Los distintos enfoques acerca del trabajo, ficha de cátedra 2009



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Alonzo: Los distintos enfoques acerca del trabajo, ficha de cátedra – 2009

Los diferentes dichos, a través de la historia, que son generados por el saber popular, expresan las distintas representaciones que definieron cual es el significado que las personas le otorgamos al trabajo. Algunos refranes expresan rechazo, otros reconocimiento, algunos veneración, son seguramente el emergente de un conjunto de estados de ánimo referidos a la relación compleja entre el hombre y el trabajo, relación que ha intentado ser explicada desde distintas perspectivas.



EL SIGNIFICADO DEL TRABAJO La importancia que tiene el trabajo en la vida de las personas es un dato objetivo. El trabajo representa aproximadamente el 70% de nuestra vida útil. De este modo, el trabajo ha representado desde siempre, un fenómeno trascendental en la vida de las personas y en el desarrollo de las sociedades humanas.

Durante mucho tiempo distintos enfoques intentaron explicar la práctica del trabajo desde una concepción económica, jurídica y política. No significa que sean equivocados, pero siempre tuvieron un sesgo, que los hizo insuficientes para comprender aquella parte de la realidad en la cual las personas ponen en relieve nuestros sueños, esperanzas, ilusiones, pasiones, enojos, displaceres, alegrías, tristeza y tantas otras emociones.

Las ciencias sociales le adjudican al trabajo el papel de una actividad facilitadota de integración social, constituye una de las formas principales de la integración social, además de presentar una de las modalidades privilegiadas del aprendizaje en sociedad.

LA CENTRALIDAD DEL TRABAJO Distintos enfoques expresados por corrientes científicas y religiosas significativas como el marxismo, el cristianismo y el psicoanálisis, reforzaron desde sus postulados la idea de centralidad del trabajo.

Carlos Marx sostenía: “ el trabajo es la esencia del hombre, porque la historia demuestra que el hombre se ha convertido en lo que es gracias al trabajo, la historia llamada universal, no es otra cosa que la generación del hombre mediante el trabajo humano, no es otra cosa que el devenir de la naturaleza en beneficio del hombre. El hombre solo puede existir trabajando, creando artificio, sustituyendo lo natural por sus propias obras”.

CONCEPTO DE TRABAJO El trabajo representa un constructo complejo y multidimensional que está condicionado por las distintas percepciones individuales y sociales del mismo. siguiendo a José María Peiró , a menudo nos referimos al trabajo como una actividad o tarea, como una situación ocupacional, como ambiente o contexto físico, como método de producción, como un significado subjetivo, como una actitud o creencia, como una valor, como estructuración temporal, como símbolo social y cultural, como costo o esfuerzo, como intercambio social y económico, como ético.

El trabajo puede ser conceptualizado como: “El conjunto de actividades humanas, retribuidas o no, de carácter productivo y creativo, que mediante el uso de técnicas, instrumentos, materas o informaciones disponibles permite obtener, producir o prestar ciertos bienes, productos o servicios. En esta actividad las personas aportan energías, física y psíquica, habilidades, conocimientos y otros diversos recursos, obteniendo a cambio, algún tipo de compensación material, psicológica y/o social”.

Por otro lado, los integrantes del proyecto MOV Internacional research, identificaron cuatro categorías definitorias del trabajo:

Definición concreta del trabajo: las personas que conciben el trabajo de esta manera, resaltan los aspectos más tangibles y objetivos de la actividad laboral.

Una definición social: en este caso las personas destacan los aspectos o funciones de carácter social, tales como él hacerles sentirse miembros de grupos o colectivos mas amplios.

La definición del trabajo como carga.

Definición del trabajo como deber. Se destaca el carácter obligatorio.

LA DIFERENCIA ENTRE TRABAJO Y EMPLEO El empleo es un modelo de trabajo, surgido como resultado de la revolución industrial, es un sistema de relación de dependencia, asalariado y contractual. La crisis de este sistema muestra que este enfoque no debe colocar el trabajo asalariado como el único vector de actividad social, ni la empresa el único lugar de socialización. Esto supone un intento de recuperar el verdadero significado de trabajo, como fuente de autorrelación, de transferencia y dotado de un profundo significado psicológico y emocional.

LOS APORTES DE LA PSICOLOGIA Y LOS CAMBIOS EN EL CONTEXTO Es importante destacar que en la Argentina la psicología del trabajo forma parte del conjunto de incumbencias profesionales encuadradas en la ley del ejercicio profesional del psicólogo. Son las nuevas concepciones del trabajo y su impacto sobre la subjetividad humana, las que exigen un graduado en psicología que pueda realizar aportes profesionales en un campo de gravitación fundamental para la vida humana.

Por otra parte, así como históricamente se han producido cambios en las formas de trabajo, en los principios del siglo XXI, los desafíos de la psicología se dirigen a generar nuevos modelos de intervención frente a una ola de cambios y transformaciones que impactan sobre el mundo laboral:



Las transformaciones de los puestos de trabajo y las formas de organizarlo

Los cambios en las ofertas laborales de los diferentes sectores

La aparición de una nueva revolución tecnológica que modifica sustancialmente la formas de producción y los modelos de gestión.

El impacto sobre las organizaciones

Los cambios jurídico-legales que regulan la actividad laboral.

la globalización de los mercados

la crisis del régimen de acumulación, es decir las tendencias a la descentralización, fusión y subcontratación de empresas, entre otros fenómenos.

la propia forma de concebir el trabajo por parte de la sociedad y la cultura occidental

Una nueva relación entre el hombre y el trabajo.

