Loa beneficios de las relaciones sociales



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TEMA 8

DESARROLLO SOCIAL DURANTE LA ADULTEZ Y VEJEZ

Alfredo Oliva

1. Los beneficios de las relaciones sociales.
En la actualidad existe evidencia empírica que indica que el establecimiento de relaciones entre personas deriva una necesidad innata de la persona que se conoce como necesidad o impulso afiliativo. Este impulso esté presente desde las primeros años de vida y su fuerza suele cambiar a lo largo del ciclo vital de forma que en algunos momentos como la infancia y los primeros años de la adolescencia goza de una gran intensidad. Por otra parte, también existen importantes diferencias entre individuos tanto en la necesidad que manifiestan de relacionarse con otras personas, como en su comportamiento relacional.
Estas relaciones sociales o de amistad pueden cumplir varias funciones: obtenemos información y apoyo de los demás, aprendemos de ellos, nos ayudan a identificarnos con ellos y construir nuestra identidad, nos proporcionan diversión y entretenimiento, etc. Por lo general, puede decirse que las relaciones sociales contribuyen al desarrollo y al bienestar individual. Cada vez disponemos de más datos procedentes de estudios que encuentran una relación significativa entre relaciones sociales y salud. Así, por ejemplo, quienes han sufrido algún infarto tienen más probabilidades de recaídas cuando viven solos, por lo que el aislamiento social es un importante factor de riesgo para algunas enfermedades, especialmente en el caso de las personas mayores. No obstante, la relación entre salud y relaciones sociales parece bidireccional, ya que una pobre salud física también puede llevar a una reducción de las interacciones con otras personas y al aislamiento del individuo: reduce la energía, deprime al sujeto, etc. En relación con esta asociación, hay que destacar que lo relevante no es tanto el número o cantidad de relaciones del sujeto sino su calidad. Por otra parte, como ya hemos comentado, no todas las personas tienen las mismas necesidades afiliattivas puesto que difieren en la fuerza de este impulso. Así, quienes se muestran introvertidos manifiestan una necesidad menor de relacionarse y son más autosuficientes, mientras que los sujetos más necesitados de afiliación experimentarán un mayor malestar ante la carencia de relaciones. Lo importante, por tanto, parece ser el ajuste entre las necesidades y el apoyo recibido.
Los beneficios de las relaciones con los demás o del apoyo recibido se producen tanto directa como indirectamente. Directamente porque este apoyo proporciona confianza, compañía, ayuda instrumental (dinero, tareas domésticas ) y apoyo emocional. Contribuye a mejorar el autoconcepto y la autoestima, y a mantener un locus of control interno, puesto que aumenta la sensación de control que tiene el sujeto sobe su vida. Pero también indirectamente, ya que protegen al sujeto de los efectos negativos del estrés ayudándole a superar situaciones difíciles. Existe una abundante literatura empírica acerca del efecto de amortiguación que el apoyo social tiene para aquellos sujetos expuestos a situaciones estresantes. Así, en el modelo transaccional de Lazarus y Folkman (1984), el estrés psicológico surge cuando el individuo percibe una situación como amenazante y que desborda sus recursos para afrontarla. Cuando el sujeto se siente apoyado por los demás, es menos probable que se sienta desbordado por la situación, y por lo tanto, experimentará menos estrés y menos malestar psicológico. Si tenemos en cuenta que en la actualidad disponemos de muchos datos que indican que el estrés mantenido debilita el sistema inmunológico del sujeto dejándolo expuesto a muchas enfermedades, se puede justificar plenamente la relación encontrada entre enfermedad y aislamiento social.


