Places va a estar, por ahora, disponible sólo en EEUU, si bien aseguró que el objetivo es lanzar el servicio en otros países.

De igual forma, la herramienta está disponible para la última versión de Facebook para el iPhone de Apple, aunque su intención es que pueda utilizarse en la mayoría de plataformas de smartphones que actualmente hay en el mercado. En este sentido, la compañía explicó que los usuarios también pueden acceder a Places a través de Touch.facebook.com y el navegador incluido en el móvil cuenta con HTML5 y geolocalización.

Respuesta a la pregunta anterior: Locura de juventud e imbecilismo profundo

Rebecca Javeleau, “invitó” a su cumpleaños a través de Facebook a 21.000 personas, según el Daily Telegraph, ya que se había olvidado de marcar el evento como asunto “privado”… (Información de Yahoo! News - 23/9/10, para más Inri)

Aunque Facebook rápidamente cambió la página de pública a no-pública, los usuarios de la red han creado incluso páginas de fans para la fiesta. Un ejemplo es “La fiesta de Rebecca pasará a la historia”, que ya ha recabado más de 1.200 “Me gusta”, y otros tantos aficionados preguntando por la dirección donde tendrá lugar el evento.

Según el periódico británico, la madre de Rebecca vetó inmediatamente la convocatoria e incluso se puso en contacto con la policía, que envió un grupo numeroso de patrullas por si el enjambre de jóvenes decidía presentarse en la casa reclamando la celebración de la fiesta.

Sin embargo, el caso de Rebecca no es el único. Desde hace unos años, han sido muchas las fiestas que se han descontrolado. En Australia, a principios de año, una tímida fiesta de cumpleaños recibió la asombrosa cifra de 60.000 confirmaciones de asistencia. Por no mencionar la cantidad de páginas de fans que estas historias generan, tanto en Facebook como Twitter.

En ocasiones las páginas y eventos que reciben un “Me gusta” no son más que un malentendido. Un ejemplo de ello fue la generosa cifra de aficionados (692.000) que recibió el título del libro: “Shut up, I´m talking”, lo que supuso en principio una alegría para su autor. Sin embargo, los usuarios de Facebook desconocían que: “Cállate, estoy hablando” era el título de un libro, y no una frase que muchos desearían dedicar a más de un compañero.

A pesar de que no sea una herramienta muy complicada, prestar atención a pequeños detalles es esencial para no arrepentirse después. Por eso, si usted quiere hacer una pequeña fiesta en su casa, y quiere utilizar la red social para hacérselo saber a sus amigos, le recomendamos desmarcar la casilla que versa que “cualquiera puede ver y confirmar su asistencia”, antes de hacer público el evento.

24 - De la economía real a la economía de la especulación (financierización)

En el Paper: Economías Fallidas (Variaciones sobre la “danza macabra” entre los “cándidos” adictos al crédito y los “pícaros” traficantes de dinero), publicado el 15/4/12, decía:

He querido utilizar el título de Economías Fallidas en este Paper con la intención de destacar (y debatir) el fracaso del modelo económico globalizador, librecambista, privatizador, desregulador, deslocalizador, financiero y especulativo, que se ha venido aplicando en las últimas décadas y que ha tenido su eclosión (implosión) en el año 2008 (y continúa). Adicción al crédito, ficción y quiebra. La era de la codicia autodestructiva.

Economías fallidas son aquellas que han sustituido a la economía real por la economía especulativa.

Economías fallidas son aquellas donde se han socializado las perdidas y privatizado las ganancias.

Economías fallidas son aquellas donde se ha destruido empleo.

Economías fallidas son aquellas donde ha habido un reparto desigual de la riqueza.

Economías fallidas son aquellas donde ha crecido la pobreza.

Economías fallidas son aquellas donde los jóvenes han sido condenados a ser más pobres que sus padres.

Economías fallidas son aquellas donde se ha “parado” el ascensor social.

Economías fallidas son aquellas donde se ha “robado” el futuro.

Economías fallidas son aquellas donde se han “transformado” los sueños en pesadillas.

Economías fallidas son aquellas donde se han facilitado los crímenes corporativos.

Economías fallidas son aquellas donde se ha promovido la trampa de la globalización.

Economías fallidas son aquellas donde se ha destruido la confianza.

Economías fallidas son aquellas que han originado la nueva era de las desigualdades.