LAS CATEGORIAS DE ANALISIS DEL TRABAJO HUMANO: Como categoría antropológicaLas tres grandes corrientes del pensamiento del siglo XX, para las cuales el trabajo es la actividad fundamental, son el pensamiento cristiano, el enfoque marxista y la corriente humanista.

Las principales premisas del pensamiento cristiano sugieren que: el trabajo es un medio necesario de la realización personal del ser humano, también es en deber social que cada hombre ha de cumplir lo mejor que pueda, el mundo es un mundo de tareas a realizar.

En 1981 llega una concepción diferente de la religión, “la iglesia de los pobres” que defiende al trabajo por sobre el capital, solidarizándose con los movimientos de trabajadores, también llamada “teología de la liberación”. Se expone un proyecto de socialización de los medios de producción. En tanto el pensamiento marxista reivindica la idea de centralidad del trabajo, como actividad constitutiva de la esencia del hombre.

El trabajo como categoría económicaEl papel económico se representa por su importancia como mecanismo generador y regulador de la distribución de bienes y oportunidades sociales. Procura la supervivencia de los grupos humanos, por su capacidad generativa.

El liberalismo como corriente de pensamiento concibió al trabajo como una actividad cuyos propósitos fundamentales eran la producción de riqueza, abundancia y prosperidad. Lamentablemente eso se dio para una porción reducida de personas confinando así una buena parte de la humanidad al subdesarrollo.

El trabajo desde una perspectiva económica se define como una actividad que representa un medio para obtener un fin, realizado para obtener algo a cambio, constituyendo ese beneficio algo diferente a la actividad laboral misma.

El trabajo como categoría históricaSe refiere a las diferentes interpretaciones que se le dieron al trabajo a lo largo de la historia. El trabajo en la sociedad actual está enraizado en las distintas representaciones que este ha tenido, propias de cada cultura y época.

Los investigadores del grupo MOW Internacional Research Team, afirman que el trabajo es un constructo dinámico, cuyo significado se configura en un momento dado y no permanece inmutable en el tiempo, si no que se está reformulando constantemente. También se concluyó que significado del trabajo puede variar dentro del mismo segmento histórico.

Peiró propone definir el significado del trabajo como “un conjunto de creencias y valores hacia el trabajo, que los individuos y grupos sociales van desarrollando antes y durante el proceso de socialización en el trabajo”

El trabajo como categoría social Dimensiones objetivas sobre el trabajo humano, explicitadas por Julio Neffa:

1. El trabajo tiene una dimensión social, ya que esta orientado hacia otros, ha producido algo exterior, de modo que su finalidad es utilitaria.

2. El trabajo es una actividad socialmente necesaria, por su carácter mediador entre naturaleza y hombre

3. Es una activad trascendente

4. Por medio del trabajo los seres humanos establecen una relación particular de intermediación con la naturaleza

5. El trabajo provoca una movilización y la generación de un compromiso subjetivo.

6. El trabajo socializa a las personas y es fuente de inserción social.

El trabajo como categoría psicológica Actualmente el trabajo humano desde la perspectiva psicológica se ubica como:

Una actividad que es fuente de autorrealización

Estructura el tiempo organizando el ciclo vital de las personas

Una experiencia primaria promotora de socialización

Una realidad subjetivada y subjetivante, facilitador de la sublimación, mediador privilegiado entre el ICC del sujeto y el campo social

De acuerdo a las condiciones es: facilitador de la autoestima y generador de satisfacción, da sentido a la vida y es una fuente de trascendencia y realización personal.

A continuación algunos de los enfoques psicológicos más significativos:

La psicodinámica del trabajo. El enfoque de Christophe DejoursDesde una dimensión subjetiva, este autor considera al trabajo como una relación “de uno consigo mismo” donde a través de la práctica del trabajo, las personas nos ponemos a prueba con el mundo y su resistencia a mí saber hacer, a mis conocimientos y a mi experiencia. El trabajo es la prueba capital por la cual se incrementa nuestra subjetividad. El trabajo es elaboración de lo vivido y de la experiencia de lo real.

Desde una perspectiva intersubjetiva, una visión contextualista y situacional, explica que el trabajo expone al sujeto al vínculo sociºal, pero no desde la perspectiva de la vida amorosa o erótica, sino desde el reconocimiento, procuramos siempre una manera de retribución que debe ser diferenciada del amor.

El trabajo también puede aparecer como generador de sufrimiento o como fuente de placer, las característicos de la organización del trabajo, precipitan desajustes y desequilibrios, que terminan produciendo consecuencias encuadradas dentro del enfoque de “psicopatología del trabajo”.

El enfoque de Elliott JacquesEl campo de trabajo es ambiguo. En el terreno de lo pragmático, hay una ausencia de definiciones y percepciones inequívocas sobre el trabajo, que lleva a convertirse en una fuente de enormes confusiones y un derroche de esfuerzos costosos.

Cuando se habla de trabajo, se habla de tres acepciones diferentes:



Fue un arduo trabajo (alude al esfuerzo personal relacionado con la tarea)

hacer el trabajo (relacionado con lo que la persona tiene que hacer para conseguir resultados)

que hoy me encargaron en mi trabajo (refiere al rol)

El autor concibe al trabajo como: “el ejercicio de la discrecionalidad, el discernimiento y la toma de decisiones, dentro de ciertos limites, al realizar una tarea. es impulsado por los valores y pone en juego las habilidades cognoscitivas del individuo”



El enfoque social cognoscitivo de Alberto Bandura Alberto Bandura es el creador de la teoría social cognoscitiva, cuyo principal enfoque está orientado a estudiar como los niños y los adultos operan cognocitivamente en sus experiencias sociales y como éstas cogniciones influyen en su conducta y desarrollo.