2. Las relaciones sociales a lo largo de la adultez
Las redes sociales del individuo incluyen aquellas relaciones que establece a su alrededor y que van cambiando a lo largo de su vida. Kahn y Antonucci (1980) propusieron el modelo del convoy o caravana para describir cómo cambian estas redes durante el ciclo vital. Según estos autores, el individuo está inmerso en una red social que le acompaña a lo largo de la vida, como una caravana de camiones que se desplaza por una autopista, y que obtienen beneficios de esta asociación. Este convoy va cambiando de efectivos a lo largo del ciclo vital, así, la adolescencia y adultez temprana es una etapa de exploración y de contactos sociales en los que la caravana es muy numerosa. Al inicio de la década de los 30 años, en la mayoría de los casos ya han sido elegidos los miembros de la caravana, y a partir de ese momento se intensifican y se hacen más fuertes algunas relaciones mientras que otras menos satisfactorias se abandonan. Así, nuestras redes sociales van siendo cada vez más selectivas (teoría de la selectividad socioemocional) y menos numerosas. Además de disminuir los componentes del convoy, aumentan las relaciones familiares y disminuyen las extrafamiliares, sobre todo a partir del matrimonio y del nacimiento de los hijos, por lo que podemos decir que cambia la composición de la caravana. Ello no quiere decir que las amistades dejen de ser importantes, sino que aumentan las exigencias, de forma que pocos son considerados lo suficientemente importantes como para formar parte de la red social del individuo. Hay que tener en cuenta que las exigencias profesionales y familiares harán que hombres y mujeres dispongan de menos tiempo libre, por lo que se tornarán más exigentes en la elección de aquellas personas con las que compartir sus ratos de ocio.
Sin duda los factores culturales ejercen su influencia sobre la composición de las redes sociales del sujeto. Así, en sociedades colectivistas, como la nuestra, los miembros familiares tienen una importante presencia en la caravana, mientras que los países con una orientación más individualista los amigos tendrán más peso. También el género tendrá su importancia, ya que las mujeres suelen tener redes sociales más numerosas, e incluyen en ellas más familiares.
Con el paso del tiempo, las relaciones se van tornando cada vez más especializadas, de forma que si en la adolescencia podemos encontrar que “el amigo” presta todo tipo de apoyo (informacional, instrumental, emocional), en la adultez se va perdiendo esa multifuncionalidad. Así, unas relaciones prestarán apoyo emocional, otras diversión, otras estarán vinculadas a la actividad profesional, etc. (teoría de la especificidad funcional).
La teoría de la equidad.

Aunque fue propuesta por Adams (1963) para hacer referencia a la satisfacción/insatisfacción con las relaciones interpersonales en el entorno laboral, su aplicación se ha generalizado a todo tipo de relaciones. Según esta teoría las personas intentan mantener aquellas relaciones que son justas y equitativas, es decir, las relaciones en las que el sujeto percibe que lo que recibe es proporcional a lo que aporta. Cuando un individuo considera que una relación es equitativa se siente cómodo en ella y tenderá a mantenerla. En cambio, cuando percibe un desequilibrio se sentirá incómoda: culpable si obtiene más de lo que aporta, y resentido se obtiene menos.
En cualquier caso, en la medida en que las relaciones van madurando dependerán menos de intercambios específicos, y la contribución y beneficio de una determinada relación se evaluarán de acuerdo con un balance final a lo largo del tiempo. En relación con este aspecto, algunos estudios han encontrado diferencias entre hombres y mujeres, así las mujeres siguen una orientación comunitaria centrada en el bienestar y en las necesidades de otras personas, mientras que los hombres muestran una orientación al intercambio, preocupándose más de si se obtienen beneficios comparables. De acuerdo con estos datos, es más probable que una mejor encuentre satisfacción y mantenga una relación ligeramente desequilibrada.
2.1. Las amistades en la adultez.

Aunque la etapa dorada de las relaciones de amistad es la adolescencia, durante la adultez y la vejez estas relaciones ocuparán también un importante lugar, ya que se trata de un tipo de relación presente a lo largo de todo el ciclo vital, aunque en cada momento tendrá unas características y funciones diferentes. A diferencia de las relaciones familiares, las relaciones de amistad son voluntarias, suelen basarse en la similitud de intereses, experiencias y necesidades, y están orientadas hacia la diversión y la satisfacción personal, no hacia la consecución de un determinado objetivo o a la resolución de una tarea.