Economías fallidas son aquellas que han dejado al mundo sin rumbo…

Mientras el mundo se espanta con WikiLeaks, se entretiene con Facebook y confía en guardar sus secretos en la “nube”… en el hemisferio norte (otrora desarrollado, civilizado, democrático, previsible…) se empeñan, una y otra vez, en “africanizarse”, en “latinoamericanizarse”… en fin, en llevar al Primer Mundo hacia el Tercer Mundo. Y lo más grave, es que lo están logrando. Pronto los países “emergentes” (antes “sumergentes”), terminarán donando el 0,7% de su PIB (¿remember?), para ayudar al desarrollo de los países antes “ricos”. Entonces la ONU propondrá aplicar las Metas del Milenio (¿remember?) para erradicar la pobreza de los países avanzados… Una limosnita por el amor de Dios… ¡Joder!



La financierización de la economía (confundiendo deuda con riqueza)

Durante las últimas décadas se ha venido produciendo un cambio en las economías occidentales. Del capitalismo industrial se ha pasado al financiero, de la preeminencia de la actividad productiva a la crediticia y de mercados”... Ganan las finanzas, pierde la economía real: el futuro ya está aquí (El Confidencial - 14/9/11



Acaba de concluir su primera fase que ha implicado la casi desaparición de la economía “real” en favor de la financiera y la concentración de poder en reducidas manos de este sector. Para ello se ha usado la ilusión monetaria que logró convencer a los ciudadanos que endeudarse significaba ser más rico, sin que, en realidad, se operara cambio alguno en su situación. Pero claro, cuanta más deuda, más dependencia del sector financiero.

Ahora, con esta crisis, se está entrando en la segunda fase de esta transformación, la de la total ocupación de los fondos públicos. ¿Cómo lo logran?

Primero, a través del miedo. Los trabajadores ven el despido tan cerca (según la OIT, el desempleo está en su nivel más alto nunca registrado) y se encuentran con tan poco ahorro y tan escasas posibilidades de encontrar otro trabajo, que aceptan cualquier medida económica por dañina que les resulte.

Empecemos por el descenso de los costes salariales. Según Greenspan, la deuda “cura” el problema laboral y está en la génesis de la contracción de la retribución a los empleados. Vaya, haber empezado por ahí cuando fue Presidente de la Reserva Federal.



Sigamos con el déficit público. En los Estados Unidos, la Comisión de Responsabilidad Fiscal está más preocupada por el agujero presupuestario que por el crecimiento. El mismo título del estudio asusta: “El Momento de la verdad”. ¿De qué “verdad”? ¿La “verdad” de que su gobierno puede, siempre, pagar su deuda al endeudarse en su propia moneda? ¿La “verdad” que Estados Unidos jamás entrara en bancarrota, a menos que así lo desee? ¿Qué es esto?

Entre los miembros de esta Comisión hay ex vicepresidentes de la FED, ex directivos de Morgan Stanley y profesionales de perfil similar. Gente preparada que sabe que están mintiendo a sus compatriotas. Interesa transmitir la idea de que unos gobiernos sumamente ineptos y proclives a dispendios sin control convierten todo gasto público en improductivo.

Se busca convencer a los ciudadanos de que la situación actual no permite el déficit del Estado, que son inviables las estructuras públicas de pensiones o de salud. No se explica que no todo el gasto de la administración es dispendio ni que la falta de superávit comercial implica déficit del sector privado o el público.

El resultado es que los ciudadanos han asimilado que si no aceptan las medidas de austeridad, sufrirán la mayor recesión de la Historia. Si no acatan resignadamente los recortes, el límite de la deuda USA no se podrá aprobar (dicho por el mismo partido que lo aumentó en diez ocasiones anteriores). Sin ajustes, sus pensiones corren peligro.

El objetivo es destinar los recursos públicos y el endeudamiento del Estado a apoyar el rescate de las entidades financieras y evitar minusvalías en las carteras de las entidades.

El sector financiero sabe que el sistema no da más de sí. Puede aguantar un poco más, coger el dinero del nuevo QE y moverlo hacia Asia donde está el futuro gracias a una población ávida por consumir y endeudarse. Pero sabe que la deuda total, tanto en los EEUU como en la UE, no puede pagarse.

En esta operación, el papel del BCE es fundamental. La labor principal de un banco central es la de financiar el gasto del Estado con la compra de su deuda. El BCE es diferente: tiene prohibido la compra en el mercado primario. Su tarea se limita a controlar la inflación.

Así, los países de la UE, en lugar de endeudarse a través de su banco central como ocurre en Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Noruega… lo hacen pagando el 5% a los bancos comerciales que después venden la misma deuda al BCE. Mientras, Estados Unidos se financia a través de la FED al 0%. ¿Quién gana con este mecanismo? ¿El ciudadano?


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