Bandura estudió los criterios que las personas generan, cuando tienen que establecer que consideran por éxito: a. la percepción que tiene cada persona sobre su propio éxito y b. la percepción que tiene sobre su capacidad para conseguir resultados predefinidos como “satisfactorios”

Tomando como referencia estas premisas Bandura investigó específicamente que las personas en entornos productivos y con requerimientos de resultados, pueden desempeñar mejores roles, cuando creen poseer las habilidades necesarias para ello. Este enfoque se denomina “teoría de la autoeficiencia” que se define como el conjunto de creencias en las capacidades personales para ejecutar cursos de acción requeridos.

El enfoque psicosocial de José María Peiró Este enfoque identifica un conjunto de aspectos críticos cuando se trata de analizar el fenómeno del trabajo desde una perspectiva psicológica:

las personas adquieren su conocimiento acerca del trabajo a partir de sus experiencias laborales, pero también a partir de informaciones y modelos culturales que reciben de la sociedad

la actividad laboral contribuye al desarrollo de la persona en sociedad o caso contrario puede resultar alienante, al no reconocerse a si misma.

los ambientes laborales no pueden ser considerados solamente en relación a sus características objetivas, si no también en relación a la manera de percibirlo por las personas.

el significado subjetivo y psicológico del trabajo, desarrollado a través de un complejo y múltiple proceso de socialización, que proporciona a los individuos una identidad social.

el trabajo constituye una “realidad subjetivada” de carácter social, que cumple una serie de funciones psicosociales:

La función integrativa o significativa: relacionada con la realización personal

El trabajo como promotor de status y prestigio social

Como fuente de identidad personal

Función económica

Fuente de obtención de oportunidades para la integración y los contactos sociales

Estructura el tiempo

Mantiene a las personas bajo una actividad mas o menos permanente

Fuente de oportunidades para desarrollar habilidades y destrezas

La función de transmitir normas, creencias y expectativas sociales

Proporciona poder y control

Función de comodidad ( buenas condiciones físicas, seguridad y confort)

Schvarstein: “Trabajo y subjetividad: entre lo existente y lo necesario” Introducción y Cáp. 1.

Introducción La principal tarea emancipadora relacionada c/ el trabajo consiste en la posibilidad del ejercicio de poder, q en todos los casos es una experiencia local y cercana. En la empresa unipersonal y el trabajo a distancia, o teletrabajo. Estas nvas formas de organizar el trabajo constituyen tendencias predominantes, caracterizadas x atentar contra el lugar del sujeto en la organización, transformar su trabajo en un “no lugar”, y volver a instalar la lógica del trabajo a destajo.

Empresa unipersonal  3 movimientos: (1) la reducción de las organizaciones a empresas, (2) la reducción de la empresa a la unipersonal, (3) empresarización de la vida. Lo q está en juego es la instalación a nivel subjetivo de una propuesta de autogestión. La autovalorización se constituye en un aspecto definitorio de las relaciones q los sujetos establecen en el mundo del trabajo. Se impone entonces un trabajo de gestión de la autoestima como forma de administración y mercadeo de los recursos efectivos de los trabajadores.

El concepto de teletrabajo, x otra parte, plantea un quiebre en el manejo del tiempo y el espacio. Un espacio como el q genera el teletrabajo, q no puede definirse como espacio de identidad, define un no lugar. Asimismo, resulta inevitable q el contrato propio del teletrabajo implique un compromiso de la totalidad del sujeto como nunca antes existió, generándose una indiscriminación entre tiempo de jornada laboral y tiempo libre de jornada laboral.

El trabajo no es salud, puede ser saludable, pero ése es otro tema. Las propuestas y concepciones de salud – enfermedad hegemónica se encuentran en la fundación de la actual cultura del emprendimiento. Cultura q ha sido reducida, x así decirlo, a uno de sus componentes, esto es, el despliegue del polo lucrativo.

Capitulo 1 → La pertinencia del contrato psicológico para el análisis de la salud del sujeto está dada x el hecho de q dicho contrato constituye una expresión de su pertenencia a la organización, pertenencia q le provee una interacción social regular y lo inscribe en el orden histórico específicamente humano de las relaciones de producción. La organización aparece entonces como instrumento o como dependencia institucional. La subjetividad del sujeto, tensada entre un extremo y otro, puede entenderse como el resultado de un proceso de subjetivación en la relación individuo-organización, en la dinámica entre lo interno y lo externo, en el escenario de la organización hecha espacio vital, representación en el sujeto de un lugar de sueños, de esperanzas y de temores. El personaje deviene plenamente actor cuando esta vitalidad interior encuentra un espacio externo para crecer y realizarse. Tal subjetividad emerge entonces del contrato entre el actor y el personaje, y expresa el juego cruzado c/ la relación dialéctica necesidad – satisfacción q da como resultado:

a.- EL TRABAJO QUE ME DISFRAZA, PARA GANARME LA VIDA Y NADA MAS: Teniendo en cuenta los distintos tipos de poder q caracterizan a las organizaciones y las distintas formas de consentimiento q generan, al poder remunerativo, q en ese escenario ejerce la organización de empleo, el sujeto “le presta” un consentimiento calculativo (trabajo mientras me paguen lo suficiente x desempeñar mi personaje, para luego hacer lo q me place en mi vida como actor; cuando la paga no es suficiente, si puedo, me voy a otra parte.

b.- EL TRABAJO QUE ME GUSTA: Aquí el papel del personaje le genera satisfacción al actor, xq es parte de su vocación. El poder sigue siendo remunerativo y el consentimiento puede oscilar

c.- EL TRABAJO QUE ME COMPROMETE MORALMENTE: En esta escena se requiere el compromiso íntegro del actor como una necesidad para desempeñar el papel del personaje. Los miembros prestan un consentimiento como actores antes q como personajes. Son compensados económicamente x su dedicación, aparece en escena también el poder remunerativo.

d.- EL TRABAJO QUE ME ENCUBRE: En esta escena, el poder q se ejerce puede ser cualquiera, y el consentimiento será inevitablemente alienado (el sujeto enajenado de sí mismo), aunque en lo manifiesto tal poder aparezca como remunerativo o, + frecuentemente, moral.