Son muy escasos los estudios que analizan las relaciones de amistad durante la adultez y vejez, ya que la mayoría de investigaciones se llevan a cabo sobre muestras de jóvenes y dicen poco de la etapa adulta. Además, los escasos estudios existentes son transversales y no permiten analizar las trayectorias vitales de estas relaciones. No obstante, estos estudios indican un menor número de amistades y una mayor dificultad para hacer nuevos amigos en la vejez. Probablemente ello se deba a que los amigos van muriendo o se desplazan a otros lugares, y cada vez resulta más complicado encontrar personas que comportan las mismas experiencias, cultura e historia.
2.2. El Apego en la vida adulta
Al igual que durante la infancia y adolescencia, durante la adultez las relaciones de apego ocuparán un lugar importante, si bien irán cambiando las figuras que representan la principal figura de apego. Si durante la infancia y adolescencia temprana, este papel era protagonizado de forma destacada por la madre, y en la adolescencia media y tardía empezaba a ganar jerarquía el amigo. A partir de la adultez temprana y durante el resto de la trayectoria vital, será la pareja quien ocupe de forma incontestable esta posición privilegiada. No obstante, en la vejez, y sobre todo en las situaciones de viudedad, los hijos e hijas representarán importantes figuras de apego para sus padres.
Los modelos de apego construidos durante la infancia, y modificados en ocasiones como consecuencia de las relaciones románticas y de amistad de la adolescencia, seguirán configurando las relaciones emocionales estrechas con la pareja, de forma que aquellos sujetos con vínculos inseguros evitativos se mostrarán muy fríos y distantes en sus relaciones de pareja, evitando el compromiso emocional. En cambio, la ansiedad dominará las relaciones afectivas de quienes construyeron modelos inseguros ambivalentes. Estos sujetos mostrarán una gran inseguridad tanto en sí mismos como en sus parejas, manifestando unos celos muy intensos.
Estas relaciones de apego adulto guardarán muchas similitud con las de la infancia, así ciertas características de la relación de apego en la adultez permanecen iguales a las del apego infantil. Por ejemplo.


  • El deseo de proximidad con la figura de apego,

  • el sentimiento de bienestar asociado a su presencia,

  • la ansiedad ante las separaciones y pérdidas de la figura de apego

Sin embargo, hay otros aspectos de esta relación que cambian durante la adultez,




  • Aumenta la tolerancia a las separaciones, ya que el adulto no necesita la presencia continua de su pareja para estar seguro de su disponibilidad

  • Las conductas de apego, tan frecuentes durante la infancia, se hacen menos frecuentes y manifiestas

  • El modelo representacional (internal working model) está más formado y es más resistente al cambio. Ello no quiere decir que no pueda cambiar, tanto como resultado de las experiencias en las relaciones afectivas como consecuencia de la psicoterapia.

  • La aflicción y tristeza por las separaciones se manifiesta menos e interfiere menos con otros sistemas de conducta, como el exploratorio.


3. Vida de pareja y matrimonio
La vida de pareja, ya sea en matrimonio o no, constituye el sistema de vida más usual entre los adultos. Aunque ya no constituye un estigma el permanecer solteros, y no se valora tan negativamente como hace algunas décadas a quienes deciden no casarse, en España sólo un 9% de individuos con edades comprendidas entre los 45 y los 64 años permanece soltero.

También ha aumentado el número de parejas que deciden vivir juntos sin casarse. La cohabitación es un fenómeno relativamente reciente, fruto de los cambios sociales acontecidos en las últimas décadas: la liberalización de las costumbres y la prolongación de la adolescencia. Muchas personas desean convivir y mantener una relación estrecha con otra persona aunque aún no se consideran preparados para establecer un compromiso más serio. La convivencia prematrimonial podría considerarse como un seguro de éxito en el posterior matrimonio, sin embargo, los resultados de algunos estudios apuntan en la dirección contraria, ya que suelen divorciarse más aquellas parejas que han convivido antes, probablemente porque tienen actitudes más liberales respecto al matrimonio y al divorcio, y prefieren terminar una relación que no funciona antes de continuar en ella por motivos morales o religiosos.






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