En este contexto y para nuestros fines, la subjetividad en el trabajo es una emergente sintética de la dialéctica entre el actor y el personaje, entre el individuo y la organización. Esta dinámica es en sí misma una manifestación de subjetividad. El trato del sujeto consigo mismo en la organización se tensa, entre la autonomía impulsada x su autoestima y la sumisión originada en su dependencia.

CONTRATOS  3 PARADIGMAS: El contrato singular de pertenencia a la organización no es estático. En el paradigma dependiente, el sujeto busca – y la organización le provee – seguridad en el empleo. El contrato es de adhesión, unilateral, similar a los de “letra chica” q el lector debe de haber firmado alguna vez, sintiendo q no hay lugar para ninguna aclaración y mucho menos, para una corrección. El beneficio suele ser la incorporación a la organización de empleo, el “cuerpo en” ella y en “relación de dependencia” supuestamente a largo plazo. La descripción de este paradigma pone de manifiesto la prevalecía “del campo” sobre el “habitus” del sujeto. El paradigma autónomo parte de la concepción de un sujeto capaz de asumir riesgos como actor, antes q como personaje, y de adoptar una postura crítica c/ respecto a los propósitos de su organización, a los modos en los q los gestiona y, x lo tanto, a los modelos hegemónicos de empleo. Este sujeto se siente c/ poder como para establecer c/ las autoridades de la organización un contrato de acuerdo mutuo y recíproco, voluntario en la medidita en q pretende q sea expresión tanto de su voluntad como de los representantes de la organización autorizados para establecerlo. El contrato relacional generalmente es informal, no se firma cuando el empleado ingresa a la organización, y rígido en la prescripción de sus términos xq suele encuadrarse dentro de convenios colectivos de trabajo q lo exceden. Coloca al individuo en relación de dependencia, originando las “cargas sociales”, cargas para el empleador, compartidas también x el empleado beneficiario, siendo los beneficios generalmente un sueldo anual complementario, etc. Este contrato no especifica plazos, pero se supone q tiene vigencia en tanto el empleado desempeñe satisfactoriamente su papel. La implantación de sistemas formales de evaluación del desempeño, instituidos muchas veces como verdaderos panópticos de control, es otra señal de la tendencia a transformar a los contratos relaciones en transaccionales. El lugar de la organización es la base de trabajo, y el horario de trabajo es fijo. En los tipos paradigmáticos de contratos transaccionales, el contrato aparece como un “tercero” en la relación entre la organización y sus empleados dependientes. Esta tercerización trae aparejada una modificación en las relaciones de poder, a favor de los empleadores, xq la categoría de los “contratados” representa una amenaza para los empleados, q pueden ser desplazados x estos trabajadores menos costosos en términos de cargas sociales, inocuos en cuestiones gremiales y + flexibles para responder a las demandas laborales. Constituyen una locación de obra o de servicio en la q los plazos de ejecución están pautados, y el horario de trabajo es flexible en relación c/ la tarea. Si hay recompensas, se otorgan de inmediato para q actúen como incentivo lo + rápido posible. Se trabaja muchas veces a distancia, y ellos incluye la modalidad del teletrabajo.

Las descripciones de estos contratos paradigmáticos no pretenden establecer una preferencia x alguno de ellos en detrimento del otro. Las personas + autónomas se sentirán ciertamente + limitadas x un contrato relacional, mientras q las + dependientes preferirán no correr el riesgo q entraña uno transaccional.

La precarización de los contratos instituida x los modelos hegemónicos de empleo tiende a cristalizar la relación individuo – organización, y a colocar al sujeto en posición de sometimiento pasivo frente a estas condiciones. Argumentar críticamente a este respecto significa ir en la dirección de la salud. El desarrollo de una conciencia crítica favorece el logro de los intereses emancipatorios del sujeto. Una forma de discernir acerca de la salud psíquica de los sujetos q trabajan jornadas prolongadas sin compensación acorde, estaría dada x el análisis de su “discurso” acerca de la situación, sus aumentaciones acerca de la pretensión de validez de las condiciones en q trabaja; es capaz de hablar c/ sus jefes y c/ sus compañeros para mejorar y enriquecer su trabajo; es capaz de argumentar en torno a la rectitud de las intensiones de sus empleadores; es capaz de detener y preguntar si no entiende. Si la salud psíquica reside en la capacidad para unir el pensamiento c/ el sentir en el hacer, es necesario indagar de lo q piensan los sujetos de la situación.

La adaptación pasiva (sujeto no sano) lleva a q estas condiciones de trabajo sean incuestionables, inimaginables otras alternativas, e inexplicables sus potenciales beneficios. La pérdida de sentido torna incomprensibles las causas e incalculables los costos de permanecer en ese situación. Los problemas devienen insolubles y el resultado es un sujeto irreflexivo e inhabilitad para el ejercicio pleno de sus derechos.

La retórica de los extremos q anteceden en relación c/ la salud y la enfermedad de los sujetos en situación de trabajo puede hacer q la distinción parezca simple, tanto como utópica su evolución en pos de la salud.

M. García: “Las nvas formas de organización el trabajo: obstáculo para la construcción de identidad”

Un individuo q a través de su trabajo es creador de su propia identidad. Las nvas tecnologías ni crean ni destruyen empleo: lo transforman, dependiendo de la forma en q se usan. Estamos siendo actores de una sociedad del nvo siglo plena de transformaciones sociales, económicas y técnicas, etapa q algunos autores han denominado momento de “mutación cultural”, fundada en el repliegue de las grandes ideologías, el debilitamiento de los lazos solidarios, la desaparición de referentes sociales tradicionales y la globalización de la economía. El trabajo, x otra parte, presenta nvas formas q han impactado en la vida del hombre, como el teletrabajo, los contratos laborales cortos, el desempleo extendido a lo largo del tiempo, el cambio de trabajo a lo largo de la vida, las nvas formas de contratación (8terciarización) y han surgido nvos conceptos como el de “empleabilidad”. Es un hecho q el trabajo ya no es el mismo.



Empleabilidad se refiere a las calificaciones, los conocimientos y competencias q aumentan la capacidad de los trabajadores para conseguir y conservar un empleo, mejorar su trabajo y adaptarse al cambio. Si consideramos las consecuencias de la empleabilidad, no es arriesgado plantear q estamos frente a un resquebrajamiento de la identidad y la pertenencia. Si bien el pertenecer implica sufrimiento (renuncia pulsional – Malestar en la cultura, Freud)

El trabajo es un productor y condicionador de subjetividad. Tiene, para cada individuo y en cada situación sociopsicológica, una importante función en la producción de una personalidad sana o enferma. La producción de salud se relación c/ la identidad, la realización existencial, c/ la vivencia de utilidad social, integración a un grupo humano, etc.

Las organizaciones han comenzado a detectar problemas en la identificación del trabajador c/ su lugar de trabajo. La cultura, la identidad, y la pertenencia no son temas menores en las organizaciones, sean privadas, publicas, organizaciones sindicales, etc. El Schvarstein señala q la identidad es: “el conjunto de rasgos invariantes q constituyen la organización, transformándola en singular y única a los ojos de los sujetos”. Habla entonces, de una “identidad-construcción”, q está constituida x aquellos rasgos q la organización construye para si y preserva a través del tiempo. Todas las perturbaciones de origen interno o externo de la organización son procesadas, de modo de mantener inalterables estos rasgos propios de y para sí.

La cultura de la organización ofrece una identidad a los empleados. Es una importante fuente de estabilidad y continuidad para las organizaciones, en tanto brinda una sensación de seguridad a sus miembros.

Una consideración particular merece la existencia de un ECRO (Esquema Conceptual Referencial y Operativo) q constituye un rasgo de la identidad. El ECRO materializa, actualiza la identidad, q de otro modo, sólo tendría existencia virtual. El Schvarstein sostiene q si el ECRO como concepto constituye “el cristal c/ q se mira”.

Si es complejo instituir, es decir, establecer un orden antes no existente, tal complejidad se incrementa en la realidad de una organización sin lazos perdurables a veces, lo q contribuye a la construcción de representaciones concernientes a la misma. Algunas de las nvas formas de organización del trabajo plantean un quiebre en el manejo del espacio y el tiempo tal como lo conocíamos. El teletrabajo, es un buen ejemplo.

La identidad implica y presupone, la presencia del “otro” y el establecimiento de un vínculo relacional de confrontación q permitía establecer las diferencias entre uno y ese otro. Las identidades y las alteridades son construcciones q se confirman en su carácter relacional y se afirman en la singularidad y la diferencia. La singularidad reclama necesariamente un exterior de confrontación q mida la identidad. Ambas posiciones – singularidad y diferencia – son construcciones q inauguran el campo de lo humanamente posible. X tanto, no hay identidad q no postule al mismo tiempo una alteridad: no hoy el Mismo fuera del Otro.

Instituciones: aquellos cuerpos normativos jurídico-culturales compuestos de ideas, valores, creencias y leyes q determinan las formas de intercambio social. Una institución es un nivel de la realidad social q define lo q está establecido. Se relaciona c/ el Estado q instaura la ley y, no puede dejar de estar presente en os grupos y las organizaciones. No es solamente una función social y cultural compleja. Moviliza cargas y representaciones q contribuyen a la regulación endopsíquica y aseguran las bases de la identificación del sujeto c/ el conjunto social. Las instituciones provocan una movilización inevitable y renovada de la propia novela familiar. La institución precede al individuo singular y lo introduce en el orden de la subjetividad, en el orden simbólico. Las organizaciones son productoras de subjetividad a través de la pertenencia, el ser se construye y se afirma en la red social. En este sentido, las organizaciones tienen un carácter “reparador”. El “pertenecer” alivia la angustia del caos, mitiga la herida narcisista de una omnipotencia perdida, sostiene la función de los ideales y de lo ídolos.

El quiebre de la idea del trabajo para toda la vida impone un monto de sufrimiento psíquico q se ha vuelto característico de esta época. El sentimiento de no pertenecer y no permanecer, todo ello caracteriza a las culturas q se están reconstruyendo en estas nuevas formas de organización del trabajo.

Para el ICC, la institución se inscribe en el espacio de lo sagrado. Cada uno participa de esta manera en la divinidad, q, contra la muerte y su trabajo de desligamiento, asegura el nexo narcisista del individuo c/ el conjunto y lo emblematiza. Contrato narcisista: exige q cada sujeto singular ocupe un lugar ofrecido x el grupo y q se halla significado x el conjunto de las voces q desarrollaron un discurso conforme al mito fundador del grupo. Cada sujeto tiene q retomar este discurso conforme a este mito fundante. Ofrece un entramado q sirve de soporte al yo y su ideal. Es necesario tanto para el sujeto como para el grupo, ya q articula repetición y diferencia, sujeción, condicionamiento y libertad.

Las nvas formas de organización del trabajo quiebran este espacio social, rompen el contrato narcisista y provocan una importante herida narcisista y libidinal. Si bien la inclusión en organizaciones supone para el sujeto singular restricciones q muchas veces son productoras de sufrimiento, también el monto de ese sufrimiento psíquico estará relacionado c/ el modo en q dicha organización efectivice, o no, las compensaciones a las renuncias pulsionales y asegure a los sujetos los términos mínimos de este contrato narcisista. En las organizaciones en las q no hay posibilidad de concertación intragrupo y de confrontación intergrupos, donde las razones sectoriales no logran ser escuchadas y respondidas, no están dadas las condiciones para el desarrollo de una vida política y mucho menos para q sus miembros gocen de las garantías de un sistema democrático de funcionamiento.



Bauman: Modernidad Liquida, cap. 4.

Entre los sacrosantos principios de una ética burguesa autoafirmada y autoasertiva del tipo “la honestidad es la mejor política” o “ley y orden”, un precepto llama la atención por su concisión enérgica e inflexible: “hacia adelante”. El significado de la idea de “ir hacia adelante” se relaciona con el concepto de “progreso”. A diferencia de los contemporáneos, los ancestros conocían la diferencia entre “hacia adelante” y “hacia atrás”. La conocían porque ejecutaban el acto que producía esta diferencia: junto con “hacia adelante”, otro principio iba asociado: “el trabajo todo lo vence”. Hacia adelante era el destino, el trabajo, el vehículo que conducía hasta allí.

La confianza en uno mismo, propia de la modernidad, le dio al futuro un cariz totalmente nuevo. Las utopías modernas no fueron meros sueños vacíos, eran cartas de intención de aquello que se deseaba poder hacer y que sería hecho. El futuro era visto como un producto de una sociedad de productores: algo que debía ser pensado, diseñado y cuyo proceso de ligar producción debía ser seguido en detalle. El futuro era una creación del trabajo y el trabajo era la fuente de toda creación.

Pierre Bourdieu: “para dominar el futuro, uno necesita controlar el presente. Aquellos que tienen el control sobre su presente pueden confiar en que podrán obligar al futuro a hacer prosperar sus negocios y por esa misma razón podrán ignorar su pasado. (…). El progreso no enaltece ni ennoblece a la historia. El “progreso” es un credo dentro del cuál la historia es irrelevante y por el cuál se decide que siga siendo así”.



EL PROGRESO Y LA CONFIANZA EN LA HISTORIA El “progreso” no representa ninguna cualidad de la historia sino la confianza del presente en sí mismo. El significado de progreso está construido a partir de la conjunción de dos creencias ligadas: “el tiempo está de nuestra parte” y “somos nosotros quienes hacemos que las cosas sucedan”. Ambas creencias nacen y mueren juntas y siguen vivas en tanto aquellos que ostentan el poder de hacer que las cosas sucedan las confirmen en sus acciones. Para las personas que confían en su poder para cambiar las cosas, el “progreso” es un axioma. Para las personas que sienten que las cosas se les van de las manos, la idea de progreso resulta impensable.

Pero si la confianza en uno mismo, la tranquilizadora sensación de “tener control del presente”, es el único sustento sobre el que se asienta la confianza en el progreso, no es raro que en nuestros tiempos esta última sea vacilante e inestable. Las razones son fáciles de identificar:

En primer lugar, la ausencia de un agente capaz de “mover el mundo hacia adelante”. En nuestros tiempos de modernidad líquida, la pregunta NO es: ¿Qué debe hacerse? Sino ¿Quién va a hacerlo?.

Esa base de confianza en el progreso hoy se destaca por sus quiebres, sus fisuras. Sus elementos más sólidos e incuestionables van perdiendo velozmente su densidad a la vez que su soberanía, credibilidad y confiabilidad. El agotamiento del Estado moderno es percibido con agudeza en su poder de instar a la gente al trabajo - el poder de realizar cosas- ya no reside en la política, encargada de decidir que cosas había que hacer y quién debía hacerlas. Mientras todos los agentes de la vida política permanecen en el mismo lugar en el que los encontró el arribo de la modernidad líquida, aferrados como antes a sus respectivas parcialidades, hoy el poder fluye libremente, lejos de su alcance. Citando a Guy Debord: “el centro de control ahora se ha ocultado y ya no lo ocupa ningún líder conocido ni una ideología clara”.

En segundo lugar, resulta cada vez menos claro que es lo que ese agente debería hacer para mejorar la situación en el caso de que tenga poder para hacerlo. Todas las formas de planificación social han demostrado que producen tanta desdicha como felicidad. Esto se aplica en igual medida a los dos principales antagonistas, al marxismo, hoy en bancarrota y al liberalismo económico, actualmente en alza.

La modernidad no conoce otra vida más que la vida “hecha”: lo que hacen hombres y mujeres de la modernidad es una tarea, siempre incompleta, que reclama cuidados incesantes y esfuerzos renovados. La condición humana en la modernidad “líquida” o en el capitalismo “liviano” ha exaltado aun más ese modo de vida: el progreso ya no es una medida temporal, algo provisorio, que conduciría finalmente a un estado de perfección, o sea, a un estado de situación en el que todo lo que debía hacerse ya ha sido hecho; sino un desafío y una necesidad perpetuos y quizás interminables, verdadero significado de “sentirse vivo y bien”.

Si la idea de progreso en su forma actual nos resulta tan poco familiar, es porque el mismo, como tantas otras cosas de la vida moderna, ha sido “individualizado”, desregulado y privatizado. El progreso esta privatizado porque el mejoramiento ya no es una empresa colectiva sino individual: se espera que los hombres y mujeres usen, por si mismos e individualmente, su propio ingenio y recursos para elevar su condición a otra más satisfactoria y dejar atrás todo aquello de su presente que les repugne. Lo importante ahora, es el control de cada individuo sobre su propio presente. Vivimos en un mundo de flexibilidad universal que penetran todos los aspectos de la vida individual: las fuentes de nuestro sustento así como los vínculos de amor e interés común, los parámetros de identidad profesional así como los de identidad cultural, los modelos de salud y belleza, los valores relevantes así como los medios para alcanzarlos.

Se han atribuido al trabajo muchas virtudes y efectos benéficos, como por ejemplo el incremento de la riqueza y la eliminación de la pobreza. El trabajo así definido fue el esfuerzo colectivo en el que cada uno debió tomar parte. Sin la promesa de un estado último de perfección en el horizonte de los esfuerzos humanos, poco sentido tiene la idea de un orden “total” que se vaya erigiendo gracias a un laborioso, consistente y trabajoso empeño. Cuanto menos control tenemos del presente, menos abarcadora será la planificación del futuro. La continuidad ya no es mas un indicador de perfeccionamiento, la naturaleza del progreso, que supo ser acumulativa y de largo plazo, ahora se presenta fragmentada. Es una vida regida por el principio de la flexibilidad, las estrategias y los planes de vida sólo pueden ser de corto plazo.

El trabajo ha perdido la centralidad que le fue asignada en lo valores dominantes de la era de la modernidad sólida y el capitalismo pesado. El trabajo ya no ofrece un huso seguro en el cuál enrollar y fijar definiciones del yo, identidades y proyectos de vida. Tampoco puede ser pensado como fundamento ético de la sociedad, ni como eje ético de la vida individual. En cambio, el trabajo ha adquirido un significado mayormente estético. Se espera que resulte gratificante por y en sí mismo y no por sus genuinos o supuesto efectos sobre la humanidad o sobre el poderío de nuestra nación y menos aun sobre el bienestar de las generaciones futuras. Se lo evalúa por su valor de diversión y entretenimiento, que satisface no tanto la vocación ética de un productor o creador, como las necesidades y deseos de un consumidor, buscador de sensaciones y coleccionistas de experiencias.

EL ASCENSO Y LA CAIDA DE LA MANO DE OBRA El primer uso del término “mano de obra” como “esfuerzo físico orientado al abastecimiento de las necesidades materiales de la comunidad” está fechado en 1776. Un siglo más tarde llegó a significar además: “el cuerpo total de trabajadores y operarios” que toman parte en esa producción y poco después incluyó a los sindicatos y demás organismos que unieron ambos significados, otorgaron cohesión a esa unión y le dieron la forma de una problemática política y un instrumento de poder.

Tanto pensadores como hombres de acción orientaban sus esfuerzos hacia un mismo objetivo: la construcción de un nuevo orden. La libertad descubierta debía ser aplicada al esfuerzo de conseguir una metódica rutina futura. Nada debía quedar librado a su propio capricho, a la fatalidad o la contingencia; nada podía quedar como estaba si podía ser mejorado parra que fuera más útil y efectivo.

El nuevo orden debía ser macizo, sólido, tallado en piedra o forjado en acero: pensado para durar. Lo grande era hermoso, sinónimo de poder: ejemplos: monumentos dedicados al poder y a la ambición, gigantescas fábricas con enormes máquinas y multitudes de operarios, redes de canales, puentes y líneas férreas.

La modernidad sólida era también, la época del capitalismo pesado. El vínculo entre capital y mano de obra fortalecido por su compromiso mutuo. La supervivencia de los trabajadores dependía de que fueran contratados; la reproducción y el crecimiento del capital dependía de esa contratación. Capital y trabajo unidos, ninguno de los dos podía ir muy lejos por su cuenta. Los horizontes temporales del capitalismo pesado eran lejanos, cualquier aprendiz de Ford podía estar seguro, que terminaría su carrera laboral en el mismo lugar. En la actualidad las cosas han cambiado y lo fundamental del cambio radica en la nueva mentalidad “a corto plazo” que vino a reemplazar la de “largo plazo”. La flexibilidad es el slogan de la época, que anuncia el advenimiento del trabajo regido por contratos breves, renovables, cargos que no ofrecen ninguna seguridad. La vida laboral está plagada de incertidumbre.



DEL MATRIMONIO A LA CONVIVENCIA La incertidumbre actual es novedosa y es una poderosa fuerza de individualización. Divide en vez de unir, el concepto de “interés común” se vuelve cada vez más nebuloso.

Los miedos, ansiedades y aflicciones contemporáneas deben ser sufridas en soledad. Bourdieu argumenta que los cambios recientes han roto las bases de la antigua solidaridad, con la desaparición del espíritu de militancia y participación política. La nuestra es una época de “lazos débiles”; hoy las formas fugaces de asociación son más útiles a las personas que las conexiones a largo plazo.

Probablemente la actual versión “licuada”, “fluida”, dispersa, diseminada y desregulada de la modernidad no augure el divorcio de la comunicación, pero si presagia el advenimiento de un capitalismo liviano, flotante, signado por el desprendimiento y el debilitamiento de los lazos entre capital y trabajo. Este cambio fatal es idéntico al pasaje del matrimonio al “vivir juntos”.

Habiéndose deshecho de las maquinarias y masas de obreros fabriles, el capital viaja liviano, con un equipaje de mano, computadora portátil y teléfono celular. Este nuevo atributo de volatilidad ha hecho que todos los compromisos, en especial los estables, se vuelvan superfluos y desaconsejables a la vez: una vez asumidos, esos compromisos podrían entorpecernos el movimiento y privarnos de la tan anhelada competitividad, coartando nuestras posibilidades de aumentar la productividad.

La organización de negocios actual contiene en su interior un elemento de desorganización deliberadamente construido: cuanto menos sólida y fluida sea, mejor.

EXCURSO: BREVE HISTORIA DE LA PROCASTINACION La procrastinación como práctica cultural cobró valor en los albores de la modernidad. Procrastinar es una postura activa, un intento de tomar el control de una secuencia de hechos y hacer de ella algo diferente de lo que hubiera sido si uno se sometiera dócilmente. Procrastinar significa manipular las posibilidades de la presencia de una cosa, posponiéndola, demorando y retrasando su aparición.

El precepto de actitud y comportamiento que sentó las bases de la sociedad moderna fue el principio de postergación de la gratificación. El deseo de progreso exacerbaba los esfuerzos, pero la advertencia de “no todavía”, “justo ahora no”, orientaba esos esfuerzos hacia su consecuencia imprevista, llamada: “desarrollo”, “aceleración”, “crecimiento” y por esto, “sociedad moderna”. Todo el poder del deseo, residía en esa insatisfacción.

La procrastinación sirvió tanto a la sociedad en su etapa moderna como en su etapa fluida, productiva como consumista, pero agobió a cada una de estas fases con tensiones y conflictos y de comportamiento sin solución. El pasaje hacia la actual sociedad significó una profundización que llevó al principio de la procrastinación hasta el límite. Hoy se ha vuelto muy vulnerable, ha perdido el escudo que le proporcionaba la sanción ética. La postergación de la gratificación ya no es un signo de virtud moral. Es lisa y llanamente un obstáculo, una carga pesada que es índice de la imperfección de los acuerdos sociales, de la inadecuación personal o ambas. Si la ética del trabajo propugnaba la indefinida postergación de la gratificación, la estética del consumo propugna su abolición.

Para mantenerse vivo y fresco, el deseo debe ser continuo y frecuentemente satisfecho aun cuando la gratificación augura justamente el fin del deseo. Una cultura en guerra contara la procrastinación es una novedad dentro de la historia moderna. No tiene espacio para la toma de distancia, la reflexión, la continuidad, la tradición.



LOS VINCULOS HUMANOS EN UN MUNDO FLUIDO Precariedad, inestabilidad, vulnerabilidad son las características más extendidas de las condiciones de vida contemporáneas. El fenómeno que todos estos conceptos intentan articular es la experiencia de inseguridad (de nuestra posición, de nuestros derechos y medios de subsistencia) de incertidumbre (de nuestra continuidad y futura estabilidad) y de desprotección (del propio cuerpo, del propio ser y de sus extensiones: posesiones, vecindario, comunidad).

La precariedad, es el signo que precede a todo lo demás: los medios de subsistencia, los que dependen del trabajo, empleo. Se han vuelto extremadamente frágiles. El desempleo en los países ricos se ha vuelto estructural, no hay suficiente trabajo para todos. El progreso tecnológico augura incluso menos empleos. En el mundo del desempleo estructural nadie puede sentirse seguro. No existen habilidades ni experiencias que garanticen la obtención de un empleo y en el caso de obtenerlo, este no resulta duradero, nadie tiene una garantía que lo deje por fuera del próximo “achicamiento”, “racionalización” o “reestructuración”.

En ausencia de una seguridad a “largo plazo”, la gratificación instantánea resulta apetecible.

Los vínculos y las asociaciones tienden a ser visualizados y tratados como objetos a ser consumidos, no producidos; están sujetos a los mismos criterios de evaluación de todos los demás objetos de consumo. Si los vínculos no necesitan ser construidos con esfuerzos prolongados, sino que son algo cuya satisfacción inmediata, instantánea, uno espera al momento de la compra, y algo que se rechaza si no satisface, algo que se conserva y utiliza mientras gratifica. Hasta el más mínimo traspié puede hacer colapsar esa sociedad, los desacuerdos mas triviales se transforman en amargas disputas, las fricciones mas leves son tomadas como señales de una irreparable incompatibilidad.

Una conexión más entre el consumismo de un mundo precario y la desintegración de los vínculos humanos: a diferencia de la producción, el consumo es una actividad solitaria, incluso cuando se está con otros; en cambio los esfuerzos productivos requieren cooperación.

LA AUTOPERPETUACION DE LA FALTA DE CONFIANZA El rasgo constitutivo de la sociedad moderna capitalista era la confianza, en uno mismo y en los demás. Es muy difícil depositar confianza en organizaciones que están siendo achicadas, reestructuradas y racionalizadas. Existe un vínculo entre el colapso de la confianza y la decadente voluntad de compromiso político y acción colectiva.

El pasaje del capitalismo pesado al liviano y de la modernidad sólida a la fluida o líquida constituye el marco en el cual se inscribe la historia de la mano de obra.




Dessors: Organización del trabajo y Salud: de la psicopatología a la psicodinámica del trabajo -- FALTA


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